
Me veo observando a tres parejas que bailan. Se les ve felices. ¿Y yo? No tengo a nadie. Estoy sola. Llevo también un vestido blanco.
Una música preciosa se deja escuchar en todo el salón. Decido ponerme a bailar sola. Y de pronto, un ráfaga de viento vestida de hombre llega a mi lado, me toma entre sus brazos y me susurra al oído con su voz cálida y serena:
- No temas. Estoy aquí para regalarte mucho amor.
Sonrío agradecida aunque él no me deje ver su cara. "Ya me la mostrará" - pienso yo. Es un momento mágico. ¡Y la música cómo me gusta!
Bailamos y bailamos. No sé por cuánto tiempo. Primero siento una felicidad inmensa y de pronto, siento mucho frío. Me veo bailando junto con él fuera de la habitación. ¡Es increíble! Danzamos en el aire. Comienzo a sentir miedo.
- ¿A dónde me llevas? - le pregunto con voz temblorosa al hombre desconocido.
- A mi mundo - me responde el viento vestido de hombre. Acá ya no tienes nada más que hacer y me mira intensamente.
Sus ojos vestidos de muerte, me hacen gritar. Despierto agitada y sudando. Siento calor, pero no me atrevo a abrir la ventana. Afuera sopla un fuerte viento.
Marisol
La pintura se titula "Dancing Wind"
del pintor canadiense Rob Gonsalves (1959)
La mayoría de sus obras pertenecen al realismo mágico.


Para visitarme haz clic
Te invito a navegar en el mar de la vida...
"En alta mar" se llama así este otro blog mío.
Si quieres visitarme, ház clic
Escribir cuentos cortos me ayuda, creo yo, no sólo a mi propio crecimiento espiritual, sino también me ayuda a superarme como persona. Ese es mi propósito.
Al escribir un cuento quiero dar a conocer una pequeña historia que me traiga a ti y a mí una enseñanza... lo que busco, en el fondo, es dar ayuda y/o consuelo o simplemente dar alegría para mi misma como también para ti, querido lector.

