Dos semanas antes de Navidad, María Elena y su esposo Carlos salieron a comprar un árbol navideño. Entre los muchos que vieron, a María Elena le gustó uno en especial. Fué amor a primera vista. Carlos sonrió; también le gustó aquel árbol. No era grande, pero si hermoso. Al llegar a casa empezó María Elena a decorarlo con mucho cariño.
Un día antes de Nochebuena en que María Elena se encontraba sola en casa, escuchó una voz desconocida que la llamaba desde la sala. ¿Quién podía ser? Su esposo y sus hijos no estaban en casa. Temblando llegó ella de la cocina a la sala.
Ella empezó a llorar. No podía ser verdad. ¿Era acaso su imaginación?
- Perdona. No era mi intención asustarte - le dijo el árbol de manera cariñosa.
- Perdona. No era mi intención asustarte - le dijo el árbol de manera cariñosa.
María Elena después de secarse las lágrimas, le preguntó si era un árbol mágico.
- No. No lo soy. Soy más que eso...
- No te entiendo - le interrumpió María Elena.
- Soy la voz de tu conciencia. Estoy aquí para ayudarte a hacer un balance de tu vida.
María Elena sabía que no podría posponer más esta tarea pendiente, pero...
- ¡No quiero hacerlo! - gritó ella asustada.
- El miedo te paraliza, ¿verdad? El árbol se mostraba preocupado.
- Sí - respondió María Elena con un hilo de voz.
- Lo que te pasa es que la tan sencilla y tan crucial pregunta ¿por qué y para qué vivo? no te gusta, porque te da la impresión de haber vivido sin apenas sentido. Y esta idea te angustia, ¿verdad?
- No me angustia, pero sí me llena de tristeza - contestó en voz baja María Elena.
- Y por este motivo para no pensar, sepultas esta pregunta en el fondo de tu alma porque no la quieres ver, ¿verdad?
María Elena se daba cuenta que este árbol podía leerle los pensamientos.
- Es verdad. Cuando pienso en lo que que pude haber hecho y no hice, me pongo de tan mal humor que ya no quiero seguir pensando.
- Es verdad. Cuando pienso en lo que que pude haber hecho y no hice, me pongo de tan mal humor que ya no quiero seguir pensando.
- Así como tú existen millones de personas que hacen este balance existencial de manera equivocada, con poca objetividad. El preguntarse "¿qué podría haber hecho mucho mejor en el tiempo de vida ya consumido?", es erróneo porque deja un sabor amargo, ¿verdad?
María Elena asintió. Era como si los éxitos logrados carecieran de importancia. ¿Por qué pesaban más los fracasos?
- Piensa que hacer un balance de vida no nos sirve solamente para tomar conciencia de los éxitos conseguidos, sino también es importante de hacerle frente a los errores cometidos, pero no para lamentarnos o criticarnos, sino para hacernos el firme propósito de cambiar lo que debemos cambiar en nosotros mismos.
- ¡Es fácil dar consejos! - replicó María Elena.
- Mira, los viejos hábitos son difíciles. Dejar de fumar, por ejemplo. Pero si uno no puede hacerlo solo, entonces, debe recurrir a obtener la ayuda de otros.
- ¡Dáme otro ejemplo! le pidió María Elena. Yo ya no fumo desde hace varios años.
El árbol la miró largamente antes de hablar.
- El hecho que tengas cáncer no impide que seas feliz.
- Claro, ¡qué fácil te resulta decirme esto! - gritó María Elena. Desde que me enteré de mi enfermedad no he dejado de pensar no solamente en lo que pude haber hecho, sino también en qué será de mi familia si yo llegara a morir.
- Oye ¡No estoy sordo! No es sano pensar en lo que te podría pasar. Recuerda que sigues un tratamiento y todavía no sabemos qué pasará más adelante - le dijo el árbol. Piensa, más bien, en lo que puedes hacer ahora para ser feliz. Lo que tú haces no es reflexionar, sino solamente atormentarte. Si bien tu enfermedad te limita, por momentos, no te olvides de concentrarte en el verdadero valor de ésta. Por este motivo disfruta el momento. Ahora en que no te sientes ni cansada ni mareada ni sientes dolor alguno en tu cuerpo ¿qué te gustaría hacer?
- Pues, me gustaría ahora rellenar el pavo y dejarlo macerando para tener solamente que hornearlo mañana y concentrarme en preparar un puré de camote y una ensalada. ¡Ah! y envolver los regalos para mi familia.
- Entonces, no te quito más tiempo. ¡Carpe Diem, amiga! Y antes de despedirme te deseo una Feliz Navidad al lado de tu familia. Y, por favor, no dejes de sonreirle al nuevo año que está por empezar. ¿De acuerdo?
María Elena asintió. Y al ver que el árbol ya no hablaba más, ella regresó a la cocina. Y al estar ya en ésta, prendió la radio. En ese momento empezaba la bonita canción "Feliz Navidad". Y ella se puso a cantarla con alegría: "Feliz Navidad, Feliz Navidad, próspero año y felicidad... I wish you a Merry Christmas, I wish you a Merry Christmas from the bottom of my heart..."
María Elena asintió. Y al ver que el árbol ya no hablaba más, ella regresó a la cocina. Y al estar ya en ésta, prendió la radio. En ese momento empezaba la bonita canción "Feliz Navidad". Y ella se puso a cantarla con alegría: "Feliz Navidad, Feliz Navidad, próspero año y felicidad... I wish you a Merry Christmas, I wish you a Merry Christmas from the bottom of my heart..."
La voz de su propia conciencia le había enseñado el camino a seguir... María Elena sonrió.
Marisol
Imagen sacada de internet


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Escribir cuentos cortos me ayuda, creo yo, no sólo a mi propio crecimiento espiritual, sino también me ayuda a superarme como persona. Ese es mi propósito.
Al escribir un cuento quiero dar a conocer una pequeña historia que me traiga a ti y a mí una enseñanza... lo que busco, en el fondo, es dar ayuda y/o consuelo o simplemente dar alegría para mi misma como también para ti, querido lector.

