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viernes, 17 de febrero de 2017

Bajo las farolas


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Mientras la soledad se pasea bajo las farolas de mi ciudad, su sombra se proyecta mucho más grande de lo que realmente es. Mientras unos le temen a la soledad, otros la buscan a propósito porque ella es igual de silenciosa que la luz. Es así como bajo las farolas, la soledad me pide que no le tema ni a su sombra ni a la mía propia. Al preguntarle por qué, ella me contestó lo siguiente:
- Mira, lo que tú llamas sombra no es más que la luz que tú no ves por fuera porque la luz que sí te permite verte por dentro no está vestida de ninguna sombra. Por este motivo estoy acá para recordarte que yo, la soledad,  soy necesaria para tu crecimiento personal. Soy la que le da forma a tu espíritu, la que te hace meditar, la que te lleva a la fuerza hasta el fondo de tu alma para que intentes saber quién realmente eres tú.
- Pero, ¡a mí tú no me gustas! - le hice saber disgustada.
La soledad, después de regalarme su sonrisa, me dijo con voz muy segura:
- Tú bien sabes que la soledad, en este caso, la tuya, es y siempre será una experiencia inevitable que te acompañará, muchas veces, en el camino de tu vida. Hay momentos que yo, la soledad, soy la mejor compañía que cualquier ruido ensordecedor de voces vacías de contenido. Esas voces que sólo están allí para rellenar de manera superficial tu soledad.
- Pero a mí me gusta verme rodeada de gente amiga - le dije sin estar muy segura de mis palabras.
- Tienes que reconocer que lo que me estás diciendo no es del todo cierto. No siempre puedes estar rodeada de gente; siempre habrán momentos donde estarás sólo contigo misma - me dijo la soledad y luego continuó hablando - Tu desconfianza hacia mí te vuelve más solitaria y así nunca podrás sentir la sed de la verdad ... esa verdad que puede esconderse tras cualquier sombra pero que no podrá extinguirse hasta que tú no te conozcas del todo bien.
- ¡Explícate más claro que no te entiendo! - le grité un tanto molesta. ¿Por qué la soledad se empeña en que yo me conozca bien?
La soledad me hizo saber que si bien el ser humano es un ser social, ella me ayuda a estar no sólo en contacto conmigo misma, sino a desarrollar una sensibilidad que me ayude a conectarme también con Dios porque Él es esa luz que me guía para que mi espíritu sea capaz de vencer las malas influencias a las que estoy expuesta porque lamentablemente no todo lo que me rodea me influye de manera positiva. La soledad me hizo saber también que yo no debo volverme un producto de otros, sino ser yo ser mi propio producto para entregárselo a otros con dedicación y cariño sin sombras competitivas o vestidas de envidia o maldad de por medio.

Me doy cuenta que si bien estamos rodeados de padres, hijos, hermanos, primos, tíos y amigos ... hasta enemigos, la soledad está allí para ayudarnos a comprender el motivo del por qué estamos aquí. Ninguno de nosotros estamos en la Tierra para crecer bajo sombras, sino bajo la luz de la verdad ... esa verdad que nos ayuda a crecer para así poder crecer de manera positiva no sólo en el amor, sino para expresar nuestros talentos y virtudes para así compartirlos con otros porque si nos quedamos sólo mirando a nuestros sueños y no los hacemos realidad, terminaremos siendo sólo sombras. 

La soledad me sonrió complacida. Ella, en este momento, está a mi lado, para ayudarme a a evolucionar como ser humano hasta haber aprendido a saltar sobre mi propia sombra para evitar de arrojársela a otros con violencia u odio, porque al final, se la arrojaría a la cara de Dios.
 
MARiSOL




jueves, 18 de noviembre de 2010

El sol y la sombra

A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, 
y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.
Oscar Wilde (1854-1900)
Dramaturgo y novelista irlandés



Como la sombra desea tener cerca, en este preciso momento, a su querido sol, se arma de valor y le dice:
- ¡Ven! ¡Acércate a mí! No quiero vivir solamente en oscuridad.
- ¡Imposible!- exclama el sol. Entre los dos debe existir una distancia física. Además, a tu lado me sentiría inseguro.
- ¿Por qué? - le pregunta sorprendida la sombra y luego continúa hablando-  ¿Tú crees que por ser una sombra me gusta  ocultar mis sentimientos? Estoy cansada de no decirte lo que realmente siento por ti. Acaso, ¿no crees en la pasión? La vida es irrepetible. Vivamos el momento. Si me tienes solamente de lejos nunca sabrás que se siente al estar juntos.
El sol la mira con ternura y le contesta:
- Tengo miedo de no ser más dueño de mi mismo si te hago caso. Además, ¿no crees que sería un gran error despertar una pasión entre los dos solamente para satisfacer un capricho tuyo?
- ¡No es un capricho! ¡Nooooo! - grita la sombra. Sin pasión la vida no vale nada. Quiero sentir tu calor de cerca, solamente por un momento. ¡Por favor!
El Sol se queda pensativo y, luego,  al darse cuenta que la fuerza del amor es más poderosa que la razón, salta sobre su propia sombra, llega al lado de su querida Sombra, la abraza y al oído le susurra:
- No hay sol sin sombra ni sombra sin sol, sin luz,... sin amor.
Viviremos este instante intensamente. Pero, no quiero que después te lamentes por lo sucedido. ¿De acuerdo?
La sombra antes de besarlo le dice dulcemente:
- No te preocupes. Antes de morirme quiero tener la certeza que no solamente he existido, sino que  he amado y sufrido... que he vivido con plenitud.



Marisol

La foto es de mi hijo Philipp Jonathan
tomada en las dunas de Ica, Perú.
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