lunes, 23 de noviembre de 2020

El grito de la historia

 

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En cierto sentido, todos los hombres somos históricos. No hay nadie que se salve. De una u otra manera todos nosotros hacemos historia. Y mientras la historia es la novela de los hechos (malos o buenos), la novela (la tuya, la mía, la de todos) es la historia de nuestros sentimientos, esos sentimientos que son el principio de nuestro conocimiento, aquél que cuando llega desde dentro es el verdadero conocimiento. Pero si éste no se sabe aplicar como debe ser, entonces es peor que la ignorancia. ¿Y sabes por qué? pues porque el primer paso de la ignorancia es presumir diciendo que uno lo sabe todo. ¡Ay! es que la ignorancia siempre está dispuesta a admirarse, ¿verdad? ¿Te sientes capaz de poderla retar, querido lector? 

Pero, antes que tú me puedas contestar, la historia con voz enérgica se hizo sentir entre tu mundo y el mío haciéndonos saber que la ignorancia está menos lejos de la verdad que cualquier prejuicio. Después de escucharla, recordé que el prejuicio es el enemigo más encarnizado de la verdad. Y, entonces, ¿cuál es su mejor amigo? La historia contestó diciéndome qué es el tiempo, ese tiempo que nos conduce, por momentos, por caminos equivocados. Y desafiándome con su mirada inquisidora la historia me dijo que la historia del mundo en parte se repite, sobre todo, cuando ve que millones de seres humanos aún hasta el día de hoy no han aprendido nada de las lecciones impartidas por ella. Por este motivo la historia está molesta con casi todos nosotros.

- ¡Estoy cansada, harta, molesta! - gritó desesperada la historia y continuó en voz alta renegando -  Yo, la historia, existo desde que aparició la escritura para que el hombre pusiera por primera vez sus ideas e impresiones por escrito.

- ¿Y dónde naciste? - le pregunté curioso. Te preguntarás quién soy yo. Ya te lo diré. No falta mucho.

La historia me contó que había nacido en Sumer, una antigua  región de la baja Mesopotamia.

- ¿Cerca del Golfo Pérsico? - le pregunté un tanto inseguro. 

- Sí - me respondió la historia. Su voz denotaba hartazgo.

- ¿Y cuándo exactamente naciste como historia? - le hice esta otra pregunta ya que curiosidad yo sentía.

La historia me hizo saber que nació a fines del cuarto milenio a.C., es decir, hace más de 5,000 años. Luego, acto seguido me explicó que ella es una ciencia que estudia y expone, de acuerdo con determinados principios y métodos, los acontecimientos y hechos que pertenecen al tiempo pasado y que constituyen el desarrollo de la humanidad desde sus orígenes hasta el momento presente.

-¡Ay, el presente! ¡No me lo menciones! - grité indignado. Era ahora yo el que alzaba la voz. 

La historia sorprendida por mi respuesta dijo que para ella el presente se nos escapa de las manos porque es un punto entre la ilusión y la añoranza.

¡Aj! ¡No seas romántica! - le contesté nuevamente alzando la voz. Seguidamente le dije que el presente es, más bien, el punto de unión del futuro con el pasado. Y no pudiendo aguantarme más reté a la historia diciéndole que por el hecho de siempre repetirse, tiene al mundo de cabeza.

La historia no dejándose intimidar me aclaró que no es culpa suya que ella se repita, porque no es ella la que comete errores, sino los hombres. La historia sólo cuenta lo que sucedió. El mundo le daría la razón si estuviera acá reunido con nosotros porque sé muy bien que él ha sido testigo no sólo de hechos extraordinarios, sino también de hechos espantosos, todos ellos realizados por la mano del hombre, con esa misma mano que aprendió a escribir la historia de la humanidad.

Yo, como el grito que soy, dejo escucharme no sólo en todos los rincones del mundo, sino también dentro de tu corazón o el mío, allí donde somos capaces de fecundar sueños para tratar de cambiar lo que se debe cambiar, quizá con el ánimo de reescribir la historia de la humanidad para mejorarla. Un plan demasiado ambicioso para ser verdad, ¿no crees? Más bien, empieza tú reescribiendo tu historia de vida, si quieres. Y si así fuera, ¿qué cambiarías?

 

MARiSOL

 

domingo, 22 de noviembre de 2020

La estrella de la fe

 

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"A veces la solución es crear historias hasta que aparezcan las estrellas"- se dijo a sí mismo Roberto mientras se secaba las lágrimas. ¡Ay! es que las lágrimas tienen algo de sagrado porque extrañamente el mar y ellas tienen algo en común: la sal. Quizás es más que eso, las lágrimas son la sangre del alma. Y el alma de Roberto está sangrando desde hace mucho tiempo. ¡Ay! Roberto no quiere seguir llorando porque sabe que si pierde su sol interno, sus lágrimas no lo dejarán ver más las estrellas. Él necesita sólo de una sola estrella que lo guíe por el camino de su vida un tanto alterada por diversos motivos que ya los mencionaré más adelante. Bien, Roberto sabe que el símbolo de las estrellas tiene un significado de luz porque simbolizan la verdad, el espíritu y la esperanza como también significan la protección de Dios y el universo... ese universo que es el vasto símbolo de Dios. Sin embargo, el universo con toda su enigmática hermosura resulta ser caótico para toda persona sin fe. 

A este punto quiero llegar. Quiero que Roberto vuelva a tener fe porque la fe es la creencia y confianza de una persona en relación con algo o alguien. Si bien él sabe que la fe se manifiesta por encima de la necesidad de poseer evidencias que demuestren la verdad de aquello en lo que se cree, a Roberto le resulta difícil entender el significado de estas dos letras que provienen del latín y que significan: lealtad y fidelidad.

Roberto levantando su mirada hacia el cielo estrellado se preguntó qué es creer y tener fe. Si bien él sabe que la fe es lo opuesto a la creencia (uno cree cuando hay buenas razones para hacerlo), su corazón se resiste a tener fe porque sería aceptar en su mente tan racional una afirmación sin ninguna buena razón.   ¡Ay! La historia de vida de Roberto se ha complicado tanto que la estrella de la fe se le ha extraviado en algún punto de su alma. Es así que cuando la estrella de la fe lo escuchó hablando a solas en la oscuridad de la noche, ella le hizo saber a Roberto que si tiene la fe puesta en Dios, entonces podrá vencer el temor que le produce ver tantos acontecimientos negativos que no sólo suceden en su vida, sino que suceden a diario en el mundo en que vivimos. 

Al darse cuenta Roberto que la estrella de la fe le estaba hablando directamente a su corazón, él rabioso le preguntó que debía hacer para no perder la fe, sobre todo, en tiempos díficiles como en el que estamos todos. Es así como la estrella de la fe le hizo saber que él no estaba solo. También le dijo que la fe no es algo que uno tenga que hacer o que uno consigue por uno mismo, sino es más bien un regalo que Dios nos da para ayudarnos a creer. En cuanto la estrella de la fe calló, Roberto le preguntó si sólo existe un solo tipo de fe. La estrella de la fe sonriendo le explicó que hay siete tipos de fe. ¿Quieres saber cuáles son, querido lector? Te los menciono y son: la credibilidad, la convicción, la certeza, la seguridad, la firmeza, el convencimiento total, la esperanza segura, la garantía y veracidad de Dios.

Si bien Roberto sabe que la fe es una parte esencial de la piedad porque la piedad es más inteligente que el odio, él odia la vida que le ha tocado vivir por fuerza mayor. Entre la maldita pandemia y haber perdido su trabajo de camarero en un hotel para turistas, pues no es para menos que él se sienta afligido. La estrella de la fe al darse cuenta del inmenso descontento de Roberto le advirtió que el odio no disminuye con el odio, sólo éste disminuye con el amor. Pero Roberto, un tanto amargado, le pidió que se dejara de darle sermones baratos. Pero la estrella de la fe tercamente siguió hablándole y lo retó preguntándole si él se consideraba una persona inteligente, a lo que él le dijo alzando la voz: "¡Claro, que sí!". Pues bien, la estrella de la fe seriamente le contestó que el odio es un sentimiento que sólo puede existir en ausencia de toda inteligencia. Es más, también le dijo que cuando nuestro odio es demasiado profundo, coloca no sólo a Roberto, sino a ti, querido lector, y a mí también muy por debajo de aquellas personas que odiamos. 

Al terminar de decir estas palabras la estrella de la fe miró largamente a Roberto y él avergonzado bajó su mirada y murmuró cansado: "Yo no he nacido con estrella. Más bien, he nacido estrellado". Pero como la estrella de la fe no es vengativa ni le guarda rencor alguno a Roberto, terminó diciéndole estas palabras que quizá te sirvan también a ti, querido lector: "No vayas sin amor por la vida aún cuando te toque franquear una alta montaña llena de muchos problemas que te obligue, por momentos, a subir difícilmente por ella. Es más, no apagues tu estrella interior para que ella te guíe y ayude a enncontrar el mejor camino mientras vas cuesta arriba porque mientras más alto subas, más cerca del cielo estarás. Recuerda que tanto el cielo como el infierno está en nosotros. Tú escoge." Roberto rindiéndose ante la sabiduría de la estrella de la fe, se prometió a sí mismo reescribir su propia historia de vida de mejor manera para así hacer reaparecer a las estrellas de su universo interno. Y es que las estrellas son como los niños porque nunca hay demasiados. Y Roberto está tomando conciencia que a pesar de sus problemas de persona adulta no debe dejar de perder al niño que vive en  él y que tanta falta le hace para recuperar su fe perdida. 

Antes de terminar, te comento que después que Roberto hablara con la estrella de la fe, recibió la llamada de una buena amiga que trabaja en el observatorio astronómico de la ciudad donde él también vive. Ella le preguntó si él estaba interesado en trabajar por las noches de  vigilante aunque éste esté cerrado al público. Roberto aceptó inmediatamente. Después de colgar el teléfono, su niño interior empezó a brincar de la alegría alrededor de la estrella de la fe.

 

MARiSOL

sábado, 21 de noviembre de 2020

Don Poder y Doña Corrupción

Esta es la historia de amor entre Don Poder y Doña Corrupción. ¡Ay! Más que una historia de amor, es de pasión. Si bien la pasión es una cualidad auténticamente humana, para tu información esta palabra tenía en origen un sentido negativo; proviene del latín "Passio" y alude a la "acción de padecer". Lo que esto supone una perturbación o afecto desordenado del ánimo. Sin embargo, hoy en día esta palabra goza de gran prestigio ya que no sólo se le ve como un estado emocional envidiable, sino que muchos la consideran como la verdadera razón de vivir.

Pues bien, Don Poder y Doña Corrupción viven su amor pasional de manera desenfrenada; se revuelcan a escondidas no sólo en las camas de presidentes, congresistas, empresarios, generales, cardenales y de muchos otros más, sino también hacen alarde ante todos ellos de lo que realmente les une: el dinero. Si bien en un comienzo ellos dos creían que el dinero lo hacía todo, después ambos terminaron haciendo todo por dinero hasta manchar, sin escrúpulo alguno, sus manos con sangre, de ser neceario. 

Me  imagino que de sobra sabes quién es Don Poder. En caso, lo ignores, te lo presento: Él sabe que no es un medio, sino un fin en sí mismo. Igualmente sabe que él es como un explosivo: o se maneja con cuidado o estalla. La verdad que Don Poder es muy audaz porque se mueve entre cumbres y precipicios. Por este motivo lo adora a morir Doña Corrupción (a quien también se le conoce, entre sus seguidores, como Doña Soborno).  Yo, personalmente, la tengo a ella de lejos porque tiene un espíritu corrompido donde no cabe el honor. ¿Y sabes por qué ella me cae tan mal? Porque el honor es la conciencia externa y la conciencia es el honor interno, y una persona sin honor genera sólo grandes problemas, sobre todo, a los demás.

La verdad que Don Poder y Doña Corrupción me caen muy mal porque cada uno de sus movimientos, bien calculados, los realizan ni por honor, ni por amor, sino por dinero. ¡Aj! Y es que ambos saben que el dinero es la llave que abre todas las puertas, así éstas sean las del mismísimo infierno. Y es que el dinero no es nada, pero cuando se tiene y mucho, ya es otra cosa, ¿verdad? A la larga, el dinero si bien evita preocupaciones también, aunque parezca mentira, las atrae tarde o temprano. Y, sobre todo, si es un dinero mal habido.

¿Y que opina Doña Corrupción a todo lo que digo yo? Ella me mira exasperada. Prefiere que yo guarde silencio porque ella sabe bien qué imagen da realmente ante los ojos del mundo. ¡Ay! Doña Corrupción está alterada porque no quiere que yo la desenmascare porque muy bien sabe que a través de su naturaleza coercitiva ella termina atrapando no sólo a personas de rangos inferiores, sino también de rangos superiores mientras ellos recaudan sobornos para mantener su propia posición sea en el ámbito político, empresarial, policial, militar, sanitario, religioso, etc. Por este motivo, Doña Corrupción necesita de Don Poder para causar así daños significativos en desmedro de la sociedad en general. ¡Ay! Sólo así ambos pueden sentir desesperadamente orgasmos y éxtasis inigualables cuando se encuentran a escondidas para amarse no sólo intensamente, salvajamente y obsesivamente, sino desenfrenadamente.  O lo que es peor, sin tener consideración por el daño que se pueden ocasionar a sí mismos o hacia los demás.

Pero ¡ojo! Tanto Don Poder como Doña Corrupción no deben olvidar que si se descuidan, al final, yo, quien soy la Moral, los puedo, llegado su momento, enviar presos. ¿Y sabes por qué? Pues, porque yo soy el resultado de aceptar la verdad y la justicia en todas partes del mundo. Porque, al fin y al cabo, la verdad y la justicia no tienen fronteras. Y no es porque las fronteras representen el este o el oeste, sur o norte, sino porque es allí donde todo ser humano se enfrenta a un hecho... como el hecho de tener conciencia moral, porque la conciencia moral es aquella voz interior que nos obliga a actuar de una forma y también nos dice si son correctas o incorrectas nuestras acciones. Es así, como yo, me considero en la capacidad de juzgar como buenas o malas no solo tus acciones, querido lector, sino también las de Don Poder y Doña Corrupción.

MARiSOL

jueves, 19 de noviembre de 2020

La verdad y la mentira

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La verdad y la mentira han entrado en competencia por conquistar los medios de comunicación. Desde hace ya mucho tiempo ambos están en pugna. Y nosotros sin saber a quién creer. Ni la esperanza ni la fe están por la labor de abrirnos los ojos. Entonces, ¿quién o qué es el que nos debe ayudar? Aunque te parezca mentira es la justicia divina la que podría entrar en acción. Y, sin embargo, ella nos deja, a propósito, en completa oscuridad porque somos nosotros los seres humanos los que tenemos que saber enfrentarnos, tanto a la verdad como a la mentira, sin su ayuda.

Es evidente que existe la verdad aunque se quiera pensar lo contrario o negarla del todo. La verdad es lo que es. La justicia divina sabe que el que niega que existe la verdad, conoce que la verdad existe. Increíble, ¿verdad? Y es que en la verdad no puede haber matices. Mas en la mentira o en la semi-verdad, ¡claro que sí! ¡Ay, es que la verdad puede ser tan incómoda!

La mentira no pudiendo reprimir su enojo le hizo saber a la verdad, a quien le cae súper antipática, que amar la verdad por amor a la verdad es de estúpidos porque el ser humano no es perfecto ni nunca lo será. Por tal motivo ella, la mentira, existe, para enfrentarnos a nuestras debilidades como la falta de moral o de conciencia. Y aunque la mentira sepa que la verdad es la semilla principal de todas las virtudes, ella no la quiere de amiga, sino ¿qué sería de ella? La mentira está convencida que ella es una forma de talento, quizá porque en buena medida el talento es una cuestión de insistencia. Y la mentira es terca. Ella sabe bien que de tanto repetirla como un mantra resulta siendo verdad para los ingenuos. Por no decir, tontos.

Dios, ¿en qué debo creer? Los medios de comunicación nos zarandean de un lado a otro, nos bombardean con distintas noticias. Hacen lo que quieren con nosotros. Unas veces nos quitan la venda de los ojos y otras nos la colocan con mucho cuidado para no dejarnos ver la verdad... ésa necesidad incondicional de todo ser humano que no todos la aprecian y entienden en toda su magnitud sea por rabia, miedo o conveniencia.

Y aunque la verdad sea más importante que los hechos porque aunque los hechos sean muchos, la verdad es solo una, te hago saber, querido lector, que  una verdad mal intencionada es peor que una mentira.  Entonces, ¿en qué quedamos? Mejor dicho, ¿con cuál te quedas? Pues yo, sinceramente, con la verdad. Y ¿sabes por qué? porque la verdad no es hija de la autoridad, sino más bien del tiempo. ¡Ay! La mentira está furiosa. Sabe que el mayor amigo de la verdad es el tiempo. ¿Y cuál  es su peor enemigo? Pues, el prejuicio. Y sabes ¿por qué? porque éste está mucho más lejos de la verdad que la pobre ignorancia (aquella que no es necesariamente la ausencia de conocimiento, sino de negarse a adquirirlo). 

Definitivamente la verdad y la mentira son amigas de mentira y enemigas de verdad. Tal vez está en tus manos decidir de quién te haces socio(a). Si bien la verdad puede ser, por momentos, desagradable, la mentira lo es aún más porque rompe la confianza, porque mentir no siempre funciona como queremos, porque la mentira es síntoma de un problema más grande, porque mentir crea estrés y, porque finalmente, una mentira lleva a la otra. ¡Ay! si bien la vida es difícil, sobre todo, cuando uno encuentra paz con un mismo al decir la verdad pero miente para estar bien con los demás, recuerda, querido lector, que con los mismos labios que rezas u oras, los usas para mentir o para decantarte por la verdad. Tú escoges.

La verdad me mira triunfante porque sabe que yo no deseo hacerme cómplice de la mentira. He comprendido que mientras la peor verdad sólo cuesta un gran disgusto, la mejor mentira cuesta no sólo pequeños disgustos, sino un disgusto grande tarde o temprano. Y mientras el tiempo me sonríe, la mentira estalla en llanto pues, poco a poco, logra entender que el bien de todo ser humano consiste no sólo  en estar en la verdad y en realizar la verdad, sino porque ella, la verdad es más querida. ¿Y sabes por qué? porque sólo se accede a la verdad a través del amor: la única fuerza y la única verdad que hay en esta vida.


MARiSOL

 

martes, 3 de noviembre de 2020

La contraseña

 


Anita no lograba acordarse de su contraseña. ¡Qué cosa! Sin ésta no podía entrar a su plataforma social.  Y mientras ella se encogía de hombros resignada ante su mala memoria y no tenía otra opción que cambiar de contraseña, Anita sabía que estaba muy lejos de ser un indulto, una amnistía, una absolución, una gracia o una clemencia. Sin embargo, sabía que la palabra "Perdón" la convertiría en su contraseña como un mantra a repetir todos los días. Pues bien, su contrasseña se llamaría "Perdón2020". Es así como esta contraseña no sólo se posó en su cerebro cual rayo luminoso, sino que ella sabía que nunca podría olvidarse de ésta. Anita tenía sus motivos...
 
Y es que aunque la ofensa y la pena se aferraran a sus tobillos cual cadena perpetua  o arresto domiciliario, Anita se encontraba esperando por una disculpa que quizá nunca llegaría. Y, sin embargo, la contraseña era la adecuada... Así que mientras ella mantenía la calma en silencio y observaba cómo la tolerancia disculpaba los defectos del mundo (¿del tuyo o del mío?), ella  se preguntaba si no sería mejor concederle a su espíritu el hábito de la duda. ¡Y es que yo la encuentro apasionante! ¿Y tú?
 
Pues bien, mientras la escuela de la verdad le recordaba a Anita que es menos malo agitarse en la duda que descansar en el error porque quien comete un error y no lo corrige comete otro mucho más grande, ella sabía que había llegado la hora de perdonar a todas aquellas personas que le habían hecho daño en el transcurso de su vida. Quizá no era tan importante que sus ofensores se liberaran de su culpa para ella recién poder perdonarlos, sino que ella como persona ofendida sabía que era importante liberarse de posibles sentimientos de rencor en su corazón. Pero, ¡qué difícil es la acción y el resultado de perdonar!, ¿verdad? Y es que este valor humano no todos lo entendemos en toda su magnitud. A decir verdad ambas acciones suelen tener efectos terapéuticos positivos. 

Más de uno se preguntará si Anita es capaz de poder disculparse. Pues, déjame decirte que ella lo ha hecho varias veces, en varias oportunidades. Así como pedir perdón se asocia a la humildad por reconocer que se ha cometido un error y también suele mostrar que la persona tiene la mejor intención de rectificar o compensar ese error suyo, el poder perdonar a los otros es también de valientes. 
 
¿Sabías que la palabra "Perdón" es una palabra formada por dos vocablos originarios del latín? Mientras "Per" significa: paso o dejar pasar, "don" significa: regalo. Por este motivo, si te sientes ofendido o agraviado renuncia a vengarte o a reclamar castigo. Más bien, perdona la ofensa en nombre de tu paz interior y tranquilidad de conciencia. ¿Y sabes por qué? Pues, porque al perdonar se expresa indulgencia, tolerancia y comprensión hacia el error del otro. Sin embargo, todos sabemos que hay faltas más fáciles de perdonar que otras, sobre todo, cuando el daño es inmenso en la vida del agraviado. Y, sin embargo, aunque existan muchas personas que se resistan a perdonar, la verdad es que también existen otras que han entendido que saber perdonar es signo de inteligencia emocional, es signo de dejar atrás el pasado por muy doloroso que éste sea y lo mejor es concentrarse en mirar al futuro asumiendo una nueva postura ante la vida.
 
Anita está contenta con su nueva contraseña porque ésta contiene un gran significado no sólo por el hecho de tener la capacidad de saberse disculpar ante los demás, sino de querer ser capaz de perdonar no sólo a los otros, sino también a sí misma. Y es que saber perdonar(se) es una actitud, una decisión que nos permite crecer porque en vez de albergar ira y rencor, elegimos aceptar el pasado y seguir adelante. Anita sabe que por más que su alma esté vestida de heridas emocionales, no permitirá convertirse en esclava de sentimientos negativos porque aún más daño ella se haría. No permitirá que el dolor y el resentimiento se queden enquistados en su corazón. En caso de no lograrlo sola, Anita buscará ayuda profesional para que le de nuevas pautas y le indique caminos diferentes que la ayuden a asimilar todo lo sucedido y que le permitan liberarse de tanto rencor acumulado en su alma.

Querido lector, si aprendemos a perdonar(nos) no con palabras, sino con el corazón, entonces sabremos que ya estamos listos para pasar página en lugar de mantener nuestras heridas abiertas. Quizá ha llegado el momento que tú también cambies tu contraseña, pero, de vida.
 
 MARiSOL

 




sábado, 31 de octubre de 2020

El despertar de Vicenta

 

Desde hace un par de semanas que Vicenta se encuentra realizando un viaje, pero no se trata de un viaje de turismo, sino más bien es un viaje experimental hacia la esencia de su ser, ésa que le permitirá descubrir quién es y qué es ella realmente. Antes, cuando alguien le preguntaba quién era, ella contestaba automáticamente: Me llamo Vicenta Calderón, soy boliviana, vivo en Estados Unidos, soy física nuclear, estoy ya jubilada desde hace un año. Soy viuda desde hace cuatro años, tengo dos hijas y tres nietos. Vivo en California en una bonita casa frente al mar, cuento con dos caballos y un auto deportivo. ¿Y tú?

Pues bien, yo como la consciencia de Vicenta te hago saber que sólo cuando uno da ese tipo de respuesta es porque uno se identifica solamente con su "Ego" pues éste es sólo una falsa identidad que ha sido creada por nuestra mente. Lamentablemente nosotros pensamos que somos una mezcla de deseos, aspiraciones, preocupaciones, estudios, trabajos, posesiones y un largo etcétera. Pero pensar así es falso porque es nuestro "yo egótico" el que habla por nosotros. Hoy en día hay muchos egos inflados, sobre todo, desde que las plataformas sociales llegaron de puntillas a nuestras vidas. Pero esta es otra historia digna de ser contada algún otro día...

Bien, estaba hablando de Vicenta y es que se está dando cuenta que ella es mucho más que un ego inflado. Te explico: Vicenta influeciada por sus padres y por la misma sociedad aprendió a estudiar duro y parejo, a hacer una carrera, a tener amigos, a conseguir  trabajos bien remunerados, a fundar una familia, a comprarse una casa, a tener un auto último modelo, etc, etc. Y todo esto para llegar a ser alguien en la vida. Es decir, ella pensó que ser una persona de éxito ante los ojos de los demás le daría la felicidad. Pero nada más lejos de la verdad. Es cierto que Vicenta más de una vez hubiera querido abrazar al mundo entero por sentirse plena y realizada, pero ella conoce igual que tú, querido lector, que hay momentos donde uno puede llegar a sentirse perdido, incomprendido, enfadado con uno mismo. ¿Y sabes por qué? Pues, por no saber quién eres. ¿Te has puesto a pensar que nosotros no somos ni pensamientos ni emociones? ¡Ja! Ahora yo como la consciencia de Vicenta te reto a que trates de entenderme porque ella lo está logrando poco a poco. ¡Ay, cuántos momentos de sufrimiento, desesperación, incomprensión y falta de sentido por los que pasó durante mucho tiempo a pesar de tenerlo todo! Claro que es maravilloso tener todo lo que uno desea pero ¡ojo! sin descuidar nuestro mundo interior donde allí tu mente no tiene acceso alguno.

¿Te has puesto a pensar que la vida es como un torbellino donde vamos de prisa o, algunas veces, sin ningún tipo de aliciente porque nos sentimos cansados de tantas cosas como ahora por estar expuestos a esta pandemia? Pero aún así Vicenta sabe que justamente ahora que todos nos encontramos viviendo tiempos difíciles es hora de reconectarnos con nuestro Ser, con nuestra esencia. Ese inmenso potencial que tenemos dentro debemos recuperarlo. ¿Te has puesto a pensar que la mente es solo una herramienta necesaria para poder actuar en este mundo pero no representa necesariamente lo que somos? Difícil pero no imposible de entender. Vicenta se está dando cuenta que ella es algo tan grande e infinito (como tú) que no se puede definir de manera puramente conceptual. 

El mundo vestido de mucho ruido (no me refiero al ruido de los autos, de máquinas, aviones, música estridente, gritos, bocinazos, etc) donde el miedo y los condicionamientos mentales, dirigidos en parte por el internet, es el que nos impide sentir nuestra verdadera esencia. Y es que el ruido más potente es el que produce nuestra mente impidiéndonos darnos cuenta que somos semillas de luz conectadas con el universo. Vicenta me mira con ojos benévolos y me pide hacerte saber que en todos nosotros existe un poder muy grande que ha quedado silenciado por el ruido, sobre todo, de nuestras mentes perturbadas, por momentos, sea por malos sentimientos o malos pensamientos. 

Vicenta no envidia a todas aquellas personas que logran elevar su espíritu, por ejemplo,  a través de la meditación o del yoga, porque ella lo logra a través de la lectura o de la escritura. En un par de oportunidades ella ha estado cerca de lo mágico y divino y sin estar ni borracha ni drogada. En esas dos veces Vicenta experimentó una paz inmensa, una sensación de libertad insospechada cuando se dió cuenta que el sentido de la vida va de la mano con el sentido de la identidad pero no visto ni desde el exterior ni desde el deseo tener cosas sino desde el interior de uno... de ese mundo interno que pide ser despertado para abrirse más allá de lo que ven nuestros ojos, de lo que dice nuestras mentes. Por este motivo, yo como la consciencia de Vicenta te invito a que empieces (si aún no lo has hecho) a dar tus primeros pasos hacia tu nivel de consciencia y te abras a la posibilidad de que tú, querido lector, eres algo más de lo que opina tu mente. En estos tiempos de incertidumbre, de miedo y de muchas dudas harías bien en escuchar más a tu alma para recuperar tu poder interior. Y si no sabes lo que significa este poder te lo hago saber. Es nada menos que el amor... allí donde la sensación de plenitud, paz y libertad son indescriptibles, esas sensaciones donde no se ven con los ojos sino con el alma, aquella por la que vivimos, sentimos y pensamos.


MARISOL

 

 

sábado, 27 de junio de 2020

La caracola y el mar






Cuando Estela tiene ganas de sentirse cerca del mar, se coloca al oído una caracola grande y hermosa - traída de un viaje por El Caribe hace ya tiempo atrás - y así se queda ella un buen rato escuchando al mar arrullándola con su canto. ¡Cómo lo extraña! Y es que Estela no vive cerca de ningún mar. Los más cercanos a ella, tanto el Mar del Norte como el Mar Bático, se encuentran a tres horas de distancia de la capital de Alemania que si bien ésta cuenta con muchísimos lagos, no es lo mismo un lago a un mar por más que uno se lo trate de imaginar porque el canto del mar es único e inconfundible.

Pues bien, hoy día la caracola se niega a que Estela escuche al mar, su querido amigo de la infancia y adolescencia. Es así que cuando Estela le preguntó por qué no podía escucharlo como antes, la caracola molesta le respondió que se sentía usada.
- Pero, ¿no te das cuenta que sin ti, al mar no podría escucharlo? - exclamó Estela nerviosa.
- Sí, claro. Pero yo no valgo nada para ti a pesar de estar cerca tuyo y el mar, que está muy lejos de ti, sí es más importante que yo.
- Oye, ¿estás celosa? - le preguntó Estela a su caracola.
- Sí, ¡así es! - respondió furiosa la caracola.
- Pero, tú eres importante para mí más de lo que te imaginas - las palabras de Estela sonaban sinceras.
La caracola después de sopesar la validez de las palabras de Estela, le dijo que a ella lo que le molestaba era que no se le quisiera igual como al mar.
- ¡Esto es imposible! - le respondió Estela bastante agitada.
- ¿Por qué? - le preguntó desafiante la caracola.
- Porque a ti te quiero y al mar lo amo.
- ¡¡¿Cómo?!! - le preguntó la caracola dolida en su amor propio.
Estela armándose de paciencia le hizo saber a su caracola que "Amar" significa, la acción de expresar un sentimiento intenso que busca unirse con otro ser. O sea, es una atracción, inclinación y entrega de una persona hacia otra, y cuyo objetivo es procurar la reciprocidad en el anhelo de la unión de dos seres; y ello implica comunicación, convivencia, complemento y una relación afectiva, basada en la decisión y consentimiento de sus propias voluntades.
- ¡Ajá! - dijo la caracola - Y, ¿qué es "Querer"?
- Este verbo significa que una persona pretende poseer o apetecer algo o a alguien, para su propia satisfacción personal. Es decir, hay un interés egoísta y hasta posesivo.
- Y en el Amor, ¿no? - le preguntó la caracola.
- No. Cuando se ama de verdad hay un sentimiento altruista y desinteresado.
- Entonces, de ahora en adelante me quedaré muda porque tú no me amas - le dijo molesta la caracola.
- Si es así le diré a mi amiga Ana que me preste su caracola hasta que a ti se te pase la rabia - le contestó Estela bien seria. No puedes dejarme sin mi mar. Me matarías de la pena y a él también.
- No entiendo - le dijo molesta la caracola.
- El mar, a pesar de no tenerme cerca y extrañarme, se queda tranquilo sabiendo que yo me contento solamente con su voz - le respondió triste Estela. ¿No te das cuenta que es la voz de su corazón la que me habla para tranquilizarme y me llega a través tuyo? Tú eres muy importante para mí. Te necesito más de lo que te puedas imaginar por este motivo te quiero mucho.
La caracola se quedó muda un rato y luego le preguntó:
- ¿Y qué harás conmigo si me sigo negando a dejarte escuchar al mar?
- Pues, te colocaré en una caja y a la otra caracola la pondré en tu lugar. No tengo espacio para las dos juntas.
- ¡Tú no me amas, tú no me amas! - gritó la caracola desesperada.
- Ya te he dicho que a ti yo te quiero. Pero dejaré de hacerlo como me sigas desafiando. No me gusta que me trates de esta manera. Yo hasta ahora te he cuidado con cariño porque eres una caracola real y no una ni de cerámica ni de plástico. ¡Eres invalorable para mí!
La caracola avergonzada de su rabieta, le pidió disculpas a Estela. Se dió cuenta que la amistad entre ellas dos le resultaba demasiado valiosa como para echarla a perder por sus inmensos celos y es que cuando la rabia de los celos es tan fuerte, entonces fuerza a cometer cualquier desatino. Y la verdad que sería imperdonable perder a Estela. ¡Quién sabe! Algún día Estela llegaría realmente a amarla y ella, la caracola, aprendería igualmente a amar desinteresadamente a Estela para seguir haciéndola escuchar la voz de su añorado mar. Esperemos pues, que la caracola tenga la capacidad de amar a Estela y no sólo se quede en un mero deseo ya que cuando uno realmente ama encuentra en la felicidad de otro tu propia felicidad.

MARISOL

 


Imagen sacada de bing
 

sábado, 2 de mayo de 2020

Los doce del chat




- Mamá, ¿Te sabes los nombres de todos los apóstoles?
Tragué saliva. No sabía qué decirle a mi hijo porque yo sólo lograba recordar a Juan que fue el menor de todos los apóstoles. Luego estaba Mateo llamado igual que mi hijo, después, estaba Pedro...
Mi hijo me interrumpió para decirme que Pedro, en realidad, se llamaba Simón, el Zelote y que, más bien, usaba el apodo de Pedro. La verdad que este detalle yo no lo recordaba.
Mi hijo Mateo, bien serio, me hizo saber que Simón sus motivos habría tenido ya que él también usa un apodo cuando chatea con sus amigos de colegio por el internet. Luego seguidamente me preguntó si yo esto también lo había olvidado.
- No claro que no. Te haces llamar el apóstol Mateo - le respondí sonriendo.
Mi hijo satisfecho de mi respuesta me volvió a preguntar si yo no recordaba ningún otro nombre más.
-Pues, no - le respondí desganada. La verdad que yo tenía que salir al supermercado.
Entonces mi hijo en voz alta y mirándome a los ojos me increpó diciéndome que yo no era buena cristiana. Luego, después de nombrarme a los restantes apóstoles como Jacobo, Felipe de Betsaida, Tomás, Simón, el Zelote, Judas Iscariote, Judas Tadeo, Andrés, Santiago, el Menor, Santiago, el Anciano y Bartolomé o Nataniel de Caná, yo no supe qué decir. Suspiré resignada. Le hice saber que por el hecho de que yo no pudiera nombrarle a todos los apóstoles no quería decir que yo fuera mala cristiana.
Mi hijo, en todo caso, me retó pidiéndome que yo me aprendiera todos los nombres de los apóstoles entre hoy y mañana.
- A ver, hijo, comienza a darme esos nombres nuevamente antes que a mí se me vayan las ganas de aprender contigo - le contesté un tanto irritada. Yo, en lugar de estar pensando en los nombres de los apóstoles, quería, más bien, no olvidarme de todo lo que tenía que comprar en el supermercado. La lista era larga y no me quería olvidar de nada. Pero desde que uso la mascarilla procuro hacer mis compras rápidamente y en más de una oportunidad he terminado olvidándome de comprar algunos alimentos por el estrés que me produce no poder respirar bien con la mascarilla puesta y por tener que evitar acercarme demasiado a otros compradores como yo.


De pronto, mi hijo me hizo un comentario algo insólito y es que si los doce apóstoles hubieran vivido en esta época y hubieran tenido millones de seguidores y que cada uno de ellos hubiera tenido su propio blog y así poder hacer llegar el mensaje de Jesucristo a través del mundo entero, tal vez no habría pandemia hoy en día. 
Si bien la idea me gustó, sólo atiné a preguntarle a qué se debía esta idea suya.
Es así como Mateo me respondió:
- Muy sencillo, mamá. En esta época de computadoras, internet, celulares y demás tecnología moderna el ser humano no ha cambiado mucho. Todavía siguen habiendo guerras, intrigas, conflictos de todo tipo, especulaciones a nivel financiero a costa no sólo de todos nosotros sino también de la madre Naturaleza más un largo etcétera de barbaridades que reinan en este mundo.  Yo me pregunto qué hubiera pasado si los doce apóstoles hubieran tenido acceso al internet, quizá la historia del cristianismo hubiera sido otra. 
La idea me gustó. Era original. Pero yo, tratando de ser aún más original que él le dije que se imaginara por un minuto a los doce apóstoles chateando no sólo con cristianos y no cristianos, sino también con Jesucristo como emisario de Dios.
Mi hijo sonriéndome de manera angelical me leyó los pensamientos porque me dijo que si los doce apóstoles vivieran actualmente le pedirían a Jesucristo hacer un milagro como, el de parar la pandemia en todo el mundo. Luego seguido, él me preguntó dulcemente si podía chatear con sus amigos por una hora.  
Mi hijo Mateo tuvo mi consentimiento aunque él sabe que yo no le permito que esté tantas horas sentado a la computadora aún estando en cuarentena. Pero como él recibe clases por internet, pues es inevitable que él esté casi todo el día ante la computadora. Gran invento esto de las clases virtuales pero no es lo mismo estar en el colegio con sus amigos y con los profesores. Así que mientras yo dejaba a mi hijo chateando con sus amigos, ya sentada en el auto, apoyé mi cabeza en el timón y lloré largamente antes de ir a comprar al supermercado.  Mi mundo y el de muchos otros no sólo se desmoronaba, sino que la salud, el trabajo, nuestros planes y proyecciones también. ¡Dios! ¿quién nos sostiene el alma en medio de esta maldita pandemia? ¿Cuántos meses más tenemos que esperar a que exista una vacuna contra el Coronavirus?

Quisiera pensar que no solamente todas mis dudas y temores encuentran respuesta en ti, señor Jesucristo, sino que todas mis lágrimas y dolor encuentran también consuelo en ti. A veces, no sé qué pensar. ¿Eres sólo un invento? Aunque, prácticamente todos los historiadores de la Antigüedad afirmaron que tú fuiste  un predicador y líder religioso judío del siglo I, yo siento que mi fe en ti tambalea una y otra vez. Y ahora más que nunca.

Por un momento, me imaginé escribiéndole un e-mail a uno de los apóstoles para que a su vez le reenviara mi carta electrónica a Jesucristo rogándole que se comunicara con Dios Padre para que ambos hicieran pronto el milagro para aliviar a tantísima gente que se encuentra en peor situación que yo. Quién sabe qué me hubiera respondido Jesucristo pero me puedo imaginar que él me hubiera dicho que no le pidiera milagros si yo no creía firmemente en Él. Después de secarme las lágrimas me propuse aprenderme de memoria los nombre de los doce apóstoles en cuanto llegara a casa de regreso y, ¿sabes por qué?  porque no sólo cuento con tiempo para hacerlo, sino porque me doy cuenta que esta crisis mundial es tan grande y tangible que nos hace sentir a todos impotentes. Cuando más débiles nos sentimos es cuando más fácil reconocemos nuestra necesidad de orar. Quizá porque la oración es la forma en que demostramos nuestra creencia y confianza en que Dios no tiene sólo el mundo entero en sus manos, sino que su hijo Jesucristo nos recuerda que la oración no debe ser nunca el último recurso del pueblo de Dios; por el contrario, debe ser nuestro primer punto de acción hacia el cambio, para volver a ser efectivamente más humanos unos con otros.

 MARiSOL


domingo, 19 de abril de 2020

Por los cerros de Úbeda



Juan está con ganas de evadir esta situación incómoda y violenta que le oprime el pecho desde hace más de tres semanas. Eludirlo es lo que más él desea. No sé si tú también, querido lector, pero yo deseo hacer lo mismo que Juan. Deseo al igual que él salirme por la tangente, irme por las ramas o irme por los cerros de Úbeda para no hacer frente a esta realidad. 
La verdad que tengo ganas de largarme lejos donde nadie me encuentre porque desde que vivimos en cuarentena esta vida me está dejando de gustar porque sufro de insomnio y de ansiedad. ¿Quiero volver a mi vida de antes? Pues sí aunque mi vida esté llena de imperfecciones desde hace tiempo. Pero con esta cuarentena éstas más se agudizan y no me gusta nada por más que me encuentre ocupada entre mis cuatro paredes y piense en positivo cuando salgo a trabajar mientras uso mi mascarilla cuando cuido a unos niños desde hace ya tiempo. Pero ya nada es como antes cuando jugaba con ellos y los abrazaba o me dejaba abrazar por ellos. Prohibido está porque el virus ronda entre todos nosotros. Pero bien, irme por la tangente no quiero.
Mientras Juan me sigue mirando con atención, me pregunta si yo sé de dónde viene la expresión "irse por los cerros de Úbeda". Pues bien, yo le contesté que no sólo Úbeda es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y esta hermosa ciudad se encuentra situada al norte de Jaén, sino también le hice saber que en Úbeda hubo un enfrentamiento en el año 1233 entre cristianos y almohades. 
- ¿Qué son almohades? - me preguntó Juan.
- Si no lo sabes, los almohades fue una dinastía bereber marroquí que dominó el norte de África y el sur de la península ibérica desde 1147 hasta 1269. Y bueno, ...
Juan un poco impaciente me interrumpió diciéndome:
- No quiero que tú ahora me des clases de Historia. ¡Ve al grano! 
Pero yo no le hice caso y continué hablando; le hice saber que mientras ambos ejércitos luchaban, uno de los altos mandos del rey Fernando III, llamado Álvar Fáñez, conocido como "el Mozo", desapareció y cuando regresó ya la contienda había terminado. Cuando el rey le preguntó que dónde había estado, "el Mozo" le contestó que se había perdido en los cerros de Úbeda. 
- ¡Qué cobarde! - exclamó Juan. Por lo menos él ahora sí me escuchaba con atención e interesado estaba en lo que yo le contaba.
- Pues sí - le contesté. Álvar Fáñez, alias "el Mozo" fue un cobarde. Todos los cortesanos pensaron que o bien él no quizo participar en la batalla porque se cagaba en los pantalones o porque tuvo una cita amorosa con una mujer en dichos cerros. Sea como sea, desde ese entonces cuando uno quiere quitar el cuerpo de algo o da rodeos al explicar algún hecho, es así como se usa esta expresión: "te estás yendo por los cerros de Úbeda". 
Juan se quedó pensativo y luego me dijo que a él le gustaría también perderse entre esos cerros o en cualquier otro para no enfrentarse a esta vida que estamos llevando actualmente. ¡Ay! como lo mío no son los cerros porque ni me gustan escalarlos ni caminar por ellos porque me da vértigo la altura, le dije que a mí me gustaría estar más bien, en este momento, en una isla perdida donde no tuviera acceso ni a internet ni tener móvil.
Juan mientras abría sus enormes ojos verdes me dijo que, más bien, él prefería quedarse en casa y pasar la cuarentena comunicado con todos sus amigos y familiares. Luego me hizo saber que afortunado era de no tener que ir a trabajar para evitar contagiarse pero preocupado estaba de no poder trabajar como peluquero. Sus ahorros lo miraban, por el momento, desde lejos. Juan lo único que espera es  no tener que hacer uso de ellos y que la peluquería donde él trabaja, no quiebre. 
Pues, la verdad que esta cuarentena trae tantas limitaciones y quebraderos de cabeza que, en este momento, me cuelgo del brazo de Juan (miedo no tengo porque él es mi "alter ego") y le pido que nos vayamos por los cerros de Úbeda a dar una vuelta para perdernos de esta realidad que, incluso aunque dejemos de creer en ella, ésta sigue existiendo y no desaparece del todo.
Juan para calmarme me dijo que es hora de aceptar nuestra propia vulnerabilidad en lugar de tratar de ocultarla para aprender a adaptarnos de la mejor manera a la realidad que nos toca vivir. Y yo sin irme por la tangente, sin irme por la ramas y sin irme por los cerros de Úbeda me gustaría ser como "el Mozo" porque él no pudo soportar mucha realidad. Y la verdad, dicho sea de paso, que la humanidad tampoco. ¡Ay! en este momento tanto Juan como yo deseamos hacer uso de nuestra imaginación porque ésta tiene sobre todos nosotros mucho más imperio que la propia realidad. ¿Me acompañas a irnos por los cerros de Úbeda?

MARiSOL



viernes, 17 de abril de 2020

Irse por la tangente



Rosa sabe muy bien que "irse por la tangente" es una metáfora inspirada en el mundo de la geometría que explica que una recta tangente tiene sólo un punto común con una curva. Es decir que ambas se tocan en un solo punto al cual se le llama punto tangencial o punto de tangente. Bien, por este motivo Rosa también sabe que "irse por la tangente" o "salirse por la tangente"  se refiere a la actitud que uno tiene de eludir responder a una pregunta comprometida. Rosa sabe que si ella da a alguien una respuesta que no se corresponde con lo que se le cuestiona, entonces normalmente es de manera intencionada porque se trata de una pregunta comprometida. Igualmente, si Rosa cambia de tema en mitad de una conversación o discurso para referirse a cuestiones que no guardan relación con el objeto de la discusión, ella bien sabe que se está yendo por la tangente. Y es que ésta es una expresión que se emplea mayormente en el lenguaje discursivo y político. Rosa también sabe que este sentido es negativo cuando implica buscar una salida sin afrontar el problema en sí. Sin embargo, Rosa me hace saber que esta expresión posee también un sentido positivo y afirmativo cuando caracteriza a la transfinitud de todo ser humano y a su capacidad para superar límites y desplazar fronteras, transformando el ser de las cosas y su propio ser.  Increíble, ¿verdad? Pues bien, Rosa sabe que "irse o salirse por la tangente" es una expresión luminosa de la infinitud que la alienta con profundidad, rigor y originalidad, pues es aquella  que la caracteriza. Es así como Rosa no sólo une sus letras con las tuyas entre la ciencia y la filosofía, sino que me hace saber que si la transfinitud humana se asemeja a la tangente de una curva, entonces cada ecuación hecha de la tangente posee valores propios en cada punto de la curva o será que sólo la tangente, si bien participa y se une a cada punto de la curva, no se deja encerrar en ella ni es ella misma una curva de estructura finita.

Pues bien, ¿sabías que el conjunto de tangentes de los puntos de una curva es una curva en transfinitud? por y en la tangente cada punto se libera hacia el infinito porque tiende al infinito. Y, sin embargo, Rosa no sólo no se pierde la conexión entre curva (finito) y tangente (transfinito), sino que ella muy bien sabe que la ecuación de la tangente une, por ley fija y propia para cada curva, lo finito y lo transfinito. Rosa sabe también que el hombre se parece en  lo químico, en lo sensible, en lo intelectual y en lo moral a una curva cerrada y definida. Rosa también es de la opinión que en cada punto de este conjunto de curvas conexas y multiformes puede construirse una tangente; y por cada una evadirse, de propia manera, hacia el Infinito en virtud de la transfinitud esencial al hombre. 

Rosa sabe que esta correlación entre finito e infinito, a través y en virtud de nuestra íntima transfinitud, es el filosofar como tarea vital y como empresa ontológica en que se descubre la razón propia del hombre en cuanto el ser de todas las cosas. 

Y para terminar he de hacerte saber que Rosa es de la opinión que haciendo Metafísica (esa rama de la Filosofía que estudia la naturaleza, la estructura, componentes y principios fundamentales de la realidad donde se investiga las nociones como entidad, ser, existencia, causalidad, tiempo y espacio) uno puede hallar para y en una cosa finita la tangente, el punto de evasión y de superación hacia lo Infinito. ¿Y sabes por qué? Porque no sólo pensar es moverse en el infinito, sino que Dios, que es acto puro y no tiene nada de potencialidad, tiene un poder activo infinito sobre todos nosotros.
MARiSOL




viernes, 20 de marzo de 2020

La chispa de la vida


¿Qué le pasa a la chispa de la vida? ¿Por qué anda cabizbaja? La verdad que nadie sabe realmente lo que le sucede. Todo parece indicar que desde que no obtiene más victorias sino sólo derrotas como que ella ha decidido permanecer en un sueño profundo, allí donde nadie la puede tocar. Y es que la chispa de la vida se siente vacía, sin ánimo de nada. Quizá deba yo llegar al fondo de su corazón para hacerla entrar en razón. Hacerle ver que nadie puede vivir sin ilusiones porque si bien la ilusión no se compra, sí se puede conquistarla recuperándola, promoviéndola y estimulándola en el camino de la vida aunque este camino se le haga a uno cuesta arriba por momentos.
- ¡Déjame tranquila! - me retó la chispa de la vida. ¡Déjame en paz!
Yo ni corta ni perezoza le pregunté sin pensármelo dos veces:
- ¿Cuál es tu pasión? 
- ¡Y yo que sé! - me contestó entre rabiosa y triste.  Como que a la chispa de la vida se le había malogrado su motor interno, ése que no sólo le daba sentido a su existencia sino que la impulsaba a que los sueños no se quedaran solo como sueños.
Yo sin perder tiempo le pregunté a la chispa de la vida que para qué vivía. Ella aunque sabía que la pregunta era imprescindible no pudo decir absolutamente nada quizá porque ella esperaba algo muy profundo y trascendental que sucediera, de una vez por todas, con la humanidad.
Antes que la chispa de la vida me diera una respuesta procedente sólo de su mente y no de su corazón yo le dije que imaginara y visualizara todo aquello que la pudiera hacer feliz.
- Pues, no sé - me respondió desganada la chispa de la vida - en este momento me siento desbordada por culpa del Coronavirus .
Como su respuesta no me dejó satisfecha le hice ver que se pusiera en marcha, que diera el primer paso porque todo camino se hace al andar. No hay que quedarse paralizado porque el que tiene un por qué para vivir casi siempre encuentra un cómo para salir adelante para así poder diseñar la vida que uno desea. En este caso poderla rediseñar. Lo importante es producir los cambios necesarios que nos lleven a conectar con nuestras ilusiones.
- ¡Sermones no quiero! - gritó molesta la chispa de la vida. ¿No te das cuenta que estamos todos inmersos en una gran pesadilla?
- Mira, yo creo que como te has llenado de problemas, limitaciones y carencias, que por cierto están sólo en tu mente, no te sientes bien ni contigo misma ni con el resto del mundo. Estás amargada y deprimida. Deberías practicar el autoconocimiento para que así tus sueños se hagan realidad. ¡Qué esperas para poner el corazón para inspirarte y abandonas tu mente y sigues el vibrar de eso grande que está destinado para ti aunque no sepas con certeza de la meta .. - no terminé de hablar porque la chispa de la vida me interrumpió
- ¡Cállate de una vez por todas! ¿No te das cuenta que, por un lado, muchísima gente esta muriendo actualmente en todo el mundo y, por el otro lado, se nos viene una recesión espantosa? Muchísima gente no sólo está muriendo, sino que otros muchos perderán sus empleos, empresas cerrarán. El escenario lo encuentro dantesco. Por este motivo, te pido que no me vengas con pura palabrería barata. El precio que está pagando la humanidad es muy grande. No soporto ver tanto sufrimiento ...
Esta vez yo interrumpí a la chispa de la vida y le hice ver  que un gran estímulo es poder viajar, conversar con buenos amigos, hacer alguna actividad simpática, buscar la compañía de gente buena de corazón, como para hacerse la vida más agradable.
- ¡Cállate, por favor! Hoy en día no se puede hacer todo esto que me dices por la cuarentena. Sólo por internet y no es lo mismo, ¿no te parece? 
- Te entiendo - le contesté. Justamente en momentos difíciles, cuando la misma vida nos reta a ser fuertes, es cuando debemos ser creativos y empáticos para no perder la chispa de la vida, aquella que nos sostiene para seguir en vida porque la vida de un amigo o pariente es la nuestra así como la verdadera vida (buena o mala) de cada uno es la de todos. Al final, todos somos uno. Y este gran reto le debe de servir de aliciente a la humanidad para no sólo superar la pandemia del Coronavirus, sino para superarse a sí mismos como verdaderos buenos seres humanos porque desde que existe la humanidad en la Tierra ella ha dado muestras de también ser terriblemente dañina y egoísta. Sólo espero que esta enfermedad que mantiene en vilo a todo el mundo ayude a tomar conciencia del sentido de la vida.
Después de escucharme la chispa de la vida me preguntó que qué significaba para mí el sentido de la vida a lo que yo le hice ver que el sentido de la vida está en hallar un propósito, en saber asumir una responsabilidad para con nosotros mismos y para con los demás. Es así que teniendo en claro los "por qué" podremos hacer frente a todos los "cómo". Aunque esta época sea muy difícil para la humanidad, ella está en la obligación moral y espiritual a generar grandes cambios para crear una realidad más noble. Es lo que yo más deseo desde hace mucho tiempo porque lo que veo desgraciadamente es que los seres humanos son buenos para volver a cometer los mismos errores una y otra vez. Son necios por antonomasia. No todos pero muchos.

La chispa de la vida se quedó callada porque ya no tenía más fuerzas para contradecir a la Fe. Y es que todo el que ha nacido de Dios vence al mundo y es porque la victoria que vence al mundo es la fe, esa fe que mueve montañas. La chispa de la vida tendría que escalar, por lo menos una montaña o quizás otras más, antes de llegar a la cima para poderle gritar al mundo que aunque la realidad se muestre cruel, la vida creada por Dios es bella ... allí donde radica el verdadero sentido de la vida.

MARiSOL


jueves, 30 de enero de 2020

El sueño de Raquel


Una angustia, cual menesterosa cotidianeidad, ha llegado a adherirse tercamente a los pensamientos del corazón de Raquel. Y es que por más que ella hace esfuerzos para serenarse la verdad que ella siente que la angustia la está haciendo trastabillar como pidiéndole que se derrumbe, que pierda el equilibrio de una vez por todas. Qué feo, ¿verdad? Pero equivocadamente y de manera tangencial el corazón de Raquel se aferra a su razón (esa razón que nos pide no estar gobernado solamente por los malos hábitos e imposibles deseos). 

Es así como la razón de manera enérgica le pidió al corazón de Raquel que se aferrara cual clavo ardiendo a ella y no de manera parcial, sino en su totalidad. Por su bien. ¿Será porque al luchar contra la angustia, la serenidad queda de lado? ¿O será que la lucha contra la angustia sólo produce nuevas formas de angustia? Un poco de ambas, creo yo. Y es que la angustia cuando nos coloca sólo ante la nada, nos dejamos envolver por ésta porque la nada es un infinito de la cual venimos y donde allá volveremos tarde o temprano. ¿Será que la nada es sólo un absurdo o es acaso una gran certeza? La nada es algo que no se puede concebir y, sin embargo, es. ¡Ay! al igual que la angustia.

- Sí, así es - dijo la angustia. ¡Soy tu congoja, Raquel! Soy ese estado afectivo que te causa cierto malestar psicológico y que te causa igualmente taquicardia o te hace temblar de miedo. Soy tu reacción ante el peligro o ante lo desconocido, unas veces de manera realista y otras de manera neurótica. ¡Jajajaja!
Cuando el corazón de Raquel escuchó la palabras de la angustia, se sintió asustada y por esta razón ella se aferró a la razón con fuerza. 
Es así como la razón le pidió al vapuleado corazón de Raquel que dejara de lado al miedo, tristeza, nerviosismo, irritabilidad, dolores de cabeza, insomnio y ansiedad.
- ¡Tan fácil no es! - gritó el corazón de Raquel. 
- Lo sé, pero no es imposible - le hizo saber la razón de Raquel.
- ¡Así es! - contesté sin poderme contener de intervenir.
- ¿Y tú quién eres? - Me preguntó Raquel mientras su corazón y razón me observaban bastante sorprendidos.
Y tú, querido lector, te preguntarás quien soy, ¿verdad? 
- Soy la Fe - les hice saber a ellos dos y a ti también. Aprovecho para informarles que yo provengo del latín "fides" que significa "lealtad" o "fidelidad".
Y mientras el corazón de Raquel me sonreía porque la lealtad tiene un corazón tranquilo, la razón de Raquel me preguntó incrédulo:
- ¿Eres perseverante? Te pregunto esto porque la perserverancia es la virtud por la cual todas las otras virtudes dan su fruto, ¿sabes?
- ¡Claro que sí! Te entiendo. Y es que no sólo las grandes obras son hechas no con la fuerza, sino con la perseverancia y porque de mí depende que Raquel avance en su camino de vida. Pero, ¡ojo! apoyada también en ustedes dos así ella no camine con pasos seguros y lo haga algo coja.
Sin embargo, la razón alzando una ceja me dijo:
- Mira guapa, que yo sepa tú eres también conocida como la expresión: "de mala fe" porque tú haces o dices las cosas con malicia, con engaño o alevosía.  Y esto a mí no me gusta nada.
- Lo sé - le contesté a la razón - pero no te olvides que también yo también puedo actuar de buena fe.
- ¡Sí! - gritó feliz el corazón de Raquel - Es verdad, porque como buena fe tú representas el criterio de conducta al cual se debe ajustar Raquel de acuerdo con los parámetros de un comportamiento recto y honesto.
Después de haber escuchado tanto al corazón como a la razón de Raquel les hice saber que lo primero por comprender es que yo, la fe, soy un valor protagónico en la vida de Raquel y no solo en relación con sus creencias religiosas, sino que ella debe aprender a tener confianza en algo o alguien a través mío.

Es así como la angustia, dejando de lado al corazón y razón de Raquel, miró dentro de mis ojos para aferrarse a mí porque sabe que ella (la angustia) es lamentablemente un duro sentimiento que no siempre puede ser fácilmente explicado y que tiene que ver con temores, miedos, tristezas, dolores o sufrimientos. Y Raquel lo que menos desea es que la angustia se convierta en un sufrimiento crónico. Su corazón y razón abogan porque yo, la Fe, la sostenga porque la angustia es esa sensación negativa que implica un determinado nivel de sufrimiento para toda persona que la vive como ella.

Pues bien, yo como la Fe les hago saber que, en realidad, no se trata de creer absolutamente en los demás, sino de creer, sobre todo, en uno mismo, de aprender a escuchar esa voz interna que nos insta a tomar esos caminos abiertos por los locos que más tarde serán recorridos por los sabios porque todos los hombres, Raquel y tú, querido lector, somos sabios: unos antes, otros, después. ¿Y sabes por qué? porque los sueños y la angustia nos unen. Y es que aunque te parezca mentira el soñarse en estado de angustia suele ser consecuencia de insistentes deseos y esperanzas lícitas y lógicas. Por este motivo, este sueño anuncia que pronto Raquel tendrá éxito en sus pretensiones o aspiraciones color esperanza. Así yo lo espero sinceramente y sin ninguna angustia de por medio.


MARiSOL





miércoles, 22 de enero de 2020

Doña Cortesía y Doña Educación




Mientras la educación procura mantener la calma permaneciendo inmutable en su sabiduría y despojándose de toda falsa cortesía (esa cortesía que unas veces conquista y otras empalaga), la verdadera cortesía no desea ir al encuentro de los castigos de la soberbia, más bien ella prefiere mantenerse atenta, afable y comedida mientras demuestra ser afectuosa, respetuosa y atenta con todos nosotros.

Pues bien, Doña Educación se siente feliz de tener como buena amiga a Doña Cortesía porque ella es la mismísima expresión de las buenas maneras, es decir, ella es la expresión del reconocimiento de las normas sociales que se consideran como correctas o adecuadas. Y es que para tratar a alguien con cortesía es fundamental seguir estas reglas: tratarla como nos gustaría que nos trataran a nosotros, no interrumpirle cuando está hablando, ser amable y educado, escucharle activamente y no burlarse de sus opiniones y evitar actitudes o expresiones que puedan resultar ofensivas.

- Pero no te olvides que yo, Doña  Cortesía, soy un fenómeno cultural - le dijo a Doña Educación quien alzando una ceja le pedía que le aclarara lo que le acababa de hacerle saber. Y es así como continuó hablando Doña Cortesía mientras le explicaba a Doña Educación que si bien, por ejemplo, en Japón los eructos tras una comida son muestra de buena educación en el mundo occidental eructar está considerado como algo de muy mal gusto.

Doña Educación después de haberle entendido le dijo que ella se define como el proceso de socialización de los seres humanos porque todas las personas al educarse asimilan y aprenden conocimientos implicando una concienciación no sólo a nivel cultural sino también conductual. Es por este motivo que hay que respetar las costumbres que se dan en cada país.

La verdad que Doña Cortesía está agradecida de tener de amiga a Doña Educación, porque ella no sólo fomenta el proceso de estructuración del pensamiento y de las formas de expresión, sino que tiene la habilidad de materializar en una serie de habilidades y valores que producen cambios intelectuales, emocionales y sociales en cada uno de nosotros. Lo que quiere decir que Doña Educación es capaz de ayudarnos a aprender a ser lo que somos capaces de ser. ¿Y sabes por qué? Porque la clave de la educación no es tan sólo enseñar sino es despertar ya que vivimos en un mundo adormecido falto en gran parte de valores educativos y morales.

Pienso que la educación siempre será el arma más poderosa para cambiar el mundo y si va de la mano de la cortesía se podría hacer un mundo mejor. Pero, ¡qué lejos está el ser humano de querer vivir con estas dos premisas de vida! Unos porque no tienen acceso gratuito a la educación y otros que no desean (sea por desidia o maldad) a querer ser corteses. 

Y es que si sumamos la educación con la cortesía creamos amor: amor por los conocimientos adquiridos, amor por nuestros semejantes, amor por los animales, amor por la naturaleza, amor por nuestra Tierra y por el universo, amor por todo aquello que entendemos y hasta por lo que todavía no logramos entender.  

Que no te quepa duda alguna, querido lector, que si te mantienes como amigo de Doña Educación y de Doña Cortesía durante toda tu vida, te garantizo que te sentirás mejor ser humano para poder así salvar a otro ser humano que necesite de ti. Y es que así como la educación me parece que es la forma más alta de buscar a Dios, me parecería una falta de cortesía decir que Dios no existe.

MARiSOL