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domingo, 14 de diciembre de 2014

La Leyenda del velero

Cuenta la leyenda de un velero que se deja ver pocos días antes de Navidad. Si tienes la suerte de vivir junto al mar aguza tu mirada porque allí va él navegando para llegar a puerto ... al tuyo. Hay personas que lo han visto o muy temprano por la mañana o cuando el sol está por irse a dormir. Por si no sabes, este velero no es visible a simple vista, sino a la vista del corazón; espero que del tuyo también.

Este velero es especial porque en sus velas tiene pintado los colores del Amor, y el mástil, quien es el Espíritu Santo, las sostiene para que no sólo se luzca con grandeza, sino para que este velero enrumbe por la ruta indicada, el de la Fe; espero que de la tuya también.

La leyenda cuenta también que este velero tiene una tripulación que es muy simpática, porque cada una de las personas que la conforman, no sólo cantan hermosas canciones navideñas en casi todos los idiomas, sino que esta tripulación representa a los sentimientos más buenos que deben existir en todo ser humano; espero que sepas de cuáles se tratan y que éstos existan en ti también.  

Yo, si bien no vivo cerca al mar, pero cruzo todos los días las aguas tranquilas  e intranquilas del mar de la vida, he visto anoche a este velero en uno de mis sueños. Lo único que no me gustó, y por este motivo espero volver a soñar con él, es que no paró en mi puerto. El velero pasó muy cerca mío; pude ver a toda la tripulación saludándome alegremente, pero no hicieron esfuerzo alguno por detenerse. Por más que les pedí que anclaran en mi puerto, me dijeron que no era el momento porque la Fe, sobre todo, la mía, no estaba preparada para recibir a su velero. Cuando pregunté por qué, el capitán me dijo a voz en cuello que la fe  no sólo debe tratar de conocer el significado de la vida humana, sino que la fe no se debe racionalizar, sino sentirla en la libertad de querer llegar a Cristo. 
Al escuchar las palabras del capitán, desperté. ¡Cuánta razón tiene! porque  yo estoy todavía muy lejos de Él, y no precisamente del capitán, sino de Dios. 

MARiSOL

Dejo este vídeo con una canción navideña
en inglés sobre tres barcos que traen regalos al niño Dios.



lunes, 4 de octubre de 2010

El velero de la Felicidad

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¿Cuándo había sido la última vez que se sintió inmensamente feliz? No lo podía recordar. Hoy día tenía la imperiosa necesidad de hundir todos sus pesares en el fondo del lago. Y por este motivo, Carmen sacó su velero del muelle y se dispuso a navegar en sus aguas para olvidarse de sus problemas familiares y laborales aunque fuera por un par de horas.

Cientos de personas como ella habían tenido la misma idea: salir a navegar en sus veleros. ¿Pasearían también sus rabias y desilusiones? Por un momento Carmen se preguntó qué historias de vida estarían navegando sobre el lago... Quizás el problema de ella era esperar demasiado de la vida. Y, ¿si la Felicidad viajaba de incógnito en uno de los veleros? Afortunado su dueño, pero...

En un día como hoy, Carmen decidió que botaría por la borda los malos pensamientos y sentimientos que la ahogaban... ella quería sentirse feliz. Este momento sobre el lago debía ser disfrutado de principio a fin. Y al recordar la frase del dramaturgo noruego Hernik Johan Ibsen: "¡Qué cosa tan extraña es la felicidad!  Nadie sabe por dónde ni cómo ni cuándo llega, y llega por caminos invisibles, a veces cuando menos se le aguarda.", sonrió de no solamente contar con buena memoria, sino de navegar con la Felicidad a su lado.


Marisol



La foto es mía tomada el 3.10.2010
en el lago de Wannsee, Berlín.