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martes, 22 de septiembre de 2026

Cappuccino con corazón

 

(Cuento de la vida real)

 



Fue una tarde de esas que parecen llevar un corazón escondido. Comenzó con un café y una conversación llena de ilusión entre mujeres hispanohablantes mayores de sesenta a las que nos gusta tejer. Dos de nosotras presentamos ante un jurado un proyecto nacido del entusiasmo, de la experiencia y de las ganas de seguir creando. Había nervios, sí, un poco, pero también la certeza de que nunca es tarde para aprender, compartir y abrir nuevas puertas.

Después tomé un autobús y luego un tren. En ese tren que me llevaba a la estación cercana a donde yo vivo, se sentó a mi lado una mujer joven de la India. Se llamaba Suhani. Hablamos con la naturalidad de quienes, sin conocerse, encuentran, de pronto, un pequeño puente entre dos mundos. Su nombre, me contó, significa en sánscrito: agradable, hermosa, la que trae felicidad y alegría. Me pareció un nombre precioso para alguien que acababa de regalarme una conversación inesperada. Antes de despedirnos nos dijimos nuestros nombres, como quien guarda un pequeño recuerdo del viaje.

En cuanto se bajó Suhani conversé también con dos mujeres alemanas de mi edad. Hablamos de Berlín, de sus cambios y de los políticos de hoy; de ese mundo que, tantas veces, nos preocupa y nos obliga a pensar. Experiencias distintas, varias culturas y una misma ciudad como escenario.

Antes de llegar a casa me senté en una heladería cercana, no para comerme un helado, sino para tomar un Cappuccino al aire libre... ese aire que ya se siente lentamente frío recordándome que el Otoño ya se acerca.

Cuando finalmente llegué a casa, comprendí que aquella tarde no había sido simplemente una tarde. Había sido un pequeño viaje sin salir de Berlín: un encuentro con mujeres hispanohablantes a la que nos gusta tejer y compartir nuestras experiencias de vida, un proyecto compartido, una joven llamada Suhani que llevaba la alegría en su nombre, y dos mujeres alemanas con quienes compartí pensamientos sobre la capital alemana en la que vivo desde hace 44 años.

A veces la vida, querido lector, no necesita grandes acontecimientos para sorprendernos. Basta una mesa, un tren, una conversación inesperada… Y, entonces, descubrimos que cada encuentro deja una pequeña luz en el camino.

Aquella tarde quedó en mí como un mosaico de voces, culturas y miradas; una tarde vestida de encuentros, tejida de palabras y perfumada de esperanza. Y pensé: quizá la felicidad sea precisamente eso: estar abiertos a la vida. Comprendí que no había sido simplemente una tarde. Había sido, más que eso... fue un mosaico de encuentros, voces, ideas y sonrisas vestidos de impresiones positivas. De ésas que te alegran el alma.

MARiSOL
 

sábado, 19 de septiembre de 2026

La casa frente al mar



Nunca olvidaré la casa de mis abuelos, ahora ya inexistente. Esa casa, blanca y luminosa, con ventanas que se abrían cada mañana al azul- gris infinito del Océano Pacifico, parecía haber nacido de un sueño. La recuerdo decorada con muchos  muebles antiguos y elegantes, con su inmensa cocina, su biblioteca. Las demás habitaciones también las puedo aún ver en mi memoria. 

Mi abuela decoró su casa con buen gusto y también la vistió de hortensias y buganvillas. En el jardín interior se encontraban las hortensias rosadas y violetas y en la parte exterior de la casa las buganvillas derramaban sus colores como cascadas de fuego vestidas de alegría. Hasta el día de hoy tanto las hortensias como las buganvillas son mis flores favoritas.

Durante muchos años esa casa fue mi mundo donde mis padres, hermanos y abuelo lo habitamos. Si bien mi abuela falleció cuando yo era muy pequeña, me la imagino regando sus flores al atardecer mientras mi abuelo contemplaba de pie el horizonte en silencio. A mí, hasta el día  de hoy, me gusta contemplarlo, sobre todo, las puestas de sol porque me imagino que el mar tiene la extraña virtud de llevarse las preocupaciones y darle la bienvenida a los sueños aunque éstos nunca se hagan realidad.

En aquella casa aprendí que la felicidad se dejaba ver no sólo entre hortensias y buganvillas, sino en la voz querida de mi abuelo, ya viudo, llamándonos a la mesa, despertándonos para ir al colegio o contándonos cuentos inventados por él a mis hermanos y a mí.

Si bien esa casa, desde hace años, murió físicamente, aún siga viva en la memoria de mi corazón porque cada vez que cierro los ojos, vuelvo a verla: blanca frente al mar y cubierta de flores mientras me veo como un fantasma recorriéndola por dentro, yendo de habitación en habitación, en silencio.

Sinceramente, querido lector, algunas casas nunca desaparecen porque se quedan viviendo dentro de nosotros, sobre todo, cuando la memoria (aunque algunos recuerdos nos duelan) convierte el pasado en un lugar al que siempre podemos regresar para no olvidar quienes fuimos, quienes somos y seremos. Y es que la memoria es el hilo invisible que une lo que fuimos con lo que somos y aquello que aún seremos, querido lector. 

Si bien los recuerdos como la casa frente al mar no viven solamente en el pasado, más bien, nos acompañan, nos transforman, y de  algún modo, siguen escribiendo nuestra historia de vida. ¿Y sabes por qué, querido lector? Pues, porque somos también la huella de quienes fuimos y la esperanza de quienes todavía estamos destinados a ser.
 
MARiSOL 
 

             

lunes, 21 de julio de 2025

Entre la realidad y la existencia

 

Mientras la noche cae de rodillas ante esta lluvia triste y pesada, siento que miro imágenes falsas. Son como proyecciones que mis ojos ven en la oscuridad. Definitivamente la realidad es más profunda y completa, compuesta no sólo de meras apariencias de las esencias donde la existencia se mueve entre el mundo sensible (físico) y el mundo inteligible (conocimiento), y nos observa atentamente.

¿Será cierto que la realidad es el mundo en su totalidad, mientras la existencia es la propiedad de pertenecer a ese mundo? Pienso que sí porque mientras un árbol, una flor, un río, etc. existe formando parte de la realidad, un personaje de novela, existe pero sólo en tu imaginación, querido lector, o en la mía. 

Y mientras yo pienso en la diferencia que hay entre la realidad y la existencia, ellas me piden que guarde silencio porque ambas quieren hacerme saber que si bien hay una relación estrecha entre ellas dos y han sido siempre objeto de debate filosófico, también es cierto que algunos filósofos han explorado la naturaleza de la existencia misma mientras que otros filósofos le siguen dando más importancia a la relación entre la realidad y la percepción humana. ¡Ay! esa percepción sensitiva que muchos hemos perdido, ¿no crees, querido lector? 

En esta noche lluviosa donde el verano se ha ido de vacaciones, percibo que entre las sombras de la vida hay horas en que la realidad que nos rodea desea entender mejor nuestra existencia en este mundo que no fue hecho en el tiempo, sino con el tiempo y que ha sido creado para ser recreado.

¿Será cierto que la realidad es el conjunto de todo lo que es mientras la existencia es el hecho de ser? ¿No será acaso que la existencia es una parte de la realidad mientras ésta abarca todas las existencias?

Al hacerme yo estas preguntas, la Realidad toma la palabra y me dice que ella abarca la totalidad de lo real o verdadero, incluyendo todas las entidades y fenómenos muy indepedientes de si se perciben o comprenden. Es decir, ella es aquello que acontece de manera verdadera o cierta, sea en sentido positivo como negativo, y no se mueve en el mundo de la fantasía, la imaginación o ilusión. Esto es lo que tengo que decirte mientras la percibes, querido lector, a través de tu vista, oído, olfato, tacto y gusto.

Es así como también la Existencia me hace saber que ella puede ser tangible como una montaña o intangible como una idea o pensamiento. Es más, querido lector, te has hecho la pregunta: ¿Qué sentido tiene la existencia? ¡Ay! El sentido de la vida es una búsqueda y tarea personal y trata de encontrar una trascendencia del lugar y de lo que somos, al fin y al cabo, reconociendo la permanencia y la finitud. Algo más, ella como la Existencia, es el "ser" interno aprehendido por tu conciencia, porque no sólo tiene que ver con lo que tú piensas, querido lector, o  con lo que sientes o te motiva, sino también en gran medida con lo que haces. 

- ¡Muy cierto! - exclamó la Realidad. Hay que tener en cuenta este famoso proverbio:   "Del dicho al hecho hay mucho trecho".

- Efectivamente- dijo la Existencia. Los hechos son lo que cuentan y no las palabras porque éstas son como las hojas; cuando abundan, poco fruto hay entre ellas. Y esto es una realidad tangible, ¿no crees, querido lector?

La Realidad sonrió. Y tú, querido lector, en la realidad en la que te encuentras, te pregunto con mucho respeto: ¿Existes o vives? Porque me imagino que conoces bien la diferencia entre "existir" y "vivir". En caso no lo sepas, te hago saber que la diferencia entre ambas radica en la intensidad y propósito con que experimentas tu propia existencia. ¿Y sabes por qué? Pues, porque existir se refiere al hecho de estar vivo mientras que vivir implica, más bien, una participación activa y consciente en la vida. Es decir, mientras unos existen de manera pasiva dejándose llevar por las circunstancias o por lo que otros le digan qué hacer, están aquellas personas que tienen una actitud activa ya que asumen la responsabilidad de construir su propia vida y/o la de ayudar  en todo lo que puedan a sus seres queridos o al prójimo. La realidad nos hace ver que no basta con levantar al débil, hay que saberlo sostener. Por esto mismo te pregunto, querido lector: ¿Qué estás haciendo por los demás aparte de mirarte a tu propio ombligo? Porque he de terminar haciéndote saber con la aprobación tanto de la Realidad como de la Existencia que lo que hacemos por nosotros mismos muere con nosotros pero lo que hacemos por los demás y por el mundo permanece y es inmortal ya que uno de los secretos profundos de la vida es que no sólo lo único que merece la pena hacer es lo que hacemos por los demás, sino que ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino de la felicidad de los demás como de la tuya propia, querido lector.

MARiSOL 


lunes, 25 de noviembre de 2024

El enigma de la vida

 


¿Será  cierto que el teatro de la Creación parece estar construido para el ejercicio del libre albedrío y para el fortalecimiento potencial de la existencia de un plano de conciencia superior? Quizá. Mi pregunta no tiene ningún color de profecía. Sabe, más bien, a ese enigma que uno cree haber resuelto de joven y que con el paso de los años uno reflexiona sobre él para sólo descubrir que es insoluble. Quizá no estamos preparados para hacerle frente al enigma de la vida porque es difícil de entender o de dilucidar. ¿Será, querido lector, que  se debe a que no tiene una respuesta o una solución fácil?, ¿o, acaso, incluso, no la tiene en absoluto?

Pienso que el enigma de la vida no es ni humo ni niebla, sino, más bien, un concepto que presenta un problema complicado. Yo diría que hasta oscuro. Es, en todo caso, un desafío que incita al pensamiento, que te plantea  a ti, querido lector, como a mí también, una pregunta. Diría que pone en marcha el proceso de conocimiento hacia un fin aún incierto, quizá porque el futuro no es más incierto que nuestro presente. Y, por este motivo, viendo que la vida es tan incierta, hay que abrazarnos a la felicidad, cual premio pasajero que se aferra al tiempo, y aprovechar el momento en que se nos presenta.

No sé si mis ideas sean sólo un cúmulo de desatinos o disparates o si tanto tú, querido lector, como yo seamos un maravilloso misterio en un mundo tan cambiante e inexplicable mientras vamos buscando las cosas inciertas porque las ciertas las hemos perdido de vista. Es como cuando uno no puede descubrir nuevas tierras por no tener el valor de perder de vista la orilla o no poder nadar hacia nuevos horizontes por no tener el valor de perder de vista la costa.

Finalmente, me pregunto si será cierto que existen tres clases de testigos ante el enigma de la vida. Aquellos los que han visto bien, pero dudan de lo que han visto. Luego, los que han visto mal, pero creen haber visto bien. Y los que no han visto nada y aseguran haber visto todo. Y tú, querido lector, ¿qué clase de testigo eres?  Tal vez el enigma de la vida nos haga saber que no sólo hemos visto más cosas de las que recordamos, sino que recordamos más cosas de las que hemos visto. ¿Y sabes por qué, querido lector? Pues, porque gracias a la energía que despierta el enigma de la vida en nosotros, nos impulsa a seguir adelante, a sobreponernos a nuestros temores e incertidumbres mientras nos pide, una y otra vez, intentar desvelar su misterio, así sea éste de difícil entendimiento por ser un conjunto de palabras de sentido encubierto como un acertijo por ser un enigma envuelto en un misterio dentro de un enigma. 

MARiSOL 

 

lunes, 9 de septiembre de 2024

Entre la Fe y la Esperanza

 

 

¿Será cierto que vivir sin Fe es imposible porque no sólo es la fuerza de la vida, sino es el conocimiento del significado de la vida humana ya que si el hombre vive es porque cree en algo? - me pregunto en este momento. Tal vez tener fe requiere no sólo coraje, sino tener la capacidad de correr un riesgo. Será porque la fe nunca es inútil. Acaso, ¿no es cierto que la fe mueve montañas? Pienso que sí porque, finalmente, el amor es fe y no ciencia.

Querido lector, y ¿qué pasa con la Esperanza? Acaso, ¿la esperanza es un empréstito que se le hace a la felicidad? Es más que eso... la esperanza es como el sol porque arroja todas las sombras detrás de nosotros. Y, ¿sabes por qué, querido lector? Pues, porque la esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte ya que ésta no es más que la habilidad de aprovechar las ocasiones favorables que se nos presentan en la vida.

¡Ay! Entre la Fe y la Esperanza me muevo yo sin temor alguno. Te preguntarás quién soy yo. Pues, soy ese acontecimiento extraordinario que manifiesta la intervención divina en los asuntos humanos. Unos me conocen como milagro, otros como maravilla, rareza, revelación, sorpresa o fenómeno. Soy un efecto que puede ser visible a los sentidos y que sobrepasa los poderes de la naturaleza y de todo ser  creado. Soy una acción de Dios porque Él elude el orden natural para hacer algo extraordinario demostrando así su grandeza y poder.

¿Te has preguntado cómo ver milagros en tu vida? Es sencillo. Por un lado, tener fe nos permite ver las cosas buenas que suceden en nuestras vidas como obra de Dios y no como coincidencias o buena suerte. Pienso que si tú, querido lector, me reconoces como tal es parte del milagro en sí. Y por el otro lado, te hago saber que la esperanza es aquel poder interior cual potencia espiritual o motor que te ayuda a hacer posible todo nuevo intento para seguir adelante. 

En realidad, tú como todos los seres humanos necesitan tener esperanza por más grande o pequeña que ésta sea. Y, ¿sabes por qué, querido lector? Porque no sólo la esperanza es como un milagro inesperado, sobre todo, cuando encierra una especial dificultad, sino porque la verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios ya que Él ha permitido que la Esperanza nazca como una flor de la Fe.

Finalmente, te hago saber, querido lector, que la Fe y la Esperanza se complementan. Mientras la Fe se basa en la realidad del pasado, la esperanza mira la realidad del futuro. Sin fe, no hay esperanza y sin esperanza no hay fe de verdad. Y sin ellas dos, yo no existiría. Mejor dicho, tú no existirías porque tú eres un milagro también. Así que si tu fe la ves como un anhelo a lo eterno, a Dios,  y tu esperanza la ves como el anhelo de Dios, de lo eterno, de nuestra divinidad que viene al encuentro de aquélla y nos eleva, entenderás que donde hay esperanza hay fe y donde hay fe, ocurren milagros.

MARiSOL


miércoles, 26 de junio de 2024

Pescando estrellas

 

Si todos nos pusiéramos a pescar estrellas, sobre todo, aquellas que llamamos estrellas fugaces, el Universo se terminaría quedando vacío de ellas y así nosotros nos quedaríamos sin poder pedir más deseos. Sin embargo, el Universo me llamó a la reflexión y me exhortó a que limite mis deseos porque no puedo pretender que las cosas ocurran como yo quiero. Es así como el Universo me dijo que debo aceptar el hecho que es mejor desear que nuestros deseos se produzcan tal como se deben producir para poder vivir sin grandes expectativas. Quizás aquí radica la clave para ser feliz. Es más, Él me explicó que la vida, la mía o la tuya, querido lector, no está hecha de deseos pero sí de los actos de cada uno. Y me recalcó que a mi alma (como a la tuya también) se le mide por la amplitud de sus deseos de la misma manera que uno juzga de antemano un rascacielos por la cantidad de sus pisos.

Después de escuchar al Universo, le pregunté que qué pasa cuando uno se acostumbra a no conseguir nunca lo que uno más desea. El Universo, después de soltar una carcajada, me respondió diciendo que, al final, uno acaba por no saber incluso lo que quiere. Yo, la verdad, que no sé si quería reirme igual que Él porque no hay cosa más bonita que vivir sus deseos, agotarlos en vida ya que es el destino de toda existencia como la mía o la tuya, querido lector. El Universo, si bien me entendió, me hizo saber que no sólo me dedique a desear algo en voz alta, sino que me esfuerce por alcanzarlo porque si no me quiero sentir frustrada o triste, debo aprender a sólo desear todo aquello que dependa de mí y no de otros.

Mientras me encontraba conversando con el Universo, una estrella fugaz hizo un alto en su camino y me dijo que los deseos se tienen pero no se piden porque lo que se pide es el objeto del deseo. ¡Es verdad! Y como yo no hablaba, la estrella fugaz me dijo que los deseos de tu vida, querido lector, o de la mía terminan formando una cadena, cuyos eslabones son las esperanzas y es que éstas nos recuerdan que lo esperado no sucede, sino, más bien, es lo inesperado lo que acontece y hay que saberlo aceptar. Es más, la estrella fugaz me hace ver que las esperanzas son un empréstito que se le hace a la felicidad... esa felicidad que cuando viaja de incógnito, sólo después que ha pasado a nuestro lado, realmente sabemos de ella. Después de escucharla y antes que ella se despidiera de mí, tomé conciencia que no sé si quiera seguir pescando estrellas esta noche cuando me ponga a la ventana de madrugada, sobre todo, cuando busco estrellas fugaces entre las estrellas porque tengo una lista de antiguos deseos que me gustaría que se cumplan.

El Universo (vasto símbolo de Dios), después de despedirse también de la estrella fugaz, me dijo a modo de consuelo que tanto tú, querido lector, como yo somos pedazos de él, del universo, hecho vida. Y es que tanto en tu corazón, querido lector, como en el mío no sólo brilla la estrella de nuestro destino, sino que existe, al menos, un rincón del universo que con toda seguridad podemos mejorar, y somos nosotros mismos. Quizá debamos no sólo aprender a no temer todas las cosas como mortales y todas las que deseamos como inmortales, sino también debemos aprender a no sólo pedir deseos porque es como soñar y soñar en teoría es vivir, finalmente, un poco, mientras que vivir soñando es no existir. ¿Y sabes por qué, querido lector? Porque a nadie cuesta más vivir que a aquel que mucho desea. Es cierto, pero yo (no sé si tú también)  tengo un solo deseo. El Universo sabe cuál es. 

Espero que esta noche se deje ver una estrella fugaz para poderla pescar con mis manos y acunarla no sólo dentro mi corazón, sino en el tuyo también, querido lector. ¿Y sabes por qué? porque si bien la razón (o inteligencia) puede advertirnos sobre lo que conviene evitar, sólo el corazón nos dice lo que es, realmente, preciso hacer sin necesidad de estar pescando estrellas.

MARiSOL


martes, 21 de febrero de 2017

Aplaudiendo a la Felicidad




"Aunque mis preocupaciones o penas me dejen, por momentos, paralizada y sin fuerzas de seguir, quiero ser feliz. Acaso ¿es un pecado decir que yo quiero, a toda costa, ser feliz? Más bien creo que es un deber el que tengo conmigo misma. Y aunque no me sienta feliz todos los días, me resisto a ir por la vida con la cabeza gacha. Y, más bien, aplaudo, hasta que me duelan las manos, para animarme a seguir caminando por la vida con una sonrisa en los labios aunque a otros no les guste".

Esto es lo que Antonia pensaba mientras observaba como mucha gente caminaba sin sonreír a su lado. ¿Tendrían realmente motivos para estar todos así o es sólo una mala costumbre esto de mostrarse serio cuando uno se encuentra caminando en la calle? Ingenua ella no es en pensar que, lamentablemente, hay calles peligrosas en cualquier lugar del mundo. Pero ella no quiere pensar en peligros, sino en nuestra actitud de positivismo hacia la vida.

Hoy día, creo yo, que Antonia debe aplaudirse a sí misma por haber sonreído, pero no para darse fuerza para ser feliz, sino por haber sonreído a toda aquella persona desconocida que pasó a su lado aunque ella no tenga, por el momento, motivos para levantar en dirección al cielo la comisura de sus labios. Ella bien sabe que no se trata de ausentar la preocupación o el dolor de nuestras vidas, sino se trata de saber vivir con ellos nos guste o no. 

Además, creo yo, que tampoco se debe esperar por una felicidad demasiado grande porque esto es un gran error; es un obstáculo para nuestra propia felicidad porque ésta no se encuentra en ningún futuro. Más bien, se encuentra acá y pasa todos los días al lado nuestro. Y sólo está en nuestras manos aplaudir fuerte para vencer nuestras preocupaciones o tristezas para que la felicidad se acerque a nosotros y así nos acompañe, más a menudo, en nuestro camino de vida ahora y siempre sin disminuir la felicidad de los otros. 

Después que terminé de escribir estas palabras, Antonia me sonrió. Y tú, querido lector, ¿quieres que te aplauda por haber sonreído hoy día? Sólo necesitas quince músculos para sonreír mientras cuarenta músculos son necesarios de usar para arrugar la frente. Soy de la opinión que si somos capaces de sonreír aún en momentos difíciles, es porque poseemos la sabiduría de la vida. Yo, por el momento, me encuentro muy lejos de haber alcanzado este nivel. Soy principiante, pero deseo ser una buena alumna igual como Antonia.


MARiSOL


 


Imagen sacada de Bing

domingo, 8 de mayo de 2016

La ruta de Estela


 

- ¿Será cierto que la única ruta que conduce hacia la felicidad es la ruta del amor? - le pregunté a mi amiga Rosa mientras cientos de pájaros salían felices y alborotados en esa dirección buscando no sólo calor, sino algo más... acaso, ¿el sentido de la vida?
-¡Ah! Ese amor que muchos anhelan como tú ¿verdad? - me dijo sonriendo mi querida amiga mientras se preparaba para tomarme una foto con su antigua cámara polaroid.
-Sí - le respondí un tanto tristona mientras peinaba mi cabello cubierto de desilusiones y preocupaciones.
-¡Vamos, sonríe, Estela! - me dijo con voz cantarina mi querida amiga.
-Quisiera, créeme, pero, en este momento, no me sale por más que me esfuerce - le respondí sin fuerzas.
-¡Cómo quieras! -me contestó de manera rotunda mi amiga Rosa mientras me tomaba la foto y agregó - Esta foto dará testimonio de como te sientes. Sin lugar a dudas tus penas están al rojo vivo igual como el vestido que llevas puesto.
-¿Te estás burlando de mí? - le pregunté desconcertada.
-¡No, por supuesto que no! - me respondió Rosa muy seria y continuó hablando - No eres la única que sufre una desilusión o vive con preocupaciones. Lava ahora tus lágrimas delante mío, si quieres. Pero no quiero verte sufrir más. El secreto para ser feliz es saber vivir con lo que la vida nos trae, tanto lo bueno como lo malo. Es cierto que no dejarse agobiar sólo por lo malo no es fácil; pero se vive mejor si uno aprende también a ver la parte buena de la vida, a creer en ella porque es la que nos sostiene para seguir adelante a pesar de todo.
-¿Sabes? - le dije emocionada a Rosa. Tengo el firme propósito que mi sonrisa levante nuevamente vuelo y que llegue cual hermoso pájaro a posarse en mi boca lo más pronto posible... como antes, cuando yo creía que la felicidad de las almas grandes consistía no en sentirse felices, sino en comprender cuan felices piensan otros que han de ser ellos.
La respuesta de Estela me sacó una inmensa sonrisa. Sabía que mi amiga encontraría pronto su ruta para alegría mía y de todos los que la conocemos y queremos bien.
 

Marisol







Felicidad
es un viaje lejano
mano con mano
la felicidad,
tu mirada inocente
entre la gente
la felicidad
es saber que mis sueños
ya tienen dueño
la felicidad, felicidad

Felicidad
es la playa en la noche
ola de espuma que viene y que va
es tu piel bronceada
bajo la almohada
la felicidad
apagar estas luces
hacer las pases
la felicidad, felicidad
felicidad
es un trago de vino
por el camino
la felicidad
es vivir el cariño
como los niños
la felicidad
es sentarte en tu coche
y volar por la noche
la felicidad, felicidad

Esta es nuestra canción
que lleva en el aire un mensaje de amor
tiene sabor de verdad,la felicidad
esta es nuestra canción
es como el viento el mar y el sol
tiene calor de verdad,le felicidad

Felicidad
la palabra oportuna
noche de luna
en la radio en un bar
es un salto en un charco
risas de circo
la felicidad
es aquella llamada inesperada
la felicidad,felicidad
felicidad
es un beso en la calle
y otra en el cine
la felicidad
es un paso que pasa
y siempre regresa
la felicidad
es vivir esta historia
hora tras hora
la felicidad, felicidad

martes, 12 de enero de 2016

Buscando la felicidad



Anoche ví como se columpiaba Anita, una niña de diez años, mientras conversaba con la luna sobre la "Felicidad". Y como tan complacida quedé sobre la conversación sostenida entre las dos, comparto contigo, querido lector, de lo que mis ojos y oídos fueron testigos.

Empiezo ... Como la noche se presentaba templada y no era tarde, Anita salió al jardín, después de pedirle permiso a su mamá, para salir un rato a columpiarse. Al estar Anita ya afuera sentada sobre su columpio y mirar a la luna, la luna le preguntó el motivo de tanta tristeza en su mirada a lo que Alicia le dijo que si bien su padre había muerto hacía más de tres meses, ella lo seguía extrañando mucho y no sabía si podría alguna vez poder levantar cabeza.

Pues bien, aquí te hago saber como ví y escuché este diálogo sostenido entre Alicia y la luna:

- Querida luna, necesito de tus consejos. Quiero columpiarme con tu ayuda para olvidarme de mis tristezas, de una vez por todas, y entregarme simplemente al hecho de querer ser feliz, ¿Cómo puedo conseguirlo? Quiero ayudar a mi mamá, ¿sabes?

La luna mirándola con sus ojos bondadosos, le dijo  dulcemente:

- Lamento la muerte de tu padre, Anita. Yo no creo que él quiera verte siempre triste. Lo importante es que te mantengas en movimiento - le hizo saber a Anita y continuó hablando - porque si no haces nada por obtenerla, nada sucederá. Ella, la felicidad, se mantendrá sólo escondida de ti. Pero ¡ojo! no estés a la espera de la gran felicidad, porque ésta no existe.

- ¿Cómo? No te entiendo - le respondió Anita confundida.

- Es muy sencillo, mi niña. Disfruta de las pequeñas alegrías como ésta. De columpiarte mientras conversas conmigo. ¿Sientes a la felicidad en este momento dentro de tu corazón?

- ¡Sí! - le dijo sonriendo Anita a la luna. ¿Cómo era posible?

- Me alegro que la sientas dentro de ti. La felicidad, en realidad, es una certeza que descansa en tu propia autoestima y en que te sientas bien contigo misma, sobre todo en paz, ¿sabes? - le dijo la luna.

- ¿Qué quieres decir? - le preguntó Anita.

- Pues, si estás a gusto contigo misma, entonces eres feliz - le contestó la luna y continuó hablando - No hay cosa más bonita que sacar a la luz tu imagen positiva. Ésa que vive en tu mundo interior. Si la dejas salir, derramas luz, la tuya, sobre ti misma y sobre los demás, en especial a tu madre, que tanto la necesita en este momento. 
 
Y mientras Anita sonreía complacida, la luna le hizo saber que la felicidad es una lucha constante y que no debe nunca de olvidarse que en el camino de la vida, ella se encontrará con muchos obstáculos que la harán caer, pero lo importante es que uno se vuelva a parar. Además, la luna le hizo hincapié sobre la capacidad de resilencia (de Anita) que tiene.

- ¿Resilencia? No entiendo esta palabra - le respondió Anita ya que no conocía el significado de esta palabra. Nunca antes la había escuchado ni leído.

La luna le dijo que su propia felicidad depende de su capacidad para enfrentarse con éxito a todo tipo de adversidades desde los contratiempos cotidianos hasta los infortunios a los que uno esté expuesto a lo largo de la vida como, por ejemplo, la muerte de un ser querido como la de su padre, la enfermedad grave de una amiguita suya de colegio, la ruptura sentimental entre los vecinos de al lado o la pérdida de trabajo de una buena amiga de su madre. La luna le hizo saber que también la felicidad depende de la fuerza que uno tenga para superar un desastre natural....

- ¿Cómo cuál? - le preguntó Anita interrumpiéndola.

- Pues, un terremoto, una inundación, un huracán o un fuego y que cualquiera de éstos destruya tu casa. 

- Mmmm... - fué la respuesta de Anita. Estaba pensativa.

- Y para terminar la lista de problemas a los que uno está expuesto en la vida - le dijo la luna - también, p.e., cuando uno ha sido víctima de un hecho traumático.

- ¡Dáme un ejemplo! - le dijo impaciente Anita. 

- Ser víctima de un abuso sexual o ser víctima de .... - le dijo la luna, pero Anita no la dejó hablar. La vida presentaba esa cara oscura que a ella no le gustaba, pero a la que tendría que enfrentarse tarde o temprano. Lo único que salió de boca de Anita fué un asustado grito diciendo ¡Basta! 

La luna había ido demasiado lejos, pensé yo. Pero era mejor que estuviera advertida. Espero que esto último nunca le suceda a mi querida Anita.

- Perdona, Anita - le dijo la luna. Pero tu felicidad depende de tu capacidad de resistencia ante las diversas adversidades.

- Es verdad - le respondió Anita. Tú ya me has explicado que la Felicidad es una lucha constante, ya más tranquila.

- ¿Sabes de dónde viene el término "resilencia"? - le preguntó la luna a Anita.

- No - le contestó Anita curiosa. 


- Del Latín "resilire", que podría traducirse como “rebotar”. En el campo de la Física indica la capacidad de un material para recobrar su forma original tras ser sometido a altas presiones. Y en el campo de la Ingeniería tiene su aplicación, por la cantidad de energía que es capaz de absorber un material antes de su deformación irreversible.

- Me alegro de aprender cosas nuevas a tu lado - le dijo Anita agradecida a la luna y ya más tranquila.

La luna, antes de pedirle a Anita que entrara a su casa, terminó diciéndole las siguientes palabras:
- Si bien "Aprender" forma parte de las pequeñas alegrías que te ofrece la vida, la más grande de todas es aprender a ser feliz. Ésta es una tarea difícil, pero no imposible. ¡Esfuérzate por ser feliz, mi niña! ¡Ahora y siempre! 

En cuanto Anita se bajó de su columpio y se despidió de su amiga, la luna, entró a su casa, y ya estando adentro abrazó fuertemente a su mamá y entre lágrimas le dijo:
- ¡De ahora en adelante quiero ser feliz! 

Su mamá, entre lágrimas, le dijo que ella también haría lo mismo. Ambas se apoyarían. 

Te preguntarás quién soy yo. Nada menos que la Felicidad. Me alegro mucho de verlas a los dos bien unidas. Y es que uno sólo me encuentra  amando. Me explico: porque sólo amando de manera desinteresada encuentras en la felicidad de un ser querido,  sea pariente o amig@, tu propia felicidad.


MARiSOL 


 

Dejo este vídeo musical,
originalmente es cantado en italiano,
pero acá, lo puedes escuchar en español.


Imagen sacada de Bing




domingo, 29 de noviembre de 2015

Apariencias


Mientras las apariencias me entregan, de bienvenida, sidra en una copa de champán y me sonríen amablemente, yo me pregunto si seré capaz de ser la que no soy. En esta fiesta no sólo han regalado máscaras, a la entrada, a aquellos invitados, como yo, que no hemos venido disfrazados, puesto que todos tenemos roles a jugar. Bien, todos queremos vivir esta noche de apariencias para ocultar no sólo nuestras verdaderas identidades, sino también para olvidarnos de la verdadera realidad del mundo en la que nos toca vivir.

Entre falsedades y engaños quiero vivir esta noche aunque tú no estés de acuerdo, querido lector. Pues sí, ésta es la cara que quiero mostrar, mejor dicho, máscara, porque no encontré ningún disfraz que me gustara. Para tu información muchos invitados están súper bien disfrazados y otros pocos, como yo, tenemos máscaras puestas ya que las apariencias, como dueñas de la fiesta, las han hecho repartir entre todos los que vinimos sin disfraz (como ya te comenté).

Pues bien, entre estos invitados hay una que se niega a ponerse máscara: es la incertidumbre. Como ella nos exponía a todos a encontrarnos en una posición incómoda entre cuatro guardaespaldas la sacaron de la fiesta mientras ella gritaba amenazante:
- ¡Cobardes! disfruten esta noche, pero recuerden que vivir de apariencias no sirve de nada. Yo soy más fuerte que todos ustedes pues soy la única que puedo manejar la realidad del mundo a mi antojo.

Y mientras un alivio se hizo presente entre todos los invitados al ver que la incertidumbre ya no se encontraba entre todos nosotros, nos dejamos llevar al ritmo de la música de la orquesta contratada por las apariencias. Y es que todos queremos parecernos a lo que no somos, dejando de lado nuestras verdaderas identidades. ¡Ay! unos quieren parecerse a árabes millonarios, los otros quieren aparentar ser muy inteligentes como Einstein, otros juegan a imitar a actores de cine o a otras personalidades del mundo de la farándula, del ambiente político, filosófico, musical, literario, etc, etc... hasta algunos juegan a ser Batman o Superman. Esta fiesta brilla por sus magníficos disfraces aunque algunos se repitan.

¿Y yo qué pretendo ser esta noche? Sólo quiero aparentar ser feliz. Quizás porque me gustaría encontrar en la felicidad de los demás invitados mi propia felicidad. Las apariencias al darse cuenta de lo que yo pienso (ellas son los únicas que son capaces de leerles los pensamientos a sus invitados y saben bien quién es quién), me llevaron a una esquina y amablemente me dijeron:
- No aparentes ser feliz esta noche, sino simplemente sé feliz, porque la felicidad es mejor imaginarla que tenerla.

Al preguntarles el motivo de esta forma de pensar, las apariencias me contestaron a dúo:
- Pues, nunca podrás ser siempre completamente feliz ya que tú no estás dispuesta a mantenerte ignorante ante la verdad del mundo... aquella que es capaz de causarnos mucho dolor o impotencia. Por esta razón, nuestro deseo es que disfrutes, unas horas, de nuestra hospitalidad para que te olvides de tus preocupaciones, frustaciones o sueños rotos ante la realidad del mundo en que nos toca vivir actualmente.

Después de escuchar hablar a las apariencias, entré rápidamente al inmenso salón, con mi máscara ya puesta, donde cientos de invitados se encontraban reunidos charlando, comiendo y bailando con el mismo propósito que yo... de eclipsar (más no extinguir) por una noche no sólo nuestras propias realidades, sino de las del mundo entero.

MARiSOL





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miércoles, 15 de julio de 2015

Contando la felicidad



Érase una vez un hombre que tenía muchísimo dinero pero no era feliz del todo. Me imagino que era porque él no sabía (y hasta el día de hoy, no sabe) cómo cambiar casi toda su fortuna por una felicidad absoluta. Yo creo, más bien, que él  se ha vuelto tan esclavo (¿o será que es, más bien, avaro?) de amasar más y más dinero como Scrooge McDuck (el tío del Pato Donald, conocido como Tío Rico en español) porque es lo único que lo calma ya que la compañía de gente lo enerva. Pero, ¿por qué?  Este hombre (quien no quiere ser nombrado) desconfía hasta de su sombra. Amigos tiene, pero muy pocos,  ya que es bastante receloso con su vida privada. Sus dos mejores amigos están prohibidos de contar a otros amigos sobre él. Y es porque este señor ha tenido malas experiencias con personas que lo han buscado sólo por su dinero, sea para pedirle prestado o para disfrutar de todas las comodidades exquisitas que él les brindó en su momento sin darle a él nada a cambio; sólo compañía, pero de tipo superficial donde el "small talk" y las sonrisas vacías se broncean sobre un yate de lujo en alta mar.

Yo creo que este hombre tiene un gran problema y es que él está esperando una felicidad demasiado grande... ¿No será un obstáculo su propia felicidad para la felicidad? Yo creo que sí. Digo creo porque ya no sé qué pensar sobre él. Si bien es una sensación agradable tener mucho dinero para comprar cosas que uno desea tener, también es una sensación agradable la de tener cosas que el dinero no puede comprar como la paz interior, ese estado de felicidad, que no todos alcanzamos a poseer por perdernos quién sabe por qué camino o porque no terminamos de salir de nuestros laberintos que nosotros mismos creamos sin querer.

Sin embargo, no entiendo por qué la persona que se cree afortunada o dichosa busca mayor felicidad. Acaso, ¿es necia? Sí, porque nunca nos conformamos con poco; siempre deseamos tener más, pienso yo y luego le pregunto a este señor: 
- ¿No será mejor imaginar la felicidad a tenerla?, ¿y qué hay del dinero? no creo que Usted se conforme sólo con imaginarlo, ¿verdad? Luego le pregunto si acaso, ¿con dinero se puede comprar la felicidad?
- No - me responde este señor. Su mirada me paraliza. Y luego me dice - Pero si descubres que el dinero no te da felicidad, aun así no lo regalarías, ¿verdad? Al menos que quieras, después de haberlo contado bien, donar una parte de tu fortuna para financiar proyectos humanitarios, p.e., y así sentirte feliz. Pero yo no lo pienso hacer porque desconfío en qué manos caería mi dinero. Seguro que mucho de éste no llegaría a las manos realmente necesitadas. Como verás la felicidad no va del dinero de la mano, precisamente.
- ¡Ay! el dinero, al fin de cuentas, si bien es la la llave que nos abre todas las puertas también le hago saber que al dinero lo estimamos más de lo que realmente vale, mucho más que a la felicidad.
Este señor, después de mirarme receloso, se aleja de mí.  Pero ¿Y qué pasa con su felicidad? Acaso, ¿no le resulta importante? Creo que este señor debe aprender a saber vivir sin tanta desconfianza (y a tener mejores modales), porque la desconfianza es mucho más solitaria que la propia soledad.

Por más dinero que tenga este señor, prefiero mantenerme de lejos de él porque encuentro vergonzoso desconfiar hasta de los amigos. Y mientras él cuenta su dinero, yo cuento con buenos amigos, mi mayor fortuna, porque pienso que en la felicidad de los demás yo busco la mía propia. Y creo ya haberla encontrado.


MARiSOL







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miércoles, 11 de marzo de 2015

El ascensorista



Giselle no deja de mirarlo y mientras suspira, se dice para sí misma: Pero, ¡qué guapo es el ascensorista! Y mientras ella lo contempla absorta de su elegancia, sobriedad, estilo, modales y voz, ella piensa que cuando sea grande le gustaría casarse con un hombre como él. Mejor príncipe azul no puede haber en todo el hotel. 

El hotel donde Giselle, niña de ocho años, vive con sus padres (su padre es un renombrado arquitecto y su madre es dueña de una tienda de antigüedades), es un hotel de cuarenta y cinco pisos ubicado en pleno corazón de Manhattan, en Nueva York.  Giselle y sus padres ocupan una suite de 300 m² en el piso treinta y cinco. Por razones prácticas viven en hotel ya que no sólo los trabajos de los padres de Giselle se encuentran cerca, sino también el colegio a donde va su hija. Además cuentan con limpieza diaria, con servicio de lavandería y con comida exquisita que brinda el hotel. Lamentablemente a la madre de Giselle no le gusta cocinar y menos a su esposo.

Pues bien, Giselle, acostumbrada a vivir prácticamente sola aunque esté cuidada por una niñera (una muchacha de 23 años un poco renegona, pero eficiente) durante las tardes, ha trabado amistad con otras personas, mayores que ella, para que espanten su soledad porque no sólo quiere estar con su niñera, la señorita Harrison. Esas personas, con las cuales Giselle ha hecho amistad, trabajan casi todas en el hotel, con excepción del chófer que los padres de Giselle tienen contratado de manera privada. Si bien esas personas no están a su altura (como le suelen decir sus padres a Giselle), son personas de confianza y muy amables de trato. Por ejemplo, Giselle le tiene cariño a la mujer de la limpieza, una afroamericana cuarentona llamada Marta. Esta señora, a parte de saber limpiar, tiene la capacidad de hacer reir a Giselle. La vida resulta agradable a su lado. Luego, está Antonio, el chófer mexicano, quien la lleva a sus actividades extraescolares como clases de equitación y de ballet. Él es parco de palabras, pero trata a Giselle como a una princesa. Luego, Sandy, una muchacha súper simpática que trabaja como recepcionista en el turno de las tardes. Y para finalizar, su príncipe azul, Abdul, un joven de 24 años, de padre y madre egipcios, quien trabaja, desde hace cuatro meses, como ascensorista tres veces a la semana, pero quien ayuda a sus padres, dos veces a la semana, en el pequeño restaurante que tienen, ubicado no precisamente en Manhattan. 

Hoy día Giselle, después que el chófer la recogiera del colegio, entró de frente al ascensor. Allí adentro estaba Abdul.
- Buenos tardes, señorita Giselle - le saludó alegremente el ascensorista.
- ¿Eres feliz? - con esta pregunta saludó Giselle a Abdul mientras su voz estaba cargada de reproche.
- ¡Caramba! - respondió el ascensorista sorprendido. ¡Qué pregunta! Hoy día sí tengo motivos para estar feliz.
- ¿Por qué? - le preguntó Giselle fastidiada.
- Porque tú me has dirigido la palabra - le contestó Abdul mientras le regalaba su mejor sonrisa. 
- Pero, en general, ¿eres feliz? - le  preguntó Giselle. Desde hace unos pocos días que ella se pregunta por qué no es feliz.
- Pues, a decir verdad, creo que yo busco mi felicidad en la felicidad de los demás, como en la tuya, por ejemplo - le dijo Abdul, esta vez, pensativo.   
- ¿Cuán grande es tu felicidad? Giselle lo miraba seriamente. ¿Tan grande como este hotel?
- Yo diría que si tú esperas una felicidad demasiado grande, a la larga, puede resultar un gran obstáculo para tu propia felicidad - le respondió el ascensorista más que pensativo. Estaba empezando a preocuparse por Giselle.
- ¿Sabes, Abdul? A pesar de ser una niña de padres muy ricos, siento que la felicidad  vive en otro piso de este hotel y no en el mío. Además, no cuento con amigas en el colegio. Tenía una buena amiga, pero se ha ido a vivir a California con sus padres.
Abdul se la quedó mirando. En lugar de decirle a Giselle que la felicidad es mejor imaginarla que tenerla, le hizo una pregunta: 
- ¿No crees que la felicidad tiene algo de pena?
- Entonces, ¿quieres decir que yo sí soy una niña feliz? - la pregunta de Giselle salió como un disparo certero de su boca.
- Yo creo que a ti lo que te falta es un hogar, pero tú, Giselle Roberts, eres una niña privilegiada, no tanto por lo material que puedas tener, sino porque en este hotel hay gente que te aprecia y que está al tanto de ti porque te ven muy sola. Yo pienso que es mejor que no aguardes a la gran felicidad. Disfruta, más bien, de esas pequeñas alegrías que recibes cada día en este hotel de parte de todos nosotros.
Después de decirle estas palabras, Giselle abrazó a Abdul. Ojalá que algún día ella pueda encontrar a un príncipe azul, como él, y formar un hogar, sin muchos metros cuadrados a disposición, pero con la lumbre encendida para que su corazón nunca se congele de la pena, porque la pena se siente fría o acaso, ¿es más la soledad?
Después que Abdul la dejara en su piso, él pensó que hablaría pronto con la madre de Giselle; la iría a buscar a su tienda para decirle que le preste más atención a su hija aun con riesgo de perder su puesto de trabajo como ascensorista.

Me consta que así lo hizo. Después que Abdul hablara con la madre de Giselle, ella decidió trabajar menos tiempo y dedicárselo más a su hija. Lo puede hacer porque la tienda de antigüedades es, más que todo, un pasatiempo para ella. Yo, la señorita Harrison, ya no trabajo más de lunes a viernes, sino sólo tres veces a la semana. Pero, no importa, porque me han aumentado mi salario. Además, me quedo algunos fines de semana para cuidar a Giselle cuando sus padres salen con amigos. En un mes me quedaré dos semanas con ella porque sus padres se van de viaje al Caribe.

Días más tarde al encontrar Abdul a Giselle en el ascensor, fué él quien le preguntó si ella es feliz. A lo que ella le respondió que sí con un gran sonrisa y luego le comentó que su madre y ella van a empezar a tomar juntas un curso de cocina una vez a la semana. Abdul contento de saber que la conversación sostenida con la madre de Giselle había tenido un efecto positivo en ella, le dijo que cuando ellas ya puedan cocinar bien, él les pasará unas recetas de su madre. A lo que Giselle le contestó:
- Le voy a decir a mis padres de ir a almorzar este fin de semana al restaurante de tus padres.
- Seguro que ellos se alegrarán - le dijo Abdul. Yo les he hablado de ti.   Se despidieron porque le tocaba a Giselle salir del ascensor. Su niñera la estaba esperando para ayudarla con una tarea de Matemáticas.

Los padres de Giselle aceptaron no sólo la propuesta de ir a almorzar comida egipcia, sino de conocer ese otro mundo del cual venía Abdul, el ascensorista ... ese ascensorista que los había hecho descender hasta el último piso de la realidad, pero que a mí me ha hecho subir al cielo, porque al igual que Giselle, pienso que este ascensorista no sólo es muy guapo, sino que la felicidad viene colgada de sus brazos. ¡Ay! yo sueño que un día él me estreche en los suyos. Pero, shh... que no se entere Giselle que yo también suspiro por Abdul, el ascensorista.

MARiSOL





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lunes, 31 de marzo de 2014

Serenata a la vida


Sandra no quiere que Miguel sufra por culpa suya.  Ella sabe que él la quiere con toda su alma.  Sin embargo, ella no puede darle lo que él desea ... todo aquello que él quiere para ser del todo feliz y sentirse completo como ser humano. Pero, ¿qué es la felicidad? No hay que esperar una felicidad al 100% porque es un obstáculo para la felicidad.


Sandra me contó que si bien ya ellos dos fueron pareja hace mucho tiempo atrás y no resultó su relación, ahora menos. Ambos han cambiado. Ya no son los mismos. El tiempo ha pasado .... arrugas de dolor y decepción han curtidos sus rostros. Además, el riesgo que la historia se repita sigue allí...y ¿después qué? No hay que confundir deseo con capricho. Quizás el miedo le hace ver cosas inexistentes a Sandra y Miguel realmente ha cambiado y podría ser el compañero ideal para pasar el resto de sus días ... Mas ¿por cuántos días más? Otro motivo más para decir que no. Entiendo a Sandra. Miguel necesita de una mujer sana.

Sandra no quiere asomarse a la ventana porque Miguel está allí afuera pidiéndole que sea su novia como antes ... cuando ese antes parecía que no moría, pero que al final murió de hastío porque  Miguel la dejó por otra como quien cambia la llanta malograda de un auto por otra que sí funciona. En fin, Sandra no le guarda ningún rencor aunque los recuerdos no sean sólo dulces, sino también amargos. ¡Cuántas lluvias han caído de sus ojos por pensar en cuánto lo quizo! Y a esto ella le teme más que a su cáncer. Aparte, que su corazón ha quedado con muchas cicatrices. La Lógica se ha convertido en un muro de protección para Sandra y también para Miguel aunque él no le haya pedido ni su permiso ni su opinión. 

- El tiempo hará entender a Miguel que aunque desentonemos y no tengamos buena voz, lo importante es cantarle a la vida, porque sólo tenemos una y hay que saberla vivir sin mirar demasiado hacia atrás .... cantemos mirando hacia adelante - le dice la Lógica a Sandra y luego agrega - ¡No abras tu ventana para no despertar en Miguel más falsas esperanzas! 
Sandra atenta la escucha y le promete a la Lógica que ella mantendrá cerrada su ventana hasta que escuche a Miguel cantarle una serenata no a ella, sino a la vida, a la suya propia.

MARISOL


Serenata Rap
 de Lorenzo Jovanotti

Se non ti incontro per strada non riesco a parlarti
mi si bloccano le parole non riesco a guardarti
negli occhi mi sembra di impazzire
se potessi amplificare il battito del mio cuore
sentirete un batterista di una band in metallo pesante
ed e' per questo che sono qui davanti
perche' mi viene molto piu' facile cantarti una canzone
magari che la sentano i muri e le persone

Piuttosto che telefonarti e dirti tutto faccia a faccia
rischiando di fare una figuraccia
son timido ma l'amore mi da coraggio
per dirti che da quando io ti ho visto e' sempre maggio
e a maggio il mondo e' bello e invitante di colori
ma ancora sugli alberi ci sono solo fiori
che prima o poi si dice diverranno pure frutti
e allora tu che fai golosamente aspettie

Aspetti che quel desiderio venga condiviso
io sono qui davanti che ti chiedo un sorriso
affacciati alla finestra amore mio
affacciati al balcone rispondimi al citofono
sono venuto qui col giradischi e col microfono
insieme al mio complesso per cantarti il sentimento
e se tu mi vorrai baciare saro' contento
e questa serenata e' la mi sfida col destino
vorrei ch per la vita noi due fossimo vicino
una serentata rap per dirti che di te
mi piace come mi guardi mi piace come sei con me
mi piace quel tuo naso che si intona con il mondo
mi piace il tuo sedere cosi' rotondo
da rendere satellite ogni essere vivente
mi piace perche's ei intelligente

Traducción al inglés: http://lyricstranslate.com

lunes, 18 de octubre de 2010

¡Ay, Dios!

http://www.elboomeran.com/upload/fotos/blogs_entradas/dios_paisaje_med.jpg
"Quisiera equivocarme que tú no existes;  pero ¿y si solamente eres una invención para tranquilizar nuestra presencia en el inmenso universo? Pero, si tú realmente existes, entonces, no te molestará que yo no sepa que pensar. Hasta ya me habrás perdonado por replantearme, en este preciso momento, mi falta de fe. Quizás no sea asunto mío en pensar en ti, sino todo lo contrario, eres tú quien tiene que pensar en mí. ¡Ay, Dios! Nadie me puede quitar el derecho de cuestionar tu presencia. No soy soberbia. Todo lo contrario.  Cuando el dolor y la preocupación me ahogan es cuando más pienso en ti. Quisiera creer que en cuanto las nubes negras se dispersen de mi horizonte de vida, tú me mostrarás tu mejor sonrisa.   O acaso, ¿mis ojos se han quedado ciegos y por este motivo no logro verte? ¡Ay, Dios! Quizás no deba tomar tu nombre en vano y, más bien, escoger el momento preciso para que así tenga mejor efecto. ¿No será solamente "Dios" una palabra más en nuestro vocabulario para explicarnos el mundo? Quizás deba sufrir, por este motivo,  porque no te llevo dentro. Me duele el alma. ¡Ay, Dios! ¡Envíame una señal!"

Myriam había hablado con Dios en un diálogo íntimo y sin testigos mientras se encontraba bajo la ducha. Al salir de ésta, prendió la radio porque quería escuchar las noticias de las 7 de la mañana. Pero como faltaban aún cinco minutos... escuchó que la moderadora de un programa musical decía: Y ahora antes de despedirme de ustedes, queridos oyentes, les dejo una hermosa melodía que se titula: "You were sent to me by God" del compositor y pianista ruso Igor Krutoy."

Myriam sonrió agradecida. Por un momento, sus dudas se despejaron y sus problemas se fueron haciendo más pequeños. Todo parecía indicar que Dios le había hecho saber a Myrian sin palabras que sí la había escuchado.

Marisol




lunes, 4 de octubre de 2010

El velero de la Felicidad

http://public.blu.livefilestore.com/y1pOze2xlMMUB0xcqN5YsfUhB2HKWSyGgGEqNvarFKbtrkAuL7rHBKUW8xyCNzV9USYFydECRM88R9LtmBV-uMrjw/CIMG3211.JPG?psid=1

¿Cuándo había sido la última vez que se sintió inmensamente feliz? No lo podía recordar. Hoy día tenía la imperiosa necesidad de hundir todos sus pesares en el fondo del lago. Y por este motivo, Carmen sacó su velero del muelle y se dispuso a navegar en sus aguas para olvidarse de sus problemas familiares y laborales aunque fuera por un par de horas.

Cientos de personas como ella habían tenido la misma idea: salir a navegar en sus veleros. ¿Pasearían también sus rabias y desilusiones? Por un momento Carmen se preguntó qué historias de vida estarían navegando sobre el lago... Quizás el problema de ella era esperar demasiado de la vida. Y, ¿si la Felicidad viajaba de incógnito en uno de los veleros? Afortunado su dueño, pero...

En un día como hoy, Carmen decidió que botaría por la borda los malos pensamientos y sentimientos que la ahogaban... ella quería sentirse feliz. Este momento sobre el lago debía ser disfrutado de principio a fin. Y al recordar la frase del dramaturgo noruego Hernik Johan Ibsen: "¡Qué cosa tan extraña es la felicidad!  Nadie sabe por dónde ni cómo ni cuándo llega, y llega por caminos invisibles, a veces cuando menos se le aguarda.", sonrió de no solamente contar con buena memoria, sino de navegar con la Felicidad a su lado.


Marisol



La foto es mía tomada el 3.10.2010
en el lago de Wannsee, Berlín.