(Cuento de la vida real)
Esta catarata de palabras mías las acompaño con vídeos, generalmente, musicales.
(Cuento de la vida real)
Mientras la noche cae de rodillas ante esta lluvia triste y pesada, siento que miro imágenes falsas. Son como proyecciones que mis ojos ven en la oscuridad. Definitivamente la realidad es más profunda y completa, compuesta no sólo de meras apariencias de las esencias donde la existencia se mueve entre el mundo sensible (físico) y el mundo inteligible (conocimiento), y nos observa atentamente.
¿Será cierto que la realidad es el mundo en su totalidad, mientras la existencia es la propiedad de pertenecer a ese mundo? Pienso que sí porque mientras un árbol, una flor, un río, etc. existe formando parte de la realidad, un personaje de novela, existe pero sólo en tu imaginación, querido lector, o en la mía.
Y mientras yo pienso en la diferencia que hay entre la realidad y la existencia, ellas me piden que guarde silencio porque ambas quieren hacerme saber que si bien hay una relación estrecha entre ellas dos y han sido siempre objeto de debate filosófico, también es cierto que algunos filósofos han explorado la naturaleza de la existencia misma mientras que otros filósofos le siguen dando más importancia a la relación entre la realidad y la percepción humana. ¡Ay! esa percepción sensitiva que muchos hemos perdido, ¿no crees, querido lector?
En esta noche lluviosa donde el verano se ha ido de vacaciones, percibo que entre las sombras de la vida hay horas en que la realidad que nos rodea desea entender mejor nuestra existencia en este mundo que no fue hecho en el tiempo, sino con el tiempo y que ha sido creado para ser recreado.
¿Será cierto que la realidad es el conjunto de todo lo que es mientras la existencia es el hecho de ser? ¿No será acaso que la existencia es una parte de la realidad mientras ésta abarca todas las existencias?
Al hacerme yo estas preguntas, la Realidad toma la palabra y me dice que ella abarca la totalidad de lo real o verdadero, incluyendo todas las entidades y fenómenos muy indepedientes de si se perciben o comprenden. Es decir, ella es aquello que acontece de manera verdadera o cierta, sea en sentido positivo como negativo, y no se mueve en el mundo de la fantasía, la imaginación o ilusión. Esto es lo que tengo que decirte mientras la percibes, querido lector, a través de tu vista, oído, olfato, tacto y gusto.
Es así como también la Existencia me hace saber que ella puede ser tangible como una montaña o intangible como una idea o pensamiento. Es más, querido lector, te has hecho la pregunta: ¿Qué sentido tiene la existencia? ¡Ay! El sentido de la vida es una búsqueda y tarea personal y trata de encontrar una trascendencia del lugar y de lo que somos, al fin y al cabo, reconociendo la permanencia y la finitud. Algo más, ella como la Existencia, es el "ser" interno aprehendido por tu conciencia, porque no sólo tiene que ver con lo que tú piensas, querido lector, o con lo que sientes o te motiva, sino también en gran medida con lo que haces.
- ¡Muy cierto! - exclamó la Realidad. Hay que tener en cuenta este famoso proverbio: "Del dicho al hecho hay mucho trecho".
- Efectivamente- dijo la Existencia. Los hechos son lo que cuentan y no las palabras porque éstas son como las hojas; cuando abundan, poco fruto hay entre ellas. Y esto es una realidad tangible, ¿no crees, querido lector?
La Realidad sonrió. Y tú, querido lector, en la realidad en la que te encuentras, te pregunto con mucho respeto: ¿Existes o vives? Porque me imagino que conoces bien la diferencia entre "existir" y "vivir". En caso no lo sepas, te hago saber que la diferencia entre ambas radica en la intensidad y propósito con que experimentas tu propia existencia. ¿Y sabes por qué? Pues, porque existir se refiere al hecho de estar vivo mientras que vivir implica, más bien, una participación activa y consciente en la vida. Es decir, mientras unos existen de manera pasiva dejándose llevar por las circunstancias o por lo que otros le digan qué hacer, están aquellas personas que tienen una actitud activa ya que asumen la responsabilidad de construir su propia vida y/o la de ayudar en todo lo que puedan a sus seres queridos o al prójimo. La realidad nos hace ver que no basta con levantar al débil, hay que saberlo sostener. Por esto mismo te pregunto, querido lector: ¿Qué estás haciendo por los demás aparte de mirarte a tu propio ombligo? Porque he de terminar haciéndote saber con la aprobación tanto de la Realidad como de la Existencia que lo que hacemos por nosotros mismos muere con nosotros pero lo que hacemos por los demás y por el mundo permanece y es inmortal ya que uno de los secretos profundos de la vida es que no sólo lo único que merece la pena hacer es lo que hacemos por los demás, sino que ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino de la felicidad de los demás como de la tuya propia, querido lector.
MARiSOL
¿Será cierto que el teatro de la Creación parece estar construido para el ejercicio del libre albedrío y para el fortalecimiento potencial de la existencia de un plano de conciencia superior? Quizá. Mi pregunta no tiene ningún color de profecía. Sabe, más bien, a ese enigma que uno cree haber resuelto de joven y que con el paso de los años uno reflexiona sobre él para sólo descubrir que es insoluble. Quizá no estamos preparados para hacerle frente al enigma de la vida porque es difícil de entender o de dilucidar. ¿Será, querido lector, que se debe a que no tiene una respuesta o una solución fácil?, ¿o, acaso, incluso, no la tiene en absoluto?
Pienso que el enigma de la vida no es ni humo ni niebla, sino, más bien, un concepto que presenta un problema complicado. Yo diría que hasta oscuro. Es, en todo caso, un desafío que incita al pensamiento, que te plantea a ti, querido lector, como a mí también, una pregunta. Diría que pone en marcha el proceso de conocimiento hacia un fin aún incierto, quizá porque el futuro no es más incierto que nuestro presente. Y, por este motivo, viendo que la vida es tan incierta, hay que abrazarnos a la felicidad, cual premio pasajero que se aferra al tiempo, y aprovechar el momento en que se nos presenta.
No sé si mis ideas sean sólo un cúmulo de desatinos o disparates o si tanto tú, querido lector, como yo seamos un maravilloso misterio en un mundo tan cambiante e inexplicable mientras vamos buscando las cosas inciertas porque las ciertas las hemos perdido de vista. Es como cuando uno no puede descubrir nuevas tierras por no tener el valor de perder de vista la orilla o no poder nadar hacia nuevos horizontes por no tener el valor de perder de vista la costa.
Finalmente, me pregunto si será cierto que existen tres clases de testigos ante el enigma de la vida. Aquellos los que han visto bien, pero dudan de lo que han visto. Luego, los que han visto mal, pero creen haber visto bien. Y los que no han visto nada y aseguran haber visto todo. Y tú, querido lector, ¿qué clase de testigo eres? Tal vez el enigma de la vida nos haga saber que no sólo hemos visto más cosas de las que recordamos, sino que recordamos más cosas de las que hemos visto. ¿Y sabes por qué, querido lector? Pues, porque gracias a la energía que despierta el enigma de la vida en nosotros, nos impulsa a seguir adelante, a sobreponernos a nuestros temores e incertidumbres mientras nos pide, una y otra vez, intentar desvelar su misterio, así sea éste de difícil entendimiento por ser un conjunto de palabras de sentido encubierto como un acertijo por ser un enigma envuelto en un misterio dentro de un enigma.
MARiSOL
¿Será cierto que vivir sin Fe es imposible porque no sólo es la fuerza de la vida, sino es el conocimiento del significado de la vida humana ya que si el hombre vive es porque cree en algo? - me pregunto en este momento. Tal vez tener fe requiere no sólo coraje, sino tener la capacidad de correr un riesgo. Será porque la fe nunca es inútil. Acaso, ¿no es cierto que la fe mueve montañas? Pienso que sí porque, finalmente, el amor es fe y no ciencia.
Querido lector, y ¿qué pasa con la Esperanza? Acaso, ¿la esperanza es un empréstito que se le hace a la felicidad? Es más que eso... la esperanza es como el sol porque arroja todas las sombras detrás de nosotros. Y, ¿sabes por qué, querido lector? Pues, porque la esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte ya que ésta no es más que la habilidad de aprovechar las ocasiones favorables que se nos presentan en la vida.
¡Ay! Entre la Fe y la Esperanza me muevo yo sin temor alguno. Te preguntarás quién soy yo. Pues, soy ese acontecimiento extraordinario que manifiesta la intervención divina en los asuntos humanos. Unos me conocen como milagro, otros como maravilla, rareza, revelación, sorpresa o fenómeno. Soy un efecto que puede ser visible a los sentidos y que sobrepasa los poderes de la naturaleza y de todo ser creado. Soy una acción de Dios porque Él elude el orden natural para hacer algo extraordinario demostrando así su grandeza y poder.
¿Te has preguntado cómo ver milagros en tu vida? Es sencillo. Por un lado, tener fe nos permite ver las cosas buenas que suceden en nuestras vidas como obra de Dios y no como coincidencias o buena suerte. Pienso que si tú, querido lector, me reconoces como tal es parte del milagro en sí. Y por el otro lado, te hago saber que la esperanza es aquel poder interior cual potencia espiritual o motor que te ayuda a hacer posible todo nuevo intento para seguir adelante.
En realidad, tú como todos los seres humanos necesitan tener esperanza por más grande o pequeña que ésta sea. Y, ¿sabes por qué, querido lector? Porque no sólo la esperanza es como un milagro inesperado, sobre todo, cuando encierra una especial dificultad, sino porque la verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios ya que Él ha permitido que la Esperanza nazca como una flor de la Fe.
Finalmente, te hago saber, querido lector, que la Fe y la Esperanza se complementan. Mientras la Fe se basa en la realidad del pasado, la esperanza mira la realidad del futuro. Sin fe, no hay esperanza y sin esperanza no hay fe de verdad. Y sin ellas dos, yo no existiría. Mejor dicho, tú no existirías porque tú eres un milagro también. Así que si tu fe la ves como un anhelo a lo eterno, a Dios, y tu esperanza la ves como el anhelo de Dios, de lo eterno, de nuestra divinidad que viene al encuentro de aquélla y nos eleva, entenderás que donde hay esperanza hay fe y donde hay fe, ocurren milagros.
MARiSOL
Si todos nos pusiéramos a pescar estrellas, sobre todo, aquellas que llamamos estrellas fugaces, el Universo se terminaría quedando vacío de ellas y así nosotros nos quedaríamos sin poder pedir más deseos. Sin embargo, el Universo me llamó a la reflexión y me exhortó a que limite mis deseos porque no puedo pretender que las cosas ocurran como yo quiero. Es así como el Universo me dijo que debo aceptar el hecho que es mejor desear que nuestros deseos se produzcan tal como se deben producir para poder vivir sin grandes expectativas. Quizás aquí radica la clave para ser feliz. Es más, Él me explicó que la vida, la mía o la tuya, querido lector, no está hecha de deseos pero sí de los actos de cada uno. Y me recalcó que a mi alma (como a la tuya también) se le mide por la amplitud de sus deseos de la misma manera que uno juzga de antemano un rascacielos por la cantidad de sus pisos.
Después de escuchar al Universo, le pregunté que qué pasa cuando uno se acostumbra a no conseguir nunca lo que uno más desea. El Universo, después de soltar una carcajada, me respondió diciendo que, al final, uno acaba por no saber incluso lo que quiere. Yo, la verdad, que no sé si quería reirme igual que Él porque no hay cosa más bonita que vivir sus deseos, agotarlos en vida ya que es el destino de toda existencia como la mía o la tuya, querido lector. El Universo, si bien me entendió, me hizo saber que no sólo me dedique a desear algo en voz alta, sino que me esfuerce por alcanzarlo porque si no me quiero sentir frustrada o triste, debo aprender a sólo desear todo aquello que dependa de mí y no de otros.
Mientras me encontraba conversando con el Universo, una estrella fugaz hizo un alto en su camino y me dijo que los deseos se tienen pero no se piden porque lo que se pide es el objeto del deseo. ¡Es verdad! Y como yo no hablaba, la estrella fugaz me dijo que los deseos de tu vida, querido lector, o de la mía terminan formando una cadena, cuyos eslabones son las esperanzas y es que éstas nos recuerdan que lo esperado no sucede, sino, más bien, es lo inesperado lo que acontece y hay que saberlo aceptar. Es más, la estrella fugaz me hace ver que las esperanzas son un empréstito que se le hace a la felicidad... esa felicidad que cuando viaja de incógnito, sólo después que ha pasado a nuestro lado, realmente sabemos de ella. Después de escucharla y antes que ella se despidiera de mí, tomé conciencia que no sé si quiera seguir pescando estrellas esta noche cuando me ponga a la ventana de madrugada, sobre todo, cuando busco estrellas fugaces entre las estrellas porque tengo una lista de antiguos deseos que me gustaría que se cumplan.
El Universo (vasto símbolo de Dios), después de despedirse también de la estrella fugaz, me dijo a modo de consuelo que tanto tú, querido lector, como yo somos pedazos de él, del universo, hecho vida. Y es que tanto en tu corazón, querido lector, como en el mío no sólo brilla la estrella de nuestro destino, sino que existe, al menos, un rincón del universo que con toda seguridad podemos mejorar, y somos nosotros mismos. Quizá debamos no sólo aprender a no temer todas las cosas como mortales y todas las que deseamos como inmortales, sino también debemos aprender a no sólo pedir deseos porque es como soñar y soñar en teoría es vivir, finalmente, un poco, mientras que vivir soñando es no existir. ¿Y sabes por qué, querido lector? Porque a nadie cuesta más vivir que a aquel que mucho desea. Es cierto, pero yo (no sé si tú también) tengo un solo deseo. El Universo sabe cuál es.
Espero que esta noche se deje ver una estrella fugaz para poderla pescar con mis manos y acunarla no sólo dentro mi corazón, sino en el tuyo también, querido lector. ¿Y sabes por qué? porque si bien la razón (o inteligencia) puede advertirnos sobre lo que conviene evitar, sólo el corazón nos dice lo que es, realmente, preciso hacer sin necesidad de estar pescando estrellas.
MARiSOL
