Mostrando entradas con la etiqueta verdad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta verdad. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de abril de 2026

Doña Estupidez y Doña Maldad


En un pueblo donde nadie hacía preguntas vivían dos vecinas inseparables: Doña Estupidez y Doña Maldad.
Mientras Doña Estupidez no era mala por intención, sino por costumbre y caminaba por la vida con los ojos medio cerrados, repitiendo lo que oía, creyendo lo primero que le decían y despreciando cualquier esfuerzo por entender porque “pensar cansa” aceptando todo sin distinguir verdad de mentira, Doña Maldad, en cambio, tenía los ojos muy abiertos. Observaba, calculaba, elegía. Sabía perfectamente lo que hacía y, precisamente por eso, encontraba placer en torcer las cosas a su favor. Donde había duda, sembraba miedo. Donde había confianza, sembraba sospecha.

Un día, ambas decidieron organizar una reunión en la plaza del pueblo.
—Invitemos a todos —propuso Doña Maldad—. Será interesante.
—¡Sí! —respondió Doña Estupidez sin preguntar para qué.
Esa noche, la plaza se llenó. Doña Maldad tomó la palabra:
—Queridos vecinos, hemos descubierto que entre ustedes hay alguien que trae desgracias.
Un murmullo inquieto recorrió a la multitud.
—¿Quién? —preguntó alguien.
Doña Maldad sonrió levemente.
—No lo sabemos con certeza, pero hemos visto señales.
Doña Estupidez intervino de inmediato:
—¡Yo también lo he oído! Dicen que es alguien que siempre hace preguntas raras.

Los vecinos comenzaron a mirarse entre sí. Las dudas se convirtieron en sospechas, y las sospechas en acusaciones. Nadie quería ser señalado, así que señalaron a otro.
En medio del caos, un hombre levantó la mano.
—¿Y si en lugar de acusar sin pruebas, pensamos un poco? —dijo con calma—. ¿Qué señales? ¿Qué evidencia?
Doña Estupidez frunció el ceño.
—Siempre complicando todo —murmuró—. ¿Por qué no simplemente crees?
Doña Maldad lo miró con frialdad.
—Porque quien hace demasiadas preguntas puede ser precisamente quien queremos encontrar.
La multitud, ya inquieta y confundida, encontró en esa frase un alivio: una respuesta simple. Y así, sin más, el hombre fue expulsado del pueblo.

Esa noche, Doña Estupidez durmió tranquila. No entendía del todo lo ocurrido, pero sentía que había hecho lo correcto.
Doña Maldad también durmió tranquila. Ella sí entendía todo.
Con el tiempo, el pueblo se volvió más silencioso. Nadie hacía preguntas. Nadie dudaba. Pero tampoco nadie confiaba en nadie. Las decisiones se tomaban rápido, pero siempre mal. Los problemas crecían, aunque nadie sabía por qué.

Un día, Doña Estupidez le preguntó a Doña Maldad:
—Oye, ¿por qué todo parece ir peor?
Doña Maldad respondió, sin mirarla:
—Porque cuando la gente deja de pensar, yo ya no necesito hacer casi nada.
Doña Estupidez se quedó callada. No porque hubiera entendido… sino porque no supo qué decir.

Y así, el pueblo aprendió —demasiado tarde— que la estupidez no es solo ignorancia, sino renuncia a entender; y que la maldad, sin oposición, no necesita fuerza: le basta con una mente que no haga preguntas.

                       MARiSOL
 
 

viernes, 24 de abril de 2026

Las heridas de Frida

 
 
Este cuento lo escribí en base a unos regalitos que me hicieron, hoy día, unas amigas mías. Fueron una planta de Aloe Vera, un imán de México con la imagen de Frida Kahlo y un elefantito de porcelana que dice en alemán: Einfach glücklich sein (Simplemente ser feliz). En caso no sepas, querido lector, existe una metáfora usada para describir la relación turbulenta, creativa y apasionada entre los artistas mexicanos Diego Rivera y Frida Khalo. La madre de ella los llamó "El elefante y la paloma" para describir la gran disparidad física y de personalidad entre ambos.       
               
 
En una habitación bañada por la luz suave de la tarde, Frida Kahlo pintaba en silencio. El aire estaba impregnado de un aroma verde y limpio: decenas de plantas de aloe vera cultivadas en macetas de barro rodeaban el espacio, como si custodiaran cada rincón con sus hojas carnosas y firmes. 

Mientras Frida observaba su lienzo con intensidad, frente a ella comenzaba a tomar forma un elefante blanco. No era un elefante cualquiera: su piel parecía hecha de luz, y sus ojos reflejaban una tristeza profunda, como si cargara historias que nadie se había detenido a escuchar. 
—Todos cargamos algo invisible —murmuró Frida mientras iba mojando el pincel en su pintura. 

Afuera, el mundo seguía su curso, pero dentro de esa habitación el tiempo parecía doblarse sobre sí mismo. Mientras las plantas de aloe vera, con su fama de curar heridas, parecían respirar junto a Frida, ella se levantó un momento y pasó suavemente su mano por una de las hojas. Recordó cómo el aloe sana la piel cuando ha sido quemada o herida. Sonrió levemente.
—Ojalá el alma se curara igual de fácil —dijo.

Frida regresó al lienzo y se sorprendió al ver que el elefante ahora tenía una pequeña grieta en el costado, apenas visible, de la cual brotaba un tenue color verde. No era sangre, no era dolor: era vida intentando salir.
Frida dio un paso atrás y contempló su obra.
—No se trata de no romperse —susurró—. Se trata de aprender a sanar.

En ese instante, un rayo de sol atravesó la ventana y tocó el cuadro. El elefante pareció cobrar vida por un segundo, y la grieta luminosa brilló con más fuerza.
Frida sonrió, cansada pero en paz.
Las plantas de aloe vera permanecieron en silencio, como testigos de una verdad simple y profunda: incluso en medio del dolor, querido lector, la capacidad de sanar vive dentro de nosotros, esperando ser reconocida. 

Lo importante, querido lector, es darse cuenta que las heridas forman parte de la vida, pero también lo es la capacidad de transformarlas en algo que nos fortalezca. Sanar no es olvidar, es aprender a seguir creciendo.

                   MARiSOL 
 
 

domingo, 5 de abril de 2026

Domingo de Ramos

 


Dentro de la tradición cristiana, esta fecha, conmemora la entrada de Jesucristo en Jerusalén, recibido alegremente con ramas de palma. Pero, más allá del hecho religioso,veo una paradoja en esta escena ya que si bien él fue aclamado por la multitud, pocos días después fue rechazado. Esto me hace pensar en la fragilidad de la opinión colectiva, en cómo el entusiasmo puede transformarse rápidamente en indiferencia o incluso en rechazo. 


También está la cuestión del poder ya que la entrada de Jesús fue si un ejército que lo acompañara y sin riqueza alguna que ostentar como para impresionar a la multitud. Esto desafía las nociones tradicionales de autoridad. Y, por ello, te pregunto, querido lector: ¿Es la humildad una debilidad o una forma más alta de fuerza?

En cuanto a las ramas de palma puede interpretarse como el deseo humano de encontrar esperanza en figuras externas. Sin embargo, el desenlace de la historia sugiere una invitación a mirar hacia dentro: ¿hasta qué punto proyectamos nuestras expectativas en otros para evitar confrontar nuestras propias contradicciones?

Finalmente, el Domingo de Ramos plantea una reflexión sobre el tiempo y la impermanencia. La gloria momentánea se desvanece; lo que hoy se celebra, mañana se olvida o se cuestiona. Al final, todo es transitorio, y aferrarse a la aprobación externa conduce inevitablemente al sufrimiento. Es así comoeste día no sólo nos recuerda un evento religioso, sino que expone tensiones universales: entre apariencia y verdad, entre multitud e individuo, entre poder y humildad, entre lo efímero y lo esencial. Y, por último agregaría: entre guerra y paz.
 
---------------------
 
Y el cuento, en cuestión, aquí se los presento:

 
En un pequeño pueblo rodeado de colinas, la gente se reunió desde temprano. Había un rumor en el aire, una mezcla de esperanza y curiosidad. Decían que aquel hombre hablaba de amor, de perdón y de un reino invisible que estaba por llegar. Los niños fueron los primeros en verlo, Venía montado en un sencillo burro, sin riquezas ni escoltas, con una serenidad que contrastaba con el bullicio del lugar. Algunos adultos dudaban, otros observaban en silencio, pero poco a poco todos comenzaron a acercarse. 
 
Una niña, con manos temblorosas, extendió una rama de palma que había recogido del camino. Al verla, otros hicieron lo mismo. En cuestión de minutos, el suelo quedó cubierto de hojas verdes, como na alfombra improvisada.
-¡Hossana!- gritó alguien.
Y el grito se multiplicó, creciendo como una ola que envolvía todo. No era un clamor de guerra, sino de esperanza.
Muchos no entendían del todo quién era aquel hombre, pero algo en su mirada los hacía creer que estqaban frente a algo distinto.
Él avanzaba despacio, observando cada rostro, como si conociera cada historia de vida. Sonreía con dulzura, pero en sus ojos también había una sombra, como si supiera que aquel recibimiento no duraría para siempre.
 
Un anciano, apoyado en su bastón, murmuró:
-Hoy lo recibimos como rey, pero ojalá no lo olvidemos mañana.
El hombre en el burro le escuchó, pero no dijo nada. Sólo continuó su camino mientras las palmas seguían cayendo a sus pies y las voces llenaban el cielo. Y así, en medio de alegría y de un destino ya escrito, comenzó una semana que cambiaría la historia para siempre.  

             MARiSOL
 
 

domingo, 15 de marzo de 2026

Findus y el humo del mundo



Tengo un gato vecino con un pelaje gris medio atigrado y con bigotes torcidos y una preocupación demasiado grande para un animal de ocho kilos. Vive no lejos de mi casa y cuando Findus llega a visitarme  salta al alféizar de la ventana de mi dormitorio desde donde mira el mundo mientras fuma cigarrillos que le roba a su dueño.

Que yo sepa a Findus no le gusta fumar. En realidad, le parece una costumbre absurda. Pero, actualmente dice que le ayuda a pensar.
Y pensar es justo el problema ya que cada día las noticias son más alarmantes.
—Otra guerra —me murmura al oído.
Y mientras enciende otro cigarrillo, me dice que no logra entender a los humanos. A veces, cuando las noticias son más feas, a Findus le tengo que servir un pequeño trago de aguardiente porque en su casa se lo han prohibido. Yo no, y por este motivo y otros más, él viene seguido a visitarme.
—Fumo para tranquilizar mis nervios —se justifica ante mí aunque los míos están temblando de miedo. 
  
Findus me ha confesado que lo que realmente le quita el sueño es otra cosa. Como el petróleo está subiendo, eso significa que el transporte se volverá más caro. Y si el transporte es más caro significa que la comida también será más cara. Y si la comida es más cara significa que su paté de atún favorito podría desaparecer de su vida en un dos por tres. Findus mira con pena a su última lata de hoy día que yo le he dado. Y como un filósofo que piensa en el sentido de la existencia, me dice que si los humanos se pelean por petróleo, al final el que pagará los platos rotos será él. Y esto le parece injusto.

Una noche, mientras Findus observaba las luces de la ciudad y el humo de su cigarrillo se mezclaba con el aire frío de la noche, exclamó:
—¡Los humanos son criaturas raras! Tienen palabras para todo, pero no saben usarlas para decir siempre la verdad. Tienen manos para construir, pero también para destruir.
Luego apagó su cigarrillo y me dijo:
—Como mi vida gatuna es más corta que la humana, el paté de atún debería ser un derecho universal. ¿No te parece?

¡Ay! El mundo seguía siendo un lugar confuso.
Pero mientras todavía quedara una lata de atún en la alacena Findus pensó, por un momento, que tal vez todo podría salir bien y que esta historia tendría un final feliz para él y para mí. Mejor dicho, para todos.

                          MARISOL 
 
 

martes, 12 de noviembre de 2024

Los amigos son como la sangre

 

¿Será cierto que la única verdad es la realidad que nos rodea? Quizá sea más cierto que la realidad no es lo mismo que la verdad y la realidad sea sólo un conjunto de detalles que concibe sin piedad el mundo de distintas maneras en su gratuita desnudez... esa desnudez que sin filtros deja huellas, sobre todo, en los corazones que no se sienten de verdad perdidos. Y aunque se pierdan inexorablamente y no se encuentren jamás a sí mismos nunca se toparán con la propia realidad... esa realidad que es parte de ese rotundo despertar vestido de un montón de goteras porque éstas simbolizan el fluir de las emociones de tu alma, querido lector. ¿Y sabes  por qué? Porque en la mayoría de las religiones como en las culturas ancestrales, el agua tiene el significado de purificación, renovación liberación, fertilidad y abundancia.

¿Será cierto que el agua es respetada en todas las culturas por su capacidad de curar, purificar y brindar conocimiento espiritual? Sí, es cierto, pero si sólo el agua tiene forma de un arroyo, océano o lago tranquilo. Pero, ¿qué pasa cuando de las goteras en lugar de agua cae mucha sangre? Entonces, sólo queda decir que las lágrimas son la sangre del alma que nos pide a gritos reconquitar nuestra libertad para liberarnos de tanto desamor... esa maldita ausencia de amor que sólo nos castiga y no nos premia. Pienso no sólo en las terribles guerras y diversas catástrofes naturales que sacuden al mundo...

¡Ay! Entre consejos y reproches entre unos y otros, la memoria del pueblo valenciano nunca olvidará que aunque un silencio abrumador y ensordeceder quiera desmenuzar en mil pedazos la paz no sólo de miles, sino hasta de millones de españoles, ahora más que nunca se hacen presentes los amigos porque ellos son como la sangre porque cuando se está herido, como lo está Valencia hoy en día,  acuden sin que se los llame. Y es que los verdaderos amigos son aquellos que no sólo compadecen, sino quienes socorren al más necesitado.

Si algo he aprendido en esta vida es que la piedad es mucho más inteligente que el odio y la indiferencia, y que la misericordia es preferible aún a la misma justicia.  Y nunca pongas en duda, querido lector, que un verdadero amigo no es sólo aquella mano que despeina tus tristezas, sino ten presente que, al fin y al cabo, un amigo es una imagen que tienes de ti mismo. 

Hermoso es comprobar que Valencia cuenta con muchos y buenos amigos porque los amigos ciertos son los probados en hechos y no sólo en palabras.   Y es que si bien, por un lado, las palabras son la configuración acústica de las ideas y si son buenas, ¡qué mejor!, también lamentablemente, por otro lado, existen aquellas palabras que no sólo son como las hojas que abundan pero poco fruto hay entre ellas, como también hay palabras que suben como el humo y otras que caen como la lluvia. Pues aquí tengo que pensar no sólo en el antipático y arrogante de Sánchez, sino en muchos otros políticos que oprimen a sus pueblos porque el amor desapareció de su vocabulario, quizá porque no cuentan con verdaderos amigos que les canten sus verdades sea por miedo o por oportunismo y sean otros los que lo hagan y los terminen callando. 

Bien, finalmente sólo me queda decirte en nombre de los lindos recuerdos que guardo de ti, Valencia, que sigo orando por ti en estos momentos tan difíciles. Me reconforta ver desde lejos (a través del internet) que si bien el gobierno español no te está ayudando como debería ser, es maravilloso ver como tanta gente de todas partes de España como algunas ayudas venidas del extranjero se han movilizado y siguen acudiendo en tu ayuda y te apoyan en todo lo que pueden porque la sangre que corre por sus venas es la misma que corre por la tuya, querido lector. ¿Y sabes por qué? Porque todos estamos interconectados, porque lo que le ha pasado a Valencia, te puede pasar a ti como a mí también.  Es así que, por este motivo,  usemos nuestras diversas plataformas como correo electrónico, redes sociales, mensajería instantánea y videollamadas para estar comunicados unos a otros para ayudarnos y no sólo destruirnos porque sólo relacionándonos con respeto podemos eliminar nuestras barreras geográficas, culturales, religiosas y políticas para ayudar a que las generaciones futuras construyan un mundo mejor, sino que ahora, tus amigos, sobre todo, la gente joven siga dándote la mano para sacarte adelante, Valencia de mis recuerdos.

 MARiSOL

 

miércoles, 26 de junio de 2024

Pescando estrellas

 

Si todos nos pusiéramos a pescar estrellas, sobre todo, aquellas que llamamos estrellas fugaces, el Universo se terminaría quedando vacío de ellas y así nosotros nos quedaríamos sin poder pedir más deseos. Sin embargo, el Universo me llamó a la reflexión y me exhortó a que limite mis deseos porque no puedo pretender que las cosas ocurran como yo quiero. Es así como el Universo me dijo que debo aceptar el hecho que es mejor desear que nuestros deseos se produzcan tal como se deben producir para poder vivir sin grandes expectativas. Quizás aquí radica la clave para ser feliz. Es más, Él me explicó que la vida, la mía o la tuya, querido lector, no está hecha de deseos pero sí de los actos de cada uno. Y me recalcó que a mi alma (como a la tuya también) se le mide por la amplitud de sus deseos de la misma manera que uno juzga de antemano un rascacielos por la cantidad de sus pisos.

Después de escuchar al Universo, le pregunté que qué pasa cuando uno se acostumbra a no conseguir nunca lo que uno más desea. El Universo, después de soltar una carcajada, me respondió diciendo que, al final, uno acaba por no saber incluso lo que quiere. Yo, la verdad, que no sé si quería reirme igual que Él porque no hay cosa más bonita que vivir sus deseos, agotarlos en vida ya que es el destino de toda existencia como la mía o la tuya, querido lector. El Universo, si bien me entendió, me hizo saber que no sólo me dedique a desear algo en voz alta, sino que me esfuerce por alcanzarlo porque si no me quiero sentir frustrada o triste, debo aprender a sólo desear todo aquello que dependa de mí y no de otros.

Mientras me encontraba conversando con el Universo, una estrella fugaz hizo un alto en su camino y me dijo que los deseos se tienen pero no se piden porque lo que se pide es el objeto del deseo. ¡Es verdad! Y como yo no hablaba, la estrella fugaz me dijo que los deseos de tu vida, querido lector, o de la mía terminan formando una cadena, cuyos eslabones son las esperanzas y es que éstas nos recuerdan que lo esperado no sucede, sino, más bien, es lo inesperado lo que acontece y hay que saberlo aceptar. Es más, la estrella fugaz me hace ver que las esperanzas son un empréstito que se le hace a la felicidad... esa felicidad que cuando viaja de incógnito, sólo después que ha pasado a nuestro lado, realmente sabemos de ella. Después de escucharla y antes que ella se despidiera de mí, tomé conciencia que no sé si quiera seguir pescando estrellas esta noche cuando me ponga a la ventana de madrugada, sobre todo, cuando busco estrellas fugaces entre las estrellas porque tengo una lista de antiguos deseos que me gustaría que se cumplan.

El Universo (vasto símbolo de Dios), después de despedirse también de la estrella fugaz, me dijo a modo de consuelo que tanto tú, querido lector, como yo somos pedazos de él, del universo, hecho vida. Y es que tanto en tu corazón, querido lector, como en el mío no sólo brilla la estrella de nuestro destino, sino que existe, al menos, un rincón del universo que con toda seguridad podemos mejorar, y somos nosotros mismos. Quizá debamos no sólo aprender a no temer todas las cosas como mortales y todas las que deseamos como inmortales, sino también debemos aprender a no sólo pedir deseos porque es como soñar y soñar en teoría es vivir, finalmente, un poco, mientras que vivir soñando es no existir. ¿Y sabes por qué, querido lector? Porque a nadie cuesta más vivir que a aquel que mucho desea. Es cierto, pero yo (no sé si tú también)  tengo un solo deseo. El Universo sabe cuál es. 

Espero que esta noche se deje ver una estrella fugaz para poderla pescar con mis manos y acunarla no sólo dentro mi corazón, sino en el tuyo también, querido lector. ¿Y sabes por qué? porque si bien la razón (o inteligencia) puede advertirnos sobre lo que conviene evitar, sólo el corazón nos dice lo que es, realmente, preciso hacer sin necesidad de estar pescando estrellas.

MARiSOL


El Color del Futuro

¿De qué color está vestido el futuro? se pregunta Ana María. Sinceramente pienso que ella no trata de describirlo, sólo de prevenirlo aunque ella me haya pedido, querido lector, que te pregunte: ¿Qué puede haber imprevisto para el que nada ha previsto? La verdad que no sé qué contestar porque pienso que cuando se está en medio de las adversidades, ya es tarde para ser cauto.

Ana María suspira porque, por el momento, el color del futuro no luce ni esperanzador ni alegre ni irreverente. Tal vez porque el futuro está oculto detrás de todos nosotros que lo hacemos. Pareciera como si éste se encontrara en una dimensión diferente y jugara a las escondidas con todos nosotros. 

La verdad es que yo pienso diferente. Ana María al mirarme molesta, yo le digo (como el destino que soy) que mientras yo baraje las cartas, tanto ella como tú, querido lector, serán los que jugarán.  Y les advierto que deben jugar limpio para no culpar a otros de sus errores. Pero al decir esto último, Ana María me dice muy molesta que no siente el menor deseo de jugar en un mundo en el que todos hacen trampa. Tengo que admitir que ella tiene razón porque en asuntos internacionales, la paz es un período de trampas entre dos luchas.

¡Ay! El futuro no realizado es como una rama seca que queda atrapada sólo en el pasado... en ese pasado del cual ya deberíamos haber aprendido a valorar mejor la vida porque quien no la valora, no la merece, pues, la mayor parte de los hombres no hacen otra cosa que existir.  Esta vez, si bien Ana María me da la razón, ella con un buena dosis de optimismo sabe que las ramas de todo árbol, pasado el invierno o la época de oscuridad en la que se encuentra la humanidad, reverdecerán y florecerán.

No quiero afligir a Ana María más de la cuenta. Mientras ella me mira en silencio, sus ojos me preguntan si acaso no será cierto que el futuro pertenece a quienes crean  en la belleza de sus sueños. ¿O será que el futuro es tan sólo una página en blanco?, ¿o será, quizás, una fe de erratas?

- ¡No sé qué es mejor! - grita Ana María bastante afligida aunque trate de que su voluntad y esperanza sean optimistas porque, lamentablemente, su conocimiento es pesimista. Y es que un pesimista es un optimista con experiencia porque como dice un dicho bastante conocido por todos: "Más sabe el diablo por viejo que por diablo".

Mientras trato de calmarla le hago saber que, más bien, no piense demasiado en el futuro porque éste llega muy pronto. Sin embargo, Ana María sabe perfectamente que al reconocer las señales o indicios de lo que ha de suceder, ella hará lo posible de vestir su futuro, hasta su último suspiro, con el mejor color de todos, con el color del amor porque éste es el verdadero color que la humanidad necesita para vivir sin enfrentamientos, sin contratiempos y sin conflictos bélicos. Y es que vivir en armonía con los demás nos da la paz interior que necesitamos para ser realmente felices. Y aunque esto suene a utopía, Ana María quiere pensar que no es demasiado tarde para construir una, del color que tú desees, querido lector, que nos permita, en un futuro cercano, compartir la tierra entre todos como ésta realmente se merece.

 MARISOL 


viernes, 14 de junio de 2024

Verde Esperanza

 

 

La vida es posible pese a todo hasta cuando pretendemos mantener a raya al horror, a la tristeza, a la inseguridad y a la soledad. Y así la vida, por momentos, nos parezca muy traicionera, tenemos que ingeniarnos para ser felices, pero no buscando la felicidad fuera de nosotros como si fuéramos caracoles que caminamos en busca de nuestras casas o buscáramos nuestros lentes cuando los tenemos sobre la nariz.  Más bien, hay que pintarla tercamente de un intenso y creciente color verde para desafiar a cualquier viento gélido que nos quiera morder sin clemencia nuestra alma ... esa alma que tiene ilusiones como el pájaro tiene alas ya que eso es lo que lo sostiene. 

¡Ay! Una vida sin ilusiones es estéril como un desierto. Y así las ilusiones no las podamos comer, sí que nos alimentan espiritualmente. Sin embargo, cuando las vamos perdiendo en el camino de la vida, mientras vamos madurando y no sólo envejeciendo, nos damos cuenta que necesitamos tener otras ilusiones. Será porque la esperanza es como un árbol en flor y también frondosamente verde que se balancea dulcemente al soplo de las ilusiones así éstas sean sólo ilusiones perdidas. 

Y es que algo que he aprendido es que nuestra experiencia (aquella que nunca es un fracaso porque siempre nos demuestra algo) se compone más de ilusiones perdidas que de sabiduría adquirida. ¿Y sabes por qué, querido lector? Porque saber mucho da ocasión de dudar más. Será porque la duda es la madre del descubrimiento porque para investigar la verdad es preciso dudar, así sea de todo. Quizá porque la duda es más apasionante que solamente creer ya que creer todo a pie juntillas resulta ser tan monótono como el color gris. Y es que la falta de cromatismo nos vincula al aburrimiento, apatía, falta de ambición, falta de fuerza y capacidad de lucha. Por este motivo, pinto mi vida de colores. Pues bien, la pinto con uno de mis colores favoritos, el verde, no sólo por simbolizar bienestar, felicidad y salud, sino por conectarnos con la estabilidad y la armonía, y porque lo asociamos con el renacimiento, la sanación y la protección. 

El color Verde me mira agradecido por preferirlo ahora. Y es que este color es uno de los colores que domina en la naturaleza (junto con el color azul). Cuando pienso en el color Verde Esperanza imagino no sólo montañas, valles, bosques, selvas, pinos, cedros, robles, castaños, eucaliptos, palmeras, cáctus, etc. Pienso también en ranas, saltamontes, orugas, loros, iguanas o en la boa esmeralda. Con el color Verde me invade una sensación de tranquilidad y paz. Es más, estar en contacto con las plantas y árboles nos ayuda a aliviarnos del estrés. Demás está decir que el verde predomina en numerosas hierbas aromáticas y curativas que previenen y curan enfermedades. 

Definitivamente, en este momento, el color verde me gusta mucho aunque algunos se pongan verdes de envidia al asociar este color al liderazgo, a los pensadores estratégicos, a personas independientes y tercas al basar sus decisiones en hechos, además de ser conciliadores y pacifistas. Sí, es el Verde Esperanza con el que deberíamos pintar a la humanidad entera, sobre todo, sosteniendo un trébol de cuatro hojas entre nuestras manos. ¿Y sabes por qué, querido lector? Pues, porque cada hoja representa uno de los cuatro componentes básicos de la felicidad. Y son: Amor, Fe, Suerte y nuestra querida Esperanza. 

Antes de terminar, te hago saber que a esta última me aferro porque así el mundo se acabara mañana, plantaría un árbol. ¿Y tú, querido lector? El árbol  no sólo significa vida. También es la conexión entre el cielo y la Tierra, entre lo divino y lo humano. Allí donde no entra en juego no sólo el color Verde Esperanza, sino, más bien, la Divina Esperanza o Esperanza Divina porque ésta es como un faro, p.e., en la música, al ofrecernos consuelo y fortaleza en momentos de incertidumbre. Recurro a ella porque expresa fe y optimismo al igual que mi querido Verde Esperanza.

MARiSOL


viernes, 31 de mayo de 2024

A lo hecho, pecho

 


Elisa piensa que tan descabellada no es la idea de recordar con gusto una serie de errores cometidos, a lo largo y ancho de su vida, como consecuencia de falsas decisiones tomadas en su momento. Tal vez, por un lado, ella se equivocó por temor a equivocarse en su afán de ser feliz y por el otro, cada vez que ella cometía un error le parecía descubrir una verdad desconocida. Y es que, en el fondo, querido lector, los errores poseen su propio valor. ¿Y sabes por qué? Porque el verdadero valor consiste en saber admitir lo ocurrido mientras en voz alta Elisa se dice así misma: "A lo hecho, pecho". 

¿Será cierto que los errores más pequeños son siempre los mejores? Elisa sabe que resultan más fáciles de admitirlos rápidamente. Me imagino que cuando los errores son más grandes, cuestan mucho darles la cara o enfrentarse a ellos sin vacilar y sin pestañear. Los errores, finalmente, son como las deudas compradas a crédito de tu vida, de la mía o de la de Elisa y que se encuentran registradas en gruesos cuadernos de contabilidad de tapas negras para llevar así un registro ordenado de todos ellos.

¿Más qué le dice el Destino de Elisa? ¿Qué opina ese destino  mientras baraja las cartas que nosotros jugamos? Él le aconseja a ella que no vea su vida en ruinas por más que otros le digan que la vida es un montón de insignificantes e irónica ruinas. Ni siquiera hay que dignarse a darles un recibimiento dentro de la mirada (tuya, mía o de Elisa) así un gesto de asombro cabalgue desbocado haciendo caer a los  errores, uno a uno, a nuestro paso. Tambalear no quiero ni tú tampoco, me imagino, sobre todo, al darnos cuenta que mientras más grande y extensa que todas las esperanzas sea la cadena de errores, nadie puede ser libre cuando uno se ríe de ésta.  

Si bien, querido lector, tú sabes que es común cometer errores, lo importante es corregirlos y no obstinarnos en ellos. ¿Y sabes por qué? Pues, porque la obstinación es el otro nombre de la estupidez. Y si ésta insiste mucho, peor aún. Sin embargo, Elisa no sabe qué es mejor, si reconocer a tiempo sus errores o cometerlos, como casi todo el mundo, pero sin que nadie la vea. ¿Será cierto que la verdad en un tiempo es error en otro? 

El Destino al ver a Elisa vacilar le recuerda que no sólo es la propia simplicidad del asunto lo que nos lleva a cometer errores, sino que los grandes errores son armas que acaban siempre por dispararse contra nosotros mismos. ¡Ay, a lo hecho pecho! porque si cerramos la puerta a todos los errores cometidos por nosotros, también seremos testigos que se quedará fuera la verdad, aquélla que descansa tranquilamente mientras se agitan los errores, ya sea por nuestra ligereza o ignorancia, sobre el camino de nuestras vidas. 

Por suerte, Elisa está, poco a poco, entendiendo que mientras la verdad permanece, los errores pasan con el tiempo, pero no para olvidarlos, sino para aprender de ellos porque la vida es un contínuo aprendizaje. Pues, lo que hoy son errores, mañana serán experiencias.

MARiSOL

 

sábado, 3 de noviembre de 2018

A bocajarro


Mientras una maraña de sensaciones se entrecruzaban de manera que no se pueden separar los sentimientos de los pensamientos, por más que yo quiera, una falsa petición de ayuda, vestida de excusas, llegaba de lejos cual disparo a bocajarro.
- ¡Auxilio! - gritó ella desesperada, pero su voz no sonaba humilde. (¡Lástima! porque porque cuando no hay humildad, uno termina por degradarse).
Bien, después de escucharla, yo le hice saber que su voz me sonaba como a un disparo tirado de su necia soberbia y es que cuando la soberbia nunca baja de donde sube es porque siempre cae de donde subió.
 - ¡Cállate, estúpida! - me retó alterada una vez más. ¡No sabes lo que dices! ¡Estás loca de remate! ¡Estás en la obligación de ayudarme te guste o no y bajo mis condiciones!

Mmmmm .... mientras yo sopesaba las exigencias de la petición de ayuda de manera discreta, antes de decir algo incoveniente, yo hice un par de averiguaciones ... aquéllas donde no es realmente importante escuchar lo que ella dice, sino, más bien, lo que yo pienso le guste o no.

Y aunque ciertamente mis propuestas sean, del todo,  inocuas y no conlleven ningún riesgo, yo sospecho que lo imposible he de poner en práctica aunque no quiera. Ya no me defiendo como antes, ahora callo, quizá para no hacerme más esclava no sólo de mis propias palabras, sino de las suyas, vestidas de desprecio y arrogancia. ¿Qué he de hacer ahora? Procurar que mi alma no caiga muerta al asfalto de esta dura realidad  que me toca vivir. De pie sigo y así será aunque, por momentos, dude de mi propia fortaleza. ¿Será cierto que la fortaleza crece en proporción a la carga que yo llevo sobre mis hombros? No sé, pero pienso que así es. 
¡Ay! lo único que yo sí sé, a ciencia cierta, es que mientras una limitada disposición de cambio exista de parte de la falsa petición de ayuda, sobre todo, por no hablar con la verdad (con la mentira suele ir uno más lejos, pero sin esperanzas de volver), una naturalidad impostada yo dejo ver aunque resulte patente que mi alma quede carente, de inspiración y alegría sólo por momentos .... esos momentos donde la audacia es necesaria para así poder defenderme por encima del nivel de cualquier miedo mientras desenredo esta maraña que se ha venido a instalar en mi vida cual presencia estable y no quiero porque yo deseo seguir obrando según mi libre eleccción y, sobre todo, sin ninguna coacción externa. 
¿Y sabes por qué no quiero, por ningún motivo, que ella, la falsa petición de ayuda, me siga manipulando? Pues, porque yo soy la dignidad ya que me comporto con responsabilidad, respeto y seriedad no sólo hacía mí misma, sino hacia los demás y no permito que no sólo se me mienta, sino que se me humille o degrade. 
¡Pum, pum!

MARiSOL

 

domingo, 29 de noviembre de 2015

Apariencias


Mientras las apariencias me entregan, de bienvenida, sidra en una copa de champán y me sonríen amablemente, yo me pregunto si seré capaz de ser la que no soy. En esta fiesta no sólo han regalado máscaras, a la entrada, a aquellos invitados, como yo, que no hemos venido disfrazados, puesto que todos tenemos roles a jugar. Bien, todos queremos vivir esta noche de apariencias para ocultar no sólo nuestras verdaderas identidades, sino también para olvidarnos de la verdadera realidad del mundo en la que nos toca vivir.

Entre falsedades y engaños quiero vivir esta noche aunque tú no estés de acuerdo, querido lector. Pues sí, ésta es la cara que quiero mostrar, mejor dicho, máscara, porque no encontré ningún disfraz que me gustara. Para tu información muchos invitados están súper bien disfrazados y otros pocos, como yo, tenemos máscaras puestas ya que las apariencias, como dueñas de la fiesta, las han hecho repartir entre todos los que vinimos sin disfraz (como ya te comenté).

Pues bien, entre estos invitados hay una que se niega a ponerse máscara: es la incertidumbre. Como ella nos exponía a todos a encontrarnos en una posición incómoda entre cuatro guardaespaldas la sacaron de la fiesta mientras ella gritaba amenazante:
- ¡Cobardes! disfruten esta noche, pero recuerden que vivir de apariencias no sirve de nada. Yo soy más fuerte que todos ustedes pues soy la única que puedo manejar la realidad del mundo a mi antojo.

Y mientras un alivio se hizo presente entre todos los invitados al ver que la incertidumbre ya no se encontraba entre todos nosotros, nos dejamos llevar al ritmo de la música de la orquesta contratada por las apariencias. Y es que todos queremos parecernos a lo que no somos, dejando de lado nuestras verdaderas identidades. ¡Ay! unos quieren parecerse a árabes millonarios, los otros quieren aparentar ser muy inteligentes como Einstein, otros juegan a imitar a actores de cine o a otras personalidades del mundo de la farándula, del ambiente político, filosófico, musical, literario, etc, etc... hasta algunos juegan a ser Batman o Superman. Esta fiesta brilla por sus magníficos disfraces aunque algunos se repitan.

¿Y yo qué pretendo ser esta noche? Sólo quiero aparentar ser feliz. Quizás porque me gustaría encontrar en la felicidad de los demás invitados mi propia felicidad. Las apariencias al darse cuenta de lo que yo pienso (ellas son los únicas que son capaces de leerles los pensamientos a sus invitados y saben bien quién es quién), me llevaron a una esquina y amablemente me dijeron:
- No aparentes ser feliz esta noche, sino simplemente sé feliz, porque la felicidad es mejor imaginarla que tenerla.

Al preguntarles el motivo de esta forma de pensar, las apariencias me contestaron a dúo:
- Pues, nunca podrás ser siempre completamente feliz ya que tú no estás dispuesta a mantenerte ignorante ante la verdad del mundo... aquella que es capaz de causarnos mucho dolor o impotencia. Por esta razón, nuestro deseo es que disfrutes, unas horas, de nuestra hospitalidad para que te olvides de tus preocupaciones, frustaciones o sueños rotos ante la realidad del mundo en que nos toca vivir actualmente.

Después de escuchar hablar a las apariencias, entré rápidamente al inmenso salón, con mi máscara ya puesta, donde cientos de invitados se encontraban reunidos charlando, comiendo y bailando con el mismo propósito que yo... de eclipsar (más no extinguir) por una noche no sólo nuestras propias realidades, sino de las del mundo entero.

MARiSOL





Imagen sacada de Bing

martes, 11 de agosto de 2015

La verdad desnuda

 


Allí está la verdad mostrando su desnudez en todo su esplendor. Vergüenza no tiene. Todos sabemos que ella existe porque el que la niega, conoce que la verdad existe. Y aunque parezca contradictorio lo que acá digo, la verdad ni se puede exagerar ni en ella pueden haber distintos matices. La verdad es una y punto. Antes de que la verdad saltara a la piscina, yo me sobresalté, cuando escuché como ella gritaba:
- ¡Tén esto presente: es mejor que no me ignores!
Me sorprendí porque no era a mí a quien se dirigía, sino a alguien que yo no había invitado a mi casa, mejor dicho, a mi piscina.
La mentira, habiéndose colado sin mi permiso, molesta le contestó con una pregunta:
- ¿Y si soy yo engañada sólo por tu apariencia, qué hago? 
Al escuchar la verdad lo que le había dicho la mentira, la verdad le dijo seriamente:
- Yo siempre digo la verdad para no tener que acordarme de nada mientras que tú deberías avergonzarte. ¡Sal de aquí, cuánto antes!
La mirada de la verdad traspasó el alma de la mentira. La verdad ha tenido el valor de decirle en su cara lo que ella realmente piensa. La mentira quiere entender a la verdad, pero no puede porque compromete su idelogía. Ambas son completamente diferentes. 
La verdad sabe que la mentira es una expresión que resulta contraria a lo que se sabe, se piensa o se cree. O sea, implica una falsedad.
La mentira para no tener que gritar, acercándose a la verdad, le hizo saber lo siguiente:
- Tú serás la verdad, pero yo también represento a la mentira piadosa porque aunque ésta resulte falsa, no te olvides, que tiene una intención benevolente.
- Pero esta práctica tuya no es bien vista por mí - dijo la verdad mirándola fijamente a los ojos. Desafiaba a la mentira con su mirada. Yo diría que la verdad sentía asco de la mentira mientras las observaba con  mis prismáticos desde mi dormitorio, ubicado en un segundo piso de mi casa.
La mentira sostuvo la mirada de la verdad y le hizo saber que una mentira piadosa puede evitar una herida en situaciones en las cuales las palabras vestidas de verdad no tienen un gran peso. 
"A propo" peso  al decirle la mentira a la verdad que no tiene un cuerpo bien proporcionado porque de la cintura para arriba es delgada, pero de la cintura para abajo es de caderas y piernas bien anchas, la verdad para no seguir escuchando a la mentira, se tiró a las aguas cristalinas de la piscina,  con lágrimas en los ojos.
La mentira sabe que a la verdad le hubiera gustado escuchar, en su lugar, una mentira piadosa. Hummm...  ¿será verdad que una verdad mal intencionada es peor que cualquier mentira? Lo único que sé es que la verdad aunque padezca, con lo que acaba de escuchar de boca de la mentira, no perecerá en las aguas de mi piscina. Y después de decir estas palabras, la mentira salió de mi propiedad sin mirar hacia atrás. A la verdad la dejó llorando y a mí me dejó perplejo. Después de dejar los binoculares de lado, salí corriendo escaleras abajo.

Para mí la verdad no será delgada del todo, pero bella es. Espero que ella siga mostrándose desnuda ante mí como siempre y que nunca se oculte de mis ojos, que la siguen a todas partes porque en mi soledad no sólo tengo sed de ella, sino que quiero tocar su piel con su sabor agridulce para hacerla mía no sólo ahora, sino siempre. Y para estar más cerca de ella y consolarla, me saqué la ropa. Al quedar desnudo igual que la verdad, nadé hacia ella. La verdad sin oponer resistencia a mis caricias, permitió que yo también le secara sus lágrimas con mis besos. Yo sé que si accedo a ella, a la verdad, sólo será a través del amor que siento por ella. Y ella sabe que yo no le miento. Confía en mí. Espero yo nunca serle infiel con la mentira aunque ella sea más hermosa que mi verdad. 


MARiSOL







Imagen sacada de Bing

sábado, 28 de febrero de 2015

El espejo de la verdad


Mientras el espejo me devuelve mi imagen interna (aquella que nadie puede ver, sólo yo), yo le hago saber, en un pacto sin sello ni tinta de por medio, que yo soy más que una idea. Y mientras peino mi larga cabellera, trato de darle forma a mis palabras. Esas palabras que son, al fin y al cabo, el conjunto de rasgos acústicos de mis ideas. Pero algo no está bien ...
- ¿Será que disfrazo mis pensamientos? - le pregunto al espejo.
El espejo, después de mirarme largamente, me responde:
- Podrás engañarme, si así lo deseas, pero al final, lo único que sucede es que sólo tú te engañas a ti misma.
- Quizás sólo trato de agradarte - le digo mientras me sigo peinando  mi larga cabellera.
- Yo pienso que, en lugar de sólo arreglarte el cabello delante mío, deberías aprender a arreglar tu corazón - me sugiere el espejo. Tú eres el reflejo de lo que sientes. Y tu corazón me está mirando con tristeza aunque tú le sonrías a medio mundo.
Dejo de peinarme abruptamente. Me miro. Efectivamente el espejo tiene razón. Es un dolor agudo el que empiezo a sentir. Y mientras me toco el pecho (en el lugar donde late mi corazón), una ironía color roja, como el color de mi cabello, es escupida por el espejo. 
La ironía al caer a mis pies, se para y me dice:
- Yo soy esa tristeza que llevas dentro,  esa que no puede llorar pero que sonríe. ¿Quieres que me convierta en una tristeza prolongada o prefieres que yo enferme a tu espíritu a partir de este momento? 
Ahora yo soy la que se para frente al espejo. Me doy cuenta que el espejo me está retando al cambio. Y sin decir una palabra más salgo en busca de la primera peluquería cercana. 

Al salir de la peluquería, después de haberme hecho cortar el cabello largo por uno corto, el pájaro de la tristeza, si bien sobrevoló sobre mi cabeza, no quiso hacer su nido sobre mi cabellera al ver que mis ideas se dejan ver bien claras.  Por fin, ellas ya no llevan más ninguna irónica máscara.

Ya estando en casa al mirarme en el espejo sonreí porque éste me estaba devolviendo la imagen interna que yo deseaba tener desde hacía largo tiempo. 

MARiSOL




Imagen sacada de Bing




lunes, 16 de agosto de 2010

La mariposa y la flor


Érase una vez una mariposa que iba en busca de la Verdad. Y para llegar a ella iba de flor en flor. No solamente la mariposa se deleitaba con el néctar de cada una de ellas, sino que a cada flor le hacía las preguntas fundamentales de la vida. Si bien todas le habían dado su propia respuesta, ninguna le había convencido del todo hasta que un buen día se encontró con una flor especial. 

- Me parece bien que vayas en busca de la Verdad,- dijo la flor- pero yo creo que nadie tiene la respuesta exacta para las preguntas fundamentales de la vida. Y luego de decir esto, la flor sonrió.
- ¿Por qué? - le preguntó desconcertada la mariposa.
- Porque las respuestas no son tan importantes como las preguntas - le contestó la flor mientras le regalaba su néctar y su perfume. 
- No te entiendo. Tu respuesta me desconcierta - le respondió la mariposa.
- Es muy sencillo. Cada vez que recibes una respuesta, la rechazas o aceptas. Pero, al final, se queda estática porque tu mente ha llegado a una conclusión.
- Hmmm, si pero... -la mariposa confundida agregó- ...yo creía que era bueno formular preguntas,  porque casi todos dependemos de otros para que nos ayuden con sus respuestas a resolver nuestros problemas  o a que  nos estimulen a seguir en el camino de la vida.
-  Esto está correcto. Pero no te olvides que la Verdad se encuentra más allá de cualquier respuesta. Y como tú no eres una mariposa superficial, tú me has entendido muy bien - le contestó la flor. Nuevamente sonrió.
- Me halaga que pienses eso de mí, pero acaso, ¿la vida no está llena de preguntas y respuestas?
- Es cierto. Pero me repito,- dijo la flor- más importantes son las preguntas que las respuestas, porque las respuestas que se quedan solamente  en la mente como algo teórico y no se pueden vivenciar, carecen de valor. Por este motivo me gustan más las preguntas, porque éstas hacen que la vida esté en movimiento como tú, que vas de flor en flor.
- ¿Quieres decir que para entender la Verdad debo hacer las preguntas adecuadas?- preguntó tímidamente la mariposa.
- Sí, así es - le respondió la flor. Solamente quien formula una pregunta fundamental y no solamente es capaz de seguir el curso de esa pregunta hasta su fin, sino también puede resolverla a lo largo de su vida, entonces es capaz de descubrir el sentido de la vida... de la Verdad.

Marisol

El dibujo es mío (pintado en 1999)



lunes, 22 de febrero de 2010

Una, dos y tres*

http://2.bp.blogspot.com/_v6hDwSNp3YQ/Sdn4N6pTZSI/AAAAAAAACWA/vLpgAW35ncs/s400/flowergardenweb.jpg

Maricarmen abrió los ojos. Otro día más para el calendario. Otro año más.  Hoy día no quería cuestionarse la vida buscando una verdad. La suya propia. No sólo deseaba pasar un bonito día recibiendo llamadas telefónicas, cartas electrónicas -porque las de correo ya casi ni se dan-, sino que el cuerpo y el alma  lo que más deseaban era que hubiera luz ¡y mucha! aunque fuera sólo por cinco minutos. Y es que el invierno -que había llegado cargado de mucho frío y nieve- la estaba oprimiendo... una lágrima rodó con tal fuerza del rostro de Maricarmen que al caer al suelo hizo un ruido como un estallido de cristales que despertó sin querer al sol.

Es así como el sol se levantó de un salto y rápidamente estiró su largos brazos para apartar las espesas nubes que cubrían Berlín, la ciudad de Maricarmen. Y  con todo su inmenso cariño el rey de los astros no sólo se dejó ver por un largo momento, sino que  le regaló a Maricarmen otra mirada ... una que le sonriera a la vida.

Y es así como ella se levantó decidida a vestir su cumpleaños de una hermosa primavera aunque afuera el invierno le cortara por momentos la respiración. Ya en la cocina mientras  Maricamen se preparaba el desayuno prendió la radio... empezaba una canción que le gustaba mucho. La puso a todo volumen y la empezó a cantar a todo pulmón. Sí, su cumpleaños había empezado mejor que se lo imaginó... aunque las nubes hubieran ya cerrado el paso a su querido sol, amigo benefector de millones de seres que lo necesitaban tanto o más que ella.

El sol antes de retirarse hizo un pacto con las nubes... regresaría en pocas semanas para quedarse por una larga temporada para ayudar a la primavera a parir muchas hermosas flores no sólo en parques y jardines  berlineses, sino también en el jardín de Maricarmen. 

Marisol

Inspirada en esta canción* de Antonio Carmona
escribí este corto cuento que lleva el mismo título.



Una, dos y tres, volver a empezar,
la vida va pasando y todo sigue igual,
que importa lo que pudo ser y no será,
yo sigo aqui tranquilo cantando al compás,
arriba los de siempre juegos del poder,
mentiras que ya suenan como las de ayer
y en medio de este ruido y esta tempestad,
busco una verdad.

Una, dos y tres, volver a empezar,
la vida va pasando y todo sigue igual,
a veces estás lejos otra más allá
y el tiempo va pasando y todo sigue igual,
después de subir alto y volver a caer,
después de tanta noche y tanto amanecer
y en medio de este ruido y esta tempestad....
busco una verdad.

Y el reloj
no se parará por ti,
pasa el mundo y el dolor,
sólo contigo y sin ti.
sale el sol cada mañana es abril,
no te olvides del amor,
no dejes de sonreir.

Una, dos y tres, volver a empezar,
la vida va despacio y todo pasará,
yo sigo despacito sé que llegara
y alguno ve desierto donde sólo hay mar.
Los ojos de los niños sin saber mirar,
hay demasiadas cosas para recordar,
detrás de cada noche hay un amanecer
y algo que aprender.

Con este corazón que me han dado a mí,
intento darte vida y hacerte feliz,
mi gloria es que algún día me digas que sí,
me digas que sí.

Con este corazón que te llama a ti,
me asomo a la ventana que hay en tu jardín,
que sin tu cariño que sería de mí,
que seria de mí.

Y el reloj no se parará por ti,
pasa el mundo y el dolor,
sólo contigo y sin ti.
sale el sol cada mañana es abril,
no te olvides del amor,
no dejes de sonreir.
y el reloj no se parará por ti,
pasa el mundo y el dolor,
sólo contigo y sin ti.
sale el sol cada mañana es abril,
no te olvides del amor,
no dejes de sonreir.
sale el sol cada mañana es abril,
no te olvides del amor,
no dejes de sonreir.

La imagen fué sacada de: