Dentro de la tradición cristiana, esta fecha, conmemora la entrada de
Jesucristo en Jerusalén, recibido alegremente con ramas de palma. Pero,
más allá del hecho religioso,veo una paradoja en esta escena ya que si
bien él fue aclamado por la multitud, pocos días después fue rechazado.
Esto me hace pensar en la fragilidad de la opinión colectiva, en cómo el
entusiasmo puede transformarse rápidamente en indiferencia o incluso en
rechazo.
También está la cuestión del poder ya que
la entrada de Jesús fue si un ejército que lo acompañara y sin riqueza
alguna que ostentar como para impresionar a la multitud. Esto desafía
las nociones tradicionales de autoridad. Y, por ello, te pregunto,
querido lector: ¿Es la humildad una debilidad o una forma más alta de
fuerza?
En cuanto a las ramas de palma puede
interpretarse como el deseo humano de encontrar esperanza en figuras
externas. Sin embargo, el desenlace de la historia sugiere una
invitación a mirar hacia dentro: ¿hasta qué punto proyectamos nuestras
expectativas en otros para evitar confrontar nuestras propias
contradicciones?
Finalmente, el Domingo de
Ramos plantea una reflexión sobre el tiempo y la impermanencia. La
gloria momentánea se desvanece; lo que hoy se celebra, mañana se olvida o
se cuestiona. Al final, todo es transitorio, y aferrarse a la
aprobación externa conduce inevitablemente al sufrimiento. Es así
comoeste día no sólo nos recuerda un evento religioso, sino que expone
tensiones universales: entre apariencia y verdad, entre multitud e
individuo, entre poder y humildad, entre lo efímero y lo esencial. Y,
por último agregaría: entre guerra y paz.
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Y el cuento, en cuestión, aquí se los presento:
En un pequeño pueblo rodeado de colinas, la gente se reunió desde temprano. Había un rumor en el aire, una mezcla de esperanza y curiosidad. Decían que aquel hombre hablaba de amor, de perdón y de un reino invisible que estaba por llegar. Los niños fueron los primeros en verlo, Venía montado en un sencillo burro, sin riquezas ni escoltas, con una serenidad que contrastaba con el bullicio del lugar. Algunos adultos dudaban, otros observaban en silencio, pero poco a poco todos comenzaron a acercarse.
Una niña, con manos temblorosas, extendió una rama de palma que había recogido del camino. Al verla, otros hicieron lo mismo. En cuestión de minutos, el suelo quedó cubierto de hojas verdes, como na alfombra improvisada.
-¡Hossana!- gritó alguien.
Y el grito se multiplicó, creciendo como una ola que envolvía todo. No era un clamor de guerra, sino de esperanza.
Muchos no entendían del todo quién era aquel hombre, pero algo en su mirada los hacía creer que estqaban frente a algo distinto.
Él avanzaba despacio, observando cada rostro, como si conociera cada historia de vida. Sonreía con dulzura, pero en sus ojos también había una sombra, como si supiera que aquel recibimiento no duraría para siempre.
Un anciano, apoyado en su bastón, murmuró:
-Hoy lo recibimos como rey, pero ojalá no lo olvidemos mañana.
El hombre en el burro le escuchó, pero no dijo nada. Sólo continuó su camino mientras las palmas seguían cayendo a sus pies y las voces llenaban el cielo. Y así, en medio de alegría y de un destino ya escrito, comenzó una semana que cambiaría la historia para siempre.
Mientras la noche cae de rodillas ante esta lluvia triste y pesada, siento que miro imágenes falsas. Son como proyecciones que mis ojos ven en la oscuridad. Definitivamente la realidad es más profunda y completa, compuesta no sólo de meras apariencias de las esencias donde la existencia se mueve entre el mundo sensible (físico) y el mundo inteligible (conocimiento), y nos observa atentamente.
¿Será cierto que la realidad es el mundo en su totalidad, mientras la existencia es la propiedad de pertenecer a ese mundo? Pienso que sí porque mientras un árbol, una flor, un río, etc. existe formando parte de la realidad, un personaje de novela, existe pero sólo en tu imaginación, querido lector, o en la mía.
Y mientras yo pienso en la diferencia que hay entre la realidad y la existencia, ellas me piden que guarde silencio porque ambas quieren hacerme saber que si bien hay una relación estrecha entre ellas dos y han sido siempre objeto de debate filosófico, también es cierto que algunos filósofos han explorado la naturaleza de la existencia misma mientras que otros filósofos le siguen dando más importancia a la relación entre la realidad y la percepción humana. ¡Ay! esa percepción sensitiva que muchos hemos perdido, ¿no crees, querido lector?
En esta noche lluviosa donde el verano se ha ido de vacaciones, percibo que entre las sombras de la vida hay horas en que la realidad que nos rodea desea entender mejor nuestra existencia en este mundo que no fue hecho en el tiempo, sino con el tiempo y que ha sido creado para ser recreado.
¿Será cierto que la realidad es el conjunto de todo lo que es mientras la existencia es el hecho de ser? ¿No será acaso que la existencia es una parte de la realidad mientras ésta abarca todas las existencias?
Al hacerme yo estas preguntas, la Realidad toma la palabra y me dice que ella abarca la totalidad de lo real o verdadero, incluyendo todas las entidades y fenómenos muy indepedientes de si se perciben o comprenden. Es decir, ella es aquello que acontece de manera verdadera o cierta, sea en sentido positivo como negativo, y no se mueve en el mundo de la fantasía, la imaginación o ilusión. Esto es lo que tengo que decirte mientras la percibes, querido lector, a través de tu vista, oído, olfato, tacto y gusto.
Es así como también la Existencia me hace saber que ella puede ser tangible como una montaña o intangible como una idea o pensamiento. Es más, querido lector, te has hecho la pregunta: ¿Qué sentido tiene la existencia? ¡Ay! El sentido de la vida es una búsqueda y tarea personal y trata de encontrar una trascendencia del lugar y de lo que somos, al fin y al cabo, reconociendo la permanencia y la finitud. Algo más, ella como la Existencia, es el "ser" interno aprehendido por tu conciencia, porque no sólo tiene que ver con lo que tú piensas, querido lector, o con lo que sientes o te motiva, sino también en gran medida con lo que haces.
- ¡Muy cierto! - exclamó la Realidad. Hay que tener en cuenta este famoso proverbio: "Del dicho al hecho hay mucho trecho".
- Efectivamente- dijo la Existencia. Los hechos son lo que cuentan y no las palabras porque éstas son como las hojas; cuando abundan, poco fruto hay entre ellas. Y esto es una realidad tangible, ¿no crees, querido lector?
La Realidad sonrió. Y tú, querido lector, en la realidad en la que te encuentras, te pregunto con mucho respeto: ¿Existes o vives? Porque me imagino que conoces bien la diferencia entre "existir" y "vivir". En caso no lo sepas, te hago saber que la diferencia entre ambas radica en la intensidad y propósito con que experimentas tu propia existencia. ¿Y sabes por qué? Pues, porque existir se refiere al hecho de estar vivo mientras que vivir implica, más bien, una participación activa y consciente en la vida. Es decir, mientras unos existen de manera pasiva dejándose llevar por las circunstancias o por lo que otros le digan qué hacer, están aquellas personas que tienen una actitud activa ya que asumen la responsabilidad de construir su propia vida y/o la de ayudar en todo lo que puedan a sus seres queridos o al prójimo. La realidad nos hace ver que no basta con levantar al débil, hay que saberlo sostener. Por esto mismo te pregunto, querido lector: ¿Qué estás haciendo por los demás aparte de mirarte a tu propio ombligo? Porque he de terminar haciéndote saber con la aprobación tanto de la Realidad como de la Existencia que lo que hacemos por nosotros mismos muere con nosotros pero lo que hacemos por los demás y por el mundo permanece y es inmortal ya que uno de los secretos profundos de la vida es que no sólo lo único que merece la pena hacer es lo que hacemos por los demás, sino que ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino de la felicidad de los demás como de la tuya propia, querido lector.