Había una vez un gato llamado Findus. Vivía en un departamento pequeño pero cómodo con su dueño Robert, quien lo había rescatado cuando era un pequeño gatito. Con el tiempo, Findus descubrió su comida favorita: el paté de atún. No le gustaba cualquier cosa; sólo ese delicioso manjar.
Al principio, Robert le daba paté de atún, de vez en cuando, como premio. Pero Findus empezó a pedirlo todos los días.
-¡Miau! ¡Quiero más paté de atún! - maullaba frente a la cocina.
- Findus, estás muy gordito. No puedes comer eso todos los días. Desde mañana te pondré a dieta.
La palabra "dieta" cayó sobre Findus como una nube negra.
Esa noche, mientras Robert dormía, Findus miró por la ventana y pensó: "Si aquí no hay paté de atún, me iré a buscarlo a otra parte". Luego saltó por la ventana y comenzó su aventura. Caminó por jardines, calles y tejados. En una casa intentó maullar para que lo alimentaran, pero sólo recibió un poco de comida seca. En otra casa encontró le dieron un poco de pescado crudo. Y en el mercado lo espantaron con una escoba.
Después de un día entero de aventuras, Findus cansado, sucio y hambriento, se sentó en un muro y suspiró:
- Quizá, vivir con Robert no estaba tan mal. Me gustaría que él fuera millonario para comer mi paté de atún en un hermoso plato todos los días.
Justo en ese momento cuando Findus soñaba en vivir en una mansión, escuchó una voz familiar:
-¡Findus! ¡Findus!
Era Robert que lo había estado buscando por todo el barrio. Al verlo, Findus saltó a sus brazos y empezó a ronronear. Y mientras Robert lo miraba con alivio le dijo:.
- Pequeño glotón, estaba preocupado por ti. ¡Ven, volvamos nuestro departamento!
Cuando llegaron, Robert puso un plato en el suelo, pero no le había dado paté de atún. Era, más bien, comida saludable para gatos. Findus la miró con desconfianza, pero se alegró al ver que había también una pequeña cucharada de paté de atún.
Roberto sonriendo le dijo que sólo los domingos podría comer más paté de atún y lo trataría como a un rey.
Desde ese día Findus siguió la dieta, jugó más, adelgazó un poco y cada domingo disfrutaba de su pequeño premio. Y aunque todavía soñaba con montañas de paté de atún, Findus aprendió algo importante:
"A veces, un poquito de lo que amas sabe mejor que tener demasiado todos los días".
MARiSOL
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