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domingo, 15 de febrero de 2015

El viaje de Jorge

 

Unos dicen que Jorge ya nunca más volverá, otros, que en cualquier momento regresa cuando él haya superado su dolor. Yo, la verdad, que no sé qué pensar; creo que mi amigo Jorge se ha ido muy lejos .... a ese lugar donde ni tú ni yo aún no hemos logrado llegar porque no queremos; pero ¡quién sabe! si nos esforzamos un poco podemos darle allí el encuentro. La verdad que yo no sé si realmente quiera dar este paso y mi razón me diga que la condición mía sería tener billete de ida y vuelta.  

A la larga, cada uno es dueño de su propio destino y Jorge ha decidido que no sólo el viaje que ha realizado es el último, sino que él no quiere que nadie le dé el alcance, allí donde él se encuentra, por más que su familia y amigos deseemos lo contrario.

Me pregunto si Jorge será capaz, algún día, de reconocer la tristeza que le rodea, porque si así fuera, entonces él podría ser capaz de identificar sus flaquezas y su incapacidad de razonar correctamente. Pero, ¿qué pasaría si Jorge decidió, a propósito, volverse loco para no tener que sufrir?

Pues bien, pienso que muchos de nosotros nos hemos encontrado, más de una vez, en la frontera entre la locura y cordura. Cuando entre estos dos países limítrofes podemos entrar y salir sin  ninguna dificultad, no hay problema. Pero Jorge ni puede ni quiere. ¿No será que su locura es más sublime que su propia inteligencia? Pero yo esta pregunta no se la puedo hacer no sólo porque él se encuentre muy lejos de mí, sino porque está muy ocupado en no reincorporarse a la realidad ya que él vive feliz dentro de su fantasía. Y su propósito es de quedarse en ella para siempre porque allí su esposa se encuentra ya que en el mundo real ella no está más entre nosotros. El viaje que ella hizo, hace un año atrás, es distinto al viaje que ha hecho su esposo, mejor dicho, su viudo. Creo que es mejor no forzar el regreso de Jorge a la realidad, sobre todo, cuando ésta le duele mucho.


MARiSOL







Imagen sacada de Bing


jueves, 13 de marzo de 2014

El sueño dormido


- Es en la noche que despiertan los sueños - me dice la luna a modo de saludo. Nos volvemos a ver después de mucho tiempo.
- Acaso, ¿los míos son sólo bagatelas? - le pregunto yo a  ella.
- No, ¡qué va! Mientras yo vea como tus sueños hacen malabares equilibrados sobre una cuerda tendida entre el mundo de la realidad y el de la fantasía, sabré que estás bien y que no me necesitas.
- Pero ¿y qué pasa si quiero vivir más en mi mundo de fantasía? 
- Gozar de la compañía de la fantasía es gratificante por un rato. Pero sólo por un rato, nada más - me dice seria la luna. 
- ¿Y por qué solamente por un rato? - le pregunto inquieta.
- Pues, porque no debes olvidar de tener por guía a la razón - me contesta la luna mirándome fijamente.
- ¿Quiere decir que si no me quiero reincorporar a mi realidad, estoy loca? La pregunta me sale como un disparo de mi boca.
- Sí. La respuesta de la luna es escueta pero su respuesta es la llave perfecta que logra abrir el cerrojo de mi pregunta.
- ¡Pero si vivo en un mundo de locos! - le digo agitada.
- ¡Mira! - me reta la luna.  Piensas de manera egoísta. La verdad que la locura y la cordura se encuentran muy cerca una de la otra. Se rozan, se tocan, pero no se aman. Tienen sus fronteras bien definidas. Te toca decidir en qué país quieres vivir. Tienes que definir tus normas morales, porque estar loco no es sólo un problema psiquiátrico. No te lamentes diciendo que vives en un mundo de locos. Es cierto que vives no solamente en un mundo hermoso, sino también en un mundo cruel. Por este motivo, tienes la obligación moral de colaborar con tu granito de arena para ayudar a los demás a vivir en un mundo mejor.
Mientras un pájaro, que me observa sentado en una rama de un árbol,  le da la razón a la luna, yo hago un esfuerzo por no caerme de la cuerda porque la luna me ha despertado un sueño que creía tener dormido para siempre. 

MARISOL