miércoles, 27 de noviembre de 2019

Don Simulacro y yo




- ¡Qué tarea más ilusa es cuando todo queda al descubierto y los poderosos quedan impunes mientras millones de vasallos desheredados viven clamando justicia! ¿No te parece? - le dije disgustada a Don Simulacro.
Él mirándome fijamente a los ojos me preguntó si yo me refería a esa justicia que dice ser para todos pero donde muchísimos seres humanos quedan excluidos, seguramente hasta yo misma también.
Después de asentir con la cabeza le hice saber inquieta que cuando la impotencia de unos y la tiranía de otros se dan la mano,  por fuerza mayor, entonces no hay solemnidad alguna que pueda vestir tu voz o la mía, querido lector, porque sólo quedan acusasiones y sentencias, aclaraciones y excusas mientras la supuesta justicia es, sólo al final, un silencio mortífero que barre con todo.
- Dirás con todos. Con "s" de serpiente, querida - exclamó Don Simulacro. 
- O con "s" de sacrificio - le dije un tanto molesta por su  arrogancia. O así me lo parecía.
Don Simulacro, nuevamente clavándome su mirada, me increpó seriamente diciéndome:
- ¡Tú como muchos otros son unos necios! Es una estupidez pasarse toda una vida buscando fórmulas inimaginables para reducir los efectos colaterales cuando no hay un diálogo sincero entre unos y otros! No me critiques tanto y mira dentro de ti y pregúntate qué de bueno le puedes ofrecer al mundo porque por si no lo sabes el mundo no es un espectáculo, es para tu información: ¡un campo de batalla!
Lo miré asombrada. Razón tenía y mucha.
Don Simulacro suavizando un poco su voz me dijo que todas las batallas sirven para enseñarnos algo, incluyendo también a aquéllas donde se pierde.
- ¡Donde se pierde nuestra dignidad! Mi voz estaba cargada de dolor. ¿Por qué estamos en un permanente estado de emergencia permitiendo que  nuestra dignidad quede inmovilizada?
Don Simulacro no dijo nada. Estaba pensativo.
Yo aprovechando de su silencio, exclamé:
- ¡Ay, el mundo está revuelto mientras un cruel verdugo blande su espada doloramente y sin ningún rubor! ¡Dios mío! ¡Qué asco! No tengo tentación alguna ni de besarlo o acostarme con él.
- Tampoco te lo pido - dijo secamente Don Simulacro. Lo único que te pido es que te calmes, por favor.
Pero tranquila yo no podía estar...  y es que no hay suficientes ojos para mirar tanta desgracia en derredor. ¡Cuánto infortunio, aislamiento, abandono, crueldad y pobreza existe en nuestro mundo!
Don Simulacro mientras me clavaba nuevamente su mirada penetrante me hizo saber que no sólo sus ojos también están cansados tan igual o más que los míos, sino que todo parece indicar que ideas inoculadas con muchísimo veneno mantienen atados de pies y manos a nuestros corazones, querido lector. Unas veces duran poco otras largo tiempo.
Yo me pregunto qué mecanismos, estrategias y tácticas debemos usar en nuestro entorno descontrolado vestido de baratas imitaciones de grandeza y vulgares falsificanciones de compasión.
Don Simulacro me respondió tranquilo pero seriamente:
- Quizá no debas tú ser tan injusta con los demás y sentarte, más bien,  en el banquillo de los acusados.
- ¡¿Qué?! ¡Pero si yo no le hago daño a nadie! - exclamé indignada.
La voz de Don Simulacro se hizo escuchar no sólo para que mis oídos lo entendieran, sino los tuyos también, pues, para que, allí donde tú te encuentras (lejos o cerca mío), tengamos en cuenta sus palabras:
- Lo que te voy a decir no es una crítica, es más bien, una reflexión. Me explico: Si bien yo soy esa imagen hecha a semejanza de algo o de alguien que pretende obrar el bien mas sólo finjo representando algo que no soy, yo te pregunto si tú eres sólo una imitación, falsificación o ficción de ti mismo, querido lector, como para ayudar a cambiar en algo el mundo, porque no puedes construir un mundo mejor sin mejorar no sólo a  las demás personas, sino a ti mismo también. ¿No crees?

MARiSOL


miércoles, 20 de noviembre de 2019

La Pasión y la Razón





Mientras la Pasión, ciega de rabia, esgrimía una lanza de improperios contra la Razón, esta última le hizo ver que no fuera tan procazmente vehemente y que, por favor, controlara más y mejor su vulgar vocabulario, o sea,  le pidió, en resumidas cuentas,  que se mordiera la lengua. Sin embargo, la Pasión, en tono desdeñoso, le dijo a gritos: 
- ¡Tú podrás ser el timón que conduce a los seres humanos por el mar de la vida, ese mar donde uno se detiene a pensar y a razonar, pero tú solamente sirves cuando las aguas están tranquilas!
- Pues, te equivocas - le contestó la Razón y continuó hablando - A decir verdad, me considero ser la vela que a ellos, los seres humanos, les impulsa a seguir navegando en el mar de la vida y mejor si hacen uso de mí  cuando se encuentran en aguas turbulentas. Lo que pasa que no todos los seres humanos reaccionan de la misma manera. Ideal sería que absolutamente todos hicieran uso de esa facultad que Dios les dió: la de pensar, calcular, razonar y no solamente actuar de manera ciega y descontrolada.
- ¡O sea, sin corazón! - gritó la Pasión muy enojada. Este tipo tuyo de pensamiento me perturba y no me gusta nada. ¡Me caes antipática!
Nuevamente la Pasión se equivocaba. La Razón hacía esfuerzos por no darle un bofetón a la Pasión por ser tan insolente con ella. Así que armándose de gran paciencia la Razón le dijo a la Pasión:
- ¡Cálmate! En realidad, si bien tú eres un sentimiento intenso, no por ello eres mejor que yo. Si me dieras la mano, te aseguro que juntas haríamos un buen equipo.
- ¡No te entiendo! - gruñó la Pasión. Pero si somos antagónicas, somos como caliente y frío, como blanco y negro. No podemos ser amigas, por ningún motivo.
La Razón armándose nuevamente de paciencia le dijo que ese pensamiento suyo estaba en desuso. Acaso, ¿no existe el agua tibia o el color gris? Le explicó que si ella (la pasión) actúa en solitario  y sólo se sale, y a cada rato, de sus cabales ya sea gritando, insultando o reaccionando de manera histérica, pues terminaría de hundir a su barco en la aguas profundas de la vida o, lo peor de todo, lo dejaría a la deriva.
- ¡Eres una exagerada y una estúpida! - gritó la Pasión. Acaso, ¿me tildas de loca o qué? a parte que a mí no me gusta ni el agua tibia ni el color gris. Yo no me voy con medias tintas. ¡O todo o nada! Así soy yo. ¡Apasionada hasta el tuétano, hasta la última gota de mi sangre!
La Razón, entonces, con voz enérgica exclamó:
- En primer lugar deja de gritarme e insultarme y en segundo lugar déjame decirte que deberías aprender a manejar mejor ese demonio que llevas dentro de ti pues no te conduce a buen puerto.  Tu eres ese tipo de pasión ciega, ésa que no es para nada saludable, eres venenosa para el alma de cualquier ser humano. Sin embargo, hay otro tipo de pasión, mejor que tú.
- Así, ¿a ver cuál? - le desafió la Pasión roja de la rabia. Por lo que veo no soy santa de tu devoción. Te crees la última chupada del mango, Razón de m...
Y mientras la Pasión se debatía en su mar de emociones encontradas, había otra Pasión que las había estado observando y se les acercó a las dos y tímidamente les dijo lo siguiente:
- Entrometerme no quiero, pero yo también me llamo Pasión y créeme tocaya que estás muy equivocada. La Razón tiene razón.
- A ver, ¡explícate mejor! - le retó la Pasión (la antipática o Pasión Nr. 1).
Esta otra Pasión (a quien llamaré Pasión Nr. 2) le hizo saber que normalmente la pasión está generalmente asociada a un sentimiento tan profundo que desborda la frontera del dolor físico o psicológico. Es más, le hizo saber que la palabra "pasión" deriva del Latín "Passio" que a su vez es de la familia ligada al verbo "padecer" pero que es la raíz etimológica en común con "Paciencia". También le dijo que ella la veía (a la pasión antipática o Pasión Nr. 1)  como a ese  tipo de amor que nubla la razón y domina la voluntad del individuo.
- ¡Pues sí, esa soy yo. ¿Y qué?! En todo caso yo no puedo vivir sin lujuria, deseo y erotismo - respondió enojadísima la Pasión Nr. 1 a la Pasión Nr. 2. Yo soy muy arrebatadamente caliente.
La Razón sonrió. La verdad era que quería estallar en carcajadas (la Pasión Nr. 2 igualmente). Pues bien, luego de haberse mantenido callada la Razón habló para dar por zanjada la conversación ya que ella tenía que resolver otros temas de relevante importancia:
- Me apena darme cuenta, Pasión Nr. 1 que si no te limitaras a pensar sólo de la manera que lo haces,  podría yo tener una opinión más alta de ti. La verdad que eres tan diferente de Pasión Nr. 2 a la que me alegro de conocerla y ofrecerle mi amistad desde ya porque me doy cuenta que ella sí es ese tipo de pasión bien canalizada, ese tipo de pasión que nos lleva, de todas maneras, a buen puerto. No hay cosa más bonita que sentir pasión por lo que uno hace, ya sea un pasatiempo llámese cocinar, pintar, coser, leer, escribir y un largo etcétera o un trabajo así sea uno arquitecto, médico, abogado o sea también un mecánico, electricista, chófer con su otro largo etcétera. No hay cosa más bonita que sentir predilección y cariño y sentirse entusiasmado por lo que uno hace no solamente en la vida, sino por la vida de uno mismo. 

Y luego de decir estas últimas palabras la Razón le extendió su mano a la Pasión Nr. 2 para ofrecerle su amistad  porque la pasión y la razón bien canalizadas no sólo sazonan nuestra existencia y hacen que ella sea más disfrutable, sino que porque ambas pueden ayudar a los seres humanos (a ti también querido lector) a razonar con pasión y apasionarse con razón. ¿No te parece?

MARiSOL

lunes, 18 de noviembre de 2019

El deseo de Desirée



Desirée es una mujer de más de sesenta años con alma de niña. Ha guardado su inocencia contra viento y marea. Si bien ha hecho dolorosas experiencias en su vida, que la han ayudado a ser una persona relativamente madura, en el fondo de su alma, vive en ella una niña inocente que ve, a pesar de todo, al mundo de manera benevolente y sin malicia alguna. Y sin embargo, ella muy bien sabe, por las experiencias hechas, que la realidad es otra. Y es que la realidad, por momentos, la oprime porque si bien el mundo es bueno con todos, los seres humanos no lo son. Están lejos de serlo. Lo que pasa que la bondad de ellos tiene sus límites pero, en realidad, es porque quieren. Una verdadera lástima porque el símbolo de superioridad más hermoso es justamente la bondad porque ésta es, a mi modo de ver, la única inversión que nunca quiebra. A parte que la bondad es la mejor arma que desarma a los hombres. Me explico: Y es que a Desirée no le asombra ni el ingenio, inteligencia o memoria portentosa de los seres humanos si no hay asombro de bondad en sus almas. Así lo pienso yo igualmente y sin ningún asomo de falsa hipocresía. Y es que la hipocrecía se usa más para engañarse a uno mismo que a los demás. ¿No te parece?

Pues bien, Desirée es como esa niña que destroza su juguete porque le anda buscando el alma ... el alma al sentido de la vida. Veo que esta noche Desirée me está buscando a mí. Unos me llaman Dios, otros Alá, Jehová, Zahveh, Adonai, Hashem .... ¡Qué importa!  En este momento ella deja los nombres de lado y se entrega al silencio de la noche (tan profundamente mágica e incalculablemente sorprendente como el mismo infinito universo que yo he creado) para verse mejor por dentro. Es allí donde yo le hago saber que para poder juzgar cosas grandes y nobles, es muy importante y necesario poseer un alma igualmente de grande y noble. Tarea difícil pero no imposible de cumplir.

Desirée no pone en duda mis atributos: que todo lo puedo, que todo lo abarco, que todo lo sé y que soy absolutamente bueno. Y aunque mis críticos lo nieguen, Desirée siente que me necesita para poner en orden su mundo interno, por momentos, caótico. Esta noche ella quiere hablar conmigo para que yo le dé fuerzas para que así ella pueda seguir  avanzando, creciendo, para que se esfuerce en ser mejor persona... Y es que aunque te parezca mentira, yo vivo no sólo en el corazón de Desirée, sino en el corazón tuyo también. Sólo abre tu mente para entender esta idea en toda su dimensión, querido lector.

Es cierto que el concepto teológico, filosófico y antropológico de Dios hace referencia a una suprema deidad. Y es cierto también que una deidad es un ser al que se le otorgan poderes sobrenaturales el cual es adorado por considerarlo divino, sagrado o inmortal. Es respetado o temido por sus adeptos y seguidores. Pero Desirée (de naturaleza emotiva,  de pensamiento deductivo y que se deja llevar más por la intuición que por la razón) sabe que dejándome entrar en su alma de niña, puedo ayudarla a que la mujer adulta, que ella es, se esfuerce en mantenerse fuerte y tranquila mientras trata de entender el verdadero sentido de la vida. 

Para tu información: Algo que yo le estoy enseñando a Desirée es que ella esté divinamente consciente para que se dé cuenta de una vez por todas (al igual que tú, querido lector) que en el fondo sólo son las relaciones con las personas (sin importar sus ideologías culturales, políticas y/o religiosas) lo que da verdadero sentido a la vida porque solamente el ser humano se autorrealiza en la misma medida en que él se compromete al cumplimiento del sentido de la vida. ¿Y sabes por qué? porque encontrarle un sentido a la vida requiere tener no sólo coraje, sino también valentía, además de una buena dosis de fe y confianza. No importa cuán largo o corto sea tu camino. Lo importante es que cuando uno está a la búsqueda del sentido de la vida como lo hace Desirée, es lo más elevado a lo que ella pueda llegar para estar a mi altura. Espero que tú también.


Marisol
 


Son al señor
José  Luis Guerra

Poderoso y majestuoso
Admirable y siempre digno 
(siempre digno)
Exaltado sea tu nombre
Por los siglos de los siglos

Tú pagaste por mi vida 

(por mi vida)
Te ofreciste en sacrificio (sacrificio)
Y no olvide el alma mía
Ninguno de tus beneficios

El perdona tus errores 

(dime, ¿qué más?)
Y te sana las dolencias 

(¡Ay! como no)
Te rescata de lo oscuro
Y te muestra su grandeza

Mi Señor te hace justicia (mira que sí)
Y te colma con sus bienes (te digo yo)
Te revela sus caminos
Poderoso, Rey de Reyes

El perdona tus errores, por amor
Rey de reyes
Y te sana las dolencias mi Señor
Rey de reyes

Te rescata de lo oscuro, mi Pastor
Rey de reyes
Es Poderoso y Majestuoso mi Señor
Rey de reyes

Y yo a ti te canto un son 

Pa' que me bendigas, de noche y de día
Pa' que me bendigas, de noche y de día
Pa' que me bendigas, de noche y de día
Pa' que me bendigas

El Señor me liberó y yo bailo son
Rey de reyes
Y te quita toda angustia y depresión
Rey de reyes

El te añora y te protege 

¡Oh! mi Dios
Rey de reyes
Es Poderoso y Majestuoso mi Señor
Rey de reyes

Y yo a ti te canto un son
Pa' que me bendigas, de noche y de día 

(Santo mi son)
Pa' que me bendigas
Pa' que me bendigas, de noche y de día
Pa' que me bendigas

El perdona tu errores 

(dime ¿qué más?)
y te sana las dolencias 

(¡Ay! como no)
Te rescata de lo oscuro
Y te muestra su grandeza 

Mi Señor te hace justicia 

(mira que sí)
Y te colma con sus bienes 

(te digo yo)
Te revela sus caminos
Poderoso, Rey de reyes

Y yo te canto a ti, 
y yo te canto a ti mi Buen Pastor
Rey de reyes
Tu me diste la alegría y bailo son
Rey de reyes

Te llevaste toda angustia Santo Dios
Rey de reyes
Es Poderoso y Majestuoso mi Señor
Rey de reyes

Y yo a ti te canto un son
Pa' que me bendigas, de noche y de día

 (Santo mi son)
Pa'que me bendigas
Pa' que me bendigas, de noche y de día


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martes, 5 de noviembre de 2019

La ilusión del tiempo




Mientras la felicidad y la infelicidad se peleaban entre ellas (ambas afirmaban que ellas son muy distintas la una de la otra porque son como el agua y el aceite), la ilusión del tiempo les dijo con voz enérgica, que las dos, en el fondo, son la misma cosa. Pero en cuanto la felicidad escuchó estas palabras protestó diciéndole a la ilusión del tiempo que ella era muy negativa en sus apreciaciones. Lo mismo hizo la infelicidad ya que le gritó histérica a la ilusión del tiempo que ella estaba loca de remate. Sin embargo, la ilusión del tiempo tranquilamente siguió hablando sin perder la compostura y les hizo saber que ella sólo reconoce la verdadera naturaleza de las cosas. Es más, les hizo saber también tanto a la felicidad como a la infelicidad que la negatividad es totalmente antinatural porque sólo fortalece los "egos" de los seres humanos.
Y mientras la felicidad e infelicidad se miraban entre ellas sin entender lo que la ilusión  del tiempo les trataba de hacer entender, ella les dijo que no era negativa al  hacer esta afirmación. Más bien, lo que ella más deseaba era que los seres humanos no pasen el resto de sus vidas persiguiendo sólo una ilusión. 
- ¡Explícate mejor! - gritaron fastidiadas y al unísomo la felicidad y la infelicidad. 
- ¡Miren chicas! - dijo la ilusión del tiempo - si bien es normal que los seres humanos aprecien las cosas y/o situaciones tanto bellas como también placenteras, esto no significa que hay que buscar en ellas una identidad, una realización  o un sentido de permanencia porque no lo pueden dar. Al final, los seres humanos sólo terminan frustrados y sufren por ello.
- ¡Sigo sin entenderte! -gritó contrariada la felicidad.
- ¡Yo también! - gritó aún más molesta la infelicidad.
La ilusión del tiempo les hizo saber que lo que sucede es que la mayoría de los seres humanos buscan su felicidad a través de las cosas. Se dejan influir por la industria publicitaria y por el consumismo. Si los seres humanos pensaran de otro modo, más espiritualmente, no entrarías tú, infelicidad, en acción, porque todo lo externo es pasajero, satisface de manera temporal y también, muchas veces, de manera superficial. Por este motivo, los seres humanos se frustran, como ya dije, y también se decepcionan cuando se les escapa la felicidad de las manos.
- ¡Esto a mí no me importa! - gritó la infelicidad en son de victoria. Por este motivo es que existo.  ¡Jajajaja!
- Tú a mí me degradas al hacerme saber que yo soy sólo pasajera. ¡Yo soy más importante que la infelicidad! - exclamó  la felicidad bastante mortificada.
- Pues, te equivocas - insistió la ilusión del tiempo. ¿Sabes?  Los seres humanos deben de entender que todo lo externo no sólo causa satisfacciones temporales, sino que también produce dolor porque los seres humanos se hacen dependientes de éstas. La verdad es  que la alegría o felicidad no tiene causa; ésta debe surgir desde dentro para así poder obtener la paz interior. Es más, mucha gente no se da cuenta que hagan lo que hagan, posean o logren en sus vidas, esto no significa que sean superiores o mejores que otros y ...
La felicidad harta de tanto sermón, interrumpió a la ilusión del tiempo y le preguntó si a los seres humanos les quedaba algo por lo que mereciera la pena luchar o era mejor que no intentaran nada para ser felices.
- Buena observación la tuya - le dijo la ilusión del tiempo. Sin embargo, ¿sabes? Todo lo que surge, se desvanece. Lo mejor para los seres humanos es aprender a que todo es impermanente, todo cambia: Puedo uno tener ahora mucho dinero y mañana, nada. O seguir amasando dinero, pero sentirse solitario o sufrir de una enfermedad incurable. Y así como estos dos ejemplos, hay miles más de otros que podría enumerar.
La infelicidad se quedó boquiabierta. Empezaba a entender. Tímidamente dió un ejemplo a modo de pregunta:
- ¿Puede un país entrar en guerra con otro, luego lograr la paz ansiada y después de un tiempo volver a estar en guerra sea por las mismas razones o por otras?
La ilusión asintió. Su ejemplo era correcto.
Y mientras la felicidad se esforzaba por entender a la ilusión del tiempo, preguntó si era mejor para los seres humanos aceptar su momento presente ya sea éste bueno o malo.
- ¡Así es! - le respondió sonriente la ilusión del tiempo. Aunque suene paradójico e incomprensible cuando desaparece la dependencia interna de la forma, uno puede vivir más relajado. Es decir, si el momento presente es muy lindo,  es bueno disfrutarlo a tope pero sabiendo que éste en algún momento terminará; lo mismo pasa cuando hay problemas difíciles de resolver ya que es el tiempo el que pone las cosas en su sitio. Así como todo empieza, también todo tiene un final.

Después  que terminaron de conversar la felicidad, la infelicidad y la ilusión del tiempo, yo (quien soy el momento presente y me había mantenido callado todo el tiempo para dejarlas hablar a ellas tres), les hice saber que así todo el mundo se derrumbe, no hay que desesperarse; lo importante es, aunque uno no sea feliz del todo, estar en paz con uno mismo es lo más importante y para lograr obtenerla hay que poner mucha voluntad en ello para que ésta permanezca de manera permanente dentro de uno. ¿Y sabes por qué? porque para poder ayudar a otros en la búsqueda de la paz, uno tiene que estar en paz consigo mismo dejando de lado p.e. el miedo, la angustia, la avaricia, la envidia, el odio y nuestro maldito orgullo. Pero, ¡qué difícil tarea de cumplir! ¿Verdad? Yo no sé si se deba a la falta de simetría entre mi pasado y mi futuro o si sólo es una propiedad emergente, consecuencia de la manera como evoluciona mi propio universo interno, un tanto desordenado de un tiempo a esta parte ¿Tú qué piensas, querido lector? Yo, por lo pronto, pienso que en un universo completamente desordenado como el mío y con un grado de incertidumbre, yo soy sólo una ilusión persistente, esa ilusión por la vida que nos hace soportar la proximidad de nuestra propia muerte ... esa quimera que nos recuerda que mientras existimos, no existe la muerte y cuando ésta existe, ya no existimos más. Pues bien, mientras el tiempo deja de existir y se vuelve sólo una ilusión mientras tú me lees, yo cual presente no existo del todo porque soy sólo un punto diminuto entre la ilusión y la añoranza de tu propio universo existencial.  

Es así como la felicidad e infelicidad decidieron dejar de pelear entre ellas porque se dieron cuenta que la ilusión del tiempo es un flujo que nos arrastra de un pasado definitivo hacia un futuro incierto que podemos cambiar si queremos dependiendo de la actitud que decidamos tener ante la vida aunque nos equivoquemos pensando que la verdadera vida es aquella que no llevamos.


MARiSOL 





lunes, 28 de octubre de 2019

El Otoño y yo




Nuevamente ha llegado el Otoño a regalarme su melancolía. Mas temor tengo de sucumbir en ésta porque la melancolía no sólo es una tristeza, sino es un deseo sin nada de dolor. Es como si la melancolía se pareciera a la neblina, aquélla que se parece a la lluvia pero, en realidad, no lo es. No sé si la melancolía sea una manera romántica de estar triste o si la melancolía se trata de una manera de tener no teniendo. Es como si tratara de poseer cosas pero sólo de manera temporal. No sé si me explico correctamente. Y mientras el Otoño se me queda mirando pensativo yo le hago saber que tampoco quiero que él me regale recuerdos. Indecisa estoy de aceptar este otro regalo suyo. Y es que hay recuerdos que duelen y otros que nos alegran el alma. ¿Puedo escoger?
- ¡Ay, eres una cobarde! - me dijo seriamente el Otoño. Él está dispuesto a sacudir mis ideas erróneas.
- No entiendo por qué me dices esto - le respondí desconcertada.
- Pues, porque no quieres ni un poco de mi melancolía ni tampoco de mis recuerdos. ¿Qué pretendes? ¿Ir por la vida sin Otoño?
- No, pero ... - le contesté sin poder terminar de hablar porque él me interrumpió.
- Tú sabes que en esta esta época del año los árboles pierden sus hojas y su verdor. La energía que antes se concentraba en las hojas se recoge hacia las raíces para mantenerse durante los meses fríos. Las hojas de los árboles cambian y su color verde se vuelve amarillento o rojo hasta que se secan y caen.
- Lo sé - le respondí - pero es que ...
- ¡¿Qué?! - me retó el Otoño. Aunque no me creas, querido lector, no hay odio en su mirada. Todo lo contrario. Su amor me traspasa el alma. Pero su voz firme y segura me anima a darle una respuesta valedera. Y es así que él me escucha en silencio.
- ¿Sabes? - le dije al Otoño - tú representas para mí la vejez en sentido figurado.
- Entonces, ¿me temes? - me preguntó el Otoño.
- Sí, porque me recuerdas que soy igual de frágil que una hoja cuando cae al suelo y termina secándose y arrugándose.
- Tú te sientes hoja porque quieres - me hizo saber el Otoño. Tú podrías escoger ser árbol, si así lo deseas. Pues, si aprendes a concentrar tu energía positiva en la raíces de tu alma, puedes mantenerte fuerte durante los meses fríos.
- Aunque quiera ser árbol, nunca lo seré - le respondí en un hilo de voz. Yo no viviré eternamente mientras los árboles pueden vivir cientos o miles de años como el árbol viviente más viejo del mundo, una pícea, que se cree nació hace 9 mil 950 años, durante la era glacial y se encuentra en Suecia. Si bien la parte visible del árbol tiene 600 años, su raíz ha estado viva por casi 10 mil años.
- Pienso que tú naciste no para ser hoja, sino para ser árbol, ¿sabes? Y si bien es cierto que tú no vivirás ni cientos ni miles de años en esta vida terrenal que te toca vivir, tú sí puedes ser fuerte como un árbol hasta el último mes de tu vida, si así tú lo quieres - me respondió cariñoso el Otoño. Es más, no me veas con temor porque la vejez hay que asumirla no como algo irremediable sino como el colofón de la tarea cumplida. Tienes que aprender a aceptarla y de ninguna manera de mala gana como si ésta fuera un castigo o una desgracia. No te olvides que si bien la vejez acumula limitaciones, llámese enfermedades, dolencias y hasta cierta soledad, procura que en la ramas de tu árbol sigan existiendo nuevas ilusiones, porque sólo éstas te sostienen así como los pájaros tienen alas.
Esta respuesta suya la tendré en cuenta y luego de despedirme del Otoño, seguí mi camino (ése que me lleva hacia mí mismo) mientras piso las muchas hojas caídas de mi vida. Y aunque mis pasos sean vacilantes y lentos, tomo conciencia que me estoy acercando a la meta, aquélla que me recuerda, una vez más, el sentido de la vida. Allí donde todas las estaciones del año viven en completa armonía.

MARISOL

 




martes, 8 de octubre de 2019

Mi salto cuántico



Mientras entre la Ciencia de la vida y la Consciencia de mi vida el Salto Cuántico va emitiendo radiaciones electromagnéticas,  él me hace saber que está dando saltos de alegría porque ha logrado salir del ámbito meramente científico-matemático. ¡Vaya! ¿Difícil de entender? Pues bien, se sabe que el salto cuántico no sólo es una frase que se usa para referirse a un crecimiento fuera de toda proporción con respecto a lo que anteriormente venía sucediendo, sino que alude a la constatación de que el electrón desaparece de su órbita original y reaparece instantáneamente una o varias órbitas más arriba. 

Y mientras con mucho esfuerzo trato de entenderlo, el Salto Cuántico sigue saltando de alegría porque él  ya no sólo es un fenómeno que rompe con la visión tradicional de la realidad cartesiano-newtoniana, sino que él o mejor dicho, su término, puede ser usado en la vida diaria de cada uno de nosotros. Y yo, no sé si estoy preparada para hacer uso de él como debe ser.

Mientras la Ciencia y la Consciencia están sorprendidas y tú también, querido lector, con esta revelación dada por el Salto Cuántico, él explicándose mejor nos hace saber que aunque cada persona sea distinta y también las circunstancias que la rodean, hay ciertos pasos que nosotros podemos seguir para tratar de provocar un salto cuántico (acaso, ¿cambio radical?) en nuestras vidas.
- ¿A qué te refieres? - preguntó la Ciencia. La Conciencia, por lo menos la mía, se ha quedado muda y expectante de la respuesta que pueda dar el Salto Cuántico; lo escuchamos con atención.
- Mira - dijo el salto cuántico - para que uno pueda dar un cambio radical en su vida es bueno, por ejemplo, empezar por alimentarse bien, hacer ejercicios y meditación.
- ¡Explícate mejor! - La Consciencia quería saber más para tomar conciencia sobre este punto. Y es que la consciencia es la capacidad del ser humano para percibir la realidad y reconocerse en ella mientras la conciencia es el conocimiento moral de lo que está bien o mal.
Pues bien, el Salto Cuántico nos dijo que para tener una mente clara y un cuerpo sano hay que tomar mucha agua y evitar las bebidas endulzantes. Luego, nos hizo saber que es bueno también hacer ejercicios físicos ya que tonifica los músculos y los órganos internos. También es importante practicar la  meditación para sentirnos más conscientes de nuestras emociones ya que las emociones demandan mucha energía, sobre todo, las negativas como el odio y la rabia. Pues bien, mi conciencia desea también practicar el perdón. El salto cuántico me aconsejó que empezara por perdonar lo más pequeño antes de perdonar los asuntos más graves. Lo importante es que nuestro espíritu avance hacia la unión final con el universo o acaso, ¿con Dios?

Sinceramente, el Salto Cuántico es todo un reto. Se necesita tener una mente abierta y la voluntad de aprender cosas nuevas para así poder usar el poder de nuestra mente mientras saltamos a universos alternos y visitamos otras versiones de nosotros mismos con otras habilidades, conocimientos y experiencias. Pero ¡qué difícil me resulta conocer no sólo otra versión de mí misma para alcanzar a través del salto cuántico, cual nueva técnica, sino también alcanzar cualquier objetivo que yo me trace en mi vida para poder generar así abundancia sin fin, salud y felicidad en mi vida! Definitivamente  el salto cuántico me queda muy grande. No quepo en sus zapatos. Por el momento, no. Quizá más adelante ... ¡Qué más quisiera poder dar  un “salto” hacia dimensiones paralelas, y así obtener otras habilidades, conocimientos, sabiduría e inspiración de otras versiones de mí misma!

- Si sigues ciertas técnicas de visualización y entras en un cierto nivel de conciencia, puedes sincronizar y comunicarte con cualquiera de las versiones infinitas tuyas - me dijo el salto cuántico y luego continuó diciéndome que podía traer esas posibilidades no exploradas y talentos a mi línea de tiempo actual. Es más, me hizo saber que si bien cada elección que hacemos a lo largo de nuestras vidas colapsa potenciales resultados futuros y posibilidades en una que nuestro punto de vista percibimos como nuestra línea de tiempo actual y real, sí es posible tomar habilidades de nuestros yo paralelos para modificar nuestro destino y futuro. ¡El salto cuántico es el proceso de imaginar que das un “salto” hacia dimensiones paralelas, y así obtener habilidades, conocimientos, sabiduría e inspiración de otras versiones de ti mismo. En resumen, una técnica que da origen a la inspiración, las ideas y las nuevas habilidades.

La verdad que yo por más que trato de entender al Salto Cuántico me pregunto: ¿Cómo sacar lo más inteligente de mí, lo más saludable de mí, lo más bueno de mí? No lo sé. Lo único que sé es que en dimensiones superiores podría ser muy posible que mi conciencia esté experimentando todas estas líneas de tiempo a la vez, ya que incluso en el tiempo de quinta dimensión ya no es unidireccional sino que puede ser atravesada hacia atrás o hacia adelante de la misma manera que yo me muevo a través del espacio en nuestra realidad tridimensional aunque no se descarte la posibilidad de que haya otras dimensiones del espacio.

El salto cuántico apiadándose de mi ignorancia me explicó que así como la física clásica sostiene que los objtetos no pueden existir en dos lugares al mismo tiempo y que no pueden llegar de un lugar a otro sin transitar el espacio intermedio, la física cuántica nos hace ver que las partículas pueden desaparecer y reaparecer al instante en otro lugar, que se puede estar en dos lugares a la vez. 

- ¿Será que la materia es meramente sólo una ilusión y que toda la energía del universo se anula entre sí hasta terminar en la nada y que sólo el vacío existe? - me pregunto mientras tomo conciencia que las leyes de la física cuántica no tienen sentido lógico para el intelecto, pues existen más allá de toda lógica humana.

Mientras el Salto Cuántico sigue dando saltos de alegría, ve que yo dentro de mis limitaciones intelectuales, lentamente me estoy dando cuenta que así como no podemos comprender a Dios ni tampoco el amor en el reino del intelecto, los niveles más profundos de la materia no pueden ser entendidos. ¿Y sabes por qué? pues porque, al final, la realización espiritual es la única manera de comprender la física cuántica... allí donde la ciencia y la espiritualidad finalmente se unen. Y mientras tomo conciencia que la física cuántica tiene perfecto sentido, me animo a dar tímidamente un salto cuántico en la evolución de mi propia conciencia. Espero que tú también, querido lector porque ambos formamos parte la conciencia de la humanidad.


MARiSOL






sábado, 28 de septiembre de 2019

Infinita Esperanza




Mientras las cuerdas de un violín amigo envuelve en su magia a Norma, ella trata de recuperar el tiempo de felicidad perdido aunque reconozca que nunca es tarde para sentirse subyugada ante tanta dulzura aunque ésta esté llena de cierta amargura.Y aunque Norma no logre ser capaz de reconstruir los fragmentos del tiempo ya idos y el tiempo se le escape como un suspiro entre la penumbra agridulce de sus recuerdos, ella hace suyo este momento de contemplación y soledad pues este preciso momento le hace ver que no hay nada que temer porque el temor es una pasión del ánimo, ese ánimo que la lleva a tratar de escapar de todo aquello que  ella considera arriesgado, peligroso o que simplemente le hace mucho daño porque se encuentra cual una loca sospecha de un daño futuro. ¡Ay! ese futuro inexistente pero que está viviendo de manera vigente y de manera sobresaltada dentro de su pecho desde hace cuatro años. 

Bien, las cuerdas de este violín amigo la calma, aquietando así sus miedos aunque sea por un corto instante. Y es que Norma quiere recuperar su pulso como antes, cuando ese antes no tenía un después vestido de desastibilidades y caídas de ánimo. Y mientras ellas dos la acompañan tercamente desde hace tiempo, las fibras de una gran decepción se hacen nuevamente presentes haciéndola presa de toda censura. En todo caso la censura provechosa es mejor a la alabanza traidora. ¿No crees?

Pues bien, Norma no desea ser sólo presa de pensamientos oscuros. Lamentablemente sus padres no hicieron nada para detener esa cascada de agua negativa no sólo en sus propias vidas, sino en la vida de Norma también.  Aún así, ella tiene otra forma de pensar a ellos aunque su pasado, presente y futuro estén condenados a esa extraña melancolía que no la suelta de la mano por más que ella quiera lo contrario. ¿Será que Norma terminó aceptando su destino en silencio? Yo creo que sí mientras esa cascada de agua turbia le moja el alma a Norma, ella sabe que no desea convertirse en ser algo que realmente no es. Tampoco busca la aprobación falsa o crítica destructiva de nadie. En fin, Norma sólo desea romper con los esquemas, esas ideas o conceptos que tiene desde que nació y que condicionan su comportamiento actual. Y aunque un sudor frío recorra su espalda de arriba a abajo y una sensación de mareo la atrape en sus madrugadas de insomnio, Norma está decidida a que su corazón, instrumento de muchas cuerdas, sigan haciendo vibrar todos los buenos sentimientos que aún la habitan.  

Yo, como aquel violín amigo, te hago saber, querido lector, que el corazón de Norma está dispuesto, más que nunca, a que una música humilde se despierte con ella el resto de días que le quedan vivir mientras su alma dormida ante la felicidad aprende nuevamente a vibrar como antes cuando ella sabía sentir antes de tratar comprender lo incomprensible. ¿Y sabes por qué? Pues, porque al final, Norma está aprendiendo no sólo a aceptar la decepción finita, sino también está aprendiendo a nunca perder la infinita esperanza, esa esperanza que aunque se vea siempre frustrada, la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que éstos sean, son menos horribles que su extinción. Ese concepto que resume en un solo término lo que ocurre cuando desaparecen no sólo todos los integrantes de una misma familia, sino cuando está en peligro su propia felicidad. 

Norma sabe que su violín amigo tiene mucha razón aunque la razón, al fin y al cabo, no le haya enseñado nada. Todo lo que ella sabe, gracias a las cuerdas que vibran dentro de ella, es aquella sabiduría, hecha a través de sus diversas experiencias de vida, que se le ha sido dado por el corazón, porque el que tiene buen corazón nunca será estúpido ya que sabe que la esperanza es un empréstito que se le hace a la felicidad porque ella y la esperanza son un riesgo que hay que correr ante la finitud de nuestras vidas cotidianas y ante lo infinito de nuestras almas. 

MARiSOL

jueves, 30 de mayo de 2019

La certeza y la duda





Mientras a la certeza se le considera como una posición absurda, a la duda, más bien, se le considera como una posición incómoda. En todo caso, lo que sí sé es que tanto la una como la otra no son amigas puesto que defienden ideas diametralmente opuestas. También sé que así como la certeza es íntima amiga de la fe, la duda lo es, pero de la incredulidad. Por este motivo, así como entre la certeza y la duda existe un soplo, lo mismo sucede entre la fe y la incredulidad.  

Afuera del alma de Carmen, ruge un viento huracanado. Hay una pugna de soplos iracundos y muy alterados que pugnan por derribarla. Sí, se la quieren tirar abajo con sus  gritos. Carmen ya no sabe qué más hacer para resguardarse de tanto daño moral y físico. Ella se aferra con todas sus fuerzas a todos aquellos soplos benignos y buenos de aire vestidos de certeza y de fe. Son ellos, los que luchando contra aquellos soplos huracanados, que le hacen ver a Carmen que su propia felicidad y hasta su vida están en juego.

La Certeza dándose cuenta de cómo se sentía Carmen le dijo, hace tiempo ya, a ella que mientras la verdad estuviera de su parte no había que temerle a esos vientos huracanados. En algún momento perderían fuerza. La fe, por su parte y gran amiga de la certeza, le pidió a Carmen no sólo mucha paciencia, sino que inhalara bondad su corazón y ¡nada de aspirar sentimientos envenenados! 

¡Ay! Lo que pasa es que su novio José es excesivamente celoso y desconfiado. Carmen más de una vez se preguntó si su novio realmente la quería, mejor dicho, si la amaba de verdad. No. Capacidad no tiene él para ver más allá de sus prejuicios y celos irracionales.  La verdad que Carmen se estuvo mordiendo la lengua por mucho tiempo. Siempre terminaba perdonando a José aunque se diera cuenta que su relación era muy tóxica.

Y mientras los vientos huracanados no cesaban de rugir, Carmen se aferró a todo lo bueno que la habitaba, que la definía como ser humano. Ella sabía muy bien que los prejuicios son muy dañinos porque este tipo de pensar está vinculado con la discriminación. Se sabe que los prejuicios se elaboran a partir de opiniones que surgen antes de juzgar la determinación de las evidencias. Demás está decir que un prejuicio es una crítica que se realiza sin tener los suficientes elementos previos para  fundamentarla. Y los celos de José iban por el mismo camino.

Es así como entre la certeza y la duda Carmen estuvo expuesta por mucho tiempo.  La decisión de cortar su relación de cuatro años con José la tomó una noche que regresaba de su trabajo. Pero después de pensarlo mucho y aunque ella sintiera miedo desde que él la amenazó con matarla si ella terminaba su relación con él, ella estaba decidida a dejar de ser su novia así se quedara solterona toda su vida ya que muy bonita no era.

- Por Dios, ¡ese loco la matará! - gritó la Certeza.
- Quizá no lo haga - dijo la Duda
_ Y tú, ¿querido lector qué crees qué José le hará a Carmen?
No te diré, por el momento, qué es lo que yo pienso realmente. Sin embargo, te hago saber que cuando prevalece ese sentimiento negativo que todo lo corroe, mata, tarde o temprano, a toda buena ilusión. Me dirás que soy pesimista. Pues no, soy más bien muy realista por fuerza mayor. Muchas veces, el serlo, duele y ¡tanto! sin lugar a ninguna duda, ¿verdad?

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Hoy día leí en el periódico que Carmen fue hallada muerta en un bosque ubicado a unos diez kilómetros de su pueblo. Un señor que se encontraba buscando hongos encontró su cuerpo debajo de un arbusto muy grande y frondoso, mejor dicho su perro encontró el cadáver. La policía aún no sabe quién la mató. Pero tanto tú como yo sabemos quién fue, ¿verdad? 

Pues bien, hace tres semanas José esperó a Carmen delante de su depto. Y cuando ella estaba por llegar al edificio muy tarde por la noche, ya cuando sus vecinos dormían, José la obligó a subir a su auto. Carmen no tuvo opción ninguna de resistirse porque él la había encañonado con una pistola comprada en el mercado negro. Luego cuando ella estaba sentada dentro del auto, José le puso sobre su nariz un trapo bañado en cloroformo (nada difícil de obtener porque José trabaja como anestecista en una clínica de renombre) causándole un desmayo de media hora. Cuando ella despertó, José la obligó a que bajara del auto y caminara a su lado adentrándosse en el bosque. Allí la mató. Su pistola tenía silenciador. Es así como los cuatro disparos no se escucharon. Carmen murió instantáneamente. 

José para despistar a la policía fué el mismo a denunciar la desaparición de Carmen una semana después que la matara sin piedad. También él mismo llamó a los padres de Carmen, quienes viven en otra ciudad, para preguntar si ella estaba con ellos. Luego también llamó al hospital estatal donde trabajó Carmen como enfermera. Si bien ella fue una buena enfermera, amigos no tenía, sólo tenía a José. Por este motivo, le resultó muy difícil a ella cortar su relación amorosa con él. 

Pero por más que José nos venda la imagen del novio preocupado, yo sé que él mató a la pobre de Carmen, a quien conocí hace un par de años atrás en el entierro del psicópata de mi esposo. Si bien Carmen era simpática, era bastante tímida y sumisa igual que yo. Siempre tuve la sospecha que José era igual a su padre aunque yo nunca quisiera admitirlo.  Es así como la Certeza me urge que siente prontamente una denuncia ante la policía así yo sea la madre de José.


MARiSOL





miércoles, 6 de marzo de 2019

Huellas







El Destino no estaba bromeando; hablaba en serio cuando encontró a Iris mirándose hacia adentro ... en ese lugar donde sólo él y ella pueden encontrarse a escondidas como dos buenos amantes. Después de abrazarse los dos, Iris se miró a los pies y se dijo que sus mejores huellas que ha dejado, hasta ahora, son aquellas que han dejado marcas de alegría y esperanza en el corazón de otros. 

No sé si el tuyo se dé por enterado y le dé la razón al Destino. Pero, en caso tus pisadas sean igual de reales que las huellas de tus sueños, entonces, me podrás entender, o mejor dicho, podrás descifrar, sin querer o a propósito, las huellas dejadas de tu existencia sobre el camino recorrido no sólo de tu vida, sino sobre de la de otros.

Iris se miró a los pies; se les veía agotados de haber caminado miles de kilómetros desde el mismo día que aprendió a dar sus primeros pasos. Esos pasos, primero, inseguros, y luego, que con el tiempo comenzaron a transformarse en huellas decididas y fuertes, pero también, algunas veces, débiles. Y es que cuando las fuerzas le fallaban sus huellas se veían borrosas. 

Sé también que cuando las huellas de Iris se vuelven retraídas o desconfiadas es cuando le hacen daño dejándole así huellas profundamente tristes en su corazón. Y es que a Iris no le gusta que la traten mal. Ni a ella ni a cualquiera.

Quizás éste es el momento de vernos a los pies para saber concretamente si éstos nos piden hacer un alto en el camino de nuestras vidas. Y si nos piden también mirar hacia atrás para saber con claridad el color de huellas que nosotros hemos dejado y seguimos dejando no solamente en el corazón de otros, sino en el nuestro también, hay, pues, que tomarlos en serio.

¡Cuánto camino ha recorrido Iris! Y es que la vida de ella como la de cada uno de nosotros es, en realidad, un camino, hacia nosotros mismos.  Ella nunca se da por vencida (se lo tiene prohibido). Iris prefiere cojear por su camino de vida que avanzar a grandes pasos fuera de él. Yo procuro hacer lo mismo. ¿Y tú, querido lector?



MARiSOL





domingo, 3 de febrero de 2019

"A mal tiempo, buena cara"




"Una menesterosa cotidianidad de edad imprecisa se ha puesto en guardia mientras se encuentra abstraída dentro de mis pensamientos. Darme la cara no quiere, la muy pilla. Siempre se esconde de mí mientras me amenaza. Mas cómo deseo hacer desaparecer a esas imágenes que desfilan ante mis ojos vestidas de ansiedad y desamparo y sólo, por momentos, con una breve euforia. ¡Ay! ¡Cuánta incongruencia! Abordar a la razón no puedo por más que se lo suplico. Se me extravió en el algún recodo de mi memoria. Sin querer queriéndolo, estoy bloqueada por un clavo ardiente completamente descreído, vulnerable y desconfiado pues no se deja tocar ni por tí ni por mí.  Por nadie. Es inalcanzable. Y mientras una infinita angustia quiere hacerme  trastabillar de forma tangencial para derrumbar mi equilibrio emocional (nada recomendable, por cierto) doy la cara desde mi punto de partida con  una premisa clara en el horizonte de mi vida. Gastarla no quiero, mas sí guardarla. Pues sí, porque cuando las cosas van mal o se complican lo más conveniente es enfrentarlas con la mejor actitud mientras procuro no desanimarme ni desmoralizarme aún cuando las cosas se tornan difíciles o confusas".

Sandra piensa mucho últimamente mientras camina bajo la lluvia. Hay mal tiempo y todos lo saben en la ciudad donde ella vive. En este momento Sandra sabe que es muy sabio el refrán que dice: "A mal tiempo, buena cara". Es un mensaje que nos aconseja a transformar las desdichas en situaciones favorables. Suena muy bonito que uno escuche de una voz amiga que uno puede superar todo revés o contratiempo si así uno lo desea. Sin embargo, Sandra se ha dado cuenta que, más bien,  la experiencia de vida le dice que lo que no puede curarse debe soportarse estoicamente así uno quiera o no. Y mientras Sandra desafía a la fuerte lluvia que no sólo cae en su ciudad, sino que cae también dentro de su alma, ella sabe que otro nuevo día ha empezado mientras trata de poner buena cara al mal tiempo en que se ve envuelta desde hace tiempo ... ese tiempo que cuando llega para decirme que se podría hacer un cambio de actitud, ha pasado el tiempo en que se pudo haberlo hecho y no se quiso. 


MARiSOL





 



viernes, 16 de noviembre de 2018

La mirada de Carlota



Dentro del hueco de las manos de Carlota vive una auténtica agonía. ¡Quién iba a decirlo! No hablo de ese período de transición entre la vida y la muerte; aquel que se caracteriza por la subsistencia de algunas funciones vitales como la respiratoria, circulatoria y nerviosa y por la desaparición de las funciones intelectuales. ¡No! Se trata de este otro tipo de agonía; aquella agonía insatisfecha de toda alma afligida e intranquila. La verdad que este tipo de agonía, llamado a secas, "Angustia", me intimida por tratarse de un estado afectivo que implica un cierto malestar psicológico, acompañado, que yo sepa, por cambios en nuestro cuerpo como temblores, taquicardia, sudoración excesiva o falta de aire.

¡Vaya! Después de dar un hondo suspiro la agonía de Carlota me miró; estaba temblando mientras se encontraba frente a mí. La verdad que yo ya no sé qué más decirle para calmarla. Y mientras yo escuchaba pacientemente como ella exclamaba y reclamaba lo dura que es la vida, yo tengo la fuerte convicción que si ella me hiciera caso, ella podría vivir mejor aunque su vida sea imperfecta. A la larga, la perfección, es una pulida colección de errores, ¿no crees?

Al ver que la Angustia quería salir, a toda costa, del hueco de las manos de Carlota, ella me hizo saber que ella no estaba sola. Estaba rodeada de mala compañía. El miedo, la tristeza, el nerviosismo, la irritabilidad, los dolores de cabeza, el insomnio y la ansiedad se encontraban con ella en ese pequeño espacio. La verdad que las manos de Carlota no son grandes para darle cabida a todos ellos. En cuanto las manos de Carlota empezaron a sudar, le dije a ella que las sacudiera fuertemente, que las abriera y que extendiera sus brazos hacia mí aunque yo no sea perfectamente completa. Te preguntarás quién soy yo. Me presento; soy la FE. 

Seguidamente, después de mantener a Carlota en mis brazos por un rato, le hice saber que si bien los sueños y la angustia nos unen, ella nunca debe olvidar que no se puede vivir sin fe ya que ésta es el conocimiento del significado de la vida humana. Además, yo, la fe, soy la fuerza de la vida, de la de Carlota, de la tuya, de la de todos porque si el hombre vive es porque cree en algo y aunque creas que yo, de alguna manera, te puedo engañar, no te olvides que le doy brillo a tu mirada, esa mirada que es nada menos que el lenguaje de tu corazón. Después de decir estas palabras, la mirada de Carlota me sonrió. ¿Y sabes por qué? Porque ella entendió que toda aquella persona que tenga fe, nunca está sola así la mano amiga extendida no se encuentre siempre físicamente cerca de ella.


MARiSOL







sábado, 3 de noviembre de 2018

A bocajarro


Mientras una maraña de sensaciones se entrecruzaban de manera que no se pueden separar los sentimientos de los pensamientos, por más que yo quiera, una falsa petición de ayuda, vestida de excusas, llegaba de lejos cual disparo a bocajarro.
- ¡Auxilio! - gritó ella desesperada, pero su voz no sonaba humilde. (¡Lástima! porque porque cuando no hay humildad, uno termina por degradarse).
Bien, después de escucharla, yo le hice saber que su voz me sonaba como a un disparo tirado de su necia soberbia y es que cuando la soberbia nunca baja de donde sube es porque siempre cae de donde subió.
 - ¡Cállate, estúpida! - me retó alterada una vez más. ¡No sabes lo que dices! ¡Estás loca de remate! ¡Estás en la obligación de ayudarme te guste o no y bajo mis condiciones!

Mmmmm .... mientras yo sopesaba las exigencias de la petición de ayuda de manera discreta, antes de decir algo incoveniente, yo hice un par de averiguaciones ... aquéllas donde no es realmente importante escuchar lo que ella dice, sino, más bien, lo que yo pienso le guste o no.

Y aunque ciertamente mis propuestas sean, del todo,  inocuas y no conlleven ningún riesgo, yo sospecho que lo imposible he de poner en práctica aunque no quiera. Ya no me defiendo como antes, ahora callo, quizá para no hacerme más esclava no sólo de mis propias palabras, sino de las suyas, vestidas de desprecio y arrogancia. ¿Qué he de hacer ahora? Procurar que mi alma no caiga muerta al asfalto de esta dura realidad  que me toca vivir. De pie sigo y así será aunque, por momentos, dude de mi propia fortaleza. ¿Será cierto que la fortaleza crece en proporción a la carga que yo llevo sobre mis hombros? No sé, pero pienso que así es. 
¡Ay! lo único que yo sí sé, a ciencia cierta, es que mientras una limitada disposición de cambio exista de parte de la falsa petición de ayuda, sobre todo, por no hablar con la verdad (con la mentira suele ir uno más lejos, pero sin esperanzas de volver), una naturalidad impostada yo dejo ver aunque resulte patente que mi alma quede carente, de inspiración y alegría sólo por momentos .... esos momentos donde la audacia es necesaria para así poder defenderme por encima del nivel de cualquier miedo mientras desenredo esta maraña que se ha venido a instalar en mi vida cual presencia estable y no quiero porque yo deseo seguir obrando según mi libre eleccción y, sobre todo, sin ninguna coacción externa. 
¿Y sabes por qué no quiero, por ningún motivo, que ella, la falsa petición de ayuda, me siga manipulando? Pues, porque yo soy la dignidad ya que me comporto con responsabilidad, respeto y seriedad no sólo hacía mí misma, sino hacia los demás y no permito que no sólo se me mienta, sino que se me humille o degrade. 
¡Pum, pum!

MARiSOL

 

viernes, 19 de octubre de 2018

La enfermedad de un sueño mío

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Tengo un sueño que ha enfermedado de pura pena. La verdad que la fuerza de mis palabras ya no lo reaniman para nada. Es como si mi sueño se encontrara prisionero entre muros de piedra húmedos que no pueden dejar de llorar. Y yo, por más que quiero derribarlos, no puedo. No me interesa lo que la opinión pública diga de mí o de mi sueño ... de ése que no puedo cumplir por más que así lo desee. La verdad que hay sueños que son más grandes que la propia vida que por este motivo no se pueden cumplir. Y no por ser negativa.

- ¡Ayúdame! - gritó desesperado mi sueño. ¡Sácame de acá!
Mi sueño está cabalmente consciente que a la intemperie de mi propia realidad, él tiene un precio alto por pagar. Por este motivo él desea que lo saque de este horroroso lugar parecido a una mazmorra. Esta situación se ha convertido en una verdadera pesadilla. Me pregunto si para el resto de mis días lo dejaré allí. Mi sueño me mira resignado a su suerte. Yo no puedo hacer nada por él. Lo lamento.

- ¡Siento una impotencia gigante! - le hice saber a mi querido sueño en voz alta. La verdad que soy una persona decente pero toda esta situación me ha tomado por sorpresa, de manera desprevenida y no sé a ciencia cierta como resolverla. 

- ¡No! yo creo que no hiciste nada por impedir que esta situación sucediera - me dijo mi sueño con voz temblorosa y vestida de una gran desesperación. Acaso, ¿no se apodera de ti un sentimiento de culpa porque tú ves como me voy apagando de a pocos? Me voy quedando sin luz; estoy sumido en una gran oscuridad. ¡Auxilio!

¡Dios! este agudo poder de observación no me ayuda en nada. Mi fuente de inspiración más grande: mi imaginación se ha quedado sin alas. Es como si un viento huracanado me la hubiera arrancado de mis manos y hubiera, de paso, arrojado a mi querido sueño lejos de mí. 

Y mientras escucho como mi querido sueño llora desconsoladamente, le pido encarecidamente que duerma. Sí, le pido que no despierte hasta que yo venga a sacarlo de este lugar donde él se encuentra. Sólo me queda prometerle que vendré a sacarlo, algún día, de su forzado encierro.  Espero poder cumplir mi promesa porque, muchas veces, pasa que cuando prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores, esto sí que es una gran decepción. Y es que, querido lector, aunque las decepciones nos maten, las esperanzas nos hacen vivir. Tercamente me aferro a este pensamiento para darle alas de positivismo a mi querido sueño para que confíe en mí aunque yo no sepa si yo  puedo confiar en mi promesa dada.


MARiSOL







miércoles, 19 de septiembre de 2018

A primera vista


Con un cierto respingo Elsa se detiene ante mí por inercia pero con pasmosa tranquilidad ... esa tranquilidad que le pide a ella estar alerta y abierta a la vida y a no dejarse enredar más ni en situaciones poco claras ni en todo tipo de lindeces ofensivas o humillantes. ¡Ya no más! 

De alguna manera Elsa aprende cada día algo nuevo mientras ella se acostumbra, poco a poco, a celebrar la vida a pesar de todo ... ese todo que es la suma de todo o, mejor dicho, de ese momento glorioso que  avanza sin aprehensión alguna y lentamente antes de lo previsto hacia lo imprevisto (ese hecho que no puede conocerse de manera anticipada) mientras ella aprende también a aceptar las consecuencias porque en la vida no hay premios ni castigos, sino, más bien, consecuencias, creo yo.

Veo con admiración que Elsa se está dejando llevar por ese asombro impecable que casi siempre, por suerte, tiene algo bueno que decir. Y aunque Elsa no pueda dejar de pensar en lo que fue y ahora es (quizá porque ella no tiene algo mejor que hacer), ella ha conseguido esconder ese grito contenido que, a primera vista, elevaba antes al cielo mientras ella se preguntaba de manera rabiosa: "¡Dios, ¿y quién me sostiene a mí?!"

Antes de terminar, te hago saber, querido lector, que más nada nuevo he de agregar. Prefiero, más bien, ver a Elsa avanzar lo más cerca posible a ese nivel de proximidad que le advierte que demasiado tiempo ella no tiene para encontrar esa hermosa sabiduría del alma, que por nada debe ser turbada, para adentrarse, de mejor manera,  en mi reino. Ese reino que, a primera vista, parece lejanamente utópico, pero si a nada Elsa teme ni nada ella desea de nadie, ella misma podrá adentrarse, sin dificultad alguna, en mi reino llamado Paz interior ... el signo más evidente de todos, visto, sin lugar a dudas, a primera vista desde dentro porque de nada sirve buscarla fuera. ¿No lo crees?

Elsa está aprendiendo que para adentrarse en mi reino, ella tiene que dejar de lado, por fuerza mayor, a cinco grandes enemigos de la paz: el miedo, la avaricia, la envidia, el odio y el orgullo. Y tú, querido lector, ¿estás preparado para hacerme una visita? A primera vista diría que sí o ¿me equivoco?


MARiSOL




martes, 11 de septiembre de 2018

La lámina del silencio





Mientras una lámina de silencio permanece callada, por fuerza mayor, mis deudas afectivas ponen en marcha una falsa protección. Sin embargo, resignarme no quiero porque no debo. Y aunque, finalmente, desengañada y dolida decida aceptar esta bruma densa, que cual pálpito, me ha colocado en una situación incómoda, prisa ya no tengo que contrariedades inesperadas hagan su nido en mí quitándome toda esperanza. Será que esta milagrosa palabra y, por momentos, lejana de mí, me desafía y me recalca que es en la adversidad donde puedo ser salvada de tanta preocupación. Y aunque horas de inquietud se mantengan impasibles ante tanta incertidumbre malsana, sólo me queda la opción de una falsa cortesía (esa cortesía que unas veces conquista y otras lamentablemente empalaga). Y mientras sopeso las palabras de mis propias reflexiones, no consiento más ser el muro de contención de nadie. Ya no más. Más bien, exijo respuestas coherentes mientras concentro mi atención entre mi propia cordura y dignidad. Y mientras el silencio me mira en silencio, yo procuro que mis palabras sean mejor que éste aunque, por momentos, resulte más difícil manejarlo que mis propias palabras. Quizá no sólo no deba yo romper esta lámina de silencio si no es para mejorarla, sino tampoco prestarle  a ésta demasiada atención para no brindar testimonio contra mí misma.  ¿Me hago entender? La lámina de silencio me mira largamente. Es así como decido mantenerme silenciosa hasta encontrar la paz deseada.  A por ella yo no voy porque me encuentro ya en el camino ... ese camino que me conduce hacia mí misma aunque, por momentos, sienta yo que cojeo y no logre avanzar a grandes pasos como desearía. Pero es mejor equivocarme una y mil veces a tener que tener razón siguiendo el camino de otro. ¿No crees?  

Y mientras la lámina de silencio, con sus ojos de aguas cristalinas, me sigue observando, ella y yo sabemos que el camino escogido no es fácil a seguir, pero a paso lento pero seguro voy y con ella por compañera y aliada. Ella me conmina o bien a callar o a decir algo que sea mejor que callar. Opto por ese amigo que jamás traiciona.  Callo y sigo por ese camino de reflexión forzada pero que, tarde o temprano, me llevará hacia el Nirvana. Lo otro sería sólo el camino hacia la muerte emocional e intelectual. 

Es así como el Nirvana espera por mí con su lámina de silencio mientras me hace recordar que él es el estado transcendente libre de sufrimiento donde las llamas del odio, el apego y la ignorancia se extinguen con el tiempo. Tomo conciencia que éste es el mejor camino a seguir porque el Nirvana es en realidad indescriptible y sólo éste puede conocerse desde su experiencia. Callo y sigo adelante porque mi camino no tiene ni principio ni fin. ¡Ay! El tiempo medible ha quedado en desuso. No está condicionado a nada ... esa nada que con su lámina de silencio me hace saber que hacemos de la eternidad una nada y de la nada una eternidad. Más bien callo. ¿Para siempre? Por un tiempo .... Hago una pausa. Y mientras mi lámina de silencio aprueba mi decisión, ella bien sabe que en cualquier momento de decisión lo mejor es hacer lo correcto y luego lo incorrecto porque lo peor es no hacer nada. Yo ya no hablo, sólo actúo con mi lámina de silencio como testigo, fiscal y juez.

MARiSOL