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martes, 9 de diciembre de 2014

Alma de niña

 
Mi abuela Gloria fuma no sólo expulsando el humo de sus pulmones, sino tratando de quitarse entre las volutas de humo al hombre que aún ella quiere. Pues bien, los años han pasado y mi abuela ya con sus 95 años, quien es una fumadora empedernida pero con una salud a prueba de balas (cosa rara, porque hoy en día más de uno muere de cáncer al pumón), hasta ahora ha tratado, sin éxito, de fumar sólo por placer manteniendo la mente en blanco, pero no lo consigue por más que ella quiere, porque su mente es más poderosa y la obliga a seguir recordando y esperando por su amado, a quien ella le ha perdido la pista desde hace mucho tiempo. Seguramente él ya habrá muerto, ¡quien sabe dónde y cuándo!  Y si vive, ¿dónde está? Debe tener 97 años. Mi abuelo vive y tiene la misma edad que mi abuela y no ignora la existencia de este gran amor. Ni yo tampoco.

 

Yo sé que a mi abuela Gloria nunca le desesperó esperar. Todo lo contrario, ella piensa que la espera existe sólo  en los relojes cotidianos, pero no en el corazón porque allí el tiempo no existe. El amor vive, vibra y nunca se apaga. Mi abuela esto lo sabe mejor que yo. Por más que ella se esfuerce en olvidar a su amado, él siempre regresa. Va y viene a su antojo, despierta con ella y se duerme con ella, mejor dicho, en ella. Y sin palabras me lo recuerda mientras ambas guardamos silencio mientras tomamos sol ante el porche de su casa.

 

Y mientras mi abuela fuma y se deleita en sus recuerdos, yo la acompaño con mis recuerdos aunque sin cigarrillo en mano (yo no fumo desde hace más de veinte años; la mejor decisión tomada ya que soy asmática). Me pregunto yo ¿qué espero de la vida?  (soy discreta en no mencionar mis motivos o mis secretos; perdóneme Usted, querido lector, si no lo hago partícipe de éstos). ¿Será cierto que aquella persona que siempre espera, sufre más que aquella que no lo hace? ¿No es acaso mejor no esperar nada del exterior (ni lo bueno ni lo malo), sino más bien, lo que yo espero de mí misma? Pues, algo tendrá de verdad aquel proverbio que dice Quien espera, desespera. Y yo, la verdad, que no he nacido para vivir desesperada. Todo lo contrario, defiendo a capa y espada mi tranquilidad espiritual a costa del no entedimiento de otros que esperan de mí otra actitud, quizás negativa, como la mayoría, que me queje como muchos y ande renegando de la vida. Por momentos, me gustaría fumar para expulsar como mi abuela Gloria, las ideas que, por momentos, me perturban, pero yo soy más fuerte que ella. ¿O me equivoco? Pues, porque no fumo. ¿Hago bien? Por salud, quizás, aunque mi querida abuela fuma y está más sana que yo. Le sonrío en este silencio compartido, de complicidad.

 

Los ojos de mi abuela Gloria se clavan en los míos. No sólo son hermosos, sino que reflejan su alma de niña. Quizás, por este motivo, ella sigue esperando porque el corazón, en el fondo, es un niño (en su caso, niña) que espera lo que desea aunque su deseo nunca se cumpla. Y el mío tampoco.  

 

MARiSOL  

 


Acá dejo este tango inolvidable y su letra

   


 Fumando espero
Tango 1922
Música:  Juan Viladomat

Letra: Félix Garzo

 

Fumar es un placer
genial, sensual.
Fumando espero
al hombre a quien yo quiero,
tras los cristales
de alegres ventanales.
Mientras fumo,
mi vida no consumo
porque flotando el humo
me suelo adormecer...
Tendida en la chaisse longue
soñar y amar...
Ver a mi amante
solícito y galante,
sentir sus labios
besar con besos sabios,
y el devaneo
sentir con más deseos
cuando sus ojos veo,
sedientos de pasión.
Por eso estando mi bien
es mi fumar un edén.

Dame el humo de tu boca.
Anda, que así me vuelvo loca.
Corre que quiero enloquecer
de placer,
sintiendo ese calor
del humo embriagador
que acaba por prender
la llama ardiente del amor.

Mi egipcio es especial,
qué olor, señor.
Tras la batalla
en que el amor estalla,
un cigarrillo
es siempre un descansillo
y aunque parece
que el cuerpo languidece,
tras el cigarro crece
su fuerza, su vigor.
La hora de inquietud
con él, no es cruel,
sus espirales son sueños celestiales,
y forman nubes
que así a la gloria suben
y envuelta en ella,
su chispa es una estrella
que luce, clara y bella
con rápido fulgor.
Por eso estando mi bien
es mi fumar un edén.

 

 

Imagen sacada de Bing 


lunes, 6 de septiembre de 2010

El baile de la vida




- ¿Será cierto que los gratos recuerdos son como los buenos amigos que nos visitan cuando nos sentimos solos? - Manuel se hace la pregunta en voz alta. No hay nadie a su lado. Solamente él, el mar y una noche vestida de estrellas. Manuel quiere olvidar a Susana, pero no puede. El error de haberla dejado lo perturba aún... A Manuel le gustaría tener en este momento a Susana entre sus brazos, besarla como antes... ¿Por qué será que cada vez que se siente solo piensa en Susana? Es como si la imagen de Susana le llenara el alma. Manuel se siente vacío a pesar de tener una hermosa casa, un excelente trabajo y mujeres que lo adulan.

El mar al ver a Manuel tan triste le dijo:
- No vivas solamente recordando a Susana. Te haces mucho daño. En lugar de imaginar si ella es feliz o no, ¿porqué no se lo preguntas directamente? Así te sacas la duda.
Manuel se sobresalta, pero el mar tiene razón... 

Manuel al regresar a su lujosa casa, que queda frente al mar, hace una llamada de larga distancia. Sus manos le tiemblan un poco.
- ¡Aló! - dice Susana. ¿Quién llamará tan temprano en la mañana?
- ¡Hola! Soy Manuel. Yo sé que el tiempo ha pasado, más de 10 años, pero tengo que hablar contigo.
Susana sorprendida, le pregunta:
- ¿Qué quieres de mí?
- Quiero saber si eres feliz en tu matrimonio. La voz de Manuel suena impaciente. Tiene miedo de la respuesta.
- Acaso, ¿tú sabes lo que significa la Felicidad? -le pregunta Susana.
- No -le responde Manuel.- Pero aún no has respondido a mi pregunta.
- Lo sé. Pero esta pregunta tuya no te la puedo contestar. Creo que tú esperas  demasiado no solamente de mí, sino también de la vida, Manuel. No creo que exista una felicidad perfecta ni completa. 
- ¡Ay! Pero es que te extraño - le contesta Manuel. Y quisiera saber por qué.
- Me halaga que aún me recuerdes, pero la vida sigue. Y yo no soy tu felicidad. La voz de Susana es tranquila; ella  sabe de lo que habla.  Y continúa hablando -Tal vez esa felicidad que tú buscas conmigo, solamente existe en tu imaginación.
- ¿Eso crees tú? La voz de Manuel suena un poco triste.
- Sí- le contesta Susana. He aprendido que la felicidad es como un baile, donde unos saben bailar y otros no. Lo importante es hacer del baile un bonito momento antes que la música termine de sonar. 
- Sí, creo que te entiendo  -le dice Manuel.
- Me alegro- le responde Susana. Y luego riendo le dice -Tú nunca fuiste un buen bailarín.
- Es verdad. No sé bailar. A Manuel le gustaría ser diferente.
- Entonces, toma clases de baile. Susana se ríe de nuevo.
- ¿Contigo? Manuel guarda una esperanza...
- No, Manuel. A mí me gusta bailar, pero no soy profesora de baile. Creo que te haría bien tomar unas  clases. Te ayudaría a  disfrutar más de tu presente. La respuesta de Susana es sincera.
Manuel está triste. La risa de Susana sigue siendo encantadora, pero ella se encuentra tan lejos de él. No solamente físicamente, sino también muy lejos de su mundo. Y no soportando su soledad le pregunta esta vez:
- ¿Eres feliz en este momento?
- Sí, porque nunca me imaginé que me llamarías. Lo único que te puedo ofrecer es mi amistad, si en algo te consuela. Y avísame cuando empieces a tomar clases de baile ¿ok? Quiero saberte mejor de ánimo. 
Después de despedirse, Manuel piensa que Susana tiene razón... debería abrazar por la cintura a la vida y bailar con ella con pasión como un buen tango y aceptar la amistad que le está brindado Susana.

El mar al escuchar la conversación telefónica sonrió. El sabía que el secreto para ser feliz no es tener todo lo que uno desee tener, sino es más que eso.  La felicidad es nuestra mejor riqueza si vive dentro de nosotros. Y Manuel estaba en buen camino como para llegar a ella gracias a los consejos de Susana... 

Al día siguiente Manuel buscó en la guía de teléfonos por escuelas de baile. Y escogió una que casualmente se llama "Susana's Ballroom".  Después de inscribirse, Manuel le envió un email a Susana donde le escribió solamente una línea:  
Mis clases de baile empiezan en tres días.
Susana le respondió de la misma manera:
¡Viva el baile de la vida!

Marisol