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miércoles, 29 de abril de 2026

El sueño de la Colza


En los campos donde el invierno se despide en silencio, despierta la colza, dorada y serena como un susurro de sol sobre la tierra húmeda, como un latido nuevo bajo la piel del mundo.

Sus flores, pequeñas cual llamas amarillas, encienden la pradera con promesas antiguas: prosperidad que germina en cada pétalo, abundancia que danza con el viento suave como si la tierra recordara que siempre hay suficiente luz para volver a empezar.

Es el renacimiento quien viste de oro los horizontes, el ciclo que se abre como un libro al alba, la energía que asciende desde raíces invisibles para decirnos: “todo vuelve, todo florece”.Y en su brillo existe una alegría sencilla, un optimismo que no necesita palabras, sólo el temblor luminoso de miles de flores repitiendo al cielo su canto silencioso.

En su lenguaje secreto, heredado de otras épocas, la colza habla de vida desbordante, de corazones llenos de impulso y fuego, de esa fuerza invisible que nos empuja a seguir.

Y en tierras lejanas del Japón, donde la llaman "nanohana", también celebra la llegada de la primavera como un puente entre culturas y estaciones, como una sonrisa amarilla que atraviesa el tiempo.
Así, cuando mires un campo encendido de colza, querido lector,  no veas sólo flores: mira la luz hecha raíz, la esperanza hecha color, el mundo recordando, una vez más, cómo florecer porque la esperanza no sólo es como el sol que arroja todas las sombras detrás tuyo, querido lector, sino recuerda que la esperanza es el sueño de los que están despiertos.

                    MARiSOL
 
 

sábado, 14 de marzo de 2026

Doña Venganza y Don Odio



 
En un pueblo olvidado entre altas montañas vivían dos vecinos muy peculiares: Doña Venganza y Don Odio. Nadie sabía exactamente cuándo habían llegado, pero todos sabían que cuando uno aparecía, el otro no tardaba en hacerlo también.

Doña Venganza era elegante y paciente. Siempre caminaba despacio, con una sonrisa fría, esperando el momento perfecto para “devolver” cualquier ofensa. Decía con orgullo:
—La justicia tarda, pero yo nunca olvido.

Don Odio, en cambio, era impulsivo y ruidoso. Sus pasos eran pesados y su voz fuerte. Donde él pasaba, las discusiones crecían como fuego en un campo seco.
—¡No hay que esperar! —gritaba—. ¡Hay que responder con más fuerza!
 
Un día discutieron frente a todo el pueblo.
—¡Sin mí, tú no existirías! —gritó Don Odio—. Yo enciendo el corazón de la gente.
—Puede ser —respondió con calma Doña Venganza —, pero yo soy quien hace que el fuego nunca se apague. Y luego se rió.

Mientras ellos dos discutían, las personas del pueblo comenzaron a pelearse entre ellas. Viejos amigos dejaron de hablarse, muchas familias se separaron por cualquier pequeña ofensa dejándola crecer hasta convertirla en algo enorme e imparable. Pues bien, entre la multitud había una niña que observaba todo en silencio. 
 
Cuando vio que el pueblo estaba casi destruido por las peleas, se acercó a los dos.
—Tengo una pregunta —dijo la niña con voz suave.
—¿Cuál? —preguntaron ambos.
—Si ustedes dos ganan, al final ¿quién pierde?
Doña Venganza y Don Odio se miraron y constataron que las casas estaban cerradas, los amigos estaban distanciados, y la tristeza reinaba en todas partes.
Entonces la niña respondió sola:
—Ustedes dos se han dado cuenta que perdemos todos. No hay ganadores.
Don Odio bajó la cabeza por primera vez. Doña Venganza guardó silencio. Y ese día, por primera vez en muchos años, ambos se marcharon del pueblo aunque sabían que siempre podrían regresar si alguien volvía a invitarlos a su corazón.

Querido lector, ¿cuál es la Moraleja de este cuento? Pues, cuando el odio y la venganza prometen justicia o satisfacción, al final sólo dejan destrucción. Es así que quien aprende a perdonar, es capaz de romper el círculo vicioso para terminar devolviendo la paz.

                       MARISOL 
  

sábado, 25 de julio de 2015

El fuego del amor


¿Habrá que tener miedo no de aquel fuego que se enciende rápidamente, sino de aquél que no se apaga por más que uno quiera y no pueda?  Romina sabe que Joaquín la quiere con locura, y por más, que ella lo provoque para que se desamore de ella, él persiste en seguir avivando ese fuego que lo consume por dentro, sobre todo, por sólo amarla a la distancia por distintos motivos que no puedo nombrar.

Romina, si bien no quiere jugar con fuego, la terquedad e insistencia de Joaquín la conmueven tanto que ella no puede burlarse de él. Ni puede ni quiere, ¿será porque ella sabe que la única ventaja de jugar con fuego es que uno aprende a no quemarse? 

Yo creo que Romina, más bien, con el tiempo ha llegado no sólo a entender a Joaquín aunque a ella le asalten dudas (esas nubes que habitan su cerebro, por momentos), sino a conocer, a fondo, el amor que él le profesa ... y es porque su amor hacia ella es el fuego que alimenta su propia vida (la de Joaquín). Y aunque él sea egoísta, ella no pretende arrancarle ninguna página al libro de vida de él y menos tirarlo al fuego, porque ella forma parte de esta historia de amor. 

Y aunque ellos no puedan reescribir su historia, por lo menos, queda el consuelo que la historia de cada uno de nosotros es un incesante volver a empezar. Acaso, ¿para aprender las lecciones que nos da la vida? Pues sí, pero si no las aprovechamos, el fuego del amor terminará por relatarnos la historia que hubiera podido ser y no fue. ¿Y sabes por qué? Porque, si bien la historia cuenta lo que sucedió en nuestras vidas, el fuego del amor vestido de poesía nos contará lo que debió suceder entre Joaquín y Romina, pero no sucedió por diferentes motivos.

Yo, como el fuego del amor, aconsejaría a Joaquín (y lo mismo a Romina)  que no me vean sólo  como fuego, sino también como cenizas, porque en algún momento me apagaré para vivir sólo en el aquí y ahora mientras el pasado consume sus recuerdos y ... 
- ¡Cállate! - gritó el Amor súper enojado. Deja que Joaquín siga amando a Romina, porque es lo único que él tiene para sostenerse en vida. Recuerda que ellos dos han hecho un pacto silencioso en sus sueños ante ti, ya hace tiempo, porque todo lo que todos saben de mí, es que yo soy todo lo que hay con fuego o sin él, porque no hay cosa más fuerte que el verdadero amor aunque esto signifique la renuncia a la propia comodidad personal. Y Romina sabe muy bien de lo que yo hablo. Lo mismo Joaquín.
- Tienes razón. Me disculpo ante ti y ante ellos dos - contestó avergonzado el fuego del amor para reconciliarse con el verdadero amor.

MARiSOL





Imagen sacada de Google+