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domingo, 17 de mayo de 2026

Arrogancia vs. Grandeza

                     
En un pequeño pueblo rodeado de montañas se celebraban cada año dos eventos muy esperados: la gran carrera de caballos y la tradicional parada de borricos.
La carrera reunía a los animales más veloces de la región. Los caballos lucían brillantes crines, herraduras nuevas y jinetes elegantes. Todos admiraban especialmente a Relámpago, un caballo famoso por ganar siempre. Era rápido, orgulloso y no perdía ocasión de burlarse de los demás animales.
—La vida es para los veloces —decía mientras levantaba polvo con sus patas—. Los lentos nacieron para mirar desde lejos.

Al otro lado del pueblo, los borricos preparaban su desfile. Caminaban despacio, cargando flores, panes y herramientas del campo. Entre ellos estaba Niebla, un burro gris de mirada tranquila. No era fuerte ni rápido, pero ayudaba a cualquiera que lo necesitara.
Relámpago solía reírse de él.
—¿Y tú qué haces en las fiestas? ¿Dormirte mientras avanzas?
Niebla sonreía sin molestarse.
—Cada uno tiene su paso —respondía—. Lo importante es llegar sin perder el corazón.

El día de la carrera llegó con un cielo despejado. El pueblo entero gritaba emocionado. Relámpago salió disparado desde el inicio, dejando atrás a todos. El público aplaudía mientras él disfrutaba sentirse invencible.
Pero a mitad del recorrido, el caballo vio un atajo estrecho por el bosque.
—Si tomo ese camino, ganaré aún más rápido —pensó.
Sin escuchar las advertencias de un viejo campesino, giró hacia el bosque. Al principio avanzó veloz, pero pronto el suelo se volvió lodoso. Sus patas quedaron atrapadas entre raíces y barro. Cuanto más se esforzaba, más se hundía.

Mientras tanto, la parada de borricos avanzaba lentamente por el camino principal. Niebla escuchó relinchos desesperados en el bosque y se separó del grupo.
Encontró a Relámpago agotado y cubierto de barro.
—Ayúdame —dijo el caballo, avergonzado—. No puedo salir.
Niebla no se burló. Buscó ramas firmes, llamó a otros borricos y, entre todos, tiraron con paciencia hasta liberar al caballo.
Relámpago llegó tarde a la meta. Había perdido la carrera por primera vez. Esperaba risas y humillaciones, pero el pueblo hablaba de otra cosa: del burrito que había dejado su desfile para ayudar a quien siempre lo despreciaba.

Aquella noche, Relámpago se acercó a Niebla.
—Hoy entendí algo —dijo bajando la cabeza—. La velocidad puede hacerte ganar carreras, pero solo la humildad y la bondad hacen que los demás quieran caminar contigo.
Niebla sonrió.
—Y hasta el más rápido necesita ayuda alguna vez.
Desde entonces, en el pueblo siguieron celebrándose las carreras y las paradas de borricos. Pero nunca olvidaron que el verdadero valor no se mide por quién llega primero, sino por quién es capaz de tender la mano en el camino.

Aquí te dejo para reflexionar, querido lector, la siguiente moraleja:
La arrogancia puede llevarte lejos por un momento, pero la humildad y la bondad son las que realmente te hacen grande.

                       MARiSOL
 
 

domingo, 3 de mayo de 2015

Jugando al trompo

 
¿Quién no ha jugado con el objeto que gira sobre su punta llamado trompo?  Mágico resulta el efecto giroscópico que permite que éste se mantenga sobre su punta haciendo equilibrio... como ese equilibrio que uno hace siempre sobre la vida para mantener cuerpo y espíritu en armonía. Pero ¡ay! si dejamos el equilibrio  de lado para concentrarnos en la velocidad ... sí, pues, en esa velocidad que nos puede llegar a aturdir o marear cuando sentimos que la vida pasa rápido. Y esto es lo que le pasa a Juan, un amigo de la infancia ... ahora con sesenta años se pregunta, igual que yo, en dónde quedaron girando el resto de nuestros días de vida. En el pasado, ¿verdad?

Bien, Juan no sabe cuándo fue la última vez que jugó al trompo ni yo tampoco. Hace más de treinta años ... cuando nuestro mundo consistía en quién era el mejor jugador de trompo en la escuela y en nuestro barrio. Él siempre destacó en dominar este juguete de madera como ninguno. En esa época los trompos eran de madera para que soportaran mejor los golpes. Hoy en día los hay también de materiales sintéticos como plásticos, fibra de carbono, neopreno, etc. 

Pero no quiero irme por la tangente ... Hoy día Juan siente - igual que yo - que la vida puede ser tan dura como un trompo. Entrar en detalles no quiero. Ni Juan quiere que yo hable de sus problemas ni yo quiero hablar de los míos. Lo único que te puedo hacer saber es que Juan gira, en círculos viciosos, últimamente, sobre sus dudas, errores y desilusiones. No es la primera vez. Yo trato de levantarle el ánimo, pero no siempre me resulta. Sin embargo, así como él ha caído, ha sabido, por suerte, ponerse de pie para girar, esta vez, cual trompo, alrededor de sus alegrías, que yo he tenido el gusto de compartirlas con él y su familia. Él, a su vez, también me ha ayudado a girar cual trompo alegre por la vida. Para eso están los amigos, ¿no es cierto?

Sin embargo, aunque nos llene de tristeza, algún día Juan, tú y yo nos quedaremos quietos mientras localizamos, por última vez, nuestro centro de gravedad (ese centro que se encuentra ubicado en un lugar invisible que sólo nosotros mismos podremos ver), para tomar conciencia que ni el equilibrio ni la velocidad ni la dureza del trompo nos servirá de nada cuando dejemos de girar para siempre alrededor de la vida.


MARiSOL
 
 


Imagen sacada de Bing