lunes, 28 de octubre de 2019

El Otoño y yo




Nuevamente ha llegado el Otoño a regalarme su melancolía. Mas temor tengo de sucumbir en ésta porque la melancolía no sólo es una tristeza, sino es un deseo sin nada de dolor. Es como si la melancolía se pareciera a la neblina, aquélla que se parece a la lluvia pero, en realidad, no lo es. No sé si la melancolía sea una manera romántica de estar triste o si la melancolía se trata de una manera de tener no teniendo. Es como si tratara de poseer cosas pero sólo de manera temporal. No sé si me explico correctamente. Y mientras el Otoño se me queda mirando pensativo yo le hago saber que tampoco quiero que él me regale recuerdos. Indecisa estoy de aceptar este otro regalo suyo. Y es que hay recuerdos que duelen y otros que nos alegran el alma. ¿Puedo escoger?
- ¡Ay, eres una cobarde! - me dijo seriamente el Otoño. Él está dispuesto a sacudir mis ideas erróneas.
- No entiendo por qué me dices esto - le respondí desconcertada.
- Pues, porque no quieres ni un poco de mi melancolía ni tampoco de mis recuerdos. ¿Qué pretendes? ¿Ir por la vida sin Otoño?
- No, pero ... - le contesté sin poder terminar de hablar porque él me interrumpió.
- Tú sabes que en esta esta época del año los árboles pierden sus hojas y su verdor. La energía que antes se concentraba en las hojas se recoge hacia las raíces para mantenerse durante los meses fríos. Las hojas de los árboles cambian y su color verde se vuelve amarillento o rojo hasta que se secan y caen.
- Lo sé - le respondí - pero es que ...
- ¡¿Qué?! - me retó el Otoño. Aunque no me creas, querido lector, no hay odio en su mirada. Todo lo contrario. Su amor me traspasa el alma. Pero su voz firme y segura me anima a darle una respuesta valedera. Y es así que él me escucha en silencio.
- ¿Sabes? - le dije al Otoño - tú representas para mí la vejez en sentido figurado.
- Entonces, ¿me temes? - me preguntó el Otoño.
- Sí, porque me recuerdas que soy igual de frágil que una hoja cuando cae al suelo y termina secándose y arrugándose.
- Tú te sientes hoja porque quieres - me hizo saber el Otoño. Tú podrías escoger ser árbol, si así lo deseas. Pues, si aprendes a concentrar tu energía positiva en la raíces de tu alma, puedes mantenerte fuerte durante los meses fríos.
- Aunque quiera ser árbol, nunca lo seré - le respondí en un hilo de voz. Yo no viviré eternamente mientras los árboles pueden vivir cientos o miles de años como el árbol viviente más viejo del mundo, una pícea, que se cree nació hace 9 mil 950 años, durante la era glacial y se encuentra en Suecia. Si bien la parte visible del árbol tiene 600 años, su raíz ha estado viva por casi 10 mil años.
- Pienso que tú naciste no para ser hoja, sino para ser árbol, ¿sabes? Y si bien es cierto que tú no vivirás ni cientos ni miles de años en esta vida terrenal que te toca vivir, tú sí puedes ser fuerte como un árbol hasta el último mes de tu vida, si así tú lo quieres - me respondió cariñoso el Otoño. Es más, no me veas con temor porque la vejez hay que asumirla no como algo irremediable sino como el colofón de la tarea cumplida. Tienes que aprender a aceptarla y de ninguna manera de mala gana como si ésta fuera un castigo o una desgracia. No te olvides que si bien la vejez acumula limitaciones, llámese enfermedades, dolencias y hasta cierta soledad, procura que en la ramas de tu árbol sigan existiendo nuevas ilusiones, porque sólo éstas te sostienen así como los pájaros tienen alas.
Esta respuesta suya la tendré en cuenta y luego de despedirme del Otoño, seguí mi camino (ése que me lleva hacia mí mismo) mientras piso las muchas hojas caídas de mi vida. Y aunque mis pasos sean vacilantes y lentos, tomo conciencia que me estoy acercando a la meta, aquélla que me recuerda, una vez más, el sentido de la vida. Allí donde todas las estaciones del año viven en completa armonía.

MARISOL

 




martes, 8 de octubre de 2019

Mi salto cuántico



Mientras entre la Ciencia de la vida y la Consciencia de mi vida el Salto Cuántico va emitiendo radiaciones electromagnéticas,  él me hace saber que está dando saltos de alegría porque ha logrado salir del ámbito meramente científico-matemático. ¡Vaya! ¿Difícil de entender? Pues bien, se sabe que el salto cuántico no sólo es una frase que se usa para referirse a un crecimiento fuera de toda proporción con respecto a lo que anteriormente venía sucediendo, sino que alude a la constatación de que el electrón desaparece de su órbita original y reaparece instantáneamente una o varias órbitas más arriba. 

Y mientras con mucho esfuerzo trato de entenderlo, el Salto Cuántico sigue saltando de alegría porque él  ya no sólo es un fenómeno que rompe con la visión tradicional de la realidad cartesiano-newtoniana, sino que él o mejor dicho, su término, puede ser usado en la vida diaria de cada uno de nosotros. Y yo, no sé si estoy preparada para hacer uso de él como debe ser.

Mientras la Ciencia y la Consciencia están sorprendidas y tú también, querido lector, con esta revelación dada por el Salto Cuántico, él explicándose mejor nos hace saber que aunque cada persona sea distinta y también las circunstancias que la rodean, hay ciertos pasos que nosotros podemos seguir para tratar de provocar un salto cuántico (acaso, ¿cambio radical?) en nuestras vidas.
- ¿A qué te refieres? - preguntó la Ciencia. La Conciencia, por lo menos la mía, se ha quedado muda y expectante de la respuesta que pueda dar el Salto Cuántico; lo escuchamos con atención.
- Mira - dijo el salto cuántico - para que uno pueda dar un cambio radical en su vida es bueno, por ejemplo, empezar por alimentarse bien, hacer ejercicios y meditación.
- ¡Explícate mejor! - La Consciencia quería saber más para tomar conciencia sobre este punto. Y es que la consciencia es la capacidad del ser humano para percibir la realidad y reconocerse en ella mientras la conciencia es el conocimiento moral de lo que está bien o mal.
Pues bien, el Salto Cuántico nos dijo que para tener una mente clara y un cuerpo sano hay que tomar mucha agua y evitar las bebidas endulzantes. Luego, nos hizo saber que es bueno también hacer ejercicios físicos ya que tonifica los músculos y los órganos internos. También es importante practicar la  meditación para sentirnos más conscientes de nuestras emociones ya que las emociones demandan mucha energía, sobre todo, las negativas como el odio y la rabia. Pues bien, mi conciencia desea también practicar el perdón. El salto cuántico me aconsejó que empezara por perdonar lo más pequeño antes de perdonar los asuntos más graves. Lo importante es que nuestro espíritu avance hacia la unión final con el universo o acaso, ¿con Dios?

Sinceramente, el Salto Cuántico es todo un reto. Se necesita tener una mente abierta y la voluntad de aprender cosas nuevas para así poder usar el poder de nuestra mente mientras saltamos a universos alternos y visitamos otras versiones de nosotros mismos con otras habilidades, conocimientos y experiencias. Pero ¡qué difícil me resulta conocer no sólo otra versión de mí misma para alcanzar a través del salto cuántico, cual nueva técnica, sino también alcanzar cualquier objetivo que yo me trace en mi vida para poder generar así abundancia sin fin, salud y felicidad en mi vida! Definitivamente  el salto cuántico me queda muy grande. No quepo en sus zapatos. Por el momento, no. Quizá más adelante ... ¡Qué más quisiera poder dar  un “salto” hacia dimensiones paralelas, y así obtener otras habilidades, conocimientos, sabiduría e inspiración de otras versiones de mí misma!

- Si sigues ciertas técnicas de visualización y entras en un cierto nivel de conciencia, puedes sincronizar y comunicarte con cualquiera de las versiones infinitas tuyas - me dijo el salto cuántico y luego continuó diciéndome que podía traer esas posibilidades no exploradas y talentos a mi línea de tiempo actual. Es más, me hizo saber que si bien cada elección que hacemos a lo largo de nuestras vidas colapsa potenciales resultados futuros y posibilidades en una que nuestro punto de vista percibimos como nuestra línea de tiempo actual y real, sí es posible tomar habilidades de nuestros yo paralelos para modificar nuestro destino y futuro. ¡El salto cuántico es el proceso de imaginar que das un “salto” hacia dimensiones paralelas, y así obtener habilidades, conocimientos, sabiduría e inspiración de otras versiones de ti mismo. En resumen, una técnica que da origen a la inspiración, las ideas y las nuevas habilidades.

La verdad que yo por más que trato de entender al Salto Cuántico me pregunto: ¿Cómo sacar lo más inteligente de mí, lo más saludable de mí, lo más bueno de mí? No lo sé. Lo único que sé es que en dimensiones superiores podría ser muy posible que mi conciencia esté experimentando todas estas líneas de tiempo a la vez, ya que incluso en el tiempo de quinta dimensión ya no es unidireccional sino que puede ser atravesada hacia atrás o hacia adelante de la misma manera que yo me muevo a través del espacio en nuestra realidad tridimensional aunque no se descarte la posibilidad de que haya otras dimensiones del espacio.

El salto cuántico apiadándose de mi ignorancia me explicó que así como la física clásica sostiene que los objtetos no pueden existir en dos lugares al mismo tiempo y que no pueden llegar de un lugar a otro sin transitar el espacio intermedio, la física cuántica nos hace ver que las partículas pueden desaparecer y reaparecer al instante en otro lugar, que se puede estar en dos lugares a la vez. 

- ¿Será que la materia es meramente sólo una ilusión y que toda la energía del universo se anula entre sí hasta terminar en la nada y que sólo el vacío existe? - me pregunto mientras tomo conciencia que las leyes de la física cuántica no tienen sentido lógico para el intelecto, pues existen más allá de toda lógica humana.

Mientras el Salto Cuántico sigue dando saltos de alegría, ve que yo dentro de mis limitaciones intelectuales, lentamente me estoy dando cuenta que así como no podemos comprender a Dios ni tampoco el amor en el reino del intelecto, los niveles más profundos de la materia no pueden ser entendidos. ¿Y sabes por qué? pues porque, al final, la realización espiritual es la única manera de comprender la física cuántica... allí donde la ciencia y la espiritualidad finalmente se unen. Y mientras tomo conciencia que la física cuántica tiene perfecto sentido, me animo a dar tímidamente un salto cuántico en la evolución de mi propia conciencia. Espero que tú también, querido lector porque ambos formamos parte la conciencia de la humanidad.


MARiSOL






sábado, 28 de septiembre de 2019

Infinita Esperanza




Mientras las cuerdas de un violín amigo envuelve en su magia a Norma, ella trata de recuperar el tiempo de felicidad perdido aunque reconozca que nunca es tarde para sentirse subyugada ante tanta dulzura aunque ésta esté llena de cierta amargura.Y aunque Norma no logre ser capaz de reconstruir los fragmentos del tiempo ya idos y el tiempo se le escape como un suspiro entre la penumbra agridulce de sus recuerdos, ella hace suyo este momento de contemplación y soledad pues este preciso momento le hace ver que no hay nada que temer porque el temor es una pasión del ánimo, ese ánimo que la lleva a tratar de escapar de todo aquello que  ella considera arriesgado, peligroso o que simplemente le hace mucho daño porque se encuentra cual una loca sospecha de un daño futuro. ¡Ay! ese futuro inexistente pero que está viviendo de manera vigente y de manera sobresaltada dentro de su pecho desde hace cuatro años. 

Bien, las cuerdas de este violín amigo la calma, aquietando así sus miedos aunque sea por un corto instante. Y es que Norma quiere recuperar su pulso como antes, cuando ese antes no tenía un después vestido de desastibilidades y caídas de ánimo. Y mientras ellas dos la acompañan tercamente desde hace tiempo, las fibras de una gran decepción se hacen nuevamente presentes haciéndola presa de toda censura. En todo caso la censura provechosa es mejor a la alabanza traidora. ¿No crees?

Pues bien, Norma no desea ser sólo presa de pensamientos oscuros. Lamentablemente sus padres no hicieron nada para detener esa cascada de agua negativa no sólo en sus propias vidas, sino en la vida de Norma también.  Aún así, ella tiene otra forma de pensar a ellos aunque su pasado, presente y futuro estén condenados a esa extraña melancolía que no la suelta de la mano por más que ella quiera lo contrario. ¿Será que Norma terminó aceptando su destino en silencio? Yo creo que sí mientras esa cascada de agua turbia le moja el alma a Norma, ella sabe que no desea convertirse en ser algo que realmente no es. Tampoco busca la aprobación falsa o crítica destructiva de nadie. En fin, Norma sólo desea romper con los esquemas, esas ideas o conceptos que tiene desde que nació y que condicionan su comportamiento actual. Y aunque un sudor frío recorra su espalda de arriba a abajo y una sensación de mareo la atrape en sus madrugadas de insomnio, Norma está decidida a que su corazón, instrumento de muchas cuerdas, sigan haciendo vibrar todos los buenos sentimientos que aún la habitan.  

Yo, como aquel violín amigo, te hago saber, querido lector, que el corazón de Norma está dispuesto, más que nunca, a que una música humilde se despierte con ella el resto de días que le quedan vivir mientras su alma dormida ante la felicidad aprende nuevamente a vibrar como antes cuando ella sabía sentir antes de tratar comprender lo incomprensible. ¿Y sabes por qué? Pues, porque al final, Norma está aprendiendo no sólo a aceptar la decepción finita, sino también está aprendiendo a nunca perder la infinita esperanza, esa esperanza que aunque se vea siempre frustrada, la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que éstos sean, son menos horribles que su extinción. Ese concepto que resume en un solo término lo que ocurre cuando desaparecen no sólo todos los integrantes de una misma familia, sino cuando está en peligro su propia felicidad. 

Norma sabe que su violín amigo tiene mucha razón aunque la razón, al fin y al cabo, no le haya enseñado nada. Todo lo que ella sabe, gracias a las cuerdas que vibran dentro de ella, es aquella sabiduría, hecha a través de sus diversas experiencias de vida, que se le ha sido dado por el corazón, porque el que tiene buen corazón nunca será estúpido ya que sabe que la esperanza es un empréstito que se le hace a la felicidad porque ella y la esperanza son un riesgo que hay que correr ante la finitud de nuestras vidas cotidianas y ante lo infinito de nuestras almas. 

MARiSOL

jueves, 30 de mayo de 2019

La certeza y la duda





Mientras a la certeza se le considera como una posición absurda, a la duda, más bien, se le considera como una posición incómoda. En todo caso, lo que sí sé es que tanto la una como la otra no son amigas puesto que defienden ideas diametralmente opuestas. También sé que así como la certeza es íntima amiga de la fe, la duda lo es, pero de la incredulidad. Por este motivo, así como entre la certeza y la duda existe un soplo, lo mismo sucede entre la fe y la incredulidad.  

Afuera del alma de Carmen, ruge un viento huracanado. Hay una pugna de soplos iracundos y muy alterados que pugnan por derribarla. Sí, se la quieren tirar abajo con sus  gritos. Carmen ya no sabe qué más hacer para resguardarse de tanto daño moral y físico. Ella se aferra con todas sus fuerzas a todos aquellos soplos benignos y buenos de aire vestidos de certeza y de fe. Son ellos, los que luchando contra aquellos soplos huracanados, que le hacen ver a Carmen que su propia felicidad y hasta su vida están en juego.

La Certeza dándose cuenta de cómo se sentía Carmen le dijo, hace tiempo ya, a ella que mientras la verdad estuviera de su parte no había que temerle a esos vientos huracanados. En algún momento perderían fuerza. La fe, por su parte y gran amiga de la certeza, le pidió a Carmen no sólo mucha paciencia, sino que inhalara bondad su corazón y ¡nada de aspirar sentimientos envenenados! 

¡Ay! Lo que pasa es que su novio José es excesivamente celoso y desconfiado. Carmen más de una vez se preguntó si su novio realmente la quería, mejor dicho, si la amaba de verdad. No. Capacidad no tiene él para ver más allá de sus prejuicios y celos irracionales.  La verdad que Carmen se estuvo mordiendo la lengua por mucho tiempo. Siempre terminaba perdonando a José aunque se diera cuenta que su relación era muy tóxica.

Y mientras los vientos huracanados no cesaban de rugir, Carmen se aferró a todo lo bueno que la habitaba, que la definía como ser humano. Ella sabía muy bien que los prejuicios son muy dañinos porque este tipo de pensar está vinculado con la discriminación. Se sabe que los prejuicios se elaboran a partir de opiniones que surgen antes de juzgar la determinación de las evidencias. Demás está decir que un prejuicio es una crítica que se realiza sin tener los suficientes elementos previos para  fundamentarla. Y los celos de José iban por el mismo camino.

Es así como entre la certeza y la duda Carmen estuvo expuesta por mucho tiempo.  La decisión de cortar su relación de cuatro años con José la tomó una noche que regresaba de su trabajo. Pero después de pensarlo mucho y aunque ella sintiera miedo desde que él la amenazó con matarla si ella terminaba su relación con él, ella estaba decidida a dejar de ser su novia así se quedara solterona toda su vida ya que muy bonita no era.

- Por Dios, ¡ese loco la matará! - gritó la Certeza.
- Quizá no lo haga - dijo la Duda
_ Y tú, ¿querido lector qué crees qué José le hará a Carmen?
No te diré, por el momento, qué es lo que yo pienso realmente. Sin embargo, te hago saber que cuando prevalece ese sentimiento negativo que todo lo corroe, mata, tarde o temprano, a toda buena ilusión. Me dirás que soy pesimista. Pues no, soy más bien muy realista por fuerza mayor. Muchas veces, el serlo, duele y ¡tanto! sin lugar a ninguna duda, ¿verdad?

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Hoy día leí en el periódico que Carmen fue hallada muerta en un bosque ubicado a unos diez kilómetros de su pueblo. Un señor que se encontraba buscando hongos encontró su cuerpo debajo de un arbusto muy grande y frondoso, mejor dicho su perro encontró el cadáver. La policía aún no sabe quién la mató. Pero tanto tú como yo sabemos quién fue, ¿verdad? 

Pues bien, hace tres semanas José esperó a Carmen delante de su depto. Y cuando ella estaba por llegar al edificio muy tarde por la noche, ya cuando sus vecinos dormían, José la obligó a subir a su auto. Carmen no tuvo opción ninguna de resistirse porque él la había encañonado con una pistola comprada en el mercado negro. Luego cuando ella estaba sentada dentro del auto, José le puso sobre su nariz un trapo bañado en cloroformo (nada difícil de obtener porque José trabaja como anestecista en una clínica de renombre) causándole un desmayo de media hora. Cuando ella despertó, José la obligó a que bajara del auto y caminara a su lado adentrándosse en el bosque. Allí la mató. Su pistola tenía silenciador. Es así como los cuatro disparos no se escucharon. Carmen murió instantáneamente. 

José para despistar a la policía fué el mismo a denunciar la desaparición de Carmen una semana después que la matara sin piedad. También él mismo llamó a los padres de Carmen, quienes viven en otra ciudad, para preguntar si ella estaba con ellos. Luego también llamó al hospital estatal donde trabajó Carmen como enfermera. Si bien ella fue una buena enfermera, amigos no tenía, sólo tenía a José. Por este motivo, le resultó muy difícil a ella cortar su relación amorosa con él. 

Pero por más que José nos venda la imagen del novio preocupado, yo sé que él mató a la pobre de Carmen, a quien conocí hace un par de años atrás en el entierro del psicópata de mi esposo. Si bien Carmen era simpática, era bastante tímida y sumisa igual que yo. Siempre tuve la sospecha que José era igual a su padre aunque yo nunca quisiera admitirlo.  Es así como la Certeza me urge que siente prontamente una denuncia ante la policía así yo sea la madre de José.


MARiSOL





miércoles, 6 de marzo de 2019

Huellas







El Destino no estaba bromeando; hablaba en serio cuando encontró a Iris mirándose hacia adentro ... en ese lugar donde sólo él y ella pueden encontrarse a escondidas como dos buenos amantes. Después de abrazarse los dos, Iris se miró a los pies y se dijo que sus mejores huellas que ha dejado, hasta ahora, son aquellas que han dejado marcas de alegría y esperanza en el corazón de otros. 

No sé si el tuyo se dé por enterado y le dé la razón al Destino. Pero, en caso tus pisadas sean igual de reales que las huellas de tus sueños, entonces, me podrás entender, o mejor dicho, podrás descifrar, sin querer o a propósito, las huellas dejadas de tu existencia sobre el camino recorrido no sólo de tu vida, sino sobre de la de otros.

Iris se miró a los pies; se les veía agotados de haber caminado miles de kilómetros desde el mismo día que aprendió a dar sus primeros pasos. Esos pasos, primero, inseguros, y luego, que con el tiempo comenzaron a transformarse en huellas decididas y fuertes, pero también, algunas veces, débiles. Y es que cuando las fuerzas le fallaban sus huellas se veían borrosas. 

Sé también que cuando las huellas de Iris se vuelven retraídas o desconfiadas es cuando le hacen daño dejándole así huellas profundamente tristes en su corazón. Y es que a Iris no le gusta que la traten mal. Ni a ella ni a cualquiera.

Quizás éste es el momento de vernos a los pies para saber concretamente si éstos nos piden hacer un alto en el camino de nuestras vidas. Y si nos piden también mirar hacia atrás para saber con claridad el color de huellas que nosotros hemos dejado y seguimos dejando no solamente en el corazón de otros, sino en el nuestro también, hay, pues, que tomarlos en serio.

¡Cuánto camino ha recorrido Iris! Y es que la vida de ella como la de cada uno de nosotros es, en realidad, un camino, hacia nosotros mismos.  Ella nunca se da por vencida (se lo tiene prohibido). Iris prefiere cojear por su camino de vida que avanzar a grandes pasos fuera de él. Yo procuro hacer lo mismo. ¿Y tú, querido lector?



MARiSOL





domingo, 3 de febrero de 2019

"A mal tiempo, buena cara"




"Una menesterosa cotidianidad de edad imprecisa se ha puesto en guardia mientras se encuentra abstraída dentro de mis pensamientos. Darme la cara no quiere, la muy pilla. Siempre se esconde de mí mientras me amenaza. Mas cómo deseo hacer desaparecer a esas imágenes que desfilan ante mis ojos vestidas de ansiedad y desamparo y sólo, por momentos, con una breve euforia. ¡Ay! ¡Cuánta incongruencia! Abordar a la razón no puedo por más que se lo suplico. Se me extravió en el algún recodo de mi memoria. Sin querer queriéndolo, estoy bloqueada por un clavo ardiente completamente descreído, vulnerable y desconfiado pues no se deja tocar ni por tí ni por mí.  Por nadie. Es inalcanzable. Y mientras una infinita angustia quiere hacerme  trastabillar de forma tangencial para derrumbar mi equilibrio emocional (nada recomendable, por cierto) doy la cara desde mi punto de partida con  una premisa clara en el horizonte de mi vida. Gastarla no quiero, mas sí guardarla. Pues sí, porque cuando las cosas van mal o se complican lo más conveniente es enfrentarlas con la mejor actitud mientras procuro no desanimarme ni desmoralizarme aún cuando las cosas se tornan difíciles o confusas".

Sandra piensa mucho últimamente mientras camina bajo la lluvia. Hay mal tiempo y todos lo saben en la ciudad donde ella vive. En este momento Sandra sabe que es muy sabio el refrán que dice: "A mal tiempo, buena cara". Es un mensaje que nos aconseja a transformar las desdichas en situaciones favorables. Suena muy bonito que uno escuche de una voz amiga que uno puede superar todo revés o contratiempo si así uno lo desea. Sin embargo, Sandra se ha dado cuenta que, más bien,  la experiencia de vida le dice que lo que no puede curarse debe soportarse estoicamente así uno quiera o no. Y mientras Sandra desafía a la fuerte lluvia que no sólo cae en su ciudad, sino que cae también dentro de su alma, ella sabe que otro nuevo día ha empezado mientras trata de poner buena cara al mal tiempo en que se ve envuelta desde hace tiempo ... ese tiempo que cuando llega para decirme que se podría hacer un cambio de actitud, ha pasado el tiempo en que se pudo haberlo hecho y no se quiso. 


MARiSOL





 



viernes, 16 de noviembre de 2018

La mirada de Carlota



Dentro del hueco de las manos de Carlota vive una auténtica agonía. ¡Quién iba a decirlo! No hablo de ese período de transición entre la vida y la muerte; aquel que se caracteriza por la subsistencia de algunas funciones vitales como la respiratoria, circulatoria y nerviosa y por la desaparición de las funciones intelectuales. ¡No! Se trata de este otro tipo de agonía; aquella agonía insatisfecha de toda alma afligida e intranquila. La verdad que este tipo de agonía, llamado a secas, "Angustia", me intimida por tratarse de un estado afectivo que implica un cierto malestar psicológico, acompañado, que yo sepa, por cambios en nuestro cuerpo como temblores, taquicardia, sudoración excesiva o falta de aire.

¡Vaya! Después de dar un hondo suspiro la agonía de Carlota me miró; estaba temblando mientras se encontraba frente a mí. La verdad que yo ya no sé qué más decirle para calmarla. Y mientras yo escuchaba pacientemente como ella exclamaba y reclamaba lo dura que es la vida, yo tengo la fuerte convicción que si ella me hiciera caso, ella podría vivir mejor aunque su vida sea imperfecta. A la larga, la perfección, es una pulida colección de errores, ¿no crees?

Al ver que la Angustia quería salir, a toda costa, del hueco de las manos de Carlota, ella me hizo saber que ella no estaba sola. Estaba rodeada de mala compañía. El miedo, la tristeza, el nerviosismo, la irritabilidad, los dolores de cabeza, el insomnio y la ansiedad se encontraban con ella en ese pequeño espacio. La verdad que las manos de Carlota no son grandes para darle cabida a todos ellos. En cuanto las manos de Carlota empezaron a sudar, le dije a ella que las sacudiera fuertemente, que las abriera y que extendiera sus brazos hacia mí aunque yo no sea perfectamente completa. Te preguntarás quién soy yo. Me presento; soy la FE. 

Seguidamente, después de mantener a Carlota en mis brazos por un rato, le hice saber que si bien los sueños y la angustia nos unen, ella nunca debe olvidar que no se puede vivir sin fe ya que ésta es el conocimiento del significado de la vida humana. Además, yo, la fe, soy la fuerza de la vida, de la de Carlota, de la tuya, de la de todos porque si el hombre vive es porque cree en algo y aunque creas que yo, de alguna manera, te puedo engañar, no te olvides que le doy brillo a tu mirada, esa mirada que es nada menos que el lenguaje de tu corazón. Después de decir estas palabras, la mirada de Carlota me sonrió. ¿Y sabes por qué? Porque ella entendió que toda aquella persona que tenga fe, nunca está sola así la mano amiga extendida no se encuentre siempre físicamente cerca de ella.


MARiSOL







sábado, 3 de noviembre de 2018

A bocajarro


Mientras una maraña de sensaciones se entrecruzaban de manera que no se pueden separar los sentimientos de los pensamientos, por más que yo quiera, una falsa petición de ayuda, vestida de excusas, llegaba de lejos cual disparo a bocajarro.
- ¡Auxilio! - gritó ella desesperada, pero su voz no sonaba humilde. (¡Lástima! porque porque cuando no hay humildad, uno termina por degradarse).
Bien, después de escucharla, yo le hice saber que su voz me sonaba como a un disparo tirado de su necia soberbia y es que cuando la soberbia nunca baja de donde sube es porque siempre cae de donde subió.
 - ¡Cállate, estúpida! - me retó alterada una vez más. ¡No sabes lo que dices! ¡Estás loca de remate! ¡Estás en la obligación de ayudarme te guste o no y bajo mis condiciones!

Mmmmm .... mientras yo sopesaba las exigencias de la petición de ayuda de manera discreta, antes de decir algo incoveniente, yo hice un par de averiguaciones ... aquéllas donde no es realmente importante escuchar lo que ella dice, sino, más bien, lo que yo pienso le guste o no.

Y aunque ciertamente mis propuestas sean, del todo,  inocuas y no conlleven ningún riesgo, yo sospecho que lo imposible he de poner en práctica aunque no quiera. Ya no me defiendo como antes, ahora callo, quizá para no hacerme más esclava no sólo de mis propias palabras, sino de las suyas, vestidas de desprecio y arrogancia. ¿Qué he de hacer ahora? Procurar que mi alma no caiga muerta al asfalto de esta dura realidad  que me toca vivir. De pie sigo y así será aunque, por momentos, dude de mi propia fortaleza. ¿Será cierto que la fortaleza crece en proporción a la carga que yo llevo sobre mis hombros? No sé, pero pienso que así es. 
¡Ay! lo único que yo sí sé, a ciencia cierta, es que mientras una limitada disposición de cambio exista de parte de la falsa petición de ayuda, sobre todo, por no hablar con la verdad (con la mentira suele ir uno más lejos, pero sin esperanzas de volver), una naturalidad impostada yo dejo ver aunque resulte patente que mi alma quede carente, de inspiración y alegría sólo por momentos .... esos momentos donde la audacia es necesaria para así poder defenderme por encima del nivel de cualquier miedo mientras desenredo esta maraña que se ha venido a instalar en mi vida cual presencia estable y no quiero porque yo deseo seguir obrando según mi libre eleccción y, sobre todo, sin ninguna coacción externa. 
¿Y sabes por qué no quiero, por ningún motivo, que ella, la falsa petición de ayuda, me siga manipulando? Pues, porque yo soy la dignidad ya que me comporto con responsabilidad, respeto y seriedad no sólo hacía mí misma, sino hacia los demás y no permito que no sólo se me mienta, sino que se me humille o degrade. 
¡Pum, pum!

MARiSOL

 

viernes, 19 de octubre de 2018

La enfermedad de un sueño mío

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Tengo un sueño que ha enfermedado de pura pena. La verdad que la fuerza de mis palabras ya no lo reaniman para nada. Es como si mi sueño se encontrara prisionero entre muros de piedra húmedos que no pueden dejar de llorar. Y yo, por más que quiero derribarlos, no puedo. No me interesa lo que la opinión pública diga de mí o de mi sueño ... de ése que no puedo cumplir por más que así lo desee. La verdad que hay sueños que son más grandes que la propia vida que por este motivo no se pueden cumplir. Y no por ser negativa.

- ¡Ayúdame! - gritó desesperado mi sueño. ¡Sácame de acá!
Mi sueño está cabalmente consciente que a la intemperie de mi propia realidad, él tiene un precio alto por pagar. Por este motivo él desea que lo saque de este horroroso lugar parecido a una mazmorra. Esta situación se ha convertido en una verdadera pesadilla. Me pregunto si para el resto de mis días lo dejaré allí. Mi sueño me mira resignado a su suerte. Yo no puedo hacer nada por él. Lo lamento.

- ¡Siento una impotencia gigante! - le hice saber a mi querido sueño en voz alta. La verdad que soy una persona decente pero toda esta situación me ha tomado por sorpresa, de manera desprevenida y no sé a ciencia cierta como resolverla. 

- ¡No! yo creo que no hiciste nada por impedir que esta situación sucediera - me dijo mi sueño con voz temblorosa y vestida de una gran desesperación. Acaso, ¿no se apodera de ti un sentimiento de culpa porque tú ves como me voy apagando de a pocos? Me voy quedando sin luz; estoy sumido en una gran oscuridad. ¡Auxilio!

¡Dios! este agudo poder de observación no me ayuda en nada. Mi fuente de inspiración más grande: mi imaginación se ha quedado sin alas. Es como si un viento huracanado me la hubiera arrancado de mis manos y hubiera, de paso, arrojado a mi querido sueño lejos de mí. 

Y mientras escucho como mi querido sueño llora desconsoladamente, le pido encarecidamente que duerma. Sí, le pido que no despierte hasta que yo venga a sacarlo de este lugar donde él se encuentra. Sólo me queda prometerle que vendré a sacarlo, algún día, de su forzado encierro.  Espero poder cumplir mi promesa porque, muchas veces, pasa que cuando prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores, esto sí que es una gran decepción. Y es que, querido lector, aunque las decepciones nos maten, las esperanzas nos hacen vivir. Tercamente me aferro a este pensamiento para darle alas de positivismo a mi querido sueño para que confíe en mí aunque yo no sepa si yo  puedo confiar en mi promesa dada.


MARiSOL







miércoles, 19 de septiembre de 2018

A primera vista


Con un cierto respingo Elsa se detiene ante mí por inercia pero con pasmosa tranquilidad ... esa tranquilidad que le pide a ella estar alerta y abierta a la vida y a no dejarse enredar más ni en situaciones poco claras ni en todo tipo de lindeces ofensivas o humillantes. ¡Ya no más! 

De alguna manera Elsa aprende cada día algo nuevo mientras ella se acostumbra, poco a poco, a celebrar la vida a pesar de todo ... ese todo que es la suma de todo o, mejor dicho, de ese momento glorioso que  avanza sin aprehensión alguna y lentamente antes de lo previsto hacia lo imprevisto (ese hecho que no puede conocerse de manera anticipada) mientras ella aprende también a aceptar las consecuencias porque en la vida no hay premios ni castigos, sino, más bien, consecuencias, creo yo.

Veo con admiración que Elsa se está dejando llevar por ese asombro impecable que casi siempre, por suerte, tiene algo bueno que decir. Y aunque Elsa no pueda dejar de pensar en lo que fue y ahora es (quizá porque ella no tiene algo mejor que hacer), ella ha conseguido esconder ese grito contenido que, a primera vista, elevaba antes al cielo mientras ella se preguntaba de manera rabiosa: "¡Dios, ¿y quién me sostiene a mí?!"

Antes de terminar, te hago saber, querido lector, que más nada nuevo he de agregar. Prefiero, más bien, ver a Elsa avanzar lo más cerca posible a ese nivel de proximidad que le advierte que demasiado tiempo ella no tiene para encontrar esa hermosa sabiduría del alma, que por nada debe ser turbada, para adentrarse, de mejor manera,  en mi reino. Ese reino que, a primera vista, parece lejanamente utópico, pero si a nada Elsa teme ni nada ella desea de nadie, ella misma podrá adentrarse, sin dificultad alguna, en mi reino llamado Paz interior ... el signo más evidente de todos, visto, sin lugar a dudas, a primera vista desde dentro porque de nada sirve buscarla fuera. ¿No lo crees?

Elsa está aprendiendo que para adentrarse en mi reino, ella tiene que dejar de lado, por fuerza mayor, a cinco grandes enemigos de la paz: el miedo, la avaricia, la envidia, el odio y el orgullo. Y tú, querido lector, ¿estás preparado para hacerme una visita? A primera vista diría que sí o ¿me equivoco?


MARiSOL




martes, 11 de septiembre de 2018

La lámina del silencio





Mientras una lámina de silencio permanece callada, por fuerza mayor, mis deudas afectivas ponen en marcha una falsa protección. Sin embargo, resignarme no quiero porque no debo. Y aunque, finalmente, desengañada y dolida decida aceptar esta bruma densa, que cual pálpito, me ha colocado en una situación incómoda, prisa ya no tengo que contrariedades inesperadas hagan su nido en mí quitándome toda esperanza. Será que esta milagrosa palabra y, por momentos, lejana de mí, me desafía y me recalca que es en la adversidad donde puedo ser salvada de tanta preocupación. Y aunque horas de inquietud se mantengan impasibles ante tanta incertidumbre malsana, sólo me queda la opción de una falsa cortesía (esa cortesía que unas veces conquista y otras lamentablemente empalaga). Y mientras sopeso las palabras de mis propias reflexiones, no consiento más ser el muro de contención de nadie. Ya no más. Más bien, exijo respuestas coherentes mientras concentro mi atención entre mi propia cordura y dignidad. Y mientras el silencio me mira en silencio, yo procuro que mis palabras sean mejor que éste aunque, por momentos, resulte más difícil manejarlo que mis propias palabras. Quizá no sólo no deba yo romper esta lámina de silencio si no es para mejorarla, sino tampoco prestarle  a ésta demasiada atención para no brindar testimonio contra mí misma.  ¿Me hago entender? La lámina de silencio me mira largamente. Es así como decido mantenerme silenciosa hasta encontrar la paz deseada.  A por ella yo no voy porque me encuentro ya en el camino ... ese camino que me conduce hacia mí misma aunque, por momentos, sienta yo que cojeo y no logre avanzar a grandes pasos como desearía. Pero es mejor equivocarme una y mil veces a tener que tener razón siguiendo el camino de otro. ¿No crees?  

Y mientras la lámina de silencio, con sus ojos de aguas cristalinas, me sigue observando, ella y yo sabemos que el camino escogido no es fácil a seguir, pero a paso lento pero seguro voy y con ella por compañera y aliada. Ella me conmina o bien a callar o a decir algo que sea mejor que callar. Opto por ese amigo que jamás traiciona.  Callo y sigo por ese camino de reflexión forzada pero que, tarde o temprano, me llevará hacia el Nirvana. Lo otro sería sólo el camino hacia la muerte emocional e intelectual. 

Es así como el Nirvana espera por mí con su lámina de silencio mientras me hace recordar que él es el estado transcendente libre de sufrimiento donde las llamas del odio, el apego y la ignorancia se extinguen con el tiempo. Tomo conciencia que éste es el mejor camino a seguir porque el Nirvana es en realidad indescriptible y sólo éste puede conocerse desde su experiencia. Callo y sigo adelante porque mi camino no tiene ni principio ni fin. ¡Ay! El tiempo medible ha quedado en desuso. No está condicionado a nada ... esa nada que con su lámina de silencio me hace saber que hacemos de la eternidad una nada y de la nada una eternidad. Más bien callo. ¿Para siempre? Por un tiempo .... Hago una pausa. Y mientras mi lámina de silencio aprueba mi decisión, ella bien sabe que en cualquier momento de decisión lo mejor es hacer lo correcto y luego lo incorrecto porque lo peor es no hacer nada. Yo ya no hablo, sólo actúo con mi lámina de silencio como testigo, fiscal y juez.

MARiSOL

lunes, 20 de agosto de 2018

Realidades



Aristóteles en algún momento me comentó que la realidad es la única verdad. Pero, ¿será verdad? Raquel es una mujer que miente mucho, que se inventa su propia realidad porque no se quiere ajustar a la realidad que existe. Y es porque, según ella, la realidad objetiva acaba por evaporarse. Pero es más que esto. ¿No será que la realidad es el alma de cada persona? Sea como sea, yo pienso que aunque Raquel deje de creer en la realidad, ésta sigue existiendo y no desaparece le guste o no le guste a ella. Yo podría hacerme aliada de Raquel porque soy la Mentira, pero ya ni puedo ni quiero porque yo veo que Raquel lo que le pide a los demás no son críticas, sino que ella quiere sólo halagos para soportar la realidad que la envuelve en este momento. Mas ésta no es la solución. Pienso que Raquel, por momentos, está ciega. Ella tiene que despertar del sueño irreal en el que vive desde hace años. Vivir sólo de apariencias ni es saludable ni tampoco va de la mano con la realidad. Sin embargo, la conducta de Raquel es una mentira continua. Y, siento vergüenza que esto sea así porque ni siquiera ella tiene talento para mentir bien. Algo que yo le increpo porque yo como la Mentira defiendo mis propios intereses y Raquel sólo me degrada con su mal actuar. Y es que para mentir hay que tener talento y ella no lo tiene de ningún modo, sobre todo, cuando sus mentiras me dan rabia porque sé, que ella tarde o temprano, sucumbirá a las consecuencias. ¡Ay! Ella se engaña a sí misma y esto en sí es mucho más doloroso que engañar a los demás. Es que la realidad es aquello que acontece de manera verdadera o cierta. Todo lo contrario al terreno de la fantasía, la imaginación o ilusión. Pero, ¿cuesta tanto entender que la realidad supone un problema filosófico? La verdad que la realidad ha sido motivo de análisis y también de debate durante toda la historia de la humanidad. ¿No será que la fantasía ha sido, del mismo modo, parte de la realidad? No sé, ni tampoco me interesa. Quizá porque Dios es real aunque no haya forma empírica de demostrar su existencia. Pero si me sumerjo en el lenguaje cotidiano, puedo entender que la realidad es como el conjunto de factores y situaciones que uno vive a diario. ¿Será que el término de realidad es sinónimo de vida? La verdad que no sé si mi realidad es capturada a través del lente de la vida o si yo vivo en una gran  mentira para darme la sensación que yo vivo en  universos paralelos que coexisten aunque siga sin entenderme porque los sentimientos y emociones son también reales aunque yo no quiera o tú no quieras entender la realidad en la que vivo, tan distinta a la tuya, ¿verdad? Mejor dejo de escribir porque la realidad en la que vivo ya no la entiendo y tú menos que yo.

MARiSOL




martes, 14 de agosto de 2018

El paradigma de Piscis







Mientras la felicidad es un viaje mas no un destino, el sueño de Piscis se prende como una chispa de vida en lo más hondo de su alma porque este nuevo paradigma le pide tomarlo como ejemplo a seguir en su vida cotidiana para no morir de pena o hasta de hastío y aburrimiento.

Y mientras Piscis descubre el propósito de las grandes victorias no libradas con plenitud, decide, más bien, dar un vuelco en este tiempo malgastado al mismo tiempo que se brinda la oportunidad de esquivar con elegancia ese sinuoso sendero que sólo le lleva al mismo punto de partida.

Piscis no renunciará ni a su paz interior ni a las pequeñas cosas que le conceden enormes momentos de felicidad porque ha aprendido a cambiar de un paradigma a otro aunque un vacío de hermosas sensaciones se quiera hacer presente cual maleficio predeterminado en su vida.

Es así como Piscis emplea sus experiencias, creencias, vivencias, costumbres y valores morales, que repercuten y condicionan el modo como él actúa y ve la realidad, para entender mejor no sólo el mundo en el que habita desde que nació, sino para tratar de enfocar y solucionar los problemas lo mejor que puede aunque ni tú ni yo no aceptemos sus propias reglas de comportamiento.


MARiSOL

viernes, 10 de agosto de 2018

Los secretos del lago




El sentido de la armonía interna se traduce en momentos de tranquilidad y de una apacibilidad latente, creo yo. El lago me mira largamente. No hay secretos entre los dos. Sólo lo que conversamos lo guarda él como un tesoro y yo también callo porque nadie podría creerme que yo puedo comunicarme con el lago. En esta realidad tan objetiva a la que vivo expuesta no hay cupo para diálogos imaginarios, según los demás. ¡Pero que saben ellos con quién yo realmente converso!

Me siento agradecida de llegar indefensa pero convencida que la indeclinable voluntad del lago me ayudará a superarme a mi misma. O como bien el lago me repite una y otra vez yo debo invertir más tiempo en mí, debo deshacerme de los malos hábitos y aprender a traducir cada acontecimiento que me sucede, sea éste bueno o malo, en serenidad palpable. Debo aprender a deshacerme de los pensamientos negativos y más bien debo oxigenar mis ideas, ser capaz de renovarme en los momentos más difíciles. 

El lago no desea que otros pensamientos me distraigan mientras conversamos sobre el propósito de vida que yo tengo, porque éste (el propósito en sí) es también un objetivo, algo que se quiere conseguir y que requiere de esfuerzo y de ciertos o muchos sacrificios para mi propio beneficio ... ese bien que se hace o se recibe sin esperar nada a cambio de los demás. 

Mientras en silencio contemplo al lago, él me hace saber que depende de mí la actitud que yo pueda tener ante las obligaciones reales y hasta de los problemas que se me presenten en mi vida. Razón tiene este lago. Entre sus secretos seculares y los míos nos consolamos y, lo más importante, nos apreciamos y respetamos. 

La verdad que todo el mundo tiene secretos, pero la única cuestión es encontrar donde éstos se encuentran. Por lo pronto, yo sé dónde los míos habitan ... en el fondo de ese lago ... allí  donde él sólo me escucha porque el lago no es un lago cualquiera: es mi propia conciencia porque en ésta no sólo habita la presencia de Dios, sino también porque la conciencia sólo puede existir simplemente de una sola manera, y es teniendo conciencia de que ésta realmente existe como este lago por el cual me encuentro caminando a orillas de mi propia vida desde hace muchos años.

MARiSOL
 


viernes, 1 de junio de 2018

Lo indescriptible



Lo indescriptible me tomó de la mano aunque yo no quiera ya que, la verdad, es tan grande, intenso e impresionante que no puede ser expresado o descrito con simples palabras quizá porque mis palabras (igual como las arrugas de mi piel) son ese indescriptible que procede de mi alma, ese alma por lo que vivo, siento y pienso. 

La verdad que lo indescriptible genera una gran fascinación  porque no sólo porque éste no se puede fácilmente describir, sino porque aunque esta palabra sea un adjetivo, tenga cinco sílabas, tenga un acento prosódico (sin tilde) en la sílaba: ti, posea un total de cinco vocales: i e i i e y un total de nueve consonantes: n d s  r p t b l y al revés la puedas leer como "elbitpircsedni",  es también indecible, inenarrable, inefable e inexplicable.

Bien, como mis palabras se han quedado sin voz porque se encuentran tragadas por lo indescriptible, yo prefiero no forzar nada. Dejo, más bien, que lo indescriptible me tome de la mano, una vez más, me mire a los ojos y me diga en silencio qué es lo que debo hacer o dejar de hacer aunque este adjetivo no tenga ninguna descripción alguna porque la descripción, al fin y al cabo,  es la acción y efecto de describir. Es decir, la descripción no sólo aporta información sobre alguien o algo, sino que es una representación de alguien o algo a través de la palabra. 

Quizá lo más importante es tener en cuenta que toda descripción resulta, a la larga, inevitablemente subjetiva ya que se encarga de representar mediante el lenguaje oral o escrito los aspectos parciales de cómo una persona observa e interpreta la realidad, esa realidad que nos hace saber que el cuerpo humano no es más que pura apariencia mientras que nuestra alma esconde nuestra realidad. Por lo menos la mía, no sé si la tuya también. 


MARiSOL 

viernes, 18 de mayo de 2018

Degustando las palabras




Mis palabras se fueron colocando, una a una, en fila delante mío. Unas me miraban por primera vez de manera tímida u osada, otras abrían la boca para repetirse tercamente y retumbar alegremente o tristemente en los oídos de otros y también en los míos. Y "last but not least" habían esas otras palabras mías que sólo querían aparecer por última vez entre las líneas de mis cuadernos porque deseaban solamente cerrar capítulos en mi vida, esa vida, que por momentos, me parece una mala película como esa película que ves y olvidas rápidamente porque no te gustó o porque simplemente no la entendiste del todo porque te quedaste dormido (a).

¡Ay, Dios! La verdad que mis palabras no sólo me recordaron de seguirle sonriendo a la vida a pesar de todo, ese todo que por quererlo todo, todo lo ha perdido aunque yo diga lo contrario. Pero, ¿qué he perdido yo en el camino de mi vida?  le pregunté a mis queridas palabras aunque yo no tuviera el deseo de hurgar más entre mis tres tiempos para definir la persona que ahora soy porque hablar de la persona que fuí o seré es sólo perder el tiempo, ese tiempo que me recuerda que no hubo tiempo alguno en que no hubiese tiempo para hacer lo que quería o debía hacer.

- Todos cambiamos para bien o para mal - me dijeron a coro mis palabras con tono autoritario camuflado en una sonrisa que hizo temblar a mi alma, ese alma que deja ver mi realidad aunque yo pretenda, por momentos, querer romper con las reglas del juego en que me encuentro jugando casi de manera impuesta desde hace dos años. O, acaso ¿es más tiempo? Y ¡qué importa! porque aunque el tiempo físico nos sea extraño por uno u otro motivo, el tiempo interior radica, más que todo, en nosotros mismos aunque tú no me creas ni mis queridas palabras tampoco.

- ¡Nooooo! ¡Te entendemos, mejor de lo que te imaginas! - gritaron febrilmente mis queridas palabras.
- ¿De veras? - les pregunté de manera dubitativa.

Probablemente ya no hay nada más que me perturbe porque mis palabras saben interpretar de buena manera el valor que yo a éstas les doy. Pues bien, cuando yo terminaba de decir esta frase mis palabras se me quedaron mirando con la boca abierta. ¿No será que yo guardo secretos que mis palabras no deben pronunciar para no dañar mi vida? Tal vez... sin embargo, mis palabras son conscientes que ellas no me dejarán nunca de lado ni tampoco se olvidarán de mí, de ningún modo. Todo lo contrario. Ellas se encuentran a mi lado para lanzarse junto conmigo al vacío para solamente llenarlo de amor, ese amor que ha aprendido a dar sin esperar nada a cambio porque, sin temor a equivocarme puedo decir que a mis palabras y a mí nos da bastante satisfacción saber que al amor le basta sólo con el amor porque éste es la única fuerza y la única verdad que motiva a que mis palabras sigan existiendo dentro de mí aunque tú creas que mis palabras se las lleva el viento porque no muestran sabiduría alguna. 

Pues ¿sabes, querido lector? Lo único que yo pretendo de manera sincera y desinteresada es poderte acariciar con mis palabras. Nada más. Es así como al decir esta última frase, mis palabras sonrieron agradecidas de saber que ellas y yo formamos, finalmente, una sola unidad  porque en la unidad radica la variedad, esa variedad que se convierte en la ley suprema del universo, ese universo donde yo existo junto a mis queridas palabras mientras las degusto, las paladeo y me deleito en ellas porque me muestran los diferentes sabores como dulce y amargo que nos ofrece la vida.


MARiSOL





jueves, 3 de mayo de 2018

Todo se transforma



¿Será cierto que todo se transforma? Helena piensa que sí. Si transformamos las cosas, podemos transformar nuestros mundos y si es para bien, mejor.  Quizás el verdadero heroísmo de cada uno de nosotros está en transformar nuestros deseos en realidad y nuestras ideas en hechos. Fácil no siempre es, pero si cambiamos, nos transformamos no sólo físicamente, sino también a nivel de pensamiento o de conducta.

Helena sabía que era hora de cambiar. Ella estaba aprendiendo a no vivir del qué dirán o de la aprobación de otros. No quería hacerse dependiente de nada ni de nadie.  Helena había aprendido que el término transformar es de origen latino: "transformare". El sufijo "trans" significa "a través", "más allá de" o "de un lado a otro" y "formare" significa "cambiar de forma". 

¡Ay! si bien este verbo no sólo es infinitivo, también es un verbo transitivo y un verbo pronominal. Pero si a ti, querido lector, te crea estrés el no saber lo que es un verbo transitivo o pronominal, entonces es el momento de cambiar para tomar el idioma español más en serio, porque éste es aniquilado de manera constante a través de las redes sociales, sobre todo, cuando se le resta la importancia de saberlo dominar de manera correcta.  La verdad que Helena ignora por qué mucha gente acentúa el "ti". Es falso hacerlo. El acento aprócrifo se da, más bien, en "mí" para diferenciarlo del "mi" y en "sí" del "si".

Bien, transformemos lo que se puede cambiar y lo que no, pues no es más nuestro asunto. Así piensa Helena como yo porque lo que no se puede lograr lo que se quiere, mejor cambiar de actitud. Y, sin embargo, Helena, no desea que la debilidad de actitud se vuelva en debilidad de carácter porque las pequeñas acciones de cada día es la que hacen o deshacen el carácter de cada uno de nosotros.  Y tal vez sea el resultado que la fuerza del carácter (sea el tuyo o el mío) a menudo sea no más que la debilidad de sentimientos.

Tal vez mejor no pensar  en sentimientos porque son nuestros pensamientos más importantes así los contradigan pero es lo que éstos hacen que todo se transforme. ¿Y sabes por qué?, porque los grandes pensamientos nacen del corazón. Algo habrá de verdad cuando todo el amor pertenece a los pensamientos. La verdad que pensar como sabios, no es tan importante, Más importante es hablar como la gente sencilla pero sin perder la mira en que todo se transforma si así lo deseamos así sea para mejorar nuestros errores gramaticales. Esto es lo que, por el momento, yo te puedo dar.



MARiSOL 

miércoles, 25 de abril de 2018

Premoniciones



Mientras toda premonición suele entenderse como la facultad de conocer algo con antelación a que suceda, Doña Clotilde se pregunta si esta capacidad suya se debe a la posibilidad de deducción o inducción o simplemente se debe sólo a sus locas ideas vestidas no sólo de falsas ilusiones, sino de recuerdos nostálgicos que le sonríen de manera forzada al futuro, a ese futuro que ya dejó de ser lo que ella se imaginó, sobre todo, cuando se le está acabando el tiempo, no sólo porque el tiempo ella lo malgastó, sino porque ahora el tiempo la malgasta a ella, sobre todo, cuando no cuenta con dinero propio para gastar a manos llenas. 

La verdad que Doña Clotilde ya no sabe qué pretende al observar desde otro ángulo a su propia realidad. "Mejor no saberlo todo con gran exactitud" - se dice a sí misma por simple cobardía. Pero, ¿es mejor sacar a la luz sus lamentos, exabruptos e irritaciones acumulados de manera desordenada en la inmensidad de su dolor mientras mis premoniciones se cumplen a pie juntillas? ¡Ay! este dolor, sin embargo, no guarda rencor alguno en mi alma (¿y en el de Doña Clotilde?), quiza porque el dolor siempre cumple lo que promete aunque ella ni yo así no lo desemos ni ahora ni nunca. Mas si yo empezara a hablar ... ¡Dios! tu propia integridad está en juego, querida Clotilde. No quiero verte ni perdida ni desamparada, mas estas premoniciones mías se hacen presentes una y otra vez. Son como deudas pendientes que se encuentran más en contacto con el hemisferio derecho de tu cerebro, ése que rige lo simbólico, intuitivo y creativo de tu alma. ¿No será que tu alma anda perdida y por este motivo, ya no tienes como antes más facilidad de conectarte con tu realidad invisible y no tangible? ¿Quién desvaría? ¿Tú o yo? Doña Clotilde no sabe qué responder mientras cuenta sus arrugas una a una en el espejo de su baño. De tanto ella mirarse (no por dentro, lamentablemente) no puede a mí verme y por esta razón mi voz se desvanece en sus oídos casi vacíos no haciendo caso a lo que yo le vengo diciendo desde hace tiempo. 

Yo pienso que, a veces, es difícil ponerle palabras a eso que uno intuye, quedando como una vaga sensación que sólo después, toma sentido a la luz de los acontecimientos que están por venir en el porvenir o en nuestro actual presente, sobre todo, cuando uno duerme, ocurren fenómenos relacionados con aspectos desconocidos, que de algún modo nos facilitan la entrada a otras realidades o estados. Pero, ¿será cierto que la mayoría de premoniciones están interconectadas con los sueños? ¿Será cierto que el lenguaje de los mismos está sujeto a un código personal que es metafórico y complicado de interpretar? Muchas veces no sé si se trata de un sueño corriente o de algo que va a suceder. En todo caso, Doña Clotilde ignoró mis señales. Lo que no me queda claro si es que fue de una manera premeditada o premonitoria. Pues, desde hace años un augurio o un vaticinio jugaba a ser una advertencia ... esa advertencia vestida de muchas monedas que tintineaban sin ton ni son y que pondría las barbas en remojo a cualquier mortal cuando vé que éstas se van reduciendo día a día. ¿Y qué hizo Doña Clotilde? Hizo lo que quizo con su vida sin hacer caso de mis premoniciones y, más bien, le cedió las riendas a su propia irresponsabilidad, que al final la inmovilizó y paralizó de miedo por más que ella a los otros les eche la culpa de la situación en la que se encuentra desde hace tiempo. 

Mi sentido común me dice que la pose forzada ante los otros de Doña Clotilde es lo que no le permite salir de su ensimismamiento. Aún así, mi voz guarda un canto a la compasión por más que yo sepa que debe haber un cambio radical en la vida de Doña Clotilde por el bien de ella misma y de todos aquellos que la conocemos. En especial, yo, puesto que soy su conciencia, esa conciencia que le sirve, por momentos, de almohada. Sólo espero que, tú, Clotilde, tomes conciencia de la realidad en la que te encuentras; sólo así habrás despertado a la vida sin premoniciones o con ellas de por medio. 

MARiSOL 


 

miércoles, 11 de abril de 2018

Pompa de jabón

Cuento de la vida real


Con paso vacilante caminas, hoy día, a mi lado y en silencio, mi querida pompa de jabón. Siempre temiste que hasta un simple soplo o sonido te destruyera en mil pedazos. Y así fue, al final de tus días. Y yo, en este momento, no puedo dejar de invertir unos segundos interminables y no sin cierto sosiego para simular alguien quien no soy ante ti, mi querida pompa de jabón. Y es que tú tenías miedo de explotar en cualquier momento.

Cuando pienso en ti, siento una punzada en el corazón. Es como si fuera un sinsentido que me apretara la garganta con absoluta firmeza una y otra vez. Tal vez existe en alguna parte de mi mente la posibilidad factible de nada ... esa nada que resulta demasiada llamativa mientras se intensifica mi vulnerabilidad a flor de piel bajo una triste perspectiva. Aquélla que sabe que tú, mi querida pompa de jabón en cualquier momento dejarás de existir. Ya lo has hecho desde que ya no te encuentras más en este mundo desde hace pocos días, sino en otro ...

Y mientras salimos ambas retratadas en unas pocas fotografías, ellas nunca quisieron saber de nefastas consecuencias. Y es que la idea de desaparecer del todo me asusta un poco. Quizá mis inquietudes no han tenido tiempo para reubicar los innumerables recuerdos compartidos contigo, querida pompa de jabón. Y mientras tú me preguntas con timidez desde tu mundo invisible si yo quiero comunicarme medianamente en una larga conversación con esos recuerdos de colores vestidos de un sentimiento auténtico llamado Amor, te digo que sí porque este sentimiento es fuente inagotable de reflexiones tan profundas como la misma eternidad, tan altas como el cielo infinito y tan grandiosas como el universo... ese universo que se convierte en caos cuando uno pierde, sin querer o a propósito, la fe y termina de reventar cual pompa de jabón ante los pies de nuestras vidas  como tú lo has hecho ante mi vida.

¡Ay! Querida Jolanta te recordaré siempre. Cual pompa de jabón frágil, única y vestida de sueños e ilusiones como la vida misma, tú reventaste ante mí, hace pocos días, y ante todos los que te quisimos. Yo aquí quedo triste con un ramo hermoso de flores que mañana depositaré en tu tumba mientras siento tu voz y tu risa a mi lado en este momento mientras te dedico estas palabras como señal de mi inmenso cariño y respeto hacia tu memoria.


MARiSOL


domingo, 8 de abril de 2018

Las malas lenguas

 



Las malas lenguas están totalmente alborotadas. Éstas se han reúnido una vez más no sólo para hacer intercambios verbales con cierta crueldad vengativa mientras inventan chismes, sino que éstas se entretienen no sólo en lanzar municiones a diestra y siniesta, sino que se dedican a criticar y hablar mal de otras personas (podrías ser tú, querido lector o yo). ¡Ay! Pero cuando sus argumentos no son consistentes, las malas lenguas se vuelven en personajes patéticos ante mis ojos y me imagino que ante los tuyos también. ¿O no? Al menos que tú dejes que la rabia te consuma y tu sed de venganza crezca minuto a minuto por culpa de ellas. En mi caso no es aí.

En el fondo, las malas lenguas sólo se dedican a descargar sus frustraciones y carencias en otras personas (seas tú o yo) porque nos quieren destruir a como dé lugar. ¡Ay! Las malas lenguas no lo pueden evitar; sus insultos no dejan de ser totalmente aberrantes; por no decir que ellas son bastante insensatas e inmaduras. Para ser sincera ellas son campeonas en soltar bufidos ruidosos carentes de toda cordura y de verdadera dignidad. La verdad que no vale la pena ni responderles. Yo te pregunto si tú eres capaz de quedarte mudo o muda como yo ¿o te da por gritar e insultarlas?

Créeme que lo mejor es ignorarlas. No sé si yo esté errada de pensar así pero pienso que mi silencio siente que se va a quedar sin pudor si cae en ser vulgar y chabacana. Yo prefiero no ponerme a discutir con las malas lenguas, no porque me crea superior. ¡No, nada que ver! Más bien me paro en seco y emprendo la retirada. Y no por cobardía, sino por sentido común porque éste me pide tener un poco de razón y compasión ya que si me pongo a hablar pestes sin ton ni son sobre otros (los conozca o no) como si esos otros fueran unos apestados, es bastante lamentable, ¿no lo crees?

Yo soy de la opinión que me sentiría pobre espiritualmente porque si yo sólo abriera la boca para injuriar a esas otras personas conocidas o desconocidas, la que terminaría realmente apestando soy yo porque ese veneno vendría de las mismas entrañas de mi alma enferma. Y de nada vale tener un alma llena de odio y rencor puesto que si bien es cierto que un cuerpo sano es algo bueno, un alma sana es más lo que toda persona, en su sano juicio, puede desear. ¿Y sabes por qué? Porque cuando hacemos nuestro cielo interno algo hermoso, las malas lenguas quedan fuera de éste ya que no allí tienen cabida alguna porque no pueden volar en éste. Por este motivo, dejemos a las malas lenguas volar por otros parajes que no sean los nuestros.

No sé cuántas malas lenguas me observan milimétricamente en este momento. ¡Qué importa! Lo más importante es no dejarse envolver por ellas, ¿no crees? Pues dejarse envenenar el alma y hacerse dependientes de ellas no es nada saludable. ¿Sabes? No me importa si nadie me entiende y tú tampoco pero buscar excusas no quiero. Simplemente deseo que me dejen en paz de hincharme con injurias, chismes y malas vibras. Me rebelo a envenenar mi alma y no por ser ingenua, sino porque quiero liberar mi alma de tanto bla, bla, bla barato y de bajo calibre.

Las malas lenguas se me quedan mirando. ¿Que debo hacer? ¿Actuar como ellas? ¡No, no puedo! Podré estar molesta con ellas pero prefiero tener otro lenguaje ya que caer en toda clase de desbarres y dislates o acogerme a una manera simplista o carecer de eficaz énfasis retórico sería lamentable. Las malas lenguas piensan así aunque yo misma no lo crea del todo quizá porque el mal uso de las buenas palabras nos muestran la ausencia de lógica con matices de una infeliz ignorancia cuando se trata no sólo de faltas de ortografía no sólo sobre el papel, sino sobre nuestra propia inteligencia cognitiva.
Las malas lenguas me miran nuevamente con rabia porque ellas saben que podemos pecar de arrogantes. Pero bien saben ellas que es todo lo contrario como yo pienso. En un momento de arrebato me gritan a coro:
- ¡Es el internet que por su pereza intelectual y cultural ha hecho perder un mejor lenguaje entre tú y yo!

¡Ay! así ellas escriban bien o no, prefiero no caer yo en el error de tener que tener que corregirlas ortográficamente, sino, más bien, prefiero que no piensen mal de mí aunque yo ya no tenga más ganas de hacerme cómplice de las malas lenguas porque ellas me hacen perder el verdadero significado de las palabras: Barbarismos, desbarres, redundancias, sinsentidos y demás barrabasadas. ¿O acaso tú sabes lo que estas significan? Las malas lenguas dicen que sí aunque yo diga lo contrario.


MARiSOL