jueves, 30 de octubre de 2014

Un cena más que romántica



Érase una vez dos almas románticas que deseaban reencontrarse ... Si bien el destino las unió por un tiempo, por distintos motivos, las desunió. Ya no recuerdo por qué. No importa ya. Lo que yo sé es que estas dos almas, cada una por su lado, se volvió a enamorar, se casó, tuvo hijos, trabajó, viajó; ambos llegaron a ser abuelos, etc. Pero, aunque nunca me lo dijeran, yo sabía que había algo que les faltaba ... 

Pues bien, hace pocos días atrás se volvieron a encontrar, en algún punto, que tú no conoces, pero yo sí, del universo. Al verse estas dos almas se reconocieron de inmediato. El tiempo no había pasado. Se veían como los jóvenes adultos que fueron. Ellos dos eran los de antes, cuando ese antes estaba vestido de Primavera. 

Ahora un perfume de rosas no sólo los envolvía a ambos en sus recuerdos, en esos recuerdos que ahora los reconciliaba para curar sus corazones rotos, sino que los invitaban a tomar asiento ante una mesa hermosamente decorada para darles la oportunidad de hablar sobre sus vidas. Después de ponerse al día, un silencio se acercó sigilosamente a su mesa y los hizo callar a ellos dos. Ambos entendieron inmediatamente  que no tenían la necesidad ni de comer manjares exquisitos ni de beber vinos finos, pues la necesidad era otra ...

Dios al leerle los pensamientos les dijo:
- En este momento ya no tiene ninguna validez ir en busca del tiempo perdido o de quererlo recuperar. El tiempo dejó de ser tiempo. Ahora lo que cuenta es este instante que yo les concedo para que lo disfruten.
Sorprendidos de escuchar la voz de Dios y de no entender del todo su mensaje, ÉL volvió a hablar:
- Mientras ustedes, cada uno por su lado, a escondidas y en secreto en su vida terrenal tejían  el tiempo en sus recuerdos,  yo ahora les pido que destejan no sólo sus recuerdos, sino que ustedes dos disfruten de este instante eterno que yo les regalo de por vida.
Al escuchar estas palabras, ambos se dejaron no sólo envolver por la magia divina, sino que ahora al darse cuenta que sus corazones rotos ya no tenían más cicatrices, decidieron disfrutar de esta cena romántica. Tenían todo el tiempo del mundo servido sobre sus copas y había que beberlo sin prisa ... hasta la eternidad. 

MARISOL 



 

miércoles, 29 de octubre de 2014

La sorpresa del unicornio

 
Vine a visitar a mi amiga Eloísa después de muchos meses de no hacerlo. Ella se alegró que le trajera flores. Después que ella me indicara donde había un florero  (en el pasillo encontré uno vacío con agua), regresé a su habitación con el florero y mis flores. Luego de un rato de estar en silencio, ella me pidió que yo abriera su ropero.
- Te tengo dentro de él una sorpresa - me dijo Eloísa muy contenta.
-  Sólo veo tu ropa bien ordenada, unas toallas y zapatos - le comenté a mi amiga..
- ¿Nada más? - me preguntó sorprendida Eloísa. 
- Pues, ¿que esperas que yo vea? - le pregunté amablemente.
- Un unicornio blanco diminuto. ¿Sabes? Él me protege de espíritus malos que habitan mi dormitorio. ¡Mira bien! - me dijo Eloísa un tanto nerviosa y agitada. Él tiene que estar allí. No puede haberse escapado.
Al abrir yo el ropero nuevamente le dije que ya lo había visto y que el unicornio era hermoso.
Eloísa sonrió complacida y me dijo:
- Ese unicornio es mi amuleto de buena suerte. Además, él tiene una fuerza sobrenatural que me la transmite, sobre todo, de noche cuando vienen a visitarme  el hombre de dos cabezas y la mujer serpiente que me sugieren que salte por la ventana. 
- Tú no les hagas caso, Eloísa - le dije a mi amiga. Recuerda que tú estás en un cuarto piso y si te tiras por la ventana, te matas.
- Lo sé - me contestó Eloísa.  Pero hay noches que cuando mi unicornio se queda dormido, él no me puede proteger como yo quiero. Y entonces, me toca luchar sola contra mis dos enemigos. No soporto sus voces y las cosas que me susurran al oído. ¡Los odio! ¡Los odio!
- Pero, tú no estás sola. Puedes llamar en cualquier momento a una enfermera para que te ayude - le dije seria a mi amiga. 
- Cuando la llamo, llega ella siempre con un vaso  y una pastilla. Quiere envenarme porque no le gusta que yo grite cual loca histérica.
- ¿No crees que ella te quiere ayudar, más bien, para que tú puedas dormir? Además, es mejor que duermas porque tú sufres de insomnio por lo que me has comentado por teléfono - le dije a Eloísa.
- Yo creo que son las enfermeras de acá que le dan esa pastilla también a mi unicornio para que él se quede dormido y así yo sienta mucho miedo cuando vienen esos dos enemigos míos a buscarme. Al final, las enfermeras no me entienden. Tú tampoco - dijo molesta Eloísa.
Después de escuchar sus palabras, sonó mi celular. Tenía que regresar urgentemente a mi consultorio. Así que me tocó despedirme de mi amiga prometiéndole que regresaría en una semana con una sorpresa. 
- ¡No te creo! - gritó Eloísa. Tú eres igual que los demás. Te quedas sólo unos pocos minutos porque me tienes miedo ya que soy una ezquizofrénica paranóica. ¡Véte! ¡Lárgate! 
Nos miramos en silencio. Luego salí rápido de su habitación y fuí antes de regresar a mi consultorio a hablar con el director del establecimiento. Hablamos de colega a colega. No sólo me puso al tanto del estado mental de mi amiga y de los remedios que ella toma y del tratamiento que hace, sino que él está de acuerdo que yo regrese con mi sorpresa en una semana.

Pues bien, Amalia regresó a visitar a su amiga Eloísa como prometido. Amalia no vino sola. Trajo a un amigo pintor y, no precisamente, de brocha gorda. Aprovechando que Eloísa se encontraba en su clase de costura y que luego salía al parque del establecimiento para ayudar a decorarlo más bonito junto con otros pacientes a los que les gustaba la jardinería, Víctor, el amigo de Amalia, se puso a pintar un unicornio grande en una pared del dormitorio de Eloísa. Y como Víctor es un experto en pintar caballos no se demoró en pintarlo, hasta agregó un arcoiris y flores a su pintura.

En cuanto Víctor terminó de pintar, yo dejé una carta sobre la mesa de noche de mi amiga que decía así:
Querida Eloísa:
Tú sabes que yo miedo de ti no tengo. Y también sabes que yo quiero ayudarte. Espero que te guste mi sorpresa. Un amigo pintor es el autor de este hermoso unicornio.  Espero que este otro animal, más fuerte y más grande, ayude al unicornio pequeño a espantar a tus dos enemigos. Te llamo más tarde. 
Un beso,
Amalia 




Al entrar Eloísa a su habitación lloró de alegría y agradecimiento. Se daba cuenta que el mundo al cual pertenecía su amiga Amalia, enfermeras y doctores, era un mundo mejor que el otro mundo donde ella vivía. Sus unicornios la ayudarían no sólo a combatir a sus dos enemigos, sino a encontrar la salida del laberinto donde ella se encontraba hacía ya tiempo. ¡Ay! suerte le deseo a Eloísa para que pueda recuperar del todo su salud mental.


MARISOL





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martes, 28 de octubre de 2014

Mi pez surreal



Tengo un pez surreal nadando dentro mío, alrededor de mis ideas, en solitario. Él ha decidido seguir la luz que emite mi alma para poder llegar hasta el fondo de ella y así saber quién soy yo.  
-  Díme, querida amiga ¿sabes tú  quién eres?  - me pregunta mi pez surreal.
- Sí, creo conocerme bastante bien desde hace ya tiempo. Está en tí el aceptarme o rechazarme - le respondo tranquilamente. 
- Lo que veo me gusta. Pero hay algo que debo corregir en ti - me dice el pez surreal.
- ¿Qué es? - le pregunto desconcertada. 
- Estoy viendo que no puedes cultivar sólo la fantasía - me responde el pez surreal. Para que tu fantasía sea más hermosa, tienes tú que sostenerte de pie sobre tu realidad ... esa realidad que existe y no desaparece aunque tú quieras dejar de creer en ella. ¿Me entiendes?
- Creo que sí - le contesto pensativa y luego seguidamente le digo - Mientras mi realidad no pretenda pescarte a ti, pez surreal, yo me quedo tranquila. No quiero que maten ni tus ilusiones ni las mías tampoco. 
- Por mí tú no te preocupes - me dice sonriendo el pez surreal. Y, luego seguido, da un brinco de felicidad dentro de mí. 
Como yo siento que él nada sin temor dentro mío,  permito que la realidad me tome de las manos para que así mis sueños tengan validez mientras yo voy remando por el mar de la vida.


MARISOL










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Color de mariposas



Mariposa Naranja no había escogido nacer de este color. Y, sin embargo, ella tiene motivos para lucir este color con orgullo puesto que el naranja combina la energía del rojo con la felicidad del amarillo. También su color se le asocia con la alegría y el sol brillante. Ella representa el entusiasmo, la determinación, el éxito, el ánimo, la fortaleza y la resistencia.

Pues bien, Mariposa Naranja dándose cuenta que Mariposa Negra se encontraba muy alicaída y triste, convocó a una reunión en su casa a la que llegaron otras mariposas amigas.
- El motivo de esta reunión - dijo Mariposa Naranja - es que todas de nosotras demos a conocer nuestras cualidades, sobre todo, las positivas, para que Mariposa Negra se nutra de todas ellas para que vuelva a volar como antes.
 - Bien, entonces, yo empezaré - dijo Mariposa Blanca mirando a Mariposa Negra. Yo represento la bondad, la pureza, la inocencia y la fe.
- Y yo represento la alegría, la inteligencia y la energía. Y sugiero seguridad y estabilidad - le sonrió Mariposa Amarilla.
Mariposa Roja batiendo sus alas hizo saber que ella representa también fortaleza y determinación como Mariposa Naranja. Además, ella simboliza valor y coraje. ¡Ah! y el amor. Pero, ¡ay, ay! si la molestan puede ponerse furiosa.
- Así que, más bien, no provocarte, ¿verdad? - le dijo riéndose a Mariposa Roja,  Mariposa Púrpura. Y luego agregó que a ella se le asocia con la realeza porque simboliza poder, lujo, elegancia y extravagancia, pero también ella representa sabiduría, creatividad y dignidad.
- Y tú, Mariposa Azul, ¿en qué destacas? - le preguntó Mariposa Naranja.
Mariposa Azul argumentó que ella también representa la sabiduría, la inteligencia, la fe y la verdad. Y, luego seguido, contó que ella tiene el privilegio de representar el color del cielo y del mar. Lo que a las demás mariposas les quedó claro que esto es signo de profundidad, tranquilidad y calma.
Luego le llegó el turno a Mariposa Verde.
- Yo soy representante de la armonía, crecimiento, fertilidad y frescura. También tengo un  gran poder de curación ya que tengo un color relajante. También sugiero crecimiento, resistencia y esperanza.
Y luego le llegó el turno a Mariposa Negra. 
- Yo no tengo cualidades buenas porque represento el dolor, la pena y la muerte - respondió ella bajando abatida sus alas.
- ¡No! - gritó  Mariposa Púrpura (quien no quizo mencionar que ella representa también los sentimientos románticos y nostálgicos) - Tú representas poder y elegancia como yo. 
- No veas sólo el lado oscuro de la vida, Mariposa Negra - le dijo Mariposa Verde. Yo  tengo un lado oscuro que no quise mostrar y del cual me avergüenzo y es que yo represento la cobardía cuando me pongo de color verde amarillento y si me pongo de color verde ocuro represento la envidia y avari... 
Mariposa Roja la interrumpió porque le hizo saber a Mariposa Negra que no se olvide que ella representa también fortaleza como Mariposa Naranja aunque puede llegar a ser autoritaria, seria e intransigente consigo misma y con los demás. 
- Entonces, sé benevolente contigo misma, Mariposa Negra - le sugirió Mariposa Naranja. Y luego de decir esto, pidió a las mariposas reunidas que abrazara cada una a Mariposa Negra.

Esperemos que la fortaleza de la mariposa negra crezca en proporción a la carga de todas las bellas cualidades recibidas de sus mariposas amigas. ¡Ay! nada es tan difícil que no pueda conseguir la fortaleza. 

       ¡Ánimo, volverás a volar, Mariposa Negra! 


MARISOL

 





domingo, 26 de octubre de 2014

Aprendiendo a bucear




Érase una vez dos pingüinos, uno valiente y el otro, temeroso, que, por primera vez, querían meterse al mar para aprender a bucear.  
-¡Vamos! es hora que aprendamos a bucear - le dijo el pingüino valiente al temeroso.
- ¡Nooooo! No puedo - gritó temblando el pingüino temeroso.
- ¿A qué le tienes miedo? - le preguntó el pingüino valiente. Su voz denotaba impaciencia.
- Pues, a que una ola gigante venga y nos revuelque sobre la arena o que se acerque un tiburón y ¡zas! nos coma en un dos por tres - le respondió el pingüino temeroso.
- ¡Ay! Me quitas las ganas de bucear junto contigo. No voy a permitir que tu miedo me paralice - le dijo molesto el pingüino valiente y luego continuó hablando - ¡Mira! el mar está en calma y muchos otros pingüinos ya se encuentran en él buceando. No inventes peligros para justificar tu miedo. 
- Pero, es que ... - el pingüino temeroso quizo decir algo pero el valiente lo calló de inmediato.
- Si vas a decir algo negativo, más bien guarda silencio. Tienes que aprender a saltar sobre tu propias sombras del miedo, sino nunca sabrás lo que es bucear. 
- ¡No me entiendes! - gritó el pingüino temeroso.
- ¡Oye! - le respondió el pingüino valiente - Yo no pienso negociar con tu miedo, pero sí pienso negociar con tu sentido de la razón.
- Te escucho - dijo el pingüino temeroso.  
- La diferencia entre tú y yo es que tú tienes miedo antes del peligro, y yo, más bien, después.
- ¿Quiere decir que tú también puedes sentir miedo? - le preguntó el pingüino temeroso.
- ¡Por supuesto! - le respondió el pingüino valiente, pero yo no me permito ver las cosas peor de lo que son. Yo pienso que el miedo habita en tu fantasía, más no en la realidad.
- ¡No, no lo creo! - argumentó el pingüino temeroso. Peligros hay en este mundo, en todas partes. Tú y yo estamos expuestos a ellos aunque no queramos.
El pingüino valiente, armándose de paciencia y con voz ya más tranquila, le dijo:
- Yo creo que tú no le tienes, en sí, temor a los peligros, sino, más bien, le temes a sufrir. Y si tú temes sufrir, ya sufres el temor.
- ¡No te entiendo! - gritó molesto el pingüino temeroso. 
- Si es así, entonces, no hay más que hablar - le dijo el pingüino valiente. Y cansado de este diálogo, decidió irse a bucear solo y dejó al pingüino temeroso en la orilla mirando como su amigo se alejaba.  


Bueno pues, yo, como elefante marino bastante hambriento, me alegré que el pingüino temeroso se quedara a la orilla viendo como su amigo se alejaba. Así que aprovechando que el pingüino temeroso estaba absorto en su miedos, yo me acerqué por detrás para comérmelo ya que se veía muy apetitoso, pero él espantado por mi presencia, se metió al mar sin pensarlo dos veces en busca de su amigo, el pingüino valiente. 

¡Vaya! al final el pingüino temeroso saltó sobre  sus propios miedos y dejándolos  tirados sobre la orilla de la playa, se zambulló no sólo rápidamente para ir en busca de su amigo, sino para aprender a bucear sin temor por el mar de la vida.


MARISOL


"A propo" pingüinos y elefantes marinos, esta escena me gusta mucho de la película "Happy Feet 2".

 

 
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viernes, 24 de octubre de 2014

El ángel de la playa

 
Como Julio estaba muy inquieto salió de casa y se fue directo rumbo a una playa cercana para despejar su mente; no quería pensar. Y, sin embargo, la pregunta ¿qué he hecho? no lo dejaba en paz. ¡Ay! he debido enfrentar mi problema de otra manera, pero la vergüenza y el qué dirán no me dejaron tranquilo y ahora estoy en esta situación inevitable. 

A Julio siempre le había gustado dar paseos largos por la playa para disfrutar de la fuerza del mar, de la brisa marina y para sentir sus pies mojados sobre la arena. Pero ahora que él se encontraba en su querida playa ya no era lo mismo, algo había cambiado en él. Y mientras caminaba cabizbajo rompió a llorar. Cuando ya no tenía más lágrimas que derramar vió enfrente suyo, como a unos diez metros de él, una mujer joven suspendida en el aire, su pies no tocaban la arena. Él se acercó porque no podía creer lo que veía. Al llegar cerca de la mujer, ella le habló:
- Te estaba esperando, Julio. No me temas. No te pienso hacer ningún daño.
- ¿Quién eres? - le preguntó Julio desconcertado.
- Un ángel. He venido a llevarte - le respondió la joven mujer.
- ¡No! - gritó Julio. ¡No puedo desprenderme de mi casa, mi lugar es éste y no otro!
- ¡Ay! qué cobarde que eres, Julio. Ni siquiera ahora tampoco puedes enfrentar esta nueva situación con valentía - le dijo el ángel.
Julio bajando la cabeza se dió cuenta que había cometido un gran error. Su cobardía lo seguía a todas partes.
- No tengo mucho tiempo para esperar por ti. Tenemos que irnos ya - le dijo alzando la voz el ángel. 
- Pero, ¿a dónde? - preguntó Julio temblando. 
- A tu nueva vida - le respondió el ángel algo impaciente - porque de la otra, donde tú vivías, la abandonaste por voluntad propia. Y todo porque no soportaste la idea que tu negocio quebrara y tener muchas deudas económicas con tu banco y con dos buenos amigos, quienes te prestaron grandes sumas de dinero y ...
- ¡No sigas! - suplicó Julio.  Tienes razón. He sido cobarde. He debido enfrentarme de otra manera a este problema. Pues bien, ahora seré valiente y enfrentaré mi suicidio. No quiero volver a abandonar de nuevo el campo de batalla sin haber luchado.
- Entonces, ¿estás listo para partir? - le preguntó el ángel a Julio.   
 - Sí - dijo Julio vacilante. Y cuando sintió que sus pies se desprendían de la arena, comenzó a volar junto con el ángel en dirección a su nuevo mundo.

MARISOL



 

jueves, 23 de octubre de 2014

La llama Violeta


Teresa y Roberto son amigos de barrio. Hace unos días atrás Roberto se peleó muy feo con Teresa. Entrar en detalles ya no es importante, lo que cuenta es que hoy día yo fuí testigo de como ambos se reconciliaron mientras estaban sentados en un banco de un parque cercano a sus casas.

- ¿Sigues enojada conmigo? - le preguntó Roberto con cara compungida a su querida amiga. Me porté mal contigo y te pido perdón.
- Sí, te perdono - dijo Teresa mientras que de su boca salía una pequeña llama violeta que  le sonrió en señal afirmativa. 

En ese momento no sólo un sentimiento liberador se abrió camino entre el corazón de Teresa y el de Roberto, sino que la llama violeta los cubrió, sin quemarlos, con su poder sanador para curar esa pelea desagradable que se había convertido en un recuerdo doloroso. 

Es así como Roberto sintió que su carga emocional transformada en sentimiento de culpabilidad desaparecía de su cuerpo como por encanto. Su corazón comenzó a sentir que sus durezas se disolvían al darse cuenta que la llama violeta había transmutado su energía negativa en positiva porque su energía espiritual se había encontrado bloqueada. Pues bien, Roberto no volvería a reaccionar violentamente ni a gritar de manera hiriente por cualquier nimiedad a su querida amiga ni tampoco a nadie. La llama violeta estaba allí para ayudarle a curar su mal carácter tras el cual esconde miedos e inseguridades.

Y yo, como llama violeta y esencia de luz espiritual te puedo decir, querido lector, que a Teresa la usé como mi canal para llegar a Roberto. En caso no me conozcas, mis principales cualidades son la Transmutación, la Misericordia, la Paz y el Perdón. Éste último abre los corazones y es una de las fuerzas más grandes del Universo. Como verás, como mi deber es erradicar el karma negativo que se encuentra esparcido por el mundo, hoy día llegué a este parque no solamente para besar el corazón de Teresa, sino para traerle paz al corazón de Roberto. 

 MARISOL 


miércoles, 22 de octubre de 2014

La lechuza y el búho

 











Esta es la historia de Kirlia, una lechuza hembra y Suzume, un búho macho. Ambos viven en el mismo bosque y son amigos. Los animales del bosque les temen porque su canto suena siniestro presagiando mala suerte o muerte. En verdad, así es, porque ambos no sólo son aves de rapiña, sino que trabajan para una bruja, llamada Vilma, que vive al final del bosque en una cabaña. La tarea de Kirlia y Suzume es la de traerle a la bruja ya sea insectos, peces, lagartijas, ratones u otros animales para sus pócimas y elíxeres que ella prepara para hacer distintos tipos de hechizos, ya sea buenos o malos que la gente del pueblo le pide hacer por algún motivo personal.

Dorothy ClutterbuckBueno pues, haz de saber que Kirlia y Suzume han hecho un trato con Vilma. Ellos matan distintos animales a pedido y cumplen su misión sin poner ninguna objeción, porque Vilma les ha prometido, llegado el momento, en convertirlos en seres humanos. 

Mientras Kirlia no ve las horas de convertirse en una mujer atractiva, inteligente y con poder económico, Suzume tiene sus dudas porque el mundo de los seres humanos es muy conflictivo y no precisamente resulta muy alentador vivir en un mundo competitivo, de enfermedades y guerras. Su bosque, en comparación, es un lugar relativamente tranquilo, donde él se mueve seguro  en la oscuridad de la noche. Mmmm... el mundo de afuera no le atrae del todo. ¡Ay! si Kirlia deja el bosque, él se quedaría solo. Seguramente éste sería el precio que él tendría que pagar al renunciar a convertirse en ser humano. Y es que el gran obstáculo que él ve, sin temor a equivocarse en su idea, es que la inteligencia humana se caracteriza por una terrible incompresión natural de la vida. 

Mientras Suzume está cavilando, se le acerca Kirlia y le pregunta en qué piensa.
- ¿Sabías que conocimiento no es lo mismo que sabiduría? - le preguntó el búho a la lechuza.
- ¡Díme cuál es la diferencia! - le contestó Kirlia curiosa y expectante de la respuesta de su amigo.
- Mientras el conocimiento nos sirve para ganarnos la vida, la sabiduría nos ayuda a vivir - le respondió Suzume y luego agregó - No solamente hay que alcanzar la sabiduría, sino que es necesario saber hacer uso de ella.
- ¿Qué te pasa? ¿No quieres convertirte en ser humano? - le preguntó sorprendida Kirlia.
- Creo que no. Como búho te digo llevado por mi instinto que si me convierto en hombre dudo en poder ser un hombre sabio. Y a esto yo le temo - respondió Suzume preocupado.
- Pues, yo me arriesgaré - le contestó Kirlia muy segura de sí misma - Yo haré la experiencia te guste o no, querido amigo.
- Pero, ¿por qué? - le preguntó Suzume, el búho.
- Pues, porque, al fin y al cabo, la sabiduría es hija de la experiencia - le respondió Kirlia - Y yo no solamente la quiero hacer, sino que quiero ver hasta dónde llego yo con mis equivocaciones. He de hacerlas. Además, quiero salir de este bosque que me oprime. Es muy oscuro. Quiero luz y conocer otros lugares y sólo como ser humano lo conseguiré.
- Tú eres, entonces, más valiente que yo - le dijo Suzume a Kirlia. 
La lechuza se rió y le dijo:
- Mientras tú sigues reflexionando si quieres convertirte en hombre o no, yo saldré de este bosque y regresaré a visitarte.
Y mientras Suzume ululaba fuerte asustando a los animales del bosque, Kirlia sabía, que tarde o temprano, dejaría de ser ave de rapiña. Pero, ¡cuidado! que como ser humano podría también serlo ... 

MARISOL






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martes, 21 de octubre de 2014

La falda multicolor

 


Por la vida tenemos que ir con paso fuerte y decidido y no caminar con paso tambaleante porque si no corremos peligro de caer al abismo de nuestros pensamientos más oscuros. Allí donde no deseo encontrarte, querido oyente. ¡Vén, cambia de actitud! Eleva tu espíritu a otro nivel. Dále color a tu vida ....¡Levántate y sonríele a  la vida! y ....

La voz de la moderadora de un programa de radio sobre "El sentido de la vida" hablaba y hablaba. Si bien el mensaje lo entendía Roxana, no podía seguirla escuchando, porque tenía que levantarse. Así que al pensar ella en el mensaje escuchado, se levantó pisando fuerte y se fue a la cocina a prepararse un té.  Y mientras lo saboreaba, le reconfortaba saber que éste le llenaba no sólo el estómago, sino también le perfumaba su alma inquieta que siempre se encontraba en busca del sentido de la vida. No, no quería pensar de manera pesimista. ¿Qué ganaba con ello?  Más bien, ella se fue al baño y mientras se duchaba pensó no solamente en qué ropa se pondría para ese día, sino también de qué color vestiría sus pensamientos. Pues bien, al abrir Roxana su ropero sacó un blusa negra y una falda multicolor. Ella quería verse como un arcoiris no solamente por fuera, sino también por dentro. Y cuando ya estaba por salir de su casa, su sonrisa vino detrás de ella y se colgó de su boca. Ambas salieron pisando fuerte para caminar juntas por la vida.


MARISOL




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lunes, 20 de octubre de 2014

La realidad de Carla




Había llegado el momento de dejar partir a su velero. Carla lo había tenido amarrado a sus manos desde hacía tiempo. Dolía tomar esta decisión, pero ya no tenía otra opción. Y es que la realidad, ha tocado hoy día, a la puerta de Carla.

- He venido a a decirte que sueltes a tu velero, Carla - le dijo la realidad mientras la miraba seriamente y continuó hablando - Siento causarte dolor, pero es necesario que lo dejes ir.
- ¿Por qué me dices esto? - le preguntó Carla con la boca seca y paralizada del susto.
- Porque tú tienes en ese velero a tu esposo Enrique - le respondió la realidad - y no lo dejas desembarcar en puerto seguro. 
- ¿Por qué me dices esto? - Carla seguía gritando de la rabia mientras lloraba.   ¡Tú no tienes derecho a meterte en mi vida matrimonial!
- Aunque no lo quieras aceptar, Enrique necesita  recuperar a su verdadero yo, ya que él anda navegando en la dirección equivocada.  ¿Me entiendes? - la voz de la realidad era serena pero firme.
Carla comenzó a llorar de la pena al darse cuenta que sólo con su amor y sus palabras, no podían ayudar a su esposo. Desde hace más de seis meses que él está irrascible y malhumorado, depresivo y cansado, tiene problemas gastrointestinales, dolores de espalda y de cabeza, aparte que desde hace un par de años que tiene problemas de alcoholismo y de insomnio. Fue así que el colegio de secundaria, donde trabaja Enrique como profesor de Historia y Geografía desde hace más de veinte años, le pidió hace pocos días atrás que se tome un descanso médico por varios meses aunque Carla no quiera aceptarlo (¡qué vergüenza, el qué dirán!)

Cuando Carla abrió la puerta a la realidad, dejó que los médicos se llevaran a su esposo Enrique a una casa de reposo, después de haber sufrido un ataque de nervios, para que cure un fuerte Burnout no sólo a nivel emocional, sino también físico. Veremos cuánto tiempo él necesita para recuperarse del todo y veremos si él decide seguir trabajando como profesor o no. Si bien Enrique todavía tiene 59 años y trabaja desde hace 32 años como profesor de Historia y Geografía, no se puede imaginar seguir trabajando hasta los 65 años. Esta idea le perturba mucho. Por momentos, Enrique escucha voces que se ríen y burlan de él. Mmmm... entonces, es más que un Burnout.

Mientras tanto Carla se ha dado cuenta que es mejor que su esposo se encuentre en tratamiento psicoterapéutico estacionario y no ambulatorio. En divorcio ella no piensa. Son treinta años de casados los que llevan juntos. Hijos no tienen.  Esta prueba difícil la tendrán que superar juntos aunque se encuentren separados por el momento. 

Y mientras Carla suelta su velero, ve como su esposo se aleja  sobre éste. Enrique tendrá que aprender a recuperar el control del timón de su velero para navegar  de mejor manera sobre el mar de su propia vida.



MARISOL 

  




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viernes, 17 de octubre de 2014

El mar de la vida y yo


- "¡Quédate donde estás y no continúes caminando!" - me grita el mar. Al escucharlo y obedecer lo que dice mi mente racional, el mar se calma por un momento en lugar de aprobación.
- ¿Por qué me prohíbes ahora caminar por estos pilotes de madera? - le pregunto al mar disgustada.
- Porque resbalarías y podrías morir inútilmente en el intento de querer caminar sobre ellos - me dice el mar levantando nuevamente su voz y mientras sus olas vuelven a crecer en fuerza y violencia me dice que yo camine sobre este muelle cuando yo me sienta en armonía conmigo misma porque ahora yo no llegaré, con seguridad,  hasta el final de éste.
- Pero, tú ¿no crees que si yo espero a que tus olas sean pequeñas me resultará muy fácil poder caminar sobre este muelle? - le pregunto casi desafiante.
- ¡Te equivocas! - ruge el mar. 
- ¿Quieres decir que no tendría ningún sentido si ahora camino sobre este muelle?  - le pregunto tratando de entender el significado de sus palabras.
- Exactamente - me responde el mar. El mérito tuyo es caminar en armonía sobre la vida desafiando los obstáculos pero con serenidad y no en tensión y sintiendo miedos innecesarios. Allí radica en obtener el éxito deseado sobre cualquier meta que tú te propongas alcanzar. Escoge una meta, en este momento. Házlo en silencio. No hay necesidad que me des ninguna explicación. 
Yo, sin embargo, abro la boca y sin pensarlo dos veces le digo:
- Curar mi enfermedad, la que llevo en ....
- ¡Sh...! - me dice el mar interrumpiéndome y continúa hablando - Sea tu enfermedad física o mental está en ti sobrellevarla lo mejor que puedas. Y si tú me necesitas, yo sólo te puedo ayudar si yo también estoy sereno. Si estoy agitado como ahora no puedo serte de ninguna ayuda. ¿Me entiendes?
- Sí, tienes razón - le contesto. Esperaré a que tú también te calmes para convertir juntos cada paso mío en una meta y cada meta mía en un paso seguro y firme sobre cualquier obstáculo que se me ponga delante mío. 
- Con esta respuesta tuya te ayudaré a cruzar el muelle - me dice el mar ya más sereno. Sus olas grandes se hacen pequeñas mientras mi espíritu, de naturaleza inquieta y agitada, se va tranquilizando. Después de aprender esta lección, le digo al mar que ahora sí estoy lista para este reto.


MARISOL

 

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martes, 14 de octubre de 2014

Draco, mi amigo el dragón

 

Érase una vez un dragón que había nacido con cuernos y alas pero sin aliento de fuego. Sus padres como todos los demás dragones, sí podían botar llamaradas de fuego y quemar todo a su paso si les daba la gana. Pero Draco como no podía hacer lo mismo era visto con malos ojos. Todos se burlaban de él. Lo consideraban un dragón inútil e inservible.

Draco, con el pasar del tiempo, aprendió  a abrirse paso por la vida sin su aliento de fuego. Él no quería ser un dragón malévolo como los demás dragones, más bien se destacó por ser amable. Y, por tal motivo, los demás dragones lo miraban despectivamente. Pero como Draco no guardaba maldad en su alma, aprendió a vivir solo. Los demás dragones lo trataban como a un enfermo porque no botaba fuego como todos ellos. Hasta sus padres se llegaron a avergonzar de él.

Pues bien, un buen un día llegó Dahak, un dragón de tres cabezas y seis ojos. Era el terror de todos los dragones porque no sólo era muy malévolo, sino porque tenía la fuerza de tres dragones juntos. ¡Ay! ninguno de los dragones se atrevía a acercársele, pero Draco sí lo hizo. Y al ver esto, los demás dragones se quedaron boquiabiertos.

- ¿Por qué no me temes?  - le preguntó Dahak a Draco.
- Porque tú estás tan solo como yo - le respondió Draco sin demostrar ninguna duda en sus palabras.
- Díme, ¿te duele la soledad? - le preguntó Dahak.
- No siempre. Hay momentos donde la disfruto, pero cuando siempre estoy solo, me da tristeza. Por este motivo me he acercado a ti - le respondió Draco. ¿Quieres que seamos amigos?
Dahak asintió con sus tres cabezas. La soledad le estaba quemando últimamente en el alma. Por fin, contaba con un buen amigo como Draco. No permitiría que nadie se burlara de él nunca más. Además, ya era hora de contar con un buen amigo.


Cuenta la leyenda que los demás dragones al ver que ambos se habían hecho buenos amigos, se avergonzaron de haber sido crueles con Draco. Y empezaron a tratarlo con respeto aunque su aliento no fuera de fuego, pero el de Dahak, sí. 

Dahak tuvo la capacidad de reconocer, usando sus seis ojos, desde un principio que Draco representaba el poder de la bondad y sabiduría. Un poder mucho más poderoso que tan sólo tener un aliento de fuego y guardar maldad en el corazón.


MARISOL




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martes, 7 de octubre de 2014

Entre las estrellas ...



- ¿Qué es lo que buscas con tantas ansias? - le pregunta la luna curiosa a Tania.
- Busco al Amor desde hace tiempo, pero no lo encuentro por ninguna parte.
- ¿Y por qué lo buscas aquí arriba y no abajo donde tú te encuentras? - le pregunta la luna. 
- Es que acá abajo él ya no vive cerca de mí - le responde Tania apenada. Y yo no sé dónde se encuentra. Por este motivo lo busco con mi telescopio. Quizás él se encuentra escondido detrás de alguna estrella.   ¿Lo has visto?
La luna sonríe, luego le contesta:
- En realidad el Amor no existe, Tania.
- ¡¿Cómo?! - grita Tania espantada. Ella no puede creer lo que le responde la luna.
- El Amor, me repito, no existe - responde la luna risueña - Mira, por más que tú lo busques, nunca darás con su paradero. Es inútil todo esfuerzo tuyo. Más bien, entretente en admirar las estrellas. Ja, ja, ja. 
- ¿Te estás burlando de mí? - le pregunta Tania bastante molesta.
- No, en absoluto - le responde la luna y luego agrega diciendo que el amor en sí no existe, pero lo que sí existe son las pruebas de amor. ¿Me entiendes ahora?
Tania se queda mirando a la luna en silencio. Luego de un rato le pregunta a la luna que cuál es la prueba de amor más importante.
La luna le contesta:
- Si tú lo amas a él de verdad, entonces déjalo vivir libremente. No lo sigas buscando. Él regresará a ti llegado su momento.
Tania se siente sorprendida que la luna le haya leído los pensamientos. Después de dejar su telescopio de lado, se despide de ella rápidamente. Ha descubierto su secreto. La luna le ha prometido no contárselo a nadie.

Tania no sabe todavía que esta noche cuando ella logre quedarse, por fin, dormida, él, su gran amor, regresará para tomarla en sus brazos, aunque sea por un par de minutos, porque en esta noche de insomnio él la está buscando entre las estrellas. 
 
MARISOL 





Imagen sacada de Bing



jueves, 2 de octubre de 2014

La voz del viento

Es el viento quien me habla. Sólo yo lo escucho. Nadie más. ¿O acaso es sólo mi imaginación quién me hace creer que el viento tiene voz?
- ¡No me extrañes!  - me dice el viento con voz firme.
- ¿Por qué me lo prohibes? - le pregunto desconcertada.
- Porque yo no puedo darte lo que tú más deseas. Es imposible lo nuestro - grita el viento molesto. 
- Pero, ¿por qué?  - le pregunto intrigada de su extraña respuesta.
- Mira, querida Celia, yo estoy más cerca tuyo de lo que tú te puedes imaginar - me contesta el viento y continúa hablándome - No importa el lugar donde tú te encuentres, yo llego siempre a ti ya sea como brisa ligera o viento huracanado. No importa cual sea el disfraz que yo me ponga. Lo que cuenta es que tú no tienes motivos ni para extrañarme ni para sentirte triste porque yo siempre estoy a tu lado.
- Y tú, entonces, ¿por qué me sigues? - le pregunto desafiante - pero, ¿condicionas nuestro amor?
El viento, por un momento, se queda sin respiración y luego me dice con voz seria - Si te sigo a todas partes es porque tú eres el aire que yo necesito para respirar porque te amo más de lo que tú te puedas imaginar aunque nuestro amor sea imposible. 

Celia baja la mirada. No sabe qué más decir. Quizás el viento tiene razón. Ella siente que el viento le sacude el alma mientras regresa en silencio caminando por la orilla de su vida. 

Y mientras yo observo, desde mi ventana del instituto meteorológico ubicado en un faro, como Celia camina pensativa, yo sé que mañana ella tendrá motivos para sonreir porque no se sentirá sola. Mañana habrá mucho viento todo el día.

MARISOL





Pintura de Susan Harrison Tustain.
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domingo, 28 de septiembre de 2014

La isla de Amalia


Érase una vez una niña llamada Amalia que vivía en una isla junto con su mejor amiga, una gatita llamada Siracusa. 

- ¿Podrías imaginarte salir de acá? - le preguntó  Siracusa mientras ambas se encontraban contemplando el mar.
- No, no pienso dar nunca ese paso - le respondió Amalia a su gatita.
- ¿Y si yo te acompañara? - le preguntó tímidamente Siracusa mientras le movía la colita y se arrimaba a ella como buscando su protección.
- Tampoco, de ninguna manera - le respondió Amalia. Su voz sonaba tranquila pero seria.
- Pero, ¿por qué no quieres salir de esta isla? ¿No te da curiosidad de ver más allá del horizonte de tu propia vida? - le preguntó Siracusa mientras trataba de mirar directamente hacia el alma de su querida amiga Amalia.
- Esta isla me da lo que yo necesito - le contestó Amalia. Y acá es donde yo me quiero siempre quedar. Es más, si yo abandonara esta isla, tú dejarías de existir, querida Siracusa.
- ¡¿Qué?! No te entiendo - le respondió la gatita completamente desconcertada. 
- Mira, querida amiga - le dijo Amalia. Tú sólo eres un personaje inventado por mí. Y esta isla, dónde tú y yo nos encontramos es mi imaginación.
Y mientras Siracusa la miraba con los ojos muy abiertos, Amalia le terminó de decir:
- Tú crees que tú y yo vivimos solas en esta isla, ¿verdad?
Siracusa no podía hablar. ¿Es que acaso ella no existía de verdad?
- Tú no ves mi realidad, Siracusa. Fea no es del todo, pero no es perfecta como a mí me gustaría que fuera. Y acá en esta isla tú sólo conoces serenidad y alegría a mi lado.
- ¿Quiere decir que si yo te pidiera entrar en tu realidad, yo dejaría de existir? - le preguntó Siracusa tristemente.
- Así es, querida amiga. Dejaríamos de hablar tú y yo. No podríamos comunicarnos. Sólo acá podemos hacerlo. Esta isla no sólo es mi refugio, sino que acá  yo te doy vida.
Siracusa bajó la mirada y luego alzando su carita triste le dijo:
- Entonces, quiero dejar de vivir.
- ¡¿Por qué?! - le preguntó sorprendida Amalia.
Siracusa siguió hablando:
- Yo quiero conocer la realidad y no sólo vivir en una fantasía a tu lado. Sé que el precio es alto, pero me arriesgo. Prefiero morir porque quiero pensar que renaceré en el cuerpo de una gatita de verdad.
Amalia se sintió intranquila. Siracusa le pedía algo que nunca se le hubiera ocurrido pensar ... Dejar el mundo de la fantasía por el mundo de la realidad. Normalmente la mayoría de las personas daríamos todo por dejar nuestra realidad y vivir en una maravillosa fantasía. Amalia sintió vergüenza, porque ella no quería abandonar su isla. Aquí ella era feliz. Fuera de ella, no.
- Entonces, dejaré de hablar contigo - le respondió molesta Siracusa. Llegará el momento que me suplirás por otro animalito. Y yo moriré con la esperanza de renacer, algún día, en la realidad. Allí donde realmente yo quiero vivir te guste o no.

Pues bien, yo sé que Siracusa murió y renació. Ella vive en una isla, pero en una isla de verdad. Si bien su realidad no es perfecta, ella no está sola. Siracusa tiene muchos amigos gatunos que la ayudan a salir adelante en la vida. Siracusa tiene sus patitas bien puestas sobre tierra, puesto que ella sabe muy bien que la fantasía, cuando la necesita, le da nueva energía para caminar con paso seguro sobre su realidad. 

¿Y a tí querido lector te gustaría vivir solamente en la isla de Amalia o te gustaría apostar por la vida real como Siracusa?


MARISOL





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lunes, 22 de septiembre de 2014

El tiempo y yo


Es el tiempo quien me me escoge para bailar con él. Me dejo llevar. Nadie ni nada puede impedir que bailemos para así poder unir el pasado con el futuro pues en este presente me encuentro en un sueño del cual no quiero despertar. Hoy día, no. Lo haré recién mañana.

El salón es grande. Espejos nos rodean y un vals se deja escuchar una y otra vez. Es un vals precioso. Nunca antes lo había escuchado. Acaso, ¿lo canta mi alma? ¿O es la tuya? 

¡Ay! Hoy día no quiero despertar para no ver que tú a mi lado no te encuentras. El tiempo me sostiene en sus brazos para no caer en el vacío del olvido. Olvidarte no puedo aunque el amor sea un ardiente de todo. Pero, ¿qué es todo? ¿Tú o la felicidad? Quizás sea cierto que quien todo lo quiere, al final todo lo pierde porque el mayor obstáculo de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy. 

Pero el tiempo viendo lo triste que me siento, deja de bailar abruptamente conmigo. Está arrepentido de hacerme sufrir. Y yo al verle a los ojos me suelto de sus brazos y cuando quiero abandonar el salón y salir corriendo, me detiene alguien rápidamente y me pide sonriendo amablemente bailar conmigo. Acepto. Reconozco quien me habla. Es la vida. La mía.

MARISOL 





jueves, 18 de septiembre de 2014

La solución perfecta

Érase una vez un hombre vanidoso llamado Luis. No importaba donde se encontrara tenía que tener un espejo a mano, grande o chico. Le gustaba mirarse y maravillarse de lo guapo que era aún siendo ya un hombre de setenta años. 

Un buen día encontrándose Luis frente al espejo del baño, un espejo mágico, por cierto, se dijo en voz alta:
- Me gustaría que mi esposa se viera más joven, que tuviera veinte años menos que yo porque a pesar de tener setenta años como yo, tiene más arrugas que yo. ¡Cómo me gustaría que ella se viera más  atractiva, más linda, más ... !
- ¡Basta! - gritó el espejo. Pensé que tú  querías a tu esposa y que la aceptabas tal cual es, pero veo que no es así.
- ¡Házmela más joven!  - pidió suplicante Luis. Es que su belleza se ha marchitado y la mía no.
- Acaso, ¿no cuenta para ti la belleza interior de tu esposa?  - le preguntó molesto el espejo.
- Sí, claro - replicó Luis. Pero más linda se verá si la haces más joven para ser la envidia de todas nuestras amistades.
- Bien - dijo el espejo. La volveré más joven siempre y cuando ella así lo desee. Se lo preguntaré. Llámala y dile que venga acá para hablar con ella.
- Lo haré inmediatamente - respondió Luis ansioso y luego gritó -  ¡Caarlaaaaaa! ¡Vén rápido al baño!
Su esposa llegó asustada preguntándole a Luis que qué sucedía, por qué tanto alboroto. 
El espejo fue el que tomó la palabra y le dijo:
- ¡Hola Carla!  Tu esposo me pide hacerte más joven porque tú te ves muy arrugada y porque así a él ya no le gustas.
Carla se quedó petrificada y luego de un par de minutos habló:
- Bien, pero con una condición - dijo ella muy seria.
- ¿Cuál? - preguntó el espejo también serio.
- Que tú y yo nos quedemos a solas y que Luis se vaya a darle una vuelta al perro mientras haces mi transformación.
Luis aceptó encantado. Salió corriendo a buscar al perro. Al regreso su esposa se vería más joven.
Es así como el espejo y Carla se quedaron a solas. Conversaron largo. Intercambiaron ideas. Pues bien, cuando regresó Luis, después de casi una hora, al entrar a casa vió que su mujer sí se veía guapa, pero cambio radical no había.
- Pero, ¡el espejo no ha hecho nada contigo! - gritó indignado Luis. Estaba furioso. 
- ¡Mírate en el espejo! - le respondió fríamente Carla. Y tendrás la respuesta.
Al mirarse Luis en el espejo gritó.:
- ¡Nooo! ¡¿Pero qué ha hecho el espejo conmigo?!
- Como tú querías que tu esposa se viera veinte años más joven que tú - le respondió gritando desde el baño alegremente el espejo y luego continuó hablando en voz alta que retumbaba en toda la casa - y ella no quería que le quitara ninguna arruga, pues, decidimos entre ella y yo que la solución perfecta sería aumentarte a ti la edad. Ahora tú te ves como de noventa. Genial idea, ¿verdad? Así tu esposa se ve veinte años más joven que tú. ¡Ja!

MARISOL



martes, 9 de septiembre de 2014

El gato y el pez del tiempo



Érase una vez un gatito que quería ser inmortal. Quería vivir para siempre; nunca morir. Él no se contentaba solamente con tener siete vidas como dicen por ahí. Psst, pero ninguna seguridad hay que esto sea cierto. A mí no me consta.

Un buen día mientras el gato miraba el cielo estrellado de una noche de verano cálida, las estrellas comenzaron a bailar alrededor de él mientras se disfrazaban de peces. Es así como una de las estrellas se le acercó al leerle los pensamientos al gato y le dijo:
- Tu deseo lo puedo hacer realidad pero con una condición.
- Díme cuál es - le dijo el gato sorprendido e inquieto.
- Que te disfraces como pez igual que yo.
El gato luego de meditar la idea aceptó. Pero en cuanto se puso el disfraz, se dió cuenta que ya no se lo podía sacar. ¿Qué pasaba? ¡¡¡¡ Socorro !!!!!
- ¡Miauuuu! Yo no te dije que quería dejar de ser gato - gritó el gato desesperadamente.
- Y tú no me preguntaste si el disfraz se te quedaba pegado a tu cuerpo - rió el pez. Además, no eres un  pez cualquiera, sino un pez del tiempo.
- ¿Qué debo entender? - preguntó angustiado el gato.
- Pues, que de ahora en adelante nadarás entre el pasado, presente y futuro, te deslizarás por todo el Universo y vendrás a la Tierra a llevarte las almas de los que mueren a tiempo o a destiempo, manejarás las manecillas del reloj como te dé la gana. Ésta será tu tarea por cumplir como pez del tiempo.

Bueno pues, el gato en cuestión no sólo viviría eternamente, sino que tendría una función importante por cumplir. Y como su vida como gato ya no le satisface para nada, la idea de transformarse en pez del tiempo le está empezando a gustar. Pero quién sabe si con el tiempo se aburra de jugar este papel.  Mmmm ... creo que es un gato inconforme. Acaso ¿no lo somos todos un poco? A mí personalmente la idea de poderme desplazar de un tiempo a otro me parece fascinante, pero prefiero vivir en el aquí y ahora con mi reloj en mano aunque no esté conforme del todo con la vida que llevo y sin tener que saber necesariamente la hora que me toque abandonar la Tierra. 


MARISOL

Mira a este gato acariciando a unos peces



lunes, 8 de septiembre de 2014

El acuario

 


Mi hijo Roberto de seis años tiene un acuario en su dormitorio. Se siente atraído por los peces, los corales y por el fondo del mar. De adulto será biólogo marino, me repite una y otra vez. Pues bien, el acuario es grande. Entre su padre y yo se lo instalamos hace pocos días atrás. Roberto escogió los peces. No son muchos, pero los cuida con cariño. Mientras les da de comer, les habla.
- Ustedes tienen mucha suerte. Siempre reciben alimento. Nada les falta. Tienen un acuario limpio y grande. Realmente son peces afortunados. ¡Quién sabe que sería de ustedes si vivieran en el fondo del mar! Quizás morirían por contaminación o serían comidos por un pez mucho más grande.
Los peces lo miran en silencio. No hay reproche en sus miradas. No conocen otro mundo, sólo éste, el del acuario.
- En el fondo, son peces felices, mamá. ¿Sabes?
- Mmmm ¿no lo serían más si vivieran en libertad? - le pregunto a mi hijo.
- Yo no creo que la libertad exista como tal - me responde mi hijo. 
- ¿Por qué crees esto? - le pregunto consternada.
- Porque yo creo que lo que sí existe es la búsqueda de la libertad, y esa búsqueda es la que nos hace libres, mamá. Y como mis peces no conocen lo que es la libertad, entonces no necesitan buscarla. ¿Y tú?
La respuesta de mi hijo me deja sin habla, sólo lo miro igual como uno de sus peces.
Mi hijo luego riéndose me dice que como yo soy Piscis igual que él, tenemos que ser felices igual como los peces de su acuario.
- ¿Y tu papá es feliz? - le pregunto curiosa de su respuesta.
- Por supuesto - me dice mi hijo. Aunque papá tenga otro signo zodiacal, él es feliz de tenernos en su acuario de vida.
- ¿La vida es para ti como un acuario? - le pregunto a mi hijo.
- Sí, nosotros somos como los peces  porque nadamos en el mar de la vida. Y el mar es el acuario más grande que existe, que yo sepa, mamá.

MARISOL