Ana María, tal vez, nunca logre llegar donde tenía la intención de ir, pero, algún día, habrá terminado donde tenía que estar. Pues sí, ¡quién sabe!, allí donde su vida nunca estuvo ajena a la magia... esa magia que cual puente la ayudó a cruzar para ir del mundo visible hacia el invisible mientras ella veía sorprendida como la felicidad, viajando de incógnito y flotando en el aire, había llegado a tocar la puerta de su corazón más de una vez, sobre todo, cuando ya no se lo esperaba. Quizá por ser lo inesperado lo que acontece entre la realidad y lo trascendente. Y es que el que no cree en la magia nunca la encontrará y menos en las estrellas y en los libros...
Es así como a la luz de las farolas es de poca importancia lo que pensamos, lo que sabemos, lo que sentimos, lo que imaginamos o lo que creemos. Sólo es importante lo que hacemos, sobre todo, si nuestras acciones están vestidas de buena voluntad por llevar dentro nuestro la magia del corazón... allí donde la vida ni te araña el alma ni tampoco ésta se viste de rituales, símbolos y técnicas para influir en nuestra realidad de manera inexplicable o sobrenatural.
Pues bien, si bien la magia se considera una ilusión o una forma de pensamiento mágico que no se ajusta a las normas de evidencia y racionalidad por ser abordada desde un enfoque crítico y hasta escéptico, Ana María piensa que si bien tanto la magia como la religión comparten una dimensión simbólica, su camino se bifurca en su orientación hacia la divinidad... allí donde, finalmente, todas las leyes humanas se alimentan de la ley divina.
Y es que haciendo el bien, querido lector, tu corazón y el mío irradian esa luz divina que les envuelve vistiéndolos de magia. ¿Y sabes por qué? Pues, porque la divinidad está en ti y en mí. Es así como Ana María, a la luz de las farolas de su vecindario, entabla un diálogo abierto con Dios. No le pide una carga apta para sus hombros, sino le pide unos hombros aptos para soportar su mochilla llena de preocupaciones. Y no sólo las suyas propias, sino las preocupaciones que sacuden al mundo desde hace ya tiempo... ese tiempo donde es preciso considerar el pasado con respeto y el presente con una buena dosis de desconfianza, sobre todo, si se pretende asegurar nuestro porvenir como humanidad.
Y ¿sabes por qué, querido lector? Porque ya han sido muchos que quisieron traer luz al mundo (manifestando paz, amor, felicidad y sentido de unidad con el universo) y terminaron colgados de una farola, con excepción de uno que no sólo fue colgado, sino también crucificado en una cruz. Y es que la luz de Cristo es la energía divina, el poder o influencia que procede de Dios y que ejerce una influencia para bien en la vida de las personas y las prepara para recibir el Espíritu Santo. Es su luz divina la que nos ilumina tanto espiritualmente que podemos prescindir de estar bajo la luz de las farolas.
Este título se presta para escribir una novela que nunca Mónica escribirá porque ya la tiene guardada en el fondo de su corazón. Esta bonita frase inventada en boca de un gran amigo de Mónica cobra, hoy día, nuevamente vida. Es como si la presencia invisible de su madre hubiera resucitado de improviso al escucharle decir a Mauricio: "Le diste todo y más allá..".
Suena como a un susurro - se dice a sí misma Mónica. Es como si Dios le hablara a su conciencia a través de esta frase por estar cargada no sólo de amor, sino de dolor... ese dolor que se transforma como en un megáfono para así despertar los recuerdos adormecidos. Esos recuerdos donde se reconcilian el pasado con el presente de Mónica y que no los puede ocultar porque sería como borrar su historia de vida. Y es que estos recuerdos le han dejado un sabor duradero ya que haciendo un balance de las horas que han valido la pena por tanto esfuerzo (físico como emocional), ella siempre se encuentra pensando con aquellas horas que no le procuraron ninguna fortuna, sino más bien desazón y tristeza.
"Le diste todo y más allá..." suena como una voz suave que muere porque su música vibra en la memoria de Mónica y también de Mauricio ya que él razones tiene para haberla inventado. Y no tanto porque él viva de sus recuerdos, sino porque su memoria le devuelve esas sensaciones pasadas que aún existen en su presente. Son sensaciones actuales ya que su madre aún vive y él lo está dando todo para que ella viva no sólo bien, sino para que se sienta siempre querida porque se lo merece, y más...
Bien, cuando Mónica escuchó de Mauricio esta frase, sonó como un eco en su corazón al pensar en Margot, una amiga muy querida, porque la supo apoyar no sólo a ella, sino también a sus padres. Margot también lo dió todo y más allá por ellos dos y, luego, por la madre de Mónica cuando quedó viuda y su cuerpo y alma enfermaron de la pena al no ser más la de antes... cuando ese antes no estaba cargados sólo de recuerdos.
¿No será que estas seis palabras representan al amor incondicional? Pienso que sí porque éste es el más puro amor y es porque está hecho sin condiciones y sin beneficios para nadie. Lamentablemente no todos pueden amar de esta manera, sobre todo cuando el verbo "Amar" no espera nada a cambio y sólo ama desinteresadamente. Es esa clase de amor que no desaparece, a pesar de los desafíos o de las adversidades. Es esa clase de amor que intenta, persiste, persevera, se es fiel a sí mismo y pelea a brazo partido con el destino ... ese destino que le instó a Mónica a obrar, pero no para ir en su contra, sino para ir delante de él. Yendo, sobre todo, de la mano de su querida amiga, Margot. Y es que junto con ella pudieron no sólo dejar asombrada a la catástrofe aunque miedo o rabia les diera, por momentos, sino porque también se enfrentaron al poder injusto, se rebelaron contra toda victoria fácil, y porque resistieron unidas como un bloque indivisible logrando sobrevivir a lo inimaginable. Y todo gracias a que las dos le plantaron cara a ese gran desafío vestido de amor incondicional que las unió para siempre. Y, ¿sabes por qué, querido lector? porque la unidad es la ley suprema del universo porque su belleza no sólo procede de una unidad en la variedad (de ideas o deseos), sino también de la variedad en la unidad. Y también es importante no olvidar que la generosidad jugó un papel importante en esta historia familiar porque tanto Mónica como Margot tuvieron la capacidad de anteponer las necesidades y bienestar de los demás (en este caso, los padres de Mónica) a los de ellas dos.
Desde algún lugar del universo, los padres de Mónica al unísono les dicen quedar infinitamente agradecidos tanto a ella, por haber ayudado desde la distancia y por haberlos visitado varias veces, y también están agradecidos con Margot, por haber estado siempre a su lado, no sólo al lado de ambos, sino cuando la madre de Mónica quedó viuda.
Y es que quien no ha afrontado la adversidad no conoce su propia fuerza. Es esa fuerza que representa todo esfuerzo. Y es que cuando el esfuerzo es aplicado para el bien no se suma, sino se multiplica, sobre todo, cuando su amor se funda en mutua lealtad. Y, ¿sabes por qué, querido lector? porque la lealtad es el camino más corto entre dos corazones. Así, que espero, querido lector, que alguien amado por ti, algún día, te pueda decir también la linda frase de Mauricio:
"¿En
qué cielo se quedó mi alma suspendida como una nube?"- se pregunta Inés
mientras se imagina ser un pajarillo que despliega sus alas para hacer
volar su imaginación... esa imaginación que de la nada saca un mundo,
sobre todo, uno que no se encuentra tallado de cicatrices. Y, sin
embargo, ella sabe muy bien que las cicatrices (no sólo físicas, sino
del alma) son esas heridas que no se ven a simple vista pero que se
sienten, por momentos, con la intensidad de una gran tempestad.
Pues sí, las
cicatrices del alma de Inés son las que dirigen sus manos sobre el
teclado de su computadora. Ella escribe no para olvidar, sino para perdonar
porque las cicatrices no sólo nos enseñan a sobreponernos al dolor, sino
que con el pasar del tiempo las heridas, tarde o temprano, curan. Unas
veces, de manera repentina, inesperada o no buscada, otras, con ayuda profesional. Si bien dos veces buscó a una psicóloga, Inés se dió cuenta que ella era más fuerte de lo que nunca se hubiera imaginado.
Inés
no es que luche contra corriente. Todo lo contrario. Ella fluye con la
vida. Lo intenta tercamente. Es como si se dejara atraer por el poder de seducción que ésta
tiene sobre ella. Si bien sus cicatrices son como esos recuerdos que se
aferran a su piel, ella piensa también que las cicatrices son como esas
marcas que van cartografiando todas nuestras experiencias vividas, sobre
todo las malas, y que ayudan a nuestra memoria a obtener una enseñanza
de todas ellas. Tal vez, las cicatrices del alma existen para recordarnos
que somos más fuertes que nuestras propias heridas. Acaso, ¿no es
cierto que cuando las cicatrices sanan, la piel de la cicatriz es más
fuerte que la piel anterior? Pienso que las cicatrices nos recuerdan no
sólo una mala experiencia pasada, sino que éstas nos piden superarla y a
no albergar resentimiento alguno en nuestra alma para evitar así sentir
el dolor de todo eso nuevamente. Más de una vez, ella ha pensado que si
no hubiese ocurrido todo lo que le sucedió, nunca hubiera sabido de lo que
era capaz, sobre todo, de su capacidad de resiliencia.
Más
de una vez, Inés pudo adaptarse a la adversidad, pudo superar traumas, problemas de salud, problemas familiares y hasta financieros
manteniendo una actitud de tolerancia, flexibilidad, perseverancia y
confianza así sus avances hayan sido lentos, pero relativamente
seguros. Pues bien, si bien las cicatrices (físicas) son batallas que el cuerpo expresa que ha sido herido sea por un raspón, una quemadura, una cortadura o tras una cirugía, están las cicatrices del alma que son producto de las heridas del rechazo, abandono, humillación, engaño, abuso, bullying, de la traición, injusticia o decepción. Este tipo de heridas nos recuerdan que hay que tratarlas porque duelen. Sin embargo, cuando una herida cerró, sólo queda una cicatriz que nos dice que está curada y que algo pasó en alguna ocasión.
Inés sabe que todos llevamos una mochila de experiencias y vivencias que, por mucho que intentemos obviarla, está ahí. Si bien las cicatrices le recuerdan lo vivido aunque, a veces, intentemos de tener una amnesia selectiva por el dolor que nos causan, ella ha aprendido a librar sus batallas. Por suerte, hasta ahora no la han derrotado porque necesita estar fuerte para poder librar otras batallas futuras o estar en la capacidad de ayudar a otros para que puedan salir también de sus problemas. Y es que los problemas no sólo son esas oportunidades que nos demuestran lo que sabemos, sino que la única manera de resolverlos no es gastar el tiempo y energías en hablar de ellos, sino en enfrentarlos así nos duelan, sobre todo, cuando las heridas se vuelven abrir, y luego, por suerte, cual heridas ya sanadas nos dejen sólo cicatrices.
Si todos nos pusiéramos a pescar estrellas, sobre todo, aquellas que llamamos estrellas fugaces, el Universo se terminaría quedando vacío de ellas y así nosotros nos quedaríamos sin poder pedir más deseos. Sin embargo, el Universo me llamó a la reflexión y me exhortó a que limite mis deseos porque no puedo pretender que las cosas ocurran como yo quiero. Es así como el Universo me dijo que debo aceptar el hecho que es mejor desear que nuestros deseos se produzcan tal como se deben producir para poder vivir sin grandes expectativas. Quizás aquí radica la clave para ser feliz. Es más, Él me explicó que la vida, la mía o la tuya, querido lector, no está hecha de deseos pero sí de los actos de cada uno. Y me recalcó que a mi alma (como a la tuya también) se le mide por la amplitud de sus deseos de la misma manera que uno juzga de antemano un rascacielos por la cantidad de sus pisos.
Después de escuchar al Universo, le pregunté que qué pasa cuando uno se acostumbra a no conseguir nunca lo que uno más desea. El Universo, después de soltar una carcajada, me respondió diciendo que, al final, uno acaba por no saber incluso lo que quiere. Yo, la verdad, que no sé si quería reirme igual que Él porque no hay cosa más bonita que vivir sus deseos, agotarlos en vida ya que es el destino de toda existencia como la mía o la tuya, querido lector. El Universo, si bien me entendió, me hizo saber que no sólo me dedique a desear algo en voz alta, sino que me esfuerce por alcanzarlo porque si no me quiero sentir frustrada o triste, debo aprender a sólo desear todo aquello que dependa de mí y no de otros.
Mientras me encontraba conversando con el Universo, una estrella fugaz hizo un alto en su camino y me dijo que los deseos se tienen pero no se piden porque lo que se pide es el objeto del deseo. ¡Es verdad! Y como yo no hablaba, la estrella fugaz me dijo que los deseos de tu vida, querido lector, o de la mía terminan formando una cadena, cuyos eslabones son las esperanzas y es que éstas nos recuerdan que lo esperado no sucede, sino, más bien, es lo inesperado lo que acontece y hay que saberlo aceptar. Es más, la estrella fugaz me hace ver que las esperanzas son un empréstito que se le hace a la felicidad... esa felicidad que cuando viaja de incógnito, sólo después que ha pasado a nuestro lado, realmente sabemos de ella. Después de escucharla y antes que ella se despidiera de mí, tomé conciencia que no sé si quiera seguir pescando estrellas esta noche cuando me ponga a la ventana de madrugada, sobre todo, cuando busco estrellas fugaces entre las estrellas porque tengo una lista de antiguos deseos que me gustaría que se cumplan.
El Universo (vasto símbolo de Dios), después de despedirse también de la estrella fugaz, me dijo a modo de consuelo que tanto tú, querido lector, como yo somos pedazos de él, del universo, hecho vida. Y es que tanto en tu corazón, querido lector, como en el mío no sólo brilla la estrella de nuestro destino, sino que existe, al menos, un rincón del universo que con toda seguridad podemos mejorar, y somos nosotros mismos. Quizá debamos no sólo aprender a no temer todas las cosas como mortales y todas las que deseamos como inmortales, sino también debemos aprender a no sólo pedir deseos porque es como soñar y soñar en teoría es vivir, finalmente, un poco, mientras que vivir soñando es no existir. ¿Y sabes por qué, querido lector? Porque a nadie cuesta más vivir que a aquel que mucho desea. Es cierto, pero yo (no sé si tú también) tengo un solo deseo. El Universo sabe cuál es.
Espero que esta noche se deje ver una estrella fugaz para poderla pescar con mis manos y acunarla no sólo dentro mi corazón, sino en el tuyo también, querido lector. ¿Y sabes por qué? porque si bien la razón (o inteligencia) puede advertirnos sobre lo que conviene evitar, sólo el corazón nos dice lo que es, realmente, preciso hacer sin necesidad de estar pescando estrellas.
¿De qué color está vestido el futuro? se pregunta Ana María. Sinceramente pienso que ella no trata de describirlo, sólo de prevenirlo aunque ella me haya pedido, querido lector, que te pregunte: ¿Qué puede haber imprevisto para el que nada ha previsto? La verdad que no sé qué contestar porque pienso que cuando se está en medio de las adversidades, ya es tarde para ser cauto.
Ana María suspira porque, por el momento, el color del futuro no luce ni esperanzador ni alegre ni irreverente. Tal vez porque el futuro está oculto detrás de todos nosotros que lo hacemos. Pareciera como si éste se encontrara en una dimensión diferente y jugara a las escondidas con todos nosotros.
La verdad es que yo pienso diferente. Ana María al mirarme molesta, yo le digo (como el destino que soy) que mientras yo baraje las cartas, tanto ella como tú, querido lector, serán los que jugarán. Y les advierto que deben jugar limpio para no culpar a otros de sus errores. Pero al decir esto último, Ana María me dice muy molesta que no siente el menor deseo de jugar en un mundo en el que todos hacen trampa. Tengo que admitir que ella tiene razón porque en asuntos internacionales, la paz es un período de trampas entre dos luchas.
¡Ay! El futuro no realizado es como una rama seca que queda atrapada sólo en el pasado... en ese pasado del cual ya deberíamos haber aprendido a valorar mejor la vida porque quien no la valora, no la merece, pues, la mayor parte de los hombres no hacen otra cosa que existir. Esta vez, si bien Ana María me da la razón, ella con un buena dosis de optimismo sabe que las ramas de todo árbol, pasado el invierno o la época de oscuridad en la que se encuentra la humanidad, reverdecerán y florecerán.
No quiero afligir a Ana María más de la cuenta. Mientras ella me mira en silencio, sus ojos me preguntan si acaso no será cierto que el futuro pertenece a quienes crean en la belleza de sus sueños. ¿O será que el futuro es tan sólo una página en blanco?, ¿o será, quizás, una fe de erratas?
- ¡No sé qué es mejor! - grita Ana María bastante afligida aunque trate de que su voluntad y esperanza sean optimistas porque, lamentablemente, su conocimiento es pesimista. Y es que un pesimista es un optimista con experiencia porque como dice un dicho bastante conocido por todos: "Más sabe el diablo por viejo que por diablo".
Mientras trato de calmarla le hago saber que, más bien, no piense demasiado en el futuro porque éste llega muy pronto. Sin embargo, Ana María sabe perfectamente que al reconocer las señales o indicios de lo que ha de suceder, ella hará lo posible de vestir su futuro, hasta su último suspiro, con el mejor color de todos, con el color del amor porque éste es el verdadero color que la humanidad necesita para vivir sin enfrentamientos, sin contratiempos y sin conflictos bélicos. Y es que vivir en armonía con los demás nos da la paz interior que necesitamos para ser realmente felices. Y aunque esto suene a utopía, Ana María quiere pensar que no es demasiado tarde para construir una, del color que tú desees, querido lector, que nos permita, en un futuro cercano, compartir la tierra entre todos como ésta realmente se merece.
La vida es posible pese a todo hasta cuando pretendemos mantener a raya al horror, a la tristeza, a la inseguridad y a la soledad. Y así la vida, por momentos, nos parezca muy traicionera, tenemos que ingeniarnos para ser felices, pero no buscando la felicidad fuera de nosotros como si fuéramos caracoles que caminamos en busca de nuestras casas o buscáramos nuestros lentes cuando los tenemos sobre la nariz. Más bien, hay que pintarla tercamente de un intenso y creciente color verde para desafiar a cualquier viento gélido que nos quiera morder sin clemencia nuestra alma ... esa alma que tiene ilusiones como el pájaro tiene alas ya que eso es lo que lo sostiene.
¡Ay! Una vida sin ilusiones es estéril como un desierto. Y así las ilusiones no las podamos comer, sí que nos alimentan espiritualmente. Sin embargo, cuando las vamos perdiendo en el camino de la vida, mientras vamos madurando y no sólo envejeciendo, nos damos cuenta que necesitamos tener otras ilusiones. Será porque la esperanza es como un árbol en flor y también frondosamente verde que se balancea dulcemente al soplo de las ilusiones así éstas sean sólo ilusiones perdidas.
Y es que algo que he aprendido es que nuestra experiencia (aquella que nunca es un fracaso porque siempre nos demuestra algo) se compone más de ilusiones perdidas que de sabiduría adquirida. ¿Y sabes por qué, querido lector? Porque saber mucho da ocasión de dudar más. Será porque la duda es la madre del descubrimiento porque para investigar la verdad es preciso dudar, así sea de todo. Quizá porque la duda es más apasionante que solamente creer ya que creer todo a pie juntillas resulta ser tan monótono como el color gris. Y es que la falta de cromatismo nos vincula al aburrimiento, apatía, falta de ambición, falta de fuerza y capacidad de lucha. Por este motivo, pinto mi vida de colores. Pues bien, la pinto con uno de mis colores favoritos, el verde, no sólo por simbolizar bienestar, felicidad y salud, sino por conectarnos con la estabilidad y la armonía, y porque lo asociamos con el renacimiento, la sanación y la protección.
El color Verde me mira agradecido por preferirlo ahora. Y es que este color es uno de los colores que domina en la naturaleza (junto con el color azul). Cuando pienso en el color Verde Esperanza imagino no sólo montañas, valles, bosques, selvas, pinos, cedros, robles, castaños, eucaliptos, palmeras, cáctus, etc. Pienso también en ranas, saltamontes, orugas, loros, iguanas o en la boa esmeralda. Con el color Verde me invade una sensación de tranquilidad y paz. Es más, estar en contacto con las plantas y árboles nos ayuda a aliviarnos del estrés. Demás está decir que el verde predomina en numerosas hierbas aromáticas y curativas que previenen y curan enfermedades.
Definitivamente, en este momento, el color verde me gusta mucho aunque algunos se pongan verdes de envidia al asociar este color al liderazgo, a los pensadores estratégicos, a personas independientes y tercas al basar sus decisiones en hechos, además de ser conciliadores y pacifistas. Sí, es el Verde Esperanza con el que deberíamos pintar a la humanidad entera, sobre todo, sosteniendo un trébol de cuatro hojas entre nuestras manos. ¿Y sabes por qué, querido lector? Pues, porque cada hoja representa uno de los cuatro componentes básicos de la felicidad. Y son: Amor, Fe, Suerte y nuestra querida Esperanza.
Antes de terminar, te hago saber que a esta última me aferro porque así el mundo se acabara mañana, plantaría un árbol. ¿Y tú, querido lector? El árbol no sólo significa vida. También es la conexión entre el cielo y la Tierra, entre lo divino y lo humano. Allí donde no entra en juego no sólo el color Verde Esperanza, sino, más bien, la Divina Esperanza o Esperanza Divina porque ésta es como un faro, p.e., en la música, al ofrecernos consuelo y fortaleza en momentos de incertidumbre. Recurro a ella porque expresa fe y optimismo al igual que mi querido Verde Esperanza.
Apartarnos
de la realidad (muchas veces altiva, voraz, enigmática y hasta calculadora)
no podemos aunque quisiéramos. Sólo por momentos lo logramos sea
p.e. trabajando o entreteniéndonos con nuestros pasatiempos. Somos como
héroes caídos tratando de hacer un alto ante la realidad no sólo por
sentirnos huérfanos de toda felicidad, sino por esa sensación de derrota
incrustada en nuestras almas por ver a una fuerza mayor, tan oscura como la noche, moviendo los hilos del
mundo. Es como un gigantesco titiritero que nos mueve a su antojo
provocando desórdenes en todo el mundo en la ilusión de que luego podrá
frenarlos o encauzarlos según sus deseos. Mas, ¿dónde quedaron nuestros
deseos? Quizá no existan como tal porque la vida no está hecha de
deseos, sino más bien de los actos de cada uno de nosotros. Debe ser
cierta esta idea porque cuando uno se acostumbra a no conseguir nunca lo
que desea, pues acaba uno por no saber incluso lo que uno quiere. ¿Y
qué es lo que tú quieres, querido lector? Me atrevo a decir que la
primera palabra que sale de tus labios es PAZ.
Sinceramente,
yo abogo, más bien, por la palabra: RAZÓN por ser la facultad del ser
humano de pensar, reflexionar para llegar a una conclusión o formar
juicios de una determinada situación. Y, sin embargo, es triste ver cómo
nos jactamos de ser animales racionales, pero, ¿razonables? Mmm....
Tal vez, excluir la razón como no admitir más que la razón sea una gran
equivocación aunque la verdad si no chocamos contra la razón, nunca
llegaremos a nada, a ningún lado así ésta obre con lentitud. ¿Y sabes
por qué, querido lector? porque la razón necesita no solo de la fé para
salvarse y salvarnos, sino es necesaria también para sopesar las
probalidades en la balanza de nuestros deseos así como llegar a
comprender que hay muchas cosas que la sobrepasan.
En mi modesta opinión pienso
que la razón se compone de dos verdades: la que hay que decir y la que
hay que callar porque todo lo racional es real y todo lo real es
racional. Y si la razón va de la mano del corazón, mejor, porque el corazón tiene razones que la razón ignora. Por este motivo hay momentos donde los hilos del mundo tiemblan, aunque sea por pocos instantes, porque las manos del titiritero son las que realmente tiemblan, dudan.... Y es que mientras la razón se hace adulta y vieja, el corazón permanece siempre niño porque desea conservar su inocencia... esa inocencia, que muchos piensan que es un lujo que uno no se puede permitir porque la realidad te despierta a bofetadas.
- ¡Ay! Pero nosotros, cual títeres, tenemos alma - le grito enervada al titiritero - Es más, podría ayudarte a encontrar tu propia alma, si quisieras. Pero, el titiritero me ignora porque sabe que los títeres como yo podemos hacerle hacer cosas a él que ni siquiera se le habían ocurrido hacer. Y es que los títeres tienen su propio carácter y personalidad más allá del que mueve los hilos. Por este motivo debemos hacernos la pregunta: ¿Quién manipula a quién? En la vida pasa lo mismo. Muy pocas veces tenemos consciencia de saber qué parte de nosotros está manipulando nuestras palabras, emociones, pensamientos, etc.
Si bien me doy cuenta que muy por encima de mi cabeza hay un manipulador moviendo los hilos no sólo de mi vida, sino de la tuya también, ¿cómo hacer para sentirnos libres de tanta presión emocional, miedo ante las guerras que bailan sin ton ni son y nos obligan a tomar partido y terminamos peléandonos unos con otros? Por un momento, me imagino trepando por los hilos y matando al titiritero para poder ser libre. Sin embargo, la idea la descarto por ser vengativa. Pero, ¿cómo romper estos hilos que nos mueven? Y es que siempre aparecen nuevas manos invisibles dispuestas a tejer nuevos hilos.
Realmente somos seres frágiles por vivir en un mundo que no siempre controlamos. Lo mejor es esforzarnos en controlar nuestra propia vida así como el titiritero trata de controlar a sus títeres. Quizá hay que aprender a escuchar los signos o señales que nos da la vida y estar preparados para lo que venga (sea lo que sea) y la mejor manera es viviendo en el aquí y ahora, en el presente, mientras como los niños nos emocionamos frente a un títere porque nos reconocemos en él. Será porque la infancia tiene algo de sagrado.
El titiritero me mira con odio como un perro rabioso. Y por más que él mueva sus hilos y zarandee de un lado a otro mi alma, lucharé desde mi trinchera pero sin lamentarme porque de nada sirve lamentarnos de los tiempos en los que vivimos. Pero, ¿cómo? Tal vez intentando comprender que no soy un personaje de tragedia aunque en el camino sea audaz intentándolo todo mas no consiguiéndolo todo. Mejor así, porque quien todo lo quiere, todo lo pierde. Lo único que queda es el amor porque es todo lo que realmente existe y porque el amor lo toma no sólo todo, sino que todo lo da por más que el titiritero se esfuerce como un necio en seguir moviendo los hilos del mundo así no sepamos realmente quién es el titiritero, mas intuimos quién está detrás y es aquella persona (o grupo de personas) que tiene la fuerza y poder necesarios para totalizar a las personas.
Pero, ¿quién diablos mueve los hilos del mundo de forma directa sin salir a escena? Sólo vemos a grandes grupos de poder, cual unidades administrativas y cual coaliciones secretas, que mueven los hilos en su lucha por la hegemonía global. Su manipulación no tiene límites y está orientada a la formación y redirección de la voluntad colectiva de las distintas sociedades que tiene nuestro mundo. Su manipulación va más allá de toda explicación asistida de la razón porque lo único que quiere es que la realidad se esconda tras la apariencia. ¿Y sabes por qué, querido lector? porque la apariencia es la que se impone como la verdad oficial mientras se oculta la verdadera verdad al que nosotros, los títeres, no podemos tener acceso por ningún motivo. Y por este motivo, debemos rebelarnos porque la insurrección es el acceso de furor de la verdad. Y mientras pienso esto último que acá escribo, nosotros, los títeres, sabemos que, a veces, la insurrección puede volverse resurrección para podernos liberar de los hilos que nos mueven y mueven a nuestro mundo porque es obvio que el mundo se está yendo al carajo y la única oportunidad posible es que intentemos prevenir que sea así.
El titiritero ya no me mira con rabia, sino que suelta una carcajada, pero su risa no es contagiosa. Todo lo contrario, da miedo. Y mientras él se ríe, y nosotros tratamos de descifrar quién es el titiritero, él pacientemente sigue moviendo como le dá la gana los hilos del mundo, y de paso, a nosotros también.
Iris sabe que los recuerdos son como sombras fieles que van de la mano de su memoria, ese paraíso donde ni ella, ni tú ni yo podemos ser expulsados. ¡Ay! los recuerdos son como equilibristas actuando entre brisas y tempestades sobre un inmenso escenario de dementes. Será por este motivo que al nacer lloramos por saber a dónde venimos. Llegamos a un mundo que podría ser mejor y más bello y, sin embargo, nos encontramos, por fuerza mayor, en un territorio impenetrable y hostil donde el amor queda fuera así él le muestre el trasero al mismísimo poder... a ese poder carente de moral pero que se deja llevar para pasar a la embriaquez, al exceso ante nuestros atónitos ojos y atentas orejas.
¿Será que el amor está de vacaciones o, acaso, está fuera de combate? se pregunta Iris. El amor sabe que aunque desafíe al poder, sobre todo, cuando todos quieren ser amos y ninguno dueño de sí mismo, también sabe lamentablemente que no todas las guerras tienen el cielo de su parte porque quien al cielo escupe, en la cara le cae y, finalmente, tarde o temprano cae de rodillas nuestra alma, sobre todo, cuando ciertos pensamientos nuestros se convierten en plegarias sea cual fuere la actividad que realicen nuestros cuerpos.
En este momento, Iris de la mano de sus recuerdos, recorre, cual gran equilibrista, sus tres tiempos por considerar al pasado con respeto y el presente con desconfianza, sobre todo, cuando se pretende asegurar nuestro esperado porvenir. Pero, ¿qué está por venir? Más bien, Iris no desea hacerse esta pregunta indiscreta. Desaría más bien conocer la respuesta. Aunque ¡ojo! si ésta fuera blanda, quebraría, para alegría de todos, a la ira en mil pedazos. Mas una contestación dura excitaría al furor. Su cólera exaltada no tendría límites porque se vengaría de todos nosotros, cual espectadores ante una pésima obra de teatro. Iris sabe que ni las pifias ni las protestas servirían de nada porque no ser nada y no amar nada, es lo mismo, al fin y al cabo.
Quizá deba Iris abandonarse a un sopor profundo y benéfico para despertar en otro mundo donde no se vista tan sólo de tristes sucesos. Ella busca un lugar de reposo que la cobije de tanta incertidumbre por no saber qué cantidad pueda ella seguir soportando mientras siente cómo ella se tambalea por no saber a qué agarrarse para seguir hacia adelante. Y es que delante suyo está el escenario. Sobre éste hay un velorio puesto en escena donde si bien no existen realmente ni muertos ni deudos, sin embargo, las notas necrológicas alrededor del mundo podrían ser incontables. Éstas poblarían el universo como estrellas. ¡Ay! si conociéramos el verdadero fondo del sentido de la vida tendríamos compasión hasta de ellas. Iris se pregunta si algún día encontrará la suya. Si fuera así estaría yo en primera fila para felicitarla porque ella insiste en hacerme saber que nació con una estrella pintada en su alma y no nació estrellada.
Y tú, querido lector, ¿estarías en primera fila para aplaudir no sólo a tu alma, sino también para aplaudir al destino del mundo? Y es que el mundo es una comedia para los que piensan y una tragedia para los que sienten. ¿Y sabes por qué, querido lector? porque el mundo no es un espectáculo, es, más bien un campo de batalla. Iris me mira y me pregunta si yo soy capaz de resistir a tanto dolor o si prefiero abandonar el campo de batalla sin haber luchado. Mi respuesta es que cada uno de nosotros lucha, a su manera, para ser feliz en el gran teatro de la vida.
Como a Iris no le convenció mi respuesta del todo, me dijo que mientras los débiles no luchan, los más fuertes luchan quizá una hora, pero los que aún son fuertes, luchan un par de años. Pero los más fuertes de todos, luchan toda su vida, pero no para abrirse a codazos o haciendo daño a otros cueste lo que cueste, sino la mejor lucha es combatir lo peor de cada uno de nosotros, nuestros vicios, malos pensamientos y malas intenciones. Sólo así estaría ella en primera fila para aplaudirnos no sólo a mí, sino también a ti, querido lector.
Mientras voy anotando concienzudamente en mi mente las Maravillas del Mundo, veo cómo éstas se multiplican al azar, quizá por ser éste el seudónimo de Dios al no querer poner su firma. Y es que Él sabe que en este mundo moderno en el que vivimos ya no hay sólo siete Maravillas, sino muchas más... Empecemos a nombrarlas: La gran Muralla (China), Petra (Jordania), Cristo Redentor (Brasil), Machu Picchu (Perú), Chichén Itzá (México), Coliseo Romano (Italia), Taj Mahal (India), Pirámides de Giza (Egipto), Jardines Colgantes de Babilonia (Irak), Templo de Artemisa (Turquía), Coloso de Rodos (Grecia), Faro de Alejandría (Egipto), Isla de Pascua (Chile), Cataratas del Iguazú (Brasil y Argentina), Las Torres Petronas (Malasia), Ópera de Sidney (Australia), Torre Eiffel (Francia), Guerreros de Terracota (China), Estatua de la Libertad (EEUU), Burj Khalifa (Emiratos Árabes Unidos), Puente de las Manos (Vietnam), La Sagrada Familia (Espana) y un larguísimo, por no decir un infinito, etcétera.
Hermoso sería si la humanidad (cansada de soportar tanta realidad violenta) cimentara una genuina amistad con el mundo (creado por manos divinas) para ser recreado no sólo en nuestra imaginación así tengamos la facilidad de sacar de la nada un mundo increíble y maravilloso como algunas de las maravillas nombradas. Me imagino por ser más importante la imaginación que la lógica ya que ésta es buena para razonar pero mala para vivir.
Buenos amigos deberíamos ser y tratarnos de manera poética para evitar que todas las maravillas del mundo estén expuestas no sólo a tanta basura, suciedad y contaminación ambiental ... Mi idea no es desproporcionada, sobre todo, cuando veo como muchos de nosotros estamos secos por dentro y no estamos dispuestos a reconocer al milagro, sobre todo, cuando constatamos que hay dos maneras de vivir la vida. Una como si nada fuera un milagro y la otra como si todo fuera un milagro.
Definitivamente el mundo reclama clemencia porque desea preservar no sólo estas maravillas, sino otras más donde se incluyen maravillosas obras literarias, musicales, científicas, tecnológicas, etc. Sólo pueden seguir siendo creadas por el ser humano si desea también conservarlas y quererlas. Esto es lo que deberíamos hacer la mayoría aunque una minoría esté empeñada en la tarea de destruirlas abusando de su inteligencia de manera equivocada y diabólica.
Es así como a lo lejos a Machu-Picchu (una de las siete Maravillas del Mundo Moderno desde 2007) lo escucho llorar mientras entre lágrimas me dice que las obras del hombre superan a cada uno de nosotros, incluso aunque se trate de un genio. Es más, me recalca que hay algo sobrehumano en la capacidad de creación del ser humano cuando se deja llevar por buenos sentimientos. Es como si hubiera algo de sobrehumano en el hombre cuando la voluntad y la pericia van de la mano para crear obras maravillosas.
Después de escuchar a Machu-Picchu y darle la razón, debería yo hacerme la pregunta: ¿De dónde procede la inteligencia? Pues, pensar que la propia inteligencia procede de uno mismo es negar a nuestro Creador. ¿Y sabes por qué, querido lector? Porque las maravillas del hombre son, al fin y al cabo, espejo de las maravillas de Dios. Es como un gran espejo mágico donde toda la creación pura y cristalina del ser humano se refleja sin interrupciones cuando desea ser sublime porque lo sublime es un bien común, un bien, mejor dicho, un tesoro para toda la humanidad.
Elisa piensa que tan descabellada no es la idea de recordar con gusto una serie de errores cometidos, a lo largo y ancho de su vida, como consecuencia de falsas decisiones tomadas en su momento. Tal vez, por un lado, ella se equivocó por temor a equivocarse en su afán de ser feliz y por el otro, cada vez que ella cometía un error le parecía descubrir una verdad desconocida. Y es que, en el fondo, querido lector, los errores poseen su propio valor. ¿Y sabes por qué? Porque el verdadero valor consiste en saber admitir lo ocurrido mientras en voz alta Elisa se dice así misma: "A lo hecho, pecho".
¿Será cierto que los errores más pequeños son siempre los mejores? Elisa sabe que resultan más fáciles de admitirlos rápidamente. Me imagino que cuando los errores son más grandes, cuestan mucho darles la cara o enfrentarse a ellos sin vacilar y sin pestañear. Los errores, finalmente, son como las deudas compradas a crédito de tu vida, de la mía o de la de Elisa y que se encuentran registradas en gruesos cuadernos de contabilidad de tapas negras para llevar así un registro ordenado de todos ellos.
¿Más qué le dice el Destino de Elisa? ¿Qué opina ese destino mientras baraja las cartas que nosotros jugamos? Él le aconseja a ella que no vea su vida en ruinas por más que otros le digan que la vida es un montón de insignificantes e irónica ruinas. Ni siquiera hay que dignarse a darles un recibimiento dentro de la mirada (tuya, mía o de Elisa) así un gesto de asombro cabalgue desbocado haciendo caer a los errores, uno a uno, a nuestro paso. Tambalear no quiero ni tú tampoco, me imagino, sobre todo, al darnos cuenta que mientras más grande y extensa que todas las esperanzas sea la cadena de errores, nadie puede ser libre cuando uno se ríe de ésta.
Si bien, querido lector, tú sabes que es común cometer errores, lo importante es corregirlos y no obstinarnos en ellos. ¿Y sabes por qué? Pues, porque la obstinación es el otro nombre de la estupidez. Y si ésta insiste mucho, peor aún. Sin embargo, Elisa no sabe qué es mejor, si reconocer a tiempo sus errores o cometerlos, como casi todo el mundo, pero sin que nadie la vea. ¿Será cierto que la verdad en un tiempo es error en otro?
El Destino al ver a Elisa vacilar le recuerda que no sólo es la propia simplicidad del asunto lo que nos lleva a cometer errores, sino que los grandes errores son armas que acaban siempre por dispararse contra nosotros mismos. ¡Ay, a lo hecho pecho! porque si cerramos la puerta a todos los errores cometidos por nosotros, también seremos testigos que se quedará fuera la verdad, aquélla que descansa tranquilamente mientras se agitan los errores, ya sea por nuestra ligereza o ignorancia, sobre el camino de nuestras vidas.
Por suerte, Elisa está, poco a poco, entendiendo que mientras la verdad permanece, los errores pasan con el tiempo, pero no para olvidarlos, sino para aprender de ellos porque la vida es un contínuo aprendizaje. Pues, lo que hoy son errores, mañana serán experiencias.
El Destino no estaba bromeando; hablaba en serio cuando me encontró mirándome hacia adentro ... en ese lugar donde sólo él y yo nos podemos encontrar a escondidas como dos buenos amantes. Después de abrazarnos me miró a los pies y me dijo, que mis mejores huellas, hasta ahora, son aquellas que han dejado marcas de alegría y esperanza en el corazón de otros. No sé si el tuyo se dé por enterado y le dé la razón al Destino, al mío, en especial. Pero, en caso tus pisadas sean igual de reales que las huellas de tus sueños, entonces, me podrás entender, o mejor dicho, podrás descifrar, sin querer o a propósito, las huellas dejadas de tu existencia sobre el camino recorrido no sólo de tu vida, sino de la de otros. Esos otros que figuran como padres, hermanos, amigos, vecinos, colegas y un largo etcétera de seres humanos que se hacen presentes en nuestros caminos de vida desde nuestro primer llanto hasta nuestro último suspiro.
Pues bien, Iris se miró a los pies; se les veía agotados de haber caminado miles de kilómetros desde el mismo día que aprendió a dar sus primeros pasos. Esos pasos, primero, inseguros, y luego, que con el tiempo comenzaron a transformarse en huellas decididas y fuertes, pero también, algunas veces, tímidas, y cuando las fuerzas le fallaban sus huellas se veían borrosas. Sé también que cuando las huellas de Iris se vuelven retraídas o desconfiadas, no radica precisamente en los zapatos que ella usa, sino, más bien, en las huellas dejadas por otros en su corazón. Y es que a Iris no le gusta que la traten mal. Ni a ella ni a nadie de nosotros.
Quizás éste es el momento de vernos a los pies para saber concretamente si éstos nos piden hacer un alto en el camino de nuestras vidas. Y si nuestros pies nos piden también mirar hacia atrás para ver con claridad el color de huellas que nosotros hemos dejado y seguimos dejando no solamente en el corazón de otros, sino en el nuestro también, entonces hay que tomarlos muy en serio. ¿Y sabes por qué? porque las huellas del hombre sobre el hombre son eternas y porque no hay ningún destino que se haya cruzado impunemente con el nuestro. Nuestras historias de vida se mezclan por uno u otro motivo haciendo que nuestras huellas se rocen, se abracen, se besen, se odien o se amen entre ellas. ¡Ay, cuánto camino ha recorrido Iris! Y es que la vida de ella como la de cada uno de nosotros es, en realidad, un camino, hacia nosotros mismos. Es ese camino que se convierte en ensayo o quizás en boceto. En todo caso ese camino, marcado de millones de huellas, nos lleva a elevarnos, a superarnos mientras aprendemos a reconocer nuestros logros y derrotas aunque estas últimas tengan más dignidad que la misma victoria. Esa victoria que, por momentos, es insolente y arrogante. Pero este es otro tema... Antes de terminar, lo único que deseo es dejar mis huellas en tu corazón, querido lector. Es más, he de decirte que Iris nunca se ha dado por vencida (se lo tiene prohibido) ni ahora ni nunca. Ella prefiere cojear por su camino de vida que avanzar a grandes pasos fuera de él. No sé, si tú también, querido lector, desees hacer lo mismo que Iris. Yo, en todo caso, me uno a ella en un abrazo por ser ella mi Alter Ego, sobre todo, cuando sé que el Destino nos ha pedido a las dos que no miremos nunca de dónde venimos, sino a dónde vamos. Él nos ha pedido también que inventemos nuestro camino de vida. Y es que sólo unos pocos encuentran su camino, otros no lo reconocen cuando lo encuentran o lo que es peor, otros ni siquiera quieren encontrarlo. Y terminan sin dejar ninguna huella ni en su propia vida ni en la de otros. Y tú, querido lector, ¿cuál es la huella que deseas dejar antes de despedirte de este mundo?
- ¿Será cierto que la belleza, como el dolor, hace sufrir? - le preguntó el girasol a su amigo de plumaje iridiscente.
- No lo sé. Podría ser, sobre todo, cuando la belleza es la otra forma de la verdad - le respondió el colibrí mientras su aleteo era de ochenta veces por segundo (increíble, ¿verdad?).
Pues bien, el girasol le hizo ver al colibrí que cuando la verdad levanta tormentas contra sí es cuando desparraman su semilla a los cuatro vientos.
- Mas recuerda - agregó el colibrí - que no hay viento favorable para el que no sabe a que puerto se dirige o, peor aún, a qué abismo se dirige. Por este motivo estoy a tu lado porque el mundo me da miedo, así como está. Pareciera que las grandes potencias juegan frenéticamente al juego de mesa "Nadie sabe para quién trabaja". Y, lo que es peor, todos ellos son malos jugadores por mentirosos y tramposos y porque no les gusta ni perder en sus guerras geopolíticas o en sus guerras "proxy" (se trata de un tipo de guerra que se produce cuando dos o más potencias utilizan a terceros como sustitutos en vez de enfrentarse en lugar de enfrentarse directamente en las hostilidades) ni tampoco les gusta perder poder ni dinero cueste lo que cueste así sea también vidas humanas. Y cuando uno o varios de ellos pierden, pierden los papeles montando normalmente en cólera.
El girasol suspirando le dijo a su amigo:
- ¡Ay! La cólera es una ráfaga de viento que apaga la lámpara de la inteligencia. Esa inteligencia capaz de examinarse a sí misma, capaz de hablar con autoridad cuando dirige su propia vida, capaz en cambiar lo que se debe cambiar, capaz de ayudarnos a vivir en paz y armonía.
El colibrí tristemente le hizo ver al girasol que la mayor parte de los hombres tiene una capacidad intelectual muy superior al ejercicio que hacen de ella.
Querido lector, ¿qué te gustaría ser?, ¿girasol o colibrí? Por si no sabes, mientras el girasol es un símbolo de fe y esperanza, de amor, fidelidad, lealtad y admiración, de felicidad, vitalidad, fuerza, positivismo y buena vibra, y simboliza también el crecimiento espiritual y el desarrollo de la relación con Dios, el colibrí representa alegría, sanación y adaptabilidad. Cuando un colibrí se acerca a una persona o la mira es porque esta persona necesita sanar y liberarse de energías negativas. Por eso, cuando observes una de estas aves deja que te recuerde tu perseverancia, resistencia, fuerza, tenacidad y todas las cosas que has superado en tu vida.
Y para terminar... mientras los girasoles son plantas importantes que incluso han inspirado a artistas como Van Gogh (una de las peculiaridades de esta especie es que tienen la capacidad de seguir la ruta del sol, o sea, giran en busca de la luz solar), los colibríes, para algunos pueblos, representan los espíritus de seres queridos que han fallecido y que permanecen en tu corazón y llegan a visitarte con un mensaje de nueva energía y para demostrarte que se encuentran bien. Son símbolo de buena suerte o buen augurio.
¡Ay, querido lector! Si todos fuésemos unas veces girasol y otras, colibrí o picaflor, este mundo sería más bello, sobre todo, si vivimos en un mundo lleno de grandes incertidumbres. Pero, antes de despedirme, tanto el girasol como el colibrí me hicieron saber que la inteligencia tanto tuya como mía se mide por la cantidad de incertidumbres que somos capaz de soportar.
¡Carajo! Aquí ya no hay diplomacia. Lo vimos con el violento asalto a la embajada mexicana en Quito el pasado 5 de abril cuando la policía ecuatoriana entró a la mala en la sede diplomática mexicana bajo órdenes del presidente Daniel Noboa, maltrató al personal diplomático y se llevó por la fuerza al exvicepresidente Jorge Glas.
Lo increíble es que el presidente estadounidense condenó lo sucedido después de ver la grabación donde muestra a una docena de policías armados hasta los dientes saltando los muros de la embajada, derribando la puerta de acceso, apuntando con sus armas largas a los funcionarios mexicanos y sacando a rastras a Glas. Lamentablemente el uso de la fuerza no es el mecanismo adecuado, diríamos todos. Mmm... no todos, incluyendo a Biden también. Si me sigues leyendo, podrás entender mejor a lo que me refiero...
Mientras EEUU condena lo sucedido en la embajada mexicana en Ecuador, por otro lado, le grita a Irán: "¡No te metas con mi niño!" y, de paso, se compromete de manera activa en apoyar militarmente a Israel después que éste bombardeara el 1 de abril la residencia del embajador iraní en Damasco, Siria, dejando un saldo mortal de siete personas, entre ellas dos altos cargos militares del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. Pues bien, ahora en represalia Irán, ayer sábado lanzó un ataque aéreo con 100 drones suicidas sumados también a misiles balísticos (99% de los drones y misiles fueron interceptados) en varios lugares de Israel. Esta fue su respuesta momentánea (¿habrá más ataques? pienso que sí).
La verdad que ya no se entiende el significado de la palabra Diplomacia, sobre todo, cuando durante años tanto Irán como Israel están enfrentados desde 1979 cuando la llamada Revolución Islámica desató un conflicto entre ambas naciones. Ésta es la principal fuente de inestabilidad política en Medio Oriente. ¡Ay! Estamos al borde de un conflicto regional a gran escala. Actualmente Israel ya está en alerta máxima, sobre todo, cuando Irán ha prometido venganza porque el líder supremo de este país, Ali Jamenei, ha jurado que castigará duramente a Israel.
Pues bien, como que la diplomacia dejó de ser importante o
lo que es peor, a propósito, carece ya de valor y se volvió
inexistente. Desapareció o se hundió en las profundidades del mar...
allí donde hay gas frente a la costa de Gaza. Por si no sabes, querido lector, frente a la costa de Gaza yace sumergido el
yacimiento Gaza Marine. Éste fue descubierto en 1999 y fue explotado un
poco en 2000 por British Gas y luego por Gazprom (empresa rusa que
abarca el 15% de producción de gas a nivel mundial).
¿Sabías que ninguna de las dos empresas pudieron continuar con sus exploraciones debido a la oposición a esas perforaciones por parte del gobierno de Isarael ya que su Marina de Guerra controla las aguas costeras de la franja de Gaza? Pues bien, mientras por un lado Israel defiende sus yacimientos de Leviatán y Tamar, ubicados al centro y norte costero de su territorio y cuya explotación gestiona Netanyahu desde hace años, pero que, hoy en día, tienen sus plataformas cerradas por razones de seguridad para no ser atacadas por los cohetes de Hamás, por el otro lado Israel no quiere que Palestina se beneficie con estos yacimientos de gas porque de los royalties obtenidos sea tanto de Gaza Marine como de Gazprom puede inanciar el terrorismo.
Pero, ¿no es acaso terrorismo matar a miles de personas inocentes (30,000 gazatíes) en Gaza? Aquí la diplomacia fracasó en toda regla. Nadie consiguió parar a Israel y exigirle a negociar la paz con Hamás. Todos sabemos que el 7 de octubre de 2023 hubo un sorpresivo y horroroso ataque por parte del grupo militante palestino Hamás contra el sur de Israel matando a 1,200 personas y tomando a 420 personas como rehenes. La duda que flota en el aire es si Netanyahu sabía de este ataque y dejó que sucediera para justificar su entrada a Gaza (40 kms. de largo por 10 kms. de ancho y considerada por religiosos como Tierra Santa) para evitar así que Palestina siga dividida, por un lado Cisjordania gobernado por Fatah y Gaza por Hamás. Mi sospecha es si Netanyahu quiere apoderarse de toda la Franja de Gaza so pretexto no sólo de deshacerse de Hamás y, de paso, de apoderarse de los yacimientos de gas. Otra duda queda flotando en el aire. Lo que sí me queda claro es que así maten a todos los terroristas de Hamás, el odio será mucho mayor y los terroristas del Medio Oriente sean religiosos o nacionalistas seguirán existiendo tanto en Irán, Siria, Líbano, Afganistán, Yémen, Irak, etc. por siempre jamás. Aquí nuevamente la diplomacia deja de existir. Se vuelve inexistente.
Y para terminar, mientras Israel cuenta con aliados como Estados Unidos, Unión Europea, Reino Unido, Canadá, Emiratos Árabes Unidos, Marruecos y Bárein, Irán cuenta con el apoyo de varios países del Oriente Próximo, Rusia, China y Corea del Norte. Mmm.... esto recién empieza. Espero equivocarme. Pero, ¿qué debo pensar cuando el medio inglés, The Guardian, verifica que aviones de combate tanto estadounidenses como ingleses ayudaron mucho a detener el curso de los drones y misiles lanzados por Irán y no solo fue el Domo de Hierro de Israel?
Querido lector, la mesa está servida pero sin diplomáticos a la vista. ¿Y sabes por qué? Pues, porque mientras la diplomacia te saca de un problema, el buen tacto te hubiera evitado meterte. O lo que es peor, la diplomacia es la política vestida sólo en traje de etiqueta. ¿Y sabes por qué? Porque los Estados (con sus multinaciones), para la diplomacia, no son los pueblos en realidad, sino los reyes que los dirigen o los esclavizan. Pero sinceramente pienso que el hombre es el rey de los animales porque su brutalidad supera a la de éstos. Acaso, ¿no se dan cuenta que un verdadero rey o gobernante no es el que lleva cetro, sino el que saber mandar? Y todo parece indicar que aquí el único rey de reyes está decepcionado de la humanidad porque jugamos de manera torpe e inpensada a ser dioses. En lugar de esto, deberíamos procurar ser mejores diplomáticos.
Mientras mi
mente se asemeja a esa masa flotante que sobresale de la superficie del
mar, en realidad, esconde sumergido bajo el agua la mayor parte del
mismo siendo diez veces más tangibles mis percepciones, emociones,
pensamientos y recuerdos, sobre todo, cuando se encuentran presentes en
todo momento, pues, encima de la línea de flotación de mis palabras
cuento sólo un poquito, mas bajo ellas late mucho más igual como la
belleza intrauterina de todo iceberg ... allí donde realmente hay mucha
más información de la que aún no somos conscientes. ¿Será
porque la punta hace referencia al conocimiento consciente y la parte
escondida (aquella que no vemos y queda cubierta de agua), es el
inconsciente? Quizá ....
¿O,
acaso, mientras la punta nos muestra sólo las apariencias, en la parte
escondida se agazapan nuestros disparates y necedades? Mas si fuera al
revés, ¿cómo sería? Quizá no habrían más escándalos de corrupción ni
negocios turbios porque cuando éstos se destapan se sabe con certeza que
tras los mismos hay una trama mucho más importante y compleja.
Piensa,
querido lector, que tu vida es como un iceberg porque cada uno de
nosotros tenemos partes que están ocultas a la vista y no todos conocen
ya sea para bien o para mal. ¡Ay! Lo mismo pasa con el internet. Es
decir, al igual que un iceberg flotante en el océano, sólo vemos una
pequeña porción de lo que realmente lo compone: Web Normal, Deep Web y
Dark Web. Para tu información, querido lector, mientras el internet
nació en plena Guerra Fría, en los años 60 de manos de DARPA (Agencia
Americana para la investigación de proyectos avanzados de Defensa), la
WWW o World Wide Web nació en 1989 de manos del físico e informático británico Tim Berners-Lee en
el laboratorio de investigación nuclear llamado CERN, ubicado en
Suiza).
Pues
bien, la Web Normal o Superficial es por la que, normalmente, navegamos
todos sea por Google, Bing, etc. o cuando aquí me lees, o chateas por
Messenger o ves vídeos por YouTube, por ejemplo. ¿Sabías que es sólo un
5% de toda la World Wide Web que existe?
¿Sabías
que la Deep Web o Web Profunda no sólo es aquella donde hace falta un
acceso especial para llegar a determinados datos que están expuestos de
manera pública, sino que se estima que es entre 500 y 5000 veces más
grande que el Internet Superficial?
¿Sabías que la Dark Web es una parte de la Deep Web? Pues, ésta
todavía está mucho más oculta y es mucho más difícil acceder a ésta a no ser
que uno use tecnología creada por investigadores militares en los años
90 para permitir que la agencias de inteligencia se enviaran datos e
informes usando internet de manera anónima sin que los usuarios pudieran
a uno rastrearlo. Hoy en día se ha transformado en un sitio ideal para
actividades ilícitas o ilegales de todo calibre que abarca de un 90% a 95% de contenido que
nunca veremos a través de la web que usamos a diario.
Finalmente, sólo me queda decirte, querido lector, que así los icebergs sean tabulares (con forma de meseta) o no, son masas de hielo gigantes y muy duras. Así como éstos son un peligro para las embarcaciones que navegan por los océanos, no olvides que en el mar de la vida los icebergs si bien flotan no sobreviven mucho tiempo debido al calentamiento global porque se derriten y terminan desapareciendo al igual que nuestros problemas. Así que busca dentro tuyo la solución de todos éstos hasta aquellos que creas más exteriores como los que se dejan ver sólo en la punta de tu propio iceberg, mejor dicho, de tu conciencia.
¿En qué momento dijo Mafalda: "Paren el mundo que me quiero bajar"? Pues, en ninguno. Para tu información, querido lector, Quino (Joaquín Salvador Lavado Tejón) se encargó de aclarar que su personaje nunca dijo esta frase, sobre todo, porque lo único que ella quiere es que el mundo mejore. Así que esta frase es sólo un mito urbano. Más bien, Quino (1932-2020) hizo que a través de él Mafalda no sólo hiciera críticas tenaces a la injusticia social, sino también hizo agudas observaciones de la vida cotidiana.
Sin embargo, en 1966 se estrenó la película "Stop the world, I want to get off" (una comedia musical británica de Philip Saville). Es una historia ambientada en un circo y su personaje Littlechap cada vez que sucedía algo insatisfactorio, gritaba: "¡Paren el mundo!" mientras él se dirigía a la audiencia. Pues bien, yo me dirijo a ti, querido lector, porque no pienso que sólo yo quiero que se pare el mundo así como está. Aunque es bien sabido que siempre, desde que existe la humanidad sobre la faz de la Tierra, han habido y siguen aún habiendo, muchísimos conflictos bélicos a menor o mayor escala alrededor de todo el mundo. La verdad que la humanidad es tonta de capirote para desear la guerra y no la paz, pues, en la paz son los hijos los que llevan a sus padres a la tumba y en la guerra son los padres quienes llevan a sus hijos a la tumba.
¿Será cierto que el mundo es una comedia para los que piensan y una tragedia para los que sienten? La verdad que ya no sé qué pensar. Para mí, el mundo se está convirtiendo en una caverna como la de Platón puesto que, finalmente, miramos imágenes creyendo que son la realidad que nos pintan otros. O mejor dicho, que nos dictan otros.
Ciertamente que el mundo real es mucho más pequeño que el mundo de la fantasía. Sin embargo, la película "Oppenheimer" basada en hechos reales, nos da a entender que la bomba atómica sí existe y que el mundo se va derechito al infierno, por no decir, al carajo, y lo único posible es que intentemos prevenir que sea así. Pero, ¿realmente podríamos? Tarea difícil porque no se puede construir un mundo mejor sin mejorar a las personas, sobre todo, a los que gobiernan nuestro planeta desde distintos países.
¡Ay! Cuando yo tenía veinte años, creía haber resuelto el enigma del mundo, a los treinta reflexionaba sobre él y a partir de los cuarenta descubrí que es insoluble. Y por tal motivo y desde entonces construyo mi propio mundo. Tal vez porque éste nace en nosotros mismos. Trato que en mi mundo crezcan flores y no sólo espinas. Quizá porque llevo en mi mundo que florece todos los mundos que han fracasado y siguen fracasando hasta la actualidad. Me sobrepongo ante las noticias ya que me sobrecogen. Siento, por momentos, que me ahogo. Sobrevivo lo mejor que puedo. Soy egoísta al crear mi propio mundo. Lo desafío de esta manera. Quizás es mi optimismo el que encara al futuro así éste esté desde ya hecho pedazos.
Pero, ¿será cierto que intento, desafío, persisto, persevero y soy fiel a mí misma? Mmm... peleo a mi manera a brazo partido con mi destino. O acaso, ¿con el destino de la humanidad? Hoy, más que nunca, me identifico con Mafalda. Ella no quiere, dejar este mundo, pero sí mejorarlo alzando su voz.
Como no es nada nuevo lo que acá digo, por un momento, desearía ser sólo un personaje de ficción, como Mafalda. Me gustaría existir sólo sobre el papel y como el papel lo aguanta todo, pues, igual como ella me gustaría hacerte muchas preguntas, querido lector, así te irriten o te causen malestar. Y es que esta pequeña rebelde (lo único que tengo yo es la estatura mas no su sabiduría) se cuestiona los temas universales y comparte sus reflexiones sobre este mundo que está enfermo.
Finalmente, la pregunta que Mafalda siempre se hace es ¿por qué los hombres están siempre en guerra? Por este motivo, ella hace cuanto puede por socorrerlo con sus discursos a favor de la paz mundial. Y tu discurso, querido lector, ¿cuál es?
Ring, Ring, Ring.... La llamada parecía urgente. ¿No sería acaso una llamada de atención o era, tal vez, una señal que el universo me enviaba? Yo diría que eran ambas en una sola. Contesté.
- ¡Alo! ¿Quién habla? - le pregunté desconcertada a una caracola que encontré, sin querer (¿o fue a propósito?) en una playa perdida entre mis recuerdos.
- Soy yo, tu alma de niña - me respondió la caracola y continuó hablando - Vengo de muy lejos, de un pasado ya inexistente, pero que sigue viviendo, aunque no quieras, en la memoria de tu corazón. Hoy regreso a ti para recordarte de donde vienes y hacia donde te debes dirigir para reencontrarte contigo misma y para que no te olvides nunca de tus raíces, de la tierra que te vió nacer. Podrás hacer pausas y/o paréntesis en tu vida, donde quieras que te encuentres, pero a mi siempre regresarás. ¿Y sabes por qué? Porque soy yo quien te ayuda, finalmente, a reafirmarte en tus deseos, a saber quien eres realmente y también a reconciliarte con tu pasado para hacer más bella tu vida.
En este preciso momento quisiera hablarle a la caracola pero no puedo. Y es que siento un gran cansancio. ¡Ay! Mi lengua no solo está trabada, sino que tengo un nudo en la garganta. Por suerte, mis ojos están ahora sin lluvia. Será por el cansancio que no sólo siento en el cuerpo...
Mientras la caracola me mira, me dice que mi cansancio se debe al peso de las impresiones vividas. Han sido tantas, tan hermosas y hasta mágicas que por este motivo debo primero procesarlas. No sé si sea necesario porque las fotos hablan por sí solas. Todas ellas me sonríen con mucho cariño.
Despierto asombrada que mi sueño no fue un sueño. Constato que la realidad superó a mi fantasía. Y cuando soy consciente de esto, soy feliz.
Hoy día no sólo he sido testigo de un robo... Voy por partes. Hoy por la mañana fuí en autobús a una calle llamada Schloßstrasse (la calle del castillo) que está ubicada en el distrito de Steglitz-Zehlendorf, al sur-oeste de Berlín. Esta calle es bien concurrida ya que hay muchos tiendas de ropa, cafeterías, restaurantes, farmacias, librerías, centros comerciales, etc.
Mi intención era comprarme un poco de ropa y lo conseguí. Luego después entré a una zapatería (por cierto, la Schloßstrasse es la calle con mayor número de zapaterías en todo Alemania). Pero antes de entrar a esta tienda, ví que un hombre bajo, moreno y muy delgado y con cara de yonqui estaba parado al lado de la puerta de entrada (también de salida). A su lado habían dos bolsas grandes con ropa. Lo que deduje que era una persona sin techo. En el momento que yo iba a entrar a la zapatería ví que este hombre había intentado sacar por un costado del sensor grande de alarma, ubicado al pie de la puerta,. una maleta grande azul de viaje. Como me le quedé mirando fijamente, él desistió de hacer su fechoría.
Al no encontrar zapatos que me gustaran decidí irme de allí. Cuando ya me disponía a salir de la tienda ví que este hombre seguía parado al lado de la puerta. Al ver este hombre que yo dejaba la tienda y le daba la espalda, aprovechó para robarse en un santiamén la maleta. Lo que el ladrón no se esperaba era que yo me volteara en el preciso momento en que se robaba la maleta de 78€.
Cuál sería mi sorpresa que yo al ver el robo retrocedí los 20 metros aproximadamente que me separaban del ladrón. Él, con sus dos bolsas en una mano y agarrando bien firme con la otra la maleta, vino caminando de lo más tranquilo en dirección mía. Si él se hubiera esperado un par de minutos más yo no lo hubiera visto robar, pero como él no se pudo aguantar, se expuso a que yo lo viera.
Pues bien, viendo que en la calle había gente, en una fracción de segundo pensé: "No estoy sola y alguien me ayudará de ser necesario. Pero no. En cuanto me le tiré encima, mejor dicho, le quité la maleta, aquí empezó la parte más fea... forcejeamos. No me tiró al piso de milagro, pero en el momento que me quiso dar un puñete en la cara mientras yo gritaba rabiosa: ¡Ey, has robado esta maleta! y él lo negaba y me miraba con un odio visceral en su mirada, fue cuando me arrancó con fuerza la maleta de mis manos.
Lo que más me duele fue la indiferencia de la gente; no puedo creer que los transeúntes no hayan sabido entender la situación, sobre todo, si estuvimos forcejeando por un minuto más o menos y los dos nos gritábamos. Después de quitarme, finalmente, la maleta, el ladrón se fue caminando tranquilamente calle abajo. Y mientras él se alejaba, yo entré rápidamente a la zapatería para avisarles que les acababan de robar una maleta. La otra sorpresa mía fue la reacción de los dos empleados que estaban en la caja atendiendo al público. Uno era un hombre alto y joven, el otro, una mujer también alta y joven. Pues, yo esperaba que cualquiera de los dos jóvenes dejara todo tirado y saliera disparado de la tienda en vista que hubiera podido alcanzar al ladrón y hubiera podido recuperar la maleta. Pero, no, ninguno reaccionó como yo me imaginé. Esta reacción pasiva no me la esperaba. Mientras el joven vendedor estaba mudo, la joven empleada sólo alcanzó a decirme: "¿Por qué no nos avisó antes?". Mi respuesta en voz alta para que todos me escucharan fue: "El ladrón se encuentra a un par de metros de esta tienda con una maleta suya y se va caminando como si nada porque sabe lo fácil que es robar acá en Alemania". Silencio total.
Al salir de la zapatería, se me acercó el vigilante (un wachimán moreno, alto y fornido) de otra tienda colindante y me preguntó lo que había pasado. Me lo quedé mirando; moví la cabeza incrédula de sus palabras. Solo atiné a decirle que si él me hubiera ayudado a quitarle la maleta al ladrón, éste se hubiera tenido que rendir.
Finalmente te pregunto, querido lector, tú qué hubieras hecho. ¿Me hubieras ayudado?