Celia llegó al muelle... su lugar favorito. Cuando se sentía triste, rabiosa o preocupada buscaba la paz de este mágico lugar, sobre todo, cuando en las noches despejadas se podían ver las estrellas. A Celia le gustaba contemplarlas porque el solo hecho que las estrellas parecieran lágrimas colgadas del firmamento, no solamente la calmaba, sino porque sus problemas se volvían pequeños y al final terminaba ella solucionándolos, unas veces con ayuda de sus padres y otras sin ellos.
En esta noche Celia, quien llevaba una decepción en el alma, se había hecho el propósito de aprender a vivir sin su (ex) amiga Estela. ¿Qué había pasado? Se habían peleado. Y es que Celia le había prestado a su compañera de colegio su muñeca preferida por una semana. Y después de este lapso de tiempo, hoy día, Estela se la había devuelto, pero a la muñeca le faltaba un ojo y el vestido estaba manchado de tinta roja. Definitivamente que Estela no sabe ser una verdadera amiga. Celia no la odia, pero le disgusta que su compañera de colegio le guste más el verbo "recibir" que el verbo "dar". Celia sabe perfectamente que si ella hubiera cogido prestada la muñeca de Estela, se la hubiera devuelto intacta. Es así como Celia se da cuenta que Estela es incapaz de apreciar la palabra "amistad" en toda su dimensión. Si por lo menos se hubiera disculpado, pero ni eso... Indudablemente que las dos son muy distintas una de la otra. Quizás con el tiempo Estela cambie y se parezca a Celia, pero por el momento la realidad es otra.

