martes, 17 de agosto de 2021

La soledad de Narciso


¿En qué momento Juan dejó de ser Juan? Según él es que fue por un trauma infantil porque sus padres no le supieron brindar apoyo y amor. Es tanto su odio hacia ellos dos que, con el pasar del tiempo, Juan se ha transformado en un narcisista aunque él no lo quiera reconocer ni ante el espejo de su alma ni ante los demás. Y es que sus cambios de humor son constantes, es egocéntrico con cierto grado de inmadurez, no le gusta asumir, por ningún motivo, sus errores, más bien le echa la culpa de todo lo que le pasa no sólo a sus padres, sino hasta a la misma vida. Es más, no siente empatía por nadie y usa a la gente para su conveniencia aparte de sentir envidia y desconfianza. Sé que Juan sabe cómo llevar la conversación teniendo el don comunicativo de confundir y de hacer que uno se sienta culpable. La verdad es que es una lástima que su inteligencia sea su mayor obstáculo porque por saberse inteligente piensa que los demás no lo son. No es de extrañar que gente amiga y hasta parientes se terminen alejando de él por ser Juan una persona tóxica, sobre todo, al mirar él con desdén o con ira a los demás para encubrir su baja autoestima vestida de fragilidad aunque él mismo no lo quiera reconocer. Lo más lamentable es que Juan se enoja y ofende con facilidad, porque es vulnerable a la crítica más leve. O sea él tiene dificultad para regular sus emociones y su conducta. También tiene grandes problemas para enfrentar la ansiedad, el estrés y adaptarse a los cambios, se siente con regularidad deprimido y tiene sentimientos secretos, que no dejan ver, su inseguridad y vergüenza.

Y pensar que Juan de niño y joven fue una persona de buenos sentimientos; pero cuando el rencor y el odio lo comenzaron a dominar, su alma se enfermó convirtiéndose en un alma prepotente, envidiosa, malhumorada, vengativa y también apática. Seguramente, Juan sufre mucho por llevar una máscara ante los demás para que no vean cuán vacía de amor está su alma.

Juan, ante sus padres, se muestra déspota, inaccesible y arrogante.  Él se olvidó que fue un niño y joven noble de sentimientos, un tanto inseguro e ingenuo, pero también valiente a los desafíos. Pero hoy en día ya  no es así. Juan no se cansa de echarle la culpa de sus miedos e inseguridades a sus padres, a quienes ve como sus más grandes enemigos porque según él no le han brindado protección y amor necesario como para desarrollarse de manera normal ante la vida. La verdad que conozco bien a los padres de Juan. Erika trató de ser una buena madre aunque fuera, por momentos, demasiado  sobreprotectora; negligente o malvada, nunca lo fue; Gonzalo, su esposo, es una persona pragmática, racional, un tanto dominante pero de buen corazón. Pero de ellos no quiero hablar, sino de Juan. Él está convencido que sus padres nunca fueron ni lo suficientemente cariñosos con él ni se interesaron ni se  preocuparon por él. Pero, allí radica el quiebre emocional porque cómo entender, entonces, que César, el hermano de Juan (dos años menor que él), sí tenga una buena relación con sus padres.

¿Qué hacer para poder ayudar a Juan? Ante este trastorno de la personalidad sólo un especialista de la mente puede realmente ayudarlo, pero si Juan sólo levanta murallas alrededor suyo nunca habrá una mejoría. Lo único que él consigue es sentirse más solo porque no todos estamos dispuestos a escuchar siempre sus mismos lamentos e insultos. Juan tiene que darse cuenta, en caso hasta ahora no lo desee aceptar pero sí lo entienda, que él como dueño de su propia vida, tiene que buscar con ayuda profesional la mejor forma de sacarlo de esta oscuridad en la que su alma se encuentra atrapada. Y es que la oscuridad no puede a nadie sacarnos de la oscuridad. Sólo la luz de la sabiduría vestida de perdón puede realmente hacerlo. Y es que el odio no puede sacarnos del odio. Sólo el amor.  Y es que el amor no existe como tal, sino, más bien, las pruebas de amor. Y la mejor prueba de amor es empezando a amarse a uno mismo de manera genuinamente sana para ser capaz de amar a su prójimo porque la única fuerza y la única verdad que hay en esta vida es el amor. ¿Y sabes por qué, querido lector? Porque si bien en un principio los pensamientos pertenecen al amor, al final todo el amor pertenece a los pensamientos. Y todo lo que somos es el resultado no sólo de lo que pensamos, sino de lo que sentimos. Es más, decir lo que sentimos, sentir lo que decimos, es saber concordar nuestras palabras con nuestra mente, sobre todo, con una mente abierta y generosa para saberla llenar con cosas valiosas que nos alimenten el alma. 

Finalmente quiero decir que así como Juan hay otros seres humanos que se niegan a ver la realidad, la suya propia, pero también existen aquellas personas con trastornos de la personalidad (sea genético, producido por un trauma o por consumo de drogas alucinógenas) que sí desean dejarse ayudar para poder salir de la oscuridad en la que se encuentran. Ojalá que Juan, a quien creo conocer bien, sepa esforzarse sinceramente en liberar a su mente de malos pensamientos que cual prisión tiene atrapada, desde hace tiempo, a su hermosa y valiosa alma de niño... esa alma cual gran tesoro, que debe saber defender, porque es por lo que vive, siente y piensa.


MARiSOL