domingo, 15 de marzo de 2026

Findus y el humo del mundo

_Findus y el humo del mundo_

Tengo un gato vecino con un pelaje gris medio atigrado y con bigotes torcidos y una preocupación demasiado grande para un animal de ocho kilos. Vive no lejos de mi casa y cuando Findus llega a visitarme  salta al alféizar de la ventana de mi dormitorio desde donde mira el mundo mientras fuma cigarrillos que le roba a su dueño.

Que yo sepa a Findus no le gusta fumar. En realidad, le parece una costumbre absurda. Pero, actualmente dice que le ayuda a pensar.
Y pensar es justo el problema ya que cada día las noticias son más alarmantes.
—Otra guerra —me murmura al oído.
Y mientras enciende otro cigarrillo, me dice que no logra entender a los humanos. A veces, cuando las noticias son más feas, a Findus le tengo que servir un pequeño trago de aguardiente porque en su casa se lo han prohibido. Yo no, y por este motivo y otros más, él viene seguido a visitarme.
—Fumo para tranquilizar mis nervios —se justifica ante mí aunque los míos están temblando de miedo.

Findus me ha confesado que lo que realmente le quita el sueño es otra cosa. Como el petróleo está subiendo, eso significa que el transporte se volverá más caro. Y si el transporte es más caro significa que la comida también será más cara. Y si la comida es más cara significa que su paté de atún favorito podría desaparecer de su vida en un dos por tres. Findus mira con pena a su última lata de hoy día que yo le he dado. Y como un filósofo que piensa en el sentido de la existencia, me dice que si los humanos se pelean por petróleo, al final el que pagará los platos rotos será él. Y esto le parece injusto.

Una noche, mientras Findus observaba las luces de la ciudad y el humo de su cigarrillo se mezclaba con el aire frío de la noche, exclamó:
—¡Los humanos son criaturas raras! Tienen palabras para todo, pero no saben usarlas para decir siempre la verdad. Tienen manos para construir, pero también para destruir.
Luego apagó su cigarrillo y me dijo:
—Como mi vida gatuna es más corta que la humana, el paté de atún debería ser un derecho universal. ¿No te parece?

¡Ay! El mundo seguía siendo un lugar confuso.
Pero mientras todavía quedara una lata de atún en la alacena Findus pensó, por un momento, que tal vez todo podría salir bien y que esta historia tendría un final feliz para él y para mí. Mejor dicho, para todos.

                          MARISOL