viernes, 17 de abril de 2026

El mundo de Findus

Había una vez un gato llamado Findus que no era como los demás. Mientras otros gatos se conformaban con perseguir sombras y dormir al sol, él observaba a los humanos con una curiosidad inquietante. Se preguntaba por qué hablaban tanto y se escuchaban tan poco, por qué construían cosas hermosas y luego las destruían.

A Findus le gustaba treparse a un árbol bien alto porque desde allí podía ver la calle siempre cambiante. Un día veía risas, niños jugando y parejas caminando de la mano. Al siguiente, discusiones, gritos y miradas llenas de desconfianza. No entendía cómo el mismo mundo podía ser tan distinto de un momento a otro.

Es así que un buen día Findus decidió emprender un viaje para comprender a los humanos. En su camino escuchó historias de guerras donde personas que nunca se habían visto se hacían daño por razones que ni siquiera él lograba entender. Vio cómo algunos buscaban poder, acumulando riquezas y control, mientras otros apenas sobrevivían. Se encontró con mentiras disfrazadas de verdades, y con verdades ignoradas porque resultaban incómodas.

Una noche, mientras Findus caminaba por un callejón oscuro, oyó a dos personas discutir sobre noticias que cada uno juraba eran ciertas. Él se dio cuenta de algo extraño: no era que no quisieran la verdad… era que cada uno tenía la suya. Esto le produjo miedo. Ese miedo silencioso que hacía a los humanos cerrar puertas, desconfiar de extraños y construir muros invisibles entre ellos. Y vio la inseguridad, que los llevaba a atacar antes de ser atacados, a odiar antes de intentar comprender.

Sin embargo, no todo era oscuridad. En medio de ese caos, Findus también encontró pequeños actos de bondad: una persona compartiendo su comida, otra ayudando a un desconocido a levantarse, alguien abrazando a otro sin pedir nada a cambio. Eran momentos breves, pero brillaban con una fuerza que el gato no podía ignorar.

Después de mucho tiempo, Findus regresó a su árbol. Y mientras se acurrucaba pensativo,
no lograba entender completamente a los humanos. Eran contradictorios, complejos, capaces de lo peor, pero también de lo mejor.
Y entonces llegó a su propia conclusión, simple pero profunda:
—Los humanos no son un solo mundo —pensó—. Son muchos mundos luchando dentro de cada uno.
Cerró los ojos. Afuera, la calle seguía cambiando.
Pero ahora, Findus ya no solo observaba. También comprendía… un poco más.
¿Y tú, querido lector, a quién entiendes más? ¿A Findus o al mundo? 

                    MARiSOL