viernes, 27 de diciembre de 2019

¡Feliz Año Nuevo!




Si bien este año aún no termina, éste tiene que rendirse ante el adiós ya premeditado que se avecina, pues, sabe que debe cederle el puesto al nuevo año que le sigue. Si bien el 2020 espera impaciente para entrar en nuestras vidas, mi amiga Rocío no sabe exactamente si tiene ganas de recibirlo o no. Pues bien, con una expresión entre indecisa y ambigua, ella  abre un poco la puerta del tiempo para ver lo que le espera. La verdad que ella no sabe si temerle o no a este nuevo año que está avanzando no sólo de puntillas, sino que avanza hacia ella con paso seguro de manera inevitable, porque el 2019 - según Rocío - no se portó del todo bien con ella. 

Luego de haber yo leído los pensamientos de Rocío decido encontrármela cara a cara, aprovechando que ella ha asomado su cabeza por la puerta del tiempo, porque quiero decirle algo importante:
-  Rocío, si mantienes una actitud negativa, tén por seguro, que el nuevo año no será mejor que el anterior. Déjame decirte que he observado que tú, durante este año que aún no termina, has muerto más de una vez ... te has muerto de celos, de envidia, de dolor, de preocupación y de decepción. Yo te pregunto si todas esta muertes han valido la pena. Al ver que Rocío no sabe qué decir, continué yo hablando - Tú sabes que al pensar de esta manera negativa te debilitas y te vuelves pequeña no ante el año nuevo o al que se fué, sino te debilitas ante mí.  Tienes que aprender que no importa en que año te encuentres, sino cómo tú te encuentres en cada año. Recuerda que cada año es un volver a empezar, es renovarse, es tratar de cambiar lo que se debe cambiar, pero no para darle gusto a los demás, sino para darte gusto a ti misma porque lo que más deseo es que me trates bien porque yo soy una parte muy importante de ti. 

- ¿Por qué me dices todo esto? - me preguntó Rocío consternada.

- Pues, yo deseo que en lugar de rendirte ante la idea que hay un año que se va y otro que llega, más bien, ríndele cuentas no a los años en sí, sino a mí.

- Pero, ¿quién eres tú? - me preguntó Rocío, una vez más, desconcertada.

- Bien, te daré respuesta. Lo cierto es que tienes que rendirte ante la evidencia que yo soy tu vida. Después de decir estas palabras y darme cuenta que he agarrado en frío a Rocío, continúo hablando - Al final lo más importante no son los años (nuevos o viejos) de vida que pasen sobre ti, sino la vida que tú le quieras dar a todos ellos. De ti depende darles luz o sólo sombra. Es más, quiero hacerte saber que aún ante las adversidades tienes que aprender a sumar más sonrisas que lágrimas aunque, por momentos, des dos pasos hacia atrás y uno hacia adelante. ¿Y sabes por qué?

- No, no lo sé - respondió Rocío sin saber qué más decir. Criticarla yo no quiero,  sólo aconsejarla aunque la verdad duela porque es evidente que el que niega que existe la verdad, conoce que la verdad existe. Es más, en la verdad no existen matices porque quien dice la verdad, ni peca ni miente.

Después de escuchar a Rocío le hice saber que, al final, tanto los años que vienen y van no se han hecho sólo para comprenderlos o analizarlos, sino para vivirlos lo mejor que uno pueda a pesar de todos los problemas, tristezas o preocupaciones que uno pueda tener. Allí radica el quid del asunto.

Rocío, después de escuchar lo que su propia vida le dijo, cerró con cuidado la puerta del tiempo. Y es que donde una puerta se cierra, otra se abre. ¿No crees, querido lector? Pues bien, llegado su momento Rocío abrirá nuevamente esta puerta, porque mantenerla cerrada sería un error ya que la verdad, aunque ésta duela, se quedaría afuera de su vida. Por este motivo, Rocío desea abrir de par en par la puerta del tiempo, para dejar entrar al 2020 en su vida y con una mejor actitud ante ésta, poder ella decir de corazón:
 ¡Feliz Año Nuevo!


MARiSOL



miércoles, 18 de diciembre de 2019

Let's groove, baby!



Ana sabía que a pesar de tener sesenta años ella no iba a dejar de tener un corazón alegre y rebelde. Si bien su juventud se había despedido de ella hace mucho tiempo atrás, cada vez que ella escuchaba canciones de los 70', se emocionaba mucho al recordar esa época ida, esa época que se nutrió de ilusiones y que hasta el día de hoy se sigue nutriendo de ilusiones, aunque éstas sean ya otras, porque sin ellas Ana estaría renunciando a la vida misma aunque la vida, por momentos, la golpee duro y vaya ella de k.o. en  k.o. por fuerza mayor desde hace ya tiempo.

Mientras Ana se encuentra escuchando por la radio "Let's groove" de "Earth, Wind & Fire", sabe que una de las mejores medicinas para no dejarse envolver siempre por las preocupaciones, penas o disgustos es bailar pero no para mover solamente su cuerpo, brazos y piernas siguiendo el compás de una pieza musical, sino, más bien, moverse con ganas al compás que le dicta la vida misma. Esa vida que la obliga a bailar con sus dudas y presentimientos mientras su cuerpo toma de la cintura a su alma ... esa alma que aunque sea desordenada y lleve en su pena algo de culpa, es inmortal porque se llena de eternidad, esa eternidad que se encuentra también en movimiento.

Pero, ¿por qué será que, por momentos, Ana se siente desbordada, cansada y sin ganas de nada? En esos instantes de desolación sus pies como que no sólo pierden su compás, sino que su cuerpo no encuentra el ritmo apropiado que la invite a vivir más liviana, sin tanta carga sobre su espalda. En el fondo, Ana sabe la respuesta ... Aún así ella debe aprender a escuchar no solamente el ritmo y melodía que la vida le marca cada día, porque un día siempre es diferente al otro, sino también ella debe aprender a escuchar y a aceptar su propio baile para que su vida no sólo sea más coherente, sino para que ésta fluya de manera más auténtica.

Por ningún motivo, Ana desea que su alma se vuelva rígida. Más bien, ella desea ir más alla de valores, principios y creencias mientras baila con la vida aunque ésta no sea perfecta. Y es que, la verdad, la perfección, es, al fin y al cabo, una colección pulcra de innumerables errores. ¿O me equivoco? 

Pues bien, Ana (mi "alter ego") me mira de reojo mientras me hace ver que hay que seguir bailando con la vida sin compararse con nadie y sin vivir bailando los bailes de otros. Bailar con los otros es saludable, pero más saludable  es cuando uno está en capacidad de mirarse hacia dentro mientras uno acepta el hecho que cada momento de la vida tiene un baile distinto al baile que a mí más me gusta. Lo importante es tener la ganas de aprender nuevos bailes porque allí radica el reto de la vida.


MARiSOL
 


martes, 17 de diciembre de 2019

Don Éxito yDon Fracaso




Don Éxito y Don Fracaso no se entienden. Sus discursos de vida son bien distintos. Y para ser sincera, me entiendo mejor con Don Fracaso que con Don Éxito, porque por momentos, me cae bien antipático. La verdad, que no sé por qué lo aguanto. Pues bien, ahora, para bajarle los humos a Don Éxito, le he llegado a decir que si bien el éxito es fácil de obtener, éste es difícil de merecerlo. Después de haberme escuchado atentamente, Don Éxito me miró despectivamente. Pero, ¡¿qué se ha creído?! Como su forma de mirar no me gusta nada (es una sensación muy desagradable cuando él me mira de arriba a abajo), le hice saber (para que se fastidiara un poco) que fracasar no significa perder. En cuanto terminé de decir esta corta frase, Don Fracaso sonrió satisfecho. Y luego dijo seriamente:
- Es muy cierto lo que has dicho, mi amor. Y mirando fijamente a Don Éxito prosiguió hablando - Alguna vez escuché a un sabio decir que un momento de éxito compensa el fracaso de años.

- ¡Bla, bla, bla! ¡Son palabras tiradas al viento! - exclamó ásperamente Don Éxito. Es más, yo he de hacerles saber que si bien el éxito no da ni quita la razón de las cosas, el requisito para obtenerlo es la prontitud de las decisiones.

En realidad, ambos tienen razón. Pero antes que yo pudiera decir algo, Don Fracaso alzó su voz para agregar lo siguiente:
- Cuando uno cree que ha fracasado, no debe quedarse paralizado, sino todo lo contrario, debe seguir adelante, seguir avanzando hasta poder obtener el éxito, llegado su momento.

Don Éxito bastante enervado le dijo a Don Fracaso:
- Me tienes harto de tanta palabrería barata. No te puedes ni comparar ni medir conmigo. ¡Yo soy más que tú, te guste o no!

Don Fracaso haciendo acopio de mucha paciencia pero mirando desafiante a Don Éxito le dijo:
- Para tu información, el éxito consiste en vencer el temor al fracaso.

- ¡¿Qué?! - gritó colérico Don Éxito. Yo no te tengo miedo. Es al contrario. Tú le tienes miedo a todo. Por este motivo eres un fracasado. ¡Tú qué sabes de éxitos! ¡Yo soy un campeón desde que nací! Todo lo que toco lo convierto en oro. Tú, ¡no!

Don Fracaso me miró a los ojos puesto que quería saber lo que yo pensaba. En cuanto nuestras miradas se cruzaron, Don Fracaso me entendió. ¡Qué repugnante podía ser Don Éxito! Y como yo me identificaba más con la forma de pensar de Don Fracaso no me quedé callada:
- Yo soy de la opinión que el fracaso, es muchas veces, más fructífero que el éxito.

¡Ay! Para qué dije esto. Don Éxito frenético - gritó:
- ¡Ambos son unos estúpidos! ¡Son tal para cual!

Don Fracaso, quien había estado haciendo esfuerzos por no gritar, no se pudo contener y cual cuchillo cortante rasgó el aire con estas palabras:
- Para tu información, Don Éxito, ¡te hago saber que prefiero ser un fracaso en algo que amo que un éxito en algo que odio!

¡Uy! Don Éxito lo mataba con su mirada y, de paso, a mi también porque me retó:
- Dí algo inteligente como para dar por terminado este pleito. ¡A ver por quién, por fin, tú te decides! ¡O él o yo!

Pues bien, yo, como Doña Motivación (entre nos ... Don Éxito y Don Fracaso son mis amantes, pero no se lo digas a nadie, shhh) aclaré mi garganta y desafiando a Don Éxito dejé caer mis palabras cual lluvia torrencial:
- Mira, cariño. He llegado a la conclusión que ya me cansé de tener dos amantes. Es muy cansador. Así que dándome media vuelta agarré del brazo a Don Fracaso y nos alejamos de la vista de Don Éxito.

La verdad que el fracaso es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia. ¿No crees? Y mi inteligencia me dice que me quedo con Don Fracaso porque en el fondo, no existe el fracaso, salvo cuando uno deja de esforzarse, pero como yo a él lo conozco bien, sé que él llegará a ser mejor que Don Éxito porque no sólo porque confío en él, sino porque he aprendido que el éxito es aprender de ir de fracaso en fracaso, pero sin desesperarse. Luego de darle un beso a Don Fracaso, él me entendió. Sonrió ampliamente al darse cuenta que mientras el éxito no es definitivo, el fracaso no es catastrófico porque lo que cuenta es el valor para continuar.

Es así que yo, como Doña Motivación, te hago saber que no hay peor cosa que usar el miedo como motivación para ir por la vida porque el miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son y mi corazón me dice que hago bien en amar a Don Fracaso. Yo me encargaré de apoyarlo como se merece para salir los dos fortalecidos ante los retos que la vida nos ponga sobre nuestros caminos. Espero poder ayudarte a ti también, en caso me necesites, querido lector.

  
MARiSOL







lunes, 16 de diciembre de 2019

Mi Universo





El Universo con toda su gran solemnidad y misteriosa hermosura se convierte en un reverendo caos para toda aquella persona sin fe. Me pregunto si mi fe  la tengo actualizada. La verdad que insegura estoy. Y mientras la busco dentro de mí, yo trato de adivinar el significado que guarda esta palabra de dos letras. 

Y mientras me pregunto si mi fe la tengo bien cimentada,  el Universo, ése que es sino el vasto símbolo de Dios (mucho más  grande que mi propio universo), me pide que baile no sólo sin temor al ritmo de esa combinación mágica de sonidos, voces o palabras y silencios que lo habitan desde tiempos inmemoriables, sino que me pide igualmente que baile al ritmo de mi propia esperanza porque ella, sin lugar a dudas, es un estimulante vital muy superior a la suerte. 

Es así que mientras la combinación mágica de sonidos, voces, palabras y silencios del Universo me invitan a bailar, todos ellos me hacen ver que la felicidad humana generalmente no se logra con golpes de suerte, sino con todas esas pequeñas cosas que ocurren todos los días. Es más, el Universo me recalca que si yo deseo la felicidad en los demás, debo aprender a ser compasivo. Y mientras seguimos bailando, la fe (ese valor espiritual de todo ser humano que acompaña nuestros ideales y da confianza para la realización de grandes empresas) ha llegado a mi lado también bailando mientras el ritmo de mi corazón se acelera al advertir su presencia. ¡La FE ha llegado a buscarme! ¡Qué bella que es! Pero, ¿debo creeer en ella?

El Universo al leer mis pensamientos me dijo:
- Es cierto que la fe y la razón son dos formas de convicción que subsisten con más o menos grado de conflicto o de compatibilidad. Pero no te olvides que la fe no sólo es un don, sino es también una virtud igual que la esperanza y la caridad. 

Es así como me ví envuelta bailando no sólo con la Fe, Esperanza y Caridad, sino también llegaron a mi lado la Vida, la Felicidad, la Confianza, la Inteligencia, la Voluntad, la Verdad, la Credibilidad, la Evidencia y hasta la mismísima Razón. Estas palabras no sólo eran bellas y etéreas, sino que que me hicieron ver, mientras bailaban dentro de mi alma, que yo soy un pedazo del universo hecho vida. ¿Y sabes por qué, querido lector? Pues, porque existe al menos un rincón del universo que, con toda seguridad, yo puedo mejorar, y es si soy yo misma, mejor. 

Y antes de terminar, quiero agregar algo más: 
Si yo soy perseverante al igual que la Fe, entonces, avanzaré en el camino de mi propia vida mientras bailo también acompañada al ritmo de alguien que no puedo dejar de lado y es de mi querido ¡Amor! ¿Y sabes por qué, querido lector? Porque el amor es una fuente inagotable de profundas reflexiones, tan profundas como la eternidad, tan altas como el cielo y tan grandiosas como el mismo universo.

MARiSOL






domingo, 15 de diciembre de 2019

Hora y Minutero


¡Auxilio! Hora y Minutero se han escapado de mi reloj  analógico. Ambos rompieron el vidrio de éste mientras yo dormía profundamente. Fue durante la noche que se escaparon sin que yo me diera cuenta. He quedado desvastada. Conozco el motivo que los impulsó a dar este paso. ¡Qué mala fuí de haber ignorado su pedido! Y es que desde hace tiempo ellos dos me venían pidiendo que querían tener un nuevo amigo llamado Segundero (esa tercera aguja de mayor longitud y más delgada que ellos dos, y que completa una vuelta en un minuto).

- ¡Me han abandonado por tu culpa! - me gritó muy disgustado mi reloj analógico (no es ni eléctrico ni electrónico, sino, más bien, mecánico).
Razón tenía. Yo me había opuesto a hacerle colocar un segundero. Mis motivos tenía.
Como no sabía yo qué decir, mi reloj me preguntó que qué pasaría con él ahora que había quedado sin sus amigos. ¿Lo botaría yo a la basura por inservible o me animaría a llevarlo a un relojero para que le colocaran nuevas agujas? 
- Me costará cara esta gracia - le respondí entre enojada y triste.
- Lo sé - respondió mi reloj analógico y continuó hablando - pero lo que más deseo es volver a funcionar como antes  porque para mí es una alegría saber que puedo marcar tu tiempo. Así que llévame al relojero al que está a dos cuadras de aquí.  ¡Quiero volver a sentirme útil!
Esta última frase de mi reloj analógico me hizo entender que útil es todo lo que nos da felicidad. Pues bien, sin perder tiempo lo metí en una caja y me puse en camino. No quería defraudar a mi querido reloj analógico. Eran tantos años que él marcaba mi tiempo. Él fue un regalo de mi abuelo cuando cumplí diez años. ¡Era increíble que mi reloj, después de más de cincuenta años, siguiera aún funcionando!
Cuál sería nuestra sorpresa que cuando llegamos al relojero, encontramos a Hora y a Minutero  charlando animadamente con él. Cuando escuché junto con mi reloj análogico que el relojero los usaría junto con una tercera aguja en un reloj que había dejado a reparar un cliente suyo, mi reloj análogico exclamó entre sollozos:
- ¡No, por favor! ¡No me hagan esto!
Al escucharlo gritar, Hora y Minutero se voltearon a mirarlo sorprendidos, pero en cuanto me vieron pusieron cara de disgusto. ¿Qué hacer? 
Antes que tanto Hora como Minutero dijeran algo, yo  les prometí que estarían acompañados de Segundero. Y para que me creyeran le pedí al relojero que intercediera. Me comprometía a pagar hasta por adelantado para que mi reloj análogico contara no con dos agujas, sino con tres. Es así que al ver Hora y Minutero que yo hablaba en serio, se acercaron a mi querido reloj, lo abrazaron, y le dijeron que volverían a ser un equipo, el mejor de todos.
Sonreí agradecida porque  tuve que reconocer para mí misma que una vida usada cometiendo errores no solo es más honorable, sino que es más útil que una vida usada no haciendo nada. Así que esta oportunidad de oro no debía perderla por nada del mundo y no tanto porque el tiempo valga oro (en realidad éste no vale nada), sino porque el tiempo es vida. Mi reloj volvería a funcionar y para mí esto sería una gran alegría y alivio porque yo no sólo deseo sentirme como un reloj sin agujas, sino porque yo, además, quiero sentirme útil al igual que mi reloj analógico y no sólo para satisfacer mi ego, sino mi alma porque no hay obra humana más bella que la de ser útil, sobre todo, al prójimo.


MARiSOL 






miércoles, 4 de diciembre de 2019

Tribulación



Mientras en estas horas de tribulación  padecimientos espirituales y morales sacuden el alma de Doña Conmoción, Doña Angustia, escondida dentro de mi pecho, me pide no luchar contra ella porque sino nunca podré yo producir serenidad, esa serenidad que me pide ser constante para convertirse así en el signo más cierto de la sabiduría mas no del conocimiento porque el primero nos sirve para ganarnos la vida mientras que la sabiduría nos ayuda a vivir para tener ¡ojo! no una buena vida sino una vida buena. ¿Entiendes la diferencia?

Pero, ¿qué es vivir? Te preguntarás, querido lector. Pues, no consiste sólo en respirar sino en obrar de buena manera y con hechos bien concretos o ¿no será que más bien vivir consista en construir solamente futuros recuerdos? O acaso, ¿no será sacrificar una pasión baja por otra más alta? Quizá desvarío. No quiero decir nada que suene disparatado, insensato o carente de sentido común. Mi mente me exige mantener la cabeza fría y el corazón caliente, sobre todo, en esta época de tribulación. Será que lo único que deseo es volver a casa, pero lamentablemente no encuentro el camino a seguir, ese camino   que, al fin y al cabo, es el camino hacia mí misma.

En estas reflexiones estoy mientras Doña Conmoción y Doña Angustia me miran expectante. ¿Qué les debo decir para tranquilizarlas? La verdad que no sé. Como que me he quedado sin palabras. Lo que menos deseo es que mis palabras suenen huecas porque si no van seguidas de hechos, entonces no valen nada. Lo único que conseguiría es cansar sus oídos de  de tanta palabrería. Y la verdad que no deseo que piensen que yo estoy desasida del presente y de toda razón lógica.
- Ante tanta adversidad uno como que pierde el horizonte, sobre todo, cuando el alma comienza a cansarse de tantas injusticias, mentiras, peleas, odios, rencores y manipuleos. ¿No creen? - les pregunté a ellas dos. Era yo quien buscaba respuestas porque este sufrimiento interior me está nublando la mente. Esta mente que debe  funcionar como un buen paracaídas porque si no se abre como debe ser, pues soné... Y es que el fin de tener una mente abierta, como el de una boca abierta, es llenarla con algo valioso porque no hay talento más valioso que el de no usar dos palabras cuando solamente basta una. Pero, ¿cuál es la más acertada? Acaso ¿Apocalipsis? Lo ideal sería hacer uso de aquella palabra que pudiera cubrir todas mis dudas.
- ¿No será que te has apartado del camino de Dios? - me preguntó Doña Conmoción.
- Podría ser - contesté. Pero, ¿por qué todo se reduce siempre a nombrarlo como solución a todos nuestros problemas? Lo que más deseo es operar con mente sabia para poder conducir mi vida por un camino saludable y pleno.
Doña Angustia como sabe que la angustia es la disposición fundamental que nos coloca ante la nada ... esa nada que es nada ante el infinito, me dijo:
- ¡Ay, amiga! Lo único que debes saber para aplacar tus dudas, en este momento, es que para reducir lo infinito a lo finito, lo inasequible a lo humanamente real,  tú tienes sólo un camino y es el de concentrarte con fe en tus problemas para poderlos resolver así de la mejor manera.
- Pero, ¿cómo? - le pregunté angustiada a Doña Angustia mientras Doña Conmoción no salía de su asombro por lo que me había dicho nuestra amiga.
Doña Angustia nuevamente tomando la palabra me hizo saber que la tribulación es también considerada una prueba de fe que reporta mayor crecimiento y madurez para todo aquel que sea creyente.
¿Será que  tanto Doña Conmocion como Doña Angustia tienen razón porque cuando uno padece a nivel personal en momentos de grandes dificultades la tribulación es más que todo un llamado para volver a Dios? ¿Tú, qué crees querido lector? 

Esta vez yo me he quedado sin respuestas, sólo estoy llena de preguntas. En el fondo, me desconcierta (no sé si a ti también) tanto pensar que Dios existe como que no existe aunque en el fondo de mí algo me dice que sí hay un Dios porque la imposibilidad en que me encuentro de probar que Él no existe, me prueba su existencia ... esa existencia que no es más que un cortocircuito de luz entre dos eternidades de oscuridad ... allí donde vive agazapada la tribulación entre tú y yo. Esa tribulación que se deja ver para enseñarnos no sólo humildad, sino también arrepentimiento para así no sólo purificar espiritualmente nuestras almas sino para ayudarnos también a quitarnos el velo de nuestros ojos porque no todos los ojos cerrados duermen ni todos los ojos abiertos ven. 

Y antes de terminar con estos desvaríos míos mientras me despido de Doña Conmoción y Doña Angustia, aprovecho para hacerte saber que "Apocalipsis" no es sinónimo de "fin del mundo", sino más bien de "revelación" porque no puede haber una revelación más intensa del alma de toda sociedad (la tuya o la mía) que la forma de tratar a sus niños empezando por ese niño o niña interior que habita en ti. No te olvides, querido lector, de saberlo cuidar en épocas de tribulación que yo prometo hacer lo mismo.

MARiSOL





miércoles, 27 de noviembre de 2019

Don Simulacro y yo




- ¡Qué tarea más ilusa es cuando todo queda al descubierto y los poderosos quedan impunes mientras millones de vasallos desheredados viven clamando justicia! ¿No te parece? - le dije disgustada a Don Simulacro.
Él mirándome fijamente a los ojos me preguntó si yo me refería a esa justicia que dice ser para todos pero donde muchísimos seres humanos quedan excluidos, seguramente hasta yo misma también.
Después de asentir con la cabeza le hice saber inquieta que cuando la impotencia de unos y la tiranía de otros se dan la mano,  por fuerza mayor, entonces no hay solemnidad alguna que pueda vestir tu voz o la mía, querido lector, porque sólo quedan acusasiones y sentencias, aclaraciones y excusas mientras la supuesta justicia es, sólo al final, un silencio mortífero que barre con todo.
- Dirás con todos. Con "s" de serpiente, querida - exclamó Don Simulacro. 
- O con "s" de sacrificio - le dije un tanto molesta por su  arrogancia. O así me lo parecía.
Don Simulacro, nuevamente clavándome su mirada, me increpó seriamente diciéndome:
- ¡Tú como muchos otros son unos necios! Es una estupidez pasarse toda una vida buscando fórmulas inimaginables para reducir los efectos colaterales cuando no hay un diálogo sincero entre unos y otros! No me critiques tanto y mira dentro de ti y pregúntate qué de bueno le puedes ofrecer al mundo porque por si no lo sabes el mundo no es un espectáculo, es para tu información: ¡un campo de batalla!
Lo miré asombrada. Razón tenía y mucha.
Don Simulacro suavizando un poco su voz me dijo que todas las batallas sirven para enseñarnos algo, incluyendo también a aquéllas donde se pierde.
- ¡Donde se pierde nuestra dignidad! Mi voz estaba cargada de dolor. ¿Por qué estamos en un permanente estado de emergencia permitiendo que  nuestra dignidad quede inmovilizada?
Don Simulacro no dijo nada. Estaba pensativo.
Yo aprovechando de su silencio, exclamé:
- ¡Ay, el mundo está revuelto mientras un cruel verdugo blande su espada doloramente y sin ningún rubor! ¡Dios mío! ¡Qué asco! No tengo tentación alguna ni de besarlo o acostarme con él.
- Tampoco te lo pido - dijo secamente Don Simulacro. Lo único que te pido es que te calmes, por favor.
Pero tranquila yo no podía estar...  y es que no hay suficientes ojos para mirar tanta desgracia en derredor. ¡Cuánto infortunio, aislamiento, abandono, crueldad y pobreza existe en nuestro mundo!
Don Simulacro mientras me clavaba nuevamente su mirada penetrante me hizo saber que no sólo sus ojos también están cansados tan igual o más que los míos, sino que todo parece indicar que ideas inoculadas con muchísimo veneno mantienen atados de pies y manos a nuestros corazones, querido lector. Unas veces duran poco otras largo tiempo.
Yo me pregunto qué mecanismos, estrategias y tácticas debemos usar en nuestro entorno descontrolado vestido de baratas imitaciones de grandeza y vulgares falsificanciones de compasión.
Don Simulacro me respondió tranquilo pero seriamente:
- Quizá no debas tú ser tan injusta con los demás y sentarte, más bien,  en el banquillo de los acusados.
- ¡¿Qué?! ¡Pero si yo no le hago daño a nadie! - exclamé indignada.
La voz de Don Simulacro se hizo escuchar no sólo para que mis oídos lo entendieran, sino los tuyos también, pues, para que, allí donde tú te encuentras (lejos o cerca mío), tengamos en cuenta sus palabras:
- Lo que te voy a decir no es una crítica, es más bien, una reflexión. Me explico: Si bien yo soy esa imagen hecha a semejanza de algo o de alguien que pretende obrar el bien mas sólo finjo representando algo que no soy, yo te pregunto si tú eres sólo una imitación, falsificación o ficción de ti mismo, querido lector, como para ayudar a cambiar en algo el mundo, porque no puedes construir un mundo mejor sin mejorar no sólo a  las demás personas, sino a ti mismo también. ¿No crees?

MARiSOL


miércoles, 20 de noviembre de 2019

La Pasión y la Razón





Mientras la Pasión, ciega de rabia, esgrimía una lanza de improperios contra la Razón, esta última le hizo ver que no fuera tan procazmente vehemente y que, por favor, controlara más y mejor su vulgar vocabulario, o sea,  le pidió, en resumidas cuentas,  que se mordiera la lengua. Sin embargo, la Pasión, en tono desdeñoso, le dijo a gritos: 
- ¡Tú podrás ser el timón que conduce a los seres humanos por el mar de la vida, ese mar donde uno se detiene a pensar y a razonar, pero tú solamente sirves cuando las aguas están tranquilas!
- Pues, te equivocas - le contestó la Razón y continuó hablando - A decir verdad, me considero ser la vela que a ellos, los seres humanos, les impulsa a seguir navegando en el mar de la vida y mejor si hacen uso de mí  cuando se encuentran en aguas turbulentas. Lo que pasa que no todos los seres humanos reaccionan de la misma manera. Ideal sería que absolutamente todos hicieran uso de esa facultad que Dios les dió: la de pensar, calcular, razonar y no solamente actuar de manera ciega y descontrolada.
- ¡O sea, sin corazón! - gritó la Pasión muy enojada. Este tipo tuyo de pensamiento me perturba y no me gusta nada. ¡Me caes antipática!
Nuevamente la Pasión se equivocaba. La Razón hacía esfuerzos por no darle un bofetón a la Pasión por ser tan insolente con ella. Así que armándose de gran paciencia la Razón le dijo a la Pasión:
- ¡Cálmate! En realidad, si bien tú eres un sentimiento intenso, no por ello eres mejor que yo. Si me dieras la mano, te aseguro que juntas haríamos un buen equipo.
- ¡No te entiendo! - gruñó la Pasión. Pero si somos antagónicas, somos como caliente y frío, como blanco y negro. No podemos ser amigas, por ningún motivo.
La Razón armándose nuevamente de paciencia le dijo que ese pensamiento suyo estaba en desuso. Acaso, ¿no existe el agua tibia o el color gris? Le explicó que si ella (la pasión) actúa en solitario  y sólo se sale, y a cada rato, de sus cabales ya sea gritando, insultando o reaccionando de manera histérica, pues terminaría de hundir a su barco en la aguas profundas de la vida o, lo peor de todo, lo dejaría a la deriva.
- ¡Eres una exagerada y una estúpida! - gritó la Pasión. Acaso, ¿me tildas de loca o qué? a parte que a mí no me gusta ni el agua tibia ni el color gris. Yo no me voy con medias tintas. ¡O todo o nada! Así soy yo. ¡Apasionada hasta el tuétano, hasta la última gota de mi sangre!
La Razón, entonces, con voz enérgica exclamó:
- En primer lugar deja de gritarme e insultarme y en segundo lugar déjame decirte que deberías aprender a manejar mejor ese demonio que llevas dentro de ti pues no te conduce a buen puerto.  Tu eres ese tipo de pasión ciega, ésa que no es para nada saludable, eres venenosa para el alma de cualquier ser humano. Sin embargo, hay otro tipo de pasión, mejor que tú.
- Así, ¿a ver cuál? - le desafió la Pasión roja de la rabia. Por lo que veo no soy santa de tu devoción. Te crees la última chupada del mango, Razón de m...
Y mientras la Pasión se debatía en su mar de emociones encontradas, había otra Pasión que las había estado observando y se les acercó a las dos y tímidamente les dijo lo siguiente:
- Entrometerme no quiero, pero yo también me llamo Pasión y créeme tocaya que estás muy equivocada. La Razón tiene razón.
- A ver, ¡explícate mejor! - le retó la Pasión (la antipática o Pasión Nr. 1).
Esta otra Pasión (a quien llamaré Pasión Nr. 2) le hizo saber que normalmente la pasión está generalmente asociada a un sentimiento tan profundo que desborda la frontera del dolor físico o psicológico. Es más, le hizo saber que la palabra "pasión" deriva del Latín "Passio" que a su vez es de la familia ligada al verbo "padecer" pero que es la raíz etimológica en común con "Paciencia". También le dijo que ella la veía (a la pasión antipática o Pasión Nr. 1)  como a ese  tipo de amor que nubla la razón y domina la voluntad del individuo.
- ¡Pues sí, esa soy yo. ¿Y qué?! En todo caso yo no puedo vivir sin lujuria, deseo y erotismo - respondió enojadísima la Pasión Nr. 1 a la Pasión Nr. 2. Yo soy muy arrebatadamente caliente.
La Razón sonrió. La verdad era que quería estallar en carcajadas (la Pasión Nr. 2 igualmente). Pues bien, luego de haberse mantenido callada la Razón habló para dar por zanjada la conversación ya que ella tenía que resolver otros temas de relevante importancia:
- Me apena darme cuenta, Pasión Nr. 1 que si no te limitaras a pensar sólo de la manera que lo haces,  podría yo tener una opinión más alta de ti. La verdad que eres tan diferente de Pasión Nr. 2 a la que me alegro de conocerla y ofrecerle mi amistad desde ya porque me doy cuenta que ella sí es ese tipo de pasión bien canalizada, ese tipo de pasión que nos lleva, de todas maneras, a buen puerto. No hay cosa más bonita que sentir pasión por lo que uno hace, ya sea un pasatiempo llámese cocinar, pintar, coser, leer, escribir y un largo etcétera o un trabajo así sea uno arquitecto, médico, abogado o sea también un mecánico, electricista, chófer con su otro largo etcétera. No hay cosa más bonita que sentir predilección y cariño y sentirse entusiasmado por lo que uno hace no solamente en la vida, sino por la vida de uno mismo. 

Y luego de decir estas últimas palabras la Razón le extendió su mano a la Pasión Nr. 2 para ofrecerle su amistad  porque la pasión y la razón bien canalizadas no sólo sazonan nuestra existencia y hacen que ella sea más disfrutable, sino que porque ambas pueden ayudar a los seres humanos (a ti también querido lector) a razonar con pasión y apasionarse con razón. ¿No te parece?

MARiSOL

lunes, 18 de noviembre de 2019

El deseo de Desirée



Desirée es una mujer de más de sesenta años con alma de niña. Ha guardado su inocencia contra viento y marea. Si bien ha hecho dolorosas experiencias en su vida, que la han ayudado a ser una persona relativamente madura, en el fondo de su alma, vive en ella una niña inocente que ve, a pesar de todo, al mundo de manera benevolente y sin malicia alguna. Y sin embargo, ella muy bien sabe, por las experiencias hechas, que la realidad es otra. Y es que la realidad, por momentos, la oprime porque si bien el mundo es bueno con todos, los seres humanos no lo son. Están lejos de serlo. Lo que pasa que la bondad de ellos tiene sus límites pero, en realidad, es porque quieren. Una verdadera lástima porque el símbolo de superioridad más hermoso es justamente la bondad porque ésta es, a mi modo de ver, la única inversión que nunca quiebra. A parte que la bondad es la mejor arma que desarma a los hombres. Me explico: Y es que a Desirée no le asombra ni el ingenio, inteligencia o memoria portentosa de los seres humanos si no hay asombro de bondad en sus almas. Así lo pienso yo igualmente y sin ningún asomo de falsa hipocresía. Y es que la hipocrecía se usa más para engañarse a uno mismo que a los demás. ¿No te parece?

Pues bien, Desirée es como esa niña que destroza su juguete porque le anda buscando el alma ... el alma al sentido de la vida. Veo que esta noche Desirée me está buscando a mí. Unos me llaman Dios, otros Alá, Jehová, Zahveh, Adonai, Hashem .... ¡Qué importa!  En este momento ella deja los nombres de lado y se entrega al silencio de la noche (tan profundamente mágica e incalculablemente sorprendente como el mismo infinito universo que yo he creado) para verse mejor por dentro. Es allí donde yo le hago saber que para poder juzgar cosas grandes y nobles, es muy importante y necesario poseer un alma igualmente de grande y noble. Tarea difícil pero no imposible de cumplir.

Desirée no pone en duda mis atributos: que todo lo puedo, que todo lo abarco, que todo lo sé y que soy absolutamente bueno. Y aunque mis críticos lo nieguen, Desirée siente que me necesita para poner en orden su mundo interno, por momentos, caótico. Esta noche ella quiere hablar conmigo para que yo le dé fuerzas para que así ella pueda seguir  avanzando, creciendo, para que se esfuerce en ser mejor persona... Y es que aunque te parezca mentira, yo vivo no sólo en el corazón de Desirée, sino en el corazón tuyo también. Sólo abre tu mente para entender esta idea en toda su dimensión, querido lector.

Es cierto que el concepto teológico, filosófico y antropológico de Dios hace referencia a una suprema deidad. Y es cierto también que una deidad es un ser al que se le otorgan poderes sobrenaturales el cual es adorado por considerarlo divino, sagrado o inmortal. Es respetado o temido por sus adeptos y seguidores. Pero Desirée (de naturaleza emotiva,  de pensamiento deductivo y que se deja llevar más por la intuición que por la razón) sabe que dejándome entrar en su alma de niña, puedo ayudarla a que la mujer adulta, que ella es, se esfuerce en mantenerse fuerte y tranquila mientras trata de entender el verdadero sentido de la vida. 

Para tu información: Algo que yo le estoy enseñando a Desirée es que ella esté divinamente consciente para que se dé cuenta de una vez por todas (al igual que tú, querido lector) que en el fondo sólo son las relaciones con las personas (sin importar sus ideologías culturales, políticas y/o religiosas) lo que da verdadero sentido a la vida porque solamente el ser humano se autorrealiza en la misma medida en que él se compromete al cumplimiento del sentido de la vida. ¿Y sabes por qué? porque encontrarle un sentido a la vida requiere tener no sólo coraje, sino también valentía, además de una buena dosis de fe y confianza. No importa cuán largo o corto sea tu camino. Lo importante es que cuando uno está a la búsqueda del sentido de la vida como lo hace Desirée, es lo más elevado a lo que ella pueda llegar para estar a mi altura. Espero que tú también.


Marisol
 


Son al señor
José  Luis Guerra

Poderoso y majestuoso
Admirable y siempre digno 
(siempre digno)
Exaltado sea tu nombre
Por los siglos de los siglos

Tú pagaste por mi vida 

(por mi vida)
Te ofreciste en sacrificio (sacrificio)
Y no olvide el alma mía
Ninguno de tus beneficios

El perdona tus errores 

(dime, ¿qué más?)
Y te sana las dolencias 

(¡Ay! como no)
Te rescata de lo oscuro
Y te muestra su grandeza

Mi Señor te hace justicia (mira que sí)
Y te colma con sus bienes (te digo yo)
Te revela sus caminos
Poderoso, Rey de Reyes

El perdona tus errores, por amor
Rey de reyes
Y te sana las dolencias mi Señor
Rey de reyes

Te rescata de lo oscuro, mi Pastor
Rey de reyes
Es Poderoso y Majestuoso mi Señor
Rey de reyes

Y yo a ti te canto un son 

Pa' que me bendigas, de noche y de día
Pa' que me bendigas, de noche y de día
Pa' que me bendigas, de noche y de día
Pa' que me bendigas

El Señor me liberó y yo bailo son
Rey de reyes
Y te quita toda angustia y depresión
Rey de reyes

El te añora y te protege 

¡Oh! mi Dios
Rey de reyes
Es Poderoso y Majestuoso mi Señor
Rey de reyes

Y yo a ti te canto un son
Pa' que me bendigas, de noche y de día 

(Santo mi son)
Pa' que me bendigas
Pa' que me bendigas, de noche y de día
Pa' que me bendigas

El perdona tu errores 

(dime ¿qué más?)
y te sana las dolencias 

(¡Ay! como no)
Te rescata de lo oscuro
Y te muestra su grandeza 

Mi Señor te hace justicia 

(mira que sí)
Y te colma con sus bienes 

(te digo yo)
Te revela sus caminos
Poderoso, Rey de reyes

Y yo te canto a ti, 
y yo te canto a ti mi Buen Pastor
Rey de reyes
Tu me diste la alegría y bailo son
Rey de reyes

Te llevaste toda angustia Santo Dios
Rey de reyes
Es Poderoso y Majestuoso mi Señor
Rey de reyes

Y yo a ti te canto un son
Pa' que me bendigas, de noche y de día

 (Santo mi son)
Pa'que me bendigas
Pa' que me bendigas, de noche y de día


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martes, 5 de noviembre de 2019

La ilusión del tiempo




Mientras la felicidad y la infelicidad se peleaban entre ellas (ambas afirmaban que ellas son muy distintas la una de la otra porque son como el agua y el aceite), la ilusión del tiempo les dijo con voz enérgica, que las dos, en el fondo, son la misma cosa. Pero en cuanto la felicidad escuchó estas palabras protestó diciéndole a la ilusión del tiempo que ella era muy negativa en sus apreciaciones. Lo mismo hizo la infelicidad ya que le gritó histérica a la ilusión del tiempo que ella estaba loca de remate. Sin embargo, la ilusión del tiempo tranquilamente siguió hablando sin perder la compostura y les hizo saber que ella sólo reconoce la verdadera naturaleza de las cosas. Es más, les hizo saber también tanto a la felicidad como a la infelicidad que la negatividad es totalmente antinatural porque sólo fortalece los "egos" de los seres humanos.
Y mientras la felicidad e infelicidad se miraban entre ellas sin entender lo que la ilusión  del tiempo les trataba de hacer entender, ella les dijo que no era negativa al  hacer esta afirmación. Más bien, lo que ella más deseaba era que los seres humanos no pasen el resto de sus vidas persiguiendo sólo una ilusión. 
- ¡Explícate mejor! - gritaron fastidiadas y al unísomo la felicidad y la infelicidad. 
- ¡Miren chicas! - dijo la ilusión del tiempo - si bien es normal que los seres humanos aprecien las cosas y/o situaciones tanto bellas como también placenteras, esto no significa que hay que buscar en ellas una identidad, una realización  o un sentido de permanencia porque no lo pueden dar. Al final, los seres humanos sólo terminan frustrados y sufren por ello.
- ¡Sigo sin entenderte! -gritó contrariada la felicidad.
- ¡Yo también! - gritó aún más molesta la infelicidad.
La ilusión del tiempo les hizo saber que lo que sucede es que la mayoría de los seres humanos buscan su felicidad a través de las cosas. Se dejan influir por la industria publicitaria y por el consumismo. Si los seres humanos pensaran de otro modo, más espiritualmente, no entrarías tú, infelicidad, en acción, porque todo lo externo es pasajero, satisface de manera temporal y también, muchas veces, de manera superficial. Por este motivo, los seres humanos se frustran, como ya dije, y también se decepcionan cuando se les escapa la felicidad de las manos.
- ¡Esto a mí no me importa! - gritó la infelicidad en son de victoria. Por este motivo es que existo.  ¡Jajajaja!
- Tú a mí me degradas al hacerme saber que yo soy sólo pasajera. ¡Yo soy más importante que la infelicidad! - exclamó  la felicidad bastante mortificada.
- Pues, te equivocas - insistió la ilusión del tiempo. ¿Sabes?  Los seres humanos deben de entender que todo lo externo no sólo causa satisfacciones temporales, sino que también produce dolor porque los seres humanos se hacen dependientes de éstas. La verdad es  que la alegría o felicidad no tiene causa; ésta debe surgir desde dentro para así poder obtener la paz interior. Es más, mucha gente no se da cuenta que hagan lo que hagan, posean o logren en sus vidas, esto no significa que sean superiores o mejores que otros y ...
La felicidad harta de tanto sermón, interrumpió a la ilusión del tiempo y le preguntó si a los seres humanos les quedaba algo por lo que mereciera la pena luchar o era mejor que no intentaran nada para ser felices.
- Buena observación la tuya - le dijo la ilusión del tiempo. Sin embargo, ¿sabes? Todo lo que surge, se desvanece. Lo mejor para los seres humanos es aprender a que todo es impermanente, todo cambia: Puedo uno tener ahora mucho dinero y mañana, nada. O seguir amasando dinero, pero sentirse solitario o sufrir de una enfermedad incurable. Y así como estos dos ejemplos, hay miles más de otros que podría enumerar.
La infelicidad se quedó boquiabierta. Empezaba a entender. Tímidamente dió un ejemplo a modo de pregunta:
- ¿Puede un país entrar en guerra con otro, luego lograr la paz ansiada y después de un tiempo volver a estar en guerra sea por las mismas razones o por otras?
La ilusión asintió. Su ejemplo era correcto.
Y mientras la felicidad se esforzaba por entender a la ilusión del tiempo, preguntó si era mejor para los seres humanos aceptar su momento presente ya sea éste bueno o malo.
- ¡Así es! - le respondió sonriente la ilusión del tiempo. Aunque suene paradójico e incomprensible cuando desaparece la dependencia interna de la forma, uno puede vivir más relajado. Es decir, si el momento presente es muy lindo,  es bueno disfrutarlo a tope pero sabiendo que éste en algún momento terminará; lo mismo pasa cuando hay problemas difíciles de resolver ya que es el tiempo el que pone las cosas en su sitio. Así como todo empieza, también todo tiene un final.

Después  que terminaron de conversar la felicidad, la infelicidad y la ilusión del tiempo, yo (quien soy el momento presente y me había mantenido callado todo el tiempo para dejarlas hablar a ellas tres), les hice saber que así todo el mundo se derrumbe, no hay que desesperarse; lo importante es, aunque uno no sea feliz del todo, estar en paz con uno mismo es lo más importante y para lograr obtenerla hay que poner mucha voluntad en ello para que ésta permanezca de manera permanente dentro de uno. ¿Y sabes por qué? porque para poder ayudar a otros en la búsqueda de la paz, uno tiene que estar en paz consigo mismo dejando de lado p.e. el miedo, la angustia, la avaricia, la envidia, el odio y nuestro maldito orgullo. Pero, ¡qué difícil tarea de cumplir! ¿Verdad? Yo no sé si se deba a la falta de simetría entre mi pasado y mi futuro o si sólo es una propiedad emergente, consecuencia de la manera como evoluciona mi propio universo interno, un tanto desordenado de un tiempo a esta parte ¿Tú qué piensas, querido lector? Yo, por lo pronto, pienso que en un universo completamente desordenado como el mío y con un grado de incertidumbre, yo soy sólo una ilusión persistente, esa ilusión por la vida que nos hace soportar la proximidad de nuestra propia muerte ... esa quimera que nos recuerda que mientras existimos, no existe la muerte y cuando ésta existe, ya no existimos más. Pues bien, mientras el tiempo deja de existir y se vuelve sólo una ilusión mientras tú me lees, yo cual presente no existo del todo porque soy sólo un punto diminuto entre la ilusión y la añoranza de tu propio universo existencial.  

Es así como la felicidad e infelicidad decidieron dejar de pelear entre ellas porque se dieron cuenta que la ilusión del tiempo es un flujo que nos arrastra de un pasado definitivo hacia un futuro incierto que podemos cambiar si queremos dependiendo de la actitud que decidamos tener ante la vida aunque nos equivoquemos pensando que la verdadera vida es aquella que no llevamos.


MARiSOL 





lunes, 28 de octubre de 2019

El Otoño y yo




Nuevamente ha llegado el Otoño a regalarme su melancolía. Mas temor tengo de sucumbir en ésta porque la melancolía no sólo es una tristeza, sino es un deseo sin nada de dolor. Es como si la melancolía se pareciera a la neblina, aquélla que se parece a la lluvia pero, en realidad, no lo es. No sé si la melancolía sea una manera romántica de estar triste o si la melancolía se trata de una manera de tener no teniendo. Es como si tratara de poseer cosas pero sólo de manera temporal. No sé si me explico correctamente. Y mientras el Otoño se me queda mirando pensativo yo le hago saber que tampoco quiero que él me regale recuerdos. Indecisa estoy de aceptar este otro regalo suyo. Y es que hay recuerdos que duelen y otros que nos alegran el alma. ¿Puedo escoger?
- ¡Ay, eres una cobarde! - me dijo seriamente el Otoño. Él está dispuesto a sacudir mis ideas erróneas.
- No entiendo por qué me dices esto - le respondí desconcertada.
- Pues, porque no quieres ni un poco de mi melancolía ni tampoco de mis recuerdos. ¿Qué pretendes? ¿Ir por la vida sin Otoño?
- No, pero ... - le contesté sin poder terminar de hablar porque él me interrumpió.
- Tú sabes que en esta esta época del año los árboles pierden sus hojas y su verdor. La energía que antes se concentraba en las hojas se recoge hacia las raíces para mantenerse durante los meses fríos. Las hojas de los árboles cambian y su color verde se vuelve amarillento o rojo hasta que se secan y caen.
- Lo sé - le respondí - pero es que ...
- ¡¿Qué?! - me retó el Otoño. Aunque no me creas, querido lector, no hay odio en su mirada. Todo lo contrario. Su amor me traspasa el alma. Pero su voz firme y segura me anima a darle una respuesta valedera. Y es así que él me escucha en silencio.
- ¿Sabes? - le dije al Otoño - tú representas para mí la vejez en sentido figurado.
- Entonces, ¿me temes? - me preguntó el Otoño.
- Sí, porque me recuerdas que soy igual de frágil que una hoja cuando cae al suelo y termina secándose y arrugándose.
- Tú te sientes hoja porque quieres - me hizo saber el Otoño. Tú podrías escoger ser árbol, si así lo deseas. Pues, si aprendes a concentrar tu energía positiva en la raíces de tu alma, puedes mantenerte fuerte durante los meses fríos.
- Aunque quiera ser árbol, nunca lo seré - le respondí en un hilo de voz. Yo no viviré eternamente mientras los árboles pueden vivir cientos o miles de años como el árbol viviente más viejo del mundo, una pícea, que se cree nació hace 9 mil 950 años, durante la era glacial y se encuentra en Suecia. Si bien la parte visible del árbol tiene 600 años, su raíz ha estado viva por casi 10 mil años.
- Pienso que tú naciste no para ser hoja, sino para ser árbol, ¿sabes? Y si bien es cierto que tú no vivirás ni cientos ni miles de años en esta vida terrenal que te toca vivir, tú sí puedes ser fuerte como un árbol hasta el último mes de tu vida, si así tú lo quieres - me respondió cariñoso el Otoño. Es más, no me veas con temor porque la vejez hay que asumirla no como algo irremediable sino como el colofón de la tarea cumplida. Tienes que aprender a aceptarla y de ninguna manera de mala gana como si ésta fuera un castigo o una desgracia. No te olvides que si bien la vejez acumula limitaciones, llámese enfermedades, dolencias y hasta cierta soledad, procura que en la ramas de tu árbol sigan existiendo nuevas ilusiones, porque sólo éstas te sostienen así como los pájaros tienen alas.
Esta respuesta suya la tendré en cuenta y luego de despedirme del Otoño, seguí mi camino (ése que me lleva hacia mí mismo) mientras piso las muchas hojas caídas de mi vida. Y aunque mis pasos sean vacilantes y lentos, tomo conciencia que me estoy acercando a la meta, aquélla que me recuerda, una vez más, el sentido de la vida. Allí donde todas las estaciones del año viven en completa armonía.

MARISOL

 




martes, 8 de octubre de 2019

Mi salto cuántico



Mientras entre la Ciencia de la vida y la Consciencia de mi vida el Salto Cuántico va emitiendo radiaciones electromagnéticas,  él me hace saber que está dando saltos de alegría porque ha logrado salir del ámbito meramente científico-matemático. ¡Vaya! ¿Difícil de entender? Pues bien, se sabe que el salto cuántico no sólo es una frase que se usa para referirse a un crecimiento fuera de toda proporción con respecto a lo que anteriormente venía sucediendo, sino que alude a la constatación de que el electrón desaparece de su órbita original y reaparece instantáneamente una o varias órbitas más arriba. 

Y mientras con mucho esfuerzo trato de entenderlo, el Salto Cuántico sigue saltando de alegría porque él  ya no sólo es un fenómeno que rompe con la visión tradicional de la realidad cartesiano-newtoniana, sino que él o mejor dicho, su término, puede ser usado en la vida diaria de cada uno de nosotros. Y yo, no sé si estoy preparada para hacer uso de él como debe ser.

Mientras la Ciencia y la Consciencia están sorprendidas y tú también, querido lector, con esta revelación dada por el Salto Cuántico, él explicándose mejor nos hace saber que aunque cada persona sea distinta y también las circunstancias que la rodean, hay ciertos pasos que nosotros podemos seguir para tratar de provocar un salto cuántico (acaso, ¿cambio radical?) en nuestras vidas.
- ¿A qué te refieres? - preguntó la Ciencia. La Conciencia, por lo menos la mía, se ha quedado muda y expectante de la respuesta que pueda dar el Salto Cuántico; lo escuchamos con atención.
- Mira - dijo el salto cuántico - para que uno pueda dar un cambio radical en su vida es bueno, por ejemplo, empezar por alimentarse bien, hacer ejercicios y meditación.
- ¡Explícate mejor! - La Consciencia quería saber más para tomar conciencia sobre este punto. Y es que la consciencia es la capacidad del ser humano para percibir la realidad y reconocerse en ella mientras la conciencia es el conocimiento moral de lo que está bien o mal.
Pues bien, el Salto Cuántico nos dijo que para tener una mente clara y un cuerpo sano hay que tomar mucha agua y evitar las bebidas endulzantes. Luego, nos hizo saber que es bueno también hacer ejercicios físicos ya que tonifica los músculos y los órganos internos. También es importante practicar la  meditación para sentirnos más conscientes de nuestras emociones ya que las emociones demandan mucha energía, sobre todo, las negativas como el odio y la rabia. Pues bien, mi conciencia desea también practicar el perdón. El salto cuántico me aconsejó que empezara por perdonar lo más pequeño antes de perdonar los asuntos más graves. Lo importante es que nuestro espíritu avance hacia la unión final con el universo o acaso, ¿con Dios?

Sinceramente, el Salto Cuántico es todo un reto. Se necesita tener una mente abierta y la voluntad de aprender cosas nuevas para así poder usar el poder de nuestra mente mientras saltamos a universos alternos y visitamos otras versiones de nosotros mismos con otras habilidades, conocimientos y experiencias. Pero ¡qué difícil me resulta conocer no sólo otra versión de mí misma para alcanzar a través del salto cuántico, cual nueva técnica, sino también alcanzar cualquier objetivo que yo me trace en mi vida para poder generar así abundancia sin fin, salud y felicidad en mi vida! Definitivamente  el salto cuántico me queda muy grande. No quepo en sus zapatos. Por el momento, no. Quizá más adelante ... ¡Qué más quisiera poder dar  un “salto” hacia dimensiones paralelas, y así obtener otras habilidades, conocimientos, sabiduría e inspiración de otras versiones de mí misma!

- Si sigues ciertas técnicas de visualización y entras en un cierto nivel de conciencia, puedes sincronizar y comunicarte con cualquiera de las versiones infinitas tuyas - me dijo el salto cuántico y luego continuó diciéndome que podía traer esas posibilidades no exploradas y talentos a mi línea de tiempo actual. Es más, me hizo saber que si bien cada elección que hacemos a lo largo de nuestras vidas colapsa potenciales resultados futuros y posibilidades en una que nuestro punto de vista percibimos como nuestra línea de tiempo actual y real, sí es posible tomar habilidades de nuestros yo paralelos para modificar nuestro destino y futuro. ¡El salto cuántico es el proceso de imaginar que das un “salto” hacia dimensiones paralelas, y así obtener habilidades, conocimientos, sabiduría e inspiración de otras versiones de ti mismo. En resumen, una técnica que da origen a la inspiración, las ideas y las nuevas habilidades.

La verdad que yo por más que trato de entender al Salto Cuántico me pregunto: ¿Cómo sacar lo más inteligente de mí, lo más saludable de mí, lo más bueno de mí? No lo sé. Lo único que sé es que en dimensiones superiores podría ser muy posible que mi conciencia esté experimentando todas estas líneas de tiempo a la vez, ya que incluso en el tiempo de quinta dimensión ya no es unidireccional sino que puede ser atravesada hacia atrás o hacia adelante de la misma manera que yo me muevo a través del espacio en nuestra realidad tridimensional aunque no se descarte la posibilidad de que haya otras dimensiones del espacio.

El salto cuántico apiadándose de mi ignorancia me explicó que así como la física clásica sostiene que los objtetos no pueden existir en dos lugares al mismo tiempo y que no pueden llegar de un lugar a otro sin transitar el espacio intermedio, la física cuántica nos hace ver que las partículas pueden desaparecer y reaparecer al instante en otro lugar, que se puede estar en dos lugares a la vez. 

- ¿Será que la materia es meramente sólo una ilusión y que toda la energía del universo se anula entre sí hasta terminar en la nada y que sólo el vacío existe? - me pregunto mientras tomo conciencia que las leyes de la física cuántica no tienen sentido lógico para el intelecto, pues existen más allá de toda lógica humana.

Mientras el Salto Cuántico sigue dando saltos de alegría, ve que yo dentro de mis limitaciones intelectuales, lentamente me estoy dando cuenta que así como no podemos comprender a Dios ni tampoco el amor en el reino del intelecto, los niveles más profundos de la materia no pueden ser entendidos. ¿Y sabes por qué? pues porque, al final, la realización espiritual es la única manera de comprender la física cuántica... allí donde la ciencia y la espiritualidad finalmente se unen. Y mientras tomo conciencia que la física cuántica tiene perfecto sentido, me animo a dar tímidamente un salto cuántico en la evolución de mi propia conciencia. Espero que tú también, querido lector porque ambos formamos parte la conciencia de la humanidad.


MARiSOL