sábado, 29 de abril de 2017

La ilusión del tiempo



Mientras la felicidad y la infelicidad se peleaban entre ellas porque ambas afirmaban que ellas son como el agua y el aceite, la ilusión del tiempo les dijo con voz enérgica, que las dos, en el fondo, son la misma cosa. 
- ¡No! - gritó la felicidad en son de protesta. Pero, ¡qué negativa que eres al decir esto!
- ¡Estás chiflada, loca de remate! - gritó histérica la infelicidad a la ilusión del tiempo.
La ilusión del tiempo tranquilamente siguió hablando sin perder la compostura y les hizo saber que ella sólo reconoce la verdadera naturaleza de las cosas. Es más, le hizo saber también que la negatividad es totalmente antinatural porque sólo fortalece los "egos" de los seres humanos.
Y mientras la felicidad e infelicidad se miraban entre ellas sin entender lo que la ilusión  del tiempo les trataba de hacer entender, ella siguió hablando:
- Bien, me repito, yo no soy negativa al  hacer esta afirmación. Más bien, lo que más deseo es que los seres humanos no se pasen el resto de sus vidas persiguiendo sólo una ilusión. 
- ¡No te entiendo! - gritaron fastidiadas y al unísomo la felicidad y la infelicidad. 
- Miren chicas - dijo la ilusión del tiempo - Si bien es normal que los seres humanos aprecien las cosas y/o situaciones tanto bellas como también placenteras, esto no signfica que hay que buscar en ellas una identidad, una realización  o un sentido de permanencia porque no lo pueden dar. Al final, los seres humanos terminan frustrados y sufren por ello.
- ¡Sigo sin entenderte! -gritó contrariada la felicidad.
- ¡Yo también! - gritó aún más molesta la infelicidad.
- Es muy sencillo - adujo la ilusión del tiempo. Lo que sucede es que la mayoría de los seres humanos buscan su felicidad a través de las cosas. Se dejan influir por la industria publicitaria y por el consumismo. Si los seres humanos pensaran de otro modo, más espiritualmente, no entrarías tú, infelicidad, en acción, porque todo lo externo es pasajero, satisface de manera temporal y también, muchas veces, de manera superficial. Por este motivo, los seres humanos se frustran, como ya dije, y también se decepcionan cuando se les escapa la felicidad de las manos.
- ¡Esto a mí no me importa! - gritó la infelicidad en son de victoria. Por este motivo es que existo.  ¡Jajajaja!
- Tú a mí me degradas al hacerme saber que yo soy sólo pasajera. ¡Yo soy más importante que la infelicidad! - exclamó  la felicidad.
- Pues, te equivocas - insistió la ilusión del tiempo. ¿Sabes?  Los seres humanos deben de entender que todo lo externo no sólo causa satisfacciones temporales, sino que también produce dolor porque los seres humanos se hacen dependientes de éstas. La verdad es  que la alegría o felicidad no tiene causa; ésta debe surgir desde dentro para así poder obtener la paz interior. Es más, mucha gente no se da cuenta que hagan lo que hagan, posean o logren en sus vidas, esto no significa que sean superiores o mejores que otros y ...
La felicidad harta de tanto sermón, interrumpió a la ilusión del tiempo y le preguntó si a los seres humanos les quedaba algo por lo que mereciera la pena luchar o era mejor que no intentaran nada para ser felices.
- Buena observación la tuya - le dijo la ilusión del tiempo. Sin embargo, ¿sabes? Todo lo que surge, se desvanece. Lo mejor para los seres humanos es aprender a que todo es impermanente, todo cambia: Puedo uno tener ahora mucho dinero y mañana, nada. O seguir amasando dinero, pero sentirse solitario o sufrir de una enfermedad incurable. Y así como estos dos ejemplos, hay miles más de otros que podría enumerar.
La infelicidad se quedó boquiabierta. Empezaba a entender. Tímidamente dió un ejemplo a modo de pregunta:
- ¿Puede un país entrar en guerra con otro, luego lograr la paz ansiada y después de un tiempo volver a estar en guerra sea por las mismas razones o por otras?
La ilusión asintió. Su ejemplo era correcto.
Y mientras la felicidad se esforzaba por entender a la ilusión del tiempo, preguntó si era mejor para los seres humanos aceptar su momento presente ya sea éste bueno o malo.
- ¡Así es! - le respondió sonriente la ilusión del tiempo. Aunque suene paradójico e incomprensible cuando desaparece la dependencia interna de la forma, uno puede vivir más relajado. Es decir, si el momento presente es muy lindo, disfrutarlo a tope pero sabiendo que éste en algún momento terminará; lo mismo pasa cuando hay problemas difíciles de resolver, el tiempo pone las cosas en su sitio. Así como todo empieza, también tiene un final.

Después  que terminaron de conversar la felicidad, la infelicidad y la ilusión del tiempo, yo (el momento presente) quien me había mantenido callado todo el tiempo para dejarlas hablar a ellas tres, les hice saber que así todo el mundo se derrumbara, no hay que desesperarse, lo importante es, aunque uno no sea feliz del todo, estar en paz con uno mismo y para lograr obtenerla hay que poner mucha voluntad en ello para que ésta permanezca de manera permanente dentro de uno. Y es que para poder ayudar a otros en la búsqueda de la paz, uno tiene que estar en paz consigo mismo dejando de lado el miedo, la avaricia, la envidia, el odio y nuestro maldito orgullo. Pero, ¡qué difícil tarea de cumplir! ¿No es cierto, querido lector?

MARiSOL 


 


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