jueves, 21 de abril de 2011

Las piedras del río

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- Papá ¿qué pasaría si el río no tuviera piedras? - preguntó Samuel, su hijo de cinco años.
- Si en el río no hubieran piedras, no podríamos escuchar su canto - respondió su padre.
- Sí, ¡es cierto! - dijo alegremente el niño. ¡El río tiene voz y nos habla!
- ¿Y qué te dice el río en este momento? - preguntó su padre mientras lo miraba con ternura.
- Que no le tenga miedo a la vida, porque tú estás a mi lado - contestó Samuel sonriendo.
- Ahora eres pequeño y me necesitas -dijo su padre y continuó hablando -Me parece bien que no le tengas miedo a la vida, pero cuando tú seas más grande, yo no estaré siempre a tu lado. Yo podré aconsejarte, pero tú harás tus experiencias. Y te darás cuenta que en tu camino habrán también piedras grandes y chicas como en este río que tenemos delante nuestro.
- ¿Y el camino tiene también voz para cantarme? - preguntó curioso Samuel a su padre.
- Mmmmm - dijo Vicente, padre de Samuel. ¡Qué buena pregunta! Yo creo que el camino, se queda, más bien, mudo y observa como tú caminas entre las piedras.
- ¿Y qué pasa si me encuentro con piedras grandes en mi camino? ¿Qué hago? - preguntó Samuel un poco preocupado.
- Tendrás que ver si puedes caminar sobre ellas o esquivarlas. Eso lo verás en su momento, hijo.
- ¿Y si las piedras son pequeñas? - preguntó Samuel.
- Entonces, serás tú el que tenga voz para cantar mientras las vas quitando de tu camino, poco a poco.
Samuel le sonrió a su padre y luego me preguntó a mí:
- Mamá ¿escuchas tú también el canto del río?
- Sí, por supuesto, hijo.
- ¿Y qué te dice? Mi hijo siente curiosidad. Quiere saber si mi respuesta es parecida a la de su padre, mi esposo.
- Este río me canta una canción que dice así: Por más piedras que existan en el río, el agua siempre fluirá. Ninguna piedra es capaz de detener el agua, porque el agua tiene la sabiduría para seguir adelante con la fuerza de su suavidad.
Mi esposo Vicente, después de mirarme, termina diciéndole a nuestro hijo:
- Nada es más suave y más fuerte como el agua que fluye firme y lentamente con la sabiduría de tener el mismo destino del hombre.
- ¿Y cuál es ese destino? - preguntó nuestro hijo.
- El de seguir adelante... - le respondemos Vicente y yo al unísono. Y nos reímos por pensar igual.
Y yo agregué finalmente:
- ... a pesar de todo.
- ¿Por qué dices esto, mamá? - preguntó mi hijo.
- Porque a pesar de los problemas que se nos presenten en la vida, si confiamos en nosotros mismos, podremos fluir como el agua de este río. ¡Mira, Samuel! El agua sigue fluyendo por más piedras que existan en su camino - le respondí. Mi esposo aprobó mi comentario.
Samuel, mientras caminaba a nuestro lado y al lado del río de la vida, comenzó a cantar: Por más piedras que existan en el río, el agua fluirá. Ninguna piedra es capaz de detener el agua, porque... Samuel me miró. Y yo lo ayudé a terminar la frase: ... el agua tiene la sabiduría para seguir con la fuerza de su suavidad.

Todos sabemos que las piedras son los obstáculos de la vida, pero quiero creer que éstos nos vuelven más fuertes ya que, al fin y al cabo, siempre habrá una solución a nuestros problemas. Aun en nuestras horas más tristes o de desaliento, debemos procurar mantener una actitud positiva ante la vida para seguir fluyendo como este río.

Marisol



Me inspiré, en parte, por un Power Point
enviado por una amiga
Aquí te dejo el enlace para que lo veas:
www.authorstream.com

5 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

Los ríos hablan.. dictan con las piedras ese sentimiento olvidado por el camino..

Un agrado leerte amiga..



Un abrazo
Saludos fraternos..

Que disfrutes la semana.. mis mejores deseos...

Francis dijo...

Hermoso cuento. Cuando nos sentamos en un río las piedras nos escuchan y luego con su canto nos dicen hacia dónde ir para seguir fluyendo. Saludos...

Pluma Roja dijo...

Buen diálogo con la siguiente frase me acordé de la filosofía del Tao: "Nada es más suave y más fuerte como el agua"

El Tao: "Nada en el mundo es más ligero y débil que el agua, pero para experimentar lo duro y lo fuerte no hay nada que la supere" etc.

Tu diálogo tiene mucho de la filosofía oriental.

Me gustó bastante.

muchos besos.

lola dijo...

La felicidad es a veces una bendición, pero por lo ge­neral es una conquista. El instante mágico del día nos ayuda a cambiar, nos hace ir en busca de nuestros sue­ños. Vamos a sufrir, vamos a tener momentos difíciles, vamos a afrontar muchas desilusiones..., pero todo es pasajero y no deja marcas. Y en el futuro podemos mi­rar hacia atrás con orgullo y fe.

Manel Aljama dijo...

Un cuento lleno de sabiduría como de verdad. Merce ser leído y meditado no una sino muchas veces.
besos

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