domingo, 6 de diciembre de 2015

La marioneta

 

Tengo una marioneta que se ha puesto en huelga. Por más que yo quiera que se mueva y jale de sus hilos, ella se resiste a hacerme caso. No logro sacarla de la posición estática en que se encuentra. Cuándo le pregunté el por qué de esta forma de protesta suya, ella me contestó malhumorada:
- Estoy cansada de hacer lo que tú quieres; cansada de tanto manipuleo. No tengo ganas de ponerme a bailar al ritmo de la música que tú tocas, o mejor dicho, del ritmo que me impone el mundo. ¡No quiero ser tan sólo una marioneta!

Pero, ¿con qué derecho ella me habla así? si ella como marioneta tiene que funcionar le guste o no. Soy yo la que le dá las órdenes y no al revés. Pero, ¡qué se ha creído esta marioneta de m....!

La marioneta no se inmuta de lo que yo diga o deje de decir. Su decisión es irreversible. Ella volverá a bailar cuando nosotros, los seres humanos, dejemos de ser marionetas. Le pido a mi marioneta que me explique mejor:
- Estoy harta de ver como los seres humanos se dejan manipular unos a otros. No hablo de las víctimas, sino de los manipuladores. Todo parece ser que desde muy chicos, ustedes, los seres humanos aprenden a manipular. ¿Acaso tú nunca has hecho un berrinche para obtener lo que querías ante tus padres? 

- Pues, creo que sí - le contesté no muy segura porque no recuerdo bien si de chica yo fuí una niña manipuladora. 
- Y así tú no lo recuerdes - dijo la marioneta -, alguna vez en tu vida habrás manipulado ya sea a tu pareja, a una amiga o a un compañero de trabajo para lograr tus objetivos, ¿no es cierto?

Trago saliva. El manipular a otras personas no es nada bueno, lo sé, sobre todo, cuando se le pide a nuestra víctima a que haga algo que no quiere o debe. Tomo conciencia que existen muchas formas de manipulación. Empiezo a entender a mi marioneta. No sólo estamos siendo manipulados en pequeña escala, sino a nivel mundial.

La marioneta me miró fijamente y me preguntó si yo sé cuáles son  las emociones básicas en las que se basan las técnicas de manipulación. 

- Pues, creo que sí sé - le respondí un poco vacilante. Son el miedo, la vergüenza y la culpa.
- Muy bien - me respondió la marioneta. Luego me preguntó si yo sé cuáles son las técnicas que se usan para manipular.

- Dímelo, tú, más bien. No tengo la menor idea - le contesté a mi marioneta.

- Pues son: las amenazas, las críticas, las inhibiciones, las imposiciones, el hacerte sentir culpable, el pedirte hacer cosas mientras la persona manipuladora se lleva los méritos. Y lo que más asco me da es que los manipuladores nunca reconocen sus errores, menos admiten críticas. Son altamente egocéntricos, no conocen la empatía, son intolerantes con los demás, son altamente controladores y les encanta echar la culpa a los demás de sus fracasos, por ejemplo. Y podría seguir diciéndote muchas más cosas sobre la manipulación hasta llegar al nivel político o económico, por ejemplo. 
Me rindo. No quiero manipular más a mi marioneta. Ella protesta por lo que le toca vivir en este mundo que, en prinicipio, fue creado para ser recreado y no manipulado. Luego le pregunté si nunca más ella va a volver a bailar.

La marioneta me dijo que no dejará de bailar, pero no cuándo yo quiera, sino cuando ella me lo pida. Hacemos este trato. Luego, ella antes de pedirme que la vuelva a meter en su caja me dijo:
- No sólo me gusta bailar, sino también cantar y amar antes que de hacerte la guerra.

Mientras guardaba con cuidado a mi marioneta afuera en el mundo las manipulaciones estaban a la orden del día. Y mientras me alejo de mi marioneta me doy cuenta que ella no me preguntó en ningún momento si yo me siento una marioneta de la realidad en que me toca vivir. 

Me imagino, querido lector, que tú mejor que nadie conoces de sobra quiénes nos manipulan, quiénes mueven los hilos del mundo.   


MARiSOL







No hay comentarios:

Publicar un comentario