jueves, 17 de diciembre de 2015

El muñeco de nieve



Cuando mis dos hijos, en edad escolar, vieron como su muñeco de nieve se paseaba inquieto en nuestro jardín el mismo día de Navidad, me llamaron muy agitados para pedirme que hablara con él. ¡Cómo era posible que el muñeco que mis hijos habían hecho, unos pocos días atrás, tuviera vida y más encima se moviera! Y yo, entre temerosa y sorprendida y sin mucho ánimo de exponerme al frío le pedí a mi esposo que me acompañara; salimos, bien abrigados porque hacía mucho frío afuera, para saber qué es lo que le pasaba al muñeco de nieve. 

Pues bien, al acercarnos a este muñeco, él nos preguntó si también iba a recibir un regalo navideño igual como nuestros hijos. Mi respuesta fué negativa. La de mi esposo fué igual a la mía. No le habíamos comprado nada.  
- Pero, ¿por qué no? - me preguntó desilusionado el muñeco de nieve.
- Pues, porque, al final, te vas a derretir, tarde o temprano - le contestó mi esposo sin darle mucha importancia a su respuesta.
- Yo sé que esto me va a suceder - dijo triste el muñeco de nieve - pero, lo que cuenta es este momento y no mañana, ¿No les parece? 
- Pues, yo no gasto mi dinero por gusto - le hice saber al muñeco de nieve mientras mi esposo aprobaba mis palabras.
- ¿No se les ha ocurrido pensar que yo tengo alma de niño? - nos dijo con reproche en su voz mientras mis hijos, se reían a carcajadas. Los únicos chicos reales eran ellos.
 
Y mientras yo lo miraba desconcertada y mi esposo muy escéptico por lo que nos terminaba de decir el muñeco de nieve, mis hijos se seguían burlando de él diciéndole que era un mentiroso y aprovechado y que nos dejara disfrutar de la cena navideña y en abrir nuestros regalos en paz.

El muñeco de nieve al escuchar nuestras voces tan vacías de buenos sentimientos, se derritió repentinamente delante nuestro y luego vimos con asombro como un ángel blanco se sacudía la nieve que había dejado el muñeco de nieve a nuestros pies. El ángel, sin dirigirnos la mirada en ningún momento, se llevó el alma del muñeco mientras nos deseaba una Feliz Navidad.

Al entrar a casa, todos nosotros sentimos tanta vergüenza que no sólo todos los manjares que yo había preparado dejaron de ser importantes, sino también nuestros regalos, porque nos habíamos dado cuenta de algo, que el verdadero espíritu del amor había llegado a nosotros y lo habíamos rechazado.


MARiSOL


Aquí dejo un bonita canción en inglés
sobre "Frosty" un muñeco de nieve

 

Imagen sacada de Bing

2 comentarios:

Neogéminis Mónica Frau dijo...

A veces pasa eso sin que nos demos cuenta. Linda historia.
Un fuerte abrazo!

Mar Del Sur dijo...

Gracias Mónica. Otro abrazo va desde mi mundo al tuyo.

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