lunes, 30 de enero de 2017

Entre la victoria y el fracaso

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Mientras la victoria extiende sus brazos abiertos al mundo entero porque nuevamente hace alarde de sus capacidades tanto físicas como intelectuales, el fracaso se muerde la lengua para no decirle más de lo que realmente piensa. Y mientras él baja su cabeza cabizbajo por esta nueva derrota piensa que la victoria, por naturaleza, no sólo es insolente, sino también arrogante.

No recuerdo quien dijo que mientras la victoria tiene muchos padres (pues todos se arriman a ella por conveniencia), el fracaso es huérfano. ¡Ay! yo creo que, en el fondo, tanto la victoria como el fracaso son dos impostores, pues hay que darles cara con la misma serenidad y, aunque no lo creas, también con una buena porción de desdén porque nadie ni es vencedor o perdedor en esta vida. Son experiencias, al fin y al cabo, las que hacemos. Y mientras yo pienso ésto, la victoria y el fracaso me miran de manera nada aprobatoria y entre beligerantes cuchicheos ambos quieren marcar sus diferencias ante mí, pero no se atreven ninguno de los dos a darme la cara. ¡Ja! ¿Acaso no se dan cuenta que mientras la victoria jamás es definitiva, el fracaso nunca es definitivo?

Te preguntarás quién soy yo.... la dignidad. Déjame decirte, querido lector, que tanto en la victoria como en el fracaso el nivel de dignidad debe ser siempre más alto que el miedo. Y aunque parezca contradictorio, en mi opinión, hay fracasos (o derrotas) que tienen más dignidad que cualquier victoria, sobre todo, cuando la victoria ha sido lograda por violencia. Lo que ante mis ojos hace que ésta sea sólo un mero fracaso. Al final, puede ser mucho más importante un fracaso bien peleado a una victoria ganada sin mayor esfuerzo o haciendo trampa. ¿No crees?
MARiSOL
 
Imagen sacada de Bing

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