lunes, 16 de enero de 2017

La transacción


 

Mientras veo como los labios de Eliana tiemblan y sus ojos parecen aves inquietas que no logran encontrar un lugar donde hacer su nido porque son incapaces de traicionar a su corazón y al de su gran amor, Federico (aunque en el pecho de ella lata un huracán de pasiones ocultas), observo como él se opone tajantemente a los vientos violentos porque el mal que causa se puede volver permanente. Y sufrir no quiere. Ella tampoco, que yo sepa.

Yo tengo la impresión, aunque suene paradójico, que entre placeres y temores a Federico le queda todavía un rincón para desear lo prohibido: El amor de Eliana. Quizás ella deba seguir bailando como una marioneta solitaria al compás de los deseos de Federico aunque una inmensa distancia los separe. La verdad que ambos se encuentran en un laberinto de pasiones esclavizantes. Pero mientras la cordura de ella se deslice a los pies de la locura de él, ellos dos seguirán avanzando a tientas mientras a lo lejos un horizonte colmado de sueños irrealizables se hace presente desde hace tiempo. Y mientras Eliana le exige una explicación a la vida y Federico va interpretando las señales de su cuerpo desnudo (el de ella), que lo llama a gritos desde su realidad, yo siento que algo en mí se resiste a creer que ellos dos realmente existan. ¿Serán sólo fantasmas de mi fantasía? No, porque la realidad es la que aprieta nuestras manos, sobre todo, a mí, que soy la Renuncia.

Finalmente cuando mi memoria se emancipa del tiempo, el amor mira a Eliana y a Federico mientras hace con ellos una transacción insólita. Discutir no vale, por ningún motivo. Y mientras mi mano se despide de lo que se fue y ya no es, yo compruebo una vez más que he estado durmiendo despierta para debilitar así a mis demonios tempestuosos pero, de ningún modo, del significado del verdadero amor porque éste es la cosa más fuerte que existe porque en el amor nadie manda, sólo se obedece. Y es que el que obedece a ese noble sentimiento es porque quiere ayudar(se), sobre todo, cuando existen distancias de por medio. Eliana y Federico saben de lo que yo aquí hablo. Renunciar al otro por amor es un acto de verdadero amor.

 
MARiSOL


 
 

Imagen sacada de Bing

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