sábado, 31 de octubre de 2020

El despertar de Vicenta

 

Desde hace un par de semanas que Vicenta se encuentra realizando un viaje, pero no se trata de un viaje de turismo, sino más bien es un viaje experimental hacia la esencia de su ser, ésa que le permitirá descubrir quién es y qué es ella realmente. Antes, cuando alguien le preguntaba quién era, ella contestaba automáticamente: Me llamo Vicenta Calderón, soy boliviana, vivo en Estados Unidos, soy física nuclear, estoy ya jubilada desde hace un año. Soy viuda desde hace cuatro años, tengo dos hijas y tres nietos. Vivo en California en una bonita casa frente al mar, cuento con dos caballos y un auto deportivo. ¿Y tú?

Pues bien, yo como la consciencia de Vicenta te hago saber que sólo cuando uno da ese tipo de respuesta es porque uno se identifica solamente con su "Ego" pues éste es sólo una falsa identidad que ha sido creada por nuestra mente. Lamentablemente nosotros pensamos que somos una mezcla de deseos, aspiraciones, preocupaciones, estudios, trabajos, posesiones y un largo etcétera. Pero pensar así es falso porque es nuestro "yo egótico" el que habla por nosotros. Hoy en día hay muchos egos inflados, sobre todo, desde que las plataformas sociales llegaron de puntillas a nuestras vidas. Pero esta es otra historia digna de ser contada algún otro día...

Bien, estaba hablando de Vicenta y es que se está dando cuenta que ella es mucho más que un ego inflado. Te explico: Vicenta influeciada por sus padres y por la misma sociedad aprendió a estudiar duro y parejo, a hacer una carrera, a tener amigos, a conseguir  trabajos bien remunerados, a fundar una familia, a comprarse una casa, a tener un auto último modelo, etc, etc. Y todo esto para llegar a ser alguien en la vida. Es decir, ella pensó que ser una persona de éxito ante los ojos de los demás le daría la felicidad. Pero nada más lejos de la verdad. Es cierto que Vicenta más de una vez hubiera querido abrazar al mundo entero por sentirse plena y realizada, pero ella conoce igual que tú, querido lector, que hay momentos donde uno puede llegar a sentirse perdido, incomprendido, enfadado con uno mismo. ¿Y sabes por qué? Pues, por no saber quién eres. ¿Te has puesto a pensar que nosotros no somos ni pensamientos ni emociones? ¡Ja! Ahora yo como la consciencia de Vicenta te reto a que trates de entenderme porque ella lo está logrando poco a poco. ¡Ay, cuántos momentos de sufrimiento, desesperación, incomprensión y falta de sentido por los que pasó durante mucho tiempo a pesar de tenerlo todo! Claro que es maravilloso tener todo lo que uno desea pero ¡ojo! sin descuidar nuestro mundo interior donde allí tu mente no tiene acceso alguno.

¿Te has puesto a pensar que la vida es como un torbellino donde vamos de prisa o, algunas veces, sin ningún tipo de aliciente porque nos sentimos cansados de tantas cosas como ahora por estar expuestos a esta pandemia? Pero aún así Vicenta sabe que justamente ahora que todos nos encontramos viviendo tiempos difíciles es hora de reconectarnos con nuestro Ser, con nuestra esencia. Ese inmenso potencial que tenemos dentro debemos recuperarlo. ¿Te has puesto a pensar que la mente es solo una herramienta necesaria para poder actuar en este mundo pero no representa necesariamente lo que somos? Difícil pero no imposible de entender. Vicenta se está dando cuenta que ella es algo tan grande e infinito (como tú) que no se puede definir de manera puramente conceptual. 

El mundo vestido de mucho ruido (no me refiero al ruido de los autos, de máquinas, aviones, música estridente, gritos, bocinazos, etc) donde el miedo y los condicionamientos mentales, dirigidos en parte por el internet, es el que nos impide sentir nuestra verdadera esencia. Y es que el ruido más potente es el que produce nuestra mente impidiéndonos darnos cuenta que somos semillas de luz conectadas con el universo. Vicenta me mira con ojos benévolos y me pide hacerte saber que en todos nosotros existe un poder muy grande que ha quedado silenciado por el ruido, sobre todo, de nuestras mentes perturbadas, por momentos, sea por malos sentimientos o malos pensamientos. 

Vicenta no envidia a todas aquellas personas que logran elevar su espíritu, por ejemplo,  a través de la meditación o del yoga, porque ella lo logra a través de la lectura o de la escritura. En un par de oportunidades ella ha estado cerca de lo mágico y divino y sin estar ni borracha ni drogada. En esas dos veces Vicenta experimentó una paz inmensa, una sensación de libertad insospechada cuando se dió cuenta que el sentido de la vida va de la mano con el sentido de la identidad pero no visto ni desde el exterior ni desde el deseo tener cosas sino desde el interior de uno... de ese mundo interno que pide ser despertado para abrirse más allá de lo que ven nuestros ojos, de lo que dice nuestras mentes. Por este motivo, yo como la consciencia de Vicenta te invito a que empieces (si aún no lo has hecho) a dar tus primeros pasos hacia tu nivel de consciencia y te abras a la posibilidad de que tú, querido lector, eres algo más de lo que opina tu mente. En estos tiempos de incertidumbre, de miedo y de muchas dudas harías bien en escuchar más a tu alma para recuperar tu poder interior. Y si no sabes lo que significa este poder te lo hago saber. Es nada menos que el amor... allí donde la sensación de plenitud, paz y libertad son indescriptibles, esas sensaciones donde no se ven con los ojos sino con el alma, aquella por la que vivimos, sentimos y pensamos.


MARISOL

 

 

sábado, 27 de junio de 2020

La caracola y el mar






Cuando Estela tiene ganas de sentirse cerca del mar, se coloca al oído una caracola grande y hermosa - traída de un viaje por El Caribe hace ya tiempo atrás - y así se queda ella un buen rato escuchando al mar arrullándola con su canto. ¡Cómo lo extraña! Y es que Estela no vive cerca de ningún mar. Los más cercanos a ella, tanto el Mar del Norte como el Mar Bático, se encuentran a tres horas de distancia de la capital de Alemania que si bien ésta cuenta con muchísimos lagos, no es lo mismo un lago a un mar por más que uno se lo trate de imaginar porque el canto del mar es único e inconfundible.

Pues bien, hoy día la caracola se niega a que Estela escuche al mar, su querido amigo de la infancia y adolescencia. Es así que cuando Estela le preguntó por qué no podía escucharlo como antes, la caracola molesta le respondió que se sentía usada.
- Pero, ¿no te das cuenta que sin ti, al mar no podría escucharlo? - exclamó Estela nerviosa.
- Sí, claro. Pero yo no valgo nada para ti a pesar de estar cerca tuyo y el mar, que está muy lejos de ti, sí es más importante que yo.
- Oye, ¿estás celosa? - le preguntó Estela a su caracola.
- Sí, ¡así es! - respondió furiosa la caracola.
- Pero, tú eres importante para mí más de lo que te imaginas - las palabras de Estela sonaban sinceras.
La caracola después de sopesar la validez de las palabras de Estela, le dijo que a ella lo que le molestaba era que no se le quisiera igual como al mar.
- ¡Esto es imposible! - le respondió Estela bastante agitada.
- ¿Por qué? - le preguntó desafiante la caracola.
- Porque a ti te quiero y al mar lo amo.
- ¡¡¿Cómo?!! - le preguntó la caracola dolida en su amor propio.
Estela armándose de paciencia le hizo saber a su caracola que "Amar" significa, la acción de expresar un sentimiento intenso que busca unirse con otro ser. O sea, es una atracción, inclinación y entrega de una persona hacia otra, y cuyo objetivo es procurar la reciprocidad en el anhelo de la unión de dos seres; y ello implica comunicación, convivencia, complemento y una relación afectiva, basada en la decisión y consentimiento de sus propias voluntades.
- ¡Ajá! - dijo la caracola - Y, ¿qué es "Querer"?
- Este verbo significa que una persona pretende poseer o apetecer algo o a alguien, para su propia satisfacción personal. Es decir, hay un interés egoísta y hasta posesivo.
- Y en el Amor, ¿no? - le preguntó la caracola.
- No. Cuando se ama de verdad hay un sentimiento altruista y desinteresado.
- Entonces, de ahora en adelante me quedaré muda porque tú no me amas - le dijo molesta la caracola.
- Si es así le diré a mi amiga Ana que me preste su caracola hasta que a ti se te pase la rabia - le contestó Estela bien seria. No puedes dejarme sin mi mar. Me matarías de la pena y a él también.
- No entiendo - le dijo molesta la caracola.
- El mar, a pesar de no tenerme cerca y extrañarme, se queda tranquilo sabiendo que yo me contento solamente con su voz - le respondió triste Estela. ¿No te das cuenta que es la voz de su corazón la que me habla para tranquilizarme y me llega a través tuyo? Tú eres muy importante para mí. Te necesito más de lo que te puedas imaginar por este motivo te quiero mucho.
La caracola se quedó muda un rato y luego le preguntó:
- ¿Y qué harás conmigo si me sigo negando a dejarte escuchar al mar?
- Pues, te colocaré en una caja y a la otra caracola la pondré en tu lugar. No tengo espacio para las dos juntas.
- ¡Tú no me amas, tú no me amas! - gritó la caracola desesperada.
- Ya te he dicho que a ti yo te quiero. Pero dejaré de hacerlo como me sigas desafiando. No me gusta que me trates de esta manera. Yo hasta ahora te he cuidado con cariño porque eres una caracola real y no una ni de cerámica ni de plástico. ¡Eres invalorable para mí!
La caracola avergonzada de su rabieta, le pidió disculpas a Estela. Se dió cuenta que la amistad entre ellas dos le resultaba demasiado valiosa como para echarla a perder por sus inmensos celos y es que cuando la rabia de los celos es tan fuerte, entonces fuerza a cometer cualquier desatino. Y la verdad que sería imperdonable perder a Estela. ¡Quién sabe! Algún día Estela llegaría realmente a amarla y ella, la caracola, aprendería igualmente a amar desinteresadamente a Estela para seguir haciéndola escuchar la voz de su añorado mar. Esperemos pues, que la caracola tenga la capacidad de amar a Estela y no sólo se quede en un mero deseo ya que cuando uno realmente ama encuentra en la felicidad de otro tu propia felicidad.

MARISOL

 


Imagen sacada de bing
 

sábado, 2 de mayo de 2020

Los doce del chat




- Mamá, ¿Te sabes los nombres de todos los apóstoles?
Tragué saliva. No sabía qué decirle a mi hijo porque yo sólo lograba recordar a Juan que fue el menor de todos los apóstoles. Luego estaba Mateo llamado igual que mi hijo, después, estaba Pedro...
Mi hijo me interrumpió para decirme que Pedro, en realidad, se llamaba Simón, el Zelote y que, más bien, usaba el apodo de Pedro. La verdad que este detalle yo no lo recordaba.
Mi hijo Mateo, bien serio, me hizo saber que Simón sus motivos habría tenido ya que él también usa un apodo cuando chatea con sus amigos de colegio por el internet. Luego seguidamente me preguntó si yo esto también lo había olvidado.
- No claro que no. Te haces llamar el apóstol Mateo - le respondí sonriendo.
Mi hijo satisfecho de mi respuesta me volvió a preguntar si yo no recordaba ningún otro nombre más.
-Pues, no - le respondí desganada. La verdad que yo tenía que salir al supermercado.
Entonces mi hijo en voz alta y mirándome a los ojos me increpó diciéndome que yo no era buena cristiana. Luego, después de nombrarme a los restantes apóstoles como Jacobo, Felipe de Betsaida, Tomás, Simón, el Zelote, Judas Iscariote, Judas Tadeo, Andrés, Santiago, el Menor, Santiago, el Anciano y Bartolomé o Nataniel de Caná, yo no supe qué decir. Suspiré resignada. Le hice saber que por el hecho de que yo no pudiera nombrarle a todos los apóstoles no quería decir que yo fuera mala cristiana.
Mi hijo, en todo caso, me retó pidiéndome que yo me aprendiera todos los nombres de los apóstoles entre hoy y mañana.
- A ver, hijo, comienza a darme esos nombres nuevamente antes que a mí se me vayan las ganas de aprender contigo - le contesté un tanto irritada. Yo, en lugar de estar pensando en los nombres de los apóstoles, quería, más bien, no olvidarme de todo lo que tenía que comprar en el supermercado. La lista era larga y no me quería olvidar de nada. Pero desde que uso la mascarilla procuro hacer mis compras rápidamente y en más de una oportunidad he terminado olvidándome de comprar algunos alimentos por el estrés que me produce no poder respirar bien con la mascarilla puesta y por tener que evitar acercarme demasiado a otros compradores como yo.


De pronto, mi hijo me hizo un comentario algo insólito y es que si los doce apóstoles hubieran vivido en esta época y hubieran tenido millones de seguidores y que cada uno de ellos hubiera tenido su propio blog y así poder hacer llegar el mensaje de Jesucristo a través del mundo entero, tal vez no habría pandemia hoy en día. 
Si bien la idea me gustó, sólo atiné a preguntarle a qué se debía esta idea suya.
Es así como Mateo me respondió:
- Muy sencillo, mamá. En esta época de computadoras, internet, celulares y demás tecnología moderna el ser humano no ha cambiado mucho. Todavía siguen habiendo guerras, intrigas, conflictos de todo tipo, especulaciones a nivel financiero a costa no sólo de todos nosotros sino también de la madre Naturaleza más un largo etcétera de barbaridades que reinan en este mundo.  Yo me pregunto qué hubiera pasado si los doce apóstoles hubieran tenido acceso al internet, quizá la historia del cristianismo hubiera sido otra. 
La idea me gustó. Era original. Pero yo, tratando de ser aún más original que él le dije que se imaginara por un minuto a los doce apóstoles chateando no sólo con cristianos y no cristianos, sino también con Jesucristo como emisario de Dios.
Mi hijo sonriéndome de manera angelical me leyó los pensamientos porque me dijo que si los doce apóstoles vivieran actualmente le pedirían a Jesucristo hacer un milagro como, el de parar la pandemia en todo el mundo. Luego seguido, él me preguntó dulcemente si podía chatear con sus amigos por una hora.  
Mi hijo Mateo tuvo mi consentimiento aunque él sabe que yo no le permito que esté tantas horas sentado a la computadora aún estando en cuarentena. Pero como él recibe clases por internet, pues es inevitable que él esté casi todo el día ante la computadora. Gran invento esto de las clases virtuales pero no es lo mismo estar en el colegio con sus amigos y con los profesores. Así que mientras yo dejaba a mi hijo chateando con sus amigos, ya sentada en el auto, apoyé mi cabeza en el timón y lloré largamente antes de ir a comprar al supermercado.  Mi mundo y el de muchos otros no sólo se desmoronaba, sino que la salud, el trabajo, nuestros planes y proyecciones también. ¡Dios! ¿quién nos sostiene el alma en medio de esta maldita pandemia? ¿Cuántos meses más tenemos que esperar a que exista una vacuna contra el Coronavirus?

Quisiera pensar que no solamente todas mis dudas y temores encuentran respuesta en ti, señor Jesucristo, sino que todas mis lágrimas y dolor encuentran también consuelo en ti. A veces, no sé qué pensar. ¿Eres sólo un invento? Aunque, prácticamente todos los historiadores de la Antigüedad afirmaron que tú fuiste  un predicador y líder religioso judío del siglo I, yo siento que mi fe en ti tambalea una y otra vez. Y ahora más que nunca.

Por un momento, me imaginé escribiéndole un e-mail a uno de los apóstoles para que a su vez le reenviara mi carta electrónica a Jesucristo rogándole que se comunicara con Dios Padre para que ambos hicieran pronto el milagro para aliviar a tantísima gente que se encuentra en peor situación que yo. Quién sabe qué me hubiera respondido Jesucristo pero me puedo imaginar que él me hubiera dicho que no le pidiera milagros si yo no creía firmemente en Él. Después de secarme las lágrimas me propuse aprenderme de memoria los nombre de los doce apóstoles en cuanto llegara a casa de regreso y, ¿sabes por qué?  porque no sólo cuento con tiempo para hacerlo, sino porque me doy cuenta que esta crisis mundial es tan grande y tangible que nos hace sentir a todos impotentes. Cuando más débiles nos sentimos es cuando más fácil reconocemos nuestra necesidad de orar. Quizá porque la oración es la forma en que demostramos nuestra creencia y confianza en que Dios no tiene sólo el mundo entero en sus manos, sino que su hijo Jesucristo nos recuerda que la oración no debe ser nunca el último recurso del pueblo de Dios; por el contrario, debe ser nuestro primer punto de acción hacia el cambio, para volver a ser efectivamente más humanos unos con otros.

 MARiSOL


domingo, 19 de abril de 2020

Por los cerros de Úbeda



Juan está con ganas de evadir esta situación incómoda y violenta que le oprime el pecho desde hace más de tres semanas. Eludirlo es lo que más él desea. No sé si tú también, querido lector, pero yo deseo hacer lo mismo que Juan. Deseo al igual que él salirme por la tangente, irme por las ramas o irme por los cerros de Úbeda para no hacer frente a esta realidad. 
La verdad que tengo ganas de largarme lejos donde nadie me encuentre porque desde que vivimos en cuarentena esta vida me está dejando de gustar porque sufro de insomnio y de ansiedad. ¿Quiero volver a mi vida de antes? Pues sí aunque mi vida esté llena de imperfecciones desde hace tiempo. Pero con esta cuarentena éstas más se agudizan y no me gusta nada por más que me encuentre ocupada entre mis cuatro paredes y piense en positivo cuando salgo a trabajar mientras uso mi mascarilla cuando cuido a unos niños desde hace ya tiempo. Pero ya nada es como antes cuando jugaba con ellos y los abrazaba o me dejaba abrazar por ellos. Prohibido está porque el virus ronda entre todos nosotros. Pero bien, irme por la tangente no quiero.
Mientras Juan me sigue mirando con atención, me pregunta si yo sé de dónde viene la expresión "irse por los cerros de Úbeda". Pues bien, yo le contesté que no sólo Úbeda es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y esta hermosa ciudad se encuentra situada al norte de Jaén, sino también le hice saber que en Úbeda hubo un enfrentamiento en el año 1233 entre cristianos y almohades. 
- ¿Qué son almohades? - me preguntó Juan.
- Si no lo sabes, los almohades fue una dinastía bereber marroquí que dominó el norte de África y el sur de la península ibérica desde 1147 hasta 1269. Y bueno, ...
Juan un poco impaciente me interrumpió diciéndome:
- No quiero que tú ahora me des clases de Historia. ¡Ve al grano! 
Pero yo no le hice caso y continué hablando; le hice saber que mientras ambos ejércitos luchaban, uno de los altos mandos del rey Fernando III, llamado Álvar Fáñez, conocido como "el Mozo", desapareció y cuando regresó ya la contienda había terminado. Cuando el rey le preguntó que dónde había estado, "el Mozo" le contestó que se había perdido en los cerros de Úbeda. 
- ¡Qué cobarde! - exclamó Juan. Por lo menos él ahora sí me escuchaba con atención e interesado estaba en lo que yo le contaba.
- Pues sí - le contesté. Álvar Fáñez, alias "el Mozo" fue un cobarde. Todos los cortesanos pensaron que o bien él no quizo participar en la batalla porque se cagaba en los pantalones o porque tuvo una cita amorosa con una mujer en dichos cerros. Sea como sea, desde ese entonces cuando uno quiere quitar el cuerpo de algo o da rodeos al explicar algún hecho, es así como se usa esta expresión: "te estás yendo por los cerros de Úbeda". 
Juan se quedó pensativo y luego me dijo que a él le gustaría también perderse entre esos cerros o en cualquier otro para no enfrentarse a esta vida que estamos llevando actualmente. ¡Ay! como lo mío no son los cerros porque ni me gustan escalarlos ni caminar por ellos porque me da vértigo la altura, le dije que a mí me gustaría estar más bien, en este momento, en una isla perdida donde no tuviera acceso ni a internet ni tener móvil.
Juan mientras abría sus enormes ojos verdes me dijo que, más bien, él prefería quedarse en casa y pasar la cuarentena comunicado con todos sus amigos y familiares. Luego me hizo saber que afortunado era de no tener que ir a trabajar para evitar contagiarse pero preocupado estaba de no poder trabajar como peluquero. Sus ahorros lo miraban, por el momento, desde lejos. Juan lo único que espera es  no tener que hacer uso de ellos y que la peluquería donde él trabaja, no quiebre. 
Pues, la verdad que esta cuarentena trae tantas limitaciones y quebraderos de cabeza que, en este momento, me cuelgo del brazo de Juan (miedo no tengo porque él es mi "alter ego") y le pido que nos vayamos por los cerros de Úbeda a dar una vuelta para perdernos de esta realidad que, incluso aunque dejemos de creer en ella, ésta sigue existiendo y no desaparece del todo.
Juan para calmarme me dijo que es hora de aceptar nuestra propia vulnerabilidad en lugar de tratar de ocultarla para aprender a adaptarnos de la mejor manera a la realidad que nos toca vivir. Y yo sin irme por la tangente, sin irme por la ramas y sin irme por los cerros de Úbeda me gustaría ser como "el Mozo" porque él no pudo soportar mucha realidad. Y la verdad, dicho sea de paso, que la humanidad tampoco. ¡Ay! en este momento tanto Juan como yo deseamos hacer uso de nuestra imaginación porque ésta tiene sobre todos nosotros mucho más imperio que la propia realidad. ¿Me acompañas a irnos por los cerros de Úbeda?

MARiSOL



viernes, 17 de abril de 2020

Irse por la tangente



Rosa sabe muy bien que "irse por la tangente" es una metáfora inspirada en el mundo de la geometría que explica que una recta tangente tiene sólo un punto común con una curva. Es decir que ambas se tocan en un solo punto al cual se le llama punto tangencial o punto de tangente. Bien, por este motivo Rosa también sabe que "irse por la tangente" o "salirse por la tangente"  se refiere a la actitud que uno tiene de eludir responder a una pregunta comprometida. Rosa sabe que si ella da a alguien una respuesta que no se corresponde con lo que se le cuestiona, entonces normalmente es de manera intencionada porque se trata de una pregunta comprometida. Igualmente, si Rosa cambia de tema en mitad de una conversación o discurso para referirse a cuestiones que no guardan relación con el objeto de la discusión, ella bien sabe que se está yendo por la tangente. Y es que ésta es una expresión que se emplea mayormente en el lenguaje discursivo y político. Rosa también sabe que este sentido es negativo cuando implica buscar una salida sin afrontar el problema en sí. Sin embargo, Rosa me hace saber que esta expresión posee también un sentido positivo y afirmativo cuando caracteriza a la transfinitud de todo ser humano y a su capacidad para superar límites y desplazar fronteras, transformando el ser de las cosas y su propio ser.  Increíble, ¿verdad? Pues bien, Rosa sabe que "irse o salirse por la tangente" es una expresión luminosa de la infinitud que la alienta con profundidad, rigor y originalidad, pues es aquella  que la caracteriza. Es así como Rosa no sólo une sus letras con las tuyas entre la ciencia y la filosofía, sino que me hace saber que si la transfinitud humana se asemeja a la tangente de una curva, entonces cada ecuación hecha de la tangente posee valores propios en cada punto de la curva o será que sólo la tangente, si bien participa y se une a cada punto de la curva, no se deja encerrar en ella ni es ella misma una curva de estructura finita.

Pues bien, ¿sabías que el conjunto de tangentes de los puntos de una curva es una curva en transfinitud? por y en la tangente cada punto se libera hacia el infinito porque tiende al infinito. Y, sin embargo, Rosa no sólo no se pierde la conexión entre curva (finito) y tangente (transfinito), sino que ella muy bien sabe que la ecuación de la tangente une, por ley fija y propia para cada curva, lo finito y lo transfinito. Rosa sabe también que el hombre se parece en  lo químico, en lo sensible, en lo intelectual y en lo moral a una curva cerrada y definida. Rosa también es de la opinión que en cada punto de este conjunto de curvas conexas y multiformes puede construirse una tangente; y por cada una evadirse, de propia manera, hacia el Infinito en virtud de la transfinitud esencial al hombre. 

Rosa sabe que esta correlación entre finito e infinito, a través y en virtud de nuestra íntima transfinitud, es el filosofar como tarea vital y como empresa ontológica en que se descubre la razón propia del hombre en cuanto el ser de todas las cosas. 

Y para terminar he de hacerte saber que Rosa es de la opinión que haciendo Metafísica (esa rama de la Filosofía que estudia la naturaleza, la estructura, componentes y principios fundamentales de la realidad donde se investiga las nociones como entidad, ser, existencia, causalidad, tiempo y espacio) uno puede hallar para y en una cosa finita la tangente, el punto de evasión y de superación hacia lo Infinito. ¿Y sabes por qué? Porque no sólo pensar es moverse en el infinito, sino que Dios, que es acto puro y no tiene nada de potencialidad, tiene un poder activo infinito sobre todos nosotros.
MARiSOL




viernes, 20 de marzo de 2020

La chispa de la vida


¿Qué le pasa a la chispa de la vida? ¿Por qué anda cabizbaja? La verdad que nadie sabe realmente lo que le sucede. Todo parece indicar que desde que no obtiene más victorias sino sólo derrotas como que ella ha decidido permanecer en un sueño profundo, allí donde nadie la puede tocar. Y es que la chispa de la vida se siente vacía, sin ánimo de nada. Quizá deba yo llegar al fondo de su corazón para hacerla entrar en razón. Hacerle ver que nadie puede vivir sin ilusiones porque si bien la ilusión no se compra, sí se puede conquistarla recuperándola, promoviéndola y estimulándola en el camino de la vida aunque este camino se le haga a uno cuesta arriba por momentos.
- ¡Déjame tranquila! - me retó la chispa de la vida. ¡Déjame en paz!
Yo ni corta ni perezoza le pregunté sin pensármelo dos veces:
- ¿Cuál es tu pasión? 
- ¡Y yo que sé! - me contestó entre rabiosa y triste.  Como que a la chispa de la vida se le había malogrado su motor interno, ése que no sólo le daba sentido a su existencia sino que la impulsaba a que los sueños no se quedaran solo como sueños.
Yo sin perder tiempo le pregunté a la chispa de la vida que para qué vivía. Ella aunque sabía que la pregunta era imprescindible no pudo decir absolutamente nada quizá porque ella esperaba algo muy profundo y trascendental que sucediera, de una vez por todas, con la humanidad.
Antes que la chispa de la vida me diera una respuesta procedente sólo de su mente y no de su corazón yo le dije que imaginara y visualizara todo aquello que la pudiera hacer feliz.
- Pues, no sé - me respondió desganada la chispa de la vida - en este momento me siento desbordada por culpa del Coronavirus .
Como su respuesta no me dejó satisfecha le hice ver que se pusiera en marcha, que diera el primer paso porque todo camino se hace al andar. No hay que quedarse paralizado porque el que tiene un por qué para vivir casi siempre encuentra un cómo para salir adelante para así poder diseñar la vida que uno desea. En este caso poderla rediseñar. Lo importante es producir los cambios necesarios que nos lleven a conectar con nuestras ilusiones.
- ¡Sermones no quiero! - gritó molesta la chispa de la vida. ¿No te das cuenta que estamos todos inmersos en una gran pesadilla?
- Mira, yo creo que como te has llenado de problemas, limitaciones y carencias, que por cierto están sólo en tu mente, no te sientes bien ni contigo misma ni con el resto del mundo. Estás amargada y deprimida. Deberías practicar el autoconocimiento para que así tus sueños se hagan realidad. ¡Qué esperas para poner el corazón para inspirarte y abandonas tu mente y sigues el vibrar de eso grande que está destinado para ti aunque no sepas con certeza de la meta .. - no terminé de hablar porque la chispa de la vida me interrumpió
- ¡Cállate de una vez por todas! ¿No te das cuenta que, por un lado, muchísima gente esta muriendo actualmente en todo el mundo y, por el otro lado, se nos viene una recesión espantosa? Muchísima gente no sólo está muriendo, sino que otros muchos perderán sus empleos, empresas cerrarán. El escenario lo encuentro dantesco. Por este motivo, te pido que no me vengas con pura palabrería barata. El precio que está pagando la humanidad es muy grande. No soporto ver tanto sufrimiento ...
Esta vez yo interrumpí a la chispa de la vida y le hice ver  que un gran estímulo es poder viajar, conversar con buenos amigos, hacer alguna actividad simpática, buscar la compañía de gente buena de corazón, como para hacerse la vida más agradable.
- ¡Cállate, por favor! Hoy en día no se puede hacer todo esto que me dices por la cuarentena. Sólo por internet y no es lo mismo, ¿no te parece? 
- Te entiendo - le contesté. Justamente en momentos difíciles, cuando la misma vida nos reta a ser fuertes, es cuando debemos ser creativos y empáticos para no perder la chispa de la vida, aquella que nos sostiene para seguir en vida porque la vida de un amigo o pariente es la nuestra así como la verdadera vida (buena o mala) de cada uno es la de todos. Al final, todos somos uno. Y este gran reto le debe de servir de aliciente a la humanidad para no sólo superar la pandemia del Coronavirus, sino para superarse a sí mismos como verdaderos buenos seres humanos porque desde que existe la humanidad en la Tierra ella ha dado muestras de también ser terriblemente dañina y egoísta. Sólo espero que esta enfermedad que mantiene en vilo a todo el mundo ayude a tomar conciencia del sentido de la vida.
Después de escucharme la chispa de la vida me preguntó que qué significaba para mí el sentido de la vida a lo que yo le hice ver que el sentido de la vida está en hallar un propósito, en saber asumir una responsabilidad para con nosotros mismos y para con los demás. Es así que teniendo en claro los "por qué" podremos hacer frente a todos los "cómo". Aunque esta época sea muy difícil para la humanidad, ella está en la obligación moral y espiritual a generar grandes cambios para crear una realidad más noble. Es lo que yo más deseo desde hace mucho tiempo porque lo que veo desgraciadamente es que los seres humanos son buenos para volver a cometer los mismos errores una y otra vez. Son necios por antonomasia. No todos pero muchos.

La chispa de la vida se quedó callada porque ya no tenía más fuerzas para contradecir a la Fe. Y es que todo el que ha nacido de Dios vence al mundo y es porque la victoria que vence al mundo es la fe, esa fe que mueve montañas. La chispa de la vida tendría que escalar, por lo menos una montaña o quizás otras más, antes de llegar a la cima para poderle gritar al mundo que aunque la realidad se muestre cruel, la vida creada por Dios es bella ... allí donde radica el verdadero sentido de la vida.

MARiSOL


jueves, 30 de enero de 2020

El sueño de Raquel


Una angustia, cual menesterosa cotidianeidad, ha llegado a adherirse tercamente a los pensamientos del corazón de Raquel. Y es que por más que ella hace esfuerzos para serenarse la verdad que ella siente que la angustia la está haciendo trastabillar como pidiéndole que se derrumbe, que pierda el equilibrio de una vez por todas. Qué feo, ¿verdad? Pero equivocadamente y de manera tangencial el corazón de Raquel se aferra a su razón (esa razón que nos pide no estar gobernado solamente por los malos hábitos e imposibles deseos). 

Es así como la razón de manera enérgica le pidió al corazón de Raquel que se aferrara cual clavo ardiendo a ella y no de manera parcial, sino en su totalidad. Por su bien. ¿Será porque al luchar contra la angustia, la serenidad queda de lado? ¿O será que la lucha contra la angustia sólo produce nuevas formas de angustia? Un poco de ambas, creo yo. Y es que la angustia cuando nos coloca sólo ante la nada, nos dejamos envolver por ésta porque la nada es un infinito de la cual venimos y donde allá volveremos tarde o temprano. ¿Será que la nada es sólo un absurdo o es acaso una gran certeza? La nada es algo que no se puede concebir y, sin embargo, es. ¡Ay! al igual que la angustia.

- Sí, así es - dijo la angustia. ¡Soy tu congoja, Raquel! Soy ese estado afectivo que te causa cierto malestar psicológico y que te causa igualmente taquicardia o te hace temblar de miedo. Soy tu reacción ante el peligro o ante lo desconocido, unas veces de manera realista y otras de manera neurótica. ¡Jajajaja!
Cuando el corazón de Raquel escuchó la palabras de la angustia, se sintió asustada y por esta razón ella se aferró a la razón con fuerza. 
Es así como la razón le pidió al vapuleado corazón de Raquel que dejara de lado al miedo, tristeza, nerviosismo, irritabilidad, dolores de cabeza, insomnio y ansiedad.
- ¡Tan fácil no es! - gritó el corazón de Raquel. 
- Lo sé, pero no es imposible - le hizo saber la razón de Raquel.
- ¡Así es! - contesté sin poderme contener de intervenir.
- ¿Y tú quién eres? - Me preguntó Raquel mientras su corazón y razón me observaban bastante sorprendidos.
Y tú, querido lector, te preguntarás quien soy, ¿verdad? 
- Soy la Fe - les hice saber a ellos dos y a ti también. Aprovecho para informarles que yo provengo del latín "fides" que significa "lealtad" o "fidelidad".
Y mientras el corazón de Raquel me sonreía porque la lealtad tiene un corazón tranquilo, la razón de Raquel me preguntó incrédulo:
- ¿Eres perseverante? Te pregunto esto porque la perserverancia es la virtud por la cual todas las otras virtudes dan su fruto, ¿sabes?
- ¡Claro que sí! Te entiendo. Y es que no sólo las grandes obras son hechas no con la fuerza, sino con la perseverancia y porque de mí depende que Raquel avance en su camino de vida. Pero, ¡ojo! apoyada también en ustedes dos así ella no camine con pasos seguros y lo haga algo coja.
Sin embargo, la razón alzando una ceja me dijo:
- Mira guapa, que yo sepa tú eres también conocida como la expresión: "de mala fe" porque tú haces o dices las cosas con malicia, con engaño o alevosía.  Y esto a mí no me gusta nada.
- Lo sé - le contesté a la razón - pero no te olvides que también yo también puedo actuar de buena fe.
- ¡Sí! - gritó feliz el corazón de Raquel - Es verdad, porque como buena fe tú representas el criterio de conducta al cual se debe ajustar Raquel de acuerdo con los parámetros de un comportamiento recto y honesto.
Después de haber escuchado tanto al corazón como a la razón de Raquel les hice saber que lo primero por comprender es que yo, la fe, soy un valor protagónico en la vida de Raquel y no solo en relación con sus creencias religiosas, sino que ella debe aprender a tener confianza en algo o alguien a través mío.

Es así como la angustia, dejando de lado al corazón y razón de Raquel, miró dentro de mis ojos para aferrarse a mí porque sabe que ella (la angustia) es lamentablemente un duro sentimiento que no siempre puede ser fácilmente explicado y que tiene que ver con temores, miedos, tristezas, dolores o sufrimientos. Y Raquel lo que menos desea es que la angustia se convierta en un sufrimiento crónico. Su corazón y razón abogan porque yo, la Fe, la sostenga porque la angustia es esa sensación negativa que implica un determinado nivel de sufrimiento para toda persona que la vive como ella.

Pues bien, yo como la Fe les hago saber que, en realidad, no se trata de creer absolutamente en los demás, sino de creer, sobre todo, en uno mismo, de aprender a escuchar esa voz interna que nos insta a tomar esos caminos abiertos por los locos que más tarde serán recorridos por los sabios porque todos los hombres, Raquel y tú, querido lector, somos sabios: unos antes, otros, después. ¿Y sabes por qué? porque los sueños y la angustia nos unen. Y es que aunque te parezca mentira el soñarse en estado de angustia suele ser consecuencia de insistentes deseos y esperanzas lícitas y lógicas. Por este motivo, este sueño anuncia que pronto Raquel tendrá éxito en sus pretensiones o aspiraciones color esperanza. Así yo lo espero sinceramente y sin ninguna angustia de por medio.


MARiSOL





miércoles, 22 de enero de 2020

Doña Cortesía y Doña Educación




Mientras la educación procura mantener la calma permaneciendo inmutable en su sabiduría y despojándose de toda falsa cortesía (esa cortesía que unas veces conquista y otras empalaga), la verdadera cortesía no desea ir al encuentro de los castigos de la soberbia, más bien ella prefiere mantenerse atenta, afable y comedida mientras demuestra ser afectuosa, respetuosa y atenta con todos nosotros.

Pues bien, Doña Educación se siente feliz de tener como buena amiga a Doña Cortesía porque ella es la mismísima expresión de las buenas maneras, es decir, ella es la expresión del reconocimiento de las normas sociales que se consideran como correctas o adecuadas. Y es que para tratar a alguien con cortesía es fundamental seguir estas reglas: tratarla como nos gustaría que nos trataran a nosotros, no interrumpirle cuando está hablando, ser amable y educado, escucharle activamente y no burlarse de sus opiniones y evitar actitudes o expresiones que puedan resultar ofensivas.

- Pero no te olvides que yo, Doña  Cortesía, soy un fenómeno cultural - le dijo a Doña Educación quien alzando una ceja le pedía que le aclarara lo que le acababa de hacerle saber. Y es así como continuó hablando Doña Cortesía mientras le explicaba a Doña Educación que si bien, por ejemplo, en Japón los eructos tras una comida son muestra de buena educación en el mundo occidental eructar está considerado como algo de muy mal gusto.

Doña Educación después de haberle entendido le dijo que ella se define como el proceso de socialización de los seres humanos porque todas las personas al educarse asimilan y aprenden conocimientos implicando una concienciación no sólo a nivel cultural sino también conductual. Es por este motivo que hay que respetar las costumbres que se dan en cada país.

La verdad que Doña Cortesía está agradecida de tener de amiga a Doña Educación, porque ella no sólo fomenta el proceso de estructuración del pensamiento y de las formas de expresión, sino que tiene la habilidad de materializar en una serie de habilidades y valores que producen cambios intelectuales, emocionales y sociales en cada uno de nosotros. Lo que quiere decir que Doña Educación es capaz de ayudarnos a aprender a ser lo que somos capaces de ser. ¿Y sabes por qué? Porque la clave de la educación no es tan sólo enseñar sino es despertar ya que vivimos en un mundo adormecido falto en gran parte de valores educativos y morales.

Pienso que la educación siempre será el arma más poderosa para cambiar el mundo y si va de la mano de la cortesía se podría hacer un mundo mejor. Pero, ¡qué lejos está el ser humano de querer vivir con estas dos premisas de vida! Unos porque no tienen acceso gratuito a la educación y otros que no desean (sea por desidia o maldad) a querer ser corteses. 

Y es que si sumamos la educación con la cortesía creamos amor: amor por los conocimientos adquiridos, amor por nuestros semejantes, amor por los animales, amor por la naturaleza, amor por nuestra Tierra y por el universo, amor por todo aquello que entendemos y hasta por lo que todavía no logramos entender.  

Que no te quepa duda alguna, querido lector, que si te mantienes como amigo de Doña Educación y de Doña Cortesía durante toda tu vida, te garantizo que te sentirás mejor ser humano para poder así salvar a otro ser humano que necesite de ti. Y es que así como la educación me parece que es la forma más alta de buscar a Dios, me parecería una falta de cortesía decir que Dios no existe.

MARiSOL


domingo, 19 de enero de 2020

Doña Herejía y yo



Mientras Doña Herejía está vestida con una opinión o un conjunto de ideas que se oponen a las creencias consideradas irrevocables en un contexto social, me pregunto si Don Ideal Hegemónico debe seguir respondiendo a un arquetipo religioso mientras él se basa en la imposición de una doctrina o dogma de fe que debe ser respetado a raja tabla por todos. Pienso que por este motivo Don Ideal Hegemónico no debe enamorarse de Doña Herejía. Sería muy contraproducente, creo yo.
- ¿Por qué no?  - le preguntó Doña Herejía a Don Ideal Hegemónico mientras ella tenía ganas de ser abrazada por él. Ella anhelaba que él la tomara en sus brazos de una vez por todas.
- ¡Qué más quisiera, pero nosotros dos entendemos la verdad de la existencia de distintas maneras! - le contestó un tanto incómodo Don Ideal Hegemónico.
- ¡Explícate mejor! - le retó impaciente Doña Herejía. 
- Pues bien, mientras yo defiendo, por ejemplo, a capa y espada los dogmas de la iglesia católica y condeno a todas aquelllas personas que se opongan a la verdad, tú sólo me criticas mañana, tarde y noche.
- ¡No es cierto! - sentenció Doña Herejía. Yo lo que más quiero es hacerte reflexionar y hacerte saber que a lo largo de la historia se han cometido muchas persecuciones y asesinatos a todas aquellas personas que han manifestado o siguen manifestando una línea de pensamiento distinta a lo establecido por la iglesia (sea cual sea ésta).
-  A ver, ¡nómbrame a alguien en especial que sea defendido por ti! - le instó a responder Don Ideal Hegemónico a Doña Herejía.
- Sí, te lo haré saber en este preciso momento. ¿Recuerdas al fraile católico agustino y teólogo alemán Martín Lutero? 
- ¡Ay, no me nombres a ese antipático y sabelotodo! - le dijo rabioso Don Ideal Hegemónico a Doña Herejía. ¿Será que estaba él celoso?
- Pues, te guste o no a mí Martín Lutero sí me cae bien simpático porque exhortó a la iglesia cristiana a regresar a las enseñanzas de la Biblia. Es más, gracias a él se produjo una reestructuración de las iglesias cristianas en Europa - le contestó muy segura de sus palabras Doña Herejía a Don Ideal Hegemónico y seguidamente le hizo saber que aquellos que aprueban una opinión, la llaman opinión, pero los que la desaprueban la llaman Herejía como a ella.
- La verdad que tú me resultas muy controvertida y conflictiva. Eres tan distinta a mí que tus opiniones no las puedo tolerar ya que yo soy el dogma establecido, soy el fundamento o punto capital de toda doctrina o religión - le hizo saber malhumorado Don Ideal Hegemónico a Doña Herejía. 
- ¡Mira guapo, tú te crees la última chupada del mango! ¿Por qué estás tan seguro que tú por ser una proposición que se asienta por firme y cierta como principio innegable hay que hacerte caso ciegamente?
- ¡Porque lo digo yo y punto! - alzó la voz Don Ideal Hegemónico y continuó gritando - ¡En verdad no te soporto! ¿Quién te crees tú para poner en duda mi autoridad? No te olvides que yo soy el gran Don Ideal Hegemónico, yo soy aquella verdad incuestionable. Soy más importante que tú porque no sólo yo soy esa doctrina revelada por Dios, sino que tú eres considerada un pecado a causa de tu propia naturaleza, destructiva de la fe cristiana o de cualquier otra fe existente sobre la faz de la Tierra.
Doña Herejía haciendo un esfuerzo por controlar su mal humor, y sabiendo que su relación de pareja no tenía futuro, le hizo saber a Don Ideal Hegemónico que si bien ella nace de una divergencia entre escuelas sobre el significado de la verdad (aquélla formulada por el dogma), ella se desarrolla a la vez en el plano intelectual (por la oposición irreductibe de las tesis) y en el plano comunitario (por la imposibilidad práctica de vivir en hermandad con todos aquellos que pertenecen a otra escuela) y tan mala no es como él piensa. 

¿Tú que opinas, querido lector? ¿Prefieres aceptar la totalidad de todo lo que nos propone Don Ideal Hegemónico o prefieres sólo aceptar aquellas partes que tu juicio te recomientda creer igual que Doña Herejía? Personalmente pienso que el concepto de herejía es relativo. Me explico: Por ejemplo, mientras para un católico un hereje es toda aquella persona que no sigue las dogmas de la religión cristiana, para el islamismo un católico puede ser considerado un hereje por no creer en esta otra religión. Por este motivo, el concepto de herejía varía de acuerdo con las enseñanzas y características de cada religión; sobre todo en función del grado de tolerancia o intolerancia que imponga cada religión a sus fieles seguidores hacia las otras creencias existentes. 

Y "last but not least", ¿sabías, querido lector, que la etimología de la palabra "hereje" proviene del latín "haeretĭcus" que a su vez procede del griego "αἱρετικός" (hairetikós) y que significa "libre de elegir"? Lo que quiere decir que un hereje es una persona que asume la posibilidad de elegir libremente seguir un dogma diferente del que le es impuesto por una doctrina sea religiosa o política dictada por la sociedad. Por este motivo, yo te pregunto, querido lector, después de haberme leído con quién te identificas más en este momento? ¿Con Don Ideal Hegemónico o con Doña Herejía?


MARiSOL 

 

viernes, 17 de enero de 2020

El canto de Inés


No hay más argumentos convincentes en la vida de Inés para rearmar como antes su estampa familiar. La verdad que escasamente prometedor es el desenlace que se viene venir en la trama de parte de su historia de vida. Y mientras yo mantengo la calma, ella busca sosiego en  mi silencio para soportar la idea de lo que se evaporó, de lo que ya no es ... 
Pues bien, una entereza admirable late en el pecho de Inés. Ella ha aprendido a parar de pensar por gusto porque no hay peor cosa que siempre estar pensando en la desproporción que existe entre los problemas y la solución que uno les aporta. Cuando los problemas no pueden ser resueltos cómo uno desea, entonces se hace lo que se puede.

Inés ha aprendido no solamente que los problemas dejan de serlo si no tienen solución, sino también ha aprendido que todos los problemas tienen la misma raíz: el miedo. Y éste sólo desaparece cuando hay amor. Lamentablemente no todos saben reconocer al amor porque le tienen miedo. ¡Ay! Así como el amor ahuyenta el miedo, el miedo ahuyenta también al amor. Lo expulsa y no sólo a éste, sino que también expulsa a la inteligencia, a la bondad y a todo pensamiento bueno vestido de belleza y verdad. Al final, cuando queda sólo una desesperación muda, el miedo sepulta la propia humanidad de uno. Y como Inés no desea esto para ella, ella se resiste a ahogarse sólo en problemas.

Inés se niega a ser una persona pesimista que sólo ve problemas en cada respuesta. Ella prefiere ser optimista: encontrar una respuesta para cada problema. Inés se siente, por momentos, como un pájaro porque trata no sólo de volar alto para poder observar bien el horizonte de su vida, sino porque ella ha aprendido que todo pájaro no canta porque tenga una respuesta, sino que canta porque tiene una canción, así esta canción no te guste a ti, querido lector. Y la canción que yo le canto a Inés al oído, sí que le gusta. ¿Y sabes por qué? Pues porque yo soy su conciencia. Soy su mejor libro moral, soy la voz de su alma, soy su mejor juez. Yo soy aquella que vale por mil testigos. Soy esa pequeña chispa de fuego que ella mantiene viva dentro de su pecho. Soy la facultad humana que la ayuda no sólo a ella, sino a ti también, para decidir acciones y para hacerla responsable de las consecuencias de acuerdo a la concepción del bien y del mal. Y es que en esta vida no hay premios ni castigos, sino consecuencias.  ¿Y sabes por qué? porque la consecuencia es aquello que supone el resultado o el efecto de algo previo. Inés sabe muy bien como yo que existe una correspondencia entre la consecuencia y el hecho que la genera. Yo sé que todas las acciones que realice Inés tendrán algún tipo de consecuencias tarde o temprano. 

Y, sin embargo, aunque Inés ni yo queramos, existen tres tipos de consecuencias imprevistas, aquellas la de resultados no esperados. En caso no sepas, te las menciono: Las imprevistas y negativas, las imprevistas y positivas conocidas como serendipia o chiripa (hallazgo afortunado, valioso e inesperado que se produce de manera accidental o casual) y las perversas que son aquellas contrarias al resultado esperado. 

Como Inés ya no está por la labor de verse luchando entre el negativismo y la perversidad, yo la apoyo a que se mantenga tranquila ya que como su conciencia la estoy ayudando a que enfrente la realidad que le toca vivir de modo claro mientras ella va tomando las decisiones adecuadas llegado su momento. La verdad que en cualquier momento de tomar una decisión lo mejor o ideal es hacer lo correcto, luego si no hay de otra, lo incorrecto porque nadie es perfecto. Inés sabe muy bien que lo peor es no hacer nada ya que de ser así yo me quedaría sin argumento alguno ante ti, querido lector, e Inés se quedaría sin poderle seguir cantando a la vida. 

MARiSOL






martes, 14 de enero de 2020

Alma de niña



Alma sabía que en la trastienda de sus pensamientos podía hablar con los brazos alzados al cielo, ese cielo con cara de alma caritativa que, desde que nació, la observaba con cariño pero silenciosamente. Alma no sólo se preguntaba si la caridad como única virtud precisa de la injusticia porque es bastante difícil no ser injusto con lo que uno ama. 

¡Ay! Alma se sentía harta de andar por caminos vestidos de iniquidad o de gran injusticia mientras sentía que atravesaba un gran desierto intransitable. Y para no derrumbar su equilibrio emocional mientras percibía con el rabillo del ojo de su vida las responsabilidades y obligaciones adquiridas, ella trataba de hacer digerible lo complejo, lo difícil de entender. Será porque el entendimiento es fuente de vida y la fuente de vida es, al fin y al cabo, nuestro querido corazón.  Y es que los que de corazón se quieren sólo con él se pueden hablar.

Pues bien, Alma, en un arranque raudo y eufórico, solamente podía afirmar sin desear a equivocarse que mientras el corazón del loco se encuentra viviendo en su boca, la boca del sabio puede hacer su nido en el corazón, ese corazón que tiene alma de niño, mejor dicho de la niña que la habita porque espera lo que desea  y es que no desear nada es no vivir. ¿Y sabes por qué, querido lector? Porque Alma intuye que es extemporáneo comenzar a vivir cuando se ha de dejar de vivir. 

Yo, sin embargo, voy aún más lejos.... vivir no consiste sólo en respirar sino en obrar porque los que obran bien son aquellos que pueden aspirar en la vida a la felicidad, esa felicidad que no debe ser ininterrumpida porque, al final, ésta nos aburriría. Los desafíos y retos son los que nos llevan a esforzarnos a ser felices a pesar de todo... 

Te preguntarás quién soy yo... Pues bien, soy el alma de Alma. Soy aquella por la que ella vive, siente y piensa. Es más, soy su incesante esfuerzo, su sello imperial por lo que ella vive y no para ganarse el cielo, aquél que se gana no sólo por favores ni por méritos, sino aprendiendo a mantener siempre, contra viento y marea, un trozo de cielo azul encima de la cabeza. Y no sólo deseo que sobre la cabeza de Alma sino sobre la tuya también, querido lector, exista ese deseado trozo de cielo azul porque éste representa la paz del espíritu, sobre todo cuando lo alimentas de buenos pensamientos ya que palabras sin buenos pensamientos nunca llegarán al cielo: tu propio cielo. 

MARiSOL





jueves, 2 de enero de 2020

El trono dorado


El nuevo año llegó ya a nuestras vidas pisando firme y seguro. Me he enterado que es un tanto antipático porque ha desplazado a empujones al viejo año. Y éste no merece un trato así. Pues bien, el nuevo año llegó dándole la orden al viejo año que se fuera, que desapareciera de su vista, que ya no tenía más qué opinar.
- ¿Por qué me tratas así? - le preguntó el año viejo con una tranquilidad pasmosa. No sé si yo hubiera guardado la compostura ante este trato insolente.
- Porque yo, 2020, soy más especial que tú ya que a diferencia de ti, 2019, yo no soy sólo un año bisiesto, sino que soy también un Anno Dómini o de la designación de la era cristiana. Además, soy el vigésimo del tercer milenio. ¿Qué te parece?
2019 se lo quedó mirando y sin levantar la voz le dijo:
- Me tienen sin cuidado tus títulos. Tu soberbia me asquea. Tienes mucho que aprender. Recuerda que cada día  tendrás que estar de pie y casi sin dormir porque en cualquier rincón del mundo suceden cosas diversas. Y tú tienes que estar tomando nota de todo lo que sucede, sea bueno o malo.
- ¡Cállate, viejo tonto! - gritó 2020. Y desafiándolo con una mirada fría y cortante le hizo saber que no le temía a este reto. Seré mejor que tú. ¡Ya lo verás! ¡Ahora déjame solo! ¡Lárgate y no te cruces más en mi camino que ahora soy yo el que está ocupando este trono y tú ya no más!
Es así como el trono dorado al escuchar a 2020 le dijo molesto:
- Te hago saber que no tendrás tiempo para sentarte para descansar. ¡Ya lo verás!
- ¿Y por qué no? ¿Qué te hace pensar que no podré sentarme sobre ti? - 2020 estaba que ardía. 
- Pues, porque desde ya tu calendario se está llenando con citas a las cuales tendrás que asistir para tomar nota de cada una de ellas - le respondió el trono dorado mientras 2019 se sonreía para sus adentros. 
Y antes que dijera algo 2020, el trono dorado le hizo saber inmediatamente que así como en este año se esperan noticias buenas como el inicio de la  aplicación del Acuerdo de París, la celebración de los Juegos olímpicos de Tokio 2020 o la reunión en Glasgow de la COP26 para seguir debatiendo sobre el futuro climático, también hay que estar atento cómo la crisis económica de América Latina se va desarrollando, lo mismo que hay que ver que pasará entre la guerra comercial entre China y EEUU o qué pasará con la salida del Reino Unido de la Unión Europa entre otros muchos temas.
Después de haber escuchado al trono dorado, 2020, entre carcajadas, exclamó:
- Seré un año inolvidable para la humanidad. De esto yo me encargaré. ¡JAJAJAJA!  
- ¿En qué sentido? - le preguntó desconcertado el trono dorado (2019 ya se había retirado en silencio. Sus motivos tenía y es que, la verdad, no aguantaba a 2020)
- Pues, como a mí las noticias buenas no me interesan ya que me aburren soberanamente, haré lo imposible para que sucedan cosas espantosas para que toda la humanidad hable de mí por años.
El trono dorado espantado de las palabras crueles de 2020 se paró rápidamente y se fué sin despedirse. Llevaba prisa porque tenía que hablar con un trono más importante que él. Nada menos con el trono de Dios porque si bien aunque Dios aparece sentado sobre un trono de juicio, él manifiesta una tranquilidad perfecta mientras nos observa. Y el trono dorado necesitaba de su sabio consejo.
Es así como el trono de Dios le dijo:
- 2020 dirá lo que quiera, pero él no tiene ninguna influencia ni en la madre naturaleza ni sobre la humanidad. Sucederán las cosas que tengan que suceder. Esperemos que primen las buenas noticias a las malas por el bien y tranquilidad de todos. Lo que sí te pido es que te encargues que no tenga mucho tiempo de descanso. ¡Cómprale muchos bolígrafos y cuadernos para que tome nota de todo lo suceda de aquí en adelante! Y encárgate que 2020 parta pronto para Australia. Allí este país no sólo está en llamas, sino que las temperaturas siguen subiendo hasta más de 50 C°.
El trono dorado sabía lo que tenía que hacer. 2020 recién había empezado con su maratón de diversas citas y con toda seguridad recordaría él de por vida las palabras sabias del viejo año. ¡Tenía mucho que aprender! 

¿Y tú, querido lector, qué harás para que tu nuevo año de vida sea mejor que el anterior? Quedarte sentado en tu trono sin hacer nada, no sería nada productivo, ¿verdad? Toma nota de tus éxitos, fracasos, alegrías y penas. Sé amable con tu vida y con la de los demás. Procura hacer de este nuevo año un buen año aún a pesar de los contratiempos que se puedan presentar en tu camino de vida. Estos son mis mejores deseos para ti.

MARiSOL







viernes, 27 de diciembre de 2019

¡Feliz Año Nuevo!




Si bien este año aún no termina, éste tiene que rendirse ante el adiós ya premeditado que se avecina, pues, sabe que debe cederle el puesto al nuevo año que le sigue. Si bien el 2020 espera impaciente para entrar en nuestras vidas, mi amiga Rocío no sabe exactamente si tiene ganas de recibirlo o no. Pues bien, con una expresión entre indecisa y ambigua, ella  abre un poco la puerta del tiempo para ver lo que le espera. La verdad que ella no sabe si temerle o no a este nuevo año que está avanzando no sólo de puntillas, sino que avanza hacia ella con paso seguro de manera inevitable, porque el 2019 - según Rocío - no se portó del todo bien con ella. 

Luego de haber yo leído los pensamientos de Rocío decido encontrármela cara a cara, aprovechando que ella ha asomado su cabeza por la puerta del tiempo, porque quiero decirle algo importante:
-  Rocío, si mantienes una actitud negativa, tén por seguro, que el nuevo año no será mejor que el anterior. Déjame decirte que he observado que tú, durante este año que aún no termina, has muerto más de una vez ... te has muerto de celos, de envidia, de dolor, de preocupación y de decepción. Yo te pregunto si todas esta muertes han valido la pena. Al ver que Rocío no sabe qué decir, continué yo hablando - Tú sabes que al pensar de esta manera negativa te debilitas y te vuelves pequeña no ante el año nuevo o al que se fué, sino te debilitas ante mí.  Tienes que aprender que no importa en que año te encuentres, sino cómo tú te encuentres en cada año. Recuerda que cada año es un volver a empezar, es renovarse, es tratar de cambiar lo que se debe cambiar, pero no para darle gusto a los demás, sino para darte gusto a ti misma porque lo que más deseo es que me trates bien porque yo soy una parte muy importante de ti. 

- ¿Por qué me dices todo esto? - me preguntó Rocío consternada.

- Pues, yo deseo que en lugar de rendirte ante la idea que hay un año que se va y otro que llega, más bien, ríndele cuentas no a los años en sí, sino a mí.

- Pero, ¿quién eres tú? - me preguntó Rocío, una vez más, desconcertada.

- Bien, te daré respuesta. Lo cierto es que tienes que rendirte ante la evidencia que yo soy tu vida. Después de decir estas palabras y darme cuenta que he agarrado en frío a Rocío, continúo hablando - Al final lo más importante no son los años (nuevos o viejos) de vida que pasen sobre ti, sino la vida que tú le quieras dar a todos ellos. De ti depende darles luz o sólo sombra. Es más, quiero hacerte saber que aún ante las adversidades tienes que aprender a sumar más sonrisas que lágrimas aunque, por momentos, des dos pasos hacia atrás y uno hacia adelante. ¿Y sabes por qué?

- No, no lo sé - respondió Rocío sin saber qué más decir. Criticarla yo no quiero,  sólo aconsejarla aunque la verdad duela porque es evidente que el que niega que existe la verdad, conoce que la verdad existe. Es más, en la verdad no existen matices porque quien dice la verdad, ni peca ni miente.

Después de escuchar a Rocío le hice saber que, al final, tanto los años que vienen y van no se han hecho sólo para comprenderlos o analizarlos, sino para vivirlos lo mejor que uno pueda a pesar de todos los problemas, tristezas o preocupaciones que uno pueda tener. Allí radica el quid del asunto.

Rocío, después de escuchar lo que su propia vida le dijo, cerró con cuidado la puerta del tiempo. Y es que donde una puerta se cierra, otra se abre. ¿No crees, querido lector? Pues bien, llegado su momento Rocío abrirá nuevamente esta puerta, porque mantenerla cerrada sería un error ya que la verdad, aunque ésta duela, se quedaría afuera de su vida. Por este motivo, Rocío desea abrir de par en par la puerta del tiempo, para dejar entrar al 2020 en su vida y con una mejor actitud ante ésta, poder ella decir de corazón:
 ¡Feliz Año Nuevo!


MARiSOL



miércoles, 18 de diciembre de 2019

Let's groove, baby!



Ana sabía que a pesar de tener sesenta años ella no iba a dejar de tener un corazón alegre y rebelde. Si bien su juventud se había despedido de ella hace mucho tiempo atrás, cada vez que ella escuchaba canciones de los 70', se emocionaba mucho al recordar esa época ida, esa época que se nutrió de ilusiones y que hasta el día de hoy se sigue nutriendo de ilusiones, aunque éstas sean ya otras, porque sin ellas Ana estaría renunciando a la vida misma aunque la vida, por momentos, la golpee duro y vaya ella de k.o. en  k.o. por fuerza mayor desde hace ya tiempo.

Mientras Ana se encuentra escuchando por la radio "Let's groove" de "Earth, Wind & Fire", sabe que una de las mejores medicinas para no dejarse envolver siempre por las preocupaciones, penas o disgustos es bailar pero no para mover solamente su cuerpo, brazos y piernas siguiendo el compás de una pieza musical, sino, más bien, moverse con ganas al compás que le dicta la vida misma. Esa vida que la obliga a bailar con sus dudas y presentimientos mientras su cuerpo toma de la cintura a su alma ... esa alma que aunque sea desordenada y lleve en su pena algo de culpa, es inmortal porque se llena de eternidad, esa eternidad que se encuentra también en movimiento.

Pero, ¿por qué será que, por momentos, Ana se siente desbordada, cansada y sin ganas de nada? En esos instantes de desolación sus pies como que no sólo pierden su compás, sino que su cuerpo no encuentra el ritmo apropiado que la invite a vivir más liviana, sin tanta carga sobre su espalda. En el fondo, Ana sabe la respuesta ... Aún así ella debe aprender a escuchar no solamente el ritmo y melodía que la vida le marca cada día, porque un día siempre es diferente al otro, sino también ella debe aprender a escuchar y a aceptar su propio baile para que su vida no sólo sea más coherente, sino para que ésta fluya de manera más auténtica.

Por ningún motivo, Ana desea que su alma se vuelva rígida. Más bien, ella desea ir más alla de valores, principios y creencias mientras baila con la vida aunque ésta no sea perfecta. Y es que, la verdad, la perfección, es, al fin y al cabo, una colección pulcra de innumerables errores. ¿O me equivoco? 

Pues bien, Ana (mi "alter ego") me mira de reojo mientras me hace ver que hay que seguir bailando con la vida sin compararse con nadie y sin vivir bailando los bailes de otros. Bailar con los otros es saludable, pero más saludable  es cuando uno está en capacidad de mirarse hacia dentro mientras uno acepta el hecho que cada momento de la vida tiene un baile distinto al baile que a mí más me gusta. Lo importante es tener la ganas de aprender nuevos bailes porque allí radica el reto de la vida.


MARiSOL