domingo, 3 de mayo de 2015

Jugando al trompo

 
¿Quién no ha jugado con el objeto que gira sobre su punta llamado trompo?  Mágico resulta el efecto giroscópico que permite que éste se mantenga sobre su punta haciendo equilibrio... como ese equilibrio que uno hace siempre sobre la vida para mantener cuerpo y espíritu en armonía. Pero ¡ay! si dejamos el equilibrio  de lado para concentrarnos en la velocidad ... sí, pues, en esa velocidad que nos puede llegar a aturdir o marear cuando sentimos que la vida pasa rápido. Y esto es lo que le pasa a Juan, un amigo de la infancia ... ahora con sesenta años se pregunta, igual que yo, en dónde quedaron girando el resto de nuestros días de vida. En el pasado, ¿verdad?

Bien, Juan no sabe cuándo fue la última vez que jugó al trompo ni yo tampoco. Hace más de treinta años ... cuando nuestro mundo consistía en quién era el mejor jugador de trompo en la escuela y en nuestro barrio. Él siempre destacó en dominar este juguete de madera como ninguno. En esa época los trompos eran de madera para que soportaran mejor los golpes. Hoy en día los hay también de materiales sintéticos como plásticos, fibra de carbono, neopreno, etc. 

Pero no quiero irme por la tangente ... Hoy día Juan siente - igual que yo - que la vida puede ser tan dura como un trompo. Entrar en detalles no quiero. Ni Juan quiere que yo hable de sus problemas ni yo quiero hablar de los míos. Lo único que te puedo hacer saber es que Juan gira, en círculos viciosos, últimamente, sobre sus dudas, errores y desilusiones. No es la primera vez. Yo trato de levantarle el ánimo, pero no siempre me resulta. Sin embargo, así como él ha caído, ha sabido, por suerte, ponerse de pie para girar, esta vez, cual trompo, alrededor de sus alegrías, que yo he tenido el gusto de compartirlas con él y su familia. Él, a su vez, también me ha ayudado a girar cual trompo alegre por la vida. Para eso están los amigos, ¿no es cierto?

Sin embargo, aunque nos llene de tristeza, algún día Juan, tú y yo nos quedaremos quietos mientras localizamos, por última vez, nuestro centro de gravedad (ese centro que se encuentra ubicado en un lugar invisible que sólo nosotros mismos podremos ver), para tomar conciencia que ni el equilibrio ni la velocidad ni la dureza del trompo nos servirá de nada cuando dejemos de girar para siempre alrededor de la vida.


MARiSOL
 
 


Imagen sacada de Bing

1 comentario:

limbi delpino dijo...

Verdaderente que tenemos que bailar como trompos al compás de la melodía de la vida...
💃

Publicar un comentario