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lunes, 26 de octubre de 2026

La memoria del fuego

 
Había una vez un balde de hierro forjado, lleno hasta el borde con cenizas finas y plateadas. Se encontraba olvidado por todos en la esquina más oscura de un viejo cobertizo que pertenecía a una casa recientemente vendida por sus dueños ya ancianos que decidieron comprarse un departamento en un pueblo cercano. Mientras afuera el viento soplaba con fuerza aquella tarde, dentro del viejo cobertizo el aire permanecía inmóvil, pesado y gris.
A diferencia de los otros objetos del cobertizo —las herramientas afiladas que presumían de su utilidad o las cajas de madera que guardaban recuerdos coloridos—, el balde de cenizas guardaba silencio. Los demás lo consideraban el remanente de la nada, el fin de todas las cosas.
- "¡Oye Balde! Sólo eres el rastro de lo que ya no existe" - le dijo burlón un viejo y oxidado serrucho de mano. 
Sin embargo, el balde no se sentía vacío; al contrario, se sabía lleno de historias porque cada mota de ceniza en su interior era el suspiro de un pasado vivo. Sus cenizas contenían no sólo fragmentos de troncos de roble que calentaron el hogar familiar durante los inviernos más crueles, sino también restos de cartas de amor vestidas de promesas que se volvieron humo pero que dejaron su calor en el fondo, cenizas de ramas de manzano que alguna vez dieron sombra y frutos dulces a los niños que ya habían crecido y, hacía ya mucho tiempo atrás, que se habían marchado de casa.
El balde no contenía muerte; más bien, contenía la memoria del fuego porque no es el calor que se queda sólo en la ceniza, sino es la chispa que se niega a morir en la oscuridad.
Pues bien, una primavera, las puertas del cobertizo se abrieron de par en par. Mientras un par de manos jóvenes y fuertes tomaron al balde por su asa de metal que protestó con un leve chirrido, fue llevado al exterior bajo la luz cegadora del sol que no había visto en años. El hombre joven y nuevo dueño de la propiedad caminó hasta el huerto trasero porque la tierra lucía cansada y gris tras el largo invierno. Con cuidado, esparció las cenizas del balde sobre los surcos de los cultivos y alrededor de las raíces de un joven árbol recién plantado.

El viejo serrucho de mano del cobertizo sonreía burlón porque el balde estaba siendo vaciado de su miseria. Pero el balde sintió algo muy distinto: al mezclarse con la tierra húmeda, sus cenizas, ricas en minerales y secretos del pasado, comenzaron a alimentar el suelo. La memoria del roble, el calor de las cartas y la esencia del viejo manzano se convirtieron en el alimento para una nueva vida.
Meses después, el árbol floreció con una fuerza inusitada y la tierra dió sus mejores frutos. El balde, ahora vacío y limpio en el cobertizo, sonreía en silencio porque había entendido su propósito: no era el final del camino, sino el puente secreto entre lo que fue y lo que estaba por nacer.
 
¿Y sabes por qué, querido lector? Porque el tiempo no avanza como una línea recta y rígida, sino como un tejido continuo donde cada hilo se entrelaza con el siguiente. Y es que en el centro de esta urdimbre se halla ese puente que no está hecho de piedra ni de madera. Es más bien, puramente existencial porque representa el umbral absoluto donde el pasado (cual memoria, experiencia y raíz que sostienen nuestra esctructura actual, mas no nos determina por completo porque es sólo el punto de partida) y el futuro (cual horizonte de posibilidades infinitas que si bien aguarda en la incertidumbre, desea ser llenado de acción) dejan de ser abstracciones para convertirse en la realidad del instante presente.
 MARiSOL
Ojo: Si bien "Balde" se usa con más frecuencia en América Latina, "Cubo" se usa tanto en España como en Cuba.  También se utiliza en matemáticas o geometría para designar la figura tridimensional.
 

martes, 22 de septiembre de 2026

Cappuccino con corazón

 

(Cuento de la vida real)

 



Fue una tarde de esas que parecen llevar un corazón escondido. Comenzó con un café y una conversación llena de ilusión entre mujeres hispanohablantes mayores de sesenta a las que nos gusta tejer. Dos de nosotras presentamos ante un jurado un proyecto nacido del entusiasmo, de la experiencia y de las ganas de seguir creando. Había nervios, sí, un poco, pero también la certeza de que nunca es tarde para aprender, compartir y abrir nuevas puertas.

Después tomé un autobús y luego un tren. En ese tren que me llevaba a la estación cercana a donde yo vivo, se sentó a mi lado una mujer joven de la India. Se llamaba Suhani. Hablamos con la naturalidad de quienes, sin conocerse, encuentran, de pronto, un pequeño puente entre dos mundos. Su nombre, me contó, significa en sánscrito: agradable, hermosa, la que trae felicidad y alegría. Me pareció un nombre precioso para alguien que acababa de regalarme una conversación inesperada. Antes de despedirnos nos dijimos nuestros nombres, como quien guarda un pequeño recuerdo del viaje.

En cuanto se bajó Suhani conversé también con dos mujeres alemanas de mi edad. Hablamos de Berlín, de sus cambios y de los políticos de hoy; de ese mundo que, tantas veces, nos preocupa y nos obliga a pensar. Experiencias distintas, varias culturas y una misma ciudad como escenario.

Antes de llegar a casa me senté en una heladería cercana, no para comerme un helado, sino para tomar un Cappuccino al aire libre... ese aire que ya se siente lentamente frío recordándome que el Otoño ya se acerca.

Cuando finalmente llegué a casa, comprendí que aquella tarde no había sido simplemente una tarde. Había sido un pequeño viaje sin salir de Berlín: un encuentro con mujeres hispanohablantes a la que nos gusta tejer y compartir nuestras experiencias de vida, un proyecto compartido, una joven llamada Suhani que llevaba la alegría en su nombre, y dos mujeres alemanas con quienes compartí pensamientos sobre la capital alemana en la que vivo desde hace 44 años.

A veces la vida, querido lector, no necesita grandes acontecimientos para sorprendernos. Basta una mesa, un tren, una conversación inesperada… Y, entonces, descubrimos que cada encuentro deja una pequeña luz en el camino.

Aquella tarde quedó en mí como un mosaico de voces, culturas y miradas; una tarde vestida de encuentros, tejida de palabras y perfumada de esperanza. Y pensé: quizá la felicidad sea precisamente eso: estar abiertos a la vida. Comprendí que no había sido simplemente una tarde. Había sido, más que eso... fue un mosaico de encuentros, voces, ideas y sonrisas vestidos de impresiones positivas. De ésas que te alegran el alma.

MARiSOL
 

domingo, 30 de agosto de 2026

El baúl oriental y el cuadro del mar

En una habitación tranquila, cerca a una ventana que miraba hacia el jardín, había dos objetos que parecían no tener nada que ver entre sí: un antiguo baúl oriental y un cuadro del mar.

El baúl era de madera oscura, adornado con pequeñas figuras de nácar. Nadie sabía exactamente de dónde había venido. Había pasado de manos en manos hasta llegar a aquella casa, siempre cerrado con una pequeña cerradura de bronce.

El cuadro, en cambio, mostraba un mar embravecido mientras dos gaviotas solitarias volaban sobre las olas hacia el horizonte.

Una tarde de lluvia, Clara se quedó contemplándolos durante largo rato.

—¡Qué extraño! —murmuró—. Parece que el baúl mira al mar.

Aquella noche, mientras el viento golpeaba suavemente los cristales de la ventana, Clara oyó un pequeño clic. Se levantó y descubrió que la cerradura del baúl estaba abierta. Dentro de éste no había ni joyas ni dinero. Sólo encontró una vieja carta, amarillenta por los años. La abrió con cuidado.

«Si algún día encuentras esta carta, mira el cuadro del mar. Lo que buscas no está dentro del baúl, sino detrás del horizonte.»

Cuando Clara volvió los ojos hacia el cuadro, ocurrió algo extraordinario. Las dos gaviotas  pintadas en el lienzo no sólo comenzaron a moverse, sino que el mar parecía respirar. Las olas avanzaban y retrocedían con fuerza como si el cuadro fuera una ventana abierta hacia su imaginación.

Dentro del baúl encontró una brújula. La tomó entre sus manos y la aguja no señaló el norte, sino el sur, su querido punto cardinal. Y señaló directamente hacia el cuadro.

Clara mientras sonreía, comprendió que algunos objetos no guardan cosas, sino historias. Y que ciertos cuadros no representan lugares, sino caminos que esperan ser recorridos tarde o temprano.

Desde aquella noche, cada vez que Clara necesita recordar que la vida todavía puede sorprenderla, abre el baúl y contempla el mar.

Y aunque Clara nunca descubrió quién había escrito la carta, supo que el mensaje era no sólo para ella, sino también para ti, querido lector:

"Nunca cierres un baúl sin abrir primero, de par en par, una ventana hacia tus sueños"

                        MARiSOL 
 
 

domingo, 7 de junio de 2026

Una amapola diferente

Había una vez una amapola roja que crecía en un extenso campo junto a cientos de otras amapolas. Todas se mecían al compás del viento mientras admiraban la luz del sol y repetían las mismas ideas que habían escuchado desde que brotaron de la tierra.
—La felicidad consiste en florecer igual que las demás —decían.
Sin embargo, aquella amapola se hacía preguntas.
—¿Y si el viento no fuera nuestro guía, sino solo un visitante? ¿Y si el sol no existiera para nosotros, sino que nosotros existimos junto a él?
Las otras flores la miraban con extrañeza.
—Siempre pensando cosas raras —murmuraban—. Deja de complicarte y sé como nosotras.
Con el tiempo, comenzaron a apartarla. Cuando el viento llegaba, se inclinaban juntas y dejaban a la amapola sola. Cuando hablaban de la vida, evitaban escuchar sus preguntas.
La amapola sintió tristeza. Durante muchas noches observó las estrellas y se preguntó si realmente estaba equivocada. Tal vez habría sido más fácil pensar igual que las demás.

Una madrugada, una vieja lechuza se posó cerca de ella.
—¿Por qué estás tan callada? —preguntó.
—Porque pienso diferente y eso me ha dejado sola.
La lechuza guardó silencio un instante y luego respondió:
—Las flores creen que el campo es el mundo entero. Tú has descubierto que el mundo es más grande que el campo. Eso suele traer soledad antes que compañía.
—¿Entonces pensar diferente tiene sentido?
—No siempre. Pero renunciar a pensar por miedo a estar sola tampoco lo tiene.
Las palabras quedaron flotando en el aire.

Pasaron las estaciones. Algunas amapolas se marchitaron sin haber cuestionado nunca nada. Otras comenzaron a sentir curiosidad por aquella flor que por las noches observaba las estrellas. Poco a poco se acercaron a preguntarle qué veía cuando miraba tan lejos.
La amapola no les dio respuestas. Solo compartió sus preguntas.
Y entonces comprendió algo importante: ella no había nacido para tener razón, ni para ser distinta. Había nacido para buscar... el sentido de la vida.

Desde aquel día dejó de sufrir por no parecerse a las demás porque entendió que una flor puede crecer en el mismo suelo que las otras y, aun así, abrir sus pétalos hacia un horizonte diferente.
Es así que ella descubrió que la verdadera libertad no consiste en pensar distinto, sino en tener el valor de pensar por uno mismo.
 
MARiSOL 
 

domingo, 17 de mayo de 2026

Arrogancia vs. Grandeza

                     
En un pequeño pueblo rodeado de montañas se celebraban cada año dos eventos muy esperados: la gran carrera de caballos y la tradicional parada de borricos.
La carrera reunía a los animales más veloces de la región. Los caballos lucían brillantes crines, herraduras nuevas y jinetes elegantes. Todos admiraban especialmente a Relámpago, un caballo famoso por ganar siempre. Era rápido, orgulloso y no perdía ocasión de burlarse de los demás animales.
—La vida es para los veloces —decía mientras levantaba polvo con sus patas—. Los lentos nacieron para mirar desde lejos.

Al otro lado del pueblo, los borricos preparaban su desfile. Caminaban despacio, cargando flores, panes y herramientas del campo. Entre ellos estaba Niebla, un burro gris de mirada tranquila. No era fuerte ni rápido, pero ayudaba a cualquiera que lo necesitara.
Relámpago solía reírse de él.
—¿Y tú qué haces en las fiestas? ¿Dormirte mientras avanzas?
Niebla sonreía sin molestarse.
—Cada uno tiene su paso —respondía—. Lo importante es llegar sin perder el corazón.

El día de la carrera llegó con un cielo despejado. El pueblo entero gritaba emocionado. Relámpago salió disparado desde el inicio, dejando atrás a todos. El público aplaudía mientras él disfrutaba sentirse invencible.
Pero a mitad del recorrido, el caballo vio un atajo estrecho por el bosque.
—Si tomo ese camino, ganaré aún más rápido —pensó.
Sin escuchar las advertencias de un viejo campesino, giró hacia el bosque. Al principio avanzó veloz, pero pronto el suelo se volvió lodoso. Sus patas quedaron atrapadas entre raíces y barro. Cuanto más se esforzaba, más se hundía.

Mientras tanto, la parada de borricos avanzaba lentamente por el camino principal. Niebla escuchó relinchos desesperados en el bosque y se separó del grupo.
Encontró a Relámpago agotado y cubierto de barro.
—Ayúdame —dijo el caballo, avergonzado—. No puedo salir.
Niebla no se burló. Buscó ramas firmes, llamó a otros borricos y, entre todos, tiraron con paciencia hasta liberar al caballo.
Relámpago llegó tarde a la meta. Había perdido la carrera por primera vez. Esperaba risas y humillaciones, pero el pueblo hablaba de otra cosa: del burrito que había dejado su desfile para ayudar a quien siempre lo despreciaba.

Aquella noche, Relámpago se acercó a Niebla.
—Hoy entendí algo —dijo bajando la cabeza—. La velocidad puede hacerte ganar carreras, pero solo la humildad y la bondad hacen que los demás quieran caminar contigo.
Niebla sonrió.
—Y hasta el más rápido necesita ayuda alguna vez.
Desde entonces, en el pueblo siguieron celebrándose las carreras y las paradas de borricos. Pero nunca olvidaron que el verdadero valor no se mide por quién llega primero, sino por quién es capaz de tender la mano en el camino.

Aquí te dejo para reflexionar, querido lector, la siguiente moraleja:
La arrogancia puede llevarte lejos por un momento, pero la humildad y la bondad son las que realmente te hacen grande.

                       MARiSOL
 
 

miércoles, 29 de abril de 2026

El sueño de la Colza


En los campos donde el invierno se despide en silencio, despierta la colza, dorada y serena como un susurro de sol sobre la tierra húmeda, como un latido nuevo bajo la piel del mundo.

Sus flores, pequeñas cual llamas amarillas, encienden la pradera con promesas antiguas: prosperidad que germina en cada pétalo, abundancia que danza con el viento suave como si la tierra recordara que siempre hay suficiente luz para volver a empezar.

Es el renacimiento quien viste de oro los horizontes, el ciclo que se abre como un libro al alba, la energía que asciende desde raíces invisibles para decirnos: “todo vuelve, todo florece”.Y en su brillo existe una alegría sencilla, un optimismo que no necesita palabras, sólo el temblor luminoso de miles de flores repitiendo al cielo su canto silencioso.

En su lenguaje secreto, heredado de otras épocas, la colza habla de vida desbordante, de corazones llenos de impulso y fuego, de esa fuerza invisible que nos empuja a seguir.

Y en tierras lejanas del Japón, donde la llaman "nanohana", también celebra la llegada de la primavera como un puente entre culturas y estaciones, como una sonrisa amarilla que atraviesa el tiempo.
Así, cuando mires un campo encendido de colza, querido lector,  no veas sólo flores: mira la luz hecha raíz, la esperanza hecha color, el mundo recordando, una vez más, cómo florecer porque la esperanza no sólo es como el sol que arroja todas las sombras detrás tuyo, querido lector, sino recuerda que la esperanza es el sueño de los que están despiertos.

                    MARiSOL
 
 

viernes, 24 de abril de 2026

Las heridas de Frida

 
 
Este cuento lo escribí en base a unos regalitos que me hicieron, hoy día, unas amigas mías. Fueron una planta de Aloe Vera, un imán de México con la imagen de Frida Kahlo y un elefantito de porcelana que dice en alemán: Einfach glücklich sein (Simplemente ser feliz). En caso no sepas, querido lector, existe una metáfora usada para describir la relación turbulenta, creativa y apasionada entre los artistas mexicanos Diego Rivera y Frida Khalo. La madre de ella los llamó "El elefante y la paloma" para describir la gran disparidad física y de personalidad entre ambos.       
               
 
En una habitación bañada por la luz suave de la tarde, Frida Kahlo pintaba en silencio. El aire estaba impregnado de un aroma verde y limpio: decenas de plantas de aloe vera cultivadas en macetas de barro rodeaban el espacio, como si custodiaran cada rincón con sus hojas carnosas y firmes. 

Mientras Frida observaba su lienzo con intensidad, frente a ella comenzaba a tomar forma un elefante blanco. No era un elefante cualquiera: su piel parecía hecha de luz, y sus ojos reflejaban una tristeza profunda, como si cargara historias que nadie se había detenido a escuchar. 
—Todos cargamos algo invisible —murmuró Frida mientras iba mojando el pincel en su pintura. 

Afuera, el mundo seguía su curso, pero dentro de esa habitación el tiempo parecía doblarse sobre sí mismo. Mientras las plantas de aloe vera, con su fama de curar heridas, parecían respirar junto a Frida, ella se levantó un momento y pasó suavemente su mano por una de las hojas. Recordó cómo el aloe sana la piel cuando ha sido quemada o herida. Sonrió levemente.
—Ojalá el alma se curara igual de fácil —dijo.

Frida regresó al lienzo y se sorprendió al ver que el elefante ahora tenía una pequeña grieta en el costado, apenas visible, de la cual brotaba un tenue color verde. No era sangre, no era dolor: era vida intentando salir.
Frida dio un paso atrás y contempló su obra.
—No se trata de no romperse —susurró—. Se trata de aprender a sanar.

En ese instante, un rayo de sol atravesó la ventana y tocó el cuadro. El elefante pareció cobrar vida por un segundo, y la grieta luminosa brilló con más fuerza.
Frida sonrió, cansada pero en paz.
Las plantas de aloe vera permanecieron en silencio, como testigos de una verdad simple y profunda: incluso en medio del dolor, querido lector, la capacidad de sanar vive dentro de nosotros, esperando ser reconocida. 

Lo importante, querido lector, es darse cuenta que las heridas forman parte de la vida, pero también lo es la capacidad de transformarlas en algo que nos fortalezca. Sanar no es olvidar, es aprender a seguir creciendo.

                   MARiSOL 
 
 

sábado, 26 de julio de 2025

¡¿Maldita Incertidumbre?!

 


Hace un par de días atrás estando en una cafetería escuché una conversación entre dos señoras alemanas que se encontraban también sentadas cerca a mi mesa donde yo estaba sola tomándome un café. Fue inevitable no hacer oídos sordos porque el tema me interesaba ya que una de ellas se quejaba repitiendo cada dos por tres la palabra "incertidumbre".  Para ser sincera yo tuve ganas de meterme en esa conversación pero me frené y decidí seguir escuchándolas, sobre todo, a la más quejosa, quien, a decir verdad,  no me inspiraba lástima, sino, más bien, ¿rabia? Pienso que, más bien, era impaciencia. Dentro mío pensaba por qué no se calla y cambia de tema para disfrutar de mi café y del buen tiempo ya que estábamos sentadas al aire libre mientras yo observaba a la gente que caminaba en la calle bastante transitada no sólo por peatones, sino también por autos, autobuses, ambulancias y autos de policía. 

Pues bien, después de tragarme la letanía de esta señora quejosa que era, por cierto, bastante larga, finalmente entendí por qué no paraba de hablar. Era casi un monólogo, porque su amiga apenas abría la boca. Contó que tenía cáncer (a qué no sé) y el médico le había dicho que podría vivir de cinco a diez años como máximo. 

Lo único que sé que la inteligencia de toda persona se mide por la cantidad de incertidumbre que es capaz de soportar. Si bien sé que la incertidumbre genera ansiedad, miedo, estrés y desasosiego, algo que he aprendido es que también la incertidumbre es una gran oportunidad para  reflexionar sobre nuestra propia existencia humana, sobre el sentido de la vida en este mundo tan incierto como en el actual en el que nos encontramos viviendo.

Me provocó decirle a esta señora quejosa que si ella no tuviera cáncer seguramente no estaría enfrentándose a esa situación impredecible, pero sí a otra. Es su mente la que busca respuestas para sentir que puede controlar lo que le está ocurriendo, pero no se puede controlar todo. Hay que saber aceptar que la vida es un cambio constante. Ella debería tratar de tener una actitud más positiva y saber afrontar sus miedos e inseguridades como lo hice yo, ya hace tiempo atrás, cuando pasé, después de ser operada, por quimioterapia durante seis meses y tres meses por radioterapia y hasta Octubre del año pasado, durante diez años, estuve en tratamiento. Fueron diez años donde estuve tomando un medicamento antiestrógeno que ayuda a prevenir ciertos tipos de cáncer a la mama. Este remedio impide que el estrógeno estimule el crecimiento de las células cancerosas. Y desde que no lo tomo, quién sabe si mi cáncer regrese y con más fuerza. 

A decir verdad, la incertidumbre nos desafía, nos provoca a pensar en algo que debemos reflexionar en ese momento. Sin lugar a dudas, la incertidumbre es el trampolín hacia un pensamiento mayor. Para mí sería que en lugar de sucumbir ante el miedo y la ansiedad ante lo desconocido, lo mejor es aprender a adaptarnos a la nueva situación con mayor calma como lo hice en su momento. No fue una etapa fácil de llevar, pero la superé con creces porque mantuve una actitud positiva. Y cuando me refiero a ésta es porque me refiero a tener una disposición mental de abordar la vida con  optimismo y esperanza. Me enfoqué en todo lo bueno que la vida me brindaba y que hasta ahora me brinda. 

Si bien es cierto que tanto a ti, querido lector, como a mí queremos sentirnos seguros y tener bajo control nuestras vidas, lo cierto es que la incertidumbre nos rodea desde que nacemos ya que gran parte de lo que nos espera en la vida es incierto. Si bien la incertidumbre es una parte natural e inevitable de la vida, no debemos permitir que ella nos atrape porque no sólo nos agota emocionalmente, sino porque terminamos pensando sólo en lo qué pasaría si, por ejemplo, me muero antes que tú, querido lector, o viceversa. La lista sería interminable de todas las supuestas cosas que nos podrían pasar. Lo cierto es que si bien hay personas que pueden lidiar mejor que otras ante la incertidumbre, también es cierto que todo tiene un límite. Quizá porque el juego de ponerse límites a sí mismo es uno de los placeres secretos de la vida. 

- ¡Esta señora me tiene harta! - alzó la voz la Incertidumbre mientras se acercaba a mi mesa. Sólo yo la podía ver y escuchar. Y aregó diciendo - Nada es constante, todo cambia y aunque ella se empeñe en tener todo bajo control, ¡nunca podrá vencerme! Esta señora se encuentra en una situación privilegiada. Hay otras personas que, por ejemplo, le hacen frente al día a día para poder alimentar a sus familias o no tienen dinero para cubrir un tratamiento contra el cáncer o se encuentran en zonas de guerra sin poder salvar sus vidas. Esta señora está bien, dentro de todo. ¡Qué más quiere! Su pronóstico de vida es bueno. De pronto, hasta vive más tiempo, pero no lo creo porque ella, en lugar de quejarse, debería dejar de fumar. 

¡Pues sí! La Incertidumbre dió en el clavo. El motivo de mi irritación era que esta señora mientras se quejaba sostenía enntre sus dedos un cigarrillo a vapor. Si tanto le gusta fumar, pues que disfrute de sus días que le quedan de vida sin tener que usar a su amiga como basurero para vomitar sus pesares. A este tipo de personas es mejor mantenerlas a raya porque son personas que restan en lugar de sumar. ¿No crees, querido lector?  

Te cuento, querido lector, que la Incertidumbre se sentó a mi mesa porque se sentía entendida por mí. O mejor dicho, yo había aprendido la lección que ella, en su momento, me la había dado y yo como buena alumna la había aprendido como, por ejemplo, a no desafiarla y a no enfrentarme a ella. Aprendí a aceptarla y a sentirla, pero en lugar de dedicarme a esfuerzos inútiles para controlar lo incontrolable o inevitable, aprendí a experimentar la incomodidad de la incertidumbre como parte de la vida. Nadie es adivino ni nadie sabe lo que realmente nos va a pasar en una hora, mañana o en un año ya que la vida es aleatoria e impredecible. 

En lugar de intentar predecir lo que podría suceder, mejor es concentrarse en lo que nos está sucediendo en este momento. ¿Y sabes por qué, querido lector? Pues, porque la experiencia (aquella que nunca es un fracaso, sino la que siempre viene a demostrar algo) no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede porque lo esperado no sucede, es lo inesperado lo que acontece, tarde o temprano. 

MARiSOL 

martes, 21 de enero de 2025

¡Pónganse en fila!

 

Hoy, 21 de Enero, el Universo le ha pedido a Marte, Júpiter, Venus, Neptuno, Urano y Saturno que se pongan en fila a partir de las 8:30 pm ya que tendrán que realizar una misión importante.  Si bien hoy no podrá estar presente Mercurio, sí lo estará, y sin falta, el 28 de Febrero. Él ya está informado de lo que se trata... Y como tú, querido lector, no sabes a lo que me refiero te hago saber que el Universo ha solicitado la presencia de los planetas ya mencionados porque pertenecen al Sistema Solar donde se encuentra la Tierra... tierra de muchos  problemas.

Bien,  el Universo con todas sus pompas y hermosura resulta ser un caos ante los hombres sin fe porque la fe no sólo es el conocimiento del significado de la vida humana, sino también es la fuerza de la vida. Y es que si el ser humano vive es porque cree en algo. ¿Será una cuestión de fe? Más de una vez le he dicho "No" a Dios. ¿Y tú, querido lector? Ignoro si seas creyente o no. La verdad que todo aquel que cree, piensa. Porque la fe, si lo que cree no se piensa, entonces, es nula, es inválida. No sirve para nada. Quizá no debamos racionalizar la fe, sino sentirla de todo corazón. Y es que tener fe requiere coraje, incluso la capacidad de correr un riesgo, y hay que tener la disposición a aceptar, aunque no queramos, el dolor y la desilusión. Sinceramente pienso que hay más fe en una honrada duda en lugar que en la mitad de las creencias. El Universo sabe que el fruto de la fe es el amor. Por este motivo le pide ayuda a Marte y a sus mejores amigos. 

Es así como el Universo con voz firme les dice a todos ellos:

- ¡Pónganse en fila! Debo pedirles que hoy observen con detenimiento a la Tierra y es que ella me lo ha pedido encarecidamente. Está cansada de tanto maltrato físico y emocional por parte de los seres humanos. La misión de ustedes es de tomar nota de todo lo malo que acontece. 

- ¿Sólo de lo malo? - preguntó Venus quien debido a la cercanía con la Tierra brilla intensamente y suele ser llamado su gemelo porque ambos tienen similar tamaño y densidad aunque resulte ser un lugar infernal para vivir ya que su temperatura en la superficie supera los +400°C. 

- ¡Pues sí, de lo malo! - gritó Marte exasperado. ¿Acaso, no saben que Elon Musk me ha echado la puntería? Si bien soy un planeta pequeño y rocoso, tengo una atmósfera delgada y enrarecida, mis volcanes están muertos y mis temperaturas diurnas son de 0°C y nocturnas son de -130°C por ser el planeta más alejado del Sol, no permitiré que me conquisten mientras no pongan orden en la Tierra y los seres humanos vivan en paz y armonía. 

Júpiter, quien es el planeta más grande del Sistema Solar, tiene una atmósfera muy densa, tiene varios anillos que son difíciles de observar, sus días son muy cortos de tan sólo diez horas de duración y su temperatura es de -160°C, dijo alegremente: ¡Me salvo de ser conquistado. ¡Ja,ja,ja!

- Yo creo que también me salvo - dijo Neptuno y continuó hablando sin reirse - Por ser yo un gigante de hielo y estoy hecho de una espesa mezcla de agua, amoníaco y metano y tengo una atmófera densa y ventosa dudo que se atreva el hombre a conquistarme porque mis vientos son tres veces más fuertes que tú, Júpiter. A lo que este último asintió sin protestar.

Urano escuchando estas palabras también fue de la opinión que el hombre no podrá poner pie sobre él ya que está rodeado por trece anillos; es un gigante de hielo ya que su temperatura promedio es de -224°C y tiene una atmósfera densa hecha de agua, metano y amoníaco sobre un pequeño centro rocoso.  ¡Ah! es el único planeta que rota de lado y da vueltas en la dirección contraria a las de la Tierra y de la mayoría de los demás planetas.  

Saturno no queriéndose quedar atrás por ser el segundo planeta más grande del Sistema Solar, por ser un gigante de gas como Júpiter y por contar con un grupo de siete anillos y tener un temperatura de -176°C les hizo saber que, por fortuna, su entorno no es propicio para la vida tal como la conocen los seres humanos ya que las temperaturas, presiones y materiales que lo caracterizan son demasiado extremos y volátiles para que los organismos se adapten a ellos. Así que también finalmente dijo victorioso: ¡Hurra! Yo también me salvo.

¿Y qué pasa con Mercurio? Pues, así hoy no se haga presente te hago saber que es el planeta más veloz del Sistema Solar ya que tarda sólo 88 días en dar una vuelta completa alrededor del Sol, a parte de ser el  más cercano a éste haciendo que su temperatura más alta llegue a los +430°C. Así que está descartada la presencia del hombre en este planeta.

Pues bien, el Universo les ha pedido que observen a la Tierra por la maldad que existe sobre este querido planeta. Si bien hay seres humanos que luchan porque el Amor siga alumbrando sus corazones, también hay los otros que están ciegos y encaprichados en tener negro y podrido el corazón. Y se ufanan de ser corruptos, bélicos y diábolicos. La Tierra está asustada. No soporta más a los seres humanos. No a todos, pero sí a muchos.

- ¡No eres la única que  no  los soporta! - dijo indignado Marte. Tengo temor que me conquisten y me hagan daño como a ti. 

El Universo poniendo orden les explicó cuál era su plan. Les dijo que esta noche se pongan en fila, pero en silencio. Por estar dentro del Sistema Solar son los que tienen la misión de hacerse ver de esta manera. Es más que seguro que más de un ser humano no sólo se maravillará de verlos en fila, sino que se sentirá observado. Pero  Shhh.... el Universo les pide que no se les ocurra decirles a los seres humanos que hay otros planetas más que tienen en la mira a la Tierra desde hace muchoooooo tiempo. Si bien ella, Gaia o Pachamama, lo sabe, los seres humanos, no. Desde distintos puntos del universo los observan y ellos en su ignorancia creyéndose los únicos, no se dan cuenta que no son la única civilización cósmica. Por cierto, bastante agresiva porque juegan a ser dioses con sus bombas atómicas.

Finalmente te hago saber, querido lector, que el universo no es sólo un vasto símbolo de Dios, sino que éste en toda su grandiosidad, hace magia para que más de uno reflexione sobre el sentido de la vida y de la suya propia. ¿Y sabes por qué? Pues, porque no sólo el hombre es un pedazo del universo hecho vida, sino que también existe al menos un rincón del universo que con toda seguridad puedes mejorar, y eres tú mismo, querido lector.

MARiSOL


lunes, 25 de noviembre de 2024

El enigma de la vida

 


¿Será  cierto que el teatro de la Creación parece estar construido para el ejercicio del libre albedrío y para el fortalecimiento potencial de la existencia de un plano de conciencia superior? Quizá. Mi pregunta no tiene ningún color de profecía. Sabe, más bien, a ese enigma que uno cree haber resuelto de joven y que con el paso de los años uno reflexiona sobre él para sólo descubrir que es insoluble. Quizá no estamos preparados para hacerle frente al enigma de la vida porque es difícil de entender o de dilucidar. ¿Será, querido lector, que  se debe a que no tiene una respuesta o una solución fácil?, ¿o, acaso, incluso, no la tiene en absoluto?

Pienso que el enigma de la vida no es ni humo ni niebla, sino, más bien, un concepto que presenta un problema complicado. Yo diría que hasta oscuro. Es, en todo caso, un desafío que incita al pensamiento, que te plantea  a ti, querido lector, como a mí también, una pregunta. Diría que pone en marcha el proceso de conocimiento hacia un fin aún incierto, quizá porque el futuro no es más incierto que nuestro presente. Y, por este motivo, viendo que la vida es tan incierta, hay que abrazarnos a la felicidad, cual premio pasajero que se aferra al tiempo, y aprovechar el momento en que se nos presenta.

No sé si mis ideas sean sólo un cúmulo de desatinos o disparates o si tanto tú, querido lector, como yo seamos un maravilloso misterio en un mundo tan cambiante e inexplicable mientras vamos buscando las cosas inciertas porque las ciertas las hemos perdido de vista. Es como cuando uno no puede descubrir nuevas tierras por no tener el valor de perder de vista la orilla o no poder nadar hacia nuevos horizontes por no tener el valor de perder de vista la costa.

Finalmente, me pregunto si será cierto que existen tres clases de testigos ante el enigma de la vida. Aquellos los que han visto bien, pero dudan de lo que han visto. Luego, los que han visto mal, pero creen haber visto bien. Y los que no han visto nada y aseguran haber visto todo. Y tú, querido lector, ¿qué clase de testigo eres?  Tal vez el enigma de la vida nos haga saber que no sólo hemos visto más cosas de las que recordamos, sino que recordamos más cosas de las que hemos visto. ¿Y sabes por qué, querido lector? Pues, porque gracias a la energía que despierta el enigma de la vida en nosotros, nos impulsa a seguir adelante, a sobreponernos a nuestros temores e incertidumbres mientras nos pide, una y otra vez, intentar desvelar su misterio, así sea éste de difícil entendimiento por ser un conjunto de palabras de sentido encubierto como un acertijo por ser un enigma envuelto en un misterio dentro de un enigma. 

MARiSOL 

 

jueves, 21 de noviembre de 2024

A punto de caramelo


Según el diccionario de la RAE estar "a punto de caramelo" significa estar en el punto o momento óptimo para el fin que se busca, estar algo o alguien perfectamente preparado, listo o dispuesto. Pues que irónica es la vida, porque, en este momento, no creo que ninguno de nosotros esté listo para lo que se nos anuncia con bombos y platillos. La verdad que una III Guerra Mundial no es un plato apetitoso de comer. Sinceramente la simple idea de imaginar estar envuelta en una catástrofe monumental se me queda atravezada en la garganta quedándome sin voz y ya no poder alzarla aunque quisiera.

Y pensar que el origen de esta expresión proviene del mundo de la cocina, específicamente de la preparación del caramelo. Pues bien, se sabe que para hacerlo se necesita azúcar y se le cocina hasta adquirir un color dorado y una textura ideal. Este punto es crucial ya que si se cocina más de lo debido el caramelo se termina quemando y si se cocina poco no se forma correctamente.   

Siento que esta vez estamos todos, sin querer, en un punto crucial en la historia de la humanidad y no estamos haciendo lo correcto porque nos terminaremos quemando y no sólo los dedos... Quizá debería referirme sólo a aquellas personas que manejan los hilos del mundo porque, al fin y al cabo, nosotros somos simples marionetas. Pareciera como si la humanidad no quisiera aprender la lección tanto de la I Guerra Mundial como de la II Guerra Mundial.

Tengo que pensar, por un lado, que los actuales bombardeos aéreos no serán como los otros... Y, sin embargo, por otro lado, a mi memoria se cuela la palabra "caramelo" pero relacionada a una historia increíble. ¿Sabías querido lector, que una vez terminada la II Guerra Mundial hubo un famoso bombardeo sobre Berlín, pero fue hecho con caramelos? Esto sucedió mientras Berlín Oeste sufría de abastecimiento y los aliados occidentales idearon un plan arriesgado de lanzar por vía aérea por día unas cuatro mil toneladas de diversos bienes como alimentos, medicinas, carbón, etc.

Pues bien, un día de julio de 1948 al piloto norteamericano Gail Halvorsen se le ocurrió la idea de lanzar desde su avión chicles, chocolates y caramelos mientras se hacía notar balanceando sus alas. Durante tres semanas lanzó todo lo que pudo en dulces para alegrar a unos niños que había conocido. No sólo les había devuelto la esperanza de vivir, sino que les consiguió elevar la moral a aquellos niños hambrientos durante ese tiempo de incertidumbre y privaciones. 

La acción de este piloto inspiró a la "Asociación Estadounidense de Pasteleros" para donar toneladas de caramelos. Lo que comenzó como una acción a nivel personal desembocó en una espectacular operación donde 25 aviones lanzaron 23 toneladas de chocolates, chicles y caramelos en diversos lugares de Berlín Oeste. Por suerte, el bloqueo terminó el 30 de septiembre de 1949 al comprender las autoridades soviéticas que ni los ciudadanos de Berlín Oeste ni las potencias occidentales tenían intención de rendirse.

Esta vez para que no nos explote el mundo entre nuestras manos, una de las partes tiene que estirar la mano y hacer las paces porque así ganara Rusia ante Ucrania o viceversa, todos perderíamos en esta maldita guerra (y pensar que hay otra en curso desde hace un año  en otro punto del planeta...).  La verdad que,  más bien, estoy a punto de irme a dormir mientras afuera sólo llueve. Cae sólo agua y nada más, por el momento, aunque las noticias nos bombardeen diciendo que los misiles nucleares dirigidos p.e. a Londres, París, Varsovia y Berlín están ya listos... " a punto de caramelo".  

MARiSOL

 

miércoles, 30 de octubre de 2024

La Conciencia de la Humanidad

 

Pareciera como que la conciencia de la humanidad entera estuviera en desuso o lo que es peor, va de desvarío en desvarío y no se detiene a pensar que va camino al abismo... a ese abismo donde en el fondo de éste les pido a gritos aprender a comprenderse mejor a ustedes mismos y a su entorno. Demás está decir que diversas corrientes filosóficas y científicas han tratado de descifrar el misterio de la existencia de la humanidad y de su relación directa con el universo... ese universo vestido de misterio y energía... allí donde radica la realidad más profunda. Y, sin embargo,  no todos entienden que la conciencia no se reduce a sólo algo intelectual. Va más allá... allá donde cruje  dentro de cada ser humano una energía... esa energía innata que pone todo en movimiento como los pensamientos y emociones.

Ana María intuye que la conciencia, la suya, sobre todo, no sólo actúa desde una dimensión inmaterial, sino que usa la energía como lenguaje  mientras se pregunta si será cierto que todo lo que la rodea es energía. ¿Tú que opinas, querido lector? Yo, pienso que sí, sobre todo, si los átomos de tu cuerpo son los mismos de los que está hecho el universo. 

- ¿Será cierto que al estar todos conectados por los mismos elementos, todo lo que hacemos tiene un impacto en el otro? - me preguntó Ana María. Siento que ella está despertando y ya no va a ciegas por la vida. Sonrío aún más cuando ella me preguntó si los seres humanos deben ser  comprendidos como parte de una inteligencia superior.

En caso no sepas quién soy, querido lector, te hago saber que soy aquella conciencia que existe más allá de la mente y el cuerpo físico  de todo ser humano. Soy quien te hace experimentar  la sensación de paz profunda, claridad mental y comprensión intuitiva de la vida y sus misterios. A través mío tanto Ana María como tú, querido lector, desaparecen las limitaciones del ego y los hago sentir uno con todo lo que los rodea aún más allá de la misma vida. 

- Quizá pongas en duda lo que acá te digo - le dije a Ana María quien me escucha en silencio. Pero, ¿no crees que hay algo más allá de la muerte física? Si te dijera que la conciencia es una entidad separada que puede existir independientemente del cuerpo físico, ¿me creerías, querido lector?

Ana María ya está despertando aunque, por momentos, le cueste todavía comprenderme del todo porque no sabe exactamente lo que es la física cuántica, esa rama de la física que estudia el comportamiento de la materia y la energía a nivel subatómico. Y es que en la física cuántica todo en el universo está hecho de partículas subatómicas que interactúan entre sí. Lamentablemente debido a las limitaciones de las leyes de la física y de su propia mente no es capaz todavía de comprender y explicar lo que es la supraconciencia, es decir yo. Soy quien podría ayudar a Ana María como también a ti, querido lector, a encontrar un sentido más profundo de propósito y significado en sus vidas. Soy ese mar de energía e información ilimitada que cuenta con sus propias leyes y que no tienen nada que ver con el paradigma materialista, ése que es la base de todo lo que a ustedes les rodea.

- Acaso, ¿es un error pensar que todo gira en torno a lo externo y a lo material, incluyendo mis problemas y sus posibles soluciones? - preguntó tímidamente Ana María. Después de escucharla le hago saber que no es un error. Todo lo contrario. Lo que pasa es que la humanidad se centra en lo de afuera y olvida el mundo interno del autoconocimiento. 

Ana María, después de guardar silencio por un momento, me preguntó si tanto ella como todos deberían cambiar sus bases para ir hacia un paradigma energético para así poder ser capaces de acercarse cada vez más a la comprensión no sólo de sí misma, sino también de la realidad. Ana María está despertando porque está entendiendo que ni sólo tiene un cuerpo ni es sólo un cuerpo. 

Finalmente le hice saber que desde sus pensamientos, emociones, palabras y actos no sólo ella genera una energía que se convierte en existencia porque el secreto de la existencia no consiste sólo en vivir, sino en saber para qué se vive. Te has preguntado, querido lector,  por qué en lugar de avanzar, muchas veces retrocedes, por qué ya no hay más asombros en tu mirada, por qué, por momentos, estás a ciegas, por qué a la maldad la contemplas como hipnotizado.

Pues bien, aunque nadie lo diga en voz alta, te hago saber, querido lector, que la conciencia no sólo es la presencia de Dios en el hombre, sino que la conciencia es el mejor libro moral que la humanidad tiene. Nunca olvides que tu conciencia es el centro más secreto del hombre, el santuario en el que está solo con Dios y en el que su voz se hace oir. Pues sí, yo soy la voz de tu alma, soy esa voz interior que te advierte que alguien te puede estar mirando, es decir, yo, tu Supraconciencia... soy el nivel más elevado de la mente humana que contiene todas las posibilidades y caminos que todos ustedes pueden explorar. Soy como el campo infinito de opciones disponibles para ti, querido lector. Lo mismo para Ana María. 

Y mientras termino de hablar, ella experimenta una sensación de paz profunda porque sabe que mientras esté en vida me puede buscar a través de la meditación o de la oración y cuando muera sabe que no será el final de su existencia porque soy esa energía sutil, eterna, omnisciente y omnipresente que trasciende la mente y cuerpo. Soy esa energía que la conectará siempre con el  universo. Por este motivo, te pido, querido lector, que eleves tu alma a un estado supremamente pacífico y energético para ayudar a que la humanidad se supere a sí misma y logre encontrar su auténtica identidad que es eterna para lograr dominar al ego, ese ego que finalmente domina a los seres humanos impidéndoles ser felices e impidiendo que la Tierra sea ese hogar que todos quisieran tener, un hogar donde reine la paz.

MARiSOL

 

lunes, 9 de septiembre de 2024

Entre la Fe y la Esperanza

 

 

¿Será cierto que vivir sin Fe es imposible porque no sólo es la fuerza de la vida, sino es el conocimiento del significado de la vida humana ya que si el hombre vive es porque cree en algo? - me pregunto en este momento. Tal vez tener fe requiere no sólo coraje, sino tener la capacidad de correr un riesgo. Será porque la fe nunca es inútil. Acaso, ¿no es cierto que la fe mueve montañas? Pienso que sí porque, finalmente, el amor es fe y no ciencia.

Querido lector, y ¿qué pasa con la Esperanza? Acaso, ¿la esperanza es un empréstito que se le hace a la felicidad? Es más que eso... la esperanza es como el sol porque arroja todas las sombras detrás de nosotros. Y, ¿sabes por qué, querido lector? Pues, porque la esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte ya que ésta no es más que la habilidad de aprovechar las ocasiones favorables que se nos presentan en la vida.

¡Ay! Entre la Fe y la Esperanza me muevo yo sin temor alguno. Te preguntarás quién soy yo. Pues, soy ese acontecimiento extraordinario que manifiesta la intervención divina en los asuntos humanos. Unos me conocen como milagro, otros como maravilla, rareza, revelación, sorpresa o fenómeno. Soy un efecto que puede ser visible a los sentidos y que sobrepasa los poderes de la naturaleza y de todo ser  creado. Soy una acción de Dios porque Él elude el orden natural para hacer algo extraordinario demostrando así su grandeza y poder.

¿Te has preguntado cómo ver milagros en tu vida? Es sencillo. Por un lado, tener fe nos permite ver las cosas buenas que suceden en nuestras vidas como obra de Dios y no como coincidencias o buena suerte. Pienso que si tú, querido lector, me reconoces como tal es parte del milagro en sí. Y por el otro lado, te hago saber que la esperanza es aquel poder interior cual potencia espiritual o motor que te ayuda a hacer posible todo nuevo intento para seguir adelante. 

En realidad, tú como todos los seres humanos necesitan tener esperanza por más grande o pequeña que ésta sea. Y, ¿sabes por qué, querido lector? Porque no sólo la esperanza es como un milagro inesperado, sobre todo, cuando encierra una especial dificultad, sino porque la verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios ya que Él ha permitido que la Esperanza nazca como una flor de la Fe.

Finalmente, te hago saber, querido lector, que la Fe y la Esperanza se complementan. Mientras la Fe se basa en la realidad del pasado, la esperanza mira la realidad del futuro. Sin fe, no hay esperanza y sin esperanza no hay fe de verdad. Y sin ellas dos, yo no existiría. Mejor dicho, tú no existirías porque tú eres un milagro también. Así que si tu fe la ves como un anhelo a lo eterno, a Dios,  y tu esperanza la ves como el anhelo de Dios, de lo eterno, de nuestra divinidad que viene al encuentro de aquélla y nos eleva, entenderás que donde hay esperanza hay fe y donde hay fe, ocurren milagros.

MARiSOL


domingo, 30 de junio de 2024

Cicatrices


"¿En qué cielo se quedó mi alma suspendida como una nube?"- se pregunta Inés mientras se imagina ser un pajarillo que despliega sus alas para hacer volar su imaginación... esa imaginación que de la nada saca un mundo, sobre todo, uno que no se encuentra tallado de cicatrices. Y, sin embargo, ella sabe muy bien que las cicatrices (no sólo físicas, sino del alma) son esas heridas que no se ven a simple vista pero que se sienten, por momentos, con la intensidad  de una gran tempestad. 

Pues sí, las cicatrices del alma de Inés  son las que dirigen sus manos sobre el teclado de su computadora. Ella escribe no para olvidar, sino para perdonar porque las cicatrices no sólo nos enseñan a sobreponernos al dolor, sino que con el pasar del tiempo las heridas, tarde o temprano, curan. Unas veces, de manera repentina, inesperada o no buscada, otras, con ayuda profesional. Si bien dos veces buscó a una psicóloga, Inés se dió cuenta que ella era más fuerte de lo que nunca se hubiera imaginado.

Inés no es que luche contra corriente. Todo lo contrario. Ella fluye con la vida. Lo intenta tercamente. Es como si se dejara atraer por el poder de seducción que ésta tiene sobre ella. Si bien sus cicatrices son como esos recuerdos que se aferran a su piel, ella piensa también que las cicatrices son como esas marcas que van cartografiando todas nuestras experiencias vividas, sobre todo las malas, y que ayudan a nuestra memoria a obtener una enseñanza de todas ellas. Tal vez, las cicatrices del alma existen para recordarnos que somos más fuertes que nuestras propias heridas. Acaso, ¿no es cierto que cuando las cicatrices sanan, la piel de la cicatriz es más fuerte que la piel anterior? Pienso que las cicatrices nos recuerdan no sólo una mala experiencia pasada, sino que éstas nos piden superarla y a no albergar resentimiento alguno en nuestra alma para evitar así sentir el dolor de todo eso nuevamente. Más de una vez, ella ha pensado que si no hubiese ocurrido todo lo que le sucedió, nunca hubiera sabido de lo que era capaz, sobre todo, de su capacidad de resiliencia.  

Más de una vez, Inés pudo adaptarse a la adversidad, pudo superar traumas, problemas de salud, problemas familiares y hasta financieros manteniendo una actitud de tolerancia, flexibilidad, perseverancia y confianza  así sus avances hayan sido lentos, pero relativamente seguros. Pues bien, si bien las cicatrices (físicas) son batallas que el cuerpo expresa que ha sido herido sea por un raspón, una quemadura, una cortadura o tras una cirugía, están las cicatrices del alma que son producto de las heridas del rechazo, abandono, humillación, engaño, abuso, bullying, de la traición, injusticia o decepción. Este tipo de heridas nos recuerdan que hay que tratarlas porque duelen. Sin embargo, cuando una herida cerró, sólo queda una cicatriz que nos dice que está curada y que algo pasó en alguna ocasión.

Inés sabe que todos llevamos una mochila de experiencias y vivencias que, por mucho que intentemos obviarla, está ahí. Si bien las cicatrices le recuerdan lo vivido aunque, a veces, intentemos de tener una amnesia selectiva por el dolor que nos causan, ella ha aprendido a librar sus batallas. Por suerte, hasta ahora no la han derrotado porque necesita estar fuerte para poder librar otras batallas futuras o estar en la capacidad de ayudar a otros para que puedan salir también de sus problemas. Y es que los problemas no sólo son esas oportunidades que nos demuestran lo que sabemos, sino que la única manera de resolverlos no es gastar el tiempo y energías en hablar de ellos, sino en enfrentarlos así nos duelan, sobre todo, cuando las heridas se vuelven abrir, y luego, por suerte, cual heridas ya sanadas nos dejen sólo cicatrices.

 

MARiSOL

 

miércoles, 26 de junio de 2024

Pescando estrellas

 

Si todos nos pusiéramos a pescar estrellas, sobre todo, aquellas que llamamos estrellas fugaces, el Universo se terminaría quedando vacío de ellas y así nosotros nos quedaríamos sin poder pedir más deseos. Sin embargo, el Universo me llamó a la reflexión y me exhortó a que limite mis deseos porque no puedo pretender que las cosas ocurran como yo quiero. Es así como el Universo me dijo que debo aceptar el hecho que es mejor desear que nuestros deseos se produzcan tal como se deben producir para poder vivir sin grandes expectativas. Quizás aquí radica la clave para ser feliz. Es más, Él me explicó que la vida, la mía o la tuya, querido lector, no está hecha de deseos pero sí de los actos de cada uno. Y me recalcó que a mi alma (como a la tuya también) se le mide por la amplitud de sus deseos de la misma manera que uno juzga de antemano un rascacielos por la cantidad de sus pisos.

Después de escuchar al Universo, le pregunté que qué pasa cuando uno se acostumbra a no conseguir nunca lo que uno más desea. El Universo, después de soltar una carcajada, me respondió diciendo que, al final, uno acaba por no saber incluso lo que quiere. Yo, la verdad, que no sé si quería reirme igual que Él porque no hay cosa más bonita que vivir sus deseos, agotarlos en vida ya que es el destino de toda existencia como la mía o la tuya, querido lector. El Universo, si bien me entendió, me hizo saber que no sólo me dedique a desear algo en voz alta, sino que me esfuerce por alcanzarlo porque si no me quiero sentir frustrada o triste, debo aprender a sólo desear todo aquello que dependa de mí y no de otros.

Mientras me encontraba conversando con el Universo, una estrella fugaz hizo un alto en su camino y me dijo que los deseos se tienen pero no se piden porque lo que se pide es el objeto del deseo. ¡Es verdad! Y como yo no hablaba, la estrella fugaz me dijo que los deseos de tu vida, querido lector, o de la mía terminan formando una cadena, cuyos eslabones son las esperanzas y es que éstas nos recuerdan que lo esperado no sucede, sino, más bien, es lo inesperado lo que acontece y hay que saberlo aceptar. Es más, la estrella fugaz me hace ver que las esperanzas son un empréstito que se le hace a la felicidad... esa felicidad que cuando viaja de incógnito, sólo después que ha pasado a nuestro lado, realmente sabemos de ella. Después de escucharla y antes que ella se despidiera de mí, tomé conciencia que no sé si quiera seguir pescando estrellas esta noche cuando me ponga a la ventana de madrugada, sobre todo, cuando busco estrellas fugaces entre las estrellas porque tengo una lista de antiguos deseos que me gustaría que se cumplan.

El Universo (vasto símbolo de Dios), después de despedirse también de la estrella fugaz, me dijo a modo de consuelo que tanto tú, querido lector, como yo somos pedazos de él, del universo, hecho vida. Y es que tanto en tu corazón, querido lector, como en el mío no sólo brilla la estrella de nuestro destino, sino que existe, al menos, un rincón del universo que con toda seguridad podemos mejorar, y somos nosotros mismos. Quizá debamos no sólo aprender a no temer todas las cosas como mortales y todas las que deseamos como inmortales, sino también debemos aprender a no sólo pedir deseos porque es como soñar y soñar en teoría es vivir, finalmente, un poco, mientras que vivir soñando es no existir. ¿Y sabes por qué, querido lector? Porque a nadie cuesta más vivir que a aquel que mucho desea. Es cierto, pero yo (no sé si tú también)  tengo un solo deseo. El Universo sabe cuál es. 

Espero que esta noche se deje ver una estrella fugaz para poderla pescar con mis manos y acunarla no sólo dentro mi corazón, sino en el tuyo también, querido lector. ¿Y sabes por qué? porque si bien la razón (o inteligencia) puede advertirnos sobre lo que conviene evitar, sólo el corazón nos dice lo que es, realmente, preciso hacer sin necesidad de estar pescando estrellas.

MARiSOL


El Color del Futuro

¿De qué color está vestido el futuro? se pregunta Ana María. Sinceramente pienso que ella no trata de describirlo, sólo de prevenirlo aunque ella me haya pedido, querido lector, que te pregunte: ¿Qué puede haber imprevisto para el que nada ha previsto? La verdad que no sé qué contestar porque pienso que cuando se está en medio de las adversidades, ya es tarde para ser cauto.

Ana María suspira porque, por el momento, el color del futuro no luce ni esperanzador ni alegre ni irreverente. Tal vez porque el futuro está oculto detrás de todos nosotros que lo hacemos. Pareciera como si éste se encontrara en una dimensión diferente y jugara a las escondidas con todos nosotros. 

La verdad es que yo pienso diferente. Ana María al mirarme molesta, yo le digo (como el destino que soy) que mientras yo baraje las cartas, tanto ella como tú, querido lector, serán los que jugarán.  Y les advierto que deben jugar limpio para no culpar a otros de sus errores. Pero al decir esto último, Ana María me dice muy molesta que no siente el menor deseo de jugar en un mundo en el que todos hacen trampa. Tengo que admitir que ella tiene razón porque en asuntos internacionales, la paz es un período de trampas entre dos luchas.

¡Ay! El futuro no realizado es como una rama seca que queda atrapada sólo en el pasado... en ese pasado del cual ya deberíamos haber aprendido a valorar mejor la vida porque quien no la valora, no la merece, pues, la mayor parte de los hombres no hacen otra cosa que existir.  Esta vez, si bien Ana María me da la razón, ella con un buena dosis de optimismo sabe que las ramas de todo árbol, pasado el invierno o la época de oscuridad en la que se encuentra la humanidad, reverdecerán y florecerán.

No quiero afligir a Ana María más de la cuenta. Mientras ella me mira en silencio, sus ojos me preguntan si acaso no será cierto que el futuro pertenece a quienes crean  en la belleza de sus sueños. ¿O será que el futuro es tan sólo una página en blanco?, ¿o será, quizás, una fe de erratas?

- ¡No sé qué es mejor! - grita Ana María bastante afligida aunque trate de que su voluntad y esperanza sean optimistas porque, lamentablemente, su conocimiento es pesimista. Y es que un pesimista es un optimista con experiencia porque como dice un dicho bastante conocido por todos: "Más sabe el diablo por viejo que por diablo".

Mientras trato de calmarla le hago saber que, más bien, no piense demasiado en el futuro porque éste llega muy pronto. Sin embargo, Ana María sabe perfectamente que al reconocer las señales o indicios de lo que ha de suceder, ella hará lo posible de vestir su futuro, hasta su último suspiro, con el mejor color de todos, con el color del amor porque éste es el verdadero color que la humanidad necesita para vivir sin enfrentamientos, sin contratiempos y sin conflictos bélicos. Y es que vivir en armonía con los demás nos da la paz interior que necesitamos para ser realmente felices. Y aunque esto suene a utopía, Ana María quiere pensar que no es demasiado tarde para construir una, del color que tú desees, querido lector, que nos permita, en un futuro cercano, compartir la tierra entre todos como ésta realmente se merece.

 MARISOL