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martes, 22 de septiembre de 2026

Cappuccino con corazón

 

(Cuento de la vida real)

 



Fue una tarde de esas que parecen llevar un corazón escondido. Comenzó con un café y una conversación llena de ilusión entre mujeres hispanohablantes mayores de sesenta a las que nos gusta tejer. Dos de nosotras presentamos ante un jurado un proyecto nacido del entusiasmo, de la experiencia y de las ganas de seguir creando. Había nervios, sí, un poco, pero también la certeza de que nunca es tarde para aprender, compartir y abrir nuevas puertas.

Después tomé un autobús y luego un tren. En ese tren que me llevaba a la estación cercana a donde yo vivo, se sentó a mi lado una mujer joven de la India. Se llamaba Suhani. Hablamos con la naturalidad de quienes, sin conocerse, encuentran, de pronto, un pequeño puente entre dos mundos. Su nombre, me contó, significa en sánscrito: agradable, hermosa, la que trae felicidad y alegría. Me pareció un nombre precioso para alguien que acababa de regalarme una conversación inesperada. Antes de despedirnos nos dijimos nuestros nombres, como quien guarda un pequeño recuerdo del viaje.

En cuanto se bajó Suhani conversé también con dos mujeres alemanas de mi edad. Hablamos de Berlín, de sus cambios y de los políticos de hoy; de ese mundo que, tantas veces, nos preocupa y nos obliga a pensar. Experiencias distintas, varias culturas y una misma ciudad como escenario.

Antes de llegar a casa me senté en una heladería cercana, no para comerme un helado, sino para tomar un Cappuccino al aire libre... ese aire que ya se siente lentamente frío recordándome que el Otoño ya se acerca.

Cuando finalmente llegué a casa, comprendí que aquella tarde no había sido simplemente una tarde. Había sido un pequeño viaje sin salir de Berlín: un encuentro con mujeres hispanohablantes a la que nos gusta tejer y compartir nuestras experiencias de vida, un proyecto compartido, una joven llamada Suhani que llevaba la alegría en su nombre, y dos mujeres alemanas con quienes compartí pensamientos sobre la capital alemana en la que vivo desde hace 44 años.

A veces la vida, querido lector, no necesita grandes acontecimientos para sorprendernos. Basta una mesa, un tren, una conversación inesperada… Y, entonces, descubrimos que cada encuentro deja una pequeña luz en el camino.

Aquella tarde quedó en mí como un mosaico de voces, culturas y miradas; una tarde vestida de encuentros, tejida de palabras y perfumada de esperanza. Y pensé: quizá la felicidad sea precisamente eso: estar abiertos a la vida. Comprendí que no había sido simplemente una tarde. Había sido, más que eso... fue un mosaico de encuentros, voces, ideas y sonrisas vestidos de impresiones positivas. De ésas que te alegran el alma.

MARiSOL
 

jueves, 21 de noviembre de 2024

A punto de caramelo


Según el diccionario de la RAE estar "a punto de caramelo" significa estar en el punto o momento óptimo para el fin que se busca, estar algo o alguien perfectamente preparado, listo o dispuesto. Pues que irónica es la vida, porque, en este momento, no creo que ninguno de nosotros esté listo para lo que se nos anuncia con bombos y platillos. La verdad que una III Guerra Mundial no es un plato apetitoso de comer. Sinceramente la simple idea de imaginar estar envuelta en una catástrofe monumental se me queda atravezada en la garganta quedándome sin voz y ya no poder alzarla aunque quisiera.

Y pensar que el origen de esta expresión proviene del mundo de la cocina, específicamente de la preparación del caramelo. Pues bien, se sabe que para hacerlo se necesita azúcar y se le cocina hasta adquirir un color dorado y una textura ideal. Este punto es crucial ya que si se cocina más de lo debido el caramelo se termina quemando y si se cocina poco no se forma correctamente.   

Siento que esta vez estamos todos, sin querer, en un punto crucial en la historia de la humanidad y no estamos haciendo lo correcto porque nos terminaremos quemando y no sólo los dedos... Quizá debería referirme sólo a aquellas personas que manejan los hilos del mundo porque, al fin y al cabo, nosotros somos simples marionetas. Pareciera como si la humanidad no quisiera aprender la lección tanto de la I Guerra Mundial como de la II Guerra Mundial.

Tengo que pensar, por un lado, que los actuales bombardeos aéreos no serán como los otros... Y, sin embargo, por otro lado, a mi memoria se cuela la palabra "caramelo" pero relacionada a una historia increíble. ¿Sabías querido lector, que una vez terminada la II Guerra Mundial hubo un famoso bombardeo sobre Berlín, pero fue hecho con caramelos? Esto sucedió mientras Berlín Oeste sufría de abastecimiento y los aliados occidentales idearon un plan arriesgado de lanzar por vía aérea por día unas cuatro mil toneladas de diversos bienes como alimentos, medicinas, carbón, etc.

Pues bien, un día de julio de 1948 al piloto norteamericano Gail Halvorsen se le ocurrió la idea de lanzar desde su avión chicles, chocolates y caramelos mientras se hacía notar balanceando sus alas. Durante tres semanas lanzó todo lo que pudo en dulces para alegrar a unos niños que había conocido. No sólo les había devuelto la esperanza de vivir, sino que les consiguió elevar la moral a aquellos niños hambrientos durante ese tiempo de incertidumbre y privaciones. 

La acción de este piloto inspiró a la "Asociación Estadounidense de Pasteleros" para donar toneladas de caramelos. Lo que comenzó como una acción a nivel personal desembocó en una espectacular operación donde 25 aviones lanzaron 23 toneladas de chocolates, chicles y caramelos en diversos lugares de Berlín Oeste. Por suerte, el bloqueo terminó el 30 de septiembre de 1949 al comprender las autoridades soviéticas que ni los ciudadanos de Berlín Oeste ni las potencias occidentales tenían intención de rendirse.

Esta vez para que no nos explote el mundo entre nuestras manos, una de las partes tiene que estirar la mano y hacer las paces porque así ganara Rusia ante Ucrania o viceversa, todos perderíamos en esta maldita guerra (y pensar que hay otra en curso desde hace un año  en otro punto del planeta...).  La verdad que,  más bien, estoy a punto de irme a dormir mientras afuera sólo llueve. Cae sólo agua y nada más, por el momento, aunque las noticias nos bombardeen diciendo que los misiles nucleares dirigidos p.e. a Londres, París, Varsovia y Berlín están ya listos... " a punto de caramelo".  

MARiSOL

 

domingo, 9 de noviembre de 2014

Momento histórico

Cuento de la vida real
 

Cuando llegué a Berlín Oeste en Abril de 1982 el muro, con sus 45 kilómetros que lo separaba de Berlín, la capital de la RDA, me dió la bienvenida. Y quién me iba a decir que luego de seis años iría a ser yo testigo ocular de la caída de este muro,  pero no el mismo día que cayó el muro, que fue el 9 de noviembre de 1989, sino al día siguiente... cuando, al cruzar frontera, saliendo en tren de Berlín Oeste me fuí a trabajar a la embajada de España en Berlín (RDA), ví escenas emotivas en la estación de tren "Friedrichstrasse" donde me tocaba bajar. 

Fue emocionante ver como ese muro de la vergüenza, levantado el 13 de agosto de 1961, había caído de manera pacífica sin ningún derramamiento de sangre. Esto fue lo que a mí como a millones de personas nos causó asombro y respeto. Se imponía el amor y esa voz de libertad que gritaba desde la garganta de los alemanes orientales por salir de su encierro. Emocionante fue ver como se fundieron en abrazos familias separadas, como gente caía de rodillas al pisar suelo de tierra vestida de democracia y como berlineses occidentales entraban sin ningún visado a Berlín Oriental. 

No puedo negar que, en ese momento, yo estaba feliz, de haber estado allí y ver como cayó ese muro que no sólo impidió la emigración masiva que marcó a Alemania del Este y al bloque comunista luego de la Segunda Guerra Mundial, sino que fue uno de los símbolos más conocidos de la Guerra Fría y de la separación de Alemania y que constituía la frontera estatal de la RDA con Berlín Oeste. Esa frontera donde más de 200 personas murieron en el intento de querer huir del sistema totalitario. 

Y hoy día, cuando se conmemoran los 25 años de la caída del muro de Berlín, no estoy allí, sino en España por motivos familiares. Pues bien, dejo estas líneas como pequeño homenaje por este momento histórico que forma parte de mi historia de vida. ¡Te quiero Berlín! ¡Te quiero Alemania! 

MARISOL



 


Foto sacada de Bing

miércoles, 23 de septiembre de 2009

¡Bravo "Ballerina"!


Bettina Barbieri, bailarina del Ballet de Buenos Aires, bebía rabiosamente brandis y bourbons en la barra de un bar en un hotel barcelonés. Como ella se sentía burlada, botada, barrida y abandonada, bramó y blasfemó a todo pulmón:
- ¡Bob es un baboso, un batracio, un bruto, un buitre, una bestia, un botarate, un bribón, un besugo, un bastardo, un bicho, un bodrio, una bacteria, un bellaco, una basura! ¡Una bofetada bien buena se merece!
 
Indudablemente no era un berrinche. Y mientras de la boca de Bettina no salía ningún brindis, sino, más bien, barbaridades, su mejor amiga, Bárbara Brancatelli (dueña de una boutique en boga en Bariloche) le pidió bajar la voz y no hacer bulla a su amiga borracha y beligerante; seguidamente le dijo a bocajarro:
- Bob Bellamy será un barón bigotudo y barrigón, un banquero británico con mucho billete, con bólidos biplaza (un Bugatti, un BMW y un Mercedes Benz)  y un bellísimo bungalow en el barrio de Belgrano, pero es un badulaque, una bazofia, un bribón y bellaco. Bettina, estás bien cabreada con Bob, pero has bebido bastante toda la noche y no armes más bochinche. No botemos por la borda nuestro próximo viaje. Brenda (bailarina de ballet y buena amiga belga de Bettina) nos espera en Berlín para verla bailar con el Ballet de Bruselas en "La bella durmiente".
- ¡No soy ni una bebé ni una bruja, Bárbara! - balbuceó Bettina al borde del llanto. Al salir del bar a un balcón vestido de buganvilias, begonias, bromelias, bambúes, bejucos, bocas de dragón y bergamotes, una brisa matutina la esperaba como un bendito bálsamo para tanto blues de borrachera barata. Bettina, al apoyarse sobre la balaustrada del balcón, observó la bahía abarrotada de botes y buques. Y sintiéndose como un bulto abandonado, como un baúl sin barníz, como una bandeja de bronce sin bocaditos, como un broche sin brillantes, como un banco en bancarrota o como una biblioteca sin libros, bastante bilis botó por su boca al pensar en el bandido
de Bob.
Y mientras Bárbara la observaba le dijo:
- Bob se buscó a una beldad, a un bombón
de Belo Horizonte, una belleza en biquini bien bronceada, a quien llenará de brazaletes, bolígrafos, boletos de avión, blusas y batas de seda, bolsos de "Burberry" y bonitos zapatos y botas de "Bobbie Burns" como lo hizo antes contigo. Es su nuevo botín. ¡Haz un balance de tu vida borrascosa con Bob!
Y mientras un brote brillante salía de los bonitos ojos de Bettina, ella le dijo a Bárbara:
- Bien, no seré más la novia del berzotas de Bob Berenson. No habrá ni banquete ni boda en la basílica de Buenos Aires. No seré más ni la blandengue ni la boquirrubia de antes, sino que leeré mejor la brújula de mi vida para saber de dónde vienen los buenos vientos y llevar así mi barco a buen puerto. ¡Basta de bajezas! ¡Bah! ¡Bob me importa un bledo!
- ¡Bendita seas! - contestó Bárbara boquiabierta.

¡Bravo "Ballerina"! Berlín te dará, y también a Bárbara, la bienvenida con los brazos abiertos.



MARiSOL








Imagen sacada de Bing




He tratado de jugar con la letra "B".