miércoles, 7 de septiembre de 2016

La advertencia del cuervo




 
- Cuando lo razonable se confunde con lo irrazonable, es peligroso avanzar a ciegas mientras uno solamente está inmerso en fantasías ... ésas que nos aislan de toda lógica por más que queramos descubrirnos por medio de intuiciones - me advirtió un cuervo mientras conversaba con él hace un rato atrás.

Y como yo no tenía nada que agregar, el cuervo siguió hablando:
- ¡Ay! Tus fantasías no bastan tan solo porque éstas solamente perpetúan los errores cimentados sobre tus ideas equivocadas. Es más, no logro entender como una incapacidad gigante, que sale de la punta de tu lengua, no tolera ni la opinión ni los deseos de los otros ni menos cedes a las más mínimas exigencias de los demás. ¡Cuánta intransigencia! ¿Verdad? 

El cuervo tiene razón. ¿No crees, querido lector?

Y yo mientras me sonrojaba le hice saber, con voz temblorosa, que desearía encontrarme en zona segura, mas no tengo la capacidad de alcanzar a ver ni siquiera mi propio horizonte de vida por estarme moviendo, a una velocidad que me confunde, dentro de un laberinto desafiante e intrincado desde hace tiempo.

- ¡Eres terca! - graznó el cuervo de manera estridente - Veo que tú sigues avanzando hacia el abismo ... ése que mira dentro de ti.
Y mientras él volaba sobre mi cabeza advirtiéndome del alcance del peligro que se avecina sobre mí, yo comencé a ver que no sólo el camino de mi vida se va estrechando, sino que la armazón de mi vida está por venirse abajo tarde o temprano. Es como si las conjeturas formuladas por el cuervo me indicaran que la profecía está por cumplirse aunque yo no quiera. 

Clarividente no soy, y sin embargo una advertencia tras otra resuenan en mis oídos. Y mientras yo me detengo a observar al cuervo, él me lanza una mirada vacía porque se ha dado cuenta que yo no deseo ni ninguna larga explicación ni ninguna advertencia de ningún cuervo.

El cuervo levantó vuelo molesto. Se alejó de mí al darse cuenta que yo sigo confundiendo lo razonable con lo irrazonable por más que yo no quiera. 

- ¡Eres un caso perdido! - graznó desde lo alto el cuervo mientras yo me hacía la pregunta dubitativamente si mi persistente locura me sigue entusiasmando como antes porque la verdad, siento que mi verdad (ésa que no es entendida por muchos) me abate más de la cuenta aunque yo pretenda no darme cuenta que la advertencia del cuervo es muy cierta.


MARiSOL






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