lunes, 1 de mayo de 2017

La rendición


Hoy día se me cruzó en mi camino, en una calle de la vida, la rendición. Luego de mirarme, me preguntó amigablemente si yo también la quiero evitar. Mmm... como yo no quería ser antipático, le dije que me perdonara pero como para mí ella es un poco fatalista, por este motivo, no tengo ganas de hacer amistad íntima con ella porque de lo contario yo, quien soy el progreso, no haría ningún esfuerzo por mejorar o cambiar las cosas, sobre todo las cosas o situaciones que me molestan o incomodan.

- Pero, te equivocas. Yo no soy fatalista como muchos piensan de mí - me corrigió la rendición y luego seguidamente me hizo saber que si bien ella puede tener una connotación negativa que implica incapacidad de poder responder a las pruebas que nos pone la vida, tampoco ella significa derrota, letargo o renuncia como muchos piensan.
Si bien lo que me dice no me convence del todo, me gusta su tono de voz. Es cálido y habla con elegancia. Decido seguirla escuchando. Tengo la impresión que algo revelador me dirá. Y mientras yo la miro como esperando a que ella me siga hablando, la rendición toma la palabra y me hzo saber que, en realidad, ella es diferente a lo que yo pienso.
- Esto haz de explicármelo mejor porque como el progreso que soy, yo te veo con otros ojos. No te desprecio, pero prefiero mantenerme alejado de ti porque te considero pusilámine, temerosa, dubitativa y con falta de coraje. Y esto a mí no me sirve de nada, sobre todo, porque yo represento a la imagen de desarrollo, de una mejora o de un avance. ¿Entiendes? Mi voz guardaba un dejo de arrogancia.
La rendición, a pesar de no sentirse entendida, siguió hablando:
- Hace un momento te dije que yo no soy lo que tú crees, que soy diferente. En realidad, yo ni soporto pasivamente cualquier situación que se me presente y no hago nada al respecto, ni tampoco dejo de hacer planes porque mi positivismo no lo dejo de lado.
- ¿Eh? No te compares conmigo - le dije un poco fastidiado a la rendición.
- No tengo ninguna intención de compararme contigo. Lo que pasa que es que, como la rendición que soy, yo cedo y no me opongo al flujo de la vida. ¿Me entiendes?
 - Mmmm ... Explícate mejor, por favor - le dije un tanto curioso. 
La rendición animada por mi curiosidad me hizo saber que muchos no entienden que el flujo de la vida es el ahora, el presente. Y lo mejor es saberlo aceptar incondicionalmente, tal como viene sin ningún tipo de reparos. Muchos no se dan cuenta que lo mejor es renunciar a la resistencia interna, porque resistirse internamente es decir "no" a lo que es, sobre todo, cuando uno mezcla su juicio mental con los sentimientos negativos. El dolor, frustración y sufrimiento hacen nido entre las demandas y la expectativas, muchas veces rígidas, de la mente.
- Pero, es normal sentirse así cuando las cosas van mal, cuando uno no consigue lo que quiere ¿no te parece?  - le espeté secamente.
- Pues, te equivocas - dijo la rendición y continuó hablando - Cuando las cosas van mal, lo mejor es rendirse, pero para eliminar, de esta manera, el dolor, frustración o hasta sufrimiento. Mira, si uno acepta el momento presente,  con sus reveces, porque normalmente no todas las cosas salen como uno quiere, entonces, lo mejor es aceptar sin poner resistencia al ahora. Esto no significa que hay que dejar de emprender acciones  para llegar al éxito deseado. La rendición pertenece al momento presente y luego uno debe continuar emprendiendo el camino deseado o cambiar de ruta, de ser necesario.
Después de un ratito, comencé a entender. Así que le dije a la rendición que la había confundido con la resignación. Craso error de mi parte. Ahora me doy cuenta que la rendición es sólo momentánea mientras que la resignación no tiene tiempo de caducación, puede ser eterna. Al darme cuenta que la rendición era mejor que la resignación le ofrecí mi amistad.
MARiSOL 
 

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