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viernes, 10 de enero de 2025

Haciendo equilibrio


Lo imposible desea lo que no se puede, quizá porque, cual fanáticos de lo prohibido o impensable, nos refugiamos en la sensatez... esa palabra vestida de cordura y prudencia que sopesa las consecuencias antes de actuar porque en la vida no hay premios ni castigos, sino consecuencias. ¿Será cierto que la violencia jamás resuelve conflictos, ni siquiera disminuye sus consecuencias, muchas veces, dramáticas?

Mientras la sensatez va haciendo equilibrio entre el decir y el hacer, entre el pensar y actuar, entre el realismo y la utopía, entre el llanto y la risa, entre el lamento y la alegría, entre la seriedad y el buen humor y entre el trabajo y el descanso, la irracionalidad e irresponsabilidad o falta de juicio y razón no sólo tiene al mundo de cabeza, sino a mí y a ti también, querido lector. Sinceramente, ninguno de nosotros está libre de actuar de manera imprudente e irreflexiva. A veces, actuamos como un conductor insensato que se pasa el semáforo en rojo sin pensar en un posible accidente mortal porque pensamos que no nos va a pasar nada a nosotros, pero a otros, sí. Craso error.

¡Ay! Mientras veo como la cordura y la prudencia van haciendo equilibrio dentro de mí, trato de evaluar correctamente los riesgos de vivir sin sensatez, sin madurez o de manera irracional o no poder pensar con lógica aunque yo, sinceramente, actúo más por intuición porque no sé si estés de acuerdo, querido lector, pero la lógica es buena para razonar, pero mala para vivir. Es como aquel lógico desequilibrado que se afana por aclararlo todo y todo lo vuelve confuso mientras el místico, en cambio, consiente en que algo sea misterioso mas no confuso para que todo lo demás resulte explicable. 

Otra vez me veo haciendo equilibrio entre lo explicable e inexplicable. Y es que la ciencia, a pesar de sus progresos increíbles, no puede ni podrá nunca explicarlo todo... ese todo que me recuerda que soy lo que desconozco que soy mas soy todo lo que no sé. Y tú, querido lector, también te encuentras haciendo equilibrio como yo, me imagino. Por lo pronto, me balanceo entre mi mundo interior y mi mundo exterior... ése que, muchas veces, no me gusta y que, por momentos, me desagrada profundamente. Mi lista de reclamos es interminable. La tuya, seguramente, también, querido lector.

Quejarme no quiero y, sin embargo, me veo haciendo equilibrio entre mi destino y mi libre albedrío. Quizá lo que a todo ser humano como tú o yo le resulta difícil de aceptar el equilibrio de esa contradicción... ésa que me resulta más fácil al pensar en un mundo sin creador que en un creador cargado de todas las contradicciones del mundo como la negación y afirmación que se enfrentan una a la otra y recíprocamente se destruyen, sobre todo, cuando entre las palabras y los hechos hay discrepancia mientras, a través de nuestras historias de vida, vamos haciendo equilibrio ... ese equilibrio que es fundamental para nuestra salud física, emocional y espiritual mientras intentamos vivir lo mejor que podamos nuestro presente, respetando nuestra pasado (así éste no haya sido del todo bueno) para poder avanzar hacia nuestro futuro. Es así como me veo haciendo equilibrio entre mis tres tiempos porque no es el tiempo lo que se nos da a mí o a ti, querido lector, sino el instante porque con un instante dado, a nosotros nos corresponde hacer el tiempo mientras, entre nuestros éxitos y fracasos, entre nuestros inseguridades y miedos, vamos haciendo equilibrio.

Y ya para terminar, ¿te has puesto a pensar, querido lector, que el miedo es el sentimiento antagónico al amor? Si bien, el miedo puede funcionar como aviso de situaciones peligrosas para nuestra supervivencia y ser una alarma que nos da nuestro instinto más animal, el miedo hecho de estructuras mentales es simplemente manipulación, engaño y poca lucidez. Por este motivo, aunque el mundo nos produzca temor, horror, aprensión, desilusión y vayamos de sobresalto en sobresalto con tantas malas noticias, regalemos amor, en caso te ames bien a ti mismo, querido lector. Házlo con valentía y confianza. Y sobre todo, sin dudarlo y sin estar tú, entre estas dos lindas palabras, haciendo equilibrio.

MARiSOL


miércoles, 26 de abril de 2017

La trascendencia de Helena

 


Helena salió a pasear en una noche clara de luna llena mientras hacía equilibrio sobre su propia vida y le echaba una mirada al cielo pintado de estrellas. Hacía un rato atrás que había visto en televisión un documental de astronomía que le había impresionado mucho ya que en éste se mostraban a los telescopios más potentes de la Tierra; hasta la fecha se han conseguido detectar mil millones de galaxias. ¡Increíble!

A Helena lo que  más le impresiona no es tan sólo imaginar la cantidad astronómica de galaxias existentes en el universo, sino es, más bien, la imponente infinitud del espacio mismo, su profundidad y quietud lo que hace que éste se muestre en toda su magnificencia. Y, sin embargo, es un gran vacío. 
- No hay palabras para describirlo usando sólo nuestra mente - piensa ella. 
Y mientras Helena alza la mirada al cielo estrellado, se pregunta si no será que ese gran vacío con su millones de galaxias es, en realidad, el cuerpo de Dios y esa quietud no se manifiesta tan sólo en el universo, sino, más bien, dentro de cada uno de nosotros porque éste se muestra inmenso en su profundidad más no en su extensión.  

¡Ay! ¿no será que el tiempo y el espacio son sólo una ilusión? Helena mientras hace un esfuerzo por no caer al vacío de sus inseguridades, dudas y preguntas, piensa que el tiempo es la infinitud y el espacio la eternidad que se muestran dentro de uno. ¿No será que aquí se encuentra el quid del asunto? Y mientras Helena sigue haciendo equilibrio trata, no de manera racional, sino, más bien, usando su corazón abierto al mundo,  de entender que el espacio es  no sólo un reino inmóvil y muy profundo, sino que también el tiempo es la conciencia del eterno ahora.

Yo, por mi lado, trato de entender a Helena. Siento que ella no sólo hace equilibrio sobre su propio mundo, sino que se encuentra a un nivel que yo no logro alcanzarla ni siquiera con mi vasta imaginación. Y mientras termino de escribir este cuento, el tiempo y el espacio  se ríen de mí, mas no de Helena,  porque me dan a entender que ellos no son importantes, sino me hacen saber que propósito de nuestro mundo, no está sólo en el mundo mismo, sino en su trascendencia ... esa trascendencia que está más allá del mundo natural.

Desde su trapecio Helena me sonríe porque empiezo a entender, quizá porque por un segundo he salido de mis propios límites mentales. Quizás algún día logre trascender porque lo trascendente está asociado a lo inmortal y a lo esencial. La verdad que me encuentro a años luz de mi propia iluminación  y del esplendor luminoso de la luz incolora del vacío porque pongo resistencia a pensar en lo que, para mí resulta ser inentendible, por el momento. 

Y mientras yo ya no quiero escribir más de este tema, Helena sigue haciendo equilibrio. Ella mientras se balancea cuidadosamente y en silencio absoluto se da cuenta que ella se encuentra más cerca que yo de abrir, poquito a poco, el portal a otra dimensión (¿dónde Dios se encuentra?), sobre todo, cuando ella se esfuerza de aquietar su mente porque sólo hay ruido dentro de ésta. 
- Mejor dejar de pensar y más bien sentir - se dice a sí misma Helena mientras su corazón sonríe complacido. 
Tal vez, deba hacer lo mismo que ella para poder atravesar mis propios límites mientras hago equilibrio, por el momento, para no caer al vacío de mis dudas, inquietudes y preguntas.

MARiSOL





viernes, 21 de enero de 2011

Haciendo equilibrio

http://data6.blog.de/media/797/4608797_62fdfe523c_m.jpeg

- "Enciéndeme la luz para no ver mi propia oscuridad" - le digo a la luna en voz alta.
La luna me mira atentamente  y luego me responde:
- Aunque en este momento vivas entre tinieblas y creas que la vida es un gran sinsentido, piensa que solamente la esperanza te salvará de caer al abismo. Tienes que aprender nuevamente a hacer equilibrio entre tus emociones. No te olvides que tú eres una muy buena acróbata.
- Siento que desde hace tiempo me encuentro como en la cuerda floja. Mi voz está temblando. No quiero seguir haciendo equilibrio entre la nada y el todo.
- Lo que pasa es que tus problemas actuales tienen la misma raíz: el miedo y esto te tiene paralizada - me responde la luna. No es un reproche. Es una verdad.
Me quedo callada. Bajo la mirada avergonzada.
- No te hagas esclava del miedo - me dice la luna y luego continúa hablándome - Tienes que volver a realizar tus lindas piruetas. Tú sabes muy bien que la acrobacia implica equilibrio, agilidad y coordinación.
- Sí, es verdad - le contesto nerviosa. Pero, la acrobacia de la vida me está resultando muy difícil dominarla. 
La luna se queda pensativa un momento y luego me aconseja:
- La vida está llena de muchos riesgos, pero tú tienes que ver si deseas solamente seguir haciendo el mismo número, el de balancearte con tu paraguas sobre una cuerda o si prefieres aprender a hacer otro tipo de número acrobático.
- ¡Uy! No creo que podría ser capaz de hacer algo diferente. Siento vergüenza.
- ¡Claro que sí eres capaz! - contesta la luna riendo. No te olvides el dicho "quien no arriesga, no gana" Además, debajo tuyo hay una red que te espera. ¿Qué de malo  te puede suceder?
- Que se rompa la red. - le contesto irritada. La idea me perturba.
- ¡Ay! - suspira la luna. Si piensas así, desde ya tienes rota la red. Por lo que veo me encuentro, en este momento, delante de una acróbata pesimista. Así no puedes seguir balanceándote, querida. Cualquier número tuyo está condenado al fracaso si sigues pensando de esta manera. Tienes que volver a recuperar la confianza en ti misma y las ganas de decirle "Sí" a la vida. Sinceramente no te reconozco.

Después de escuchar a la luna, me doy cuenta que ella tiene razón. Vergüenza ya no siento, más bien rabia de mi cobardía.  Decido dar el primer paso... no lo pienso dos veces y salto.  Y mientras la luna me aplaude por la decisión tomada, la red me envuelve en sus brazos y me susurra al oído: ¡Bienvenida! Te echaba de menos mi querida acróbata. Si quieres renovarte, prueba un nuevo número acrobático. Yo estoy aquí para apoyarte.
Sonrío agradecida porque he logrado saltar sobre mi propia sombra.


Marisol


La imagen es del fotógrafo Michael Meier (1970)
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