viernes, 14 de noviembre de 2014

Pérdidas

 


Mientras Berta se daba cuenta que había perdido su celular por segunda vez en el lapso de medio año, su vecino José se preguntaba dónde había dejado sus llaves del auto; no las encontraba por ninguna parte. ¿Las habría perdido? No. Yo veo que a él se les ha caído detrás de un baúl colocado cerca de la puerta de entrada de su casa. 

Seguí observando... ¿Y qué pasaba con Miguel, vecino también de Berta y José? ¡Ah! Sé que él ha perdido la cabeza por Elena, una guapa amiga de su mujer Carlota, con la quien está casado desde hace más de quince años. Y Carlota, que no está ciega a lo que siente su esposo por su mejor amiga, está por perder la paciencia, pero lo disimula a regañadientes porque ella no quiere perder su "status - quo". Y es que Carlota no está dispuesta a perder ni sus comodidades ni sus lujos a los cuales ella está acostumbrada. Y, sin embargo, yo veo que ella está perdiendo su dignidad aunque no lo quiera reconocer. En fin, yo no me meto. ¿Y qué pasa con la mejor amiga de Carlota?  Pues, Elena está feliz de ser la amante de José. Y es que desde que Elena perdió veinte kilos de peso, los hombres la miran más. Y como a José se le fueron los ojos por ella y a ella él le gusta, ambos no pierden el tiempo en darle alegría a sus cuerpos. 

Seguí observando en silencio... Ví que sobre la misma cuadra donde viven Berta, José y Carlota (Elena vive en otro distrito),  hay una vecina ya anciana, llamada Nancy, a la cual conozco. Pero, ¿qué le pasa?, ¿por qué ella ha perdido el brillo de su mirada? Al verla tan abatida, decidí bajar del campanario de la iglesia y me acerqué a su casa. Toqué el timbre. Nancy me abrió la puerta con los ojos llorosos. Nos abrazamos.
- ¡Ayúdame a encontrar mi fe! Se me ha perdido y no la encuentro - me dijo mi amiga muy inquieta.
- Bien sabes tú que la fe es la fuerza de la vida - le hice recordar a Nancy.
- Lo sé. Pero se me ha perdido, querido amigo - me dijo ella y siguió hablando - Mi fe salió de esta puerta hace unos días atrás. Y desde que la he perdido, me siento fatal. Por este motivo te pido que me ayudes a traerla de regreso a mi casa. 
La escuché en silencio. Después de abrazarla, le prometí que  cumpliría con su deseo. Sabía dónde encontraría la fe de Nancy. Nos despedimos. Al rato le volví a tocar el timbre. Nancy me abrió la puerta desconcertada preguntándome si yo había olvidado algo o perdido algo en su casa. Le contesté que no y luego de batir mis grandes alas le dije:
- El problema tuyo es que tu fe la has perdido porque la racionalizas demasiado. Tu fe ni te ha abandonado ni se ha perdido por ahí. Lo que pasa contigo es que tú tienes la falsa idea que tu fe ya no tiene nada que decirte.
Nancy me miraba en silencio. 
Seguí hablando... 
- Tu fe se encuentra viviendo en tus dudas. No la reprimas, déjala estar dentro de ti. Tu fe vive dormida en ti. Es hora que la despiertes.
-  ¿Cómo? - me preguntó Nancy.
-  Dejando tu orgullo de lado - le contesté - Vuelve a alimentar tu espíritu con grandes pensamientos, mejor dicho, sentimientos, porque la fe no es ninguna ciencia. La fe es amor. Tienes que volver a reconquistarla. Nancy me entendió.
Al salir de casa de Nancy, yo sabía que no había perdido mi tiempo.


MARISOL 

 



Imagen sacada de Bing

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