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lunes, 23 de marzo de 2026

Tiempos convulsos

Actualmente vivimos en una era marcada por la incertidumbre, donde los cambios se suceden con una rapidez que a menudo desborda nuestra capacidad de adaptación. Los llamados “tiempos convulsos” no son sólo una etiqueta para describir crisis aisladas, sino un estado casi permanente en el que lo político, lo social y lo emocional se entrelazan cada día en una tensión constante.

En estos periodos, las certezas se erosionan. Lo que antes parecía estable, como por ejemplo: las instituciones, las normas, incluso las relaciones humanas, comienza a tambalearse. La información, sobre todo, por el internet, fluye sin descanso, pero no siempre aporta claridad; más bien, en ocasiones intensifica la confusión. Las voces se multiplican, los discursos se polarizan y la sensación de estar desorientados se vuelve compartida. Yo me pregunto hacia adónde nos dirigimos. ¿Hacia el abismo?

Sin embargo, los tiempos convulsos también revelan la naturaleza profunda de las sociedades. Sacan a la luz tanto sus fracturas como su capacidad de resiliencia. En medio del caos emergen gestos de solidaridad, nuevas formas de pensar y la oportunidad de cuestionar lo establecido. Es en estos momentos cuando yo me replanteo mis valores morales, decido qué conservar y qué transformar. 

Si bien la historia universal demuestra que ninguna etapa de turbulencia es eterna, esta vez percibo nuestro presente tan inestable que no veo un terreno fértil para el cambio. Por lo menos, no ahora. Más bien veo que este terreno está tan minado de odio, fanatismo religioso y crueldad que todo sentido crítico, empatía y responsabilidad como que han desaparecido de la faz de la Tierra.

Así, en estos tiempos convulsos, lejos de ser únicamente una gran amenaza no sólo para los países actualmente involucrados, sino también para todos, quiero creer que toda esta terrible situación bélica que se da en distintos puntos de nuestro planeta puede convertirse, finalmente, en una invitación para dejar los egos de lado para así poder reconstruir, comprender y, en última instancia, reinventar el rumbo colectivo de la humanidad. Así lo espero...

                          MARiSOL 


sábado, 14 de marzo de 2026

Doña Venganza y Don Odio



 
En un pueblo olvidado entre altas montañas vivían dos vecinos muy peculiares: Doña Venganza y Don Odio. Nadie sabía exactamente cuándo habían llegado, pero todos sabían que cuando uno aparecía, el otro no tardaba en hacerlo también.

Doña Venganza era elegante y paciente. Siempre caminaba despacio, con una sonrisa fría, esperando el momento perfecto para “devolver” cualquier ofensa. Decía con orgullo:
—La justicia tarda, pero yo nunca olvido.

Don Odio, en cambio, era impulsivo y ruidoso. Sus pasos eran pesados y su voz fuerte. Donde él pasaba, las discusiones crecían como fuego en un campo seco.
—¡No hay que esperar! —gritaba—. ¡Hay que responder con más fuerza!
 
Un día discutieron frente a todo el pueblo.
—¡Sin mí, tú no existirías! —gritó Don Odio—. Yo enciendo el corazón de la gente.
—Puede ser —respondió con calma Doña Venganza —, pero yo soy quien hace que el fuego nunca se apague. Y luego se rió.

Mientras ellos dos discutían, las personas del pueblo comenzaron a pelearse entre ellas. Viejos amigos dejaron de hablarse, muchas familias se separaron por cualquier pequeña ofensa dejándola crecer hasta convertirla en algo enorme e imparable. Pues bien, entre la multitud había una niña que observaba todo en silencio. 
 
Cuando vio que el pueblo estaba casi destruido por las peleas, se acercó a los dos.
—Tengo una pregunta —dijo la niña con voz suave.
—¿Cuál? —preguntaron ambos.
—Si ustedes dos ganan, al final ¿quién pierde?
Doña Venganza y Don Odio se miraron y constataron que las casas estaban cerradas, los amigos estaban distanciados, y la tristeza reinaba en todas partes.
Entonces la niña respondió sola:
—Ustedes dos se han dado cuenta que perdemos todos. No hay ganadores.
Don Odio bajó la cabeza por primera vez. Doña Venganza guardó silencio. Y ese día, por primera vez en muchos años, ambos se marcharon del pueblo aunque sabían que siempre podrían regresar si alguien volvía a invitarlos a su corazón.

Querido lector, ¿cuál es la Moraleja de este cuento? Pues, cuando el odio y la venganza prometen justicia o satisfacción, al final sólo dejan destrucción. Es así que quien aprende a perdonar, es capaz de romper el círculo vicioso para terminar devolviendo la paz.

                       MARISOL 
  

viernes, 19 de mayo de 2017

Las alas del ángel



Mientras mi corazón tiene la edad de aquello que amo, mi alma es aquello por lo que vivo, siento y pienso. Ambos van de la mano, son inseparables desde que me llegaron a conocer. Y mientras yo hago este comentario, los dos me miran aprobando mis palabras. Ambos son importantes para mí porque mientras mi corazón es como un niño que espera lo que desea, mi alma es como un pájaro con alas porque son mis ilusiones las que me sostienen para seguir volando en dirección a ti. 

Pues bien, como tanto mi corazón como mi alma saben que yo soy infinito, que seguiré existiendo más allá de la vida misma, me regalan esa sonrisa que vuela hacia ti, querido lector. Sí, no me mires extrañado. Ya te haré saber quién soy, pero, por el momento, te hago saber que mientras mi corazón es el que te habla con reloj en mano, mi alma te habla sin tiempo de por medio, porque yo soy eterno. ¿Y sabes por qué? Porque yo soy una fuente inagotable de reflexiones tan profundas como la eternidad misma, tan altas como el cielo infinito y tan grandiosas como el propio misterio del universo.

Bien, ahora te haré saber quién soy. Yo soy ese ser inmaterial o espiritual que Dios tiene señalado para protegerte. ¡Pónme el nombre que tú quieras! pero yo soy tu ángel de la guarda o tu ángel custodio.  Siempre estoy allí, a tu lado, aunque no me veas. Si bien me mantengo silencioso, estoy a tus servicios para protegerte, para envolverte con mis alas sin importar la religión que tú profeces, sea que ésta pertenezca al cristianismo, judaísmo, al islamismo o la que sea ...

Ahora que ya sabes quién soy, he de agregar que soy ese ser creado de luz, dedicado al servicio de Dios y mis tareas son: haberte introducido alma en tu cuerpo de recién nacido, recoger tu  alma cuando mueras, registrar determinados hechos de tu vida o para servirte de mensajero divino cuando sea necesario.

Y mientras yo ya me presenté ante ti, querido lector, el ángel caído (expulsado del cielo por desobedecer y rebelarse contra los mandatos de Dios) me miró envidioso porque se ha quedado sin alas. Se las arrancaron, hace mucho tiempo ya, entre varios ángeles para que nunca más pueda llegar a acercarse a Dios. 

Desde que el ángel caído se quedó en la Tierra haciendo de las suyas, tengo la enorme tarea (igual que otros seres de luz) de combatirlo porque él tiene la capacidad de reproducirse con su maldad por todas partes ... allí donde tú te encuentras. Por este motivo, te protejo con mi amor porque sólo mi amor es capaz de poderte sacar el odio de tu corazón que el ángel caído te ofrece, por momentos, a través de tu corta o larga vida. Por esta razón, te pido que te mantengas siempre abrazado a mí para que mis alas cubran tu corazón ... tu alma.

Antes de morir, Ana María le pidió a su ángel guardián que viniera por ella para no permitir nunca más que el ángel caído la llevara por el camino equivocado ... ese camino vestido de sombras vestidas de odio y rencor. Es así, como antes que Ana María dejara de respirar, se arrepintió de haber sido mala con mucha gente amiga y hasta con su propia familia. Su sincero arrepentimiento hizo que yo bajara del cielo para llevármela envuelta no sólo  por mis alas, sino con mi luz eterna.

MARiSOL







Imagen sacada de Bing

sábado, 4 de abril de 2015

El farol y la luna


En la calle donde yo vivo hay varios faroles, pero hay uno que me cae, en especial, bien antipático. Se trata de un farol que se encuentra al lado de mi casa; desde ayer que presume, delante de los demás faroles, que él es mucho más importante que la luna. 
Al escuchar la luna lo que este farol dijo le preguntó:
-  ¿Por qué me envidias y me odias?
El farol sorprendido que la luna le dirigiera la palabra contestó que odiaba las noches despejadas con luna llena porque así era él uno más del montón y no destacaba como ella puesto que su belleza y luz (de la luna) lo opacaba.
- Me das lástima - le dijo la luna y luego seguido le hizo saber que la envidia y el odio normalmente unen sus fuerzas porque necesitan perseguir con saña aquello que les causa malestar.
- Pues, ya lo sabes; tú eres el objeto que yo tengo en la mira. ¡No te soporto! - gritó el farol.
- A mí me va y me viene que tú me odies y me envidies - le espetó la luna y seguidamente le dijo que el odio y la envidia demuestran su falta de autoestima, su debilidad de carácter y su complejo de inferioridad.
Mientras el farol explotaba de la indignación, el fuego que llevaba dentro lo cegaba de la cólera.
La luna no dejándose intimidar le hizo saber que él no la podía perjudicar con sus palabras; más bien, al final, todo lo que él le podía increpar a ella iba sólo en su contra. Luego después le dijo:
- A mí me gustaría ser un farol como tú para estar más cerca de los seres humanos y escuchar lo que conversan cuando pasan delante mío. Me gustaría también sentir el calor, el frío, la lluvia y la nieve. Me gustaría ser limpiada y pintada. Pero yo estoy muy sola, mucho más que tú, y tristeza me da estar muy lejos de los seres humanos como para alumbrarlos más de cerca.
El farol no supo qué decir. Estaba sorprendido con las palabras de la luna. Acto seguido le preguntó: 
- Oye luna ¿tú me envidias aunque sea un poquito?
- Sinceramente no - le respondió muy tranquila la luna - Más bien yo diría que hay momentos donde me gustaría brillar pero de cerca y no de lejos como ya te lo hice saber. Además mi luz no es propia, es el reflejo del sol. No te olvides, farol. Por este motivo no te compares conmigo. No tienes necesidad ni de examinarme ni de analizarme ya sea para descubrir nuestras diferencias o semejanzas. Tú eres tú y yo soy quien soy. Así de simple. ¿Me entiendes? Y que te quede claro que tampoco te odio.
El farol se quedó pensativo, pero algo más fuerte que él lo empujaba a seguirla  envidiando y odiándola. No lo podía evitar. Definitivamente que el farol no sólo se encuentra muy por debajo de la luna, en todo el sentido de la palabra, sino que la luna se encuentra mucho más cerca de mi corazón y quizá, del tuyo también, querido lector. .


MARiSOL






Imagen sacada de Bing



jueves, 18 de febrero de 2010

Otra opinión

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La octogenaria de Olga Ottenberg  viuda de Opperman observa las olas del océano con sus ojerosos ojos.  Es obvio que a sus ochenta y ocho años Olga no pueda obstar que el ocaso llegue a la orilla de su vida otoñal.

Olga antes tiene que resolver algo de manera objetiva.... y aunque su nieto Oscar se oponga a su decisión y se obstine obsecadamente en ofrecerle ocasionalmente obsequios ostentosos, no obtendrá lo que quiere: la herencia total de su "Oma" (de origen alemán,  oriunda como el "Opa" de Osnabrück). La octava parte de los ocho millones de euros será repartida entre sus nietos: Octavio, Ofelia, Olga, Olimpia, Olivia, Olaf, Osvaldo y Oscar y sus hijos: Ornellia y Otto. Y el resto será donado a ONG's. Cumplirá el deseo de su esposo Ottfried (fallecido hace ocho años).

Olga no quiere ser más obediente ante Oscar. No lo odia, pero su amor se oxidó por el ocioso, omiso, oneroso, oportunista, opresor y orgulloso oligarca de su nieto. No le prestará más oídos a sus opiniones ominosas, a sus obsesivas objeciones y osadas órdenes, pues, la ofuscan, oprimen y ofenden. Obviamente Olga es todo lo opuesto a Oscar. ¡Ojo! Ella ocupa su tiempo en ofrecer ayuda  económica en diversos orfanatos y orienta sus obligaciones en organizar obras de caridad. 

Después de orar ante el océano y oxigenar su mente, un optimismo se apodera de Olga y le pide a su chofer Omar que primero la lleve al oculista, el Dr. Orellana, y después a la oficina de Orlando Orejuela, su notario, antes de que oscurezca. 

Olga sabe que Ottfried la está ovacionando desde la otra orilla... ¡Oh!

Marisol


He tratado de jugar con la letra "O"



VOCABULARIO
obstar: impedir
Großmutter: abuela (en alemán). Trato más familiar: Oma
Großvater: abuelo (en alemán). Trato más familiar: Opa
ominoso: abominable
omiso: negligente y descuidado 
oneroso: pesado 
opresor: que oprime a alguno
ovacionar: aplaudir



Imagen sacada de Bing