viernes, 21 de marzo de 2014

Ring, ring, ring

(Cuento de la vida real)



Martes 11 de Marzo 
¿Cómo poder explicar lo sucedido? Pues bien, estoy en casa de una amiga, por la tarde, cuando suena mi móvil. Lo saco de mi cartera y al ver el nombre de una tía querida en el display, me quedo sorprendida. Es llamada de larga distancia. Luego se corta la comunicación. ¿Eh? A los dos minutos vuelve a sonar mi móvil. Digo "Aló" pero nadie me contesta; sólo escucho un Ring, ring, ring.  Un teléfono fijo suena en el fondo. Luego escucho que su esposo, mi tío, dice: 
- ¡Hola! ¿Quién es? ¡Hola!
Alguien habla al otro lado del hilo telefónico. Es una voz femenina pero no entiendo lo que ella dice.
- Sí, es lo que debes haber oído - responde mi tío. Luego prosigue hablando - Y eso es .... nada. Se fué. Estaba mala, malita. Tenía un montón de cosas. Esto vino, de repente, como un bombazo y ya está.... Yo corté la comunicación. Temblaba.

¿Qué pasaba? En el fondo sabía que algo sucedía, pero en ese momento no registré bien la dimensión del mensaje recibido. Intrigada por esta extraña llamada, que no estaba dirigida a mí, sino que era registrada por mi buzón de móvil, mandé un mensaje vía WhatsApp a mi tía, ya que era su móvil el que se había conectado con el mío para que ella me explicara, en primer lugar, la llamada en sí, y, en segundo lugar, para saber quién estaba enferma. ¿Por qué yo tenía que oir una llamada que no me correspondía escuchar? Y, sobre todo, de alcance internacional de móvil a móvil. Al regresar a casa llamé de mi teléfono fijo al teléfono fijo de mis tíos. Daba ocupado. No insistí más. Llamaré mañana - me dije.
  
Miércoles 12 de Marzo
Como ese día tenía que resolver un problema de carácter familiar y me tomó toda la mañana resolverlo, no llamé a mis tíos. Luego preparé el almuerzo y salí rápidamente en bicicleta a mi clase de gimnasia. Al llegar a casa me puse a escribir Haikus. Uno de mis pasatiempos favoritos. Se me pasó el tiempo.Y cuando me dí cuenta de la hora, pensé en llamarlos al día siguiente.


Jueves 13 de Marzo
Este día estuve buscando una información importante en internet, haciendo citas médicas y otras cosas más. Como quedé agotada, no tenía ganas de hablar con nadie. Pospuse una vez más la llamada.


Viernes 14 de Marzo 
Amanecí intranquila. Antes que yo llamara a España, mi tío se me adelantó. Me quedé paralizada con la noticia. Mi tía querida se había ido de este mundo, con sólo 66 años, el lunes 10 de marzo. Su funeral e incineración fué el miércoles 12. Supe que estuvo bien concurrido.

En ese momento sentí que se me abría el piso. La voz de mi tío la sentía lejana. Mientras sentía un nudo en la garganta, mi cerebro rápido me llamó al orden y me dijo: Tu tía había estado pidiendo, en esa llamada extraña, que tú te comunicaras con tu tío, lo más pronto posible con él, porque ella lo veía muy triste y solo. Al contarle a mi tío de la vivencia hecha con mi móvil y con el móvil de mi tía, él se emocionó.

Hace un rato que termino de hablar con mi tío. Me cuesta todavía asimilar la partida inesperada de mi querida tía. Fué la fuerza de su amor lo que la movió a enviarme una señal. Si bien en su momento no la entendí, después, sí. Ahora no sólo puedo explicar lo sucedido, sino que estoy orgullosa de mi tía porque ella no quiso que ni yo ni mi familia nos enteráramos que ella tenía cáncer en estado avanzado. Y pensar que ella me apoyó, desde la distancia, con sus palabras sabias para darme fuerza cuando yo estuve haciendo mi quimioterapia y radioterapia. Y también después... si hasta hace pocas semanas atrás habíamos conversado. ¡Imposible poderte olvidar, tía querida!

MARISOL




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miércoles, 19 de marzo de 2014

El faro y la ola gigante

- Nunca le he tenido miedo ni a las olas chicas ni a las olas grandes - dijo para sí el faro en voz alta mientras gaviotas volaban cerca de él. Al escucharle decir esta frase, las gaviotas le contaron a una ola gigante que reventaba con fuerza delante del faro lo que él había dicho hacía un ratito atrás.

La ola gigante molesta que el faro no sintiera miedo ante su bravura gritó diciendo:


- ¡Ey, tú, viejo faro!  ¿Por qué no me temes? ¿Acaso estás ciego para no ver lo poderosa que soy? Soy casi tan grande como tú. Y si me da la gana puedo llegar a ser más grande que tú.
- Pues, bien por ti. ¡Mira! yo no tengo nada que perder - le respondió el faro con voz cansada.
La ola se quedó desconcertada con la respuesta del faro. No tenía ninguna gracia meterle miedo a un faro viejo y cansado. Pero con tono altanero le preguntó al faro el por qué no tenía nada qué perder. No entendía su respuesta.
- Es muy sencillo - respondió el faro muy tranquilamente. Desde que ya no estoy más en funcionamiento me he quedado solo y sin luz. Un faro nuevo ha sido construido no muy lejos de aquí. Y yo soy inservible desde hace un par de meses atrás. No falta mucho para que me demuelan los hombres que me dieron vida. 
- ¡Qué mala suerte que tienes porque tú podrías estar en funcionamiento todavía!, ¿no es cierto? - le dijo la ola en tono sarcástico. Ja, ja, ja. Ninguna lástima sentía por el faro.
- Así es - contestó el faro y continuó hablando tan tranquilo como antes - Algo que me gustaría decirte, ola gigante, es que con la vejez uno aprende a esconder los fracasos como en mi caso, pero en el tuyo, tú como ola joven e inmadura tendrás que aprender a soportar los fracasos como éste.
-  ¿Eh? Qué dices? - le contestó la ola gigante rabiosa.
- ¿Si te dijera que yo soy más fuerte que tú me creerías?  - le preguntó el faro a la ola mientras le regalaba una sonrisa sabia.
- Mmmmm.... creo que te equivocas en dar esta opinión. Es todo lo contrario. ¡Yo soy más fuerte que tú! - le respondió en tono arrogante la ola gigante  y muy segura de su respuesta.
- Pues, tengo que defraudarte porque si bien la fuerza, como la tuya, es la que reina en el mundo, en todo caso, es la opinión, como la mía, la que hace uso de la fuerza para hacerte callar.
- ¡Faro estúpido! ¡Te detesto! - gritó histérica la ola gigante.
El faro sólo sonrió nuevamente ante los embates de la ola gigante. No estaba dispuesto a que la crueldad de aquella ola lo destruyera.

Hace pocos días me enteré que el faro va a ser remodelado porque un pintor de unos setenta años, viudo y solitario lo ha comprado. Sus hijos y nietos están fascinados con la idea. Le han prometido de ayudarle a hermosear al faro. Lucirá tan joven o más que la ola gigante. Y yo tengo ganas de visitarlo aunque no le tema a las olas chicas, pero a las grandes, sí.

MARISOL

 

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lunes, 17 de marzo de 2014

El regreso del cangrejo

 
Toc Toc. ¿Quién podrá ser? pensó Nancy y al abrir la puerta de su casa  se quedó de una pieza. ¡Ay! Era el cangrejo. Allí estaba él mirándole fijamente.


-  He venido a hacerte una visita - le dijo el cangrejo seriamente.
- Pero, yo no te voy a dejar entrar  - le respondió agitada Nancy y respirando hondo después le dijo - Hablemos afuera, mejor. No quiero que nadie de mi familia se entere que tú te encuentras aquí nuevamente.
- Muy bien - le dijo el cangrejo. Nancy cerró la puerta tras de sí y salió al porche. Le temblaba todo el cuerpo. 
- Como verás - le dijo el cangrejo - Tenemos aún un asunto pendiente.
- ¡No! - Que yo sepa tú y yo quedamos en que tú nunca más regresarías - habló Nancy en voz baja pero con rabia.
- En realidad, yo  te dije que te dejaría en paz si tú no hablabas mal de mí - le dijo seriamente el cangrejo. Y ayer rompiste tu palabra.
- ¡Perdóname! - le contestó Nancy nerviosa
- Ayer escuché que le dijiste a una amiga, que te visitó por la tarde, que no se preocupara por ti porque yo había muerto en combate contra ti hacía tiempo y te reíste fuerte. Molesto estaba el cangrejo.
-  ¿Cómo pudiste escucharnos? Yo pensé que vivías lejos y que nunca más te volvería a encontrar - le dijo Nancy nerviosa.
- Pues, te equivocas. Yo rondo tu casa desde que nos conocimos. Y ayer mientras pasaba cerca de ésta, escuché la conversación entre tu amiga y tú. Estuvieron aquí sentadas afuera en el porche conversando animadamente. Y como no me gustó lo que dijiste de mí, ahora vengo a demostrarte que la que va a perder el combate, tarde o temprano, serás tú, te guste o no - siseó el cangrejo. Sus ojos los tenía clavados sobre ella.
- ¡Perdóname, nuevamente! No volveré a decir nada en contra tuyo - le suplicó Nancy. Su fortaleza se había desvanecido por completo.
- ¡Mira! Vendré de nuevo sin previo aviso, igual que ahora. Sólo que para la próxima vez no vendré solo, sino acompañado por otros cangrejos. Todavía no sé cuántos estarán junto a mi lado.
- ¡No! ¡Por favor! La voz de Nancy se comenzó a quebrar como un pedazo de madera podrido. Sabía que el cangrejo hablaba en serio.
- Si te resistes a mi próxima visita, vendré más rápido de lo que te imaginas, pero si no opones resistencia, te dejaré un buen tiempo tranquila y decidiré en qué momento te toco nuevamente la puerta.
- ¡Está bien! Tú ganas - dijo entre lágrimas Nancy.
- ¡No, señora! El combate todavía no lo he ganado. Éste lo ganaré llegado su momento. ¡Ah! Por ahora, disfruta de la vida, de tu familia y amigas. Vive intensamente, Nancy. Y después de decir estas palabras el cangrejo se fué silbando.
Nancy después de escuchar las palabras del cangrejo avisó a su familia que se iba un rato a caminar por la playa. Ella no solamente quería llorar a solas, sino que ella quería pensar en algún plan de combate. ¿Lo ganará? Esperemos que sí. 

MARISOL 

 

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viernes, 14 de marzo de 2014

El pájaro azul

Érase una vez un pajaro azul que se lamentaba de todo. Se ponía de mal humor si llovía mucho y lo mismo si había mucho calor.
¿Qué le pasaba?  Pues, daba la impresión que nada le gustaba.

Un día de lluvia mientras el pájaro azul tomaba agua de un estanque, el agua le habló:
- Me da la sensación que tu insatisfacción en tu vida personal es tan grande que esto hace que tú estés siempre enojado.


El pájaro azul retrocedió asustado. Las palabras del agua del estanque las tenía clavadas en su pecho. Le dolían mucho y por este motivo, el pájaro azul se quedó mudo del susto.
El agua volvió a hacerle la misma pregunta por segunda vez. El pájaro seguía mudo. A la tercera vez, el pájaro azul le contestó, mejor dicho, le hizo una pregunta:
- Pues, ¿acaso yo no tengo derecho a quejarme si algo no me gusta?
- Veo que te niegas a darme una respuesta  - le dijo el agua.
- Tú, ¿no te quejas nunca? -  le respondió de esta manera, con otra pregunta, el pájaro azul.
- Te pregunto por última vez - le dijo el agua. ¿Por qué te quejas tanto?
El pájaro azul, después de contemplarse largamente en el agua del estanque le respondió, por fin, a su pregunta:
- Sinceramente no lo sé - respondió el pájaro azul desconcertado de su propia respuesta.
- La única manera para que otros pájaros se acerquen a ti es que cambies de actitud ante la vida - le respondió el agua del estanque.
- ¿Qué debo hacer para que otros pájaros se acerquen a mí sin miedo? La verdad que no quiero sentirme rechazado.
- Entonces, modera tu tono de voz. No grites por gusto. Y, sobre todo, no pienses en negativo ni generes conversaciones negativas que no conducen a ninguna parte. Tu forma de ser espanta a cualquiera porque se te conoce también como chismoso, aparte de criticón. Es lamentable que te dediques a ser juez implacable de los demás pájaros. La voz del agua del estanque estaba tranquila y segura de lo que decía. 
- Sí, pero .... - dijo el pájaro. No terminó de decir la frase porque el agua del estanque lo interrumpió.
-  ¡Basta de excusas! Tu forma de ser espanta a los otros pájaros, ¿no te das cuenta? Por este motivo, tú estás solo y amargado.
- ¿Y qué hago para sentirme aceptado por los demás pájaros? - le preguntó suplicante el pájaro azul.
- Es muy sencillo lo que te pido - le respondió el agua del estanque. Sería bueno que desde ya lo pongas en práctica. 
 - ¿Qué es lo que debo hacer?  El pájaro azul ansiaba escuchar una respuesta adecuada que lo ayudara ser mejor pájaro.
- Si tus problemas tienen remedio ¿por qué te quejas? y si no los tienen, entonces, ¿por qué te quejas?
Al escuchar esta respuesta del agua del estanque, el pájaro azul se quedó pensativo.  Desde ahora él quería crear una mejor realidad aunque en ella existieran problemas. Se dió cuenta que aunque le resultara difícil sacar las quejas de su vida, sabía él que tenía que aprender a liberarse de sus pesares sin quejarse tanto ante la vida. La vida sonrió agradecida. Y yo también.

MARISOL

 

jueves, 13 de marzo de 2014

El sueño dormido


- Es en la noche que despiertan los sueños - me dice la luna a modo de saludo. Nos volvemos a ver después de mucho tiempo.
- Acaso, ¿los míos son sólo bagatelas? - le pregunto yo a  ella.
- No, ¡qué va! Mientras yo vea como tus sueños hacen malabares equilibrados sobre una cuerda tendida entre el mundo de la realidad y el de la fantasía, sabré que estás bien y que no me necesitas.
- Pero ¿y qué pasa si quiero vivir más en mi mundo de fantasía? 
- Gozar de la compañía de la fantasía es gratificante por un rato. Pero sólo por un rato, nada más - me dice seria la luna. 
- ¿Y por qué solamente por un rato? - le pregunto inquieta.
- Pues, porque no debes olvidar de tener por guía a la razón - me contesta la luna mirándome fijamente.
- ¿Quiere decir que si no me quiero reincorporar a mi realidad, estoy loca? La pregunta me sale como un disparo de mi boca.
- Sí. La respuesta de la luna es escueta pero su respuesta es la llave perfecta que logra abrir el cerrojo de mi pregunta.
- ¡Pero si vivo en un mundo de locos! - le digo agitada.
- ¡Mira! - me reta la luna.  Piensas de manera egoísta. La verdad que la locura y la cordura se encuentran muy cerca una de la otra. Se rozan, se tocan, pero no se aman. Tienen sus fronteras bien definidas. Te toca decidir en qué país quieres vivir. Tienes que definir tus normas morales, porque estar loco no es sólo un problema psiquiátrico. No te lamentes diciendo que vives en un mundo de locos. Es cierto que vives no solamente en un mundo hermoso, sino también en un mundo cruel. Por este motivo, tienes la obligación moral de colaborar con tu granito de arena para ayudar a los demás a vivir en un mundo mejor.
Mientras un pájaro, que me observa sentado en una rama de un árbol,  le da la razón a la luna, yo hago un esfuerzo por no caerme de la cuerda porque la luna me ha despertado un sueño que creía tener dormido para siempre. 

MARISOL



domingo, 9 de marzo de 2014

Bailando Swing con Morfeo


Entregarse a cualquier tipo de baile, sobre todo, de ritmos alegres, como el Electro Swing, nos levanta el ánimo. No sé si a ti, pero, a mí, sí. Ante esta magia musical comienza a bailar no sólo mi cuerpo, sino mi alma también porque siento que me elevo a otra esfera... esa esfera donde no existe ni maldad, ni preocupaciones, ni enfermedades; sólo un estado de éxtasis y felicidad completa.  Y aunque éste dure sólo un par de minutos, me dejo envolver por esta magia. Por este motivo, he decidido seguir bailando hasta caer rendida de cansancio en los brazos de Morfeo, el hijo del dios de los sueños y encargado de llevar el sueño a reyes y emperadores. Y aunque yo no sea ninguna reina o emperadora, sé que Morfeo vendrá por mí y me envolverá en sus alas silenciosamente para después llevarme volando velozmente al mundo de los sueños para bailar juntos toda la noche. Sé que él no me defraudará porque a él le gusta tanto el Swing como a mí.

Seguramente el Insomnio nos observará celoso, desde lejos, no sólo como yo bailo junto con Morfeo, sino como después me voy a desvelar sobre su cuerpo. Más rabia le dará cuando vea despertarme no con grandes ojeras, sino con una gran sonrisa en mi mirada vestida todavía de Swing. 

Marisol






Lo que escuchas en el vídeo es música Electro Swing del DJ y productor musical austríaco Marcus Füreder alias Parov Stelar. Para mayor información puedes entrar a este enlace:

viernes, 7 de marzo de 2014

La puerta mágica


Raquel es una mujer que sufre de depresiones y soledad; sus hijos están ya fuera de casa y su esposo ya no la mira como antes ... cuando ese antes era más fácil de llevar... Pero no quiero hablar de los problemas matrimoniales de Raquel. Más bien, te quiero contar sobre algo que le ha sucedido a ella, hace pocos días atrás, cuando Raquel pasaba en bicicleta cerca de una casa abandonada, que queda cerca de la suya. Al ver la puerta abierta de esa casa, Raquel decidió entrar para saber qué sucedía. Quizás algún ladrón habría entrado de noche. Pero la casa está vacía, según los vecinos. Allí no hay nada para robar. Algunos vecinos dicen que allí penan y por este motivo la casa no se vende.

Pues bien, Raquel, al ver que el cerrojo de la puerta no estaba roto, se quedó intrigada. ¿Habría entrado algún vendedor de inmobiliaria con un cliente? Pero al no escuchar ni voces ni ruido alguno y ver que la casa estaba a oscuras porque las cortinas se mantenían cerradas, le pareció rara la situación. Y mientras Raquel llegaba a tientas a la sala, ya que no había luz eléctrica, se cerró suavemente la puerta a sus espaldas. Al cerrarse la puerta, comenzó a sonar  una melodía romántica tocada por un piano invisible y la oscuridad se volvió clara porque muchas velas se encendieron a la misma vez tanto en la sala como en el comedor. Ambos ambientes estaban llenos de muchas canastas de flores y una mesa hermosamente decorada esperaba a Raquel en el comedor. Allí se encontraba sentado un hombre un poco mayor que ella. No hablaba, sólo la miraba con ojos bondadosos. ¿Habría sido el dueño de la casa? Y mientras él le indicaba con un movimiento a Raquel que se sentara a la mesa,  de la cocina salió una señora mayor quien le empezó a servir sólo a Raquel. Parecía un ángel, pues estaba vestida toda de un blanco impecable. Sus movimientos eran precisos y respetuosos. Le regaló una sonrisa de bienvenida a Raquel. 

El silencio se rompió cuando el hombre habló:
- No quiero verte triste. Por tal motivo te he invitado a almorzar. Espero disfrutes de la comida. Su voz era cálida. Hablaba despacio.
- No sé si estoy soñando o si me he vuelto loca - dijo Raquel temblando. 
- Ni lo uno ni lo otro - le contestó el hombre.  Te quiero regalar este momento de paz para tu alma atormentada. Te mereces más aunque no lo creas. Acá te doy un espacio para que tú vuelvas a sonreirle a la vida. Entra todas las veces que quieras, pero sólo de día. De noche la casa se mantiene cerrada porque yo paseo por otro lado y allí yo no te puedo llevar. Es otro mundo. Inalcanzable, por el momento, para ti. Pero algún día lo llegarás a conocer, te lo prometo. Y allí me encontrarás. Seré uno de los primeros en darte la bienvenida. Ténlo por seguro. Y le sonrió. 
Raquel apenas pudo comer. Estaba nerviosa. Le temblaban las manos. Pero al mirarlo fijamente a los ojos, paz empezó a sentir. Y es que este hombre, quien no quizo identificarse, no comía como Raquel, sino que sólo absorvía, sin hacer ruido alguna, toda la energía negativa que el cuerpo de Raquel despedía. 

Después que Raquel terminara de almorzar, él la invitó a entrar a su biblioteca. No sólo muchos libros (invisibles para otros pero no para Raquel), la saludaron a coro, sino que muchas canastas de flores e innumerables velas decoraban también esta habitación. Raquel rió feliz. Pasó toda la tarde allí tendida, sobre un alfombra bien mullida, sin hablar, sólo leyendo. Eran libros con mensajes que le hablaban directamente a ella. Voces que llegaban desde lejos y que la animaban a seguir, que le decían cuánto la querían. El hombre a su lado, sólo la contemplaba en silencio. Se despidieron con un abrazo antes que oscureciera.

Te preguntarás si Raquel entró de vuelta a esa casa. Pues, no. Nunca más aunque la tentación fuera grande. Esas pocas horas mágicas al lado del hombre sin nombre, le habían servido a Raquel para volver a mirar a la vida con otros ojos. ¿Su esposo también lo haría? La magia vivida en esa casa abandonada debería mantenerse como una vela prendida para siempre en su alma. Algún día volvería a ver a su alma gemela (tan romántica como ella), pero todavía, no. 

El hombre sin palabras le había dicho tanto de manera indirecta. Olvidarlo nunca podría. Y es que uno de los mejores sentimientos que existen, es no sólo sentirse amada, sino amar sin esperar nada a cambio. Su corazón cerrado, volvería abrirlo aunque su esposo no la quisiera como antes ... Todavía no es tarde para volver a empezar. Lástima que su alma gemela viva en otro mundo.

Marisol






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martes, 4 de marzo de 2014

Entre buganvilias y hortensias


 

Entre buganvilias y hortensias creció Amanda.  Formaron parte de su niñez y adolescencia. Y una casa frente al mar... cuando el mar sólo era un mar y se extendía infinito como la vida misma. Amanda recuerda todavía como si fuera ayer, cuando tenía unos quince años,  haciéndose la pregunta de la edad que tendría en el año 2000. Al darse cuenta Amanda que tendría cuarenta y dos años  le dió un escalofrío por todo el cuerpo. Esa edad le parecía tan pesada y casi imposible de poderla cargar y sostener sobre sus hombros. Y, sin embargo, ahora que ella ya tiene cincuenta y seis años quisiera sentirse ligera como un ave migratoria para regresar al lugar donde nació aunque ya no queden rastros ni de bungavilias, ni de hortensias, ni de la casa frente al mar. La imaginación de Amanda se vuelve ave y vuela hacia su pasado, por un momento, pero regresa a su vida presente porque acá donde vive tiene una pequeña enredadera de buganvilias en un macetero que cuando hace calor la saca al balcón y cuando hace frío la mete adentro de su departamento. Yo sé que Amanda tiene en su jardín hortensias, que por suerte, son resistentes al frío del invierno alemán. 

Amanda me ha comentado que con el ánimo de mantener en vida a la niña y adolescente que habitan en ella, cuida con mucho esmero sus buganvilias y hortensias. 

- Espero que nunca me pidas de cuidar de tus flores - le digo a Amanda.
- ¿Y por qué no? - me pregunta intrigada mi vecina y amiga.
- Porque no soy buena jardinera - le respondo.
- Mmmm.... díme, Amanda, ¿Tu sabes convivir con tu niña y mujer joven que te habitan?
- Pues, la verdad, que no - le contesto soltando una risita tonta. No creo en estas bobadas.
- El problema tuyo no es que seas mala jardinera, sino que se te ha endurecido el corazón - me dice Amanda muy seria. Y después de decir estas palabras, se despide rápidamente de mí. Y mientras me doy cuenta que Amanda tiene razón, por suerte, las buganvilias y hortensias no se han enterado de nuestro diálogo porque están durmiendo. Es invierno. 

Marisol


 

Si quieres saber sobre las buganvilias entra a este enlace:BOUGAINVILLEA
Si quieres saber sobre hortensias entra a este enlace: HORTENSIAS








viernes, 28 de febrero de 2014

La congoja de Carolina


Mientras Carolina Cárdenas Crespo, cardióloga de una clínica conocida de Cali, se encuentra en Cartagena conversando, bebiendo café y comiendo casquitos de guayaba, cortado de leche de cabra, calandraca y crema de café en casa de su ex-compañera de colegio, Consuelo Cordero de Carrazco (ama de casa, casada con Claudio Carrazco Correa, co-director de un colegio cartagenero), la campana de la Cateral le recuerda a Carolina que tiene que llamar a Carlos Campos Cuevas, su novio. Carlos es también cardiólogo como Carolina y cuenta con su propia clínica en Cali.

¡Ay! Carolina no quiere ser cobarde, pero no es capaz de coger su móvil para hablar claro con Carlos. Más bien, Carolina le enviará por correo electrónico a Carlos una carta. ¡Cuánta congoja carga a cuestas su cansado corazón! Carolina ya no quiere ni candelabros de cobre ni collares de camafeo ni cortinas de crepé fino ni cuadros caros ni cama de caoba; sólo quiere cortar de cuajo su relación caótica con el carismático de Carlos, pero él  tiene otra cara: es caprichoso, colérico, codicioso, controvertido, canalla, cretino, controlador, criticón y lo que es peor, es un Casanova del carajo.

Carolina le cuenta  a Consuelo que quiere escribirle una carta a Carlos. Consuelo prende su computadora y  Carolina comienza a escribir calmadamente. Cuando está lista le lee su carta a Consuelo porque confianza hay entre las dos. La carta dice así:

Carlos:
Mi carta es corta pero concisa. No habrá casamiento porque no quiero cubrir más mi corazón acongojado y en crisis por tus caracajadas camaleónicas. No concibo compartir más mi vida contigo. Es una catástrofe como te comportas conmigo. Deshago nuestro compromiso.  Considero que es lo mejor. No estoy contenta contigo, pues tú eres un cazador de mujeres coquetas. Tus concubinas con voz de caramelo callan por conveniencia. Tú compras sus caricias y su cariño mientras las colmas de regalos caros. Carlos, yo no soy cualquiera. Conseguiré nuevamente ser la capitana de mi caravela. Mi cabeza me dice con toda claridad que tú no me convienes. Hasta un cambio de casa y de clínica me haría bien. En la clínica Cartagena del Mar buscan cardiólogos. He mandado mi curriculum vitae. Yo soy competente en mi campo como tú. 
Un cordial saludo,
Carolina

Después de que Consuelo escuchara el contenido de la carta le dijo a Carolina:
- ¡Caray! ¡Qué cosa! Ni se te ocurra claudicar ni perder el control ni dejarte confundir ni perder la cabeza por Carlos cuando lo veas y converses con él cara a cara.   Es conflictivo y no te conviene, Carolina.
- Te haré caso, Consuelo. Seré consecuente - le contestó Carolina.  Cuando terminó Carolina de decir esto, hizo clic sobre una tecla del teclado de la computadora de Consuelo y le envió su carta a Carlos.

Carlos, después de leer la carta, montó en cólera y para sacarse este clavo caliente clavado en su corazón, canceló la conferencia que tenía con otros cardiólogos y cogió su carro mientras cantaba con rabia la canción  "La camisa negra" y se fué al Club "Cocodrilo" para tomar allí toda clase de cócteles como: Casino, Caipiriña, Cocuba, Cosmopolitan, Cuba Libre, Crema de cacao al whisky,  Claridge, Clover Club, Cocotel, Cola de Mono, etc. En ese club se encontrará con su nueva compañera de cama, Carla Castillo Contreras, una cantante costarricense que vive en Caquetá. En el club "Cocodrilo" está contratada por cuatro meses. Allí Carla canta canciones románticas; es una cuarentona coqueta y un poco casquivana. A cada rato va de compras; tiene una colección de collares, pelucas, carteras, zapatos de tacón y ropa cara de todos los colores.  Estuvo casada con Cándido Camaño Colina, un comerciante colombiano, común y corriente. Su ex-esposo, fué poca cosa para Carla.  Carla me ha confesado que quiere conquistar a Carlos cueste lo que cueste. Quiere contraer matrimonio con el cardiólogo más conocido, no sólo de Cali, sino de todo Colombia.

¡Ah! les cuento que Carolina consiguió trabajo en la clínica cartagenera. Y ahora Carolina está en Cali empacando. Consuelo está con ella. Un camión  vendrá en cuatro días para recoger sus cosas de la casa de Carlos. En pocos días Carolina comenzará sin dolores de cabeza y sin carencias de cariño su nueva vida en Cartagena .

¿Cómo concluirá este culebrón?  Los dejo curiosos.

Marisol 

He jugado con la C, sobre todo, con los sonidos: ca, co, cu


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miércoles, 26 de febrero de 2014

La guitarra de Paco





- ¡Me he quedado sola! - grita la guitarra mientras siente como su corazón se rompe en mil pedazos; está destrozado. No hay nadie cerca que le brinde caricias y consuelo. Se acaba de enterar de casualidad que Paco se fué de este mundo de manera violenta; fué un paro cardíaco, y él no se pudo despedir de ella. La guitarra llora desconsoladamente. Paco, su amigo del alma de años la abandonó sin querer. Y ya nada se puede hacer para que él vuelva a ella. Su tristeza es inmensa.

¿Ahora qué será de ella? Sus cuerdas se rebelan ante la idea que otra persona ya no les saque ese sonido brillante y limpio que sólo el gran Paco de Lucía lo sabía hacer como nadie. Pero morir lentamente olvidada en una esquina la pone muy nerviosa. ¿La venderán? Una angustia se apodera de la guitarra. Ella no quiere pero es que luchar ahora contra la angustia solamente la alejará de la serenidad que ella en estos momentos busca. Trata de relajarse. Y mientras inhala y exhala lentamente varias veces para evitar que la noticia la desmaye, sus ojos no pueden parar de llorar por su querido amigo y por ella también. Aquí ya no está más él para protegerla y para decidir sobre su  futuro. Esperemos que la guitarra no se debata por mucho tiempo entre dos aguas.

Marisol

Este cuento lo he escrito como un pequeño homenaje a este gran guitarrista español de flamenco y por mi admiración por él. ¿Sabías que él, en realidad se llamó  Francisco Sánchez Gómez? Si quieres informarte sobre su vida, entra a este enlace:  PACO DE LUCIA / WIKIPEDIA


 

jueves, 20 de febrero de 2014

La postal de Rebeca




Querida Carla:
Lindas vacaciones paradisíacas estoy teniendo y bien lejos de mis alumnos. ¡Ja! En esta playa he estado junto con un grupo de turistas ingleses tomando un curso de buceo. Primero estuve insegura, después no. ¡Fabulosa experiencia! Tengo tanto por contarte... En cuanto regrese te llamo para reunirnos. Estoy segura que te gustaría estar aquí.
Cúidate mucho y ya nos vemos pronto,

Rebeca
               
..............


"Qué coincidencia que esta postal haya llegado justamente hoy día. La llevaré conmigo", pensó Carla con tristeza mientras la metía dentro del bolsillo izquierdo de su chaqueta azul. Luego se duchó, se puso su uniforme, tomó un jugo de naranja y salió hacia su trabajo en taxi.


El taxista, después de saludarla y meter la maleta de su pasajera en el auto, pensó: "Esta mujer lleva una pena tan grande en el corazón que más bien espero a que ella me hable". Razón tenía puesto que apenas Carla se sentó en el taxi comenzó a llorar. El atento taxista le pasó rápidamente a su pasajera un par de pañuelos de papel que Carla los recibió agradecida.
- Disculpe si lloro pero es que una gran amiga mía ha muerto hace pocas semanas y me ha impresionado recibir hoy día su postal - le dijo Carla con voz entrecortada.
- Lo lamento - dijo el taxista. Otra frase de consuelo no se le ocurría. Carla permaneció en silencio mientras se secaba las lágrimas durante todo el recorrido que hicieron juntos por la ciudad.


En cuanto el taxista aparcó su auto delante del aeropuerto Carla se llamó al orden y después de pagarle por sus servicios, ella caminó con paso firme hacia adentro del inmenso edificio. Faltaba casi una hora para empezar a trabajar y la jornada sería larga. Tiempo habría para llorar nuevamente la ausencia de Rebeca, pero ahora no debía aunque que quisiera. 

Si bien Rebeca había muerto en un trágico accidente aéreo hacía tres semanas atrás, Carla (ya dentro de la cabina de mandos del gigante avión) tenía que concentrarse mucho ante el nuevo tablero que tenía delante suyo. No podía ahora estar pensando en su querida amiga de la infancia.


El ingeniero de vuelos antes de tomar asiento, le dijo alegremente a Carla:
- ¡Felicitaciones!  Hoy es un gran día para ti, ¿verdad?
Carla después de agradecerle su comentario, habló con la jefa de azafatas para saber si todos los pasajeros ya estaban preparados para el despegue. Luego después se comunicó con la torre de control, y al recibir la señal de luz verde, le preguntó a Robert, el co-piloto de vuelo, con voz serena y firme:
- ¿Listo para el despegue?
La respuesta de su co-piloto de turno fué clara y sonora:
- ¡Sí, mi capitana! Me alegro de volar juntos. Espero que no sea la primera vez.
- Ni la última tampoco - respondió el ingeniero de vuelo mientras le guiñaba un ojo a Carla. Ella no dijo nada, sólo sonrió. Luego, tocó con su mano derecha el bolsillo izquierdo de su chaqueta azul donde había metido la postal antes de agarrar el timón del avión. 

Para Carla sería la primera vez que volaría como capitana su primer vuelo trasatlántico con pasajeros a bordo. Y aunque nadie viera a Rebeca, los ojos del corazón de Carla sí la veían y estaba feliz de saberla a bordo como su ángel protector.

Yo sé que Carla nunca se ha desprendido de su postal. Y aunque ésta ya esté arrugada por el tiempo, todavía Carla deja que su querida amiga de la infancia siempre vuele con ella. ¡Aloha!
 


Marisol


Aloha es palabra hawaiana, utilizada para saludar y bendecir a los visitantes. Se le puede traducir como belleza, paz, disfrute, o bienaventurado seas.


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Para tu información:
La línea aérea "Lufthansa" cuenta con 4,000 pilotos de los cuales 100 son mujeres y 15 son capitanas.


 




Imagen sacada de bing




jueves, 13 de febrero de 2014

Mi cita con San Valentín




Ana María y su amigo San Valentín se encuentran sentados en una cafetería saboreando sus tazas de café con unos ricos pedazos de tarta de chocolate.

- ¿Tú qué crees qué es el amor? - le preguntó San Valentín a Ana María.
- Yo diría que ..... ¡Ay! no se me ocurre nada que decir. Mi mente está en blanco - respondió Ana María y miró a San Valentín con los ojos vacíos. No hay amor en ellos, solamente tristeza.
- Me has pedido hablar conmigo y aquí estoy para ayudarte - le dijo San Valentín y continuó hablando - ¡Ház un esfuerzo! Mira dentro de ti.
Ana María cerró los ojos y pensó en una respuesta.  Después de unos pocos minutos ella abrió la boca y despacio le respondió a San Valentín:
- Yo ya no sé lo que es el amor. No sé qué creer.
San Valentín la miró serio y le preguntó si ella cree que el amor es una tontería hecha por dos.
Ana María después de soltar una risita nerviosa le dijo que sí.
San Valentín le hizo otra pregunta:
- ¿Crees que el amor no reclama nada porque lo da todo?
- No entiendo tu pregunta - le contestó Ana María. La pregunta le resultaba difícil. 
San Valentín le explicó que mientras la mayoría de las personas esperan siempre recibir algo a cambio (si yo te amo, tú también y si es de la misma manera, mejor), pocos saben amar con libertad.
- ¡Ah, ok! - sólo exclamó Ana María. ¿Sería que Pablo la dejó por otra porque ella a cada rato le decía que se quería casar con él y fundar una familia, y por este motivo Pablo se sintió acorralado porque Ana María lo estaba forzando a dar un paso del cual todavía no se sentía seguro de dar? 
San Valentín le leyó el pensamiento y asintió con la cabeza. Luego después le hizo otra pregunta a ella:
- ¿Crees que el amor es más paciente que la razón?
-  Mmm... Yo diría que sí, pues yo no supe ser paciente, ¿verdad?
- En realidad el problema tuyo es que confundiste paciencia con ceguera.
- ¡Explícate mejor! - le pidió Ana María.
- Cuando tu pareja te respeta, aunque no sea perfecto, pero quiere andar junto a ti sobre el mismo camino de vida, entonces la paciencia es sabia de tenerla de tu lado lo mismo que él para perdonarse las manías u errores pequeños que uno pueda cometer a través de los años. Pero si la razón te dice que a tu pareja la debes abandonar ya sea porque te maltrata físicamente u emocionalmente o porque siempre busca excusas por no querer asumir cierta responsabilidad de compromiso en la relación de ambos, entonces no debes permanecer ciega y paralizada por el miedo a la soledad o de perderlo. ¿Me entiendes?
- Sí - le contestó Ana María pensativa. Quieres decir que si yo no hubiera presionado a Pablo, ¿él no me hubiera dejado por otra?
- Lo mejor hubiera sido que tú te hubieras alejado para darle a Pablo tiempo de recapacitar. Pero, si él te hubiera querido mucho, hubiera regresado a ti y te hubiera propuesto matrimonio, ¿no crees?
- Pero no lo hizo. Mañana es San Valentín y él no está a mi lado para regalarme aunque sea una rosa - dijo Ana María triste. 
- No quiero verte sufrir por alguien que ya no está a tu lado. Pablo no es mala persona. Simplemente no pudo darte lo que tú querías en su momento. ¡Perdónalo!
- Ya lo he perdonado, pero no logro sacármelo del corazón. ¿Qué hago? - le dijo Ana María.
- No te quedes sola mañana. Llama a alguna amiga y sal con ella ..... Mmmm. Tengo una mejor idea, Ana María - dijo sonriendo San Valentín. Me vas a ayudar a repartir amor.
- Pero, ¿cómo? - le preguntó Ana María intrigada.
- Te vestirás como un ángel. Toda de blanco. Nos vamos de tiendas dentro de un rato. Te compraré yo tu atuendo. Quedarás preciosa. 
- ¿Y las alas dónde las consigo? - preguntó Ana María. Me parece imposible lo que me sugieres.
- De eso me encargo yo mañana. Te enseñaré a usarlas. Es muy fácil. Ya verás. Además quiero decirte algo importante, Ana María.
- No me hagas más preguntas, por favor - le dijo Ana María sonriendo.
- El amor en realidad no existe; es sólo una palabra intangible que vuela de boca en boca. Una palabra manoseada e incomprendida por muchísima gente.
- Como yo, ¿verdad? - le dijo Ana María bajando la mirada.
- No. Tú estás abierta al diálogo. Quieres aprender a descubrir o, mejor dicho, a redescubrir el significado de esta palabra. Lo que cuentan son las pruebas de amor - le respondió San Valentín. Y la tuya la harás mañana. No solamente me darás tu amor de amiga hacia mí, sino abrirás tu corazón hacia tus semejantes. Iremos también a tocarle la puerta a Pablo. ¿Qué dices?
- ¡Ay! no creo que pueda - le respondió Ana María. Hace ocho meses que no lo veo.
- Pues, prepárate porque sólo amando en libertad puedes reconquistar su corazón. Sé gentil con él. No hables sobre el pasado. Sonríele. Tú no sabes si Pablo sigue con su amiga o si está solo. Y si él se da cuenta que se equivocó por haberte cambiado por otra, regresará a ti. Está en tus manos el aceptarlo o rechazarlo. Más bien, no te hagas dependiente de Pablo. Piensa, más bien, en querer pasar un bonito día junto a mí. Yo me encargaré de sacarte más de una sonrisa. Mi mejor prueba de amor es regalarte un inolvidable día de San Valentín. 
Ana María lo abrazó porque su amigo la quería con todo su corazón.

 Marisol