martes, 12 de mayo de 2015

La rutina

La rutina se presenta como un subalgoritmo dentro del algoritmo principal que nos permite la resolución de una tarea específica. Suena difícil, ¿verdad? En realidad, es muy sencillo porque significa que la rutina es una secuencia invariable de instrucciones que forma parte de un programa. ¡Ojo! pero, ¿qué clase de programa? Esto ya depende de ti. En todo caso, todos nos despertamos con la rutina bajo la almohada. Esa costumbre o hábito que se adquiere al repetir una misma tarea sea una vez o muchas veces en el transcurso del día a día. La rutina se desarrolla de manera casi automática sin tener que usar nuestro razonamiento ... ese razonamiento que se puede volver en contra nuestro al desprestigiar a la rutina y querer hacer de ella algo feo ... hasta insoportable. 

- ¿Por qué hay gente que me odia? - me preguntó la rutina con ojos tristes.
- En algún momento he llegado a odiarte también porque asocié lo rutinario con lo tedioso y aburrido - le respondí bajando la mirada y luego le dije - En realidad, debo estar agradecida contigo  ya que tú me otorgas seguridad y tranquilidad. No importa que mi vida cotidiana esté formada de pequeñas rutinas que tú me das a realizar; lo importante es que depende de la actitud que uno tenga contigo, ¿verdad?
La rutina me sonrió ampliamente y me contestó:
- Así es. Tu actitud ante mí es lo que hace que tu día a día se desarrolle de manera armoniosa, estupenda o dulcemente rutinaria. No importa qué es lo que tú hagas y repitas día a día, sino las ganas que le pongas. No te dejes  manipular por la gente que aduce que la rutina crea depresión, estrés y suicidios. No voy a negar que hay gente que no me mira con buenos ojos, pero no depende de mí, sino de ellos mismos. ¿Sabes lo que te quiero decir?
Ahora quien sonreía era yo. Mi respuesta fué:
- Es cierto que la rutina se puede volver insoportable, pero sólo cuando uno da vueltas sobre uno mismo o cuando uno va girando a gran velocidad haciendo nuestras actividades sin un objetivo claro. Mas si uno actúa sólo de esta manera, a la larga, crea angustia porque no nos da tiempo para reflexionar que la rutina, esa habilidad aprendida por la práctica, hay que quererla como a un tesoro. Pero no como a un tesoro que uno sabe dónde encontrar, sino que uno tiene que trabajar en su rutina para poderlo sacar a la luz de nuestro día a día, porque el mayor tesoro que tenemos es la vida misma ... la que realizamos.
La rutina me aplaudió complacida. Y yo, después de despedirme de ella, volví a mi rutina ... la de seguir escribiendo mis poemas y cuentos sin perder mi sonrisa del día a día mientras ella (la rutina) toma apuntes sobre la historia de mi vida cotidiana.

MARiSOL




¡Qué bonita rutina! 






Imagen sacada de Bing

domingo, 10 de mayo de 2015

La flor de la felicidad

 

Érase una vez un colibrí de color gris, también conocido como picaflor, zumbador, pájaro mosca o ermitaño, que si bien se alimentaba no sólo de pequeños insectos, también se alimentaba del néctar de las flores, sobre todo, de aquellas con corola de forma tubular. Pero él no era feliz, del todo, porque siempre se comparaba con otros colibríes sea porque los otros tenían un plumaje más colorido,  porque podían moverse con mayor rapidez que él o cuando esos otros colibríes contribuían, cuando iban de flor en flor, a polinizarlas mucho más que él. 

Un día el colibrí conoció a la Flor de la Felicidad. Y mientras se alimentaba de su néctar él le preguntó por el significado de la felicidad. La flor se lo quedó mirando perpleja. A ella habían llegado muchos colibríes (existen más de 300 especies distribuidas en todo el continente americano), pero ninguno le había hecho esta pregunta ni ninguna otra. Lo único que habían querido los otros colibríes eran sólo libar de su néctar. Pero viendo que aquel ave quería no sólo su néctar, sino una respuesta, ella se vió en la obligación de darle una, pero ¿cuál? 
Al ver la Flor de la Felicidad que el colibrí estaba esperando escuchar sus sabias palabras, ella le dijo:
- Tú no eres feliz porque no sólo tú te comparas con otros colibríes, sino porque no te aprecias a ti mismo. No valoras lo bueno que tienes en ti.
- Pero, ¿qué de bueno tengo yo? - le dijo en voz alta el colibrí. ¡Soy sólo un colibrí gris! No soy nada especial ya que no soy mejor que otros colibríes.


Flor de la felicidad

La Flor de la Felicidad le hizo saber que ella no solamente estaba complacida de conversar con él, porque ningún otro colibrí, aunque fuera más multicolor que él, se había dignado hablar con ella; sólo querían su néctar.
- Pero, ¿por qué no puedo ser feliz? - le preguntó el colibrí un poco triste mientras agitaba sus alas a mayor velocidad. Estaba agitado porque todavía no recibía la respuesta que necesitaba escuchar para calmar su desazón.
La Flor de la Felicidad entendiendo lo que sentía y pensaba el colibrí, le dijo finalmente:
- Para que tu espíritu viva más tranquilo tienes que darte cuenta que no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita. ¿Entiendes?
De pronto el colibrí comprendió. Ella tenía razón. No era más importante competir con los otros colibríes porque no tenía ningún sentido  tener mejor plumaje multicolor, ni era más importante tener que ser más veloz ni tener que libar más néctar o tener que polinizar más que otros. Mientras menos necesitara en competir y compararse con los demás, nuestro amigo, el colibrí gris, sería más feliz. Yo también.


MARiSOL







Imágenes sacadas de Bing

miércoles, 6 de mayo de 2015

El amante de Magalenha


Magalenha tiene un amante ... Este amante no sólo le saca a ella muchas sonrisas, sino también la hace llorar  de pena o de rabia como también la hace reir de inmensa felicidad. También la reta y la provoca, pero nunca la deja de lado. Él le ha entregado la llave de su corazón desde que se conocieron. Sí, pues, Magalenha, desde hace muchos años, sabe lo que tiene en este gran amante. Además, él está allí para hacerle ver a ella que tiene que mantenerse fuerte e inquebrantable aunque, por momentos, la debilidad haga presa de ella, sobre todo, cuando la gente habla a sus espaldas o la critica de manera hiriente y no de manera constructiva. Sin embargo, Magalenha no es una mujer que viva pendiente de lo que otros puedan pensar de ella ... ni siquiera de su propio esposo. Todo lo contrario. Si bien ella ha aprendido no sólo a no temer a que otros tengan una opinión distinta a la de ella sobre su amante, también ha aprendido a mantener bien de lejos a toda persona que se exprese mal de él. Si bien su querido amante no es perfecto, a Magalenha no le gusta las personas que se quejan de él, sin motivo aparente, o cuando a él le echan culpa de todo por distintas razones cuando a ella la ven triste.   

Magalenha es inmensamente feliz de saber que tiene a este amante. ¿Te escandaliza que así sea? Que yo sepa ella no se puede imaginar tener a otro o a cualquiera que se le parezca porque con el tiempo ella ha aprendido a entenderlo, a amarlo incondicionalmente y también a respetarlo. Él es único e inigualable. Yo sé que también él está locamente enamorado de Magalenha. Él sabe lo que tiene en ella y, por este motivo, la apoya en todo lo que puede, aunque, muchas veces, no sea siempre fácil para ambos. 

Algo de bueno debe tener el amante de Magalenha, ¿verdad? Pero, ¿quién es? te preguntarás. ¿Es, acaso, un amante al estilo de "Pretty woman"? ¿Un hombre millonario y, para mayor suerte, guapísimo y simpático de trato? No. Nada más lejos de esta comedia romántica que nos sigue vendiendo Hollywood desde hace 25 años. Entonces, ¿quién es el amante de Magalenha? Acaso, ¿una mujer? ¿Te escandaliza que formule esta pregunta? 

Pues bien, en español podría pasar el amante de Magalenha por una mujer porque su nombre es femenino. En realidad, soy de la opinión que el sexo del amante de mi amiga no es importante. Mas, lo que sí me parece importante de mencionar es que el amante de Magalenha es, nada más ni nada menos  que ... ¡la Vida!



MARiSOL



Acá dejo esta simpática canción brasilera
de Sergio Mendes  en voz de Claudia Leitte





Imagen sacada de Google+

martes, 5 de mayo de 2015

La culpa

 

Óscar sabía que algún día tendría que regresar a su pueblo. Identificarlo geográficamente no tiene importancia, lo que más importa es identificar la culpa que él lleva, desde hace años, en el fondo de su alma. No hay día que no haya momento donde él no se acuerde de lo que sucedió, hace tantos años atrás, cuando era un jovencito irresponsable que pensaba que se podía comer al mundo de un solo bocado.

¡Cómo no olvidar lo sucedido! Una tarde de domingo, cuando Óscar tenía 15 años, se robó el auto descapotable de su padre mientras él se encontraba haciendo una siesta y su madre visitaba a una amiga. Pues bien, Óscar agarró las llaves del auto de su padre, dejadas en la mesa del vestíbulo, para dar una vuelta a las afueras del pueblo; quería impresionar a Helena, una vecina suya de la misma edad que él, que era tan rebelde como él. Helena, feliz, se subió al auto sin saber que sería la última vez que haría fechorías - de este tipo - con su querido amigo de barrio.

No la hago larga ... A los pocos kilómetros de haber dejado su pueblo, Óscar se vió envuelto en un accidente automovilístico. Helena murió allí mismo, en el lugar del accidente y el señor, causante del accidente, murió también cuando iba en una ambulancia rumbo al hospital. Según los médicos forenses este señor, quien vivía en un pueblo cercano, había sufrido un ataque cardíaco y como no pudo frenar a tiempo se incrustó violentamente contra la puerta del copiloto. Óscar sólo tuvo un par de heridas sangrantes en la cara, una nariz rota y un brazo roto. Si bien él se recuperó de las operaciones que le hicieron, no pudo recuperarse de la herida profunda que dejaría este accidente en el fondo de su alma. O acaso, ¿sí lo logrará?

Bien, hace pocos días, Óscar regresó a su pueblo, para el entierro de su padre. A él no lo veía desde hacía años. Su padre nunca le perdonó que hubiera no sólo robado su adorado auto, sino que hubiera quedado completamente destrozado. Y su esposa, madre de Óscar, nunca le perdonó que no mostrara amor y preocupación por su propio hijo, víctima de un craso error y de la tremenda culpa que cargaba. Terminaron divorciándose poco tiempo después de este accidente. Graciela dejó la casa y se llevó a su hijo, Óscar, a vivir al extranjero. Se lo llevó lejos, del barrio y del pueblo, a otra parte del mundo donde nadie los conociera. Felizmente una buena amiga suya no sólo les dió alojamiento los primeros cuatro meses, sino que la ayudó a ella a conseguir trabajo para que así sacara adelante a Óscar.  Lo consiguió.  Él terminó el colegio, luego entró a la universidad y estudió Abogacía, se casó con una fotógrafa, tuvo dos hijos y, desde hace poco tiempo, es abuelo. Su madre, Graciela, ya anciana, vive cerca. Ella no quiso venir al entierro de Jaime, su ex-esposo. Óscar lo hizo, más que todo, movido por un sentimiento de culpa...

Después del entierro de su padre, Óscar se acercó a la tumba, ubicada en el mismo cementerio, de Helena para pedirle nuevamente perdón.  Y mientras él se encontraba parado frente a la tumba de su amiga de barrio, un pajarito cantó todo el tiempo que estuvo allí parado en silencio. ¿Sería Helena la que le hablaba? Todo parece que así fue, porque este pajarito, de color amarillo con blanco y negro, tenía los mismos colores que Helena llevaba puestos el día del accidente.

Si bien Óscar, hasta el día de hoy, no olvida ese horrible accidente, ahora él no sólo ha dejado los ansiolíticos de lado, sino que ya puede dormir mejor, y después de tantos años, se ha atrevido a manejar auto porque quiere pensar que Helena le cantó, desde el fondo de su corazón, para pedirle que él no siga cargando más con esa culpa ... 


MARiSOL














Imagen sacada de Bing

domingo, 3 de mayo de 2015

Jugando al trompo

 
¿Quién no ha jugado con el objeto que gira sobre su punta llamado trompo?  Mágico resulta el efecto giroscópico que permite que éste se mantenga sobre su punta haciendo equilibrio... como ese equilibrio que uno hace siempre sobre la vida para mantener cuerpo y espíritu en armonía. Pero ¡ay! si dejamos el equilibrio  de lado para concentrarnos en la velocidad ... sí, pues, en esa velocidad que nos puede llegar a aturdir o marear cuando sentimos que la vida pasa rápido. Y esto es lo que le pasa a Juan, un amigo de la infancia ... ahora con sesenta años se pregunta, igual que yo, en dónde quedaron girando el resto de nuestros días de vida. En el pasado, ¿verdad?

Bien, Juan no sabe cuándo fue la última vez que jugó al trompo ni yo tampoco. Hace más de treinta años ... cuando nuestro mundo consistía en quién era el mejor jugador de trompo en la escuela y en nuestro barrio. Él siempre destacó en dominar este juguete de madera como ninguno. En esa época los trompos eran de madera para que soportaran mejor los golpes. Hoy en día los hay también de materiales sintéticos como plásticos, fibra de carbono, neopreno, etc. 

Pero no quiero irme por la tangente ... Hoy día Juan siente - igual que yo - que la vida puede ser tan dura como un trompo. Entrar en detalles no quiero. Ni Juan quiere que yo hable de sus problemas ni yo quiero hablar de los míos. Lo único que te puedo hacer saber es que Juan gira, en círculos viciosos, últimamente, sobre sus dudas, errores y desilusiones. No es la primera vez. Yo trato de levantarle el ánimo, pero no siempre me resulta. Sin embargo, así como él ha caído, ha sabido, por suerte, ponerse de pie para girar, esta vez, cual trompo, alrededor de sus alegrías, que yo he tenido el gusto de compartirlas con él y su familia. Él, a su vez, también me ha ayudado a girar cual trompo alegre por la vida. Para eso están los amigos, ¿no es cierto?

Sin embargo, aunque nos llene de tristeza, algún día Juan, tú y yo nos quedaremos quietos mientras localizamos, por última vez, nuestro centro de gravedad (ese centro que se encuentra ubicado en un lugar invisible que sólo nosotros mismos podremos ver), para tomar conciencia que ni el equilibrio ni la velocidad ni la dureza del trompo nos servirá de nada cuando dejemos de girar para siempre alrededor de la vida.


MARiSOL
 
 


Imagen sacada de Bing

sábado, 2 de mayo de 2015

La llave oxidada

 

¿Qué más se le puede pedir a la vida cuando se ha llegado a la cima más alta del éxito? Si bien Ernesto tiene, entre sus manos, la llave del éxito (él sabe que para conseguir éste no hay que ni temerle al fracaso ni dejar de tomar con prontitud decisiones de riesgo), él, hasta el día de hoy, no ha encontrado la llave que le ayude a abrir la puerta hacia la felicidad. 

Si bien Ernesto es millonario, él sabe muy bien que la felicidad no la puede comprar. Algo que él ha aprendido, a través del tiempo, es que se pueden comprar inmuebles, hacer negocios lucrativos de todo tipo (sean legales o ilegales), coleccionar autos y relojes, tener casas y departamentos en distintos países, viajar mucho sea por trabajo o por placer, conocer casi todo el mundo, pero la felicidad quedará siempre inalcanzable a su bolsillo, si no cuenta con lo más elemental ... 

¿No será que Ernesto espera una felicidad demasiado grande? ¿Será que Ernesto es demasiado codicioso? No, ni lo uno ni lo otro. Demás está hacerle saber a Ernesto que quien cambia felicidad por dinero, no podrá nunca cambiar dinero por felicidad. Si bien es muy bueno tener dinero y poder comprar cosas con dinero, también es muy bueno tener las cosas que Don Dinero no puede comprar.

Bien, sobre la vida privada de Ernesto sé poco. Lo único que sé es que él está divorciado y tiene tres hijos de dos mujeres. Amantes, muchas ha tenido y sigue teniendo. La mayoría de ellas lo ha admirado y sigue admirando por su dinero. ¿Y si Ernesto fuera pobre, la mayoría se fijaría en él? Él sabe bien que la respuesta sería negativa. 

Pues bien, hoy día la felicidad se subió a su avión privado. Si bien ella viajó de incógnito para la tripulación, Ernesto la podía ver. Ella, quien viajaba a su lado, le preguntó:
- ¿No será que tú te estás perdiendo de las pequeñas alegrías? 
Ernesto sabe que aquí no radica el problema. Él sabe que hay algo indispensable que necesita para ser feliz del todo y es que a él le gustaría no sólo poder dormir mejor, sino que le gustaría no tomar más antidepresivos y le gustaría también bajar de peso.Tiene mucha barriga.

La felicidad lo miró con ojos benevolentes. Y es que Ernesto se ha convertido tanto en esclavo de su trabajo que, por este motivo, ha descuidado mucho su salud. Él se engañó pensando que a punta de mucho café y pastillas estimulantes podía seguir trabajando .... se equivocó. Sin salud no hay felicidad por más dinero que uno tenga. Aunque parezca mentira la felicidad radica no en lo mucho que uno posea, sino en la salud no sólo física, sino también espiritual que uno tenga.

Si bien la felicidad no tiene intenciones ni de retar ni de criticar a Ernesto, sí le preguntó, más bien, si el problema de él radica en su adicción al trabajo. Ernesto reconoció que tiene un problema de salud y es debido a la soledad que él siente. Además, el tener mucho dinero lo ha vuelto desconfiado. Amigos, tiene muy pocos. Por este motivo, él trabaja mucho para olvidarse de la otra cara de la medalla de la vida.

La felicidad, antes de quedarse dormida dentro del pecho de Ernesto, le entregó una caja pequeña.  Al abrirla, él encontró una llave oxidada y una nota que decía: "Si no te amas de manera sana no podrás abrir la puerta de la felicidad. No permitas que este mensaje se oxide, dentro de ti, como esta llave. Yo creo en ti."

Ernesto reconoció que si tomaba en serio este mensaje (estaba todavía a tiempo de no pagar un precio demasiado alto por su salud), éste sería su mejor éxito.


MARiSOL



Aquí dejo esta simpática canción que no tiene nada que ver con mi cuento, pero que habla sobre una llave ...

Imagen sacada de Bing

viernes, 1 de mayo de 2015

Los golpes del cincel

 

Este cuento trata de un escultor que se negaba a creer en Dios. Él siempre se jactó de ser "ateo"; desafiaba a sus amigos y a todo aquel que le hablara de religión. Se empeñaba siempre en sonar creíble al negar la existencia de Dios.

Un día en que el escultor iba a ponerse a trabajar, su cincel le habló:
- Tú no sólo trabajas para vender tus esculturas, por cierto, maravillosas, sino que vas a la búsqueda de Dios aunque no quieras en cada una de éstas.
El escultor se quedó atónito al ver que su cincel le hablaba desde el fondo de su corazón. 
El cincel siguió hablando:
- ¿No te has puesto  a pensar que negar a Dios es negarse a sí mismo?
- No lo creo - contestó el escultor. Su voz vibraba no sólo de enojo, sino de estupor. ¡Cómo era posible que su pincel le hablara de esta manera!
- Te mientes a ti mismo - le dijo el cincel muy tranquilo y luego continuó hablando - A Dios no puedes ni cosificarlo ni materializarlo; Dios vive en ti. No puedes ni fabricarlo ni sustituirlo tampoco. Dios no es ni una referencia moral ni un compromiso social; Dios es espíritu; ése que tapa tus carencias, tus huecos, tus vacíos. Ése que está allí en silencio dentro de ti con el espejo en mano para que tú te veas en él para que tú te preguntes: ¿Quién soy? mientras esculpes tus obras.
El escultor tenía la boca seca y los oídos atentos.
El cincel siguió esculpiendo las palabras que el escultor necesitaba escuchar. Y yo también.
- Dios no es una escultura; es el espíritu que te habita el que te ayuda a crearla. ¿Entiendes?  
El escultor saliendo de su mutismo le preguntó:
- ¿Crees que Dios es una realidad necesaria?
Esta vez el cincel calló. Dejó de hablar. El escultor pensando que no le había entendido volvió a hacerle la misma pregunta. Luego, el escultor alzó su voz. Pero el cincel seguía mudo a propósito.
El escultor al no obtener respuesta alguna, agarró el cincel y lo arrojó al piso mientras se decía así mismo: "¡Dios no existe ya que no lo puedo ver ni tocar! Él es un invento de la humanidad para justificar nuestros miedos y para entender la creación del Universo y de nuestro sistema solar. Si Dios realmente existiera no nos haría sufrir, no permitiría que el mundo esté como esté. ¡Aj!" Y después de decir estas palabras, salió dando un portazo de su atelier. Todo el día se la pasó él farfullando, maldiciendo sin saber por qué mientras sentía como un vacío profundo se le abría ante sus pies. Como no podía esculpir, salió a caminar a un bosque cercano con su perro pastor alemán "Mustafá". Al regresar, encontró en su contestador automático una voz que decía:
- Aquí habla la señora García viuda de Dickinson. Necesito que usted me esculpa una estatua grande para colocarla en mi jardín. Me gustaría que la estatua me una no sólo espiritualmente a mi difunto esposo, sino también a mi hijo, fallecido hace pocas semanas. Bueno, llámeme para explicarle qué es lo que yo realmente deseo. Espero su pronta respuesta. ¡Adiós!
El escultor se quedó estremecido. Y es que la voz de esta señora sonaba igual que a la de su difunta esposa, fallecida, hacía más de dos años. Después de recuperarse de esta impresión, llamó por teléfono a esta señora y luego se puso manos a la obra. La estatua sería una mano en dirección al cielo. Esa mano, de manera indirecta, no sólo le mostraría a él el camino a seguir, sino que en la felicidad y paz de esta señora, él empezaría a buscar la suya propia. No sólo le haría un bien a ella, sino a él también. Esa mano no sólo representaba el querer tocar el cielo, sino que esta nueva escultura sería la que acercaría al escultor a ese lugar donde se le atribuye la existencia de Dios. 

Y cuando el escultor agarró su cincel para empezar con su nueva obra, la pregunta que le había hecho él (el escultor) a su cincel, antes de arrojarlo al suelo, fué contestada. La respuesta se dejó escuchar de manera afirmativa dentro de él. 

MARiSOL


Fernando Botero (1932) no sólo es un famoso escultor  
colombiano, sino también es pintor y dibujante





Escultura de Fernando Botero

miércoles, 29 de abril de 2015

Las dos caras de la realidad

 

Había una vez una niña con ojos inmensos. Unos dicen que sus ojos eran tristes, otros que sólo eran unos ojos atentos. Yo creo que no eran ni lo uno ni lo otro. Más bien esta niña se empeñó en crear su propio mundo desde el mismo momento en que nació porque sus ojos al captar la realidad de la vida con sus dos caras (la buena y la mala, la alegre y la triste, la bella y la fea) y no gustarle para nada el mundo como tal, decidió ella  esconderse de la verdadera realidad creando la suya propia, esa realidad donde habita sólo ella y su alma.

Realmente no sé si yo podría quedarme viviendo no sólo en mi infancia ni tampoco podría imaginarme vivir sólo en un mundo sin imperfecciones. Y, lo que es peor, vivir aislada de todo y de todos.

La niña, al escuchar mis pensamientos, me capturó cuando yo estaba en mi cama durmiendo. Es así como ella me sacó de mi habitación a la fuerza y me vendó los ojos para que yo no supiera dónde ella vivía. Al encontrarme yo ya adentro de su mundo, inmediatamente, me convertí en una niña con ojos también muy grandes. 

La niña, después de observarme, me dijo que como yo le caía simpática ya no volvería yo a salir más a mi realidad de mujer ya casi sesentona. Me quedaría con ella viviendo para siempre. 
- ¡No, no quiero vivir contigo! - grité. No sólo sentí que mi voz se hacía añicos, sino sentí también como mi lengua y labios me dolían y sangraban. No sólo sentí mucho dolor, sino que sentí horror al darme cuenta que nadie podía escucharme ya que esa niña vivía encerrada en un lugar apartado de la civilización. 

¿Dónde se encontraba la puerta por la que yo había entrado para que me devolviera a mi realidad? Desesperada corrí sin saber exactamente qué dirección tomar; sólo tenía el impulso de alejarme de esa niña, de ojos muy grandes, que parecía que succionaba mis pensamientos y me dejaba vacía de ideas. Corrí, corrí. Abrí muchas puertas y en el momento que abrí la puerta correcta y lograba escapar a mi realidad, desperté.  Lo mejor que me pudo pasar. Mis ojos sonrieron ante las dos caras de la realidad.

MARiSOL 




Después de ver la película "Big eyes" me inspiré para escribir este pequeño cuento. Si quieres saber sobre la trama de la película (basada en la vida real) te dejo este enlace para que lo leas en español: "Big eyes" (Ojos grandes)



Imagen sacada de Bing


martes, 28 de abril de 2015

Mi querida Ausencia



Conozco a Juan desde hace tiempo. Hoy día es un día de ésos, donde la lluvia de recuerdos cae y cae. No cesa. Y es que el corazón de Juan está adolorido por no vivir la vida que él hubiera querido tener al lado de su querida Ausencia ... esa ausencia que no necesita probarle a nadie (ni a Juan ni a mí tampoco) que ella está ausente porque la vida los puso a ambos por diferentes caminos.

Si bien Juan a la Ausencia no la ve, él sí la siente. Y hoy es un día de éstos. Ella ha llegado vestida de lluvia, pero no para apagar hogueras de grandes pasiones entre ellos dos. En realidad, la Ausencia, lo único que hace ahora es hacerse presente para desearle a él "todo lo mejor" en cada gota de lluvia aunque esta frase suene hueca, fría y hasta un tanto hipócrita.

Mientras la Ausencia mira a Juan desde muy lejos con ojos serenos, ella sabe (y él también) que la ausencia de dolor es imposible que deje de existir de nuestras vidas. ¡Cómo quisiéramos vivir sin dolor físico ni psíquico!, ¿verdad? Sin embargo, hay que aprender a vivir con cualquiera de ellos, no importando que clase de dolor éste sea. En ello está Juan desde hace mucho tiempo. Pero por más que él intenta vivir despreocupadamente y estar enamorado de la vida, no puede. Por cortos momentos, es feliz. Y para olvidarse de sí mismo y de sus dolores, trabaja, muchas veces, con rabia. Como si fuera lo único que existiera en este mundo ... trabajar y trabajar para esquivar a su querida Ausencia, esa ausencia que le produce el mayor dolor de todos en su corazón partido en mil pedazos.  

¿Será que la Ausencia ha muerto y por este motivo Juan está triste?
- ¡No, yo vivo! - grita la Ausencia. Y mientras yo la escucho con atención, veo como ella cae cual lluvia sobre el alma de Juan para tratar de apagar sus dolores mientras ella deja sus dolores de lado para que yo no los vea.

Te preguntarás quién soy yo. Bien, yo soy el Tiempo ... ese tiempo que une los recuerdos con nuestras vivencias presentes, el que cose el pasado con el futuro, el que parcha las heridas y los dolores del alma. Pero que te quede claro, querido lector, que ni la ausencia, amiga de Juan, ni yo, amigo de todos, somos nada cuando se ama de verdad. 

Y mientras la lluvia moja los recuerdos de Juan, él comparte su paraguas con su querida Ausencia, mientras el amor busca en mí un final perfecto ... ausente de ausencias.


MARiSOL








lunes, 27 de abril de 2015

La ventana abierta

 

Alicia abrió la ventana de su  subconsciente para dejar escapar sus más profundos pensamientos y sentimientos, quizás porque éstos no pueden escapar a la sentencia de su destino. Y es que  en el mundo de los sueños podemos no sólo ser todo y nada, sino que nuestros sueños se convierten en recuerdos y anhelos. ¿Y qué pasa con los temores? No sé si yo esté errada y mejor dejo cerrada mi propia ventana para no saber qué es lo que me espera al otro lado de la cortina. Pero, ¿y qué pasa con la ventana de Alicia?

Alicia me miró y haciendo que mis palabras se volvieran insignificantes me dijo:
-Nuestros sueños nos ayudan a mantenernos jóvenes. ¿Qué sería de nosotros sin ilusiones?
- Pero yo no quiero tan sólo mirar en dirección a ese tipo de sueños - le respondí a mi amiga.
- ¿Y por qué no? - me preguntó Alicia un tanto disgustada.
- Pues, porque no quiero volverme, al final, sólo en la sombra de éstos - le contesté sin saber si lo que yo decía era cierto. 
Alicia dándose cuenta de mis dudas me hizo saber que los sueños o ilusiones  forman parte de la vida, de esa que se encuentra no siempre a nuestro lado, sino en el porvenir ... ese futuro por venir que todavía no ha llegado a mirarnos cara a cara porque no sabe si colocar mis sueños y los de ella en un lugar un poco cómodo: en nuestro saber.
Después de escuchar a mi amiga le pregunté:
- ¿Cuándo es mejor soñar, de día o de noche?
Alicia, antes de responderme, me preguntó si yo me refería a dormir despierta. Al decirle que sí, porque al día lo asocio con estar despierta aunque haya gente que duerme de día y está despierta de noche, mi amiga me dijo que las personas que sueñan de día son mucho más conscientes de muchas cosas que aquellas que sólo sueñan de noche ya que el subconsciente (la parte más profunda de nuestra mente) toma el control de nuestra mente y comienza a hilar toda la información que por ésta ha desfilado a lo largo de todo el día para comenzar a hablarnos en el lenguaje de los símbolos ... ese lenguaje raro y misterioso al cual no estamos acostumbrados de entender. 
- Prefiero los sueños de día, esos sueños que son las ilusiones que me sostienen para vivir  - le contesté a Alicia y luego le hice saber que los símbolos, ésos que se presentan de noche, me pueden llegar, por momentos, a atemorizar.
- Entonces, deja la ventana abierta de tu dormitorio para que éstos se escapen por ésta - me dijo Alicia retándome.
- ¡No! - un grito inesperado salió de mi garganta. Si bien con estos sueños no podré construir castillos en el aire, por lo menos, podré ver las señales que éstos emiten. Nunca se sabe si estas señales me pueden llevar a abrir de par en par la ventana de mi futuro ... ese futuro que se avecina a sesenta minutos por hora en pos de mis más queridos sueños.
Alicia me miró en silencio. Ella ya no sabe de qué tipo de sueño ambas hablamos. No importa ya. Lo único que yo sé es que en la tierra de los sueños mi espíritu inquieto abre la ventana, ya que la puerta de la razón está cerrada con llave, para poder salir volando por ésta y así vivir mis ilusiones en libertad. 

Al convertirme en pájaro me doy cuenta que   razonar yo no quiero, sólo sostener mis ilusiones sobre las alas de mi propia imaginación para salir volando ya no sólo a través de la ventana (del subconsciente, dormitorio o futuro),  sino hacia la vida.

MARiSOL





Imagen sacada de Bing


jueves, 23 de abril de 2015

El árbol de los pensamientos

 
Érase una vez un cedro muy alto cargado de muchos pensamientos. O acaso, ¿se trata de un tilo, ciprés o de un abeto? Sinceramente no creo que esto sea significante, pero lo que sí te doy a conocer, es que el árbol de los pensamientos proviene de mi mente con la intención de ver en qué punto convergen tus pensamientos con los míos.

Pues bien, se trata de un árbol muy especial, porque él no sólo representa la vida, partiendo desde sus propias entrañas (conocidas como raíces), hasta tocar el cielo de manera vertical con su enorme tronco, sino que  este árbol representa la vida de los pensamientos ... esos pensamientos que no sólo viven en nuestras mentes, sino que nos traen al lugar actual dónde nos encontramos. Y yo no me refiero específicamente a un lugar geográfico, sino a ese lugar donde nuestros pensamientos no ocupan ningún lugar ni en nuestras mentes ni en el lugar dónde vivimos, pero que definen el lugar emocional de nuestras vidas.

- ¿Y en qué lugar tú te encuentras? - nos llega la voz del árbol de los pensamientos desde un lugar recóndito de nuestra alma. Sin embargo, antes que podamos dar una respuesta, él nos hace otra pregunta:
- ¿Has logrado llegar a ese lugar donde tú puedes ser capaz de encontrarte a ti mismo no sólo dejando de lado los prejuicios inconscientes y tus malos hábitos, sino que también eres capaz de aprender a cómo pensar? Es decir, no se trata de qué pensar (de esto o aquello), sino de cómo pensar ...

- Pero, ¿no sería más fácil dejar de pensar o tener pensamientos vacíos de contenidos? - me pregunto yo. Pero, ¡ay! me imagino la indignación que sentiría el árbol de los pensamientos si yo le hiciera esta pregunta. Pero, ¡quién sabe! Quizás, él sólo bostece de puro aburrimiento ante semejante idea mía.

En el fondo, no está de más decirlo, la misión del árbol de los pensamientos no trata sólo de ayudarnos a entrar hasta las más profundas raíces de nosotros mismos para poder entender el por qué pensamos de una manera u otra (sin pretender suplantar mi mundo por el de los demás o viceversa), sino que el árbol de los pensamientos nos ayuda a recordar que nosotros mismos somos el resultado de lo que pensamos para, ya sea, darle luz u oscuridad a nuestro mundo ... ese mundo donde no sólo se concentran todas nuestras posibilidades de cambio y de aprendizaje de la vida, sino ese mundo que se encuentra dentro de nosotros mismos ... allí donde deberíamos intentar vivir en paz no solamente con nuestros pensamientos, sino con el de los demás, porque los buenos pensamientos no sólo salen de la razón, sino del corazón, ya que los malos pensamientos se terminan cayendo cual hojas secas, tarde o temprano, de sus ramas.

El árbol de los pensamientos me mira. Él sabe, muy bien, que mi alma está de rodillas, pero no para recoger el fruto de buenos o malos pensamientos, sino para que mis propios pensamientos se conviertan en plegarias para pedir por todos aquellos que se quedaron sin el cobijo del árbol de los pensamientos.

MARiSOL







 


Imagen sacada de Bing
 

viernes, 17 de abril de 2015

La búsqueda y yo

 

La búsqueda me está buscando. Aunque parezca redundante es así. Ella me está buscando, no porque yo ande perdida ni desorientada, sino porque ella quiere saber si yo estoy en armonía conmigo misma. Su pregunta es directa. Y mientras yo le pregunto ¿de qué armonía me habla?, yo no estoy segura si mi autosatisfacción se encuentra en equilibrio ... ¡Ay! Lo que sí sé es que la vida llega a ser aceptable cuando el cuerpo y espíritu no viven sólo balanceándose sobre la cuerda floja de nuestras insatisfacciones o frustraciones, sino cuando ambos experimentan un respeto natural el uno por el otro. Por tal motivo la búsqueda quiere saber cómo realmente me encuentro. La verdad que no es fácil mantener el equilibrio mientras se le da a ella una respuesta. No quiero que la búsqueda me interrogue cuando yo estoy consciente que mis respuestas pueden ser blandas. Pero, ¿qué quiere la búsqueda de mí? Acaso, ¿una respuesta dura? ¡No! La búsqueda lo que desea saber es si yo encuentro una respuesta para cada problema o si veo un problema en cada respuesta. Es decir, ella quiere saber si yo soy una persona optimista o pesimista. Al darle a ella mi respuesta al oído, la búsqueda me hace saber que si yo no estoy en paz conmigo misma no puedo guiar a otros en la búsqueda de sí mismos. Me doy cuenta que yo debo primero empezar a buscarme a mí misma para no perderme por un camino equivocado. No necesariamente el que tú me marques o el que tú creas que yo te quiera imponer a recorrer, sino, más bien la búsqueda lo que quiere saber es si nosotros dos estamos dispuestos a acercarnos el uno al otro, a pesar de nuestras diferencias, para hacer de nuestro mundo un lugar apto para poder vivir con ellas en armonía.

MARiSOL




Imagen sacada de Bing

jueves, 16 de abril de 2015

Moviendo montañas

 

Mi Voluntad no se ha extraviado, solamente ella se ha quedado sin rumbo momentáneamente. Antes mi voluntad era más impetuosa y enérgica, pero ahora se encuentra escondida en un rincón fuera de mi memoria. ¿Qué me pasa? ¿Por qué no la encuentro?

Elisa sabe que, en el fondo, ella tiene la fuerza para sostener a su propia voluntad, pero últimamente ésta como que está muy pesada y por más que Elisa quiere levantarla, no puede. 

¿Por qué mi amiga se siente débil y se resigna a su suerte? Yo sé que existe una fuerza motriz llamada voluntad que mueve montañas ... me refiero a esas montañas que se encuentran entre su propia felicidad y la de los demás.  

Yo no necesito de gran talento para darme cuenta que sólo con voluntad puedo conseguir lo que yo quiera: escalar mi propia montaña para reconsiderar mi vida y los paisajes que se dejan ver a través de ésta. Pero como que no puedo ...

¡Ánimo amiga! No te rindas. Tu carácter definirá tu voluntad. Créeme que no hay grandes dificultades cuando, desde el fondo de tu alma, se tiene el firme deseo de superarlas mientras escalas tu propia montaña de inseguridades, dudas y defectos. Pues bien, si quieres hacer algo de tu vida, que lo imposible no destruya tu buena voluntad, porque quien tiene voluntad tiene la fuerza para superarse a sí mismo.


MARiSOL





Imagen sacada de Bing

lunes, 13 de abril de 2015

El ignorante y el sabio


Érase una vez un ignorante que retó a un sabio.
- ¿Qué gano si yo sé más? - le preguntó el ignorante al sabio.
- Pues, que entenderías menos la vida - le contestó el sabio.
Como el ignorante se quedó boquiabierto, el sabio le dijo:
- No se trata de cuánto sepas, sino de lo que tú haces para vivir mejor con todos tus conocimientos.
El ignorante se quedó callado. No sabía qué decir.
El sabio le hizo hincapié que no era preciso que supiera mucho, sino, más bien, que supiera qué era lo que quería de la vida, porque no hay que confundir conocimiento con sabiduría. Es más, le recalcó que la verdadera sabiduría reconoce su propia ignorancia.
- O sea que yo me puedo quedar ignorante - dijo el ignorante.
- No presumas de tu propia ignorancia - le contestó el sabio. Y luego le dijo que lo peor que le podía pasar al ignorante era ignorar su propia ignorancia.
- ¿Y qué sucede si yo quiero esconder mi ignorancia? - le preguntó el ignorante al sabio.
El sabio se quedó pensativo y  luego le dijo:
- Seguramente que nadie te podrá herir, pero así no podrás aprender. Es más, si tu ignorancia se prolonga demasiado, al final, se convertirá en la noche oscura de tu mente. Pero si eres consciente de tu propia ignorancia, entonces, estarás dando grandes pasos hacia el saber ... de la vida. Al menos que tú no quieras saber lo que debieras saber y te conformes con saber mal lo que se sabe y te encapriches con saber lo que no debieras saber.
- Pero, díme, ¿qué debo yo realmente saber? - le preguntó el ignorante.
- Para finalizar esta conversación te diré que si bien nuestro conocimiento es limitado mientras que nuestra ignorancia es ilimitada igual que la sabiduría, trata de entender, ante todo, el significado de la vida.

MARiSOL


Imagen sacada de Bing

domingo, 5 de abril de 2015

Luna de sangre



En Europa Central, donde yo vivo, duró el eclipse lunar 12 minutos, pero como cayó entre la 1:54 p.m. y 2: 06 p.m  no se pudo realmente apreciar.   Por suerte, en Europa Central sí se lucirá en todo su esplendor el próximo eclipse lunar el 28 de Setiembre de este año. Espero que el cielo se encuentre despejado para poderlo ver. 

Para tu información el eclipse lunar puede ser visto sin necesidad de equipo especial. Éste sucede cuando el Sol, la Tierra y la Luna se alinean de una manera casi perfecta y la Luna se tiñe de rojo al proyectar la Tierra su sombra sobre este satélite.

Bien, como el eclipse lunar del día de ayer ha caído en Semana Santa y se mostró de color rojo, éste me imagino que habrá hecho recordar la crucifixión de Cristo a millones de personas.
- ¡Alto! - me dijo la Luna no satisfecha con lo que yo aquí estoy comentando. Ella me contradijo diciendo que, hasta el día de hoy, su color rojo también nos hace recordar la inmensa cantidad de sangre derramada por los seres humanos en distintas partes del planeta Tierra ya sea por accidentes, suicidios, atentados terroristas, muertes premeditadas y guerras de carácter políticas o religiosas.
- Es muy cierto lo que dices - le dije perpleja.
Luego la Luna me hizo saber que aunque solamente haya durado pocos minutos este eclipse lunar y haya sido mejor apreciado en las costas del Pacífico de Norteamércia, Sudamérica,  Asia y partes de Australia, por lo menos, millones de personas,  dejando sus creencias religiosas de lado, la han admirado sin ningún derramamiento de sangre de por medio.  
Después de escucharla hablar le pregunté:
- ¿Será porque, en esos pocos minutos, tú has querido hacer conocer que ninguna religión vale una gota de sangre? 
- Así es - me respondió la luna y luego me dijo que, por este motivo, ya se la ha bebido  toda aunque ríos de sangre sigan corriendo, desde hace muchos siglos, no sólo por mis venas y la de otros seres humanos, sino también fuera de ellas ... aunque vínculos de sangre nos unan.

MARiSOL





Imagen sacada de Bing

sábado, 4 de abril de 2015

El farol y la luna


En la calle donde yo vivo hay varios faroles, pero hay uno que me cae, en especial, bien antipático. Se trata de un farol que se encuentra al lado de mi casa; desde ayer que presume, delante de los demás faroles, que él es mucho más importante que la luna. 
Al escuchar la luna lo que este farol dijo le preguntó:
-  ¿Por qué me envidias y me odias?
El farol sorprendido que la luna le dirigiera la palabra contestó que odiaba las noches despejadas con luna llena porque así era él uno más del montón y no destacaba como ella puesto que su belleza y luz (de la luna) lo opacaba.
- Me das lástima - le dijo la luna y luego seguido le hizo saber que la envidia y el odio normalmente unen sus fuerzas porque necesitan perseguir con saña aquello que les causa malestar.
- Pues, ya lo sabes; tú eres el objeto que yo tengo en la mira. ¡No te soporto! - gritó el farol.
- A mí me va y me viene que tú me odies y me envidies - le espetó la luna y seguidamente le dijo que el odio y la envidia demuestran su falta de autoestima, su debilidad de carácter y su complejo de inferioridad.
Mientras el farol explotaba de la indignación, el fuego que llevaba dentro lo cegaba de la cólera.
La luna no dejándose intimidar le hizo saber que él no la podía perjudicar con sus palabras; más bien, al final, todo lo que él le podía increpar a ella iba sólo en su contra. Luego después le dijo:
- A mí me gustaría ser un farol como tú para estar más cerca de los seres humanos y escuchar lo que conversan cuando pasan delante mío. Me gustaría también sentir el calor, el frío, la lluvia y la nieve. Me gustaría ser limpiada y pintada. Pero yo estoy muy sola, mucho más que tú, y tristeza me da estar muy lejos de los seres humanos como para alumbrarlos más de cerca.
El farol no supo qué decir. Estaba sorprendido con las palabras de la luna. Acto seguido le preguntó: 
- Oye luna ¿tú me envidias aunque sea un poquito?
- Sinceramente no - le respondió muy tranquila la luna - Más bien yo diría que hay momentos donde me gustaría brillar pero de cerca y no de lejos como ya te lo hice saber. Además mi luz no es propia, es el reflejo del sol. No te olvides, farol. Por este motivo no te compares conmigo. No tienes necesidad ni de examinarme ni de analizarme ya sea para descubrir nuestras diferencias o semejanzas. Tú eres tú y yo soy quien soy. Así de simple. ¿Me entiendes? Y que te quede claro que tampoco te odio.
El farol se quedó pensativo, pero algo más fuerte que él lo empujaba a seguirla  envidiando y odiándola. No lo podía evitar. Definitivamente que el farol no sólo se encuentra muy por debajo de la luna, en todo el sentido de la palabra, sino que la luna se encuentra mucho más cerca de mi corazón y quizá, del tuyo también, querido lector. .


MARiSOL






Imagen sacada de Bing



jueves, 2 de abril de 2015

La Ausencia y el Tiempo


La Ausencia y el Tiempo se encontraron para no sólo dar un hermoso paseo, sino para conversar. Tenían mucho que decirse. Fué el Tiempo quien primero empezó a hablar mientras caminaban. Él le preguntó  a su amiga si ella creía que Dios se encontraba, algunas veces, ausente, como alejado de todo y de todos. 
La Ausencia mirándolo con sus ojos francos le respondió:
-  Es común que ante cualquier tipo de desgracias (sean naturales o provocadas por el ser humano), enfermedades incurables y pérdidas de seres queridos el hombre sienta que Dios está ausente. Pero yo sé que esto no es así.
- Entonces, ¿qué sabes tú? - le preguntó curioso el Tiempo.
En lugar de una respuesta la Ausencia le preguntó:
- ¿Cuán fuerte es la fe?
El Tiempo desconcertado, respondió dubitativo:
- Me imagino que la fe es tan fuerte como uno sea.
- No, te equivocas - respondió la Ausencia y siguió hablando - Es más que eso. Normalmente cuando el Sufrimiento, ese amigo nuestro que no está en este momento con nosotros, se hace presente, sin pedir permiso, es cuando los seres humanos dudan de la existencia de Dios. Creo que Dios no es que esté ni ausente ni sordo ante las súplicas o que guarde silencio cuando una o varias personas sufren. No. Más bien creo que a través de la Fe, esa otra amiga a la cual admiramos, Dios pone a prueba al hombre, quizás con la intención de saber Él cuán grande es su fe (la del hombre).
El Tiempo no supo qué decir. La Ausencia continuó hablando:
- Gracias a la fe Dios se hace visible aunque muchos duden de la existencia de Él, ¿no crees?
El Tiempo se quedó callado un rato y luego le hizo la siguiente pregunta a su amiga:
- ¿No crees tú que la ausencia implica una presencia, la de Dios?
- Es lamentable que el hombre confíe no sólo cuando siente la presencia de Dios, sino cuando se sabe protegido por Él - le respondió la Ausencia.
- ¿No será que el hombre es débil, porque no es perfecto como Él? - le preguntó el Tiempo a su amiga.
- Así es - respondió la Ausencia.  
El Tiempo le hizo otra pregunta:
- ¿No crees tú que lo que no se puede comprobar es difícil de creer?
- No, yo pienso todo lo contrario, sí se puede creer a través de la fe - le contestó su amiga y luego le dijo - Soy de la opinión que la fe nos ayuda a pensar que hay un Algo que ha creado todo el universo y aunque no lo veamos, ese Algo le da sentido a la existencia del hombre.
- Pero,  ¿no crees que la fe no tiene respuestas fáciles porque coquetea con la Incertidumbre desde tiempos inmemorables? - le preguntó el Tiempo pensativo.
- ¡Ah! nuestra amiga la Incertidumbre. Es interesante la pregunta que me haces, mas yo te respondo con esta otra pregunta - le dijo la Ausencia muy segura de sus palabras - Si la presencia de Dios no es tangible, ¿por qué se piensa más en su ausencia que en su presencia?
- No lo sé - respondió el Tiempo.
- Cuando Dios está reunido conmigo, no quiere decir que Él no exista, sobre todo, cuando el hombre tiene que pasar por momentos de dolor y sufrimiento - le respondió la Ausencia y luego agregó lo siguiente: Tú bien sabes, como que te llamas Tiempo, que el problema del sufrimiento no es nuevo.
- Lo sé, pero ¿es porque existen diferentes tipos de sufrimiento? - le preguntó el Tiempo.
- Exacto - contestó la Ausencia - No sólo existe el  sufrimiento como castigo para quienes han hecho daño a los demás, sino que existe también otro tipo de sufrimiento y es aquel que se le ha impuesto a seres inocentes. Ellos sufren sin merecerlo. Aquí el hombre se siente abandonado por Dios porque está ausente. 
- ¿Tú crees que a través de la fe se puede aceptar el sufrimiento? - le preguntó el Tiempo a la Ausencia.
Ella le hizo saber que tal vez nunca se sepa el por qué del sufrimiento. Lo importante es que el Tiempo ayude  al hombre a encontrar el sentido que éste tiene en la experiencia que se hace con Dios aunque Él siga siendo un misterio difícil de comprender. 
El Tiempo sonrió por haber comprendido mejor a su querida amiga. Siguieron caminando y conversando.

Para terminar este cuento quiero hacerte saber que yo creo que ni la Ausencia ni el Tiempo son nada cuando se tiene Fe porque ella obra a través del Amor, aunque él insista que él en sí no existe, sino las pruebas de amor. Una de ellas, a mi modo de ver, es creer en Dios aunque muchos de nosotros insistamos en mantenerlo ausente u olvidarlo con el tiempo. 


MARiSOL
     



Imagen sacada de Bing


martes, 31 de marzo de 2015

La Esperanza y el Temor




Desde tiempos inmemorables la Esperanza y el Temor van, por el mundo, de la mano. Ellos dos son inseparables. Y por más que ellos hayan querido dividir sus caminos, más de una vez, no pueden. Ellos me han dicho que hay algo muy fuerte que los une y es un lazo de amor y lealtad.

Un día cuando la Adversidad se presentó sin previo aviso, el Temor  le pidió ayuda a la Esperanza. Sé que el Temor no se avergonzó de buscar a su querida Esperanza cuando sintió, sobre todo, que se hundía en sus propios miedos. El Temor no quería ni ser esclavo de éstos ni que éstos lo dominaran. Es así como la Esperanza comprendiendo como se sentía el Temor, lo sostuvo cariñosamente en sus brazos no sólo para consolarlo, sino para pedirle que siguiera adelante aunque él tuviera que dar dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás.

Yo te pregunto, querido lector, ¿qué sería de nosotros si sólo sintiéramos Temor ante todo y nos dejarámos paralizar por él? Viviríamos sólo en oscuridad y en tinieblas, me imagino. Es por este motivo que la Esperanza nos regala su luz para  caminar por la Vida sin Temor  aunque ella me haga saber que también, hay momentos vestidos de dolor, donde uno tiene que aprender a luchar sin Temor, pero también sin Esperanza ... hasta el último suspiro.  

El Temor y la Esperanza me miran y me hacen saber que así como han nacido juntos, morirán también juntos. Pues,  cuando el sol de la Esperanza se ponga por última vez en el horizonte de nuestras vidas, ya no habrá más Temor que tengamos que sentir aunque ellos dos sigan unidos para siempre hasta la eternidad.


MARiSOL





Imagen sacada de Bing

viernes, 27 de marzo de 2015

La pausa


Llegó el momento de hacer una pausa. Y es que después de lo sucedido el 24 de marzo en ese espantoso accidente aéreo del cual se habla mucho, por el momento, siento que mis palabras se han quedado sin voz. Sé que regresaré  pero todavía no sé cuándo. Quiero aprovechar esta oportunidad para agradecerte, a ti querido lector, por leerme.  Un abrazo desde mi mundo al tuyo.


MARiSOL




Imagen sacada de Bing


miércoles, 25 de marzo de 2015

Ecos mudos




Desde ayer la montaña Les Trois-Evêchés (Los tres Episcopados), ubicada en las cercanías de Prads-Haute-Bléone, entre las localidades de Digne-les-Bains y Barcelonette, en los alpes franceses,  se ha quedado sin voz. Sólo se le escucha llorar amargamente. Es que lo sucedido no se puede describir simplemente con palabras; el llanto habla por ella. La montaña llora para no enloquecer; quiere comprender lo sucedido. Mis palabras no logran consolarla. Ella sólo las escuchará cuando la serenidad haga nuevamente nido en su alma y también en su memoria. 

Por el momento, a la montaña le duele mucho recordar lo acontecido el 24 de Marzo a las 10:53 de la mañana. Ella no quería, no quería ... Pero, ¿quién es culpable? Acaso, ¿el destino? Ése que iba escondido entre los pasajeros, ése que iba barajando las cartas en silencio en el vuelo 4U 9525 de la compañía aérea Germanwings (filial de Lufthansa).  ¡Ay! el destino es una ley que nos rige por completo; domina nuestra voluntad aunque no queramos.  ¡Ay! lo impronunciable se ha hecho realidad: la memoria de la montaña  se ha convertido en el espejo de ciento cincuenta almas ausentes. 

Solamente me queda el consuelo que ni la ausencia (de los ciento cuarenta y cuatro pasajeros y seis tripulantes fallecidos) ni el tiempo (el tic tac de los relojes se ha parado, por el momento, para honrar a esas almas), son nada cuando se ama. Y Dios que sabe amar infinitamente ha absuelto a la montaña de toda culpa aunque un sentimiento de culpa flote en el aire... ese aire donde ahora se respira mucho dolor ... ese dolor que sangra de la boca de la dignidad de este terrible accidente aéreo.

MARiSOL

Cuando escribí este cuento fue antes que se supiera que el co-piloto alemán fué el que a propósito provocó este accidente. La dimensión de éste es mayor .... Me he quedado sin habla al enterarme de la noticia.





Imagen sacada de Bing